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Introduction and Key

BOOKS:  BIBLICAL STUDIES (1500BC-AD70) / EARLY CHRISTIAN PRETERISM (AD50-1000) / FREE ONLINE BOOKS (AD1000-2008)



Church-State Relations and the Book of Revelation
An Introduction to The Parousia: A Careful Look at the New Testament Doctrine of the Lord's Second Coming
by James Stuart Russell (1878) // Written by
Todd Dennis, Curator
 


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Tomado de Freebooks


God Warned the Children of Israel Through Moses

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Apocalyptic | Apocryphal | Archeology | Lectures | Biographies | Dead Sea Scrolls | First Century History | Foreign | Jewish Sources | Josephus

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 1-1000

070: Clement: First Epistle of Clement

075: Baruch: Apocalypse Of Baruch

075: Barnabus: Epistle of Barnabus

090: Esdras 2 / 4 Ezra

100: Odes of Solomon

150: Justin: Dialogue with Trypho

150: Melito: Homily of the Pascha

175: Irenaeus: Against Heresies

175: Clement of Alexandria: Stromata

198: Tertullian: Answer to the Jews

230: Origen: The Principles | Commentary on Matthew | Commentary on John | Against Celsus

248: Cyprian: Against the Jews

260: Victorinus: Commentary on the Apocalypse "Alcasar, a Spanish Jesuit, taking a hint from Victorinus, seems to have been the first (AD 1614) to have suggested that the Apocalyptic prophecies did not extend further than to the overthrow of Paganism by Constantine."

310: Peter of Alexandria

310: Eusebius: Divine Manifestation of our Lord

312: Eusebius: Proof of the Gospel

319: Athanasius: On the Incarnation

320: Eusebius: History of the Martyrs

325: Eusebius: Ecclesiastical History

345: Aphrahat: Demonstrations

367: Athanasius: The Festal Letters

370: Hegesippus: The Ruin of Jerusalem

386: Chrysostom: Matthew and Mark

387: Chrysostom: Against the Jews

408: Jerome: Commentary on Daniel

417: Augustine: On Pelagius

426: Augustine: The City of God

428: Augustine: Harmony

420: Cassian: Conferences

600: Veronica Legend

800: Aquinas: Eternity of the World

 


1000-2006

FUTURIST
HISTORICAL
MODERN

1265: Aquinas: Catena Aurea

1543: Luther: On the Jews

1555: Calvin: Harmony on Evangelists

1556: Jewel: Scripture

1586: Douay-Rheims Bible

1598: Jerusalem's Misery ; The dolefull destruction of faire Ierusalem by Tytus, the Sonne of Vaspasian

1603: Nero : A New Tragedy

1613: Carey: The Fair Queen of Jewry

1614: Alcasar: Vestigatio arcani sensus in Apocalypsi

1654: Ussher: The Annals of the World

1658: Lightfoot: Commentary from Hebraica

1677: Crowne - The Destruction of Jerusalem

1764: Lardner: Fulfilment of our Saviour's Predictions

1776: Edwards: History of Redemption

1785: Churton: Prophecies Respecting the Destruction of Jerusalem

1801: Porteus: Our Lord's Prophecies

1802: Nisbett: The Coming of the Messiah

1805: Jortin: Remarks on Ecclesiastical History

1810: Clarke: Commentary On the Whole Bible

1816: Wilkins: Destruction of Jerusalem Related to Prophecies

1824: Galt: The Bachelor's Wife

1840: Smith: The Destruction of Jerusalem

1841: Currier: The Second Coming of Christ

1842: Bastow : A (Preterist) Bible Dictionary

1842: Stuart: Interpretation of Prophecy

1843: Lee: Dissertations on Eusebius

1845: Stuart: Commentary on Apocalypse

1849: Lee: Inquiry into Prophecy

1851: Lee: Visions of Daniel and St. John

1853: Newcombe: Observations on our Lord's Conduct as Divine Instructor

1854: Chamberlain: Restoration of Israel

1854: Fairbairn: The Typology of Scripture

1859: "Lee of Boston": Eschatology

1861: Maurice: Lectures on the Apocalypse

1863: Thomas Lewin : The Siege of Jerusalem

1865: Desprez: Daniel (Renounced Full Preterism)

1870: Fall of Jerusalem and the Roman Conquest

1871: Dale: Jewish Temple and Christian Church (PDF)

1879: Warren: The Parousia

1882: Farrar: The Early Days of Christianity

1883: Milton S. Terry: Biblical Hermeneutics

1888: Henty: For The Temple

1891: Farrar: Scenes in the days of Nero

1896: Lee : A Scholar of a Past Generation

1902: Church: Story of the Last Days of Jerusalem

1917: Morris: Christ's Second Coming Fulfilled

1985: Lee: Jerusalem; Rome; Revelation (PDF)

1987: Chilton: The Days of Vengeance

2001: Fowler: Jesus - The Better Everything

2006: M. Gwyn Morgan - AD69 - The Year of Four Emperors

Print and Use For Personal Bookmark or Placement in Bookstores

 

 

 

DAYS OF VENGEANCE
DÍAS DE RETRIBUCIÓN

By David Chilton

Una Exposición del Libro de Apocalipsis


(1985 - Espanol)

The Days of Vengeance: An Exposition of the Book of Revelation | Дни на въздаяние


Título de la obra en inglés:
Days of Vengeance

Traducción de Román Quirós M.

By David Chilton


 

Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ellos. Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. - Lucas 21:20-22 

 

Tabla de Contenido

Prólogo, por Gordon J. Wenham
Prefacio del Autor, David Chilton
Prefacio del Editor, por Gary North
 

Introducción
 

Parte Uno: PREÁMBULO:
EL HIJO DEL HOMBRE (Apocalíptico)
1. Rey de Reyes
 

Parte Dos: PRÓLOGO HISTÓRICO:
LAS CARTAS A LAS SIETE IGLESIAS (Apoc.2-3)
2. El Espíritu Habla a la Iglesia: ¡Venced!
3. El Mandato de Dominio
 

Parte Tres: ESTIPULACIONES ÉTICAS:
LOS SIETE SELLOS (Apoc. 4-7)
4. El Trono Por Encima del Mar de Vidrio
5. El Cristo Victorioso
6. En el Camino del Caballo Blanco
7. El Verdadero Israel
 

Parte Cuatro: SANCIONES DEL PACTO:
LAS SIETE TROMPETAS (Apoc. 8-14)
8. Liturgia e Historia
9. Se Desata el Infierno
10. El Testigo Fiel
11. El Fin del Principio
12. La Guerra Santa
13. Leviatán y Behemot
14. El Reinado del Monte Sión
 

Parte Cinco: SUCESIÓN Y CONTINUIDAD DEL PACTO -
LAS SIETE COPAS
(Apoc. 15-22)
15. Las Siete Postreras Plagas
16. El Juicio del Santuario
17. La Falsa Esposa
18. ¡Ha Caído Babilonia!
19. Las Fiestas del Reino
20. El Milenio y el Juicio
21. La Nueva Jerusalén
22. ¡Ven, Señor Jesús!
 

Conclusión
Apéndice A
Apéndice B
Apéndice C
 


PRÓLOGO

 

Gordon J. Wenham
 The College of St. Paul and St. Mary
Cheltenham, Inglaterra
 


Los lectores del libro de Apocalipsis quedan o hipnotizados o desorientados por él. Los hipnotizados salen con interpretaciones tan sorprendentes que los desorientados a menudo llegan a la conclusión de que los cristianos de mente sobria deben dejar el libro bien en paz.

El comentario de David Chilton debería ser estudiado por ambos tipos de lectores. Chilton muestra que, como cualquier otro libro del Nuevo Testamento, Apocalipsis está dirigido principalmente a la iglesia del siglo primero, y fácilmente comprendido por sus miembros, pues ellos estaban completamente familiarizados con las imágenes del Antiguo Testamento. Chilton muestra que, una vez que captamos estos modos de expresión, Apocalipsis no es difícil que lo entendamos nosotros tampoco.

 

Sin embargo, Apocalipsis continúa siendo para nosotros un libro estimulante y relevante, no porque nos da un bosquejo de la historia mundial con referencia especial a nuestra era, sino porque nos muestra que Cristo está en control de la historia mundial, y cómo debemos vivir y orar y adorar a Dios. Con imágenes vívidas y poderosas, nos enseña lo que significa creer en la soberanía y la justicia de Dios. Ojalá que este valioso comentario nos mueva a orar con Juan y la iglesia universal en el cielo y en la tierra: "Amén; sí, ven, Señor Jesús".

PREFACIO DEL AUTOR

 

Tyler, Texas
8 de mayo de 1986
Día de la asunción
 



Desde el mismo principio, los excéntricos y los chiflados han tratado de usar Apocalipsis para abogar por alguna nueva distorsión de aquella doctrinita que dice: ¡El cielo se está cayendo! Pero, como espero mostrar en esta exposición, en su lugar el Apocalipsis de Juan enseña  que los cristianos vencerán toda oposición por medio de la obra de Cristo Jesús. Mi estudio me ha convencido de que una verdadera comprensión de esta profecía debe estar basada en la correcta aplicación de cinco claves cruciales de interpretación:

 

1. Apocalipsis es el libro más "bíblico" de la Biblia. Juan cita cientos de pasajes del Antiguo Testamento, a menudo con alusiones sutiles a rituales religiosos poco conocidos del pueblo hebreo. Para entender Apocalipsis, necesitamos conocer nuestras Biblias al derecho y al revés. Una de las razones de por qué este comentario es tan extenso es que he tratado de explicar unos extensos antecedentes bíblicos comentando numerosas porciones de las Escrituras que arrojan luz sobre la profecía de Juan. También, he reimpreso, como Apéndice A, el excelente estudio de Philip Barrington sobre el simbolismo levítico en Apocalipsis.

2. Apocalipsis tiene un sistema de simbolismo.
Casi todo el mundo reconoce que Juan escribió su mensaje en símbolos. Pero el significado de esos símbolos no es para que los capte cualquiera. Hay una estructura sistemática en el simbolismo bíblico. Para entender Apocalipsis correctamente, debemos familiarizarnos con el "lenguaje" en que se escribió. Entre otras metas, este comentario se propone hacer que la Iglesia se acerque, dando por lo menos algunos pasos, a una verdadera Teología del Apocalipsis.

 

3. Apocalipsis es una profecía sobre sucesos inminentes. - Sucesos que estaban a punto de desencadenarse en el mundo del siglo primero. Apocalipsis no trata de una guerra nuclear, los viajes espaciales, o el fin del mundo. Una y otra vez, advierte específicamente que "el tiempo está cerca". Juan escribió su libro como una profecía de la destrucción inminente de Jerusalén en el año 70 d. C., mostrando que Jesucristo había entronizado el nuevo pacto y la nueva creación. Apocalipsis no puede entenderse a menos que este hecho fundamental se tome en serio.

 

4. Apocalipsis es un servicio de culto. Juan no escribió un libro de texto sobre profecía. En su lugar, registró un servicio de culto celestial en progreso. De hecho, una de sus principales preocupaciones es la de que el culto a Dios es lo central de todo en la vida. Es lo más importante que hacemos. Por esta razón, a través de todo este comentario, he dedicado atención especial a los muy considerables aspectos litúrgicos de Apocalipsis, y sus implicaciones para nuestros servicios de culto en la actualidad.

 

5. Apocalipsis es un libro sobre dominio. Apocalipsis no es un libro sobre cuán terrible es elaAnticristo, o cuán poderoso es el diablo. Como lo expresa el mismísimo primer versículo, es La revelación de Jesucristo. Nos habla de su señorío sobre todo; nos habla de nuestra salvación y nuestra victoria en el nuevo pacto, el "maravilloso plan de Dios para nuestras vidas"; nos dice que el reino de este mundo ha venido a ser el reino de nuestro Dios y de su Cristo; y nos dice que Él y su pueblo reinarán por siempre jamás.

Tengo que dar las gracias a mucha gente por haber hecho posible este libro. Primero, y de lo más importante, doy gracias al Dr. Gary North, sin cuya paciencia y considerable inversión financiera simplemente no habría sido posible escribirlo. Durante la semana en que me mudé a Tyler, Gary me llevó en una de sus periódicas giras de compra de libros a una gran librería de libros usados en Dallas. Mientras le ayudaba a acarrear al mostrador cientos de volúmenes cuidadosamente escogidos (yo también compré algunos libros - un par de ellos cada hora o algo as&iacutte;, sólo para mantenerme dentro del juego), Gary me preguntó en qué proyecto a largo plazo me gustaría trabajar, junto con mis otras obligaciones en el Instituto de Economía Cristiana. "¿Qué te parece un libro sobre Apocalipsis, de mediano tamaño, en estilo popular, a nivel introductorio, y fácil de leer?", sugerí. "Creo que podría sacar algo así como en tres meses". De eso hace, casi al día exacto, tres años y seis meses - o, como Gary se sentiría tentado a rezongar: Un tiempo, y tiempos, y el medio de un tiempo. Por fin, la tribulación ha terminado.

Por supuesto, este libro ha excedido vastamente su proyectado tamaño y alcance. Una parte no pequeña de esto se debe al Rev. James B. Jordan y al Rev. Ray Sutton, pastores de la Iglesia Presbiteriana Westminster de Tyler, Texas, que han influído grandemente en mi comprensión de las conexiones literarias  y simbólicas y las estructuras litúrgicas de la Biblia. El Rev. Ned Rutland, de la Iglesia Presbiteriana Westminster de Opelousas, Louisiana, leyó la primera versión de algunos capítulos y, con consumados tacto y gracia, me orientó hacia una dirección más bíblica. James M. Peters, el historiador residente de antigüedades y genio de las computadoras de Tyler, fue un rico tesoro de información sobre el mundo antiguo.

 

Hay otros que contribuyeron de varias maneras a la producción de este libro. La Sra. Maureen Peters y la Sra. Lynn Dwelle, secretarias de ICE, me ayudaron con muchos detalles técnicos y obtuvieron libros que se habían agotado; ellas han desarrollado la virtud de "andar la milla extra" hasta convertirla en arte refinado. El tipógrafo David Thoburn, un verdadero artista, trabajó largas horas más allá de su deber, resolviendo problemas poco comunes y asegurándose de la alta calidad y la legibilidad del libro. Ha confirmado abundantemente mi convicción de su superior habilidad. Su ayudante, la Sra. Sharon Nelson, fue una valiosa mediadora, que se aseguró de que nuestras computadoras permanecieran comunicadas entre sí. Los índices fueron preparados por Mitch Wright y Vern Crisler.

 

Uno de los más sobresalientes eruditos bíblicos de nuestro tiempo es el teólogo británico Gordon J. Wenham, del College of St. Paul and St. Mary, cuyos informados y bien escritos comentarios han dejado una marca significativa en el mundo evangélico. Mi primer contacto con el Dr. Wenham ocurrió el año pasado cuando, sin previo aviso, le envié una copia de mi libro Paradise Restored. Para mi gran y agradable sorpresa, me escribió dándome las gracias. Esto me animó (aunque no sin cierto grado de temor y temblor) a solicitarle sus comentarios sobre los borradores sin corregir de la presente obra. El Dr. Wenham, graciosamente, apartó tiempo valioso para leerlo, hacer sugerencias, y escribir un prólogo. Le agradezco su amabilidad. Naturalmente, él no puede ser responsable de los numerosos defectos de este libro.

 

Quizás este último punto deba ser subrayado. Este comentario no afirma en absoluto ser "la última palabra" sobre el tema; de hecho, si mi escatología es correcta, ¡a la Iglesia le quedan muchos años más para escribir muchas palabras más! Me siento grandemente endeudado con las importantes contribuciones de muchos otros comentaristas, especialmente Philip Barrington, Austin Farrer, J. Massyngberde Ford, Meredith G. Kline, J. Stuart Russell, Moses Stuart, Henry Barclay Swete, y Milton S. Terry. Espero haberles hecho justicia al construir sobre sus fundamentos. Y sin embargo, estoy dolorosamente consciente de que la tarea de comentar la magnífica profecía de Juan excede con mucho mi capacidad. Para las ocasiones en que he dejado de presentar adecuadamente el mensaje de Apocalipsis, ruego la indulgencia de mis hermanos y hermanas en Cristo, y deseo sinceramente sus comentarios y sus correcciones. Las cartas se me pueden dirigir a P. O. Box 2314, Placerville, CA 95667.

 

Mi amada esposa, Darlene, siempre ha sido mi mayor fuente de estímulo. Nuestros hijos (Nathan David, Jacob Israel, y Abigail Aviva) soportaron nuestro colectivo "exilio a Patmos" con verdadera gracia juanina (¡mezclada, quizás, con uno que otro estruendo de truenos boanergeanos también!); y si sus cuentos para dormir estuvieron de alguna manera llenos de más de la cuota acostumbrada de querubines, dragones, caballos voladores, y espadas llameantes, nunca se quejaron.

 

Finalmente, me siento agradecido a mis padres, el Rev. y la Sra. de Harold B. Chilton. Fui bendecido inmensurablemente al crecer en un hogar en el que la Palabra de Dios es tan altamente honrada, tan fielmente enseñada, tan verdaderamente vivida. El ambiente que ellos estructuraron estaba constantemente inundado de grandeza y riqueza musical, pues la atmósfera estaba cargada de acaloradas discusiones teológicas, todo en el contexto de cuidar al necesitado, dar abrigo al desamparado, dar de comer al hambriento, y llevar a todos el precioso mensaje del evangelio. Desde las calurosas selvas y arrozales de las Filipinas hasta los sombreados céspedes de California del Sur, ellos ponen delante de mí un ejemplo notable e inolvidable de lo que significa ser siervos del Señor. Algunos de mis primeros recuerdos son ver la fe de mis padres sometida a prueba más allá de lo que parecían ser los límites de la resistencia humana; y cuando Dios los hubo probado, salieron como el oro. Teniendo el testimonio de Jesús, soportando la pérdida de todas las cosas para ganar a Cristo, son lo que Juan nos exhorta a todos a ser: testigos fieles.

 

Este libro está dedicado a ellos.

PREFACIO DEL EDITOR
Gary North
 


Con Paradise Restored 1, su primer libro sobre escatología, David Chilton inició un reavivamiento escatológico. Una "revolución" sería una palabra demasiado fuerte, porque su punto de vista es antiguo: Data de la iglesia primitiva. Pero, de la noche a la mañana, Paradise Restored comenzó a influir en los dirigentes religiosos y los eruditos que habían creído que el caso bíblico para una victoria cultural estaba muerto - que era una reliquia del siglo diecinueve. Ahora viene The Days of Vengeance, una exposición, versículo por versículo, de Apocalipsis, el libro más difícil de la Biblia. Lo que fue generalizado en Paradise Restored, está ahora apoyado por capítulos y versículos - en realidad, muchos capítulos y versículos. Este libro se convertirá en el nuevo libro de referencia sobre el libro de Apocalipsis. Increíblemente, el estilo de Chilton es tan enérgico que pocos lectores notarán siquiera que el autor ha lanzado una bomba erudita. El mundo académico cristiano conservador se quedará sin habla; Chilton ofrece un notable desafío exegético a aquéllos que se aferran a las tradicionales escatologías rivales, que yo clasifico como pesi-milenialismo.

 

Este no es sólo otro aburrido comentario sobre Apocalipsis. Aunque fuera sólo eso, sería un suceso de grandes proporciones, porque la publicación de cualquier comentario conservador sobre Apocalipsis, que crea en la Biblia, es un suceso de grandes proporciones. El comentario milenialista de W. Hendrikson, More Than Conquerors, se publicó en 1940, y su tamaño es menos de la mitad de éste, y no de la misma estatura en términos de erudición bíblica. The Revelation of Jesus Christ, de John Walvoord, tiene ahora más de dos décadas, y también tiene la mitad del tamaño del de Chilton. A despecho de toda la fascinación con la profecía bíblica en el siglo veinte, los comentarios completos sobre éste, el más profético de los libros de la Biblia, son raros.

 

Siempre han sido raros. Pocos comentaristas se han atrevido a explicar el libro. Calvino enseñó acerca de todos los libros de la Biblia, salvo uno: Apocalipsis. Martín Lutero escribió como cien volúmenes de material - tanto o más que Calvino - pero no escribió un libro sobre Appocalipsis. Moses Stuart escribió un comentario grande a mediados del siglo diecinueve, pero está olvidado hoy día. El libro de Apocalipsis ha resistido todos los intentos anteriores de develar su secreto de secretos. Ahora David Chilton ha descubierto este secreto, esta clave largo tiempo perdida, que revela el código.

 

Esta clave largo tiempo ignorada es el Antiguo Testamento.

Antecedentes del Antiguo Testamento
"Muy gracioso", puede que usted se esté diciendo a sí mismo. Muy bien, lo admito: Es gracioso. Sí, pero no para reírse. Lo que Chilton hace es regresar una y otra vez al Antiguo Testamento para encontrarle sentido al marco de referencia del apóstol Juan. Esta técnica funciona. ¡Es la única técnica que funciona!

 

Los que nunca han trabajado personalmente con Chilton no pueden apreciar en seguida su detallado conocimiento de la Biblia, especialmente del Antiguo Testamento. Yo lo usé a él decenas de veces como mi concordancia personal. Él trabajaba en la oficina junto a la mía. Yo le gritaba: "¡Hey, David! ¿Sabes dónde puedo encontrar el pasaje sobre ...?" Le contaba por encima una historia bíblica, o le mencionaba algún versículo aislado que me sonaba en la memoria, y casi instantáneamente me decía el capítulo. Podía o no podía darme el versículo exacto; por lo general, estaba dentro de tres o cuatro versículos. Eso era siempre lo suficientemente cerca. Rara era la ocasión en que no podía ubicarlo; aún entonces, rebuscaba en su extensa biblioteca personal hasta que lo encontraba. Jamás le tomó mucho tiempo.

 

En este libro, él ha tomado esta notable memoria del Antiguo Testamento, y la ha fundido con una técnica interpretativa desarrollada por James Jordan en su libro Judges: God´s War Against Humanism (1985). 2 Jordan trabaja con decenas de símbolos del Antiguo Testamento, que ha extraído de las narraciones y descripciones históricas del tabernáculo y el templo. Luego aplica estos símbolos y modelos a otras historias bíblicas paralelas, incluyendo el relato del Nuevo Testamento sobre la vida de Cristo y la iglesia primitiva. Nadie hace esto mejor que Jordan, pero Chilton ha logrado aplicar esta hermenéutica bíblica (principio de interpretación) al libro de Apocalipsis de muchas maneras creativas. Chilton no es el primer expositor que hace esto, como lo revelan sus notas al pie de página y sus apéndices, pero es incuestionablemente el que lo hace mejor, de entre los que ha producido la iglesia cristiana, con respecto al Libro de Apocalipsis. Los relatos y símbolos antecedentes en el Antiguo Testamento dan sentido a los pasajes difíciles de Apocalipsis. Chilton explica las muchas conexiones entre el lenguaje simbólico y las referencias históricas entre el Antiguo Testamento y el Nuevo. He aquí por qué su comentario es tan fácil de leer, a pesar de la magnitud de lo que él ha logrado académicamente.

 

La pieza faltante: La estructura del pacto
Sin embargo, faltaba una pieza en el rompecabezas, y esto mantuvo el libro en la computadora de Chilton por un año más, por lo menos. Esa pieza faltante fue identificada en el otoño de 1985 por el pastor Ray Sutton. Sutton había sufrido serias quemaduras en un accidente de cocina, y su movilidad había quedado drásticamente reducida. Trabajaba en un manuscrito sobre el simbolismo de los sacramentos, cuando se le ocurrió una conexión crucial. La conexión fue proporcionada por la profesora del Seminario Westminster, Meredith G. Kline. Años atrás, Sutton había leído los estudios de la Profesora Kline sobre los antiguos tratados (reales) de señorío del antiguo Cercano Oriente. 3 Los reyes paganos celebraban pactos con sus vasallos. Kline había señalado que estos tratados eran paralelos con la estructura del libro de Deuteronomio. Tenían cinco puntos: (1) una identificación del rey; (2) los sucesos históricos que conducían al establecimiento del pacto; (3) las estipulaciones (términos) del pacto; (4) una advertencia de juicio contra cualquiera que desobedeciera, pero una promesa de bendición para los que sí obedecieran; y (5) un sistema para reconfirmar el tratado a la muerte del rey o del vasallo.

 

Kline desarrolló algunas de las implicaciones de este esquema de pacto. Sutton desarrolló muchas más. Estos notables y zapadores descubrimientos pueden encontrarse en su libro That You May Prosper (1987). 4 Pero, más importante, observó que esta estructura de pacto de cinco puntos gobierna a Salmos, Oseas, Mateo, Hebreos 8, y varias de las epístolas de Pablo. El desarrollo minucioso de la estructura de pacto por parte de Sutton debe ser considerado, por sí solo, como el más importante progreso teológico en el movimiento de reconstrucción cristiana desde la publicación de los Institutes of Biblical Law, de R. J. Rushdoony, en 1973. Después de que Sutton señaló esta estructura de pacto de cinco puntos, la reconocí en los Diez Mandamientos, justo antes de terminar mi comentario económico sobre los Diez Mandamientos.5

 

Sutton presentó su descubrimiento en una serie de estudios bíblicos los miércoles por la noche. La primera noche que Chilton lo oyó, se quedó estupefacto. Después del mensaje, se acercó a Sutton y le dijo que ésta era claramente la clave de la estructura de Apocalipsis. Había estado tratando de trabajar con un modelo de cuatro puntos, y se había quedado atascado por completo. Chilton regresó a trabajar, y en unas pocas semanas había restructurado el manuscrito. En algunos meses, lo había terminado, después de tres años y medio. (Tiempo, y tiempos, y el medio de un tiempo).

 

La teología Tyler
Estoy seguro de que The Days of Vengeance recibirá su parte de ridículo - de muchos grupos, por muchas razones. La brillantez retórica de Chilton hará arriesgado este enfoque para los críticos que impriman sus opiniones, pero las murmuraciones y maledicencias no publicadas se propagarán rápidamente. Chilton va a recibir mucho calor por sus incursiones en el simbolismo bíblico y su argumento de que la estructura de Apocalipsis es la misma que la de Deuteronomio. Lo que el lector debe entender desde el principio es que estas dos posiciones, aunque ejecutadas con gran destreza, se derivan de las obras de Kline, Jordan, y Sutton. Chilton no debería ser señalado como una especie de disidente teológico aislado que simplemente inventó sus hallazgos de la nada - o peor, en una habitación llena de humo de extraño olor. Él llegó a estas conclusiones mientras trabajaba con otros hombres en lo que se ha venido a conocer como "el grupo Tyler", ubicado en Tyler, Texas, una población de unos 75.000 habitantes en la parte este de Texas.

 

Para bien o para mal, este libro es un buen ejemplo de lo que ha venido a conocerse como la "teología Tyler". Esta teología es parte de una corriente mayor de pensamiento llamada Reconstrucción Cristiana, también llamada "teonomía", aunque algunos miembros de estas escuelas de pensamiento prefieren evitar estos términos. El término más amplio es "teología de dominio".

 

Hay mucha gente que se adhiere a la teología de dominio que no son teonomistas, y hay teonomistas que no son "tyleristas". En realidad, declaran en voz muy alta que son no Tyleristas. Hacen lo imposible para decirle a la gente hasta qué punto son no tyleristas. Casi han llegado al punto de definirse a sí mismos y definir a sus ministros como "no tyleristas". (Hay una escena en la vieja película de "Drácula" en que el profesor hace centellear un crucifijo delante de Bela Lugosi, el cual se hace a un lado inmediatamente y se cubre el rostro con su capa. Pienso en esta escena cada vez que pienso en estos hombres que hablan a otros sobre Tyler. Algún día, me gustaría hacer destellar delante de ellos un letrero de "Bienvenido a Tyler", sólo para ver qué sucede). Conozco a varios de ellos, que podrían estar dispuestos algún día a iniciar iglesias con nombres como "La Primera Iglesia No Tylerista de ..." Conozco a otro que piensa en su grupo como "El primer estudio bíblico no tylerista de las 11 A. M. los domingos por la mañana". Éstos, por lo tanto, no apreciarán el libro de Chilton. Lo culparán de adoptar ideas que han sido distribuídas desde la parte oriental de Texas. Aunque de otro modo podrían haber concordado con sus argumentos, están infectados con un caso serio de NDA - "No descubierto aquí" - una enfermedad común entre los inttelectuales.

 

Abreviando, es posible que ataquen The Days of Vengeance, cuando en realidad van tras Jordan y Sutton. Los lectores deben tener cuidado de esta posibilidad por adelantado. Hay en este libro más de lo que parece.

 

Dos cosas hacen a la teología Tyler única en el campo de la Reconstrucción Cristiana: (1) su fuerte acento sobre la iglesia, con la comunión semanal; (2) su uso reiterado del modelo de pacto de cinco puntos. La teología del pacto, especialmente el pacto de la iglesia, no ha sido el foco principal en los escritos de algunos de los líderes no Tyleristas del movimiento de Reconstrucción Cristiana. Hablando teológicamente, los originales "cuatro puntos del Reconstruccionismo Cristiano" que Chilton y yo hemos resumido -- providencia (soberanía de Dios), presuposicionalismo bíblico (apologética de Til: la Biblia es el punto de partida y la corte final de apelación), optimismo escatológico (post-milenialismo), y ley bíblica (teonomía) -- eran insuficientes. El quinto punto, aliancismo, y específicamente el modelo de cinco puntos de Sutton, fue añadido a finales de 1985 para completar el bosquejo teológico.6

 

The Days of Vengeance tiene que ver especialmente con la estructura de pacto en Apocalipsis y el enfoque histórico de sus pasajes de juicio. Si, como Chilton arguye tan brillantemente, estos pasajes de inminente condenación y tristeza se relacionan con la caída de Jerusalén en el año 70 d. C., entonces no hay forma legítima de construir un caso a favor de una gran tribulación en el futuro. Ha quedado muy atrás. En consecuencia, el libro de Apocalipsis no puede usarse legítimamente para reforzar el caso en favor del pesimismo escatológico. Muchos lectores rechazarán su tesis en este punto. Los que toman en serio la Biblia terminarán de leerlo antes de rechazar su tesis.

 

Pesimismo
La vasta mayoría de los cristianos han creído que las cosas empeorarán progresivamente en casi todas las áreas de la vida hasta que Jesús regrese con sus ángeles. Los pre-milenialistas creen que Jesús establecerá un reino terrenal visible, con Cristo a la cabeza y presente en cuerpo. Los amilenialistas no creen en ningún reino terrenal visible antes del juicio final. Creen que sólo la iglesia y las escuelas y familias cristianas representarán visiblemente el reino en la tierra, y que el mundo caerá más y más bajo el dominio de Satanás.7 Ambas escatologías enseñan la derrota terrenal de la iglesia de Cristo antes de su regreso físico con poder.

 

Un problema con esta perspectiva es que, cuando llegan las derrotas predecibles, los cristianos tienen un incentivo teológico para encogerse de hombros y decirse a sí mismos: "Así es la vida. Así es como Dios profetizó que ocurriría. Las cosas están empeorando". Leen los monótonos encabezamientos de los diarios, y piensan para sus adentros: "La Segunda Venida de Cristo está a las puertas". La fortaleza interior que la gente necesita para recuperarse de las derrotas externas normales de la vida es socavada por una teología que predica la inevitable derrota terrenal de la iglesia de Jesucristo. La gente piensa para sus adentros: "Si ni siquiera la santa iglesia de Dios puede triunfar, entonces, ¿cómo puedo yo esperar triunfar?" Por consiguiente, los cristianos se convierten en los cautivos psicológicos de los encabezamientos pesimistas diseñados para vender los periódicos.

 

Comienzan con una falsa suposición: la inevitable derrota en la historia de la iglesia de Cristo por las fuerzas terrenales de Satanás, a pesar del hecho de que Satanás fue mortalmente herido en el Calvario. Satanás no está "vivito y coleando en la tierra". Está vivo, pero no está bien. Argumentar en sentido contrario es argüir a favor de la impotencia histórica y la irrelevancia cultural de la obra de Cristo en el Calvario.

 

El reavivamiento del optimismo
Aunque las escatologías pesimistas han sido populares durante un siglo, siempre ha habido una teología alterna, una teología de dominio. Fue la fe reinante de los puritanos en esa primera generación (1630-1660), cuando comenzaron a sojuzgar el desierto de Nueva Inglaterra. Fue también la fe compartida en la época de la revolución norteamericana. Comenzó a apagarse bajo el ataque del pensamiento evolucionista darwiniano en la segunda mitad del siglo diecinueve. Desapareció casi por completo después de la Primera Guerra Mundial, pero hoy día está regresando rápidamente. Los libros de Chilton sobre escatología son ahora el manifiesto principal en este reavivamiento del optimismo teológico.

 

En la actualidad, el Movimiento de Reconstrucción Cristiana ha reclutado algunos de los mejores y más brillantes escritores jóvenes de los Estados Unidos. Simultáneamente, un gran cambio en la perspectiva escatológica está barriendo a través del movimiento carismático. Esta combinación de erudición rigurosa, disciplinada, enérgica, y orientada al dominio, con el entusiasmo y el gran número de carismáticos orientados hacia el dominio, ha creado un gran desafío para el familiar, tradicional y envejeciente protestantismo conservador, que está, sobre todo, orientado hacia el presente. Constituye lo que podría convertirse en el cambio teológico más importante en la historia de los Estados Unidos, no simplemente en este siglo, sino en la historia del país. Espero que esta transformación sea visible para el año 2000 - un año de considerable especulaci&ón escatológica.

 

Si estoy en lo correcto, y este cambio tiene lugar, Días de Retribución será estudiado por los historiadores como el principal documento fuente durante los dos o tres siglos siguientes.

 

 
Producir nuevos líderes:
 

La clave de la supervivencia

Puesto que el pesi-milenialismo no pudo ofrecer a los estudiantes una esperanza a largo plazo en sus futuros terrenales, ambas versiones han perdido culturalmente por incomparecencia. Este retiro de un compromiso cultural culminó durante los fatídicos años de 1965-1971. Cuando el mundo pasó por una revolución psicológica, cultural, e intelectual, ¿dónde estaban las respuestas cristianas concretas y específicas para los acuciantes problemas de aquella era turbulenta? Nada de importancia salió de los tradicionales seminarios. Fue como si sus miembros de facultad creyeran que el mundo jamás avanzaría más allá de puntos en disputa dominantes en 1952. (Ya en 1952, la mayoría de los profesores de seminario hablaban en murmullos). Los líderes del cristianismo tradicional perdieron la oportunidad de captar las mejores mentes de una generación. Se las consideraba como desordenadas y confusas. Había una razón para esto. Ellos estaban desordenados y confusos.

 

En la década de 1970, sólo dos grupos dentro de la comunidad cristiana se presentaron delante del público cristiano y anunciaron: "Tenemos las respuestas bíblicas".8 Estaban en extremos opuestos del espectro político: los teólogos de la liberación en la izquierda, y los reconstruccionistas cristianos en la derecha. La batalla entre estos grupos se ha intensificado desde entonces. El libro de Chilton, Productive Christians in an Age of Guilt-Manipulators (1981) [Cristianos productivos en una era de manipuladores de la culpa] 10  , es el solo documento más importante en esta confrontación teológica. Pero, del confundido centro, no ha habido ninguna respuesta bíblica clara para ninguna de estas dos posiciones.

 

El futuro del pesi-milenialismo se está erosionando. Al intensificarse las crisis sociales en el mundo, y al hacerse evidente que el protestantismo conservador tradicional todavía no tiene respuestas efectivas, específicas, y funcionales para las crisis de nuestros días, en la opinión cristiana probablemente tendrá lugar un cambio drástico y en la actualidad no anticipado - un suceso análogo al colapso de un dique. Habrá una revolución en la manera en que piensan millones de cristianos conservadores. Luego habrá una revolución en lo que hacen.

 

Los teólogos de la liberación no ganarán esta batalla por las mentes de los cristianos. Habrá un retroceso religioso contra la izquierda en una escala no vista en occidente desde la revolución bolchevique, y quizás desde la Revolución Francesa. En ese punto, sólo un grupo poseerá en reserva disponible un cuerpo de recursos intelectuales adecuado para contener la marejada del humanismo: los Reconstruccionistas cristianos, queremos decir, los que predican el dominio, y aún más específicamente, los que predican el dominio por medio del pacto. Con este fundamento intelectual, dada la existencia de las catastróficas condiciones culturales, económicas, y políticas, asumirán el liderazgo del protestantismo conservador. Los líderes protestantes existentes sospechan esto, y no les gustan las implicaciones. Sin embargo, no están dispuestos ni son capaces de hacer lo que es necesario para contrarrestar este acontecimiento. Específicamente, no están produciendo los recursos intelectuales para contrarrestar lo que los Reconstruccionistas cristianos están produciendo.

 

En vez de eso, hablan en murmullos. Esta táctica fallará.

Silenciando a los críticos
Por más de dos décadas, los críticos han reprendido a los reconstruccionistas cristianos con este refrán: "Ustedes no han producido ninguna exégesis bíblica para probar su posición en favor del optimismo escatológico". Luego vino el libro Paradise Restored [El paraíso restaurado] en 1985. Un silencio de muerte rodeó a los críticos anteriormente vociferantes. Ahora llega Days of Vengeance [Días de retribución]. El silencio será ahora ensordecedor. Sospecho que pocos críticos replicarán por escrito, au aunque, si rehusan replicar, habrán aceptado, por lo tanto, la validez del informe del médico forense: muerte por estrangulación (notas de pie de página atoradas en la garganta).

 

Bueno, puede que haya algunas revistas de libros escritas apresuradamente en diarios eruditos cristianos que no se leen. El profesor Lightner del Seminario de Dallas posiblemente escriba uno, como el bomboncito de una sola página que escribió sobre El Paraíso Restaurado, en el cual dijo, en efecto: "Vean, este hombre es post-milenista, y ustedes deben entender que nosotros, aquí en el Seminario de Dallas, ¡no lo somos!" 11 Puede que haya unas pocas y breves observaciones despectivas en libros populares en rústica sobre el insignificante y temporal reavivamiento de la teología del dominio a gran escala. Pero no habrá ningún intento existoso por parte de los eruditos líderes de los varios campos pesi-milenialistas para responder a Chilton. Hay una razón para esto: No pueden responder efectivamente. Como decimos en Tyler, simplemente no tienen los caballos. Si estoy errado sobre su incapacidad teológica, entonces veremos artículos largos y detallados mostrando por qué el libro de Chilton está completamente equivocado. Si no los vemos, podemos llegar sin peligro a la conclusión de que nuestros oponentes están en serios problemas. Para cubrir sus desnudos flancos, estarán tentados de ofrecer el familiar refrán: "No dignificaremos tales argumentos absurdos con una réplica pública".

 

Es decir, izarán la bandera blanca intelectual.

Los críticos de Chilton tendrán un problema con este enfoque silencioso, sin embargo. El problema es el Profesor Gordon Wenham, que escribió el prólogo. No hay probablemente ningún comentarista del Antiguo Testamento, creyente en la Biblia, más respetado en el mundo de habla inglesa. Su comentario sobre Levítico establece un alto patrón intelectual. Si Gordon Wenham dice que Days of Vengeance vale la pena ser considerado, entonces dejar de considerarlo sería un enorme error táctico de parte de los pesi-milenialistas.

 

Yo iré más lejos que Wenham. Este libro es un esfuerzo marcador de hitos, el más excelente comentario sobre Apocalipsis en la historia de la Iglesia. Ha establecido el modelo por: (1) su nivel de erudición, (2) sus novedosa penetraciones en cada página, y (3) su legibilidad. Esta singular combinación - de la cual casi no se oye hablar en los cccírculos académicos - deja a la oposición intelectual caasi indefensa. Puede que haya algunos especialistas académicos que responderán competentemente a éste o a aquel punto en Days of Vengeance, pero sus ensayos técnicos no serán leídos ampliamente, especialmente por el pastor o el laico promedio. Puede que haya también uno o dos teólogos que intenten responder extensamente (aunque lo dudo), pero sus confusas exposiciones les ganarán pocos seguidores nuevos. (Tengo en mente un erudito amilenialista en particular que es conocido por sus singulares penetraciones en simbolismo bíblico, pero cuyos escritos comunican sus ideas con la claridad de los rompecabezas mentales del Zen Budista o las conferencias de prensa de Alexander Haig).

 

Principalmente, se enfrentan al problema táctico de llamar la atención hacia este libro dentro de las herméticamente selladas filas de sus seguidores. Si sus seguidores alguna vez se sientan a leer The Days of Vengeance, el Reconstruccionismo cristiano se alzará con los mejores y más brillantes de entre ellos. ¿Por qué? Porque la esperanza terrenal es más fácil de vender que la derrota terrenal, al menos a los que no están contentos con aceptar su condición como perdedores históricos. Hoy día, muchos cristianos están cansados de perder. Aunque signifique comenzar a asumir su responsabilidad - y eso es precisamente lo que significa teología de dominio - un creciente grupo de cristianos brillantes y jóvenes están listos a pagar este precio con tal de dejar de perder. Por consiguiente, cualquier discusión extensa de este libro se convierte en un dispositivo de reclutamiento para el Reconstruccionismo cristiano. Demasiados lectores brillantes y jóvenes serán alertados a la existencia de la teología de dominio.

 

Nuestros opositores saben esto, así que yo no espero ver ningún esfuerzo sistemático para refutar a Chilton sobre escatología, más de lo que hemos visto un esfuerzo de la dimensión de un libro para refutar el libro de Greg Bahnsen, Theonomy in Christian Ethics (1977) 12  o Institutes of Biblical Law (1973), de R. J. Rushdoony. 13  Los críticos potenciales han tenido bastante tiempo; no han tenido bastantes respuestas definitivas. Creo que la razón es que el argumento de la Biblia para la continuación del modelo de ley bíblica es demasiado fuerte. Nuestros oponentes preferirían que permaneciéramos en silencio y dejáramos de hacer estas difíciles preguntas éticas. Nuestros oponentes están atrapados en un dilema de grandes proporciones. Si continúan sin responder, su silencio se convierte en una admisión pública de su derrota intelectual. Si responden, tenemos una oportunidad para replicar - y es en las réplicas donde siempre se anotan los puntos en un debate académico. Cuando usted deja de responder efectivamente a las réplicas, pierde el debate. Nuestros oponentes entienden las reglas del juego académico. No inician la confrontación.

 

Al mismo tiempo, necesitan nuestras penetraciones para encontrarles sentido por lo menos a ciertas partes de la Biblia. He visto copias de los Institutes de Rushdoony en venta en la librería del Seminario Teológico de Dallas. Necesitan las penetraciones de él sobre ley bíblica, pero no pueden manejar la teología que subyace en su libro. Simplemente lo descartan como algo que de alguna manera es sin importancia en tales puntos en disputa. Hacen como que él no ha presentado ningún desafío monumental a la ética dispensacional. 14  Hacen como que pueden usar con éxito su libro como una especie de obra neutral de referencia sobre las leyes de casos en el Antiguo Testamento, y también de alguna manera evitar perder sus más vigorosos estudiantes al movimiento de reconstrucción cristiano. La carrera del pastor Ray Sutton (graduado del Seminario Teológico de Dallas) indica que han cometido un error.

 

En un ensayo escrito en estilo popular para un auditorio no cristiano, dos autores fundamentalistas insistían en que, aunque las penetraciones de R. J. Rushdoony sobre educación y política son usadas por los fundamentalistas, ellos no toman en serio sus puntos de vista sobre el reino. Cuando sus escuelas cristianas son llevadas a los tribunales por algún arrogante procurador general estatal, ellos llaman a Rushdoony para que testifique en su defensa. Esto ha estado sucediendo desde mediados de la década de 1970. Lo necesitan. Saben que lo necesitan. Y sin embargo, sus dos críticos fundamentalistas siguieron diciendo que apenas hay alguien en el mundo que tome en serio sus puntos de vista sobre el reino. "Por fortuna, podemos decir con confianza que él representa un grupo muy pequeño, absolutamente sin ninguna oportunidad de cumplir su agenda". 15

 

En términos de números, estaban en lo cierto: El movimiento de Reconstrucción Cristiana es pequeño. En términos de jóvenes que pueden escribir y hablar y ocupar posiciones de liderazgo, los dos autores estaban silbando al lado del cementerio - el de su propio movimiento. Si los tradicionales dirigentes fundamentalistas pesi-milenialistas tuvieran realmente las respuestas académicas para los actuales problemas en la vida social, económica, y política, no estarían bebiendo del pozo del Reconstruccionismo Cristiano. Pero lo están. No tienen otro lugar a dónde ir.

 

Yo no espero ver The Days of Vengeance en venta en la librería del Seminario Teológico de Dallas. No espero verlo en ninguna lista de lectura recomendada en ningún seminario dispensacionalista tradicional. Si este libro circula ampliamente entre los miembros de la siguiente generación de pastores dispensacionalistas, habrá una fuerte ruptura en el liderazgo dentro del dispensacionalismo. Los mejores y los más brillantes estarán ausentes. Si los estudiantes del Seminario de Dallas lo leen, y también leen Paradise Restored, los profesores de Dallas serán sometidos a fuertes preguntas, como nunca las han oído desde que esa escuela fue fundada. (Si los estudiantes también leen That You May Prosper, de Sutton, la facultad tendrá en sus manos una revolución teológica). La facultad no está a las puertas de conseguirse este tipo de problema a corto plazo, aunque a la larga esta conspiración del silencio le costará cara al dispensacionalismo. Probablemente, estos libros no se venderán tampoco en el Grace Theological Seminary. Y, sólo para quede constancia, permítaseme pronosticar que usted no verá los libros de Chilton recomendados en seminarios no dispensacionalistas tampoco, por las mismas razones: Son demasiado calientes para manejarlos.

 

Seré perfectamente claro: Si los miembros de facultad de cualquier institución que se llame a sí misma seminario teológico creyente en la Biblia no pueden correr el riesgo de asignar a sus propios graduandos Paradise Restored, de Chilton, That You May Prosper, de Sutton, y By This Standard, de Bahnsen - tres libros cortos, de fácil lectura, y con el mínimo número de notas de pie de página - porque temen perturbar el pensamiento de sus estudiantes, o porque ellos mismos no están listos para proporcionar respuestas para las inevitables preguntas de sus estudiantes, entonces esa facultad ha izado la bandera blanca a los reconstruccionistas cristianos. Significa que los reconstruccionistas han ganado la pelea teológica.

 

Ya les estamos quitando algunos de sus jóvenes más brillantes, y lo estamos haciendo de manera regular. Ellos leen nuestros libros secretamente, y están esperando que sus instructores digan algo en respuesta. Sus instructores se están ocultando. Están ocupados en el juego infantil de "hagamos como si". "Hagamos como si estos libros jamás hubiesen sido publicados. Hagamos como si ellos no estuvieran llevándose nuestros estudiantes más brillantes. Hagamos como si esta marea de boletines de Tyler, Texas, no existiera. Hagamos como si el reconstruccionismo cristiano fuera a desaparecer pronto. Hagamos como si alguien más fuera a escribir un libro que les conteste, y ese libro fuera a ser publicado a principios del próximo año". Esta estrategia está resultando contraproducente por todo el país. Los reconstruccionistas cristianos poseen las listas de correo que lo prueban. Cuando los profesores del seminario juegan un gigantesco juego de "hagamos como si", es sólo cuestión de tiempo.

 

Francamente, es altamente dudoso que el miembro de facultad promedio del típico seminario creyente en la Biblia esté listo para asignar a los adolescentes mi corto libro en rústica 75 Bible Questions Your Instructors Pray You Won´t Ask (1984) [75 Preguntas bíblicas que sus instructores ruegan que Uds. no les hagan]. 16  Esto es por lo que yo estoy seguro de que el prevaleciente conservadorismo teológico está a punto de ser eliminado. Las facultades de seminario que necesitan estar a la ofensiva contra una civilización humanista no son capaces ni siquiera de defender sus propias posiciones de libros cristianos en rústica baratos, no ya de reemplazar un orden humanista atrincherado.

 

Lo diré tan francamente como me es posible: Nuestros oponentes escatológicos no nos atacarán por medio de la letra impresa, excepto en raras ocasiones. Saben que les responderemos del mismo modo, y que en ese punto estarán atorados. Quieren evitar esta azarosa situación a cualquier costo - aún al de ver sus jóvenes más brillantes unirse al movimiento de Reconstrucción Cristiana. Cara, nosotros ganamos; sello, nosotros ganamos.

 

Tradicionalistas indefensos
Si cualquier movimiento encuentra que está siendo confrontado por oponentes celosos que están montando una campaña a gran escala, es suicida sentarse y no hacer nada. Es casi igualmente suicida hacer algo estúpido. Lo que generalmente sucede es que los líderes de movimientos cómodos, complacientes, e intelectualmente blandengues no hacen nada por demasiado tiempo, y luego, llenos de pánico, salen apresuradamente y hacen una serie de cosas estúpidas, comenzando con la publicación de artículos o libros que son visiblemente ineficaces a los ojos de hombres más jóvenes que de otro modo se convertirían en los futuros líderes del movimiento.

 

La táctica más importante que los líderes existentes pueden adoptar es un programa para convencer a los futuros líderes del movimiento de que éste tiene la visión, el programa, y los primeros principios para derrotar a todos sus enemigos. Para ser convincente, esta táctica requiere evidencia de tal superioridad. En la actualidad, esa evidencia está ausente en los grupos pesi-milenialistas tradicionales. Comienzan con la presuposición de que Dios no ha dado a su iglesia la visión, el programa, y los primeros principios para derrotar a los enemigos de Dios, aún con la victoria de Cristo sobre Satanás en el Calvario como el fundamento del ministerio de la iglesia.

 

Los pesi-milenialistas tradicionales han lanzado un llamado de trompeta: "Vengan y únanse a nosotros, que somos perdedores históricos". Han construido sus instituciones atrayendo gente que está contenta con continuar siendo perdedores históricos (antes de la segunda venida).

 

Entiéndase que estoy hablando del pesi-milenialismo tradicional. Al cambiar el clima de la opinión cristiana, encontramos que están apareciendo pre-milenialistas y amilenialistas más jóvenes, más vigorosos, y orientados a la acción. Esto continuará. Ellos insisten en que pueden ser optimistas del reino y activistas sociales, también. Insisten en ser llamados miembros del movimiento de teología de dominio. Yo no veo ninguna evidencia de que han estado dispuestos a publicar sus puntos de vista sobre cómo sus escatologías son conformables al optimismo terrenal, de la "Era de la Iglesia", pero me alegro de verlos subir a bordo del buen barco del Dominio. Sin embargo, lo que tengo que señalar es que ningún optimismo como ese es visible todavía en todos los seminarios y en las grandes casas publicadoras. Los pesimistas tradicionales todavía administran estas instituciones. Esto va a cambiar eventualmente, pero probablemente se necesitarán décadas.

 

El optimismo escatológico es el primer paso en el viaje de mucha gente hacia la teología de dominio. Es por esto por lo que los líderes con puntos de vista más tradicionales están tan alterados. Reconocen ese primer paso por lo que es: el fin del camino para el pesi-milenialismo.

 

Dispensacionalismo
Lo que la mayoría de la gente no entiende es que no ha habido un comentario dispensacional de importancia sobre el Apocalipsis desde The Revelation of Jesus Christ, de John Walvoord, que fue publicado en 1966 por Moody Press y reimpreso repetidamente. Aún más significativamente, no había habido un comentario dispensacional de importancia sobre Apocalipsis antes del libro de Walvoord. Entendámonos. El comentario de Walvoord apareció 96 años antes después de Jesus Is Coming, de W. E. B., el libro que lanzó la fase popular del dispensacionalismo en los Estados Unidos. Apareció más de medio siglo después de la Schofield Reference Bible (1909). Resumiendo, la exégesis que se supone prueba el argumento en favor del dispensacionalismo llegó a la zaga de la historia del movimiento dispensacionalista, justo por el tiempo en que R. J. Rushdoony hizo publicar sus primeros libros sociales y orientados a la ley. Los dispensacionalistas podían señalar sólo un puñado de libros con títulos como Lectures on Revelation o Notes on Revelation. Para abreviar, trocitos de Apocalipsis, pero nada definitivo - no después de más de un siglo de dispensacionalismo pre-milenista. La bibliografía en el libro de Walvoord lista  un pequeño número de comentarios explícitamente dispensacionalistas sobre este libro de la Biblia, por encima de todos los demás, que nosotros esperaríamos que los dispensacionalistas hubiesen dominado, verso por verso.

 

Cualquiera que sea la conclusión a que lleguemos sobre la historia del dispensacionalismo, su amplia popularidad tuvo muy poco que ver con cualquier exposición sistemática del libro que los dispensacionalistas afirman es el más lleno de profecías en la Biblia. De hecho, el dispensacionalista promedio probablemente no posee, ni ha leído, y nunca ha oído hablar, de un solo comentario dispensacionalista sobre el libro de Apocalipsis. Además, es dudoso que su pastor conozca alguno, aparte del de Walvoord, que es como la mitad del de Chilton.

 

En contraste, la publicación de los dos libros de Chilton sobre escatología, junto con Thy Kingdom Come (1970), el libro mucho menos exegético de Rushdoony, en las primeras etapas del movimiento de reconstrucción cristiana pone la exégesis fundacional al principio, donde corresponde. Ahora tenemos el respaldo de la obra exegética básica. Los dos primeros libros escatológicos de Chilton son seminales, no definitivos. Él y otros continuarán construyendo sobre este fundamento. Si no continúan construyendo, entonces el movimiento está muerto. Cualquier movimiento que se especialice en reimprimir "clásicos" y no produzca nuevo material  que abra nuevos senderos está muerto. Nuestros opositores aprenderán pronto que este movimiento no está muerto. Apenas hemos comenzado a publicar.

 

El punto es que es importante echar el fundamento temprano si nos proponemos reconstruir la civilización. Esto es lo que los dispensacionalistas no hicieron, de 1830-1966, quizás porque nunca se propusieron cambiar la civilización. Sólo se proponían escapar de lo que consideraban como las características más desagradables de la civilización moderna, cosas tales como el licor, el cine, y los bailes sociales. (He dicho a menudo que si los anti-abortistas difundieran el rumor de que el abortista local daba un vaso de cerveza a cada mujer para calmarle los nervios después del aborto, la mitad de los fundamentalistas del pueblo estarían en las filas de los manifestantes en frente de su oficina dentro de una semana).

 

Amilenialismo
Los protestantes amilenialistas, que son principalmente miembros de iglesias holandesas o luteranas, o iglesias influidas por la teología europea continental, tienen una tradición académica mucho más fuerte. Esta tradición se remonta hasta Agustín. Chilton extrae material de estas tradiciones amilenialistas al explicar las imágenes bíblicas. Sin embargo, Chilton ha demostrado que estas imágenes pueden entenderse dentro de un marco de progreso cristiano histórico mucho mejor que dentro de un marco que supone una creciente derrota histórica a manos de los quebrantadores del pacto.

 

El mensaje fundamental de la escatología bíblica es la victoria, en el tiempo y en la tierra (en la historia) - una victoria abarcante, no simplemente unnna especie de victoria psicológicamente interna, de "sonrisas en nuestros rostros, gozo en nuestros corazones". En breve, Chilton usa efectivamente las contribuciones eruditas de ellos, pero no por eso se convierte en dependiente de las presuposiciones escatológicas subyacentes de ellos. (Nuevamente, tengo en mente a un teólogo anónimo previamente mencionado, cuya respuesta a todo esto es fácilmente predecible: mucho más silencio de piedra. La discreción es la mejor parte del valor. Fue refutado completamente por otro reconstruccionista sobre un tema relacionado, así que es comprensible que sea un poquito cauteloso).

 

El hecho es que las iglesias amilenialistas no se distinguen por sus programas de evangelismo. (Los que usan los materiales de explosión evangelística de la Iglesia Presbiteriana de Coral Ridge son excepciones a esta regla). Estas iglesias no han salido a la arena teológica, desafiando a los humanistas, ni a nadie más. Los miembros ven a sus iglesias como acciones de sostén, como fortalezas defensivas, o como puertos en la tormenta cultural. Simplemente, estas iglesias no están a la ofensiva. No esperan conseguir nada culturalmente. Tampoco esperan ver una oleada de conversos. Probablemente, no perderán mucha gente al Reconstruccionismo Cristiano en un futuro cercano. La lenta erosión hacia el liberalismo, el modernismo, y la teología de la liberación continuará molestándolos, como lo ha hecho en el pasado, pero no habrá deserciones de importancia. Tampoco habrá ninguna victoria de importancia. Continuarán siendo puestos de avanzada espirituales y defensivos en la mitad de un momento decisivo en la historia mundial.

 

Pre-milenialismo histórico
No hay ningún pre-milenismo histórico (no dispensacional), institucionalmente hablando. Los pre-milenialistas históricos están dispersos en iglesias dominadas bien por pre-milenialistas dispensacionales o amilenialistas. El seminario teológico del pacto sí existe, pero sus graduados son absorbidos eclesiásticamente por iglesias que oficialmente son neutrales escatológicamente, o sea, iglesias manejadas por amilenialistas. El pre-milenialismo histórico no ha sido una fuerza teológica separada en este siglo.

 

Conclusión

David Chilton nos ha proporcionado una obra maestra. Ha compuesto un epitafio:

Pesi-milenialismo
71 D.C. - 1987 D. C.
"¡Predicamos la derrota, y la obtuvimos!"
Estoy arrojando el guante a los opositores del movimiento de Reconstrucción Cristiano. Estoy retando a todos, y lo estoy haciendo de manera inteligente: "Que combatan ustedes y Chilton". Además, "Que peleen ustedes y Bahnsen". Si alguien quiere pelear conmigo, encenderé mi procesadora de palabras y dispararé mi mejor tiro, pero yo soy un tipo tan dulce e inofensivo que no espero que nadie malgaste su tiempo tratando de derrotarme. Pero es mejor que alguien en cada uno de los campos pesi-milenialistas rivales comience a producir respuestas para lo que los Reconstruccionistas Cristianos ya han escrito. Específicamente, es mejor que alguien esté preparado para escribir un comentario sobre Apocalipsis mejor que The Days of Vengeance. Me siento confiado de que nadie podrá hacerlo.

 

Desde este momento en adelante, sólo habrá tres clases de comentarios sobre el libro de Apocalipsis:

Los que tratan de expandir el de Chilton
Los que tratan de refutar el de Chilton
Los que hacen como si no existiese ningún comentario de Chilton

Tyler, Texas
Diciembre 17, 1986

 



Notas:

1. David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth: Dominion Press, 1985).

2. Tyler, Texas; Geneva Ministries, 1985.

3. Kline, Treaty of the Great King (Grand Rapids: Eerdmans, 1963); reimpreso en parte en su libro posterior, The Structure of Biblical Authority (Grand Rapids; Eerdmans, 1972).

4. Ray R. Sutton, That You May Prosper: Dominion By Covenant (Tyler, Texas: Institute for Christian Economics, 1987).

5. Gary North, The Sinai Strategy: Economics and the Ten Commandments (Tyler, Texas: Institute for Christian Economics, 1986).

6. Gary North and David Chilton, "Apologetics and Strategy", Christianity and Civilization, 3 (1983), pp. 107-116.

7. Gary North, Dominion and Common Grace (Tyler, Texas: Institute for Christian Economics, 1987), especialmente el capítulo 5.

8. Desde 1965, Francis Schaeffer había estado anunciando que la civilización humanista es un cascarón vacío, y que no tiene futuro terrenal. Repetía una y otra vez que el cristianismo tenía las preguntas que el humanismo no podía contestar. El problema era que, como pre-milenialista calvinista, él no creía que ninguna respuesta específicamente cristiana podría jamás implementarse antes de la segunda venida de Cristo. No dedicó mucho espacio en sus libros a proporcionar respuestas cristianas específicas para las preguntas cristianas que él suscitó para desafiar a la civilización humanista. Hizo excelentes preguntas culturales; ofreció pocas respuestas específicamente cristianas. Había razones para esto: Chilton y North, op. cit.

9. En los círculos altamente restringidos del calvinismo amilenialista, apareció un movimiento de corta duración de los eruditos holandeses en Norteamérica  en 1965-1975, la escuela de "la idea cosmonómica", también conocida como la de los neo-Dooyeweerdianos, llamados así en honor de Herman Dooyeweerd, el erudito legal y filósofo holandés. Causaron poca impresión fuera de la comunidad holandesa en Norteamérica, y desde entonces han desaparecido en la oscuridad. A comienzos de la década de 1960, sus precursores  habían sido más conservadores, pero después de 1965, demasiados de ellos se convirtieron en compañeros de viaje ideológicos de los teólogos de la liberación. No pudieron competir con el radicalismo de línea dura representado por Sojourners y The Other Side, y se desvanecieron.

10. David Chilton, Productive Christians in an Age of Guilt-Manipulators: A Biblical Response to Ronald J. Sider (4ta. edic.; Tyler, Texas: Institute for Christian Economics, 1986).

11. Bibliotheca Sacra (Abril-Junio 1986).

12. 2da. edición. Publicada por Presbiteriana y Reformada, Phillipsburg, New Jersey.

13. Nutley, New Jersey: Craig Press, 1973.

14. El único intento de las dimensiones de un libro de cualquier erudito dispensacionalista para refutar a los teonomistas es una disertación doctoral no publicada del Seminario Teológico de Dallas: Hermeneutical Prolegomena to Premillenial Social Ethics (1982), de Ramesh Paul Richard. No se ha publicado, ni siquiera en forma revisada. Se comprende por qué: es un título terrible. Peor aún, la disertación cede demasiado terreno teológico a los teonomistas. Esto indica la crisis que enfrenta el dispensacionalismo en la actualidad.

15. Ed Dobson y Ed Hindson, "Apocalypse Now?" Policy Review (Oct. 1986), p. 20.

16. Publicado por Spurgeon Press. P. O. Box 7999, Tyler, Texas 75711.

Introducción

Autor y Fecha

Aunque la identidad del autor ha sido objeto de mucho debate, en realidad no hay razón para dudar de que es el mismo Juan que escribió el cuarto evangelio, como lo afirma el testimonio virtualmente unánime de la iglesia primitiva. Se identifica a sí mismo simplemente como "Juan" (1:1, 4,9; 21:2; 22:8), aparentemente suponiendo que sería reconocido por su auditorio del siglo primero basándose en su nombre solamente; y escribe con un estilo autorizado, "apostólico", no para individuos solamente, sino para la iglesia. Tomando en cuenta el gobierno altamente organizado de la iglesia, que existió desde su comienzo, es improbable que nadie pudiese haber escrito de esta manera, salvo un apóstol reconocido. 1 Además, hay numerosos puntos de semejanza entre el Apocalipsis y el evangelio de Juan. Hasta un vistazo superficial revela varias expresiones (por ejemplo, Cordero de Dios, Verbo, y testigo), que son comunes solamente al evangelio de Juan y a Apocalipsis; ningún otro escritor del Nuevo Testamento usa estos términos de la misma manera. 2 Austin Farrer 3 llama la atención a cierto número de similitudes de estilo entre el evangelio y Apocalipsis: Ambos libros están dispuestos en series de "sietes"; 4 ambos están estructurados en términos de la liturgia bíblica/celestial y el calendario festivo; y ambos libros usan números en un sentido simbólico que trasciende su significado literal (esto es obvio en Apocalipsis; comp. Juan 2:6; 19-20; 5:2,5; 6:7,9,13; 8:57; 13:38; 9:14,23; 21:11,14,15-17).

 

Hay varias indicaciones bíblicas de que Juan era sacerdote, y hasta de que procedía de la familia del sumo sacerdote. Probablemente su nombre era común en esa familia (comp. Hechos 4:6; contrástese con Lucas 1:61). Juan mismo nos habla de su estrecha relación con el sumo sacerdote: Por eso, en una ocasión extremadamente sensitiva, pudo tener acceso al patio del sumo sacerdote, usando su influencia con la guardia para conseguir entrada para Pedro también (Juan 18:15-16). Además, numerosas referencias tanto en el evangelio como en Apocalipsis revelan la desusada familiaridad de los autores de ambos libros con los detalles del servicio del templo. Como observó Alfred Edersheim, "los otros escritores del Nuevo Testamento se refieren a ellos en sus narraciones, o explican sus tipos, en un lenguaje que cualquier adorador bien informado en Jerusalén podría haber empleado. Pero Juan no escribe como un israelita ordinario. Tiene ojos y oídos para detalles que otros habrían pasado por alto....

 

"En efecto, el Apocalipsis, como un todo, puede asemejarse a los servicios del Templo en el hecho de que mezcla los servicios proféticos con el culto y la alabanza. Pero es especialmente notable que las referencias al Templo, que abundan en el libro de Apocalipsis, tienen que ver con minucias, que un escritor que no hubiese estado tan familiarizado con tales detalles, como sólo el contacto personal y el compromiso con ellos podría haberlo permitido, apenas hubiese notado, y ciertamente no habría empleado como parte de sus imágenes. Ocurren de manera natural, espontáneamente, y tan inesperadamente que el lector está en peligro a veces de pasarlos por alto por completo; y en lenguaje que emplearía  un profesional, y que vendría a él como resultado del ejercicio anterior de su llamado. En efecto, algunas de las más llamativas de estas referencias no podrían haber sido entendidas en absoluto sin los tratados profesionales de los rabinos sobre el Templo y sus servicios. Sólo la estudiada minuciosidad de las descripciones rabínicas, derivadas de la tradición de los testigos, no deja la misma impresión que las no estudiadas ilustraciones de Juan". 6

 

"Parece altamente improbable que un libro tan lleno de alusiones litúrgicas al libro de Apocalipsis - y éstas, muchas de ellas, no a punnttos grandes o importantes, sino a minucias - haya sido escrito por alguien que no fuera un sacerdote, alguien que en alguna ocasión no hubiera podido participar de un verdadero servicio en el Templo mismo, y así llegara a familiarizarse tanto con sus detalles, que venían a él de manera natural, como parte de las imágenes que empleaba." 7

 

En relación con esto, Edersheim trae a colación un punto que es más importante para nuestra interpretación que el tema en debate de la autoría humana de Apocalipsis (porque, en fin de cuentas, [véase Juan 1:1] este libro es la revelación de Jesucristo). La íntima familiaridad de Juan con los minuciosos detalles del culto en el templo sugiere que "el libro de Apocalipsis y el cuarto Evangelio deben haber sido escritos antes de que los servicios del templo hubiesen cesado efectivamente".8 Aunque algunos eruditos han aceptado sin criticarla la afirmación de Ireneo (120-202 d.C.) de que la profecía apareció "hacia el fin del reinado de Domiciano" (es decir, alrededor del año 96 d. C.), hay considerable lugar para dudar del significado preciso (puede que haya querido decir que el apóstol Juan mismo "fue visto" por otros). 10 El lenguaje de Ireneo es algo ambiguo; y, sin importar de qué estaba hablando, pudo haberse equivocado. 11  (Dicho sea de paso, Ireneo es la única fuente para la fecha tardía de Apocalipsis; todas las otras "fuentes" simplemente lo citan a él. Por lo tanto, es más bien calculador por parte de los comentaristas afirmar, como lo hace Swete, que "la tradición cristiana primitiva sitúa a Apocalipsis, casi unánimemente, en los últimos años de Domiciano").12  Ciertamente, hay otros escritores primitivos cuyas afirmaciones indican que Juan escribió el Apocalipsis mucho antes, bajo la persecución de Nerón. 13

 

Mucho de la moderna presunción a favor de la fecha domiciánica se basa en la creencia de que bajo su reinado tuvo lugar una grande y sostenida persecución y matanza de cristianos. Esta creencia, tan querida como es, no parece estar basada en absoluto en ninguna fuerte evidencia. Aunque no hay duda de que Domiciano era un tirano cruel y malvado (he venido a enterrar un mito sobre César, no a alabarle), hasta el siglo quinto ningún historiador hizo ninguna mención de una supuesta persecución extendida de los cristianos por su gobierno. Es cierto que desterró temporalmente a algunos cristianos; pero éstos fueron llamados de vuelta eventualmente. Robinson observa: "Cuando esta purga limitada y selectiva, en la cual con seguridad ningún cristiano fue muerto, se compara con la matanza de criastianos a manos de Nerón, en relación con la cual dos testigos primitivos y completamente independientes hablan de 'inmensas multitudes'; 14  es asombroso que los comentaristas hayan sido guiados por Ireneo, que ni siquiera menciona una persecución, para preferir un contexto domiciánico para el libro de Apocalipsis". 15

 

Por lo tanto, nuestro camino más seguro debe ser estudiar el Apocalipsis mismo para ver qué evidencia interna ofrece en relación con su fecha. Como veremos a través de este comentario, el libro de Apocalipsis es principalmente una profecía de la destrucción de Jerusalén por los Romanos. Por sí solo, este hecho coloca a la autoría de Juan en algún momento antes de septiembre del año 70 d.C. Además, como veremos, Juan habla de César Nerón como todavía en el trono - y Nerón murió en junio del aaño 68.

 

Más importante que cualquiera de estos hechos, sin embargo, es el hecho de que tenemos una enseñanza a priori en las Escrituras mismas de que toda la revelación terminó como en el año 70 d. C. El ángel Gabriel le dijo a Daniel que las "setenta semanas" habrían de terminar con la destrucción de Jerusalén (Dan. 9:24-27); y que ese período serviría también para "sellar la visión y la profecía" (Dan. 9:24). En otras palabras, la revelación especial acabaría - sería "sellada" - para el tiempo eenn que Jerusalén sería destruida. El canon de las Sagradas Escrituras se completó por entero antes de la caída de Jerusalén. 16 Atanasio interpretó las palabras de Daniel de la misma manera: "¿Cuándo cesaron en Israel los profetas y las visiones? ¿No fue cuando vino Cristo, el Santísimo? Es, de hecho, una señal y una prueba notable de la venida del Verbo que Jerusalén ya no está en pie, ni se suscitan profetas, ni se revelan visiones entre ellos. Y es natural que sea así, porque cuando el que habría de venir vino, ¿qué más necesidad había todavía de nada para significarlo? Y cuando la Verdad había llegado, ¿qué más necesidad había de la sombra? Sólo a cuenta de Él profetizaban continuamente, hasta el tiempo en que hubiese venido la Justicia Esencial, el que había efectuado el rescate por los pecados de todos. Por la misma razón, Jerusalén permaneció hasta el mismo tiempo, para que los hombres pudieran premeditar los tipos antes de que viniera la Verdad. Así que, por supuesto, una vez que el Santo de los Santos había venido, tanto la visión como la profecía fueron sellados. Y el reino de Jerusalén cesó al mismo tiempo, porque los reyes de Jerusalén habían de ser ungidos entre ellos solamente hasta que el Santo de los Santos fuera ungido....

 

"El hecho simple es, como digo, que ya no hay ningún rey, ni profeta, ni Jerusalén, ni sacrificio, ni visión, entre ellos; y sin embargo, la tierra entera está llena del conocimiento de Dios, 17  y los gentiles, renunciando al ateísmo, ahora están buscando refugio en el Dios de Abraham por medio del Verbo, nuestro Señor Jesucristo". 18

 

La muerte, resurrección, y ascensión de Cristo marcaron el fin del antiguo pacto y el principio del nuevo; los apóstoles fueron comisionados para entregar el mensaje de Cristo en la forma del Nuevo Testamento; y cuando hubieron terminado, Dios envió a los edomitas y a los ejércitos romanos para destruir por completo los últimos símbolos que quedaban del Antiguo pacto: el Templo y la Santa Ciudad. Por sí solo, este hecho es suficiente para establecer que Apocalipsis debe haber sido escrito antes del año 70 d. C. El libro mismo da abundante testimonio en relación con su fecha; pero, aún más, la naturaleza del Nuevo Testamento como la Palabra Final de Dios nos lo dice. La muerte de Cristo a manos de los hijos apóstatas de Israel selló su suerte: El Reino les sería quitado (Mat. 21:33-43). Aunque la ira se colmó "al extremo" (1 Tesa. 2:16), Dios detuvo su mano de juicio hasta que se escribiera el documento del Nuevo pacto. Habiendo hecho esto, Él terminó dramáticamente el reino de Israel, borrando la generación perseguidora (Mat. 23:34-36; 24:34; Luc. 11:49-51). La destrucción de Jerusalén fue el último trompetazo, dando la señal para que se consumara el misterio de Dios (Apoc. 10:7). No habría más escritos canónicos una vez que Israel hubiese desaparecido.

 

Destinatario
Desde su exilio en la isla de Patmos, Juan dirigió el Apocalipsis a las iglesias de las siete ciudades principales de Asia Menor. Estas siete ciudades, conectadas por una carretera semicircular a través del interior de la provincia, servían como estaciones postales para sus distritos. "Así, un mensajero de Patmos llegaba a Éfeso, viajaba al norte a través de Esmirna y hasta Pérgamo, y de allí al sureste a través de las otras cuatro ciudades, dejando una copia del libro en cada una para que de allí circulara de modo secundario en su distrito. Por supuesto, el número 'siete' se usa constantemente en el simbolismo del libro de Apocalipsis, pero no debemos permitir que este hecho oscurezca la circunstancia de que el libro está dirigido a siete iglesias reales en ciudades situadas idealmente para servir como puntos de distribución". 19

 

Asia Menor era un destino significativo por dos razones: Primero, después de la caída de Jerusalén, la provincia de Asia se convertiría en el centro más influyente del cristianismo en el Imperio Romano: "La provincia de Asia surgió como el área en que el cristianismo era más fuerte, con Éfeso como su punto radial". 20  Segundo, Asia era el centro del culto de adoración a César. "Inscripción tras inscripción testifica de la lealtad de las ciudades hacia el Imperio. En Éfeso, en Esmirna, en Pérgamo, y de hecho por toda la provincia, la Iglesia fue confrontada por un imperialismo que era popular y patriótico, y tenía las características de una religión. En ninguna parte era el culto a César más popular que en Asia." 21

 

Después de la muerte de Julio César (29 a. C.), se construyó en Éfeso un templo para honrarle como divus (dios). Los Césares que le siguieron no esperaron que la muerte proveyera tales honores y, comenzando con Octaviano, afirmaron su propia divinidad, exhibiendo sus títulos de deidad en templos y monedas, particularmente en las ciudades de Asia. Octaviano cambió su nombre por el de Augusto, un título de suprema majestad, dignidad, y reverencia. Fue llamado el Hijo de Dios, y, como el mediador divino-humano entre el cielo y la tierra, ofrecía sacrificios a los dioses. Fue ampliamente proclamado como Salvador del mundo, y las inscripciones en sus monedas eran francamente mesiánicas - declarando el mensaje en ellas, como ha eesscrito Stauffer, que "la salvación no ha de encontrarse en nadie sino en Augusto, y que no hay otro nombre dado a los hombres en el cual puedan ser salvos". 22

 

Esta postura era común a todos los Césares. César era Dios; César era Salvador; César era el único Señor. Y reclamaban, no sólo los títulos, sino también los derechos de la deidad. Cobraban impuestos y confiscaban propiedades a voluntad, tomaban las esposas (y los esposos) para su propio placer, causaban escasez de alimentos, ejercían el poder de vida y muerte sobre sus súbditos, y en general, intentaban gobernar cada aspecto de la realidad por todo el imperio. La filosofía de los Césares puede resumirse en una frase que se usaba más y más, con el correr del tiempo: ¡César es Señor!

 

Este era el principal punto en disputa entre Roma y los cristianos: ¿Quién es Señor? Francis Schaeffer señala: "No olvidemos por qué eran muertos los cristianos. No eran muertos porque adoraban a Jesús... A nadie le importaba quién adoraba a quién, con tal de que el adorador no trastornara la unidad del estado, que se centraba en la adoración formal a César. La razón de que los cristianos fueran muertos era porque eran rebeldes... Adoraban a Jesús como Dios, y adoraban sólo al Dios infinito y personal. Los Césares no tolerarían esta adoración del único Dios solamente. Esto se consideraba como traición". 23

 

Para Roma, la meta de cualquier verdadera moralidad y piedad era la subordinación de todas las cosas al estado; el hombre religioso y piadoso era el que reconocía, en cada momento de su vida, la centralidad de Roma. "La función de la religión romana era pragmática, para servir como cemento social y sostener al estado". 24 Así, observa R. J. Rushdoony, "al marco de los actos religiosos y familiares de la piedad era Roma misma, la comunidad central y más sagrada. Roma controlaba estrictamente todos los derechos de organización, asambleas, reuniones religiosas, clubes, y reuniones en las calles, y no soportaba ninguna posible rivalidad a su centralidad... Sólo el estado podía organizar; los ciudadanos no, excepto como conspiración. Sólo por esto, la bien organizada Iglesia Cristiana era una ofensa y una afrenta al estado, y una organización ilegal que en seguida era sospechosa de conspiración". 25

 

El testimonio de los apóstoles y la iglesia primitiva era nada menos que una declaración de guerra contra las pretensiones del estado romano. Juan afirmó que Jesús es el unigénito Hijo de Dios (Juan 3:16); que él es, de hecho, "el verdadero Hijo de Dios y la vida eterna" (1 Juan 5:20-21). Poco después de Pentecostés, el apóstol Pedro declaró: "Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12). "Así, el conflicto del cristianismo con Roma era político desde la perspectiva romana, aunque religioso desde la perspectiva cristiana. A los cristianos nunca se les pidió que adoraran a los dioses paganos de Roma; apenas se les pidió reconocer la primacía religiosa del estado. Como observó Francis Legge: 'En el tiempo de la persecución, los oficiales del Imperio Romano buscaban forzar a los cristianos a ofrecer sacrificios, no a cualesquiera dioses paganos, sino al Genio del Emperador y la Fortuna de la Ciudad de Roma; y en todo momento el rechazo de los cristianos fue visto, no como una ofensa religiosa, sino política...' Entonces, el punto en disputa era éste: ¿Debería la ley del emperador, la ley del estado, gobernar tanto al estado como a la iglesia, o estaban bajo la ley de Dios tanto el estado como la iglesia, tanto el emperador como el obispo? ¿Quién representaba el orden verdadero y final, Dios o Roma, la eternidad o el tiempo? La respuesta romana era Roma y el tiempo, y de aquí que el cristianismo constituyera una fe traicionera y una amenaza para el orden político". 26

 

El cargo levantado por los acusadores judíos durante un juicio contra cristianos en el siglo primero era el de que "contravenían los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús" (Hechos 17:7). Esta era la acusación fundamental contra todos los cristianos del Imperio. El capitán de la policía rogaba al anciano Obispo de Esmirna, Policarpo, que renunciara a esta posición extrema: "¿Qué mal hay en decir que César es Señor?" Policarpo rehusó, y fue quemado en la estaca. Miles sufrieron el martirio precisamente por esta causa. Para ellos, Jesús no era "Dios" en algún sentido irrelevante, de allá arriba; Él era el único Dios, plenamente soberano en todas las áreas. Ningún aspecto de la realidad podría estar fuera de sus demandas. Nada era neutral. La Iglesia confrontó a Roma con el inflexible reclamo de la autoridad imperial de Cristo: Jesús es el Hijo unigénito; Jesús es Dios; Jesús es Rey; Jesús es Salvador; Jesús es Señor. Aquí había dos imperios, ambos intentando un absoluto dominio mundial; y estaban implacablemente en guerra. 27

 

Era necesario que las iglesias de Asia reconocieran esto plenamente, con todas sus implicaciones. La fe en Cristo Jesús requiere absoluta sumisión a su señorío, en todo momento, sin medias tintas. La confesión de Cristo significaba conflicto con el estatismo, particularmente en las provincias donde se requería el culto oficial a César para las transacciones de los asuntos cotidianos. El no reconocer los reclamos del estado resultaría en apuros económicos y la ruina, y a menudo la cárcel, la tortura, y la muerte.

 

Algunos cristianos intentaron llegar a un arreglo intermedio haciendo una distinción no bíblica entre el corazón y la conducta, como si uno pudiera tener fe sin obras. Pero el reino de Cristo es universal: Jesús es Señor de todos. Para reconocerle verdaderamente como Señor, debemos servirle en todas partes. Este era el mensaje principal del Apocalipsis para los cristianos en Asia, un mensaje que necesitaban oir desesperadamente. Vivían en el corazón mismo del trono de Satanás, el asiento del culto al Emperador; Juan escribió para recordarles su verdadero Rey, su posición con Él como reyes y sacerdotes, y la necesidad de perseverar en términos de su Verbo soberano.

 

El Apocalipsis y el pacto
El Libro de Apocalipsis es parte de la Biblia. Al primer vistazo, esto puede no parecer una penetración brillante, pero es un punto tanto crucialmente importante como universalmente descuidado en la práctica real de la exposición. Porque, tan pronto como reconocemos que Apocalipsis es un documento bíblico, nos vemos obligados a hacernos una pregunta central: ¿Qué clase de libro es la Biblia? Y la respuesta es ésta: La Biblia es un libro (El Libro) acerca del pacto. La Biblia no es una enciclopedia de conocimiento religioso. Ni una colección de relatos morales, ni una serie de estudios de psicología personal de los grandes héroes de antaño. La Biblia es la revelación escrita de Dios acerca de Sí mismo, la historia de su venida a nosotros en el Mediador, el Señor Jesucristo; y es la historia de la relación de la Iglesia con Él por medio del pacto que Él ha establecido con ella.

 

El pacto es el significado de la historia bíblica (la historia bíblica no es principalmente historias de aventuras). El pacto es el significado de la ley bíblica (la Biblia no es principalmente un tratado político sobre cómo establecer una República Cristiana). Y el pacto es el significado de la profecía bíblica también (la profecía bíblica no es "predicción" en el sentido oculto de Nostradamus, Edgar Cayce, y Jean Dixson). Para el hombre, los profetas eran los emisarios legales de Dios para Israel y las naciones, actuando como procuradores que traían lo que se ha venido a conocer entre los eruditos recientes como "El Proceso Legal del pacto".

 

Que la profecía bíblica no es simplemente "predicción" queda indicado, por ejemplo, en la afirmación de Dios por medio de Jeremías:

 

En un instante hablaré contra pueblos, y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles, y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar. Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle. (Jer. 18:7-10).
El propósito de la profecía no es "predecir", sino evaluar la respuesta ética del hombre a la Palabra de mando y promesa de Dios. Es por esto por lo que la profecía de Jonás sobre Nínive no "se cumplió": Nínive se arrepintió de su maldad, y la calamidad fue alejada. Como los otros escritos bíblicos, el Libro de Apocalipsis es una profecía, con una específica orientación de pacto y una referencia a él. Cuando se ignora el contexto de pacto de la profecía, el mensaje que Juan trataba de comunicar se pierde, y Apocalipsis se convierte en nada más que un vehículo para avanzar las teorías escatológicas del pretendido expositor.

Consideremos un ejemplo de menor importancia: Apocalipsis 9:16 nos cuenta de un gran ejército de jinetes, que suman "miríadas de miríadas". En algunos textos griegos, se dice que son dos miríadas de miríadas, y algunas veces se traduce como 200 millones. Toda clase de explicaciones fantásticas y artificiales se han propuesto para esto. Quizás la teoría mejor conocida de tiempos recientes es la opinión de Hal Lindsey de que "estos 200 millones de soldados son chinos rojos acompañados por otros aliados orientales. Es posible que el poderío industrial de Japón se una al de China roja. Por primera vez en la historia, Occidente será completamente invadido por Oriente".
28  Tales adivinanzas pueden o no pueden ser exactas con relación a una venidera invasión china, pero no nos dice absolutamente nada acerca de la Biblia. Para ayudar a poner el punto de vista de Lindsey en una perspectiva histórica, lo compararemos con el de J. L. Martin, un predicador del siglo diecinueve que, aunque compartía las presuposiciones básicas de Lindsey sobre la naturaleza y el propósito de la profecía, llegó a una conclusión diferente y divertida, de que los "200 millones" de Juan representaban "la fuerza de combate de mundo entero" de 1870. Nótese el razonamiento astutamente científico de Martin, semejante al de Lindsey:

 

Tenemos poco más de mil millones de habitantes en la tierra... Pero de esos mil millones, como quinientos millones (la mitad) son mujeres; y de ese número, como la mitad son menores de edad, quedando sólo doscientos cincuenta millones de varones adultos en la tierra al mismo tiempo. Pero de ese número de varones adultos, como la quinta parte son jubilados -- demasiado viejos para combatir. Estos son hechos estadísticos. Esto nos deja exactamente los doscientos millones de combatientes sobre la tierra de Juan. Y cuando demostramos algo matemáticamente, creemos que está bastante bien hecho. 29
Pero Martin está sólo tomando el ritmo. Continúa con su exposición, haciendo la aterradora descripción de los soldados en 9:17-19: "Así vi en visión los caballos y a sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salían fuego, humo, y azufre. Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca. Pues el poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas; porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas, y con ellas dañaban". Aunque los modernos apocalipsistas consideran esto en términos de lásers y lanzadores de misiles, Martin tenía una explicación diferente - una explicación de acuerdo con el estado del arte militar en sus días, cuando Buffalo Bill combatía a los indios Sioux como jefe de los exploradores del Quinto de Caballería del General Sheridan:
Juan señala al modo moderno de combatir a caballo, con el jinete inclinado hacia adelante, el cual, como él lo ve, y como lo ve alguien que mire desde cierta distancia, se parecería a la gran melena de un león; el hombre inclinado sobre el cuello de su caballo. Al combatir con armas de fuego, tendría que inclinarse hacia adelante para disparar, no fuera a ser que hiriera al mismo caballo sobre el cual cabalgaba. En los días de Juan, la postura era muy diferente... Ahora, quiero preguntar a mis amigos oyentes: ¿No se cumple esto tan literalmente delante de nuestros ojos como puede cumplirse? ¿No están todas las naciones envueltas en este tipo de guerra? ¿No se matan los hombres con fuego y azufre? ... ¿No saben que esto es sólo pólvora encendida? Podría un hombre no inspirado, a finales del siglo primero, haber hablado de este tema? 30
A menos que veamos el libro de Apocalipsis como un documento de pacto - es decir, si insistimos en leerlo principalmente ya sea como una predicción de armas nucleares del siglo veinte o como una polémica contra la Roma del siglo primero - su continuidad con el resto de la Biblia se perderá. Se convierte en un apéndice escatológico, una visión de "las últimas cosas", que ultimadamente tiene poco que ver con el mensaje, el propósito, y los intereses de la Biblia. Una vez que entendemos el carácter del Apocalipsis como un Proceso de pacto, sin embargo, deja de ser un libro "extraño", "misterioso"; ya no es incomprensible para nosotros como Isaías y Amós. De salida, el Libro de Apocalipsis debe ser visto  en su carácter de revelación bíblica. Captar este solo punto puede significar un "salto cuántico" en la interpretación; porque, como explicó Geerhardus Vos en sus novedosos estudios de teología bíblica, "la revelación está conectada, toda ella, con la suerte de Israel". 31
El proceso de pacto
La relación de Dios con Israel siempre se definió en términos del pacto, el lazo matrimonial por medio del cual Dios unió a Israel a sí mismo como su pueblo especial. Este pacto era un arreglo legal, un "contrato" obligatorio impuesto sobre Israel por su Rey, que estipulaba mutuas obligaciones y promesas. Meredith Kline ha mostrado que la estructura del pacto bíblico exhibe notables similitudes con la forma establecida para los tratados de paz en el Cercano Oriente antiguo. 32  Funcionaba de esta manera: Después de una guerra, el rey victorioso hacía un pacto con su enemigo derrotado, haciendo ciertas promesas y garantizando protección a condición de que el rey-vasallo y todos los que estaban bajo su autoridad obedecieran a su nuevo señor. Tanto el señor como el vasallo hacían juramento, y de allí en adelante estaban unidos en pacto.

 

Como explica Kline, la forma de tratado corriente en el mundo antiguo estaba estructurada en cinco partes, todas las cuales aparecen en los pactos bíblicos:

 

1. Preámbulo (que identificaba el señorío del Gran Rey, subrayando tanto su trascendencia [grandeza y poder] como su inmanencia [cercanía y presencia]);

2. Prólogo Histórico (que examinaba la anterior relación del señor con el vasallo, enfatizando especialmente las bendiciones concedidas);

3. Estipulaciones Éticas (que exponían las obligaciones del vasallo, su "guía de ciudadanía" en el pacto);

4. Sanciones (que bosquejaban las bendiciones por la obediencia y las maldiciones por la desobediencia);

5. Las Disposiciones de la Sucesión (que tenían que ver con la continuidad de la relación de pacto en las generaciones futuras).

Uno de los mejores ejemplos de un documento escrito en esta forma de tratado es el libro de Deuteronomio, que Kline examina en detalle en su Tratado del Gran Rey. (Recientemente, el análisis de Kline fue aumentado considerablemente en la obra de mayor orientación teológica de Ray R. Sutton, That You May Prosper). 33  La exposición de Kline muestra cómo Deuteronomio se divide naturalmente en las cinco secciones de pacto:
Deuteronomio
1. Preámbulo (1:1-5)
2. Prólogo Histórico (1:6-4:49)
3. Estipulaciones Éticas (5:1-26:19)
4. Sanciones (27:1-30:20)
5. Disposiciones de la Sucesión (31:1-34:12)
Si un rey vasallo violaba los términos del pacto, el señor enviaba mensajeros al vasallo, advirtiendo a los violadores acerca de juicios venideros, en los cuales se harían cumplir las maldiciones-sanciones del pacto. Esto resulta ser la función de los profetas bíblicos, como mencioné antes: Eran fiscales acusadores, que traían el mensaje de Dios del Proceso de pacto a las naciones violadoras de Israel y Judá. Y la estructura del proceso siempre seguía el modelo de la estructura original del pacto. En otras palabras, de la misma manera que los pactos bíblicos mismos siguen el modelo de la estructura de tratado de cinco partes, las profecías bíblicas siguen también la forma de tratado. 34  Por ejemplo, la profecía de Oseas está ordenada de acuerdo con el siguiente bosquejo:
Oseas
1. Preámbulo (1)
2. Prólogo histórico (2-3)
3. Estipulaciones éticas (4-7)
4. Sanciones (8-9)
5. Disposiciones de la sucesión (10-14)
Como muchas otras profecías bíblicas, el Libro de Apocalipsis es una profecía de ira del pacto contra el Israel apóstata, que irrevocablemente se apartó del pacto al rechazar a Cristo. Y, como muchas otras profecías bíblicas, el libro de Apocalipsis está escrito en forma de proceso de pacto, con cinco partes, conformándose a la estructura de tratado de pacto. Esta tesis será demostrada en el comentario: a manera de introducción, sin embargo, será de ayuda echar un vistazo a algunos de los puntos principales que llevan a esta conclusión. (También, he provisto una introducción para cada una de las cinco partes de Apocalipsis, correlacionando el mensaje de cada sección con el pasaje apropiado en el libro de Deuteronomio).

Para captar la estructura en cinco partes de Apocalipsis, primero debemos considerar cómo se relaciona la profecía de Juan con el mensaje de Levítico 26. Como Deuteronomio 28, Levítico 26 establece las sanciones del pacto: Si Israel obedece a Dios, será bendecido en cada una de las áreas de la vida (Lev. 26:1-13; Deut. 28:1-14); sin embargo, si desobedece, será visitado con las maldiciones, descritas con horrible detalle (Lev. 26:14-39; Deut. 28:15-68). (Estas maldiciones fueron derramadas más plenamente en la progresiva desolación de Israel durante los últimos días, culminando en la gran tribulación de los años 67-70 d. C., como castigo por su apostasía y el rechazo de su Verdadero Esposo, el Señor Jesucristo).
35  Uno de los rasgos notables del pasaje de Levítico es el de que las maldiciones están dispuestas en un patrón especial: Cuatro veces en este capítulo dice Dios: "Os castigaré siete veces por vuestros pecados" (Lev. 26:18, 21, 24, 28). El número siete, como veremos en abundancia a través de Apocalipsis, es un número bíblico que indica calidad de completo o plenitud (tomado del patrón de siete días establecido en la creación en Génesis 1). 36  El número cuatro se usa en las Escrituras en relación con la tierra, especialmente la tierra de Israel; así, cuatro ríos fluían desde Edén para regar toda la tierra (Gén. 2:10); la tierra, como el altar, se representa como teniendo cuatro confines (Isa. 11:12; comp. Éx. 27:1-2), de los cuales soplan los cuatro vientos (Jer. 49:36); el campamento de Israel estaba dispuesto en cuatro grupos alrededor de los lados del tabernáculo (Núm. 2); y así sucesivamente (vea su concordancia y su diccionario bíblico). Así que, al hablar cuatro veces de castigarlos siete veces en Levítico 26, Dios está diciendo que un juicio pleno y completo vendrá sobre la Tierra de Israel por sus pecados. Este tema es tratado por los profetas en sus amonestaciones a Israel:

 

Y enviaré sobre ellos cuatro géneros de castigo, dice Jehová: espada para matar, y perros para despedazar, y aves del cielo y bestias de la tierra para devorar y destruir. (Jer. 15:3)
 
Por lo cual así ha dicho Jehová el Señor: ¿Cuánto más cuando yo enviare contra Jerusalén mis cuatro juicios terribles, espada, hambre, fieras y pestilencia, para cortar de ella hombres y bestias? (Eze. 14:21)
Las imágenes de un séptuple juicio que viene cuatro veces se desarrolla más plenamente en el libro de Apocalipsis, que está explícitamente dividido en cuatro series de siete: Las cartas a las siete iglesias, la apertura de los siete sellos, el sonar de las siete trompetas, y el derramamiento de las siete copas. 37 Al seguir así la estructura formal de la maldición de pacto en Levítico, Juan subraya la naturaleza de su profecía como una declaración de ira del pacto contra Jerusalén.

Los cuatro juicios están precedidos por una visión introductoria, que sirve para resaltar la trascendencia y la inmanencia del Señor - precisamente la función del preámbulo en los tratados de pacto. Al leer las cuatro series de juicios, encontramos que también se conforman al bosquejo del tratado: Las siete cartas examinan la historia del pacto; los siete sellos tienen que ver con las estipulaciones específicas establecidas en la sección correspondiente del tratado de pacto; las siete trompetas invocan las sanciones del pacto; y los ángeles de las siete copas están involucrados tanto en la desheredad de Israel como en la sucesión de la iglesia en el nuevo pacto. Así:

 

Apocalipsis
1. Preámbulo: Visión del Hijo del Hombre (1)
2. Prólogo histórico: Las siete cartas (2-3)
3. Estipulaciones éticas: Los siete sellos (4-7)
4. Sanciones: Las siete trompetas (8-14)
5. Disposiciones de la sucesión: Las siete copas (15-22)
De esta manera, Juan ha combinado el bosquejo de maldiciones en cuatro partes de Levítico 26 con el familiar bosquejo en cinco partes del proceso de pacto. La intersección de una maldición cuádruple y quíntuple se relaciona con otra dimensión de las imágenes bíblicas, relacionada con las leyes de restitución múltiple. Éxodo 22:1 ordena: "Cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas". James B. Jordan explica los aspectos simbólicos de este caso legal: "Estos animales en particular simbolizan a la humanidad en el sistema de sacrificios. Así, son presentados repetidamente como analogías preeminentes para los hombres (comp., por ej., Lev. 22:27, con Lev. 12)".

"Debemos notar aquí que el verbo usado en Éxodo 22:1, 'matar', se usa casi siempre para referirse a hombres. Ralph H. Alexander comenta: 'El significado central de la raíz ocurre sólo tres veces (Gén. 43:16; Éx. 22:1; 1 Sam. 25:11). La raíz se usa sobre todo metafóricamente, presentando el juicio del Señor sobre Israel y sobre Babilonia como una matanza'.
38  Nuevamente, esto apunta a un significado simbólico básico de esta ley". 39

 

Jordan luego muestra que, en las Escrituras, el buey representa en Israel principalmente al funcionario, mientras la oveja representa al ciudadano ordinario, especialmente al hombre pobre. Por esta razón, se requiere la restitución cuádruple como castigo por la rebelión contra la autoridad. 40  El proceso de pacto está estructurado en términos de la pena de la restitución quíntuple, pues los que se rebelan contra el pacto se están rebelando contra su autoridad divinamente ordenada; y Juan trae a colación el proceso contra Israel porque éste se rebeló contra Jesucristo, su Señor y Sumo Sacerdote (Heb. 2:17; 7:22-8:6).

 

Pero Cristo era también una oveja, el Cordero sacrificatorio de Dios (Juan 1:29; Apoc. 5: 6, 9). Fue vendido injustamente (Mat. 26:14-15), y fue tratado "como cordero que es llevado al matadero" (Isa. 53:7). Además, los primeros cristianos eran mayormente pobres, y fueron perseguidos, oprimidos, y masacrados por los ricos y poderosos del Israel apóstata (Mat. 5:10-12; Luc. 6:20-26; Sant. 5:1-6). De este modo, el Israel incrédulo trajo sobre sí todos los castigos y maldiciones del pacto, incluyendo la restitución cuádruple y quíntuple, así como la doble (Apoc. 18:6). (Vale la pena también repetir lo que Ralph Alexander dijo sobre la palabra "matar" en Éxodo 22:1: "La raíz se usa predominantemente de forma metafórica, presentando el juicio de Dios sobre Israel y sobre Babilonia como una matanza". Como veremos, Juan presenta juntas estas ideas, metafóricamente llamando a la Jerusalén apóstata de sus días Babilonia la Grande). La gran tribulación, que culminó en el holocausto del año 70 d. C., era la restitución exigida por su robo y por la matanza de los profetas del Antiguo Testamento, de los mártires del Nuevo Testamento, y del Señor Jesucristo (Mat. 21:33-45; 23:29-38; 1 Tesa. 2:14-16); y estos temas son incorporados en la estructura misma de Apocalipsis, el Proceso de pacto final.

 

Todo esto es enfatizado también por el uso que Juan hace de la terminología profética del proceso: la acusación de prostitución. A través de las Escrituras, Israel es considerado como la Esposa de Dios; el pacto es un enlace de matrimonio, y se espera que ella sea fiel a él. Su apostasía contra Dios es llamada adulterio, e Israel es identificado como prostituta. Hay numerosos ejemplos de esto en los profetas:

 

¿Cómo te has convertido en ramera, oh ciudad fiel? Llena estuvo de justicia, en ella habitó la equidad; pero ahora, los homicidas. (Isa. 1:21)

Porque desde muy atrás rompiste tu yugo y tus ataduras, y dijiste: No serviré. Con todo eso, sobre todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso te echabas como ramera. (Jer. 2:20)

 

Y salió tu renombre entre las naciones a causa de tu hermosura; porque era perfecta, a causa de mi hermosura que yo puse sobre tí, dice Jehová el Señor. Pero confiaste en tu hermosura, y te prostituíste a causa de tu renombre, y derramaste tus fornicaciones a cuantos pasaron; suya eras. (Eze. 16: 14-15)

 

No te alegres, oh Israel, hasta saltar de gozo como los pueblos, pues has fornicado apartándote de tu Dios; amaste salario de ramera en todas las eras de trigo. (Oseas 9:1)

A través de toda la Biblia, es a Israel a quien los profetas característicamente condenan como ramera. 41  En consecuencia, cuando Juan trae juicio contra Israel por su rechazo de Cristo, la gran apostasía de todos los tiempos (comp. Mat. 21:33-45), él apropiadamente la llama "la gran ramera... la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra" (Apoc. 17:1, 5)

Hay otras indicaciones dentro de la estructura de Apocalipsis de que el libro es un proceso de pacto contra Israel. Los cuatro juicios séptuplos están dispuestos en conformidad general con el orden de la profecía de Jesús contra Jerusalén en Mateo 24.
42  De este modo, las siete cartas (Apoc. 2-3) tratan de falsos apóstoles, persecución, ilegalidad, un amor que se enfría, y el deber de la perseverancia (comp. Mat. 24:3-5, 9-13); los siete sellos (Apoc. 4-7) tienen que ver con guerras, hambrunas, y terremotos (comp. Mat. 24: 6-8); las siete trompetas (Apoc. 8-14) hablan del testimonio de la iglesia al mundo, su huída al desierto, la gran tribulación, y el falso profeta (comp. Mat. 24: 14-27); y las siete copas (Apoc. 15-22) describen el oscurecimiento del reino de la bestia, la destrucción de la ramera, la reunión de las águilas sobre el cadáver de Jerusalén, y el recogimiento de la iglesia al reino (comp. Mat. 24: 28-31).

 

Apocalipsis, Ezequiel, y el Leccionario
Pero hay por lo menos otro factor que ha influido grandemente en el bosquejo de Apocalipsis. Está construido con gran apego a uno de los más famosos Procesos de pacto de todos los tiempos: la profecía de Ezequiel. La dependencia de Apocalipsis del lenguaje y las imágenes de Ezequiel se ha reconocido por mucho tiempo; 43 un erudito ha descubierto en Apocalipsis no menos de 130 referencias separadas a Ezequiel. 44  Pero Juan hace más que sólo alusiones literarias a Ezequiel. Lo sigue, paso a paso - tanto, que Philip Barrington pudo decir, con sólo una floja hipérbole: "Apocalipsis es Ezequiel re-escrito por los cristianos. Su estructura fundamental es la misma. Su interpretación depende de Ezequiel. La primera mitad de ambos libros conduce a la destrucción de la Jerusalén terrenal; en la segunda se describe una Jerusalén santa y nueva. Hay una diferencia significativa. El lamento de Ezequiel sobre Tiro es transformado en un lamento sobre Jerusalén, siendo la razón que Juan desea trasladar a Jerusalén la nota de condenación irrevocable que se encuentra en el lamento sobre Tiro. Aquí yace la verdadera diferencia entre los mensajes de los dos libros. Jerusalén, como Tiro, ha de desaparecer para siempre". 45 Considérense los paralelos más obvios:

 

1. La visión del trono (Apoc. 4/Eze. 1)
2. El libro (Apoc. 5/Eze. 2-3)
3. Las plagas (Apoc. 6: 1-8/Eze. 5)
4. Los muertos bajo el altar (Apoc. 6: 9-11/Eze. 6)
5. La ira de Dios (Apoc. 6: 12-17/Eze. 7)
6. El sello en las frentes de los santos (Apoc. 7/Eze. 9)
7. Los carbones del altar (Apoc. 8/Eze. 10)
8. No más demora (Apoc. 10:1-7/Eze. 12)
9. Comer el libro (Apoc. 10:8-11/Eze. 2)
10. La medición del templo (Apoc. 11:1-2/Eze. 40-43)
11. Jerusalén y Sodoma (Apoc. 11:8/Eze. 16)
12. La copa de la ira (Apoc. 14/Eze.23)
13. La viña de la tierra (Apoc. 14:18-20/Eze. 15)
14. La gran ramera (Apoc. 17-18/Eze. 16, 23)
15. El lamento sobre la ciudad (Apoc. 18/Eze. 27)
16. El festín de los carroñeros (Apoc. 19/Eze. 39)
17. La primera resurrección (Apoc. 20:4-6/Eze. 37)
18. La batalla con Gog y Magog (Apoc. 20:7-9/Eze. 38-39)
19. La Nueva Jerusalén (Apoc. 21/Eze. 40-48)
20. El río de vida (Apoc. 22/Eze. 47)
Como señala M. D. Goulder, la cercanía de la estructura de los dos libros - el "pegamiento" paso a paso entre Apocalipsis y Ezequiel - implica algo más que una mera relación literaria. "El pegamiento a nivel no es por lo común un rasgo de préstamo literario: por ejemplo, la obra del cronista está lejos de un pegamiento a nivel entre Samuel y Reyes, con su maciza expansión del material del Templo, y su extirpación de las tradiciones del norte. Más bien, el pegamiento a nivel es un rasgo de uso leccionario, como cuando la Iglesia establece la lectura de Génesis a la par con Romanos, o Deuteronomio a la par con Hechos ... Además, es claro que Juan esperaba que sus profecías fueran leídas durante el culto, porque dice: 'Bienaventurado el que lee las palabras de esta profecía, y bienaventurados los que oyen' (1:3) - la versión revisada [en inglés] correctamente traduce 'lee en voz alta'. En realidad, el hecho mismo de que 'él repetidamente llama a su libro 'la profecía' lo alinea con las profecías del Antiguo Testamento, que eran familiares pues se leían en público durante el culto". 47  En otras palabras, desde el comienzo, el libro de Apocalipsis estaba calculado como una serie de lecturas en el culto durante todo el año de la Iglesia, para ser leído en tándem con la profecía de Ezequiel (como otras lecturas del Antiguo Testamento). Como escribió Austin Farrer en su primer estudio sobre Apocalipsis, Juan "seguramente no creyó que se iba a leer una vez a las congregaciones y que luego sería usado para envolver pescado, como una carta pastoral". 48

La tesis de Goulder sobre Apocalipsis está apoyada por los hallazgos en su libro reciente sobre los evangelios, The Evangelists´ Calendar, que ha revolucionado los estudios del Nuevo Testamento al poner a los evangelios en su adecuado contexto litúrgico.
49  Como muestra Goulder, los evangelios fueron escritos originalmente, no como "libros", sino como lecturas seriales durante el culto, para acompañar las lecturas en las sinagogas (las iglesias del Nuevo Testamento). De hecho, arguye, "Lucas desarrolló su evangelio al predicar a su congregación, como una serie de cumplimientos del AT; y este desarrollo de series litúrgicas explica la estructura básica de su evangelio, que ha sido un misterio por tantos años". 50

 

Las estructuras tanto de Ezequiel como de Apocalipsis se prestan en seguida para el uso leccionario serializado, como observa Goulder: "En la división de Apocalipsis y de Ezequiel en profecías o visiones, unidades para los domingos sucesivos, el intérprete dispone de poca discreción; un rasgo feliz, pues estamos buscando líneas divisorias claras y no controversiales. La mayoría de los comentarios dividen el Apocalipsis como en cincuenta unidades, y no difieren mucho. En la Biblia, Ezequiel está dividido en cuarenta y ocho capítulos, muchos de los cuales son evidententemente profecías solas que se sostienen por derecho propio. Además, la longitud de los capítulos de Ezequiel es pareja en términos generales. El libro cubre poco más de 53 páginas de texto en la Versión Revisada, y muchos capítulos son como de dos columnas (una página) de largo. Algunas de las divisiones son quizás cuestionables. Por ejemplo, el llamado de Ezequiel se extiende más allá del muy breve cap. 2 hasta un final claro en 3:15, y el corto cap. 9 podría considerarse junto con el 8; aunque hay algunos capítulos enormes, 16, 23, y 40, que tienen más de cuatro columnas de largo, y que se subdividen naturalmente. Pero ya habrá sido obvio para el lector un rasgo alentador: ambos libros se dividen como en cincuenta unidades, y el año judeo(-cristiano) consiste de cincuenta o cincuentiún sábados/domingos. Así que tenemos lo que parece material para un ciclo anual de Ezequiel inspirando un ciclo anual de visiones, que entonces podrían leerse en las iglesias de Asia al lado de Ezequiel, y explicados en sermones a la luz de ellos". 51  Goulder luego proporciona una larga tabla que muestra lecturas consecutivas a través de Ezequiel y Apocalipsis, puestas al lado del año cristiano, de Pascua a Pascua; las correlaciones son asombrosas. 52

 

El énfasis pascual del Apocalipsis también fue subrayado en un estudio efectuado por Massey Shepperd, casi veinte años antes de que Goulder escribiera. 53  Shepperd demostró otro aspecto notable de la arquitectura de Apocalipsis, mostrando que la profecía de Juan está delineada de acuerdo con la estructura del culto de la iglesia primitiva - de hecho, que tanto su evangelio como el Apocalipsis "dan testimonio desde el punto de vista de la experiencia de la liturgia pascual de las iglesias de Asia". 54

 

La naturaleza leccionaria de Apocalipsis ayuda a explicar la riqueza del material litúrgico en la profecía. Por supuesto, Apocalipsis no es un manual sobre cómo "hacer" un servicio de culto; más bien, es un servicio de culto, una liturgia dirigida en el cielo como un modelo para los que están en la tierra (y de paso nos instruye en el sentido de que el salón del trono de Dios es el único punto de vista adecuado para contemplar el conflicto terrenal entre la Simiente de la mujer y la de la serpiente): "Tradicionalmente, y de manera bastante consciente, el culto de la iglesia ha estado modelado según las realidades divinas y eternas reveladas en [Apocalipsis]. La oración de la iglesia y su celebración mística son uno con la oración y la celebración del reino de los cielos. Así, pues, en la Iglesia, con los ángeles y los santos, a través de Cristo el Verbo y el Cordero, inspirados por el Espíritu Santo, los fieles creyentes de la asamblea de los salvados ofrecen perpetua adoración a Dios el Padre Todopoderoso". 55

 

El dejar de reconocer la importancia de Apocalipsis para la adoración cristiana ha empobrecido grandemente a muchas iglesias modernas. Para poner sólo un ejemplo: ¿Cuántos sermones se han predicado sobre Apocalipsis 3:20 - "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo" - sin reconocer la muy obvia referencia sacramental? Por supuesto que Jesús está hablando de la Santa Cena, invitándonos a cenar con Él; ¿por qué no lo vimos antes? La razón tiene mucho que ver con una idea puritana de culto que viene, no de la Biblia, sino de los filósofos paganos.

 

Dom Gregory Dix, en su voluminoso estudio del culto cristiano, dio en el clavo: El puritanismo litúrgico no es "protestante"; ni siquiera es cristiano. En vez de eso, es "una teoría general sobre el culto, no específicamente protestante, ni realmente limitada a los cristianos de ninguna clase. Es la teoría de trabajo en la cual se basa todo el culto musulmán. Fue compuesta por el poeta romano Persio o el filósofo pagano Séneca en el siglo primero, y ellos sólo están desarrollando una tesis de los autores filosóficos griegos que datan del siglo séptimo a. C. En pocas palabras, la teoría puritana es que el culto es una actividad puramente mental, que ha de ejercerse por medio de una 'atención' estrictamente psicológica a una experiencia subjetiva emocional o espiritual... Contra esta teoría puritana de culto se alza otra - el concepto 'ceremonioso' del culto, cuyoo principio fundamental es que el culto como tal no es un ejercicio puramente intelectual y afectivo, sino algo en el cual el hombre entero - tanto el cuerpo como el alma, y sus poderes estéticos y volitivos, así como intelectuales - deben participar por completo. Considera eel culto como un 'acto' tanto como una 'experiencia'". 56  Es esta visión "ceremoniosa" del culto la que se enseña en la Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis. Puesto que toda la acción de Apocalipsis se ve desde el punto de vista del servicio de culto, este comentario asumirá la posición de que la estructura litúrgica de la profecía es fundamental para su correcta interpretación.

 

La naturaleza de Apocalipsis: ¿Apocalíptica?
El libro de Apocalipsis es tratado a menudo como ejemplo del género "apocalíptico" de escritos, que floreció entre los judíos entre el año 200 a. C. y el año 100 d. C. No hay base para esta opinión en absoluto, y es desafortunado que se use siquiera la palabra apocalíptica para describir esta literatura. (Los mismos escritores de "apocalíptica" nunca usaron el término en este sentido; más bien, los eruditos han robado el término de Juan, que llamó a su libro "el Apocalipsis de Jesucristo"). De hecho, hay grandes diferencias entre los escritos "apocalípticos" y el libro de Apocalipsis.

 

Los "apocalipsistas" se expresaban en símbolos inexplícitos e ininteligibles, y generalmente no tenían en realidad el propósito de hacerse entender. Sus escritos abundan en pesimismo: no es posible un verdadero progreso, ni habrá ninguna victoria para Dios y su pueblo en la historia. Ni siquiera podemos ver a Dios actuando en la historia. Todo lo que sabemos es que el mundo está empeorando más y más. Lo mejor que podemos hacer es esperar el fin - pronto. 57  Ferrell Jenkins escribe: "Para ellos, las fuerzas del mal tenían aparentemente control en la era actual y Dios actuaría sólo en el tiempo del fin". 58  (Esto debería sonar familiar). Sintiéndose impotente en presencia del mal inexorable, el apocalipsista "podía por lo tanto dar rienda suelta a las más desbocadas especulaciones ... había cancelado este mundo y sus actividades, así que ni siquiera trataba seriamente de proporcionar soluciones factibles para sus problemas". 59  El resultado práctico era que los apocalipsistas rara vez se preocupaban de la conducta ética: "En fin de cuentas, su interés es en la escatología, no en la ética". 60

 

El enfoque de Juan sobre Apocalipsis es vastamente diferente. Sus símbolos no son oscuras divagaciones incubadas en una imaginación enfebrecida; están arraigados firmemente en el Antiguo Testamento (y la razón de esa aparente oscuridad es ese mismo hecho: Tenemos problemas para entenderlos sólo porque no conocemos nuestras Biblias). En contraste con los apocalipsistas, que  habían renunciado a la historia, "Juan presenta la historia como el escenario de la redención divina". 61  Leon Morris describe la visión mundial de Juan: "Para él, la historia es la esfera en la cual Dios ha forjado la redención. Lo realmente crítico en la historia de la humanidad ya ha tenido lugar, y tuvo lugar aquí, en esta tierra, en los asuntos de los hombres. El Cordero 'como inmolado' domina el libro entero. Juan ve a Cristo como victorioso y como habiendo ganado la victoria por medio de su muerte, un suceso en la historia. Su pueblo comparte su triunfo, pero ha derrotado a Satanás 'por la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio' (Apoc. 12:11). El pesimismo que difiere la actividad salvadora de Dios hasta el fin está ausente. Aunque Juan pinta el mal realísticamente, su libro es fundamentalmente optimista". 62

 

Los apocalipsistas decían: El mundo está llegando a su fin. ¡Renuncien! Los profetas bíblicos decían: El mundo se acerca a su principio. ¡Pónganse a trabajar!

Por eso, el libro de Apocalipsis no es  un tratado apocalíptico; en vez de eso, como el mismo Juan nos lo recuerda repetidamente, es una profecía (1:3; 10:11; 22:7, 10, 18-19), en completa armonía con los escritos de otros profetas bíblicos. Y - nuevamente en completo contraste con los apocalipsistas - si había una gran preocupación entre los profetas bíblicos, era la conducta ética. Ningún escritor bíblico reveló jamás el futuro meramente para satisfacer la curiosidad: La meta fue siempre dirigir el pueblo de Dios hacia una acción correcta en el presente. La abrumadora mayoría de las profecías bíblicas no tenía nada que ver con el concepto erróneo y muy común de que la "profecía" predecía el futuro. Los profetas hablaban del futuro sólo para estimular una vida piadosa. Como escribió Benjamin Warfield: "Debemos tratar de conservar fresco en nuestras mentes el gran principio de que toda profecía es ética en su propósito, y que este fin ético controla, no sólo lo que será revelado en general, sino también los detalles de él, y la forma misma que toma". 63

 

El hecho de que muchos de los que estudian los escritos proféticos hoy día están interesados en encontrar posibles referencias a viajes espaciales y armas nucleares, más bien que en descubrir los mandamientos de Dios para la vida, es un repugnante tributo a una fe superficial e inmadura. "El testimonio de Jesús es el espíritu de profecía" (Apoc. 19:10); ignorar a Jesús en favor de estallidos atómicos es una perversión de las Escrituras, una blasfema deformación de la Palabra de Dios. De principio a fin, Juan está intensamente interesado en la conducta ética de sus lectores:

 

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas. (1:3)

Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas. (16:15)

Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro. (22:7)

Bienaventurados los que guardan sus mandamientos. (22:14)


El simbolismo de Apocalipsis
A menudo, la profecía ha sido llamada "la historia escrita por anticipado". 64  Sin embargo, como ya hemos visto, la profecía es principalmente un mensaje de los emisarios de Dios dentro del marco del pacto, dirigida en términos de las estipulaciones y sanciones establecidas en la ley bíblica. No es simplemente "predicción". Ciertamente, los profetas sí predecían los sucesos futuros en la historia, pero no en la forma de escritos históricos. En vez de eso, los profetas usaban símbolos y figuras tomados prestados de la historia, de la cultura circundante, y de la creación. La mayoría de los errores que se cometen al interpretar a los profetas se derivan del descuido de este principio. Una vez oí a un pastor presentar una conferencia muy sincera y emocionante sobre las estaciones espaciales y los viajes interplanetarios usando Apocalipsis 21:10 como su texto. Sólo en la era moderna de los viajes espaciales, observó, podría cumplirse la profecía de la Nueva Jerusalén. En general, fue un discurso muy agradable, y una maravillosa demostración de la riqueza de conocimiento del pastor en el campo de la ciencia ficción; pero el fascinado auditorio salió de la reunión por lo menos tan ignorante de las Escrituras como cuando comenzó.

 

La Biblia es literatura: Es literatura divinamente inspirada e infalible, pero literatura al fin. Esto significa que debemos leerla como literatura. Algunas partes han de entenderse literalmente, y están escritas de esta manera - como historia, o proposiciones teológicas, o lo que sea. Pero uno no esperaría leer los Salmos o el Cantar de los Cantares de Salomón con las mismas normas literarias usadas para el Libro de Romanos. Sería como leer el soliloquio de Hamlet "literalmente": "Las hondas y las flechas de la ultrajante fortuna ... tomar las armas contra un mar de dificultades..." No podemos entender lo que la Biblia significa realmente (literalmente) a menos que apreciemos su uso de los estilos literarios. ¿Entenderíamos el Salmo 23 correctamente si lo tomáramos "literalmente"? En vez de eso, ¿no sonaría un poco tonto? De hecho, si se toma literalmente, no sería correcto: porque me atrevo a decir que el Señor no hace descansar a todos los cristianos en delicados pastos. Pero, por lo general, no cometemos estos toscos errores al leer la poesía bíblica. Sabemos que está escrita en un estilo que a menudo hace uso de imágenes simbólicas. Pero debemos darnos cuenta de que con los profetas sucede lo mismo: Ellos, también, hablaban en figuras y símbolos, extrayendo material de una rica herencia de imágenes bíblicas que comenzó en el jardín de Edén. 65

 

En realidad, es en el paraíso donde comenzó la profecía. Vale la pena notar que la misma primera promesa del Redentor venidero fue expresada en términos altamente simbólicos. Dios dijo a la serpiente:

Y pondré enemistad entre tí y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. (Gén. 3: 15)
Obviamente, esto no es simplemente "historia escrita por anticipado". Es una declaración simbólica, en gran medida una obra con el lenguaje evocador y poético usado a través de la Biblia, y especialmente en Apocalipsis. De hecho, Juan nos dice claramente en su frase inicial que Apocalipsis está escrito en signos, en símbolos. Juan no tenía el propósito de que Apocalipsis se leyera como se lee un periódico o un análisis del mercado de acciones. Esperaba que su auditorio respondiera a su profecía en términos del sistema de simbolismo de la propia Biblia.

Repito: el sistema de simbolismo de la propia Biblia. El significado de un símbolo no es cualquier cosa que elijamos; ni Juan creó las imágenes del Libro de Apocalipsis en su propia imaginación. Juan presenta a Cristo a sus lectores como un León y como un Cordero, no porque él crea que son imágenes bonitas, sino a causa de las connotaciones de los leones y los corderos ya establecidas en la Biblia. Por esto, el Libro de Apocalipsis nos dice desde el comienzo que su modelo de interpretación es la Biblia misma. El libro está lleno de alusiones al Antiguo Testamento. Merrill Tenney dice: "Está lleno de referencias a sucesos y personajes del Antiguo Testamento, y mucha de su fraseología está tomada directamente de los libros del Antiguo Testamento. Por extraño que parezca, no hay en Apocalipsis ni una sola cita directa del Antiguo Testamento con una declaración de que se está citando un pasaje dado; pero un conteo de las alusiones significativas que son rastreables tanto por un parecido verbal como por una conexión contextual al canon hebreo resulta en trescientas cuarenta y ocho. De éstas, aproximadamente noventa y cinco son repetidas, así que el número real de diferentes pasajes del Antiguo Testamento que se mencionan son casi doscientos cincuenta, o sea, un promedio de más de diez por cada capítulo de Apocalipsis.
66  La cuenta de Tenney de 348 claras referencias en el Nuevo Testamento se desglosa como sigue: 57 del Pentateuco, 235 de los Profetas, y 56 más de los libros históricos y poéticos. 67

 

Tenney admite que sus cifras son conservadoras; hasta se podría decir que extremadamente conservadoras. Sin embargo, aún usando sus cifras, es obvio que el Libro de Apocalipsis depende del Antiguo Testamento mucho más que ningún otro libro del Nuevo Testamento. Este hecho solo debería advertirnos que no podemos comenzar a desentrañar su significado sin un sólido entendimiento de la Biblia como un todo. Las iglesias primitivas tenían este entendimiento. El evangelio había sido predicado primero a los judíos y a los prosélitos gentiles; a menudo, las iglesias habían sido formadas por creyentes en las sinagogas, y esto ocurría hasta en las iglesias de Asia Menor (Hechos 2:9; 13:14; 14:1; 16:4; 17:1-4, 10-12, 17; 18:4, 8, 19, 24-28; 19:1-10, 17). Además, es claro en Gálatas 2:9 que el ministerio del apóstol Juan era para los judíos en particular. Por lo tanto, los primeros lectores del Apocalipsis estaban empapados del Antiguo Testamento hasta un punto en que la mayoría de nosotros no lo está en la actualidad. El simbolismo del Apocalipsis está saturado de alusiones bíblicas que eran comúnmente comprendidas por la iglesia primitiva. Hasta en las pocas congregaciones que no tenían ningún miembro hebreo, las Escrituras usadas en la enseñanza y el culto eran principalmente del Antiguo Testamento. Los primeros cristianos poseían la clave autorizada e infalible del significado de las profecías de Juan. El no apreciar este hecho crucial es la causa principal de nuestra incapacidad para entender de qué hablaba Juan.

 

Por ejemplo, consideremos un símbolo de Apocalipsis muy abusado, y apliquemos este principio. En Apoc. 7, 9, 14, y 22, Juan ve al pueblo de Dios sellados en sus frentes con el nombre de Dios; y en Apoc. 13, Juan escribe sobre los adoradores de la bestia, que son designados en su mano derecha y en sus frentes con la marca de la Bestia. Se han tejido muchas interpretaciones fantasiosas en relación con estas marcas - que van desde tatuajes y validaciones de pparques de diversiones hasta tarjetas de crédito y números de Seguro Social - y todas sin la más ligera relación con las claras alusiones bíblicas. Pero, ¿qué habrían pensado los primeros lectores de estos pasajes? Los símbolos les habrían hecho pensar inmediatamente en varias referencias bíblicas: la "marca" del sudor en la frente de Adán, significando la maldición de Dios por su desobediencia (Gén. 3:19); la frente del Sumo Sacerdote, marcada con letras de oro y proclamando que era SANTO AL SEÑOR (Éx. 28:36); Deuteronomio 6:6-8 y Ezequiel 9:4-6, en los cuales los siervos de Dios son "marcados" en sus manos y en sus frentes con la ley de Dios, recibiendo así bendición y protección en nombre de Él. Los seguidores de la bestia, por otra parte, reciben su marca de propiedad: sometimiento a una ley impía, estatista, y anti-cristiana. La marca en el Apocalipsis no ha de entenderse literalmente. Es una alusión a un símbolo del Antiguo Testamento que hablaba de la obediencia total del hombre a Dios, y es una advertencia de que nuestro dios - ya sea el verdadero Dios o el estado auto-deificado  - exige completa obediencia a su señorío.

 

Este será el principio de interpretación que se seguirá en este comentario. El Apocalipsis es una revelación: Fue escrito para ser entendido. Benjamin Warfield escribió: "El Apocalipsis de Juan no necesita ser difícil: todos sus símbolos son o naturales y obvios, o de lo contrario, tienen sus raíces plantadas en los poetas y profetas del Antiguo Testamento y en el lenguaje figurado de Jesús y sus apóstoles. Nadie que conozca su Biblia necesita desesperarse de leer este libro sin provecho. Sobre todo, el que puede comprender el gran discurso de nuestro Señor concerniente a las últimas cosas (Mateo 24) no puede dejar de entender el Apocalipsis, que está fundado en ese discurso y apenas si avanza más allá de él". 68

 

La primacía del simbolismo
¿Cuán importante es este simbolismo en la Biblia? El gran teólogo holandés Herman Bavinck trata este tema extensamente en su libro The Doctrine of God. 69  Hablando de los nombres "simbólicos" de Dios, dice: "Las Escrituras no sólo contienen unos pocos antropomorfismos; por el contrario, toda la Escritura es antropomórfica... De aquí que todos los nombres con los cuales Dios se nombra a sí mismo y por medio de los cuales él nos permite dirigirnos a Él se derivan de las relaciones terrenales y humanas". 70 "Para darnos una idea de la majestad y el exaltado carácter de Dios, los nombres se derivan de toda clase de criaturas, vivas y sin vida, orgánicas e inorgánicas". 71  En realidad, "es completamente imposible decir nada de Dios sin usar antropomorfismos. No vemos a Dios como Él es en sí mismo. Le contemplamos en sus obras. Le nombramos de acuerdo con la manera en que se ha revelado a sí mismo en sus obras. Es imposible para nosotros ver a Dios cara a cara, por lo menos aquí en la tierra... Por lo tanto, cualquiera que objete los antropomorfismos, niega en principio la posibilidad de una revelación de Dios en sus criaturas". 72  "Para el hombre, hay sólo dos alternativas: o guardar silencio absoluto con referencia a Dios, o hablar de Él de una manera humana; o agnosticismo, es decir, ateísmo teórico, o antropomorfismo". 73

 

Así, el simbolismo es inescapable: "Por lo tanto, aunque llamamos a Dios por medio de nombres derivados de las criaturas, Dios mismo estableció primero estos nombres para las criaturas. La verdad es que, aunque nosotros aplicamos primero a las criaturas los nombres que designan a Dios a causa del hecho de que conocemos a las criaturas antes de conocer a Dios, esencialmente esos nombres se aplican primero que todo a Dios, luego a las criaturas. Todas las virtudes pertenecen primero a Dios, luego a las criaturas: Dios posee estas virtudes 'en esencia', la criatura, 'a través de la participación'. Así como el templo fue construido 'según el modelo que se le mostró a Moisés en el monte', Heb. 8:5, así también cada criatura fue primero concebida y después (en tiempo) creada. 'Toda familia' toma nombre 'del Padre' que creó todas las cosas - Efe. 3:15; comp. Mat. 23:9". 74

 

Bavinck está señalando dos puntos muy significativos: Primero, toda creación es primero simbólica. Todas las criaturas reflejan la gloria de Dios, y son imágenes de uno u otro aspecto de Su naturaleza. La personalidad de Dios está impresa en todo lo que Él ha hecho. El valor central de cualquier cosa es que es un símbolo de Dios. Todos los otros valores y todas las otras relaciones son secundarias. Y, puesto que el hombre es el símbolo principal de Dios, siendo su misma "imagen" (tanto individual como corporativamente), todo es simbólico del hombre también; así, todo revela a Dios y al hombre. 75

 

Segundo, el simbolismo es analógico, no realístico. En esto, las imágenes usadas en la Biblia contrastan marcadamente con las del paganismo. Por ejemplo, la Biblia habla del pacto del matrimonio como análogo al pacto entre Dios y su pueblo (2 Cor. 11:2; Efe. 5: 22-23; Apoc. 19:7-9; 21: 9-11). La iglesia siempre ha visto los Cantares de Salomón en parte como una analogía de su propio romance con el Esposo celestial. Pero esto está lejos de implicar que el sexo es un sacramento; ni es ésta una doctrina de la salvación a través del matrimonio. El simbolismo es analógico, no metafísico. No tenemos una relación sexual con Dios. Hay un complejo de una y de muchas imágenes involucrado en el cuadro bíblico. La teología de la Biblia es analógica, no realística. En la salvación bíblica, el hombre es re-hecho a imagen de Dios por medio de una sentencia judicial y una transformación ética - no por una participación metafísica de la divina esencia. 76

 

Esto significa que el simbolismo bíblico no es un "código". No se da en un estilo llano de "esto significa aquéllo": "Los símbolos bíblicos son fluidos, no estereotipados". 77  Un símbolo bíblico es una colectividad, y se refiere a varias ideas a la vez. El simbolismo bíblico, como la poesía, es un lenguaje evocativo, que se usa cuando el lenguaje discursivo y específico es insuficiente. La Biblia usa imágenes evocativas para invocar en nuestras mentes varias asociaciones que han sido establecidas por el arte literario de la propia Biblia.

 

Austin Farrer señaló una distinción que siempre debemos tener presente - la diferencia entre sentido y referente. Mientras el sentido de un símbolo permanece igual (las palabras "casa blanca" siempre significan "casa blanca"), puede tener numerosos referentes (La Casa Blanca en Washington, D. C.; la casa blanca al otro lado de la calle; la casa verde que pertenece a Fred White; etc.). "Las imágenes de Juan no significan nada que le guste a uno; su sentido puede establecerse. Pero todavía tienen una asombrosa multiplicidad de referentes. De lo contrario, ¿por qué escribir en imágenes antes que en la fría prosa de los hechos? Se ha dicho que el propósito de una afirmación científica es eliminar la ambigüedad, y que el propósito de un símbolo es incluirla. Escribimos en símbolos cuando deseamos que nuestras palabras presenten el tema, no que lo analicen o lo prueben. (No todos los temas; algunos pueden ser presentados más directamente sin símbolos). Por decirlo así, el símbolo se esfuerza por ser aquéllo de lo cual habla, e imita la realidad mediante la multiplicidad de su significación. Una declaración exacta aísla un sólo aspecto del hecho; por ejemplo, un teólogo procura aislar la relación de la muerte expiatoria de Cristo con la idea de la justicia forense. Pero nosotros, los que creemos que la muerte expiatoria tuvo lugar, debemos ver en ella un hecho relacionado con todo lo humano o divino, con tanta significación como cosas hay con las cuales puede relacionarse de manera variada. El mero aspecto físico de esa muerte, para alguien que la observó en ese momento, de ningún modo expresaría lo que el cristiano piensa que esa muerte sería en sí misma; se necesitaron muchos años para que la Cruz reuniera alrededor de sí misma la fuerza de un símbolo por derecho propio. Juan escribe 'un Cordero como inmolado', y una significación de un infinito alcance y una infinita variedad despierta en la mente del que lee la Escritura. Hay en boga una doctrina extremadamente estúpida de que el símbolo evoca la emoción, y que la prosa exacta declara la realidad. Nada puede estar más lejos de la verdad: la prosa exacta abstrae de la realidad, el símbolo la presenta. Y por esa misma razón, los símbolos tienen algo del polifacetismo de la naturaleza salvaje." 78

 

Por ejemplo, el número simbólico 666 (Apoc. 13:18) claramente se refiere a César Nerón; pero si Juan sólo hubiese tenido la intención de que sus lectores entendieran "César Nerón", habría escrito "César Nerón", no "666". 79  Usó el número 666 a causa de un sistema ya establecido de imágenes bíblicas que le permitía decir muchas cosas acerca de Nerón simplemente usando ese número. Como dice Philip Barrington: "Mucha gente 'interpreta' el Apocalipsis ... como si cada detalle de cada visión tuviera un significado definible que pudiera explicarse en otras tantas palabras. Estos comentaristas son racionalizadores, deficientes en el sentido místico. El simbolismo es una manera de sugerir la verdad acerca de aquellas grandes realidades espirituales que excluyen una exacta definición o una completa sistematización; es por eso que se emplea mucho en el culto ... El símbolo es mucho más rico en significado que cualquiera que podamos extraer de él. Lo mismo ocurre con las parábolas y las enseñanzas simbólicas de Jesús. Lo mismo sucede con los sacramentos y los actos simbólicos de la iglesia, y hasta de la sociedad. Se pueden fabricar muchos sistemas lógicos para explicar el 'significado' de agitar las manos o hacer la señal de la cruz; pero, a causa de su simplicidad y universalidad, estas acciones significan más de lo que las palabras pueden explicar". 80

 

Además, "los profetas en general usan muchas hipérboles y pintorescas exageraciones a la manera de la poesía oriental. Según los días de los árboles serán los días de mi pueblo (Isa. 65:22). Yo destruí delante de ellos al amorreo cuya altura era como la altura de los cedros (Amós 2:9): afirmaciones que significan respectivamente 'muy viejo' y 'muy alto'. Datan de la poesía primitiva: Los montes saltaron como carneros ... La tierra tembló y se estremeció (Sal. 114). Los poetas, hasta los poetas occidentales, siempre continuarán usando esta forma de hablar. Incluye el uso de figuras enormes; un reino de cuarenta años significa un reinado bastante prolongado, y un reino de mil años significa un reino bien largo. La poesía de Jesús tiene este rasgo en grado superlativo; los camellos son tragados o pasados a través de ojos de agujas; los montes son lanzados a las profundidades del mar; a un hombre se le mete un tronco de árbol en el ojo.

 

"La gente sin suficiente imaginación para entender y disfrutar de esto debería alejarse de Apocalipsis. De la misma manera que un testigo tiene que entender 'la naturaleza de un juramento', un comentarista debería entender la naturaleza de un poema, y hasta de un chiste. Muchos que son deficientes en el sentido de la poesía y en el sentido del humor han probado suerte con el Apocalipsis, y lo han echado todo a perder". 81

 

El maximalismo interpretativo
James Jordan observó una vez que la mayoría de los evangélicos conservadores utilizan, sin proponérselo, un enfoque "liberal" de las Escrituras en sus sermones y comentarios. Por años, los liberales han sostenido que la Biblia no es revelación en sí misma; sostienen que, más bien, es un registro [defectuoso] de la revelación. Aunque los evangélicos conservadores profesan creer que la Biblia misma es revelación (y, como tal, inspirada, autorizada, e infalible), sus métodos expositivos niegan esto. En la práctica, los conservadores mismos a menudo tratan a la Biblia como sólo un "registro" de la revelación. Los comentarios evangélicos tienden a no tratar con el texto verdadero de la Biblia, sino sólo con los sucesos relatados en el texto, y prestar escasa atención a la redacción y la arquitectura de la revelación de Dios. (Irónicamente, puesto que los liberales no creen que los sucesos ocurrieron realmente, algunas veces tienden a prestar más atención al texto mismo. Eso es todo lo que les queda).

 

La marca de un buen instructor bíblico es que constantemente está preguntando: ¿Por qué se cuenta el relato de esta manera en particular? ¿Por qué se repite varias veces esta palabra o frase en particular? (¿Cuántas veces?) ¿Qué tiene este relato en común con otros relatos? ¿Por qué es diferente? ¿Por qué llama nuestra atención el texto a detalles aparentemente sin importancia? ¿Cómo encajan los incidentes menores en el argumento del libro como un todo? ¿Qué dispositivos literarios (metáfora, sátira, drama, comedia, alegoría, poesía, etc.) usa el autor? ¿Por qué se aparta el libro algunas veces de un estricto orden cronológico (por ejemplo, poniendo algunos relatos "fuera de orden")? ¿Cómo se relacionan estos relatos con el Relato principal que la Biblia cuenta? ¿Qué nos dice este relato acerca de Jesucristo? ¿Qué tiene que ver este relato con nuestra salvación? ¿Por qué se molestó Dios en darnos esta información particular?

 

En su discurso de graduación como profesor de teología bíblica en el Princeton Theological Seminary en 1894, Geerhardus Vos habló de las ventajas del enfoque bíblico-teológico al estudio de la Escritura; entre éstas, dijo, está "la nueva vida y el frescor que da a la antigua verdad, mostrándola en toda su histórica vividez y realidad con el rocío mañanero de la revelación sobre sus hojas abiertas. Ciertamente, no es sin importancia que Dios haya incorporado el contenido de la revelación, no en un sistema dogmático, sino en un libro de historia, cuyo paralelo en interés dramático y sencilla elocuencia no se encuentra en ninguna parte. Es esto lo que hace que las Escrituras hablen y apelen a, y toquen, los corazones y lleven las mentes de los hombres cautivas hacia la verdad en todas partes. Nadie podrá manejar la Palabra de Dios más efectivamente que aquél a quien se han abierto las cámaras del tesoro de su significado histórico". 82

 

Uno de los descubrimientos más importantes que puede hacer cualquier instructor bíblico es comprender las imágenes básicas presentadas en los primeros capítulos de Génesis - luz y oscuridad, agua y tierra firme, cielo y nubes, montañas y jardines, bestias y dragones, oro y joyas, árboles y espinos, querubines y espadas llameantes - todas las cuales forman un relato grandioso y glorioso, el verdadero "cuento de hadas", que puede ser captado y en el cual pueden deleitarse niños muy jóvenes. 83  Todo en la Escritura es "simbólico". Jordan llama a esto "maximalismo interpretativo", un enfoque que armoniza con el método interpretativo usado por los padres de la Iglesia, en contraposición al "minimalismo" que ha caracterizado los comentarios fundamentalistas-evangélicos desde el surgimiento del racionalismo. 84

 

Un buen ejemplo de esto es la discusión de Jordan de Jueces 9: 53: "Mas una mujer dejó caer un pedazo de una rueda de molino sobre la cabeza de Abimelec, y le rompió el cráneo". (Nota: El texto no dice simplemente que "Abimelec fue muerto". Los detalles están allí por una razón). Por razones simbólicas, es importante que una mujer aplastó la cabeza del tirano (véase, por ejemplo, Gén. 3: 15; comp. Judas 5: 24-27); que fue destruido por una piedra (comp. Deut. 13:10; Judas 9:5; 1 Sam. 17:49; Dan. 2:34; Mat. 21:44); y que era una rueda de molino, un implemento de trabajo para derrotar la tiranía (comp. Zac. 1: 18-21). 85

 

 Pero, ¿hay algún control para el "maximalista"? ¿Cómo evade la acusación de que está siendo meramente especulativo, y que interpreta el texto según su prejuicio personal o el capricho del momento? Por supuesto, la acusación de que un intérprete está siendo "especulativo" puede ser, la mitad de las veces, poco más que una cortina de humo para disfrazar la ignorancia del acusador de aquéllo de lo cual habla el intérprete. Por lo tanto, la pregunta apropiada es si el intérprete está o no procediendo en su investigación según las líneas de pensamiento bíblicas. ¿Significa esto que debe apegarse al así llamado "sentido llano" del texto? Podría responderse que el "sentido llano" para un hombre es "especulación" para otro. Un hiper-literalista objetaría cualquier nivel de simbolismo en absoluto. (Por ejemplo, un predicador popular en realidad enseña, basado en el "sentido llano" de Apocalipsis 12, ¡que hay un dragón de verdad, vivo, que escupe fuego, que tiene siete cabezas, y que vuela en el espacio exterior! El literalista más común y promedio rechaza todo simbolismo no enseñado explícitamente como tal en la Escritura. Pero ninguna de estas posiciones está apoyada por la Biblia. Dios nos ha dado principios para interpretar su Palabra, y espera que los usemos. Nuestra meta al enseñar la Biblia es, para ponerlo en términos sencillos, enseñar la Biblia, según las normas de exégesis de la propia Biblia - ya sea que encajen o no en las ideas de "sencillez" de cada uno.

 

Hay por lo menos dos cosas que pueden mantener a un intérprete sobre el sendero bíblico, evitando las trampas de la especulación de grado o por fuerza. Primero, debe ser fiel al sistema de doctrina enseñado en la Biblia. Leer la Biblia con ojos teológicos, en términos de teología sistemática e histórica, es un freno efectivo contra la especulación desenfrenada. Segundo, el intérprete debe tener presente que los símbolos de la Biblia no están aislados; más bien, son parte de un sistema de simbolismo dado en la Biblia, una arquitectura de imágenes en la cual todas las partes encajan juntas. Si leemos la Biblia teológicamente, con honestidad y cuidado, y con respecto a la estructura literaria de la propia Biblia, no nos desviaremos mucho. 86

 

El enfoque contemporáneo del Apocalipsis
El propósito del Apocalipsis fue revelar a Cristo como Señor a una iglesia sufriente. Por cuanto estaban siendo perseguidos, los primeros cristianos podían sentirse tentados a temer que el mundo se estaba descontrolando - que Jesús, que había rcclamado "toda autoridad ... en el cielo y en la tierra" (Mat. 28:18), en realidad no tenía ningún control en absoluto. Los apóstoles a menudo advertían contra este error de centrarse en el hombre, recordándole al pueblo que Dios es soberano sobre toda la historia (incluyendo nuestras tribulaciones particulares). Esta fue la base de algunos de los más hermosos pasajes de consuelo en el Nuevo Testamento (por ej., Rom. 8: 28-39; 2 Cor. 1:3.7; 4: 7-15).

 

 La principal preocupación de Juan al escribir el libro de Apocalipsis era esto mismo: fortalecer la comunidad cristiana en la fe en el señorío de Cristo Jesús, hacerles conscientes de que las persecuciones que sufrían estaban totalmente incluidas en la gran guerra de la historia. El Señor de la gloria había ascendido a su trono, y los gobernantes impíos ahora resistían Su autoridad persiguiendo a Sus hermanos. El sufrimiento de los cristianos no era una señal de que Jesús había abandonado este mundo al diablo; más bien, revelaba que Él era Rey. Si el señorío de Jesús no hubiese tenido ningún significado, los impíos no habrían tenido ninguna razón en absoluto para afligir a los cristianos. Pero, en vez de eso, perseguían a los seguidores de Jesús, mostrando que se veían obligados a reconocer Su supremacía sobre el gobierno de ellos. El libro de Apocalipsis presenta a Jesús cabalgando sobre un caballo blanco como "Rey de Reyes y Señor de Señores" (19:16), combatiendo con las naciones, juzgando y haciendo guerra en justicia. Los cristianos perseguidos no estaban en absoluto abandonados por Dios. En realidad, estaban en las líneas del frente del conflicto de los tiempos, un conflicto en el cual Jesucristo ya había ganado la batalla decisiva. Desde su resurrección, toda la historia ha sido una operación de "limpieza", en la cual las implicaciones de su obra están siendo gradualmente implementadas a través del mundo. Juan es realista: Las batallas no serán fáciles, ni saldrán ilesos los cristianos. A menudo, la guerra será sangrienta, y mucha de la sangre será nuestra. Pero Jesús es Rey, Jesús es Señor, y (y como dice Lutero), "Él debe ganar la batalla". El Hijo de Dios sale a la guerra, conquistando y a conquistar, hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo sus pies.

 

El tema del Apocalipsis era, pues, contemporáneo; esto es, fue escrito a y para los cristianos que estaban vivos en el tiempo en que el libro se entregó por primera vez. Nos equivocamos al interpretarlo futurísticamente, como si su mensaje estuviera destinado principalmente para un tiempo 2000 años después de que Juan lo escribió. (Es interesante - pero no sorprendente - que los que interpretan el libro "futurísticamente" siempre parecen enfocar sobre su propia época el tema de las profecías. Convencidos de su propia importancia, son incapaces de verse a sí mismos viviendo en ninguna otra época que no sea el clímax de la historia). Por supuesto, los sucesos que Juan predijo estaban "en el futuro" para Juan y sus lectores; pero ocurrieron poco después de que los escribió. Interpretar el libro de otra manera es contradecir tanto el alcance de la obra como un todo, como los pasajes en particular que indican el tema. Para nosotros, la gran mayoría de Apocalipsis es historia: Ya sucedió.

 

El mayor enemigo de la iglesia primitiva era el Israel apóstata, que usaba el poder del Imperio Romano pagano para tratar de erradicar el cristianismo, tal como había usado a Roma para crucificar al mismo Señor. El mensaje de Juan en Apocalipsis era que este gran obstáculo contra la victoria de la iglesia sobre el mundo pronto sería juzgado y destruído. Su mensaje era contemporáneo, no futurista.

 

Algunos se quejarán de que esta interpretación convierte a Apocalipsis en "irrelevante" para nuestra época. Una idea más descabellada que ésta es difícil imaginarla. ¿Son los libros de Romanos y Efesios "irrelevantes" sólo porque fueron escritos para los creyentes en el siglo primero? ¿Deben ser descartados 1 Corintios y Gálatas porque trataban los problemas del siglo primero? ¿No es toda la Escritura útil para los creyentes de todas las épocas? (2 Tim. 3: 16.17)? En realidad, son los futuristas los que han convertido en irrelevante al Apocalipsis - pues en la hipótesis futurista ¡este libro ha sido inaplicable desde el tiempo en que fue escrito hasta el siglo veinte! Sólo si vemos al Apocalipsis en términos de su relevancia contemporánea es el libro cualquier cosa menos letra muerta. Desde el comienzo, Juan declaró que su libro estaba destinado a "las siete iglesias que están en Asia" (1:4), y debemos suponer que quería decir lo que estaba diciendo. Es claro que esperaba que aún los símbolos más difíciles de la profecía pudieran ser entendidos por sus lectores del siglo primero (13:18). Ni una sola vez dio a entender que su libro fue escrito teniendo en mente el siglo veinte, y que los cristianos desperdiciarían su tiempo tratando de descifrarlo hasta que la Biblia de Referencia de Scofield se convirtiera en una novela mejor vendida. La principal relevancia del Libro de Apocalipsis era para sus lectores del siglo primero. Todavía es relevante para nosotros en la actualidad, al entender su mensaje y aplicar sus principios a nuestras vidas y a nuestra cultura. Cristo Jesús todavía exige de nosotros lo que exigía de la iglesia primitiva: absoluta fidelidad a Él.

 

La naturaleza contemporánea del Apocalipsis será defendida a través de todo este comentario, pero podemos considerar varias líneas de evidencia en este punto. Primero, hay el tono general del libro, que se ocupa de los mártires (véase, por ejemplo, 6:9; 7:14; 12:11). 87  El tema es claramente la situación presente de las iglesias: El Apocalipsis fue escrito para una iglesia sufriente, para consolar a los creyentes durante su tiempo de prueba (que tuvo lugar, como hemos visto, bajo Nerón, no bajo Domiciano). Son particularmente apropiadas las observaciones de J. Stuart Russell sobre este punto: "¿Era un libro enviado por un apóstol a las iglesias de Asia Menor, con una bendición sobre sus lectores, simplemente un galimatías ininteligible, un enigma inexplicable para ellos? Difícilmente. Sin embargo, si el libro estuviera destinado a revelar los secretos de tiempos distantes, ¿no debería haber sido, por necesidad, ininteligible para sus primeros lectores - y no sólo ininteligible, sino también irrelevante e inútil? Si hablara, como algunos querrían hacernos creer, de hunos y godos y sarracenos, de emperadores medievales y de papas, de la Reforma Protestante y la Revolución Francesa, ¿qué posible interés o significado podría tener para las iglesias cristianas de Éfeso, Esmirna, y Filadelfia, y Laodicea? Especialmente cuando consideramos las circunstancias reales de aquellos cristianos primitivos - muchos de los cuales soportaban crueles ssuufrimientos y penosas persecuciones, y todos los cuales esperaban ansiosamente que se acercara la hora de la liberación que ahora estaba a las puertas - ¿a qué propósito podría haber respondido enviarles un documento que se les instaba a leer y considerar, pero que, sin embargo, se ocupaba de sucesos históricos tan distantes que estaban más allá del alcance de sus simpatías, y tan oscuro que aún en la actualidad los críticos más sagaces difícilmente se ponen de acuerdo sobre un solo punto de él?

 

"¿Es concebible que un apóstol se burlara de los cristianos sufrientes y perseguidos de su tiempo con oscuras parábolas sobre épocas distantes? Si este libro estuviera destinado realmente a ministrar fe y consuelo a las mismas personas a las cuales se les envió, incuestionablemente debería tratar de asuntos en los cuales ellas estuvieran interesadas, práctica y personalmente. ¿Y no sugiere esta misma consideración la verdadera clave del Apocalipsis? ¿No debe por necesidad referirse a cuestiones de historia contemporánea? La única hipótesis sostenible y razonable es la de que estaba destinado a ser entendido por sus lectores originales; pero esto es tanto como decir que debe ocuparse de los sucesos y las transacciones de sus propias días, y éstos, comprendidos dentro de un espacio de tiempo comparativamente corto". 88

 

Segundo, Juan escribe que el libro concierne a "las cosas que deben suceder pronto" (1:1), y advierte que "el tiempo está cerca" (1:3). Por si acaso lo pasamos por alto, dice nuevamente, al final del libro, que "el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, envió a su ángel para mostrarles a sus siervos las cosas que deben suceder pronto" (22:6. Dado que una prueba importante de un verdadero profeta es el hecho de que sus profecías se cumplan (Deut. 18: 21-22), los lectores de Juan del siglo primero tenían plena razón en esperar que este libro tuviera una significación inmediata. Simplemente, a las palabras pronto y cerca  no se las puede hacer significar nada que no sea lo que dicen. Algunos objetarán esto basándose en 2 Pedro 3:8, en el sentido de que "un día es para el Señor como mil años, y mil años como un día". Pero el contexto allí es enteramente diferente: Pedro está exhortando a sus lectores del siglo primero a ser pacientes con respecto a las promesas de Dios, asegurándoles que la fidelidad de Dios a su Santa Palabra no se agotará ni disminuirá.

 

El libro de Apocalipsis no es sobre la Segunda Venida de Cristo. Es sobre la destrucción de Israel y la victoria de Cristo sobre sus enemigos en el establecimiento del templo del nuevo pacto. En realidad, como veremos, la palabra venida, como se usa en el libro de Apocalipsis, nunca se refiere a la Segunda Venida. Apocalipsis profetiza el juicio de Dios sobre el Israel apóstata; y aunque sí señala brevemente a sucesos más allá de lo que le concierne de manera inmediata, esto se hace apenas como una "conclusión", para mostrar que los impíos nunca podrán prevalecer contra el reino de Cristo. Pero el enfoque principal de Apocalipsis es sobre sucesos que habrían de tener lugar pronto.

 

Tercero, Juan identifica ciertas situaciones como contemporáneas: En 13:18 , claramente estimula a sus lectores contemporáneos a calcular el "número de la Bestia" y descifrar su significado; en 17:10, uno de los siete reyes está actualmente en el trono; y Juan nos dice que la gran ramera "es [tiempo presente] la gran ciudad, que reina [tiempo presente] sobre los reyes de la tierra" (17:18). Nuevamente, el propósito era que el Apocalipsis fuera entendido en términos de su significado contemporáneo. Una interpretación futurista se opone completamente a la manera en que Juan mismo interpreta su propia profecía.

 

Cuarto, debemos notar cuidadosamente las palabras del ángel en 22:10: "No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca". Nuevamente, por supuesto, se nos dice explícitamente que la profecía es de naturaleza contemporánea; pero hay más. La declaración del ángel contrasta con la orden que Daniel recibió al final de su propio libro: "Cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin" (Dan. 12:4). A Daniel se le ordenó específicamente que sellara la profecía, porque se refería al "fin", en el futuro distante. Pero a Juan se le dice que no selle la profecía, porque el tiempo del cual habla está cerca.

 

Así pues, el enfoque del libro de Apocalipsis es sobre la situación contemporánea de Juan y sus lectores del siglo primero. Se escribió para mostrarles a aquellos primeros cristianos que Jesús es Señor, "el soberano de los reyes de la tierra" (Apoc. 1:5). Muestra que Jesús es la clave de la historia mundial - que nada puede ocurrir fuera de su voluntad soberana, que Él será glorificado en todas las cosas, y que sus enemigos morderán el polvo. Los cristianos de esos días estaban tentados a transigir con el estatismo y las falsas religiones de sus días, y necesitaban este mensaje sobre el absoluto dominio de Cristo sobre todos, para que pudieran ser fortalecidos en la guerra a la cual eran llamados.

 

Y también nosotros necesitamos este mensaje. También nosotros estamos sujetos diariamente a las amenazas y seducciones de los enemigos de Cristo. También a nosotros se nos pide - hasta por parte de otros cristianos - que transijamos con las modernas Bestias y Rameras para salvarnos (o salvar nuestros empleos o las exenciones sobre nuestras propiedades o impuestos). Y también nosotros nos enfrentamos a una elección: rendirnos a Jesús o rendirnos a Satanás. El Apocalipsis habla poderosamente hoy día, y su mensaje para nosotros es el mismo que para la iglesia primitiva: que "no hay una sola pulgada cuadrada de terreno en el cielo o en la tierra en la cual haya paz entre Cristo y Satanás"; 89  que nuestro Señor exige sometimiento universal a su ley; y que Él ha predestinado a su pueblo a la conquista victoriosa y al dominio victorioso sobre todas las cosas en Su nombre. No debemos transigir en modo alguno, y no debemos dar cuartel en la gran batalla de la historia. Se nos ordena ganar.

 

Una nota sobre el texto
Yo no profeso ser un crítico textual. Sin embargo, para producir un comentario detallado, fue necesario decidir de una forma u otra cuál tradición textual del Nuevo Testamento seguir. La traducción en este comentario se basa mayormente en las recomendaciones de Hodges y Farstad en su Nuevo Testamento Griego "Texto de mayoría". 90  Los argumentos básicos para la posición del Texto de Mayoría han sido presentados en las obras de Jakob van Bruggen, 91  Wilbur N. Pickering, 92  Harry A. Sturz, 93  y otros; 94  no es necesario enmerarlos aquí. Sin embargo, sí deseo subrayar que el punto en discusión no es realmente de mayoría (es decir, simplemente contar manuscritos) sino de catolicidad: El punto del "Texto de mayoría" es que es el Texto católico, el Nuevo Testamento usado por la iglesia universal de todas las épocas 95  en contraste con el así llamado "texto crítico" de la mayoría de las traducciones modernas, que representan una tradición pequeñita y variante producida en Egipto.

 

Resumen general del Apocalipsis
El siguiente bosquejo es simplemente una versión más detallada de la estructura de pacto mencionada anteriormente. El Apocalipsis es tan complejo que uno se siente tentado a embarcarse en interminables análisis estructurales (algunos se notarán a medida que procedemos a través del comentario). Hay un punto adicional que no debe ser pasado por alto desde el comienzo, sin embargo. Envolviendo el libro entero está el tema del Esposo y la Esposa, y la profecía está dividida en partes iguales entre estos dos motivos. De este modo:

 

I. El Esposo, Capítulos 1-11: Esta sección comienza (1:19-20) y termina (10:1-7) con visiones del Hijo del Hombre, vestido de gloria.

H. La Esposa, Capítulos 12-22: Esta sección comienza (12:1-2) y termina (21:9-27) con visiones de la Iglesia, vestida de gloria.

Bosquejo del Apocalipsis

 I. Preámbulo: La visión de Juan del Hijo del Hombre (1:1-20)

II. Prólogo Histórico: Cartas a las siete iglesias (2:1-3:22)
     A. Éfeso (2:1-7)
     B. Esmirna (2:8-11)
     C. Pérgamo (2:12-17)
     D. Tiatira (2:18-29)
     E. Sardis (3:1-6)
     F. Filadelfia (3:7-13)
    G. Laodicea (3:14-22)

III. Estipulaciones: Los Siete Sellos (4:1-7:17)
     A. El trono (4:1-11)
     B. El libro sellado (5: 1-5)
     C. El Cordero como inmolado (5:6-14)
     D. Los primeros cuatro sellos: Jinetes (6:1-8)
     E. El quinto sello: Mártires (6:9-11)
     F. El sexto sello: La de-creación (6:12-17)
     G. Los 144.000 sellados (7:1-8)
     H. La grande muchedumbre (7:9-17)

IV. Sanciones: Las siete trompetas (8:1-14:20)
     A. El séptimo sello: El altar de incienso (8:-1-5)
     B. Las primeras cuatro trompetas (8:6-13)
     C. La quinta trompeta: Langostas del abismo (9:1-12)
     D. La sexta trompeta: El ejército de 200 millones (9:13-21)
     E. El ángel del juramento (10:1-7)
     F. El librito (10:8-11)
     G. Los dos testigos (11:1-14)
     H. La séptima trompeta: Viene el reino (11:15-19)
     I.  La mujer, la simiente, y el dragón (12:1-6
     J.  Miguel y el dragón (12:7-12)
     K. La huída de la mujer (12:13-17)
     L. La bestia que sube del mar (13:1-10)
    M. La bestia que sube de la tierra (13:11-18)
    N.  El Cordero y los 144.000 sobre el monte de Sión (14:1-5)
    O.  El evangelio y las copas envenenadas (14:6-13)
    P.  La siega y la vendimia de la tierra (14:14-20)

V. A.  El cántico de victoria (15:1-4)
    B.  Se abre el tabernáculo (15:5-8)
    C.  Las primeras cuatro copas: La creación se venga (16:1-9)
    D.  Las últimas cuatro copas: ¡Consumado es! (16:10-21)
    E.  Babilonia: La gran ramera (17:1-5)
    F.  Babilonia: El misterio explicado (17:6-18)
    G.  ¡Ha caído babilonia! (18:1-8)
    H.  Reacciones a la caída de Babilonia (18:9-20)
     I.  Babilonia es derribada (18:20-24)
     J.  La cena de las bodas del Cordero (19:1-10)
    K.  El jinete del caballo blanco (19:11-16)
    L.  El festín de las aves (19:17-18)
   M.  La destrucción de las bestias (19:19-21)
   N.   Satanás atado (20:1-3)
   O.   La primera resurrección y la última batalla (20:4-10)
   P.   El juicio final (20:11-15)
   Q.   La nueva creación (21:1-8)
   R.   La nueva Jerusalén (21:9-27)
   S.   El río de vida (22:1-5)
   T.   ¡Ven, Señor Jesús! (22:6-21)



Notas:

1. Contrástese esto con el tono de la carta de Clemente a los corintios. Como dice J. B. Lightfoot en su edición de The Apostolic Fathers (Vol. 1, p. 352: "Se reclama en efecto autoridad para los pronunciamientos de la carta en un tono no vacilante, pero es la autoridad de la hermandad que declara la mente de Cristo por el Espíritu, no la autoridad de un hombre, ya sea obispo o papa". Citado en la obra de A. T. Robinson, Redating the New Testament (Philadelphia: The Westminster Press, 1976), p. 328.

 

2. Véase de William Hendrksen, More Than Conquerors: An Interpretation of the Book of Revelation (Grand Rapids: Baker Book House, 1939), pp. 17ss., para una lista de tales similitudes. Por ejemplo, cita a Juan 7:37 y Apoc. 22:17; Juan 10:18 y Apoc. 2:27; Juan 20:12 y Apoc. 3:4; Juan 1:1 y Apoc. 19:13; Juan 1:29 y Apoc. 5:6.

 

3. Austin Farrer, The Revelation of St. John the Divine (Oxford: At the Clarendon Press, 1964), pp 41ss.

4. Un ejemplo menor de esto en Juan es 1:9-2:11, que sigue una estructura de siete días modelada según la semana de la creación; véase de David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth, TX: Domninion Press, 1985), pp. 62s.

5. Hasta cierto punto, esto está demostrado en la tradición registrada en Eusebio de que, como Obispo de Éfeso, Juan "era sacerdote, y llevaba puesta la placa sacerdotal" - es decir, el petalon, insignia del sumo sacerdote que se llevaba en la frente (Eccesiastical History, v.xxiv). Por supuesto, es probable que Juan y los otros "ministros del Nuevo pacto" llevaran un "uniforme" distintivo que correspondía a su posición oficial, y es posible que sus ropas y su "distintivo oficial" fueran similares a los que llevaban los sacerdotes israelitas.

 

6. Alfred Edersheim, The Temple: Its Ministry and Services As They Were at the Time of Christ (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1980) pp. 141s.

7. Ibid., p. 142.

8. Ibid., p. 141.

9. San Ireneo, Against Heresies, v. xxx.3; citado por Eusebio en su Ecclesiastical History, iii.xviii.2.3; v.viii.6.

10. Véase de Arthur Stapylton Barnes, Christianity at Rome in the Apostolic Age (London: Methuen Publishers, 1938), pp. 167ss.

11. Véase la discusión en la obra de John A. T. Robinson, Relating the New Testament (Philadelphia: The Westminster Press, 1976), pp. 221ss.

12. H. B. Swete, Commentary on Revelation (Grand Rapids: Kregel Publications [1911] 1977), p. xcix.

13. Véase la detallada discusión en la obra de Moses Stuart, Commentary on the Apocalypse (Andover: Allen, Merrill and Wardwell, 1845), Vol. I, pp. 263-284; véase también James MacDonald, The Life and Writings of St. John (London: Hodder and Stoughton, 1877), pp. 151-177.

14. Robinson tiene en mente las declaraciones del pastor cristiano Clemente (1 Clemente 6) y del historiador pagano Tácito (Annals, xv.44).

15. Robinson, p. 233; comp. pp. 236ss.

16. Aunque no basa su argumento en consideraciones teológicas, esta es la tesis de J. A. T. Robinson en Redating the New Testament. Llega a esta conclusión a través de un cuidadoso estudio de la evidencia tanto externa como interna en relación con cada libro del Nuevo Testamento. Se encuentra apoyo de hallazgos arqueológicos a favor de un Nuevo Testamento primitivo en la obra de David Estrada y William White Jr., The First New Testament (Nashville: Thomas Nelson, 1978). Véase también de Ernest L. Martin, The Original Bible Restored (Pasadena: Foundation for Biblical Research, 1984), para su interesante tesis de que el Nuevo Testamento fue canonizado por Pedro y Juan.

 

17. Atanasio, el "santo patrono del post-milenismo", aplica la promesa "milenista" de Isaías 11:9 a los triunfos de la era del Nuevo pacto.

18. Atanasio, On the Incarnation, Hermana Penélope Lawson, trad. (New York: MacMillan Publishing Co., 1946), pp. 61ss. Rousas John Rushdoony señala al mismo punto en su exposición de Dan. 9:24: "'Las visiones y los profetas' serán sellados o terminados, la revelación de Cristo en el Nuevo Testamento resumiendo y dando conclusión a las Escrituras". Thy Kingdom Come: Studies in Daniel and Revelation (Tyler, TX: Thoburn Press, [1970] 1978), p. 66.

 

19. C. J. Hemer, "Seven Cities of Asia Minor", in R. K. Harrison, cd., Major Cities of the Biblical World (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1985), p. 235.

20. W. H. C. Frend, The Rise of Christianity (Philadelphia: Fortress Press, 1984), p. 127.

21. H. B. Swete, Commentary on Revelation (Grand Rapids: Kregel Publications, [1911] 1977, p. lxxxix.

22. Ethelbert Stauffer, Christ and the Caesars (Philadelphia: Westminster Press, 1955), p. 88.

23. Francis A. Schaeffer, How Shall We Then Live? (Old Tappan, NJ: Fleming H. Revell, 1976), p. 24.

24. Rousas John Rushdoony, The One and the Many: Studies in the Philosophy of Order and Ultimacy (Tyler, TX: Thoburn Press [1971], 1978), p. 92.

25. Ibid., pp. 92s.

26. Ibid., p. 93. Rushdoony cita a Francis Legge, Forerunners and Rivals of Christianity. From 330 B. C. to 330 A. D. (New Hyde Park, NY: University Books, [1915], 1964), vol. I, pp. xxics.

27. Comp. Swete, p. lxxxi.

28. Hal Lindsey, There's a New World Coming (Eugene, OR: Harvest House Publishers, 1973), p. 140.

29. J. L. Martin, The Voice of the Seven Thunders: or, Lectures on the Apocalypse (Bedford, IN: James M. Mathes, Publisher, sexta cd., 1873), pp. 149s.

30. Ibid., pp. 151s.

31. Richard B. Gaffin Jr., ed., Redemptive History and Biblical Interpretation: The Shorter Writings of Geerhardus Vos (Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1980), p. 10.

32. Meredith G. Kline, Treaty of the Great King: The Covenant Structure of Deuteronomy (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1963); ídem., The Structure of Biblical Authority (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., segunda ed., 1975).

33. Ray R. Sutton, That You May Prosper: Dominion by Covenant (Tyler, TX: Insitute for Christian Economics, 1987).

34. Dicho sea de paso, el punto no es que la Escritura sigue el modelo de los tratados paganos, sino más bien, como arguye Sutton, que las formas de tratado paganas se derivaron en última instancia del pacto de Dios.

35. La expresión bíblica Últimos Días se refiere propiamente al período desde el advenimiento de Cristo hasta la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., "los últimos días" de Israel durante el período de transición del Antiguo pacto al Nuevo pacto (Heb. 1:1-2; 8:13; Sant. 5:1-9; 1 Ped. 1:20; 1 Juan 2:18). Véase de David Chilton, Paradise Restored, pp. 122, 237-290; comp. mi serie de estudios sobre este tema, publicada en el Geneva Review, P. O. Box 131300, Tyler, TX 75713.

 

36. El número siete, por sí solo, se usa usa cincuenta y cuatro veces en Apocalipsis; y hay muchos ejemplos (más de los que yo he intentado contar) de palabras y frases mencionadas siete veces, o arracimadas en grupos de siete.

 

37. Es verdad que la mayoría de los comentarios busca encontrar siete o más series de siete, pero, al hacerlo así, no se están adhiriendo al bosquejo formal de Juan. Ciertamente, no hay nada erróneo en intentar descubrir las muchas estructuras sutiles del libro; pero por lo menos debemos comenzar con el orden explícito del autor antes de hacer refinamientos.

 

38. E. Laird Harris, Gleason Archer, y Bruce Waltke, ed., Theological Wordbook of the Old Testament (Chicago: Moody Press, 1980), p. 341.

39. James B. Jordan, The Law of the Covenant: An Exposition of Exodus 21-23 (Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1984), p. 266.

40. Ibid., pp. 266-271.

41. La imagen figurada de la prostitución se usa consistentemente para representar la apostasía contra el pacto. En realidad, hay sólo dos casos en toda la Escritura en que el término se aplica a otras naciones. En ambos casos (Tiro, Isa. 23:15-17; y Nínive, Nah. 3:4), eran naciones que habían estado en pacto con Dios por medio de Israel.

 

42. Véase de J. P. M. Sweet, Revelation (Philadephia: The Westminster Press, 1979), pp. 52-54.

43. Véase, por ejemplo, Ferrell Jenkins, The Old Testament in the Book of Revelation (Grand Rapids: Baker Book House, [1972] 1976, pp. 54ss.

44. Albert Vanhoye, "L'utilisation du Livre d'Ezechiel clans l'Apocalypse", Biblica 43 (1962), pp. 436-476 (véase esp. pp. 473-476).

45. Philip Barrington, The Meaning of the Revelation (London: SPCK, 1931), p. 65.

46. Esta lista se basa en Barrington (p. 64) y en M. D. Goulder, "The Apocalypse as an Annual Cycle of Prophecies", New Testament Studies 27, no. 3(Abril 1981), pp. 342-367).

47. M. D. Goulder, "The Apocalypse as an Annual Cycle of Prophecies", p. 350.

48. Austin Farrer, A Rebirth of Images: The Making of St. John's Apocalypse (Gloucester, MA: Peter Smith [1949] 1970, p. 22.

49. M. D. Goulder, The Evangelists' Calendar: A Lectionary Explanation of the Development of Scripture (London: SPCK, 1978).

50. Ibid., p. 7. Goulder sugiere que el Libro de Apocalipsis se escribió del mismo modo, como meditaciones de Juan sobre las lecturas leccionarias en su iglesia.

51. M. D. Goulder, "The Apocalypse as an Annual Cycle of Prophecies", pp. 350s.

52. Ibid., pp. 353-354. James B. Jordan ha escrito una serie muy útil de estudios sobre "El Cristianismo y el Calendario", publicados durante un período de tres años en The Geneva Papers (primera serie), disponible en los Geneva Ministries. P. O. Box 131300, Tyler, TX 75713. Véase especialmente el No. 27 (January 1984): "Is the Church Year Desirable?"

 

53. Massey H. Shepherd Jr., The Paschal Liturgy and the Apocalypse (Richmond: John Knox Press, 1960).

54. Ibid., p. 82.

55. Thomas Hopko, The Orthodox Faith, Vol. 4: The Bible and the Church History (Orthodox Church in America, 1973), pp. 64ss., citado en George Cronk, The Message of the Bible: An Orthodox Christian Perspective (Crestwood, NY: St. Vladimir´s Seminary Press, 1982), p. 259.

56. Dom Gregory Dix, The Shape of the Liturgy (New York: The Seabury Press, [1945] 1983, p. 312.

57. Véase de Leon Morris, Apocalyptic (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1972).

58. Ferrell Jenkins, The Old Testament in the Book of Revelation (Grand Rapids: Baker Book House, 1976), p. 41. El libro de Jenkins es una excelente introducción breve a los antecedentes y al simbolismo bíblicos en Apocalipsis.

59. Morris,  p. 71.

60. Ibid., p. 60.

61. Jenkins, p. 41.

62. Morris, p. 79.

63. Benjamin B. Warfield, "The Prophecies of St. Paul", en Biblical and Theological Studies (Philadelphia: The Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1968), p. 470.

64. Uno de los mayores popularizadores de este punto de vista fue el apólogo racionalista cristiano Joseph Butler, que afirmaba que "la profecía no es sino la historia de los sucesos antes de que éstos ocurran". The Analogy of Religion, Natural and Revealed, to the Constitution and Course of Nature (Oxford: At the University Press, [1736] 1835), p. 310.

 

65. Véase de Chilton, Paradise Restored, pp. 15-63.

66. Merrill C. Tenney, Interpreting Revelation (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1957), p. 101.

67. Ibid., p. 104.

68. Benjamin B. Warfield, "The Apocalypse" en Selected Shorter Writings of Benjamin B. Warfield (Nutley, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1973), vol. II, pp. 652s.

69. Herman Babinck, The Doctrine of God, William Hendriksen, trad. (Edimburgh: The Banner of Truth Trust, [1951] 1977).

70. Ibid., p. 86.

71. Ibid., p. 88.

72. Ibid., p. 91.

73. Ibid., p. 92.

74. Ibid., p. 94.

75. Para una discusión extensa del significado principal del simbolismo, véase de James B. Jordan, "Symbolism: A Manifesto", en The Sociology of the Church (Tyler, TX: Geneva Ministries, 1986).

76. Por esto, no debemos asustarnos cuando encontramos que la Biblia usa ciertos símbolos que son usados también en religiones paganas - por ejemplo, la referencia bíblica a las estrellas o a las constelaciones del Zodíaco. (Dicho sea de paso, "Zodíaco" no es una palabra oculta; simplemente se refiere a la ruta aparente del sol por los cielos, pasando "a través" de las doce constelaciones principales, de la manera en que Dios dispuso que lo hiciera). Algunas formas de paganismo enseñan que el agua está habitada por espíritus, y que (con los conjuros adecuados) su aplicación puede conferir poderes mágicos. Los cristianos no creen esto. ¿Deberíamos, por lo tanto, (para no ser confundidos con los paganos) abandonar el uso del bautismo? ¿O deberíamos abandonar la doctrina del nacimiento virginal sobre la base de que los dioses mitológicos han embarazado a las doncellas terrestres? Tales ejemplos pueden multiplicarse muchas veces. El paganismo, siendo una perversión de la verdad, tiene miríadas de doctrinas que son superficialmente similares al cristianismo. Esto no significa que debemos temer al paganismo: en vez de eso, significa que debemos reclamar los símbolos robados para el Señor Cristo Jesús.

 

77. Rousas J. Rushdoony, Thy Kingdom Come, p. 174.

78. Austin Farrer, A Rebirth of Images, pp. 10s. Para los lectores que verdaderamente desean seguir un estudio serio de las Escrituras, sugiero lo siguiente como un primer paso absolutamente necesario: Guarde todos sus libros sobre hermenéutica en un baúl hasta que haya leído de Laurence Perrine, Sound and Sense: An Introduction to Poetry (New York: Harcourt Brace Jovanovich, sexta ed., 1982), y de John Ciardi y Miller Williams, How Does a Poem Mean (Boston: Houghton Mifflin Con., segundo cd., 1975). Puede que almas más animosas deseen continuar más adelante con dos libros por Northrop Frye: Anatomy of Criticism (Princeton: Princeton University Press, 1957) y (con precaución) The Great Code: The Bible and Literature (New York: Harcourt Brace Jovanovich, 1982).

 

79. La idea de que él lo escribió "en código" porque temía ser arrestado por traición es obviamente falsa: Los profetas no eran hombres tímidos; y de todos modos, el Libro de Apocalipsis es "traidor" mucho antes de que Juan comience a hablar de Nerón. Los cristianos podían ser ejecutados por decir simplemente lo que Juan dice en el capítulo 1 - que Jesucristo es "el soberano de los reyes de la tierra".

 

80. Philip Barrington, The Meaning of Revelation, pp 84s.

81. Ibid., pp. 136s.

82. Geerhardus Vos, "The Idea of Biblical Theology", en la obra de Richard B. Gaffin, ed., Redemptive History and Biblical Interpretation: The Shorter Writings of Geerhardus Vos (Presbyterian and Reformed, 1980), p. 23.

83. Una buena introducción a los motivos literarios de la Escritura es la obra de Leland Ryken How to Read the Bible as Literature (Grand Rapids: Zondervan, 1984).

84. James B. Jordan, Judges: God´s War Against Humanism (Tyler, TX: Geneva Ministries, 1985), p. xii.

85. Ibid., pp. 175s.

86. Para mayor información sobre interpretación bíblica, véase de Geerhardus Vos, Biblical Theology: Old and New Testaments (Grand Rapids: Eerdmans, 1948); Meredith G. Kline, Images of the Spirit (Grand Rapids: Baker Book House, 1980); Vern S. Poythress, The Stained-Glass Kaleidoscope: Using Perspectives in Theology (programa de estudios impreso privadamente, Westminster Theological Seminary, Philadelphia, 1985); Richard L. Pratt, Jr., "Pictures, Windows, and Mirrors in Old Testament Exegesis", Westminster Theological Journal 45 (1983), pp. 156-167. Las tres conferencias de James B. Jordan sobre "Cómo Interpretar la Profecía" ("How to Interpret Prophecy") son una excelente introducción al simbolismo bíblico. Las tres cintas están disponibles en Geneva Ministries, P. O. Box 131300, Tyler, TX 75713.

 

87. Véase de Louis Bouyer, The Spirituality of the New Testament and the Fathers, trad. Mary P. Ryan (Minneapolis: The Seabury Press, 1963), pp. 120s.

88. J.Stuart Russell, The Parousia: A Critical Inquiry into the New Testament Doctrine of Our Lord´s Second Coming (Grand Rapids: Baker Book House, [1887] 1983), p.366.

89. Cornelius Van Til, Essays on Christian Education (Nutley, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1977), p. 27.

90. Zane C. Hodges y Arthur L. Farstad, The Greek New Testament According to the Majority Text (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1982). Es decir, donde la evidencia presentada por Hodges y Farstad parece inequívoca, la he seguido; donde parece menos clara, me he sentido en libertad de discrepar con ella.

91. Jakob van Bruggen, The Ancient Text of the New Testament (Winnipeg: Premier Printing Ltd., 1976); idem, The Future of the Bible (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1978).

92. Wilbur N. Pickering, The Identity of the New Testament Text (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1977).

93. Harry A. Sturz, The Byzantine Text-Type in New Testament Textual Criticism (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1984). Sturz asume una posición mucho más moderada que Hodges, Pickering, y los otros defensores del Texto de Mayoría. Su valioso estudio demuestra que las así llamadas lecturas "bizantinas" (es decir, de Texto de Mayoría) son tempranas e independientes. Por esto, aunque él no cree que el texto bizantino es "primario", muestra que tampoco puede ser considerado como "secundario".

 

94. Comp. David Otis Fuller, cd., Which Bible? (Grand Rapids: International Publishers, quinta ed., 1975); True or False? The Westcott-Hort Textual Theory Examined (Grand Rapids: International Publishers, 1973); Counterfeit or Genuine? - Mark 16? John 8? (Grand Rapids: International Publishers, 1975); Eduard F. Hills, The King James Version Defended! (Des Moines: Christian Research Press , 1956, 1973). Sin embargo, es importante observar que la posición de los partidarios del Texto de Mayoría no es la misma que la de los defensores de la King James Version (o del Textus Receptus). El argumento de este último grupo es que el verdadero texto ha sido preservado providencialmente en las lecturas del Textus Receptus, aún en los casos (por ej., 1 Juan 5:7; Apoc. 22:19) en que la evidencia del verdadero manuscrito griego es escasa o no existe. Es interesante que (en contraste con el resto del Nuevo Testamento) las lecturas del Texto de Mayoría para el Libro de Apocalipsis concuerdan más a menudo con el "texto crítico" que con el Textus Receptus.

 

95. Por esta razón, es extremadamente desafortunado que Hodges y Farstad hayan decidido ignorar las lecturas de los leccionarios tradicionales al ordenar su edición (The Greek New Testament According to the Majority Text, p. xviii).
Parte Uno

 

PREÁMBULO: EL HIJO DEL HOMBRE
 
(Apocalipsis 1)

 

Introducción

El preámbulo en Deuteronomio (1:1-5) comienza: "Estas son las palabras ..." 1  Luego, el texto identifica al orador como Moisés a quien, como mediador del Pacto, se le ha "ordenado" entregarle y explicarle la "ley" de Dios a Israel. "Por lo tanto, Yahvé es el Señor que da el pacto y Moisés es el representante y el mediador del pacto. De este modo, esta sección corresponde al preámbulo de los tratados extra-bíblicos, que también identificaba al orador, el cual, por medio del pacto, declaraba su señorío y reclamaba la obediencia del vasallo".2  En el Apocalipsis, el preámbulo comienza con una expresión similar: "La Revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto". (1:1-2).

 

El propósito del preámbulo del pacto es, pues, proclamar el señorío del Gran Rey, declarando su trascendencia e inmanencia, y dejando bien claro desde el comienzo que su voluntad ha de ser obedecida por su vasallos, sus siervos. Los tratados bíblicos establecen la trascendencia e inmanencia de Dios refiriéndose a una o más de tres actividades: creación, redención, y revelación. Son las últimas dos las que se subrayan especialmente en el preámbulo del Apocalipsis. Ya hemos notado el énfasis en la revelación divina en la frase inicial, y esto se subraya en los versículos siguientes. La iglesias han de "oir las palabras de esta profecía, y guardar las cosas en ella escritas", y el Señor pronuncia una bendición especial sobre los que obedecen (1:3); Juan se refiere nuevamente a sí mismo como el que ha testificado de "la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo" (1:9); además, habla de la revelación que vino a él en términos de los modelos corrientes y familiares de la revelación de pacto a través de la historia bíblica. "Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Escribe en un libro lo que ves ..." (1:10-11; véase más abajo).

 

La redención también se enfatiza en este pasaje: "Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén" (1:5-6). Además, se declara específicamente que Cristo es el Redentor, el Hijo del Hombre, que "viene con las nubes" en su gloriosa ascensión al Padre y el juicio venidero sobre Israel para recibir el imperio, la gloria, y un reino; que será visto por "los que le traspasaron", y sobre el cual se lamentarán "todas las tribus de la tierra" (1:7; comp. Dan. 7:13-14; Zac. 12: 10-14; Mat. 24:30; Juan 19:37; Efe. 1:20-22). La visión de Cristo que tuvo Juan desarrolla la idea de su obra redentora: Está ataviado como Sumo Sacerdote (1:13), revelado como la gloria de Dios encarnada (1:14-15), el Creador y Sustentador del mundo, cuya poderosa Palabra sale para conquistar a las naciones (1:16); que murió y resucitó de entre los muertos, y que vive para siempre jamás (1:17-18).

 

 
Notas:

1. El título de Deuteronomio en hebreo es simplemente: Las Palabras.

Parte Uno

1

 

REY DE REYES

 

Título y bendición (1:1-3)

1 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan;
2 que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.
3 Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.
1. Desde el comienzo, Juan deja bien claro que su libro revela, devela, descubre, los propósitos de Dios. No tiene la intención de ser misterioso o enigmático; de manera enfática, revela su tema. Específicamente, es la revelación de Jesucristo, que Dios le dio - en otras palabras, una revelación en la cual medió nuestro Señor en persona (comp. Heb. 1:2), sobre las cosas que deben suceder pronto. Por lo tanto, el Apocalipsis no se ocupa ni del alcance de la historia mundial ni del fin del mundo, sino de los sucesos que estaban en el futuro para Juan y sus lectores. Como veremos a través del comentario, el Libro de Apocalipsis es un "proceso legal de pacto", que profetiza el derramamiento de la ira de Dios sobre Jerusalén. Es una profecía del período conocido en la Escritura como "los últimos días", es decir, los últimos días de la nación de la alianza, Israel, la "generación" de cuarenta años (Mat. 24:34) transcurridos desde la ascensión de Cristo (30 d. C.) hasta la caída de Jerusalén a manos de los romanos (70 d. C.). Predice sucesos que Juan esperaba que sus lectores vieran muy pronto.

Esto milita claramente contra cualquier interpretación "futurista" del libro. Los futuristas dicen que Juan estaba advirtiendo a los cristianos de sus días mayormente sobre cosas que ellos nunca verían - ¡quiere decir que el Libro de Apocalipsis ha sido irrelevante por 1.900 años! Afirmar que el libro es relevante sólo para nuestra generación es egocéntrico, y contrario al testimonio del libro mismo. Debe subrayarse que la expresión griega significa claramente lo que dice, y los que primero leyeron la frase no habrían entendido que significase ninguna otra cosa (comp. Lucas 18:8; Hechos 12:7; 22:18; 25:4; Rom. 16:20; Apoc. 22:6). Una interpretación futurista queda refutada en la mera primera frase del Apocalipsis.

 

Antes de que sigamos adelante, debemos notar también que la declaración inicial de Juan presupone la filosofía bíblica de la historia: Dios es Señor de todos, tiene un plan abarcante para su creación, y gobierna cada átomo de la realidad según su plan. Después de todo, ¿cómo conoce Dios el futuro? La Biblia no indica que Dios tiene una especie de bola de cristal con la cual percibe los sucesos futuros. Pensemos en eso. En realidad, no existe tal cosa como "el futuro", en el sentido de algo "allá afuera" que puede ser adivinado con el equipo adecuado. Decir que algo está en el futuro es simplemente decir que todavía no existe. Entonces, ¿cómo conoce Dios el futuro? La Biblia sólo da una respuesta: Dios conoce el futuro porque él lo planeó:

 

Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos. (Sal. 103:19).
Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho. (Sal. 115:3).
Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? (Dan. 4:35)
En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad. (Efe. 1:11)
De este modo, aunque "el futuro" no existe todavía, es absolutamente cierto y seguro, porque el Señor todopoderoso del universo lo ha planeado infaliblemente. Él "da vida a los muertos, y llama a las cosas que no son, como si fuesen" (Rom. 4:17). Dios conoce todas las cosas exhaustivamente porque Él planeó todas las cosas exhaustivamente.

Arthur Pink escribió: "El Señor Dios omnipotente reina. Su gobierno se ejerce sobre la materia inanimada, sobre las bestias brutas, sobre los hijos de los hombres, sobre ángeles buenos y malos, y sobre Satanás mismo. Ningún giro de ningún mundo, ningún brillo de ninguna estrella, ninguna tormenta, ningún movimiento de ninguna criatura, ninguna acción de los hombres, ninguna diligencia de los ángeles, ninguna obra del diablo -- nada en todo el vasto universo puede ocurrir sino porque Dios se lo ha propuesto eternamente. Aquí hay fundamento para la fe. Aquí hay un lugar de descanso para el intelecto. Aquí hay un ancla para el alma, segura y firme. No es el destino ciego, la maldad desenfrenada, ni el hombre, ni el diablo, sino el Señor Todopoderoso, el que gobierna el mundo, gobernándolo de acuerdo con su propia voluntad y para su propia gloria eterna".
2

 

Ahora, Juan dice que estas cosas en relación con el futuro le fueron "declaradas" por el ángel. El uso de esta palabra nos dice que la profecía no debe ser tomada simplemente como "historia escrita por anticipado". Es un libro de signos, representaciones simbólicas de sucesos que se acercaban. Los símbolos no han de entenderse de manera literal. Podemos ver esto en el uso que hace Juan del mismo término en su evangelio (12:33; 18:32; 21:19). En cada caso, se dice que Cristo "daba a entender" un suceso futuro mediante una indicación más o menos simbólica, más bien que por medio de una descripción prosaica y literal. Y esta es generalmente la forma de las profecías en el Apocalipsis. Es un libro de símbolos de principio a fin. Como bien dijo G. R. Besley-Murray: "El profeta desea dejar claro que él no proporciona fotografías del cielo". Esto no significa que los símbolos son ininteligibles; la interpretación no es lo que cualquier individuo decida que sea. Ni, por otra parte, están escritos los símbolos en alguna especie de código, de manera que todo lo que necesitamos sea un diccionario o un gramática de simbolismos para "traducir" los símbolos al español. La única manera de entender el sistema de Juan es familiarizarse con la Biblia misma.

 

2-3 Aquí se establece una importante relación. El versículo 1 nos mostró a Jesucristo dando la revelación a Juan; ahora Juan dice que él mismo testifica de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo. Así, pues, vemos que Jesús es el pre-eminente portador del testimonio, testificando a sus siervos; y vemos también que Juan testifica del testimonio de Cristo. Él puede hacer esto porque es uno de los siervos de Cristo, y ha venido a ser como su Maestro. Al dar testimonio, Juan se conforma a la imagen de Cristo. Estos dos modelos - Cristo y sus siervos dando un doble testimonio, y los siervos de Cristo llevando su imagen - ocurren a través de todo el libro, e informarán a nuestro entendimiento de pasajes como 11:4-12.

 

Porque este doble testimonio (el libro de Apocalipsis) es la misma Palabra de Dios, se pronuncia una bendición - la primera de las siete "bienaventuranzas"" de la profecía (1:3; 14:13; 16:15; 19:9; 20:6; 22:7; 22:14) - sobre los que son fieles a su mensaje. Notemos la forma específica de la bendición, porque ofrece otra importante indicación del contenido del libro: Bienaventurado el que lee y bienaventurados los que oyen. Juan ha escrito esta profecía, no solamente (ni principalmente) para la edificación individual, sino para la iglesia en sus reuniones oficiales de culto. Desdc el principio, el Libro de Apocalipsis es colocado en un marco litúrgico, en el cual un lector lee la profecía a la congregación. La palabra griega para leer se usa a menudo en el Nuevo Testamento para esta actividad litúrgica (Lucas 4:16; Hechos 13:27; 15:21; 2 Cor. 3:15; Efe. 3:4; Col. 4:16; 1 Tesa. 5:27; 1 Tim. 4:13). El Libro de Apocalipsis, como veremos, se ocupa mucho de la liturgia; en realidad, el culto es un tema central de la profecía. Mostrándonos cómo se hace la voluntad de Dios en el culto celestial, Juan revela cómo ha de cumplir la iglesia la voluntad de Él en la tierra.

 

De la liturgia del culto especial, salimos al mundo, para servir a Dios en la liturgia de la vida. Respondemos a la verdad ("Amén") en el culto especial, y luego respondemos adicionalmente en el culto general durante toda nuestra vida. Así, la bendición de Juan no es sólo para el que lee y los que oyen, sino para los que guardan este mensaje. La meta del libro no es solamente informarnos de sucesos "proféticos". La meta de la instrucción apostólica es siempre ética: Está escrita para producir "amor de un corazón limpio, una buena conciencia, y una fe no fingida" (1 Tim. 1:5). El Apocalipsis nos da mandamientos para guardar; y, en particular, los lectores del siglo primero debían acatar y obedecer su instrucción, pues la crisis estaba sobre ellos. El tiempo está cerca, advierte Juan, enfatizando nuevamente la relevancia contemporánea de su profecía. Repite su advertencia al final del libro (22:6,7,10). El mundo antiguo estaría pronto en un alboroto de reinos sacudidos y desmoronados hasta sus cimientos, y los cristianos necesitaban la Revelación como una guía estable durante el período de dramáticos cambios que habría de venir. El fin del mundo se acercaba - no la destrucción del universo físico, sino el del antiguo orden mundial, el gobierno del mundo alrededor del santuario central en Jerusalén. Dios había establecido una nueva nación, un nuevo sacerdocio, una nueva humanidad que adorara en un nuevo santuario. La Casa de Dios se acercaba a su terminación, y la morada antigua y provisional, como un andamiaje, estaba a punto de ser quitada.

 

Salutación y doxología (1:4-8)
4 Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante del trono;
5 y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,
6 y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.
7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.
8 Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.
4-6 Juan dirige su profecía a las siete iglesias en Asia. De las descripciones que siguen (capítulos 2-3), es obvio que Juan definidamente está pensando en estas iglesias. La idea propagada por C. I. Schofield y otros de que estas iglesias representan "siete fases de la historia espiritual de la iglesia" es una mera ficción, sin ninguna evidencia objetiva, y está aplicada de manera totalmente arbitraria y selectiva. Hay por lo menos tres presuposiciones falaces sostenidas por los que abogan por esta doctrina.

Primera, la doctrina de las "siete épocas" presupone que el Libro de Apocalipsis cubre toda la historia de la iglesia, de principio a fin. Al defender su punto de vista, Schofield dice: "Es increíble que no haya un concepto como éste en una profecía que cubre el período de la iglesia".
Muy cierto, quizás; pero, ¿quién dice que el Libro de Apocalipsis abarca la historia de la iglesia? Juan ciertamente no lo dice. Sólo afirma que la profecía abarca "las cosas que deben suceder pronto" (1:1), y que el tiempo del cual la profecía habla está cerca (1:3). Así, pues, la presuposición más básica de las "siete épocas" es completamente falsa.

 

La segunda presuposición sostiene que la iglesia terminará en derrota y en apostasía: Se supone que la iglesia laodicense, tibia, virtualmente apóstata, de la cual Cristo no tiene nada bueno que decir (3:14-22), simboliza la iglesia de Jesucristo al final de los tiempos. (Un corolario de este punto de vista es que "los últimos días" de que se habla en las Escrituras, en los cuales la apostasía es rampante, son los verdaderos últimos días de la historia de la tierra). El hecho de que la iglesia termina en victoria y en triunfo es, por supuesto, lo que este comentario se propone demostrar; así que no es necesario decir nada más aquí. Pero es importante notar que la idea de la apostasía al final de los tiempos es una presuposición del punto de vista de las "siete épocas", y los que la sostienen están suponiendo lo que quieren demostrar.

 

La tercera presuposición, por supuesto, es la de que nosotros estamos viviendo en la última etapa de la iglesia (nuevamente, debemos notar que esta gente son a menudo incapaces de imaginarse a sí mismos viviendo en cualquier época que no sea el clímax de la historia). Esta presuposición es errónea. Las profecías de la gloriosa condición de la iglesia, que se han de cumplir antes del regreso de Cristo, están lejos de haberse cumplido. Probablemente nos quedan miles de años antes del fin. Y, aunque está de moda que los modernos intelectuales cristianos hablen de nuestra civilización como "post-cristiana", deberíamos darle vuelta a esta afirmación y convertirla en bíblicamente exacta: Nuestra cultura no es post-cristiana - nuestra cultura es todavía mayormennte pre-cristiana! 6

 

Por lo tanto, aunque no podemos decir que las siete iglesias representan siete épocas en la historia de la iglesia, hay un punto importante que debe observarse aquí. El hecho de que se mencionen siete iglesias en un libro lleno de símbolos numéricos no debería pasarse por alto. En las Escrituras, siete es el número que indica plenitud cualitativa, la naturaleza esencial de una cosa (como diez indica la calidad de "mucho", una plenitud de cantidad); aquí representa el hecho de que el Apocalipsis está destinado a la iglesia entera en todo tiempo. Los mensajes a las iglesias de Asia han de aplicarse a todos, así como las cartas de Pablo a los romanos y a los filipenses tienen significación mundial. Pero en nuestra aplicación de estas cartas, debemos tener cuidado de no arrancarlas de su contexto histórico. 7

 

Juan usa la bendición característica de los apóstoles: gracia (el favor de Dios concedido a los que, aparte de Cristo, merecen la ira) y paz (el estado de reconciliación permanente con Dios por medio de la expiación de Cristo). Estas bendiciones, dice, son de cada miembro de la Deidad: el Padre, el Espíritu Santo, y el Hijo. Cada uno de los tres participa plena e igualmente en extender la gracia y la paz a los elegidos. El Padre nos escogió desde antes de la fundación del mundo, y envió a su Hijo a redimirnos; el Hijo, en nuestro lugar, vivió una vida perfecta en obediencia a la Ley, y pagó la pena completa por nuestros pecados; y el Espíritu aplica la obra del Padre y el Hijo a través de la regeneración y la santificación. El resumen adecuado de todo lo que Dios ha hecho por nosotros está contenido en estas palabras: gracia y paz.

 

Las personas de la Trinidad se nombran aquí en orden litúrgico (para distinguirlo del orden teológico). La explicación de Michael Wilcocks es muy útil: "La visión de Juan le va a llevar al santuario celestial, del cual el Tabernáculo judío era copia y sombra (Heb. 8:5); y quizás el orden desusado de la Trinidad aquí (Padre, Espíritu, Hijo) corresponde al plan del santuario terrenal, en el cual el arca en el Lugar Santísimo representa el trono de Dios, el candelabro de los siete brazos en el Lugar Santo delante de él representa al Espíritu 8 , y en el atrio delante está el altar, con su sacerdote y sus sacrificios, ambos representando, por supuesto, la obra redentora de Cristo". 9

 

La salutación es una clara expresión de la fe trinitaria - que más tarde fue forjada en forma de credo en los concilios de Nicea (325 d. C.) y de Constantinopla (381), pero ciertamente explícita en la enseñanza de la Biblia. 10  La doctrina de la Trinidad es que hay un solo Dios (una persona) que es tres personas distintas - el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo - y que cada una de estas personas es Dios een sí mismo. No hay tres Dioses - sólo Uno. Y sin embargo, estas tres Personas no son diferentes maneras o modos en que Dios se nos da a conocer, ni deben confundirse las unas con las otras; son tres Personas distintas. Cornelius Van Til lo expresa tan claramente como cualquier otro: "Cada uno de ellos, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, es una personalidad, y juntos constituyen el Dios exhaustivamente personal. Hay una interacción eterna, interna, y auto-consciente entre las tres personas de la Deidad. Son co-sustanciales. Cada una es tan Dios como las otras dos. El Hijo y el Espíritu no derivan su existencia del Padre. La diversidad y la unidad en la Deidad son por lo tanto igualmente esenciales; son exhaustivamente correlativos entre sí y no correlativos con nada más". 11

 

Lo que esto significa es que Dios no es "básicamente" uno, derivándose las Personas individuales de la unicidad; ni es Dios "básicamente" tres, siendo secundaria la unidad de las Personas. Ni es la unicidad de Dios o su "trunidad" cada una anterior a la otra; ambas son básicas. Dios es Uno, y Dios es Tres. Hay tres Personas distintas, individuales, cada una de las cuales es Dios. Pero hay sólo Un Dios. 12  Para ponerlo en un lenguaje más filosófico, la unidad (unicidad) y la diversidad (triunicidad, individualidad) de Dios son igualmente definitivas. Dios es básicamente Uno y básicamente Tres al mismo tiempo. 13

 

Primero, Juan describe al Padre: El que es, y que era, y que ha de venir. Philip Barrington ha captado el espíritu de su expresión, que es griego atroz, pero excelente teología: El Que Es, y El Que Era, y El Que Ha de Venir. 14  Dios es eterno e inmutable (Mal. 3:6); como los cristianos primitivos se enfrentaban a lo que les parecía un futuro incierto, tenían que tener delante de ellos la absoluta certeza del eterno gobierno de Dios. Dios no está a merced de un ambiente; Él no es definido por ninguna condición externa; todas las cosas existen en términos de su Palabra infalible. Amenazados, opuestos, y perseguidos por los que estaban en el poder, sin embargo habrían de regocijarse en el conocimiento de su eterno Dios que "ha de venir", el que viene continuamente en juicio contra sus adversarios. La venida de Dios se refiere, no simplemente al fin del mundo, sino a su incesante gobierno sobre la historia. Él viene una y otra vez a librar a su pueblo y a juzgar a los impíos. 15

 

Segundo, Juan habla del Espíritu Santo como de los siete espíritus que están delante de Su trono. Aunque algunos han tratado de ver esto como una referencia a siete ángeles, es inconcebible que la gracia y la paz puedan originarse en alguien aparte de Dios. La Persona de la cual se habla aquí está claramente en pie de igualdad con el Padre y el Hijo. La descripción del Espíritu Santo aquí (como también en 3:1; 4:5; 5:6), se basa en Zacarías 4, donde el profeta ve a la iglesia como un candelabro con siete lámparas, alimentadas, sin intervención humana, por un flujo incesante de aceite a través de "siete tubos para las siete lámparas" (vers. 2) - cuya interpretación es, como le dice Dios a Zacarías: "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu" (vers. 6). El llenamiento y la obra capacitadora del Espíritu Santo en la iglesia se describen, pues, en términos del número siete, para simbolizar la plenitud y la calidad de completo. Así ocurre aquí en el Apocalipsis: "A las siete iglesias ... gracia y paz a vosotros ... de los siete espíritus". Y la obra del Espíritu en la iglesia tiene lugar en términos del dominio y la majestad de Dios, delante de su trono. De hecho, esto es un marcado énfasis en el libro de Apocalipsis: La palabra trono ocurre aquí cuarenta y seis veces (el libro del Nuevo Testamento que más se acerca a ese número es el evangelio de Mateo, donde se usa sólo cinco veces). El Apocalipsis es un libro, sobre todo, acerca de gobierno: revela a Jesucristo como el Señor de la historia, que restaura su pueblo al dominio por medio del poder del Espíritu Santo.

 

La palabra trono se usa particularmente en las Escrituras para referirse a la corte oficial de Dios, donde recibe adoración oficial de su pueblo en sábado. 16  La visión entera de Apocalipsis fue vista en el día del Señor (1:10) - el día cristiano de culto oficial corporativo; y toda la acción en el libro se centra en la adoración alrededor del trono de Dios. Juan quiere que veamos que el culto público y oficial del Señor Soberano es central a la historia - la historia tanto como un todo como en sus partes constitutivas (es decir, su vida y la mía). El Espíritu comunica gracia y paz a las iglesias, en el sentido especial, por medio del culto público. Hasta podemos decir esto: No podemos tener una continuada comunión con Dios, y recibir bendiciones de él, sin el culto público de la iglesia, el "lugar" de acceso al trono. El Espíritu trabaja en individuos, sí - pero no trabaja sin la iglesia. Su obra corporativa e individual pueden distinguirse, pero no pueden separarse. La idea de que podemos tener comunión con Dios, aunque separados de la iglesia y del culto corporativo del cuerpo de Cristo, es una idea completamente pagana, totalmente extraña a las Sagradas Escrituras. La Iglesia, como tal, recibe gracia y paz del Espíritu séptuple; y está continuamente delante del trono, la esfera especial de Su ministerio.

 

"Nuestras vidas son congestionadas y ruidosas. Es fácil pensar que la Iglesia y los sacramentos compiten con el otro mundo de la vida diaria por nuestra atención, llevándonos a alguna otra vida - secreta, enrarecida, y remota. Haríamos mejor en pensar en ese mundo diario y práctico como algo incomprensible e inmanejable, a menos y hasta que podamos acercarnos a él sacramentalmente por medio de Cristo. De lo contrario, la naturaleza y el mundo estarán más allá de nuestro alcance; el tiempo también, el tiempo que se lleva todas las cosas en un fluir sin sentido, haciendo que los hombres se desesperen a menos que vean en él el modelo de la acción de Dios, reflejado en el año litúrgico, el necesario camino a la Nueva Jerusalén". 17

 

El tercer miembro de la Deidad (en este orden litúrgico) es Jesucristo, al cual se refiere Juan con tres designaciones: el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. R. J. Rushdoony ha señalado con vigor cómo el término testigo (mártir, en griego) ha adquirido connotaciones ajenas al significado original de la palabra: "En la Biblia, el testigo es aquél que trabaja para hacer cumplir la ley y ayuda en su ejecución, incluyendo la ejecución de la pena de muerte. 'Mártir' ahora ha venido a significar exactamente lo opuesto, es decir, el que es ejecutado, más bien que el que ejecuta, el que es perseguido, más bien que el que es central en la perseución. El resultado es un serio error en la lectura de las Escrituras. ... La significación de Jesucristo como 'el testigo fiel y verdadero' es la de que Él no solamente testifica contra los que están en guerra contra Dios, sino que también los ejecuta.... Por lo tanto, Jesucristo testifica contra todo hombre y toda nación que establezca su vida sobre cualquier otra premisa que no sea el Dios soberano y trino, y su infalible y absoluta palabra-ley". 18

 

El tema de Cristo como el Testigo preeminente es importante en Apocalipsis, como observamos arriba, en el versículo 2. Como un modo de suplementar el análisis de Rushdoony, podemos observar que un aspecto central del testimonio de Cristo fue su muerte a manos de testigos falsos. Los que en este libro dan testimonio en su imagen lo harán también a costa de sus vidas (6:9; 12:11). La moderna connotación de la palabra mártir no es, pues, tan inverosímil o antibíblica como podría parecerlo a primera vista; pero es necesario, como ha mostrado Rushdoony, recordar el significado básico del término.

 

Jesús es también el Primogénito de los muertos. Por medio de su resurrección de entre los muertos, Él ha alcanzado la supremacía, teniendo "la preeminencia en todo" (Col. 1:18). Como dijo Pedro en el día de Pentecostés: "A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos  por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificásteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo" (Hechos 2:32-36). Dios cumplió la promesa que había hecho mucho antes: "Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra" (Sal. 89:27).

 

Obviamente, Juan tenía en mente este pasaje de los Salmos, porque la siguiente designación que le da a nuestro Señor es la de Soberano de los reyes de la tierra. La prioridad y la soberanía de Cristo están por encima de todo. No "sólo" es el Salvador, esperando un futuro suceso cataclísmico antes de convertirse en Rey; él es el Rey universal ahora, en esta época - y está sentado a la mano derecha dee su Padre mientras todos sus enemigos están siendo puestos bajo sus pies. Este proceso de asumir el dominio sobre toda la tierra en términos del título a que tiene derecho está teniendo lugar en este momento, y ha estado teniendo lugar siempre desde que resucitó de entre los muertos. Como Primogénito ( ¡y unigénito!), Cristo posee los derechos soberanos de toda la creación: "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra", afirmó (Mat. 28:18). Todas las naciones le han sido concedidas como herencia, y los reyes de la tierra están bajo una orden tribunalicia para someterse a él (Sal. 2:8-12). Comentando el título de Cristo como soberano de los reyes de la tierra, William Symington escribió: "Las personas que aquí se supone que están sujetas a Cristo son reyes, gobernantes civiles, supremos y subordinados, todos los que tienen autoridad civil, ya sean en las ramas legislativa, judicial, o ejecutivas del gobierno. De los tales, Jesucristo es Príncipe; - soberano, señor, jefe, el primero en poder, autoridad, y dominio". 19

 

De hecho, ésta es precisamente la razón de la persecución de los cristianos por parte del estado. Por el evangelio, Jesucristo ha declarado su absoluta soberanía y dominio sobre los gobernantes y las naciones de la tierra. Ellos tienen una alternativa: O someterse al gobierno y a la ley de Jesucristo, aceptando sus términos no negociables de rendición y paz, o ser hechos añicos por la vara de su ira. Una posición tal, audaz e inflexible, es una afrenta a la dignidad de cualquier humanista que se respete a sí mismo - mucho más para los gobernantes que están acostumbrados a considerarse dioses que caminan sobre la tierra. Quizás a este Cristo pueda permitírsele un lugar en el panteón, junto con el resto de nosotros los dioses; pero que sus seguidores le proclamen como Señor sobre todos, cuya ley es obligatoria para todos los hombres, cuyos estatutos llaman a juicio las leyes y decretos de las naciones - es demasiado; es inexcusable, y no puede ser permitido.

 

Por supuesto, habría sido mucho más fácil que los primeros cristianos hubiesen predicado la popular doctrina de retirada de que Jesús es Señor del "corazón", que Él tiene que ver con las conquistas "espirituales" (o sea, no terrenales), pero que no le interesan en lo más mínimo las cuestiones políticas; que Jesús se contenta con ser "Señor" en el ámbito del espíritu, mientras César es Señor en todos los demás lugares (es decir, donde a nosotros nos parece que realmente importa). Esta doctrina no habría sido ninguna amenaza en absoluto para los dioses de Roma. De hecho, ¡César no podría pedir una religión más cooperadora! Un cristianismo desdentado e impotente es una mina de oro para el estatismo: Mantiene la atención de los hombres enfocada en las nubes mientras el estado les vacía sus bolsillos y les roba sus hijos.

 

Pero la iglesia primitiva no era consciente de esta enseñanza escapista. En vez de eso, enseñaba la doctrina bíblica del señorío de Cristo - que Él es Señor de todos, "Soberano de los reyes de la tierra". Era esto lo que garantizaba su persecución, su tortura, y su muerte a manos del estado. Y era esto también lo que garantizaba su victoria en última instancia. Porque Jesús es Señor universal, toda oposición a su gobierno está condenada al fracaso, y será aplastada. Porque Cristo es Rey de reyes, a los cristianos se les aseguran dos cosas: guerra a muerte contra todos los supuestos dioses; y el triunfo completo de la fe cristiana sobre todos sus enemigos.

 

Por esta razón, Juan prorrumpe en una doxología de alabanza a Jesucristo, que nos ama y nos libró de nuestros pecados por medio del rescate de su propia sangre, y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre; a Él sea la gloria y el dominio por siempre jamás. No sólo hemos sido redimidos de nuestra esclavitud, sino que hemos sido constituídos reyes y sacerdotes. El reino ha comenzado; los cristianos ahora reinan con Cristo (Efe. 1:20-22; 2:6; Col. 1:13), y nuestro dominio aumentará a través del mundo (Apoc. 5:9-10). Somos un sacerdocio victorioso, que pone bajo su gobierno todas las áreas de la vida.

 

7-8 El versículo 7 anuncia el tema del libro, que no es la Segunda Venida de Cristo, sino más bien la Venida de Cristo en juicio sobre Israel, para establecer la iglesia como el nuevo reino. Viene con las nubes, proclama Juan, usando una de las más familiares imágenes bíblicas de juicio (comp. Gén. 15:17; Éx. 13:21-22; 14:19-20, 24; 19:9, 16-19; Sal. 18:8-14; 104:3; Isa. 19:1; Eze. 32:7-8; Mat 24:30; Mar. 14:62; Hech. 2:19). Esta es la nube de gloria, el carruaje celestial de Dios por medio del cual Él anuncia su presencia. 20 La nube es una revelación de su trono, pues Él viene a proteger a su pueblo y a destruir a los impíos. Una de las más llamativas descripciones de la "venida de Dios en las nubes" aparece en la profecía de Nahum contra Nínive (Nah. 1:2-8):

 

Jehová es Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos. Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable. Jehová marcha en la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies. Él amenaza al mar, y lo hace secar, y agosta todos los ríos; Basán fue destruido, y el Carmelo, y la flor del Líbano fue destruida. Los montes tiemblan delante de él, y los collados se derriten; la tierra se conmueve a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan. ¿Quién permanecerá delante de su ira? ¿y quién quedará en pie en el ardor de su enojo? Su ira se derrama como fuego, y por él se hienden las peñas. Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían. Mas con inundación impetuosa consumirá a sus adversarios, y tinieblas perseguirán a sus enemigos.
Su venida en las nubes, pues, trae juicio y liberación en la historia; no hay razón, ni en el uso general bíblico ni en su contexto inmediato aquí, para suponer que se quiere significar el fin literal del mundo físico (aunque el sentido puede ciertamente aplicarse al Día Final también). Juan está hablando del hecho, subrayado por los apóstoles a través del período de los "últimos días", de que la crisis se acercaba rápidamente: Como Él había prometido, Cristo vendría contra la presente generación "en las nubes", en juicio airado contra el Israel apóstata (Mat. 23-25). Y todo ojo le verá, y los que le traspasaron (los gentiles, Juan 19:34, 37): Los crucificadores le verían viniendo en juicio - esto es, experimentarían y comprenderían que su venida significaría ira en la tierra (comp. el uso de la palabra en Mar. 1:44, Luc. 17:22; Juan 3:36; Rom. 15:21). El Señor había usado la misma terminología de su venida contra Jerusalén al fin de aquella generación (Mat. 24:30), y hasta había advertido al sumo sacerdote: "Veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo" (Mat. 26:64). En otras palabras, los apóstatas de aquella generación malvada entenderían el significado de la Ascensión de Cristo, la definitiva venida del Hijo del Hombre, el segundo Adán (Dan. 7:13). En la destrucción de su ciudad, su civilización, su templo, todo el orden de su mundo, entenderían que Cristo había ascendido a su trono como Señor del cielo y de la tierra. Verían que el Hijo del Hombre había venido al Padre.

Jesús había dicho también que "lamentarán todas las tribus de la tierra" en el día de su venida (Mat. 24:30), que "allí será el lloro y el crujir de dientes" (Mat. 24:51). Juan repite esto como parte del tema de su profecía: todas las tribus de la tierra [los judíos] se lamentarán por él. Tanto Jesús como Juan reinterpretaron esta expresión, tomada prestada de Zacarías 12:10-14, donde ocurre en un contexto original del lamento y el arrepentimiento de Israel. Pero Israel había pasado el punto de donde podía regresar; su lamento no sería de arrepentimiento, sino de pura agonía y terror.

 

Y, sin embargo, esto no niega las promesas en el libro de Zacarías. La verdad es que, por medio del juicio de Cristo sobre Israel, por medio de la excomunión de Israel, el mundo será salvo; y, por medio de la salvación del mundo, Israel mismo se volverá nuevamente al Señor y será salvo (Rom. 11:11-12, 15, 23-24). Porque Cristo viene en las nubes, en la historia, juzgando a los hombres y a las naciones, la tierra es redimida. Cristo viene, no simplemente para juicio, sino para juicio que es para salvación. "Luego que hay juicios tuyos sobre la tierra, los moradores de la tierra aprenden justicia" (Isa. 26:9). Desde el principio, el propósito último de la venida de Cristo ha sido redentor: "Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para el mundo sea salvo por él" (Juan 3:17). Cristo "viene con las nubes" en juicios históricos para que el mundo conozca al Señor Dios como la Fuente y la Meta eterna e inmutable de toda la historia (Rom. 11:36), el Alfa y la Omega, la A y la Z (comp. Isa. 44:6), el que es y que era, el que ha de venir, el eterno Origen y la eterna Consumación de todas las cosas. Todopoderoso es la traducción corriente de la palabra griega Pantokratôr, que significa el que tiene todo el poder y gobierna sobre todo, el equivalente en el Nuevo Testamento de la expresión del Antiguo Testamento Señor de los Ejércitos, el "capitán de los ejércitos" (significando los ejércitos de Israel, o los ejércitos del cielo compuestos por estrellas/ángeles, o los ejércitos de las naciones paganas, a las cuales Dios usaba para derramar su ira sobre su pueblo desobediente). Cristo estaba a punto de demostrarle a Israel y al mundo que él, Cristo, había ascendido al trono como Gobernante Supremo.

 

Jesucristo, trascendente e inmanente (1:9-16)

9 Yo, Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.
10 Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz, como de trompeta,
11 que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia, y Laodicea.
12 Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro,
13 y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro.
14 Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego;
15 y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno, y su voz como estruendo de muchas aguas.
16 Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.

9 En este notable versículo tenemos un resumen conciso de la visión mundial de Juan, su perspectiva fundamental de lo que se trata la vida. Esta visión contrasta fuertemente con los puntos de vista de la moderna teología evangélica y dispensacionalista norteamericana, que sostiene que (1) no hay tribulación para el cristiano, (2) que Cristo no tiene un reino en esta era, y (3) ¡que no se requiere ni se espera que el cristiano persevere! Pero, para Juan y sus lectores, la vida sí involucraba estas cosas. Por supuesto, la tribulación no es la historia entera de la vida cristiana; ni sufre la Iglesia idénticamente en todos los tiempos o lugares. Al apoderarse el evangelio del mundo, al asumir los cristianos el dominio, la tribulación disminuye. Pero es un  absoluto disparate (y una maldad absoluta ) que los cristianos supongan que de alguna manera son inmunes a todo sufrimiento. Jesús había advertido a sus discípulos que la tribulación, el sufrimiento, y la persecución vendrían (Juan 15:18-20; 16:33; 17:14-15).

 

Sin embargo, más particularmente, Juan está pensando en un período especial de dificultades; no sólo tribulación en general, sino la Tribulación, el tema de muchos escritos apostólicos al avanzar hasta llegar a su clímax el tiempo de los últimos días (1 Tesa. 1:6; 3:4; 2 Tesa. 1:4-10; 1 Tim. 4:1-3; 2 Tim. 3:1-12). Durante este período de trastornos políticos y sociales, la apostasía y la persecución estallaron con furia, como Jesús lo había predicho (Mat. 24:4-13). Los cristianos sufrieron mucho; y sin embargo, tenían el conocimiento cierto de que la Tribulación no era sino el preludio del firme establecimiento del reino de Cristo sobre la tierra. Pablo y Bernabé habían alentado a otros cristianos de Asia a permanecer en la fe, recordándoles que "es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios" (Hech. 14:22). Lo que daba sentido a su sufrimiento era que era en Cristo Jesús, en unión con el sufrimiento de Él; como escribió Pablo: "Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia" (Col. 1:24).

 

Así, pues, la visión mundial de Juan no involucra sólo tribulación. Él también está en el reino ... en Cristo Jesús. Como vimos más arriba (v. 5-6), la doctrina del Nuevo Testamento, basada en pasajes del Antiguo Testamento como Daniel 2:31-45 y 7:13-14, es la de que el Reino ha llegado en la Primera Venida de Jesucristo. Desdc su ascensión al trono, él ha estado reinando "sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies" (Efe. 1:21-22; comp. Mar. 1:14-15; Mat. 16:28; 28:18; Hech. 2:29-36; Col. 1:13). Si todas las cosas están ahora sometidas bajo sus pies, ¿qué más podría añadirse a su señorío? Por supuesto, los "principados y autoridades" deben todavía ser abatidos; de eso trata gran parte de la profecía de Juan. Pero, en principio, y definitivamente, el Reino ha llegado. Esto significa que no tenemos que esperar ningún futuro suceso redentor o escatológico antes de que podamos efectivamente asumir el señorío sobre la tierra. El señorío del pueblo de Dios por todo el mundo será simplemente el resultado de un progresivo desarrollo de lo que Cristo mismo ya ha logrado. Juan quería que sus lectores comprendieran que estaban tanto en la Gran Tribulación como en el Reino - que, de hecho, estaban en la Tribulación precisamente porque el Reino había llegado (Dan. 7:13-14). Estaban en una guerra, combatiendo por la victoria del Reino (Dan. 7: 21-22), y por eso necesitaban el tercer elemento de la visión mundial de Juan: perseverancia en Cristo Jesús. Perseverancia es una importante palabra en el mensaje de Apocalipsis, y Juan la usa siete veces (1:9; 2:2,3,19; 3:10; 13:10; 14:12).

 

Aquí también hay un contraste radical con mucho del moderno dispensacionalismo. Debido a que la versión diluída del cristianismo de moda en la Norteamérica contemporánea en la actualidad rechaza los conceptos del reinado y señorío de Cristo, 21 también rechaza la enseñanza bíblica de la perseverancia - ¡y el resultado predecible es que coomparativamente pocos conversos del evangeliquismo moderno pueden permanecer siquiera en esa fe que exige tan poco! 22  La popular doctrina de la "seguridad eterna" es sólo y a lo sumo una verdad a medias: le da a la gente una base no bíblica para la seguridad (por ejemplo, el hecho de que caminaron por el pasillo durante una reunión de reavivamiento, etc.), más bien que la clase de seguridad proporcionada en las Escrituras - la seguridad relacionada con la perseverancia (comp. 1 Juan 2:3-4). La Biblia enseña, no simplemente que somos preservados, sino también que perseveramos hasta el fin (véase Juan 10:28-29; Rom. 8:35-39; 2 Cor. 13:5; Fil. 1:6; 2:12-13; Col. 1:21-23; 2 Ped. 1:10).

 

Juan les dice a los sufrientes pero reinantes y perseverantes cristianos de Asia que él es su hermano y compañero en todas estas cosas, inclusive ahora en exilio en la isla de Patmos. Este exilio era un castigo por su actividad apostólica, pero el lenguaje en que él lo expresa es interesante: A causa de la Palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Juan no dice que está preso en una roca en el mar a causa de su propio testimonio sobre Cristo, sino a causa de la Palabra de Dios y el testimonio de Jesús. Juan sufre porque Dios ha hablado, porque Jesús ha testificado. Cristo el testigo fiel ha dado testimonio contra los pretendidos dioses de esta era, y ellos se han vengado encarcelando al apóstol. Es por esto por lo que la Tribulación y el Reino y la perseverancia de la que todos estos creyentes participan son en Cristo Jesús: Su testimonio ha decidido el curso de la historia.

 

10 Cuando Juan dice que él estaba en el Espíritu en el día del Señor, no quiere decir que se sentía bien. La expresión no tiene nada que ver con su actitud personal, subjetiva, o su estado de ánimo, sino que se refiere a una experiencia definida. Este es lenguaje profético técnico (Mat. 22:43; comp. Núm. 11:25; 2 Sam. 23:2, Eze. 2:2; 3:24; 2 Ped. 1:21), y se refiere al hecho de que el autor es un apóstol inspirado, que recibe revelación, al ser admitido a la cámara del concilio celestial. 23

 

Juan nos dice que vio esta visión en el día del Señor. El origen de este importante término se remonta al primer sábado, cuando Dios reposó de la creación (Gén. 2:2-3). El término reposo en la Escritura a menudo se refiere a Dios sentado en su trono como Juez, recibiendo la adoración de sus criaturas (1 Crón. 28:2; Sal. 132:7-8, 13-14; Isa. 11:10; 66:1). Este sábado original era el prototipo del "día del Señor" en la Escritura, el día del juicio. El sábado semanal en Israel era una reproducción (y una pre-representación) del primer y final Día del Señor, 24 en el cual el pueblo se reunía para juicio, ejecución, la declaración oficial del perdón, y la proclamación de la palabra del Rey. También para nosotros, este es el significado del día del Señor, cuando venimos delante del trono de Dios para ser perdonados y restaurados, escuchar su palabra, y estar en comunión con Él (en un sentido general - y no exactamente en el sentido especial en que Juan la usa aquí - todos los cristianos están "en el Espíritu" en el día del Señor: En adoración, todos somos arrebatados hasta el salón del trono de Dios). 25 El día del Señor es el día del Señor en acción.

 

Una de las más básicas imágenes bíblicas del juicio es la nube de gloria, y esta teofanía se asocia generalmente con otras tres imágenes: el Espíritu, el Día (o luz, puesto que la luz del día fue originalmente "clonada" de la luz de la nube 26 ), y la voz (que a menudo se oye como una trompeta; comp. Éx. 19:16-19). De hecho, las tres se mencionan en el mismo comienzo en el Edén, cuando Adán y Eva "oyeron la voz del Señor Dios que se paseaba por el jardín como el Espíritu del Día", como dice el texto literalmente (Gén. 3:8). 27  Lo que Adán y Eva oyeron en aquel terrible día de juicio no fue una suave y fresca brisa que flotaba por entre las hojas de los eucaliptos - oyeron los explosivos truenos del Dios del cielo y de la tierra restallando a través del jardín. Era espantoso, y por eso trataron de esconderse. Repitiendo este esquema, Juan nos dice: "Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta". Juan iba a ser arrebatado dentro de la nube de gloria para recibir revelación, y se esperaba que sus lectores entendieran estas imágenes.

 

11-15 La voz de Dios instruye a Juan para que escriba en un libro la Revelación y la envíe a las siete iglesias de Asia. Se vuelve para ver la voz - y ve al Señor Jesucristo. Este detalle establece un patrón que se repite a través del libro - Juan primero oye, luego ve. Al final de la profecía (22:8) nos dice: "Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto ..." Este patrón no siempre se sigue en el libro, pero ocurre con la suficiente frecuencia para que nos fijemos en que Juan lo usa - porque es a veces importante para entender cómo interpretar los símbolos (comp. 5:5-6). La revelación verbal es necesaria para entender la revelación visual.

 

De repente, Juan se encuentra en el Lugar Santo, porque ve siete candeleros de oro; y en medio de los siete candeleros uno como el Hijo del Hombre. Aquí las imágenes son claramente tomadas del Tabernáculo, pero con una significativa diferencia: En el Lugar Santo terrenal, había un candelero con siete lámparas; aquí, Juan ve siete candeleros, conectados el uno al otro en la Persona que está en pie en medio de ellos. El simbolismo de que se trata aquí será discutido bajo el versículo 20; lo importante que hay que notar ahora es simplemente el cuadro sugerido por estas imágenes: Jesucristo es el Candelero, que une las siete lámparas - cada una de las cuales resulta en sí misma un candelero; Cristo está rodeado de luz. Como dijo Germano, arzobispo de Constantinopla en el siglo octavo, al comienzo de su obra sobre liturgia: "La iglesia es un cielo terrenal en el cual habita y se mueve el Dios supercelestial". 28

 

La descripción de Cristo en los versículos 13-16 involucra una combinación de imágenes del Antiguo Testamento: La nube de gloria, el ángel del Señor, el Anciano de Días, y el Hijo del Hombre. Nuestra comprensión puede aumentar si leemos esta descripción junto con los siguientes pasajes de Daniel:

 

Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos. (Dan. 7:9-10)

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones  y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido (Dan. 7:13-14)

 

Y alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ofaz.Su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud. Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo, sino que se apoderó de ellos un gran temor, y huyeron y se escondieron. Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno. Pero oí el sonido de sus palabras; y al oír el sonido de sus palabras, caí sobre mi rostro en un profundo sueño, con mi rostro en tierra. Y he quí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a tí he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando. (Dan. 10:5-11) 29

Estos y otros pasajes se combinan para formar el cuadro de Cristo en la visión introductoria de Juan. La ropa que llegaba hasta los pies y el cinto de oro que ceñía el pecho 30  (comp. Éx. 28:4; 29:5; 39:27-29; Lev. 16:4) son recordatorios del vestido oficial del Sumo Sacerdote, cuya ropa era una representación del Espíritu-Gloria, un símbolo de la imagen radiante de Dios. "Contribuía a la impresión de radiante el material de lino color de fuego prescrito para el efod, con su cinto y su pectoral, y para el borde de la túnica del efod - una mezcla centelleante de brillantes rojos y azules con el destello metálico de las hebras de oro. Resaltaban el efecto llameante los anillos y las cadenas trenzadas de oro, la radiante corona de oro de la mitra, y el resplandor de las piedras preciosas engastadas en oro sobre los tirantes en las hombreras del efod y el pectoral. Difícilmente podría algún artista hacer más con una paleta terrenal en un medio frío para producir el efecto de luz llameante". 31

Luz llameante
: Esta es exactamente la impresión que da la visión de Cristo aquí. La blancura de la cabeza y el pelo (como los del Anciano de días en Daniel 7),
32  el fuego llameante de sus ojos (como el trono de Daniel 7 y los ojos del Hijo del Hombre en Daniel 10), y sus pies como bronce bruñido (el término para bronce puede referirse a una aleación de oro y plata; comp. Mal. 3:2-3) - todo esto se combina para puntualizar la apariencia de Cristo de un brillante resplandor de gloria: Y su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza (v. 16). Compárese a este Jesús con la notable descripción que hace Ben Sirach de la gloria del Sumo Sacerdote:

 

Cuán espléndido se veía con el pueblo reunido alrededor de él, cuando salía del altar encortinado, como la estrella de la mañana entre las nubes, como la luna en su plenitud, como el sol brillando sobre el Templo del Altísimo, como el arco iris destellando contras las brillantes nubes, como las rosas en días de primavera, como los lirios al lado de una corriente de agua, como una ramita de incienso en verano, como el fuego y el incienso en el incensario, como un vaso de oro batido incrustado de toda suerte de piedras preciosas, como un olivo cargado de fruta, como un ciprés que se levanta hacia las nubes; cuando se ponía sus espléndidas vestiduras, y se vestía en gloriosa perfección, cuando subía al santo altar, y llenaba los recintos del santuario con su grandeza; cuando recibía las porciones de las manos de los sacerdotes, estando él mismo de pie al lado del fuego del altar, rodeado por una muchedumbre de sus hermanos, como un joven cedro del Líbano rodeado por troncos de palmeras. (Eclesiástico 50:5-12, Biblia de Jerusalén).
Completando este glorioso cuadro de Cristo está la afirmación de que su voz era como el sonido de muchas aguas. Juan identifica la voz de Cristo con el sonido de la nube - un sonido que, a través de la Escriitura, se parece a numerosos fenómenos terrestres: el viento, el trueno, las trompetas, los ejércitos, los carruajes, y las cataratas; 33  o quizás debemos decir que todos estos fenómenos terrestres fueron creados para que se parecieran a varias facetas de la nube.34  La conclusión debería ser obvia: El Jesús resucitado y transfigurado es la Gloria de Dios encarnada.

16 En su mano derecha tenía siete estrellas; Juan continúa interpretando esto más plenamente en el versículo 20, pero debemos considerar primero la impresión inmediata que esta visión produciría en Juan y sus lectores. Las siete estrellas conponen el enjambre abierto de estrellas conocido como las Pléyades, consideradas poéticamente en el mundo antiguo como enlazadas en una cadena, como un collar. Las Pléyades, formando parte de la constelación Tauro, se mencionan en Job 9:5-9; 38:31-33; y Amós 5:8. Así, pues, el sol está con Tauro en primavera (Pascua), y las Pléyades son un símbolo adecuado en relación con la venida de Cristo: Él sostiene las estrellas que anuncian el renacimiento y el florecimiento del mundo. Las otras referencias bíblicas dejan claro que el que sostiene las siete estrellas es el todopoderoso Creador y Sustentador del universo.

 

Pero hay otra dimensión en estas imágenes. El uso simbólico de las siete estrellas era bastante bien conocido en el siglo primero, porque las siete estrellas aparecían con regularidad en las monedas del emperador como símbolos de su suprema soberanía política. Por lo menos algunos lectores de Apocalipsis deben haberse quedado boquiabiertos de asombro por la audacia de Juan al declarar que las siete estrellas estaban en la mano de Cristo. Los emperadores romanos se habían apropiado un símbolo de dominio que la Biblia reserva solamente para Dios - y, dice Juan, Jesucristo ha venido a recuperarlo. Las siete estrellas, y con ellas todas las cosas en la creación, le pertenecen a Él. El dominio reside en la mano derecha del Señor Jesucristo.

 

Naturalmente, habrá oposición contra todo esto. Pero Juan deja claro que Cristo está a la ofensiva, y que viene a presentar batalla en la causa de sus derechos a la corona: de su boca salía una espada de dos filos, su Palabra, que obra para salvar y para destruir. La imagen aquí es tomada de la profecía de Isaías: "Herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío" (Isa. 11:4). Se usa nuevamente en Apocalipsis para mostrar la actitud de Cristo hacia los herejes: "Pelearé contra ellos con la espada de mi boca" (2:16); y otra vez para mostrar la Palabra de Dios conquistando a las naciones (19:11-16). No sólo está Cristo en conflicto con las naciones, sino que declara que saldrá completamente victorioso sobre ellas, sometiéndolas por su sola Palabra, la espada aguda de dos filos que sale de su boca (Heb. 4:12).

 

La comisión de Juan (1:17-20)
17 Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último;
18 y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.
19 Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.
20 El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los siete ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.
17-18 Cuando vio al ángel del Señor, Daniel dice: "Caí sobre mi rostro en un profundo sueño. Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos... Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando" (Dan. 10:9-11). La reacción de Juan a la visión del Señor glorificado es muy parecida; sin embargo, Cristo le dice que no tema. Aunque el temor es una primera reacción correcta, debe ser reemplazada. En última instancia, la impresionante majestad de Dios no es razón para que el cristiano sienta terror; más bien, es la base de nuestra confianza y nuestra estabilidad. La presencia de Cristo es, muy apropiadamente, ocasión para que los incrédulos desmayen y se oculten, de puro susto (comp. 6:15-17); pero nuestro Señor viene a Juan (como a nosotros) en amor, y le pone de pie. La presencia y la actividad de Dios en la Nube era para los egipcios un portento terrorífico de su destrucción; pero, para el pueblo del pacto, Él era el Consolador y el Salvador. El mismo contraste se establece en Habacuc 3:10-13:
Te vieron y tuvieron temor los montes; pasó la inundación de las aguas; el abismo dio su voz, a lo alto alzó sus manos. El sol y la luna se pararon en su lugar; a la luz de tus saetas anduvieron, y al resplandor de tu fulgente lanza. Con ira hollaste la tierra, con furor trillaste las naciones. Saliste para socorrer a tu pueblo, para socorrer a tu ungido. Traspasaste la cabeza de la casa del impío, descubriendo el cimiento hasta la roca.
Jesús es Dios, el Primero y el Último, como el Señor dice de sí mismo en Isa. 44:6: "Yo soy el primero y el último, y fuera de mí no hay Dios" (comp. Isa. 48:12). Aplicándose otro título de Dios del Antiguo Testamento, Jesús declara que Él es el que vive (comp. Deut. 5:26; Josué 3:10; Sal. 42:2; Jer. 10:10): Él es autoexistente, independiente, El que lo Controla Todo - y Él, "habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él" (Rom. 6:9). Juan puede ser resucitado en el versículo 17 por causa de la verdad del versículo 18, de que Cristo vive para siempre jamás. Como Señor resucitado, Cristo tiene las llaves de la Muerte y del Hades.35  El imperio reclamaba tener toda autoridad, y poseer poder sobre la vida y la muerte, y sobre la tumba; en su lugar, Jesús declara que Él - no el estado, ni el emperador, ni Satan&aaacute;s, ni el dirigente de la sinagoga - tiene dominio sobre toda realidad. Él es el Señor de la vida y la muerte, de toda la historia, y de la eternidad; y es en términos de este completo dominio que Él comisiona a Juan para que escriba este libro que tan clara e inequívocamente establece la verdad de su gobierno eterno y abarcante.

19 La comisión de Juan fue interrumpida por el hecho de haber caído como muerto; ahora que ha sido "resucitado", nuevamente se le ordena: Por lo tanto,
36 escribe las cosas que has visto, y la que son, y las que han de tener lugar después de estas cosas. Algunos intérpretes interpretan esto como un triple bosquejo del libro entero: Juan escribe sobre lo que ha visto (la visión de Cristo), luego sobre el presente (las iglesias, en los capítulos 2-3), y finalmente sobre el futuro (capítulos 4-22). Sin embargo, esta división es bastante arbitraria; Apocalipsis (como todas las otras profecías bíblicas) entrelaza juntos el pasado, el presente, y el futuro a través de todo el libro.

 

Un significado más probable de esta afirmación es la de que Juan ha de escribir lo que ha visto - la visión de Cristo entre los candeeleros sosteniendo las estrellas - y lo que ellas son, es decir, lo que siignifican o a lo que corresponden. La palabra son (en griego eisin) se usa más a menudo en Apocalipsis en este sentido (1:20; 4:5; 5:6, 8; 7:13-14; 11:4; 14:4; 16:14; 17:9, 10, 12, 15). Así pues, el versículo 20 continúa haciendo exactamente eso, explicando el simbolismo de "las cosas que has visto" (las estrellas y los candeleros). Luego, a Juan se le encomienda escribir las cosas que han de suceder pronto, o, (como nos ha dicho en el versículo 1) "las cosas que deben suceder pronto". Parece que la frase tiene el propósito de proporcionar un paralelo para la descripción del que "era y que es y que ha de venir": Así, "El proceso de la historia temporal refleja la eterna naturaleza de Dios".37

 

En este punto, podríamos hacer una pausa para considerar un error que es común entre los que adoptan una interpretación preterista de Apocalipsis. Los dos hechos del estilo simbólico de Juan y su contenido claramente anti-estatista han llevado a algunos a creer que el mensaje políticamente sensitivo determinó el uso del simbolismo - que Juan escribió el Apocalipsis en un código secreto para ocultar su mensaje de los burócratas imperiales. Este es el punto de vista de James Kallas (que, dicho sea de paso, también sostiene que Juan escribió en tiempos del emperador Domiciano, más bien que en los de Nerón):

 

Juan escribe en lenguaje deliberadamente disfrazado. Recurre a imágenes que los romanos no entenderán. No puede escribir de manera literal y obvia. No puede decir en términos claros y no ambiguos lo que está más cerca de su corazón. ¿Qué sucedería si escribiera lo que creía, que Domiciano era un hijo blasfemo del mismo diablo? ¿Qué sucedería si afirmara que la demanda del imperio romano de que los hombres se inclinaran y adoraran a César era una estratagema diabólica de Satanás mismo calculada para alejar a los hombres de Jesús? La carta jamás sería entregada. Nunca pasaría más allá de los censores. Así, pues, tenía que disfrazar y esconder el verdadero significado. Tenía que recurrir al simbolismo no literal, a referencias oscuras y aparentemente sin significado que sus censores romanos verían meramente como las seniles meditaciones de un anciano loco.38
Puede que haya algo de verdad en esto, como un giro tangencial sobre el uso del número 666 en 13:18 en referencia a Nerón (no Domiciano) - un "código" que los romanos serían incapaces de descifrar correctamente. Pero, aún sin esa referencia, el Libro de Apocalipsis es claramente un documento traidor, y cualquier burócrata del estado habría podido interpretarlo así. Considérese lo que ya hemos visto en la descripción de Jesucristo que hace Juan: La mera afirmación de que Él es el soberano de los reyes de la tierra es un ataque contra la autonomía del emperador. El mismo primer capítulo de Apocalipsis es procesable, y el simbolismo no oscurece ese hecho en lo más mínimo. La razón del uso del simbolismo es que Apocalipsis es una profecía, y el simbolismo es lenguaje profético. Debemos recordar también que el gobierno romano sabía muy bien quién era Juan. No era "un anciano loco" que había sido exilado allí por sus "meditaciones seniles". Era un apóstol del Señor Jesucristo, bajo prohibición imperial a causa de la Palabra de Dios y el testimonio de Jesús. (1:9).

20 Jesús le explica a Juan el misterio de las siete estrellas y de los siete candeleros de oro. Aquí también es importante subrayar que estos no son nombres en código. El simbolismo bíblico no funciona así. En vez de eso, el simbolismo bíblico pone las cosas en relación las unas con las otras; construye asociaciones en nuestras mentes, y nos pide que veamos los objetos desde esta perspectiva. Estas afirmaciones sobre las estrellas y los candeleros no son "definiciones", sino que expresan diferentes modos de ver los ángeles y las iglesias. Los comentarios de Michael Wilcock nos ayudan a entender este uso del simbolismo: "Un estudio muy superficial del uso de la palabra 'misterio' en el Nuevo Testamento muestra que allí no conlleva el moderno sentido corriente de 'rompecabezas'. Es realmente algo oculto, pero no de tal manera que se pueda seguir una serie de pistas y a su tiempo averiguarlo; más bien, es una verdad que o se sabe o no se sabe, dependiendo de si se ha revelado o no".
39  Así, pues, cuando Cristo identifica estas cosas las unas con las otras, no está diciendo "que una es un símbolo mientras la otra es lo que el símbolo 'realmente' significa. Está diciendo que hay dos cosas que se corresponden entre sí, siendo igualmente reales desde diferentes puntos de vista".40 En otras palabras, "tenemos, no una explicación de un término simbólico por medio de uno verdadero, sino una afirmación de que estos términos, que son igualmente reales, son simplemente intercambiables... Juan no está dando explicaciones, sino equivalencias. No intenta decirnos que 'candeleros', un término que no entendemos, significa 'iglesia', un término que sí entendemos. Más bien, Juan quiere decirnos cosas sobre los candeleros, y la esposa y la ciudad y la iglesia, los veinticuatro ancianos y los 144.000 y la grande muchedumbre; su significado ya deberíamos saberlo por el resto de la Escritura, y él sólo nos recuerda de pasada que todas estas cosas se corresponden entre sí y son descripciones diferentes de la misma cosa".41

 

Así, pues, las siete estrellas "corresponden" a los ángeles de las siete iglesias.42  En la Biblia, los ángeles y las estrellas están asociados a menudo entre sí (comp. Jue. 5:20; Job 38:7; Isa. 14:13; Judas 13; Apoc. 8:10-12; 9:1; 12:4), y aquí los "ángeles" de las iglesias están asociados con la constelación de las Pléyades (véanse los comentarios sobre el versículo 16). Además - y ésta es una de esas cosas que, coomo apunta Wilcock más arriba, "ya deberíamos saber por el resto de la Escritura" - tanto ángeles como estrellas están asociados con el gobierno y el dominio (comp. Gën. 37:9; Jue. 5:20; Dan. 8:9-11; 10:13, 20-21). Ahora, cuando el Señor habla a las siete iglesias en los Capítulos 2-3, se dirige al ángel de cada iglesia; claramente, Cristo hace responsables a los ángeles de las iglesias de la vida y la conducta de sus respectivas iglesias. Entonces, en las últimas porciones de la profecía, vemos a siete ángeles derramando juicios sobre la tierra rebelde (comp. Apoc. 8-9, 16). Todas éstas son correspondencias: Las siete estrellas, la constelación de la resurrección y el dominio, son los ángeles, que corresponden al gobierno de la iglesia.

 

Un aspecto adicional de las imágenes de ángeles en la Biblia y que apoya esta interpretación concierne a la relación entre los ángeles y los profetas. El distintivo principal del profeta bíblico era que había estado en la presencia de Dios y los ángeles durante las sesiones del Concilio celestial (comp. Isa. 6:1-8; Eze. 1-3, 10), convirtiéndose, por lo tanto, en su vocero autorizado para el pueblo de Dios (comp. Jer. 15:19). La diferencia esencial entre el verdadero profeta y el falso profeta era que el verdadero profeta había sido arrebatado por el Espíritu hasta dentro de la Nube para participar en esta asamblea:

 

Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová. Dicen atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz tendréis; y a cualquiera que anda tras las obstinación de su corazón dicen: No vendrá mal sobre vosotros. Porque, ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra, y la oyó? ... No envié yo a aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban. Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oir mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras. (Jer. 23:16-22)
Los profetas no sólo observaban las deliberaciones del Concilio celestial (comp. 1 Reyes 22:19-22); de hecho participaban en él. En realidad, el Señor no hacía nada sin consultar a sus profetas Amós 3:7). Es por esto que la actividad característica del profeta bíblico es la intercesión y la mediación (comp. Gén. 18:16-33; 20:7 , la primera ocurrencia de la palabra profeta en las Escrituras). Como miembros del Concilio, los profetas tienen libertad de hablar con Dios, y pueden argumentar con Él, a menudo persuadiéndole a cambiar de parecer (comp. Éx. 32:7-14; Amós 7:1-6). Ellos son sus amigos, y por eso habla abiertamente con ellos (Gén. 18:17; Éx. 33:11; 2 Crón. 20:7; Isa. 41:8; Juan 15:15). Como imágenes del hombre plenamente redimido, los profetas participaban de la gloria de Dios, ejerciendo dominio sobre las naciones (comp. Jer. 1:10; 28:8), habiendo sido transfigurados éticamente (comp. Isa. 6:5-8) y físicamente (comp. Éx. 34:29). Así pues, eran semejantes a los ángeles del cielo, y de esta manera no es sorprendente que el término ángel (Heb. mal'âk, griego angelos) se use para describir al profeta bíblico (comp. 2 Crón. 36:15-6; Hag. 1:13; Mal. 3:1; Mat. 11:10; 24:31; Luc. 7:24; 9:52). De hecho, el arquetipo profeta en las Escrituras es el Ángel del Señor.43

Hay, por lo tanto, abundante evidencia precedente de que a los gobernantes proféticos de las iglesias se los describía como los ángeles de las iglesias. Es probable que cada ángel representara a un solo pastor u obispo; pero Juan podría estarse refiriendo a las estrellas/ángeles simplemente como personificaciones del gobierno de cada iglesia como un todo. Y el Señor del cielo y de la tierra les sostiene en su mano derecha. (Esta es la misma mano que Cristo usó para resucitar a Juan en el vers. 17; así que Juan es un "ángel"). En un sentido más general, lo que es cierto de los ángeles lo es de la Iglesia como un todo: Pablo instó a los filipenses a probarse a sí mismos como "irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo" (Fil. 2:15).

 

Los siete candeleros son (corresponden a) las siete iglesias; y las siete iglesias son, como ya hemos notado, tanto las iglesias particulares referidas como la totalidad de la Iglesia en todas las épocas. En términos del simbolismo del número siete como se relaciona con la Iglesia, es interesante el comentario de Victorio (un obispo que fue martirizado en el año 304 d. C.) concerniente al apóstol Pablo: "En el mundo entero, Pablo enseñaba que toda las iglesias estaban dispuestas en series de siete, que se las llama siete, y que la Iglesia Católica es una. Y en realidad, primero que todo, para que él mismo pudiera también conservar el tipo de siete iglesias, no excedió ese número. Pero escribió a los romanos, a los corintios, a los gálatas, a los efesios, a los tesalonicenses, a los filipenses, a los colosenses; después escribió a personas individuales, para no exceder el número de siete iglesias".44

 

El único candelero (un árbol estilizado) del antiguo tabernáculo es ahora Cristo (el árbol de la vida) con sus siete candeleros. Antes, en el Antiguo Testamento, la Iglesia tenía un carácter centralizado, nacional; y la unidad de las congregaciones particulares de Israel estaba enfocada geográficamente, en Jerusalén. Pero ya no es así. La Iglesia, el Nuevo Israel, ha sido descentralizada geográfica y nacionalmente - o, mejor, multicentralizada: La Iglesia es todavía un siete - todavía una unidad - pero lo que la mantiene junta no es un trozo de bien raíz especial o santo; la unidad de la Iglesia está centrada en Jesucristo. La Iglesia ya no está atada a un lugar, porque ha sido enviada a todo el mundo para tomar el dominio en el nombre del Rey univcrsal.45  Ya no hay un espacio en la tierra que sea santo; más bien, el mundo entero se ha convertido en "espacio santo", porque Jesucristo lo ha redimido. Y al recapturar el mundo, Él ha recreado la Iglesia a su imagen. Porque, de la misma manera en que Cristo es visto aquí como un destello de luz gloriosa, así también la Iglesia que él lleva y sostiene se caracteriza por la luz (comp. la descripción de la Iglesia en 21:9-22:5). La iglesias portadoras de luz, cuyos mismos gobiernos alumbran con brillo como de estrellas, brillan sobre el mundo con la luz de Jesucristo, con el resultado de que los hombres verán sus buenas obras y glorificarán a su Padre que está en los cielos.
 


Notas:

1. Véase de David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth, TX: Dominion Press, 1985), pp. 112, 115-122. Ya he explicado esto con mucho mayor detalle en una serie de artículos sobre los Últimos Días, publicados en The Geneva Review, P. O. Box 131300, Tyler, TX 75713.

2. Arthur Pink, The Sovereignty of God (London: The Banner of Truth Trust, [1928] 1968), pp. 43s.

3. G. R. Beasley-Murray, The Book of Revelation (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., [1974] 1981), p. 51.

4. The Scofield Reference Bible (Oxford University Press, 1909), nota sobre Apocalipsis 1:20; esta idea se ha popularizado en las notas de "Biblias de estudio" como la Thompson Chain-Reference Bible: New International Version (Indianapolis: B. B. Kirkbride Bible Co.; Grand Rapids: The Zondervan Corporation, 1983), "Outline Studies of the Bible", No. 4308 ("The Seven Churches of Asia"), p. 1602.

5. Ibid.

6. Comp. Loraine Boettner, The Millenium (Philadelphia: The Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1957), pp. 38-47, 63-66; Benjamin B. Warfield, "Are There Few That Be Saved?" en Biblical and Theological Studies (Phladelphia: The Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1968), pp. 334-350. Warfield cita a William Temple: "Con toda probabilidad, la tierra será habitable por miríadas de años todavía. Si el cristianismo es la religión final, la iglesia está todavía en su infancia. Dos mil años son como dos días. La apelación a la 'iglesia primitiva' es engañosa; nosotros somos la 'iglesia primitiva'"; y James Adderly: "Pero debemos recordar que el cristianismo es una religión muy joven, y que nosotros sólo estamos en el comienzo de de la historia cristiana en este momento" (pp. 347s).

 

7. Sucede, sin embargo, que hay un sentido en el cual Juan se proponía que sus descripciones de estas siete iglesias estuvieran legítimamente relacionadas con las siete "épocas" de la Iglesia; véase la introducción a la Parte II, más abajo.

8. El pie de página de Wilcock: "Compárese 1:4 con 4:5, 5:6, y Zac. 4:1-5, 10b: lámparas = ojos = espíritus. El simbolismo de las lámparas en 1:12, 20 no es tan diferente; aquí es el espíritu, allí la morada terrenal del Espíritu (1 Cor. 3:16), que está siendo presentado".

9. Michael Wilcock, I Saw Heaven Opened: The Message of Revelation (Downers Grove, Il.: InteVarsity Press, 1975), p. 34.

10. Una de las obras más útiles sobre el significado de los credos, incluyendo sus implicaciones sociológicas, es The Foundations of Social Order: Studies in the Creeds and Councils of the Early Church, de Rousas John Rushdoony, (Tyler, TX: Thobum Press, 1968 1978; véase también de Gerald Bray, Creeds, Councils, and Christ (Downers Grove, Il., InterVarsity Press, 1984).

11. Cornelius Van Til, Apologetics (class syllabus, Westminster Theological Seminary, Philadelphia, 1959), p. 8.

12. Contrástese esto con las muy comunes "ilustraciones" de la Trinidad en la Escuela Dominical - como un huevo, el sol, un pastel, o el agua. Estas son por lo general más engañosas que útiles. De hecho, sus implicaciones últimas son heréticas. Acaban por dividir a Dios en tres "partes" - como la cáscara, la clara, y la yema de un huevo - o muestran a Dios como una sustancia que toma tres formas diferentes, como el agua (sólida, líquida, y gaseosa).

 

13. Sobre el impacto radical de la doctrina de la Trinidad en todas las áreas de la vida, véase, de E. J. Rushdoony, Foundations of Social Order y The One and the Many (Ttyler, TX: Thoburn Press, 1978).

14. Philip Barrington, The Meaning of the Revelation (London: SPCK, 1931), p. 74. En efecto, la frase entera es un nombre propio, e indeclinable. El problema gramático surge del intento de Juan para poner en griego los matices teológicos contenidos en el hebreo de Éxodo 3:14: YO SOY EL QUE SOY. Juan no teme masacrar el lenguaje griego para hacer valer un punto, como en Juan 16:13, donde "incorrectamente" usa un pronombre masculino para enfatizar la personalidad del Espíritu Santo (Espíritu en griego es neutro, pero Juan quería subrayar que Él es realmente un Él y no una cosa).

 

15. Hay varias buenas discusiones de los varios significados de Venir en la Escritura. Véase de Oswald T. Allis, Prophecy and the Church (Grand Rapids: Baker Book House, 1945, 1947), pp. 175-191; Loraine Boettner, The Millenium, pp. 252-262; Roderick Campbell, Israel and the New Covenant (Tyler, TX: Geneva Ministries, 1954 1983), pp. 68-80; David Chilton, Paradise Restored, pp. 67-75, 97-105; Geerhardus Vos, The Pauline Eschatology (Grand Rapids: Baker Book House, 1930), pp. 70-93.

 

16. Véase, por ejemplo, 1 Crón. 28:2; Sal. 132:7-8, 13-14; Isa. 11:10. Comp. Meredith G. Kline, Images of the Spirit (Grand Rapids: Baker Book House, 1980), pp. 20s., 39ss, 46, 111sss. Como observó Geerhardus Vos, la importancia del Tabernáculo en el Antiguo Testamento es que "es el palacio del Rey en el cual el pueblo le rinde homenaje" (Biblical Theology: Old and New Testaments [Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1948], p. 168).

17. Alexander Schmemann, Church, World, Mission: Reflections on Orthodoxy in the West (Crestwood, N. Y.: Vladimir´s Seminary Press, 1979), p. 226.

18. Rousas John Rushdoony, The Institutes of Biblical Law (Nutley, N. J.: The Craig Press, 1973), pp. 573s.

19. William Symington, Messiah the Prince: or, The Mediatorial Dominion of Jesus Christ (Philadelphia: The Christian Statesman Publishing Co., [1839] 1884), p. 208.

20. Véase de Chilton, Paradise Restored, pp. 57ss., 97ss.; comp. Kline, Images of the Spirit.

21. Para un ejemplo reciente de esta posición, véase de Norman Geisler, "A Premillenial View of Law and Government", Bibliotheca Sacra (Julio-Septiembre 1985), pp. 250-266. Escribiendo contra el postmilenialismo de R. J. Rushdoony y otros "reconstruccionistas", Geisler dice en realidad: "Los postmilenialistas trabajan para construir unos Estados Unidos cristianos. Los premilenialistas trabajan en favor de unos Estados Unidos verdaderamente libres", p. 260. La elección es clara: ¿Escogeremos el cristianismo? ¿O escogeremos la libertad en su lugar? Geisler debe ser felicitado por haber expresado el asunto con esta precisión; sin embargo, hablando técnicamente, él no es el primero que presentó el dilema de este modo. Permanece en la antigua tradición (Gén. 3:1-5).

 

22. Véase de Walter Chantry, Today´s Gospel: Authentic or Synthetic? (Edinburgh: The Banner of Truth Trust, 1970), y Arend J. ten Pas, The Lordship of Christ (Vallecito, CA: Ross House Books, 1978).

23. Véase la discusión de profeta en Images of Spirit, de Meredith G. Kline, pp. 57-96; esp. pp. 93s.

24. Véase de Chilton, Paradise Restored, pp. 133ss.

25. Véase de Kline, Images of the Spirit, pp. 97-131.

26. Ibid., pp. 106ss.

27. Para una exégesis completa de este texto, véase íbid., 97-331; comp. Chilton, Paradise Restored, pp. 58, 134ss.

28. St. Germanus of Constantinople, On the Divine Liturgy, Paul Meyendorff, trad. (Crestwood, NY: St. Vladimir´s Seminary Press, 1984), p. 57.

29. Comp. la discusión de este texto en relación con Apoc. 12:7-9 más abajo.

30. Según Josefo, el sacerdote llevaba el cinto alrededor del pecho cuando descansaba y no "hacía ningún servicio laborioso" (Antiquities of the Jews, iii.vii.2).

31. Kline, Images of the Spirit, p. 43.

32. Nótese que el cabello blanco es glorioso, en contraste con la cultura de "perpetua juventud" de nuestro tiempo.

33. Véase de Chilton, Paradise Restored, p. 58; comp. Éx. 19:16, 19; Eze. 1:24.

34. Véase de Herman Bavinck, The Doctrine of God (London: The Banner of Truth Trust, [1951] 1977, pp. 88ss.

35. Originalmente, Adán tenía la llave de la Muerte y el Hades, porque era el Sacerdote de Edén, con la responsabilidad scerdotal de guardar las puertas del Paraíso (Gén. 2:15; véase de Meredith G. Kline, Kingdom Prologue (programa de estudios publicado privadamente, 1981), Vol. I, pp. 127ss. Cuando Adán renunció a esta responsabilidad, él mismo se convirtió en muerte, lejos del Árbol de la Vida, y los querubines tomaron su lugar como guardianes, sosteniendo la espada llameante (la llave). Por medio de la resurrección, Jesucristo, como Segundo Adán, regresó al Paraíso como Sacerdote, el guardián de las puertas del Edén, para lanzar a la Serpiente a la Muerte y al Hades (comp. Apoc. 20:1-3).

 

36. El por lo tanto muestra la conexión con la comisión original de Juan en el vers. 11.

37. Philip Barrington, The Meaning of the Revelation, p. 95.

38. James Kallas, Revelation: God and Satan in the Apocalypse (Minneapolis: Augsburg Publishing House, 1973), pp. 58s.

39. Wilcock, I Saw Heaven Opened, p. 153.

40. Ibid., p. 154.

41. Ibid., p. 156.

42. Un aspecto interesante del fondo conceptual de todo esto es la referencia en el libro apócrifo de Tobit a "los siete ángeles santos, que presentan las oraciones de los santos, y que entran y salen delante de la gloria del Santo" (12:15; comp. 1 Enoch 20:1-7).

43. El estudio más abarcante del orden profético y su relación con el Concilio angélico se encuentra en Images of the Spirit, de Kline, pp. 57-96. Véase también de George Vandervelde, "The Gift of Prophecy and the Prophetic Church" (Toronto: Institute for Christian Studies, 1984).

44. Victorious, Commentary on the Apocalypse of the Blessed John, en Alexander Roberts y James Donaldson, eds., The Ante-Nicene Fathers (Grand Rapids: Eerdmans, [1886] 1970(, vol. VII, p. 345.

45. Según Éxodo 18 y Deuteronomio 1, el ancianato estaba dispuesto jerárquicamente, con "jefes de millares, jefes de centenas, jefes de cincuenta, y jefes de decenas". Esta era la base bíblica para la organización jerárquica de la iglesia primitiva, correspondiendo el obispo de la ciudad al "jefe de millares" (véase de James B. Jordan, "Biblical Church Government, Part 3: Councillar Hierarchy -Elders and Bishops", Presbyterian Heritage, No. 9 [January 1986], P. O. Box 131300, Tyler, TX 75713). Una oficina central (un "vaticano") puede por lo tanto ser útil para el gobierno de la iglesia, aunque no es necesario (hay una distinción entre lo que puede ser bueno para el bienestar [bene esse] o la plenitud de ser [plene esse] de la iglesia, y lo que es necesario para el bien [esse] de la Iglesia). El mejor estudio histórico disponible sobre el surgimiento del episcopado es, de J. B. Lightfoot, The Christian Ministry, Philip Edgcumbe Hughes, ed. (Wilton, CT Morehouse-Barlow Co., 1983).

Parte Dos

 

PRÓLOGO HISTÓRICO: LAS CARTAS
A LAS SIETE IGLESIAS

(Apocalipsis 2-3)
 

 


Introducción

La segunda parte de la estructura del tratado de pacto (comp. Deut. 1:6-4:49
1es el prólogo, que relata la historia de las relaciones del Gran Rey con el vasallo, recordándole la autoridad de su señor y la fidelidad al pacto, haciendo una lista de los beneficios que se le han proporcionado, enumerando las transgresiones de la ley por parte del vasallo, ordenándole al vasallo que se arrepienta y renueve su obediencia, y prometiéndole futuras recompensas. Un aspecto importante del prólogo es la cesión del pacto2, la orden para tomar posesión de la tierra, conquistándola en nombre del Gran Rey (comp. Deut. 2:24-25, 31; 3:18-22, 4:1, 14, 37-40). 3

 

Los siete mensajes a las iglesias corresponden de varias maneras al prólogo del pacto. La estructura de los mensajes sigue el mismo modelo general: El señorío de Cristo sobre la Iglesia, el registro de fidelidad o desobediencia de la iglesia en particular, las advertencias de castigo, y las promesas de bendiciones en respuesta a la obediencia. Además, en cada caso, a la iglesia se le da una concesión de pacto, una comisión para conquistar, para triunfar, y ejercer dominio bajo el señorío de Cristo (2:7, 11, 17, 26-29; 3:5, 12, 21).

 

Además, cada mensaje, por sí solo, recapitula la totalidad de la estructura del pacto de cinco partes. Considérese el primer mensaje, la iglesia de Éfeso (2:1-7):

  1. Preámbulo: "El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro" (2:1).
  1. Prólogo histórico: "Yo conozco tus obras...." (2:2-4).
  1. Estipulaciones éticas: "Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras" (2:5a).
     
  1. Sanciones: "Pues, si no, vendré pronto a tí, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido" (2:5b).
  1. Disposiciones de la sucesión: "... Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios" (2:6-7).
Recapitulación de la historia del pacto

En el capítulo 1:4, discutimos el punto de vista (¡extrañamente común entre los modernos "literalistas"!) de que las siete iglesias representan simbólicamente "siete épocas de la historia de la Iglesia"; y, aunque esa interpretación es evidentemente errónea por varias razones, hay otro sentido en el cual estas siete iglesias se relacionan con siete períodos de la historia de la Iglesia - la historia de la Iglesia del Antiguo Testamento. Porque las imágenes usadas para describir las siete iglesias de Asia avanzan cronológicamente desde el Jardín de Edén hasta la situación en el siglo primero d. C.:

 

1. Éfeso (2:1-7). El lenguaje del paraíso es evidente a través del pasaje. Cristo se anuncia a sí mismo como el Creador, el que tiene las siete estrellas, y como el que anda en medio de los siete candeleros para evaluarlos, como Dios anduvo en medio del jardín en juicio (Gén. 3:8). El "ángel" de Éfeso es felicitado por guardar adecuadamente a la iglesia de sus enemigos, como a Adán se le había ordenado guardar el jardín y a su esposa de su enemigo (Gén. 2:15). Pero el ángel, como Adán, ha "caído", habiendo dejado su primer amor. Por lo tanto, Cristo amenaza con venir a él en juicio y quitar el candelero de su lugar, como había echado a Adán y a Eva del jardín (comp. Gén. 3:24). Sin embargo, la puerta de Edén está abierta para los que obtienen la victoria sobre el tentador: "Al que venciere, yo le daré a comer del árbol de la vida, que está en medio del paraíso de Dios".

2.
Esmirna (2:8-11). La situación de los patriarcas (Abraham, Isaac, Jacob, y José) y de los hijos de Israel en Egipto parece reflejarse en las palabras de este mensaje. Cristo se describe a sí mismo como el que "estuvo muerto y ha vuelto a la vida", un acto redentor prefigurado en las vidas de Isaac (Gén. 22:1-4; Heb. 11:17-19) y José (Gén. 37:18-36; 39:20-41:45; 45:4-8; 50:20), así como en la liberación de Israel de casa de servidumbre. La condición de los esmirnenses de aparente pobreza y riqueza real es análoga a la experiencia de todos los patriarcas, que "vivieron como extranjeros en la tierra prometida" Heb. 11:9). Falsos "judíos" están persiguiendo a los verdaderos herederos de las promesas, tal como Ismael persiguió a Isaac (Gén. 21:9; comp. Gál. 4:22-31). El peligro de encarcelamiento por la instigación de un calumniador encuentra paralelo en la vida de José (Gén. 39:13-20), como lo encuentra en la bendición de la corona de la vida para los fieles (Gén. 41:40-44); también Aarón, como la imagen gloriosa del hombre plenamente redimido, llevaba una corona de vida (Éx. 28:36-38). La "tribulación de los diez días", seguida por la victoria, refleja la historia de cómo Israel soportó las diez plagas antes de ser liberado.

 

3. Pérgamo (2:12-17). Las imágenes de esta sección son tomadas de la peregrinación de Israel en el desierto, la morada de los demonios (Lev. 16:10; 17:7; Deut. 8:15; Mat. 4:1; 12:43); los cristianos de Pérgamo también tenían que habitar "donde está el trono de Satanás ... donde mora Satanás". Los enemigos de la iglesia son descritos como "Balaam" y como "Balac", el falso profeta y el rey malo que trataron de destruir a los israelitas tentándolos con la idolatría y la fornicación (Núm. 25:1-3; 31:16). Como el ángel del Señor y Finees el sacerdote, Cristo amenaza con hacer guerra con la espada contra los balaamitas (comp. Núm. 22:31; 24:7-8). A los que vencen, les promete compartir con ellos el "maná escondido" del arca del pacto (Heb. 9:4), y una piedrecita blanca con un "nombre nuevo" inscrito en ella, el emblema del pueblo redimido del pacto, que llevaba el sumo sacerdote (Éx. 28:9-12).

 

4. Tiatira (2:18-29). Ahora Juan se vuelve a las imágenes del período de la monarquía israelita y el pacto davídico. Cristo se anuncia a sí mismo como "el Hijo de Dios", el gran David (comp. Sal. 2:7; 89:19-37; Jer. 30:9; Eze. 34:23-24; 37:24-28; Oseas 3:5; Hech. 2:24-36; 13:22-23). Reprende al ángel de Tiatira, cuya tolerancia de su "esposa, Jezabel", está conduciendo al pueblo de Dios a la apostasía (comp. 1 Reyes 16:29-34; 21:25-26). Ella y los que adulteran con ella (comp. 2 Reyes 9:22) son amenazados con la "tribulación", como los tres años y medio de tribulación con que fue visitado Israel en los días de Jezabel (1 Reyes 17:1; Sant. 5:17); ella y su descendencia serán muertos (comp. 2 Reyes 9:22-37). Pero, como a David, al que vence le será dada "autoridad sobre las naciones" (comp. 2 Sam. 7:19; 8:1-14; Sal. 18:37-50; 89:27-29). La promesa concluyente alude al salmo mesiánico de dominio, de David: "Y las regirá con vara de hierro; y serán quebradas como vaso de alfarero, como yo también la he recibido de mi Padre" (comp. Sal. 2:9).

 

5. Sardis (3:1-6). Las imágenes de esta sección proceden del período profético posterior (comp. las referencias al Espíritu y a las "siete estrellas", hablando del testigo profético) que lleva al final de la monarquía, cuando el desobediente pueblo del pacto fue derrotado y llevado al cautiverio. La descripción de la reputación de la iglesia de que está "viva" cuando en realidad está "muerta", las exhortaciones a "despertar" y a "afirmar las cosas que quedan", el reconocimiento de que hay "unas pocas personas" que han permanecido fieles, todo esto recuerda el lenguaje profético acerca del Remanente en tiempo de apostasía (Isa. 1:5-23; 6:9-13; 65:8-16; Jer. 7:1-7; 8:11-12; Eze. 37:1-14), como lo es la advertencia de juicio inminente (Isa. 1:24-31; 2:12-21; 26:20-21; Jer. 4:5-31; 7:12-15; 11:9-13; Miq. 1:2-7; Sof. 1).

 

6. Filadelfia (3:7-13). El regreso del exilio bajo Esdras y Nehemías se refleja en este mensaje, que con sus imágenes habla de la sinagoga y la reconstrucción de Jerusalén y el Templo (comp. las profecías de Hageo, Zacarías, y Malaquías). Los filadelfianos, como los judíos que regresaban, tienen "poca fuerza". La referencia a "la sinagoga de Satanás, los que se dicen judíos, y no lo son" recuerda los conflictos con los "falsos judíos" en Esdras 4 y Nehemías 4, 6, y 13. La advertencia de una venidera "hora de prueba ... que está a punto de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran en la tierra" nos recuerda la tribulación sufrida bajo el régimen de Antíoco Epífanes (comp. Dan. 8 y 11). Pero Cristo promete al que vence que será hecho "columna en el templo" y que compartirá las bendiciones de la "nueva Jerusalén".

 

7. Laodicea (3:14-22). El período de los Últimos Días (30-70 d. C.) proporciona el tema para el séptimo y último mensaje. La iglesia "tibia",  enorgulleciéndose de su riqueza y su autosuficiencia, y, sin embargo, ciega a su verdadera pobreza y desnudez, es una imagen adecuada del judaísmo farisaico del siglo primero (Lucas 18:9-14; comp. Apoc. 18:7). Advertido de que está a punto de ser vomitado de la tierra (la maldición de Lev. 18:24-28; comp. Lucas 21:24), a Israel se le insta a arrepentirse y a aceptar a Cristo, ofrecido en la comida eucarística. A los que vencen se les concede la  bendición característica de la era introducida por el nuevo pacto; el dominio con Cristo (comp. Efe. 1:20-22; 2:6; Apoc. 1:6).

  1. La estructura del Apocalipsis predicha
Finalmente, los mensajes a las siete iglesias también contienen un bosquejo en miniatura de la profecía entera. Como hemos observado, las cuatro secciones del Apocalipsis que siguen al preámbulo (Capítulo 1) están estructuradas en términos de las cuádruples maldiciones del pacto establecido en Levítico 26:18, 21, 24, 28. Estas cuatro series de juicios en Apocalipsis pueden resumirse como sigue:

 
  1. Juicio contra los falsos apóstoles (2-3). Los maestros herejes que propagan falsas doctrinas son expuestos, condenados,  y excomulgados por Juan y los que son fieles a la verdadera tradición apostólica.
     

 

  1. Juicio contra el falso Israel (4-7). El Israel apóstata, que persigue a los santos, es condenado y castigado; el remanente creyente es protegido del juicio, hereda las bendiciones del Pacto, y llena la tierra de frutos.
     
  1. Juicio contra el rey malo y el falso profeta (8-14). La bestia y el falso profeta hacen guerra contra la iglesia, y son derrotados por el verdadero rey y su ejército de testigos fieles.
  1. Juicio ontra la ramera real (15-22). Babilonia, la falsa esposa, es condenada y quemada, y la verdadera esposa celebra la cena de bodas del Cordero.
Este es el mismo patrón general que encontramos en los cuatro primeros mensajes mismos:
  1. Éfeso: Juicio contra el falso profeta (2:1-7). Los conflictos de todas las siete iglesias son evidentes en las luchas de su iglesia contra los nicolaítas, "los que se llaman a sí mismos apóstoles, pero no lo son".
  1. Esmirna: Juicio contra el falso Israel (2:8-11). Los esmirnenses están sufriendo por la oposición de "los que se dicen judíos y no lo son, sino que son la sinagoga de Satanás".
  1. Pérgamo: Juicio contra el rey malo y el falso profeta (2:12-17). Esta iglesia está     experimentando persecución y tentación de las contrapartes del siglo primero de    "Balac", el rey malvado de Moab, y el falso profeta, "Balaam".
  1. Tiatira: Juicio contra la ramera real (2:18-29). El líder de los herejes, que seduce a los siervos de Dios a cometer idolatría y fornicación, es nombrado en recuerdo de Jezabel, la reina adúltera del antiguo Israel.
El ciclo comienza nuevamente, de manera que estos primeros cuatro mensajes son "recapitulados" en los tres últimos, pero con atención a detalles diferentes. Para entender esto, tenemos que comenzar otra vez por el primer mensaje. Las descripciones de Cristo por parte de Juan en el preámbulo a cada mensaje son trazadas a partir de las de la visión del Hijo de Dios en el capítulo 1. Pero su orden es quiástico (esto es, considera cada punto en orden inverso). Así:

La visión del Hijo del Hombre
A. Sus ojos eran como llama de fuego, y sus pies como bronce bruñido (1:14-15).
B. De su boca salía una espada aguda de dos filos (1:6).
C. Yo soy el primero y el último, y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades (1:17-18).
D. El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro (1:20).

Las cartas a las siete iglesias
D. Éfeso El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro (2:1).
C. Esmirna El primero y el postrero, el que estuvo muerto, y vivió (2:8).
B. Pérgamo El que tiene la espada aguda de dos filos (2:12).
A. Tiatira El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido (2:18).
D. Sardis El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas (3:1).
C. Filadelfia El Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre (3:7).
C. Laodicea El Amén, el Testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios (3:14).4

La repetición del modelo general es reforzada por otros puntos de similitud. El paralelo entre Esmirna y Filadelfia puede verse también en que ambas tratan de la "sinagoga de Satanás"; y la asociación de los "siete candeleros" de Éfeso con los "siete espíritus de Dios" de Sardis es explicada en el capítulo siguiente, durante la visión de Juan del trono celestial: "Y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios" (4:5).

 

 



Notas:

1.  Véase, de Meredith G. Kline, Treaty of the Great King: The Covenant Structure of Deuteronomy (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publshing Co., 1963), pp. 52-61.
2. Véase, de Ray R. Sutton, That You May Prosper: Dominion by Covenant, (Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1987).
3. Kline, Treaty of the Great King, pp. 56ss.
4. Nosotros habríamos esperado que Juan modelara el Preámbulo laodicense según B (o quizás según A) y no según C; por alguna razón, Juan eligió no hacer simétrica la estructura.

Parte 2

2

EL ESPÍRITU HABLA A
LA IGLESIA: ¡VENCE!

 
Éfeso: Juicio sobre los falsos apóstoles (2:1-7)

1 Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto:
2 Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos;
3 y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.
4 Pero tengo contra tí, que has dejado tu primer amor.
5 Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues, si no, vendré pronto a tí, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieras arrepentido.
6 Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco.
7 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.

1 La ciudad de Éfeso era la más importante de Asia Menor, tanto política como comercialmente. Era también un importante centro cultural, que se ufanaba de atracciones tales como las artes, las ciencias, la hechicería, la idolatría, los gladiadores, y la persecución. La Calle Principal corría desde el puerto hasta el teatro, y en el camino, el visitante pasaba por el gimnasio y los baños públicos, la biblioteca pública, y el prostíbulo público. Su templo de Artemisa (o Diana - la diosa de la fertilidad y la "naturaleza salvaje") era una de las Siete Maravillas del mundo antiguo. Lucas nos cuenta otro hecho interesante acerca de la ciudad, un hecho que tiene mucho que ver con los Siete Mensajes en general: Éfeso era un semillero de ocultismo judío y artes mágicas judías (Hechos 19:13-15, 18-19). Por todo el mundo del siglo primero, el judaísmo apóstata se adaptaba a las numerosas ideologías y prácticas paganas, desarrollando las cepas primitivas de lo que más tarde vino a conocerse como el agnosticismo - varias variedades de sabiduría oculta, tradición rabínica, religión de misterio, y ascetismo o libertinaje, (o ambos), todo revuelto con algunos trozos y pedazos de doctrina cristiana. 1 Esta mezcla de charlatanería religiosa era sin duda un semillero de herejías que afligían a las iglesias de Asia Menor.

Y, sin embargo, a pesar de toda la multiforme depravación en Éfeso (comp. Efe. 4:17-19; 5-3-12), el Señor Jesucristo había establecido su iglesia allí (Hechos 19); y en su mensaje, le asegura al ángel de la congregación que Él tiene las siete estrellas en su diestra, sosteniendo y protegiendo a los gobernantes que ha ordenado: "Los llena de luz e influencia", dice el Comentario de Matthew Henry; "les sostiene, de lo contrario pronto serían estrellas caídas".
2 También, Él anda en medio de los candeleros, las iglesias, guardándolas y examinándolas, y conectándolas entre sí por medio de su unidad con Él. "Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará; y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo" (Lev. 26:11-12).

 

2-3 La iglesia de Éfeso era bien conocida por su esfuerzo y duro trabajo en favor de la fe, y su perseverancia frente a la oposición y la apostasía, habiendo soportado penalidades por el nombre de Cristo. Ésta era la iglesia que no conocía el significado de componendas, la iglesia que estaba dispuesta a adoptar una posición firme en favor de la ortodoxia, sin importar el costo. (Vale la pena observar que, de todas las cartas de Pablo a las iglesias, sólo la carta a los efesios no menciona un solo punto doctrinal en disputa que requiriese corrección apostólica). Los dirigentes de la iglesia no temían disciplinar a hombres malos. Conocían la importancia de los juicios por herejía y las excomuniones, y parece que esta iglesia había recibido una buena porción de ambos: Sus dirigentes habían sometido a prueba a los falsos "apóstoles", y los habían hallado culpables. Los ancianos de Éfeso acataron bien la exhortación que Pablo les había hecho (Hechos 20:28-31): "Por tanto, mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras de sí a los discípulos. Por tanto, velad".

 

Cuarenta años más tarde, esta iglesia todavía era renombrada por su ortodoxia, como Ignacio (martirizado en el año 107 d. C.) observó en su carta a los efesios: "Todos vosotros vivís según verdad, y ninguna herejía halla cabida entre vosotros: En realidad, ni siquiera escucháis a nadie que hable de nada que no sea concerniente a Cristo Jesús en verdad.... Me he enterado de que ciertas personas pasaron a través de vosotros trayendo doctrinas impías, y vosotros ni siquiera les permitísteis plantar su semilla entre vosotros, sino que tapásteis vuestros oídos para no recibir la semilla que ellos querían plantar... De la cabeza a los pies, os habéis ataviado de los mandamientos de Cristo Jesús". 3

 

Hay varios notables paralelismos en estos versículos: Cristo le dice a la iglesia: "Conozco ... tu arduo trabajo [literalmente, cansancio] y tu perseverancia, y que no puedes soportar a los malos... Y tienes paciencia y has sufrido por amor de mi nombre, y no has desmayado".

 

4-6 Y sin embargo, el Señor reprende al ángel: Tengo esto contra tí: Has dejado tu primer amor. El deseo de la iglesia en favor de la sana doctrina se había pervertido hasta convertirse en un endurecimiento contra sus hermanos en Cristo, de manera que carecía de amor. Es importante notar que ni siquiera la más rigurosa preocupación por la ortodoxia significa automáticamente ausencia de amor. Es sólo la perversión de la ortodoxia lo que resulta en dureza hacia los hermanos. Cristo no critica a los efesios por ser "demasiado ortodoxos", sino por dejar y abandonar el amor que tenían al principio. Bíblicamente hablando, la cuestión de la "doctrina versus el amor" no es un punto en disputa. En realidad, es un punto específicamente pagano, que trata de separar lo que Cristo ha unido. De los cristianos se requiere que sean tanto ortodoxos como amorosos, y la ausencia de cualquiera de estas dos características resultará eventualmente en el juicio de Dios.

 

Recuerda, por tanto, de dónde has caído: Los efesios habían tenido alguna vez una armoniosa combinación de amor y ortodoxia doctrinal, y Cristo les llama a arrepentirse, a cambiar su modo de pensar acerca de sus acciones y hacer las obras que hicieron al principio. El amor no es simplemente un estado mental o una actitud; el amor es acción en términos de la ley de Dios: "En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues éste es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos, y sus mandamientos no son gravosos" (1 Juan 5:2-3; comp. Rom. 13:8-10). El antídoto de Cristo para el malestar espiritual de la Esposa no es simplemente una exhortación a cambiar de actitud como tal. En su lugar, Cristo le ordena que cambie sus acciones, que lleve a cabo las obras que habían caracterizado su romance con el Esposo al principio. Las acciones de arrepentimiento nutrirán y cultivarán una actitud de arrepentimiento.

 

Sin embargo, si no se arrepiente, Cristo le advierte: Vendré a tí en juicio - una advertencia que se hace tres veces más en estas cartas (2:16: 3:3,11). Como hemos visto antes (1:7), la venida de Cristo no se refiere simplemente a un cataclismo al final de la historia, sino más bien a sus venidas en la historia. En realidad, advierte, vendrá pronto, un término subrayado por las siete veces en que ocurre en Apocalipsis (2:5, 16; 3:11; 11:14; 22:7, 12, 20). El Señor no está amenazando a la iglesia de Éfeso con su segunda venida; está diciendo que él vendrá contra ella: Quitaré tu candelero de su lugar. La influencia de ella será quitada, y de hecho, dejará por completo de ser iglesia. Por falta de amor, la congregación entera está en peligro de ser excomulgada. Si los ancianos de la iglesia dejan de disciplinar y discipular a la iglesia hacia el amor, así como hacia la ortodoxia doctrinal, Jesucristo mismo intervendrá y administrará juicio - y en ese punto puede muy bien ser demasiado tarde para el arrepentimiento.

 

Es probable que Juan estuviera usando un importante "suceso actual" en la vida de Éfeso como base parcial para estas imágenes. La línea costera estaba cambiando constantemente a causa del sedimento arrastrado por el cercano río Caister; la arena y las piedrecillas rellenaban gradualmente el puerto, amenazando con convertirlo en un pantano. En verdad, la ciudad estaba en peligro de ser movida de su lugar, quedando completamente aislada del mar. Dos siglos antes, un tremendo proyecto de ingeniería había dragado el puerto, con mucho esfuerzo, mucha perseverancia, y muchas penalidades. Sin embargo, para mediados del siglo primero, el puerto nuevamente se estaba llenando de sedimento. Se hizo evidente que, si Éfeso había de conservar su influencia como puerto marítimo, los ciudadanos tendrían que arrepentirse de su negligencia y hacer las primeras obras otra vez. En el año 64 d. C., la ciudad comenzó finalmente a dragar el puerto otra vez, y Éfeso permaneció en su lugar por años después. (En siglos posteriores, se le permitió a la sedimentación continuar sin impedimento. En la actualidad, el mar está a seis millas de las ruinas de Éfeso, y lo que una vez fue el puerto de Éfeso es ahora una llanura cubierta de hierba y barrida por el viento). 4

 

Pero una vuelta al amor no implica ninguna disminución de los modelos teológicos (en un sentido real, significa intensificar y hacer cumplir un modelo teológico para el mundo entero). El verdadero amor por Cristo y su pueblo requiere aborrecer el mal, y el Señor les alaba por su firmeza en esto: Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, que yo también aborrezco. Según Ireneo, obispo del siglo segundo, "los nicolaítas son los seguidores de aquel Nicolás que fue uno de los primeros ordenados al diaconado por los apóstoles [Hechos 6:5]. Vivían en libertinaje desenfrenado ... enseñando que daba lo mismo practicar el adulterio o no, y comer cosas sacrificadas a los ídolos". 5 Si Ireneo tiene razón en esto - su punto de vista es ciertamente debatible - el diácono Nicolás (en griego Nikolaos) había apostatado y se había convertido en un "falso apóstol", buscando conducir a otros a la herejía y a que entraran en componendas con el paganismo.

 

Una cosa es obvia: Juan está nombrando a la facción herética en Éfeso en honor a alguien llamado Nikolaos (aún admitiendo que Ireneo estuviese confundido sobre la identidad de aquél). Su motivo parece estar basado en consideraciones lingüísticas, porque en griego Nikolaos significa Conquistador del pueblo. Es interesante notar que, en el tercero de los siete mensajes, Juan menciona a un grupo de herejes de Pérgamo, a los cuales llama seguidores de "Balaam" (2:14). En hebreo, Balaam significa Conquistador del pueblo. Juan está haciendo un juego de palabras, enlazando a los "nicolaítas" de Éfeso con los "Balaamitas" de Pérgamo; en realidad, Juan nos dice claramente en 2:14-15 que las doctrinas de ellos son las mismas. De la misma manera que Nikolaos y Balaam son equivalentes lingüísticos el uno del otro (comp. la misma técnica en 9:11), son también teológicamente equivalentes. Los "nicolaítas" y los "balaamitas" participan del mismo culto herético.

 

Esta conclusión queda reforzada por una conexión adicional. Cuando comparamos las verdaderas enseñanzas de la herejía Nicolaíta/Balaamita con las de la facción de "Jezabel" en la iglesia de Tiatira, mencionadas en el cuarto mensaje (2:20), descubrimos que sus doctrinas son idénticas entre sí. Por esta razón, parecer ser una herejía en particular la que es el blanco de estos mensajes a las iglesias durante los últimos días, una herejía que trataba de seducir al pueblo de Dios hacia la idolatría y la fornicación. Como había predicho Pablo, habían surgido lobos de dentro de la comunidad cristiana, intentando devorar a las ovejas, y era el deber de los pastores/ángeles estar en guardia contra ellos, y expulsarlos de la iglesia. Jesucristo declara que Él aborrece las obras de los nicolaítas; su pueblo debe revelar su imagen al amar lo que Él ama y aborrecer lo que Él aborrece (comp. Sal. 139:19-22).

 

7 Como en cada uno de estos mensajes, la carta a la iglesia de Éfeso concluye exhortándola a oír lo que el Espíritu dice a las iglesias. Aunque los mensajes son diferentes en términos de las necesidades de cada congregación, el Espíritu está en realidad dando una orden básica: ¡Vence! La palabra griega es nikaõ, que tiene la misma raíz que nikolaíta; Cristo está asignando a su iglesia la responsabilidad de derrotar a los que tratan de derrotarla. Un lado u otro resultará victorioso en esta batalla. La oposición de Satanás a las iglesias aparecerá en varias formas, y diferentes iglesias (y diferentes épocas de la iglesia) tendrán que enfrentarse a diferentes puntos en disputa, y tendrán diferentes enemigos que derrotar. Pero, no importa cuáles sean los problemas particulares a los que haya que enfrentarse, cada iglesia está bajo el divino mandato de conquistar y abrumar completamente a su oposición. El deber de vencer no es algo reservado para unos pocos selectos "super cristianos" que se han "dedicado" a Dios por encima de lo que se requiere de los cristianos. Todos los cristianos son vencedores: Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe (1 Juan 5:4). Los cristianos de los que se habla en Apocalipsis vencieron al diablo "por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos" (12:11). La cuestión no es victoria o derrota. La cuestión es victoria o traición.

 

El cristiano vence; y a él le concede Cristo el privilegio de comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios. Esto no es sólo una esperanza fuera de este mundo. Aunque la plena consumación de esta promesa se presenta al final de la historia, es una posesión actual y creciente del pueblo de Dios, al obedecer a su Señor y tomar dominio sobre la tierra. Porque el árbol de la vida es Jesucristo mismo, y participar del Árbol es poseer las bendiciones y los beneficios de la salvación. 7 En Cristo, el cristiano vencedor tiene el Paraíso Restaurado, en esta vida y para siempre.

 

Esmirna: Juicio contra el falso Israel (2:8-11)
8 Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El primero y el postrero, el que estuvo muerto, y vivió, dice esto:
9 Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás.
10 No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.
11 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere no sufrirá daño de la segunda muerte.
8 Había dos características de Esmirna que significaban severos problemas para la iglesia allí. Primero, los habitantes de la ciudad eran fervorosos devotos del culto del emperador; y segundo, Esmirna tenía una numerosa población de judíos que eran hostiles a la fe cristiana. A esta fiel iglesia, que sufría extremadamente bajo las persecuciones de estos incrédulos, Jesucristo se anuncia a sí mismo como el primero y el postrero, un nombre de Dios tomado de Isaías 44:6 y 48:12. Es obvio, a partir de los contextos de estos versículos, que la expresión identifica a Dios como el supremo Señor y Determinador de la historia, el Planeador y Controlador de toda realidad. La doctrina bíblica de la predestinación, correctamente entendida, no debería ser fuente de temor para el cristiano; antes bien, es fuente de consuelo y seguridad.

Lo opuesto a la doctrina de la predestinación no es libertad, sino insensatez; si los más pequeños detalles de nuestras vidas no son parte del Plan de Dios, si no son hechos creados con un significado divinamente determinado, entonces no pueden tener ningún significado en absoluto. No pueden estar "trabajando juntos para el bien". Pero al cristiano que entiende la verdad de la soberanía de Dios se le asegura, por lo tanto, que nada en esta vida carece de significado y propósito - que Dios ha ordenado todas las cosas para su gloria y para nuestro bien último. Esto significa que aún nuestros sufrimientos son parte de un Plan consistente; que, cuando encontramos oposición, no necesitamos temer que Dios nos ha abandonado. Podemos estar seguros en el conocimiento de que, puesto que hemos sido "llamados conforme a su propósito" (Rom. 8:28), todas las cosas en nuestra vida son aspectos necesarios de ese propósito. Martín Lutero dijo: "Es entonces fundamentalmente necesario y saludable que los cristianos sepan que Dios no conoce nada de antemano contingentemente, sino que prevé, se propone, y hace todas las cosas según su propia voluntad inmutable, eterna, e infalible.... Porque, para el cristiano, el principal y único consuelo en la adversidad reside en saber que Dios no miente, sino que hace que todas las cosas ocurran inmutablemente, y que su voluntad no puede ser resistida, alterada o estorbada".
8

 

No sólo es Cristo el primero y el último, sino que estuvo muerto, y ha vuelto a la vida: Es por completo vencedor sobre la muerte y la tumba como "primicias" de los que mueren en el Señor (1 Cor. 15:20-22), garantizando nuestra resurrección también, de manera que hasta "la muerte es sorbida en victoria" (1 Cor. 15:54). Sin importar la fuerza y la crueldad de sus perseguidores, los cristianos de Esmirna no pueden ser derrotados, ni en esta vida ni en la venidera.

 

9-10 Pero no era fácil ser cristiano en Esmirna. Ciertamente, no fueron librados de la tribulación por un "rapto"; y esto a menudo significaba pobreza también, a causa de su posición en favor de la fe. Quizás estaban sujetos a la confiscación de sus propiedades (comp. Heb. 10:34) o el vandalismo; es también probable que fueran objeto de un boicot económico por rehusar ponerse del lado de o los paganos adoradores del estado o los judíos apóstatas (comp. 13:16-17). Pero, en su pobreza, eran ricos en el sentido más básico y último; considerados por el mundo "como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo" (2 Cor. 6:10). Yo sé todo lo que estás soportando, les asegura el Señor; Él se identifica con ellos en sus sufrimientos, hasta el punto de que "en toda angustia de ellos él fue angustiado" (Isa. 63:9; cf. v. 2-3). Como observó el teólogo puritano John Owen, todas nuestras persecuciones "son suyas en primer lugar, y nuestras sólo por participación" (comp. Col. 1:24).9

 

Y él sabe todo sobre la blasfemia de sus perseguidores también - los que dicen que son judíos y no lo son. Aquí el Señor es explícito sobre la identidad de la oposición que enfrentaba la iglesia primitiva: Los que de otra manera eran conocidos como nicolaítas, los seguidores de los falsos apóstoles Balaam y Jezabel, son definidos aquí como los que afirman ser judíos, hijos de Abraham, pero que en realidad son hijos del diablo. Éstos son los israelitas que han rechazado a Cristo, y han rechazado así al Dios de Abraham, Isaac, y Jacob. Un mito popular sostiene que los judíos no cristianos son verdaderos creyentes en el Dios del Antiguo Testamento, y que sólo tienen que "añadir" el Nuevo Testamento a su religión, que por lo demás es adecuada. Pero el mismo Nuevo Testamento es inflexible sobre este punto: Los judíos no cristianos no son creyentes en Dios, sino apóstatas quebrantadores del pacto. Como dijo Jesús a los judíos que lo rechazaron: "Si fuéseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.... Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.... Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais.... Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira" (Juan 8:39-44). La verdad es que no hay tal cosa como un judío "ortodoxo", a menos que sea cristiano; porque si los judíos creyeran en el Antiguo Testamento, creerían en Cristo. Si un hombre no cree en Cristo, no cree en Moisés tampoco (Juan 5:46).

 

Pablo escribió: "Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios" (Rom. 2:28-29). Por esta razón, Pablo fue lo bastante audaz para usar este lenguaje al advertir a las iglesias contra las seducciones de los judíos apóstatas: "Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo. Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne" (Fil. 3:2-3). La palabra traducida como circuncisión significa cortar alrededor; la falsa circuncisión es literalmente concisión, que significa cortar en pedazos. La circuncisión de los judíos, la señal del pacto en el cual confiaban, era en realidad un emblema de su propia mutilación y destrucción espiritual, la señal de que, a través de su propia rebelión, habían heredado las maldiciones del pacto. El corte del prepucio fue siempre una marca de condenación. Para los justos, la aplicación ritual de la ira de Dios significaba que ellos no sufrirían la terrible realidad; para los desobedientes, sin embargo, era un anticipo de cosas por venir, una señal segura de la completa destrucción que venía.

 

Entonces, ¿quién es el verdadero judío? ¿Quién pertenece al verdadero Israel? Según la clara enseñanza del Nuevo Testamento, la persona (sin importar su herencia étnica) que se haya sido vestido de Jesucristo es la heredera de las promesas hechas a Abraham, y posee las bendiciones del Pacto (Rom. 1:11-24; Gál. 3:7-9, 26-29). Pero, dice nuestro Señor, una congregación de apóstatas y perseguidores no es más que una sinagoga de Satanás. Satanás significa acusador, y la historia de los cristianos primitivos abunda con ejemplos del falso testimonio satánico de los judíos contra la iglesia cristiana (Hech. 6:9-15; 13:10; 14:2-5; 17_5-8; 18:6, 12-13; 19:9; 21:27-36; 24:1-9; 25:2-3, 7). Este punto es subrayado por la afirmación de que algunos de ellos serían echados en prisión por el diablo (que significa el calumniador).

 

Porque el que conoce los sufrimientos de ellos es también el primero y el postrero, el que lo controla todo, Él puede proporcionar consuelo autorizado: No temas lo que estás a punto de sufrir. Algunos de los cristianos de Esmirna serían  pronto echados en prisión a instigación de los judíos; pero Cristo les asegura que esto también es parte del gran conflicto cósmico entre Cristo y Satanás. Las persecuciones infligidas sobre ellos por los judíos aliados con el imperio romano tienen su origen en el diablo, en su hostilidad hacia los seguidores de Jesucristo, en sus frenéticos intentos por conservar los fragmentos de su reino hecho jirones. Desesperadamente, está librando una batalla perdida de antemano contra las hordas, que marchan implacablemente, de una nación de reyes y sacerdotes predestinados a la victoria.

 

Y así, tras de hasta los intentos del diablo por derribarnos está el decreto absoluto de Dios. Satanás inspiró a los caldeos a robar los rebaños de Job, y sin embargo, la respuesta de Job fue: "Jehová dio, y Jehová quitó. Sea el nombre de Jehová bendito". (Job: 1:21). 10  Así que el propósito divinamente ordenado la impía actividad del diablo es que podemos ser probados: Como Samuel Rutherford: "El diablo no es sino el contrincante maestro de Dios, como en esgrima, para enseñarnos a manejar nuestras armas". 11 En última instancia, las pruebas de los cristianos no son ordenadas por Satanás, sino por Dios; y el resultado no es destrucción, sino pureza (comp. Job 23:10; 1 Ped. 4:12-19). Las tribulaciones de la iglesia de Esmirna serían horrorosas, pero de duración relativamente corta: diez días. Daniel y sus tres amigos habían sido probados por diez días, pero pasaron la prueba, y fueron ascendidos a un alto privilegio (Dan. 1:11-21). De manera similar, a la persecución de la iglesia de Esmirna por los judíos se le permitiría continuar sólo por un corto tiempo más, y luego la iglesia sería libre: Diez días de tribulación a cambio de mil años de victoria (20:4-6). Aún así, el tiempo de prueba habría de costar las vidas de muchos en la iglesia, y se les exhorta a ser fieles hasta la muerte, para obtener la corona de la vida. Esta no es una bendición reservada para alguna clase extraordinariamente consagrada de cristianos, porque todos los cristianos han de ser fieles hasta la muerte. Simplemente, la Biblia no conoce ninguna otra clase de cristianos. "Si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará" (2 Tim. 2:12. "Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo" (Mat. 10:22). La corona de la vida es la salvación misma.

 

11 El cristiano fiel que vence la oposición y la tentación no será dañado por la segunda muerte. El hecho de que esto se le dijo originalmente a la iglesia del siglo primero nos ayuda a entender el significado de otro pasaje en este libro. Apocalipsis 20:6 dice que los que no son dañados por la "segunda muerte" son los mismos que participan de la "primera resurrección"; y que son sacerdotes y reyes con Cristo - una bendición que Juan ya ha afirmado que es una realidad actual (1:6). Necesariamente, por lo tanto, la primera resurrección no puede referirse a la resurrección física del fin del mundo (1 Cor. 15:22-28). Más bien, debe referirse a lo que Pablo enseñó claramente en su epístola a los efesios: "Vosotros estábais muertos en vuestros delitos y pecados.... Pero Dios, que es rico en misericordia.... aun estando nosotros muertos en delitos y pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia soy salvos) y juntamente con él nos resucitó" (Efe. 2:1, 4-6). En todo tiempo, el cristiano es partícipe de la primera resurrección a nueva vida en Cristo, habiendo sido purificado de su (primera) muerte en Adán. 12 "Tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida" (Juan 5:24).

 

Pérgamo: Juicio contra el falso
profeta y el rey impío (2:12-17)
12 Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El que tiene la espada aguda de dos filos dice esto:
13 Yo conozco tus obras, y dónde moras, donde está el trono de Satanás; pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe, ni  aun en los días en que Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás.
14 Pero tengo unas pocas cosas contra tí: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación.
15 Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco.
16 Por tanto, arrepiéntete; pues, si no, vendré a tí pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.
17 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquél que lo recibe.
12 Pérgamo era otra importante ciudad asiática, y era la anfitriona de cierto número de falsos cultos populares, los más prominentes de los cuales pertenecían a Zeus, Dionisio, Esculapio, el dios-serpiente que era oficialmente designado como Salvador), y, de lo más importante, el culto a César. Pérgamo se ufanaba de los magníficos templos dedicados a los Césares y a Roma, y "de todas las siete ciudades, Pérgamo era la única en la cual la iglesia tenía más probabilidades de chocar con el culto imperial". 13 A este centro principal del estatismo deificado, Cristo se anuncia como el que tiene la espada de dos filos. Roma reclamaba para sí misma la posición de creadora y definidora de todo: el poder del imperio sobre la vida y la muerte era absoluto y final. Pero, aunque Roma afirmaba que su derecho a la ejecución era original, el mensaje del cristianismo era que todo poder y autoridad fuera del Dios trino era derivado - los varios gobernantes y las varias autoridades son creados, y reciben su dominio de Dios (Rom. 13:1-4). Es Jesucristo el que ejerce todo poder en el cielo y en la tierra (Mat. 28:18), y el poder definitivo de la espada le pertenece a Él. Como Señor Soberano y Gobernante de los reyes de la tierra (1:5), ha establecido la ley de las naciones. Si los gobernantes no aplican y no hacen cumplir sus órdenes por medio de su jurisdicción divinamente ordenada, Él dejará caer su afilada espada sobre sus cuellos. 14

13 Los creyentes de Pérgamo están viviendo donde está el trono de Satanás (comp. los comentarios en 1:4 sobre la centralidad del tema del trono en Apocalipsis). Robert H. Mounce nota varias de las sugerencias en cuanto al significado de esta expresión (ninguna de las cuales debe por necesidad excluir a las otras): "Se menciona con frecuencia el gran altar de Zeus, semejante a un trono, que daba a la ciudad desde la ciudadela.... Otros toman la frase en referencia al culto de Esculapio, que era designado Salvador y cuyo símbolo era la serpiente (esto obviamente les recordaría a Satanás a los cristianos; comp. 12:9; 20:2).... Al aproximarse el viajero a Pérgamo por el antiguo camino desde el sur, la verdadera forma de la ciudad-colina aparecía como un trono gigante que se levantaba sobre la llanura. Sin embargo, la expresión se entiende mejor en relación con la prominencia de Pérgamo como el centro oficial de culto de adoración al emperador en Asia.... Era aquí donde Satanás había establecido su asiento oficial o de estado. Así como Roma se había convertido en el centro de la actividad de Satanás en el Occidente (comp. 13:2; 16:10), Pérgamo se había convertido en su 'trono' en Oriente".
15

 

Aunque esta designación - el trono como asiento del culto al emperador y al estatismo deificado - es un aspecto central del significado del texto, hay una dimensión mucho más básica, que generalmente se pasa por alto. Satanás ya ha sido identificado en estos mensajes como unido a la sinagoga, la comunidad judía incrédula que ha abandonado el pacto en favor de una religión mítica. A través del Nuevo Testamento, el mayor enemigo de la iglesia es el judaísmo apóstata, cuyos representantes estaban continuamente haciendo comparecer a los cristianos ante el magistrado romano (Hech. 4:24-28; 12:1-3; 13:8; 14:5; 17:5-8; 18:12-13; 21:11; 24:1-9; 25:2-3, 9, 24). Como lo revelará Juan en los capítulos 12-13, Satanás es la fuerza motriz detrás del intento judío/romano de destruir la iglesia.

 

La estrecha relación entre el judaísmo organizado  y los oficiales imperiales en Pérgamo, combinada con la oposición del cistianismo al estatismo y la adoración de la criatura, hizo que resultara sólo natural que la persecución y el martirio comenzaran aquí, de cualquier parte de Asia. Y por esta razón, Cristo considera la iglesia de Pérgamo como fiel: Retiene el nombre de Cristo - confesándole sólo a Él como Salvador, Mediador, y Señor, proclamando que su identidad como el vínculo entre el cielo y la tierra era absolutamente única. No negaron la fe, aunque ocurrió una cruel persecución "en los días de Antipas ... que fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás". Nadie sabe ahora quién era este Antipas, pero es suficiente que Cristo le señale como recipiente de un especial reconocimiento: Mi testigo fiel, le llama. A causa de su mismo nombre - que significa Contra Todos - Antipas personifica la firmeza de la iglesia de Pérgamo para resistir la persecución.

 

14-16 Pero no todos en la iglesia eran del fiel carácter de Antipas; además, una amenaza que representaba un peligro para la integridad de la fe, aún mayor que el peligro de la persecución, era la obra astuta e insidiosa de la herejía. Juan echa mano de la historia de la iglesia en el desierto para ilustrar su punto: Tienes allí algunos que sostienen la enseñanza de Balaam, cuyo nombre, como Nikolaos, significa Conquistador (o Destructor) del pueblo. Cuando se descubrió que el pueblo de Dios no podía ser derrotado en una guerra abierta (véase Núm. 22-24), el falso profeta Balaam le sugirió otro plan a Balac, el malvado rey de Moab. La única manera de destruir a Israel era por medio de la corrupción. Así, Balaam seguía enseñando a Balac (comp. Núm. 31:16) a poner piedra de tropiezo delante de los hijos de Israel, a comer cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación (comp. Núm. 25). 16  Así tenemos también nosotros algunos que, de la misma manera - es decir, imitando a Balaam - sostienen laas enseñanzas de los nicolaítas: En otras palabras, los que sostienen la enseñanza de Balaam y los que sostienen la enseñanza de los nicolaítas (comp. 2:6) comprenden el mismo grupo. La iglesia de Pérgamo se sostuvo firmemente en favor de la fe cuando llegó la hora de una franca persecución por parte de un estado impío - y sin embargo, todos estaban cayendo presa de otras formas de componendas con Satanás.

 

¿En qué exactamente consistía la doctrina de los nicolaítas? Juan la describe en términos de la doctrina de Balaam, usando su antiguo error como símbolo de la herejía contemporánea. Como Balaam, los falsos apóstoles intentan destruir a los cristianos corompiéndolos, seduciéndolos para que comieran cosas sacrificadas a los ídolos, y para que cometieran adulterio. Ambas prácticas eran comunes en la atmósfera religiosa pagana de ese tiempo, y el lenguaje de Juan parece haber sido extraído de las instrucciones del Concilio de Jerusalén a los conversos gentiles:

 

Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado, y de fornicación; de las cuales cosas si os guardáreis, bien haréis. (Hechos 15:28-29). 17
Desobedeciendo al verdadero Concilio apostólico, los falsos apóstoles nicolaítas abogaban por el antinomianismo - la enseñanza de que, quizás por medio del sacrificio de Cristo, los cristianos eran "libres de la ley", en un sentido completamente opuesto a la enseñanza bíblica de la santificación. Según decían, ya no era pecado cometer idolatría y fornicación; el creyente no estaba obligado a guardar la ley, sino que podía vivir como le placiera (aunque probablemente reclamaban, como lo hacen los antinomianos de la actualidad, el "ser guiados del Espíritu" como justificación para sus abominables prácticas).

Hay, sin embargo,  un aspecto importante de las imágenes involucradas aquí que no debemos pasar por alto: Los falsos apóstoles están tratando de seducir a los cristianos a comer y a fornicar como una forma de idolatría, y esto es análogo a la seducción de Eva por parte de la serpiente. En esencia, el que ella comiera del árbol prohibido era idolatría; Pablo también habla de ella en términos de fornicación (2 Corintios. 11:2-3). Pero los que vencen las tentaciones, dice Juan, tendrán acceso al árbol de la vida (2:7). Los que rehusan comer el alimento de Balaam comerán maná del cielo, y serán incluídos en el número de aquéllos cuyos nombres están escritos en las piedrecitas (2:17).

 

Si la iglesia ha de ser bendecida, sin embargo, la falsa enseñanza no debe ser permitida. Cristo, hablando a los dirigentes de la iglesia, les ordena que se arrepientan. Los infractores deben ser reconocidos en su verdadero carácter como apóstatas heréticos, que causarán la caída de la iglesia si no son excomulgados. La iglesia que deja de disciplinar a sus miembros será destruída - hasta una iglesia por lo demás fiel y ejemplar como la de Pérgamo. El Señor advierte que, si no se arrepienten, "vendré a tí pronto, y haré guerra contra ellos con la espada de mi boca"; el ángel del Señor se había encontrado con Balaam con su espada desenvainada (Núm. 22:31), y una espada se usó para matar a Balaam (Núm. 31:8). Como ya hemos observado (véase sobre 1:7 y 2:5), esta advertencia de la venida de Cristo no es una declaración sobre la Segunda Venida de Cristo al final de la historia, sino que más bien se refiere a un juicio dentro de la historia. Es un juicio que era inminente para la iglesia de Pérgamo, especialmente a la luz del hecho de que el juicio habría de ser desatado sobre el mundo entero (3:10). El mismo principio se ha repetido una y otra vez a través de la historia del cristianismo. Dondequiera que los herejes son tolerados por el pueblo o por los dirigentes, la iglesia ha estado a punto de ser destruída por la celosa ira de Cristo.

 

17 Al que vence se le prometen tres cosas. Primera, Cristo le dará a comer del maná escondido (es decir, el maná escondido en el arca, que es Cristo: (Éx. 16:33-34; Heb. 9:4) - un símbolo tomado del regalo sobrenatural del "pan de nobles" (Sal. 78:25), que proporcionó fortaleza y sustento diario al pueblo de Dios durante el éxodo de Egipto. En esencia, esto es lo que Cristo comunica a su iglesia en todo momento. Hemos sido restaurados definitivamente a la provisión edénica para nuestras necesidades, y eso se irá realizando progresivamente en la historia hasta la consumación final y el cumplimiento de todos los planes y las promesas de Dios para su pueblo.

 

Segunda, al cristiano se le promete una piedrecita blanca. Esto ha sido visto de varias maneras como refiriéndose a un boleto para una fiesta, una muestra de absolución (es decir, justificación), o alguna señal semejante de una práctica común en los días de Juan. Aunque no es necesario excluir estas interpretaciones, por supuesto, hay una manera mucho más satisfactoria de mirar esta piedrecita en términos de revelación bíblica. En la Biblia, hay una piedra blanca relacionada con el maná, y se llama bedelio (comp. Éx. 16:31) con Núm. 11:7). 18 Además, esta piedra está conectada con el jardín de Edén, y se tiene la intención de que sea un recordatorio de él (Gén. 2:12). La salvación es una nueva creación, y restaura al pueblo de Dios al paraíso.

 

Tercero, al cristiano se le concede un nombre nuevo, que habla del nuevo carácter y la nueva identidad de los que pertenecen a Cristo. Como siempre, Dios el Señor es el Definidor, que nos ha llamado a la existencia y nos ha interpretado plenamente en términos de su plan predeterminado:

 

Entonces verán las gentes tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará. (Isa. 62:2).
El hecho de que el nombre está escrito en la piedrecita parecería oponerse a la interpretación de la piedra blanca que se da más arriba, porque en las Escrituras nunca se nos habla de nombres escritos sobre el bedelio. Y sin embargo, esto sólo sirve para confirmar la interpretación. La piedra que era marcada con nombres en el Antiguo Testamento era el ónix. Dos ónices eran puestos sobre los hombros del Sumo Sacerdote, y sobre ellos estaban grabados los nombres de las tribus de Israel (Éx. 28:9-12). Pero la piedra de ónix no era blanca - era negra. La explicación de esto parece ser la de que el bedelio y el ónix están simplemente combinados en estas imágenes (un mecanismo común en las Escrituras) para crear una nueva imagen que todavía conserva las antiguas asociaciones). Aquí el eslabón es el bedelio: está asociado con el ónix de Génesis 2:12, y con el maná en Números 11:7. Juntos, hablan de la restauración del Edén en las bendiciones de la salvación.

Hay que explicar otro punto acerca de esta promesa. Nadie conoce el nuevo nombre, dice Cristo, excepto el que lo recibe. El significado de esta expresión, arraigada en un modismo hebreo, es el de que el que recibe el nombre lo "conoce" en el sentido de que lo posee. En otras palabras, el punto de la cuestión no es que el nuevo nombre es secreto, sino que es exclusivo: Sólo el que vence posee el nombre, la definición divinamente ordenada de sí mismo y que pertenece al pacto del Señor Jesucristo; nadie más tiene derecho a él.
19 En su aplicación particular a la situación en Pérgamo, el nicolaíta hereje, que por su doctrina o por su vida es un traidor a la causa de Cristo, en realidad no es dueño de la designación de cristiano. El nombre pertenece solamente a los vencedores. A ellos, y sólo a ellos, se les concede que vuelvan a entrar en Edén. Logran entrar por medio del sacrificio de Cristo, en el cual han sido refinados y en el cual han recibido un nombre nuevo.

 

Tiatira: Juicio contra la ramera real (2:18-29)
18 Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido, dice esto:
19 Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras.
20 Pero tengo unas pocas cosas contra tí: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos.
21 Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación.
22 He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella.
23 Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña ka mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras.
24 Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, y a cuantos no tienen esta doctrina, y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, yo os digo: No os impondré otra carga;
25 pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga.
26 Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones,
27 y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como y también la he recibido de mi Padre;
28 y le daré la estrella de la mañana.
29 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
18 Una de las cosas más significativas de la ciudad de Tiatira era el dominio de los gremios comerciales sobre la economía local. Cada una de las industrias manufactureras imaginables estaba estrictamente controlada por los gremios: Para trabajar en un oficio, se tenía que pertenecer al gremio apropiado. Y ser miembro de un gremio significaba también adorar dioses paganos; la adoración pagana estaba integralmente conectada con los gremios, que tenían sus reuniones y sus comidas comunes en los templos paganos. Dos aspectos centrales de la requerida adoración pagana era comer carne sacrificada a los ídolos, y tener relaciones sexuales ilícitas. Cualquier cristiano que trabajase en un oficio o profesión enfrentaba serios problemas: su fidelidad a Cristo afectaría su profesión, el modo en que se ganaba la vida, y la capacidad de alimentar a su familia.

El dios local, el guardián de la ciudad, era Tirimno, hijo de Zeus; y en Tiatira, el culto a Tirimno estaba mezclado con el culto a César, que también era proclamado el Hijo de Dios encarnado. En Tiatira, el conflicto entre el cristianismo y el paganismo fue inmediato y central. Por esto, la primera palabra de Cristo a esta iglesia es la proclamación de que sólo Él es el Hijo de Dios (el único lugar en Apocalipsis donde se usa esta designación específica de Cristo). La carta a esta iglesia comienza con un desafío inflexible contra el paganismo y el estatismo, afirmando la definitiva y absoluta unicidad de Jesucristo.

 

19-20 Había mucho que alabar en la iglesia de Tiatira. Era activa en el amor y la fe y el servicio y la perseverancia. En realidad, su actividad estaba aumentando: Sus obras posteriores son mayores que al comienzo. Pero, a despecho de todas las buenas obras de la iglesia, su mayor defecto a los ojos de Cristo era su laxitud moral (los tiatirenses estaban en el extremo opuesto de los doctrinalmente correctos efesios). Los ancianos estaban permitiendo que la falsa doctrina tuviera cabida en la iglesia. Cristo nuevamente llama a la herejía por un nombre simbólico, como lo había hecho antes (Nikolaos y Balaam); esta vez, el culto es identificado con Jezabel, la malvada reina de Israel durante el siglo noveno a. C., que llevó al pueblo del pacto a la adoración idólatra y adúltera de dioses paganos (1 Reyes 21:25-26; comp. 2 Reyes 9:22, donde sus acciones son llamadas específicamente "fornicaciones" y "hechicerías"). De la misma manera, la "Jezabel" de la iglesia de Tiatira abogaba por contemporizar con el paganismo. Por supuesto, esto habría estado acompañado por terminología que sonara muy piadosa - quizás en el sentido de que, después de todo, hay sólo un Dios, así que cualquier culto que se le rinda a dioses falsos en realidad se le rinde al verdadero Dios; o de que, uniéndose a los paganos en sus servicios religiosos, uno podría testificar en favor del cristianismo; o de que el estar de acuerdo con los paganos permitiría a los cristianos sobrevivir y no ser barridos por la persecución; o quizás que todas las religiones tienen algo que enseñarse mutuamente, y que nosotros los cristianos debemos abandonar nuestro arrogante absolutismo y tratar de combinar lo mejor de nuestras tradiciones con lo mejor de las tradiciones paganas, creando así una fe verdaderamente universal, que responda a las necesidades de todos los pueblos y todas las culturas.

 

A pesar de las razones argumentadas, la doctrina era una herejía, y no habría de ser tolerada. Éste es el término preciso usado aquí: Tú toleras a este mujer, el Señor les acusa. Y al tolerarla, los ancianos estaban poniendo en peligro a la iglesia entera, porque ella enseña y lleva a Mis siervos por el mal camino, para que cometan fornicación y coman cosas sacrificadas a los ídolos. Hay que entender esto claramente: El cristianismo ortodoxo, bíblico es intolerante. Una iglesia que tolera el mal y la falsa doctrina es una iglesia en juicio: Dios no la tolerará por mucho tiempo. Esto no quiere decir que los cristianos deberían ser intolerantes con los errores e idiosincrasias, y las diferencias sobre cosas no esenciales. Pero, cuando se trata de violaciones claras de la ley bíblica y la doctrina ortodoxa, las Escrituras requieren que el gobierno de la iglesia les ponga un alto antes de que destruyan a la iglesia.

 

Figurativamente, si no literalmente, "Jezabel" estaba llevando a los cristianos a la fornicación y a la comunión idólatra, el efectivo abandono de la fe cristiana en favor del paganismo y el culto estatal. ¿Había literalmente una mujer dirigiendo a los judaizantes en esta área local? Esta posibilidad está por lo menos indicada por la acusación específica contra el ángel/obispo de Tiatira: "Toleras a tu esposa, Jezabel". ¡Puede ser que el archi-hereje de Tiatira haya sido la esposa del pastor! Por otro lado, puede que Cristo esté apuntando de una manera más general al fracaso del ángel, como Adán, en proteger correctamente a la Esposa - una función central del llamado sacerdotal. Porque él había fracasado, ella se había convertido en ramera. 20

 

21-23 Cristo le había dado tiempo a Jezabel para que se arrepintiera ... de su fornicación, y ella había rehusado. Tenemos que subrayar nuevamente que este término se usa en las Escrituras tanto en un sentido literal como en un sentido simbólico. Aparentemente, Jezabel había alentado en realidad al pueblo de Dios a cometer adulterio físico en relación con los ritos religiosos de los gremios comerciales; por otro lado, el uso de la palabra fornicación tiene una larga historia como símbolo de rebelión contra el verdadero Dios por parte de los que le pertenecen (véase, por ejemplo, Ezequiel 16 y 23). Ya hemos observado los aspectos simbólicos del comer y del beber como idolatría; es importante reconocer también que Juan describe a la gran ramera de Babilonia, identificada con el judaísmo apóstata, con muy claras referencias a la historia bíblica de Jezabel, la madre de las rameras (17:5, 16; 19:2). Esto confirma nuevamente la interpretación de que las doctrinas de los nicolaítas, los balaamitas, y los jezabelitas eran idénticas, y estaban conectadas con el falso Israel, la "sinagoga de Satanás".

 

"Jezabel" tenía que ser castigada, y en un juego de palabras, el Señor declara: "He aquí, yo la arrojo en cama". Como señalan muchos de los modernos traductores, ésta es una cama de enfermo, explicada por la siguiente cláusula: "y en gran tribulación a los que con ella adulteran". Con severo sentido del humor, Jesús está diciendo: "¿Quieres meterte en la cama" (es decir, fornicar)? Muy bien - ¡aquí hay un lecho de muerte para tí! Notemos cuidadosamente también que este juicio del siglo primero contra los seguidores de Jezabel se describe en términos de la gran tribulación. Todas las indicaciones bíblicas con relación a la Gran Tribulación conducen a la sencilla conclusión de que tuvo lugar durante la generación después de la muerte y la resurrección de Cristo, tal como Él había dicho que sucedería (Mat. 24:21, 34). 21 "Y mataré a sus hijos (sus seguidores; comp. Isa. 57:3) con muerte" suena a nuestros oídos como una extraña manera de decir esto. Pero esta es una forma común hebrea de expresar énfasis, conocida como pleonasmo, un "doble testigo" lingüístico de la certeza de su cumplimiento (comp. Gén. 2:17), "muriendo morirás"). 22

 

¿Qué sucede cuando los apóstatas son disciplinados y juzgados? "Todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña las mentes y los corazones". El carácter de Dios como Juez santo y omnisapiente es vindicado en las iglesias (y en el mundo también, Isa. 26:9) cuando castiga a los que se rebelan contra Él. Los que realmente aman al Señor acatarán el juicio y serán estimulados a renovada obediencia cuando nuevamente se les recuerde que Él da a cada uno según sus obras.

 

24-25 Aparentemente, una parte central de la herejía de Jezabel tenía que ver con una búsqueda de "las profundidades de Satanás, como ellos las llaman". Conectando esto con lo que ya sabemos de las enseñanzas de ella, parece que su doctrina era una enseñanza proto-agnóstica de que los cristianos alcanzarían nuevos y mayores niveles de santificación sumergiéndose en las profundidades del satanismo: adorando ídolos, fornicando, participando al máximo en las depravaciones de los paganos alrededor de ellos - pecando para que la gracia abundase. Por supuesto, el hecho de que tal actividad pudiera ser tanto sensualmente satisfactoria como económicamente rentable no sería pasada por alto; pero había más que esto. La doctrina de Jezabel de santificación por medio de la idolatría y la fornicación era simplemente una forma ligeramente cristianizada de la más antigua herejía en el mundo, una herejía que se ha manifestado en todas las culturas desde el comienzo: salvación por medio del caos. Eva vio el caos, la anarquía, y la revolución como la clave de la sabiduría y la forma de alcanzar una condición divina; y la adúltera original ha tenido muchos seguidores, como lo señala R. J. Rushdoony: "El caos como revitalización ha tenido una larga y continuada historia en la civilización occidental, y, junto con la Revolución Francesa, adquirió nueva vitalidad al convertirse la revolución y el caos sexual en los medios para conseguir la regeneración social. En el mundo del arte, el artista creativo vino a ser identificado, por necesidad, con el anarquista social y sexual, y en el pensamiento popular, el orden y la moralidad vinieron a significar monotonía y debilitamiento, y una enervante mortaja, mientras que licencia significaba libertad y poder. La "cana al aire" de la mediana edad y la licencia sexual surgieron como medios para apoderarse de la renovación, y se usaron prostitutas negras como un dispositivo para "cambiar la suerte", un especial pecado contra el orden como un medio para recargarse de suerte y poder. Básica a todas estas manifestaciones, desde el antiguo Egipto, pasando por César, hasta el hombre moderno, hay una común esperanza: destruir el orden para crear el orden nuevamente, o aún más directamente, destruir el orden para crear el orden". 23

 

Pero, dice Cristo, hay cristianos fieles en Tiatira, que no tienen esa doctrina, que no han buscado el conocimiento prohibido en prácticas satánicas, a pesar de las consecuencias económicas y sociales de rehusar contemporizar; "no os impondré otra carga; pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga". Nuevamente, esto refleja el lenguaje de la carta del Concilio de Jerusalén a los conversos gentiles: "Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos ... y de fornicación; de las cuales si os guardáreis, bien haréis". (Hech. 15:28-29). Los fieles han de continuar practicando lo esencial de la fe, ateniéndose a normas ortodoxas de doctrina y vida, hasta que Cristo venga con tribulación a juzgar a los herejes y apóstatas que quedan ilegalmente en la iglesia.

 

26-29 Los fieles cristianos de Tiatira estaban sufriendo a causa tanto del mundo pagano fuera de la iglesia como de los herejes contemporizadores dentro de ella. Probablemente se sentían tentados a dudar de si algún día ganarían esta lucha. Los cristianos más prósperos y realizados eran los menos fieles a Cristo; parecía que los ortodoxos peleaban una batalla que estaba perdida de antemano. En este momento eran tan impotentes que les era imposible hasta expulsar de la iglesia a los apóstatas. Pero Cristo  le promete al ángel/obispo: Al que vence, y al que guarda mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones. Y las regirá con vara de hierro, como el vaso del alfarero es roto en pedazos, como yo también lo he recibido de mi Padre. Esto es una referencia a la promesa del Padre al Hijo, como se registra en Salmos 2:8-9:

 

Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás.
A Dios el Hijo le ha sido concedido el dominio sobre todo el mundo, y todas las naciones quedarán bajo su señorío mesiánico (véase también Sal. 22:27-31; 46:4, 10; 65:2; 66:4; 6:31-32; 72; 86:9; 102:15-22; 138:4-5; 145:10-11). Cualquier oposición contra su reino será aplastada absolutamente. Y la instalación de Cristo como Rey universal, profetizada en este pasaje, claramente tuvo lugar en la Primera Venida de Cristo, por medio de su nacimiento, su vida, su muerte, su resurrección, y su ascensión a la gloria (esto puede ser confirmado simplemente buscando en el Nuevo Testamento las numerosas citas de Salmos 2 y 110, ambos sobre el señorío de Cristo). 24

El punto de la cita aquí es que, en esta época, al cristiano vencedor se le promete una parte en el reino mesiánico de Jesucristo, en tiempo y sobre la tierra. A pesar de toda oposición, Dios ha establecido su reino sobre todas las naciones (comp. Sal. 2:1-6). Los que obedecen sus mandamientos gobernarán el mundo, reconstruyéndolo para la gloria de Él en términos de las leyes de Él. Salmo 2 muestra a Dios riendo y burlándose de los lastimosos intentos de los impíos por luchar contra su reino y derrocarlo. Ya Él ha dado a su Hijo "toda potestad en el cielo y en la tierra", ¡y el Rey está con su iglesia hasta el fin de los tiempos (Mat. 28:18-20)! ¿Es posible que el Rey sea derrotado? En realidad, Él ha advertido a todos los gobernantes de la tierra que deben someterse a su gobierno, o perecer (Sal. 2:10-12). Y lo mismo sucede con su iglesia. La nación que no nos quiera servir perecerá (Isa. 60:12; todos los pueblos de la tierra quedarán sujetos bajo nuestros pies (Sal. 47:1-3) - promesas hechas originalmente a Israel, pero que se han de cumplir ahora en el Nuevo Israel, la Iglesia.

 

Para la perseguida y aparentemente débil iglesia de Tiatira, éstas eran buenas noticias. En ese momento, estaban a merced de un gran poder económico y político; el estatismo y el culto al estado estaban aumentando; hasta los otros cristianos estaban siendo seducidos por falsos profetas y herejes. Ser un fiel cristiano en Tiatira significaba dificultades y sufrimiento, y no necesariamente un tipo de sufrimiento muy glorioso, de los que hacen titulares, tampoco. Sólo el penoso trabajo diario de ser fiel a la Palabra de Dios; sólo el hecho de estar desempleado y no poder conseguir empleo en medio de una economía próspera, cuando todo el mundo alrededor de ellos podía conseguir trabajo por apenas el precio de quemar un poco de incienso, comer un poco de carne de un altar pagano, y tener un poco de sexo "inofensivo" entre adultos de común acuerdo. No había oportunidad para una gran cruzada moral, todo el mundo sólo pensaba que los cristianos eran extraños. Y noche tras noche los niños lloraban pidiendo comida. No. Esta clase de martirio no era muy atractivo, en absoluto. Pero a los que permanecían fieles se les prometía que vencerían, que gobernarían con Cristo. La situación se invertiría, las tornas estaban a punto de ser vueltas. Cristo vendría a salvar y a juzgar.

 

Los sufrimientos de estos cristianos no significaban el fin del mundo, sino más bien el principio. Lo que puede haber parecido el acercarse de una larga y oscura noche era en realidad el heraldo del triunfo de Cristo sobre las naciones. Los conflictos que ellos experimentaban no eran una señal de la derrota de Cristo por el mundo, sino simplemente la certeza de que el combate se había trabado finalmente; y la profecía inspirada de Salmos 2 garantizaba que su Señor saldría victorioso, y ellos con Él. Eran el paganismo, el estatismo, y el judaísmo los que estaban a punto de entrar en la oscuridad, al apagar Cristo las luces a través de todo el Israel apóstata y el Imperio Romano. Pero para los cristianos la noche estaba terminando; el universo redimido y liberado se dirigía presuroso a un brillante día. Cristo estaba a punto de dar la Estrella de la Mañana a estos vencedores.

 

 



Notas:

1. Véase de Elizabeth Schüssler Fiorenza, The Book of Revelation: Justice and Judgment (Philadelphia: Fortress Press, 1985), pp. 114-132.  Para un ejemplo de la clase de insensata literatura que este movimiento producía, véase de James M. Robinson, ed., The Nag Hammadi Library (San Francisco: Harper & Row, Publishers, 1977).

2. Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible (New York: Fleming H. Revell Co., n.d.), vol. VI, p. 1123.

3. St. Ignatius, Ephesians vi, ix.

4. William J. McKnight, The Apocalypse: A Reappearance, Vol. I: John to the Seven Churches (Boston: Hamilton Brothers, Publishers, 1972), pp. 81ss.; C. J. Hemer, "Seven Cities in Asia Minor", in R. K. Harrison, ed., MajorCities of the Biblical World (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1985), p. 236.

5. St. Irenaeus, Against Heresies, i.xxvi.3; Alexander Roberts and James Donaldson, eds., The Ante- Nicene Fathers (Grand Rapids: Eerdmans, [1885], 1973), p. 352.

6. Es debatible por dos razones: primera, la cuestión de si el "Nicolás" de Éfeso era realmente el diácono de Jerusalén; segunda, si la "fornicación" y las fiestas idólatras (v. 14, 20) han de ser tomadas literalmente.

7. Por mucho tiempo, la cruz se ha usado en el arte cristiano como símbolo del Árbol de la Vida. Sin embargo, hay fuerte evidencia de que Cristo fue en realidad crucificado sobre un árbol vivo (con sus muñecas clavadas al travesaño que él llevaba y sus pies clavados al tronco; comp. Hechos 5:30; 10:39; 13:29; Gál. 3:13, 1 Ped. 2:24). El símbolo de la cruz es simplemente un árbol estilizado, y a menudo se representaba en las antiguas iglesias y tumbas con ramas y hojas creciendo de él. Véase la informativa y fascinante obra de Ernest L. Martin, The Place of Christ´s Crucifixion: Its Discovery and Significance (Pasadena: Fountain for Biblical Research, 1984), pp. 75-94.

 

8. Martin Luther, The Bondage of the Will, J. I. Packer and O. R. Johnston, trans. (Old Tappan, N. J.: Fleming H. Revell Co., 1957), pp. 80, 84.

9. John Owen, Works, 16 vols., William H. Goold, ed. (Edinburgh: The Banner of Truth Trust, [1850-1853] 1965-1968), Vol. 2, p. 145.

10. Véanse los comentarios de John Calvin sobre este pasaje en sus Institutes of the Christian Religion, ii.iv.2.

11. The Letters of Samuel Rutherford, Frank E. Gaebelein, ed. (Chicago: Moody Press, 1951), p. 219.

12. Por supuesto, habrá también una segunda resurrección (física) al final de la historia, pero no se menciona en Apocalipsis 20:6. Véase Juan 5:24-29, donde Cristo discute ambas resurrecciones.

13. Robert H. Mounce, The Book of Revelation (Grand Rapids: Eerdmans, 1977), p. 96.

14. Que esto es cierto para todas las naciones, y no sólo para el Israel del Antiguo Testamento, puede verse leyendo (por ejemplo) Salmo 2 y Daniel 4. Una abarcante discusión  de la ley de Dios en cuanto se relaciona con las naciones y gobernantes está contenida en la obra de James B. Jordan, The Law of the Covenant: An Exposition of Exodus 21-23 (Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1984), Rousas John Rushdoony, The Institutes of Biblical Law (Nutley, NJ.: The Craig Press, 1973); and Greg L. Bahnsen, Theonomy in Christian Ethics (Phillipsburg, NJ; Presbytrian and Reformed Publishing Co., second cd., 1984).

 

15. Mounce, pp. 96s.

16. Josefo proporciona una versión ampliada del relato en su obra Antiquities of the Jews, iv.vi.6.

17. "Escribiendo a Corinto unos quince años después del concilio, Pablo tuvo ocasión de argüir con cristianos que consideraban indiferente el comer cosas sacrificadas a los ídolos; y, aunque él no toma esta posición acerca del decreto de Jerusalén, se opone a la práctica basándose en que ofendía a los hermanos débiles en la fe (1 Cor. 8:4, 9-10), y también a causa de la relación que él consideraba existía entre la adoración de los ídolos y los espíritus inmundos (1 Cor. 10:20: Lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios); participar de 'la mesa de los demonios' (1 Cor. 10:21) era inconsistente con la participación en la Eucaristía". Henry Barclay Swete, Commentary on Revelation (Grand Rapids: Kregel Publications, [1911] 1977, pp. 37s.

 

18. Véase de Chilton, Paradise Restored, pp. 33s., comp. Ruth V. Wright y Robert L. Chadbourne, Gems and Minerals of the Bible (New Canaan, CT: Keats Publishing, 1970), pp. 16s.

19. Este pasaje debería compararse con 19:12-13 y 15-16. En la disposición quiástica que se da aquí, el v. 15 explica el significado del v. 13 (cómo la sangre llegó a la túnica); y el v. 12 (el nombre escrito sobre el Señor). Allí también, el punto no es que nadie sabe lo que el nombre es - ¡porque el texto mismo nos dice Su nombre! - sino más bien que Él es el Único que lo conoce en el sentido de que lo posee como Suyo. (Véase la discusión de Kline sobre este punto en Images of the Spirit, p. 130).

 

20. Este es un tema principal en el Libro de Jueces. Véase James B. Jordan, Judges: God´s War Against Humanism (Tyler, TX: Geneva Ministries, 1985).

21. Véase de Chilton, Paradise Restored, pp. 85ss.

22. Esto subraya el hecho de que el autor humano de Apocalipsis estaba expresando sus pensamientos en modos de lenguaje hebreos. Sobre el uso del pleonasmo, véase de Jordan, The Law of the Covenant, pp. 96, 106.

23. R. J. Rushdoony, The One and the Many: Studies in the Philosophy of Order and Ultimacy (Tyler, TX: Thoburn Press, [1971] 1978, p. 105.

24. Salmos 2 y 110 son los más citados en el Nuevo Testamento. Del Salmo 2, véase Mat. 3:17; 17:5; Mar. 1:11; 9:7; Luc. 3:22; 9:35; Juan 1:49; Hech. 4:25-26; 13:33; Fil. 2:12; Heb. 1:2,5; 5:5; Apoc. 2:26-27; 11:18; 12:5; 19:15, 19. Para el Salmo 110, véase Mat. 22:44; 26:64; Mar. 12:36; 14:62; 16:19; Luc. 20:42-43; 22:69; Juan 12:34; Hech. 2:34-35; Rom. 8:34; 1 Cor. 15:25; Efe. 1:20; Col. 3:1; Heb. 1:3, 13; 5:6, 10; 6:20; 7:3, 17, 21; 8:1; 10:12-13; 12:2.

Parte Dos
3
EL MANDATO DE DOMINIO

Sardis: El juicio contra los muertos (3:1-6)

1 Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto.
2 Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios.
3 Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre tí como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre tí.
4 Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas.
5 El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.
6 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
1 Al obispo de la iglesia de Sardis, Cristo se anuncia como el que tiene los siete espíritus de Dios. Como ya hemos visto (sobre 1:4), éste es un término aplicado al Espíritu Santo quien, como declara el Credo de Nicea, "procede del Padre y del Hijo". Cristo también posee las siete estrellas, los ángeles de las siete iglesias (1:16,20). Los dirigentes de las iglesias son suyos, y en todo momento responden ante Él. Y los ancianos de Sardis necesitaban desesperadamente que se les recordara esto, pues habían dcjado morir la iglesia.

Conozco tus obras, les dice el Señor. Tienes nombre de que vives. La iglesia de Sardis tenía fama de ser una congregación activa, "viva" para Cristo. Sin duda, era bien conocida en Asia como representante de la fe cristiana en una ciudad rica y famosa. Estaba, quizás, de moda y era popular en la comunidad; no hay evidencia de que, en un período de creciente persecución, la iglesia de Sardis fuese atacada. En realidad, la evidencia indica todo lo contrario, que la iglesia casi se había identificado por completo con la cultura que la rodeaba. Esta iglesia activa, aparentemente fructífera y creciente, estaba en realidad muerta. Debemos observar que la muerte de Sardis no consistía necesariamente en la falta de actividades juveniles o reuniones de comunión (que es la razón de que las iglesias tiendan a ser llamadas "muertas" hoy día). Más bien, la iglesia se había secularizado, como observa Mounce correctamente.
1 Su visión fundamental del mundo no era nada diferente de la cultura pagana que la rodeaba. Su perspectiva era similar a la de los que en otra parte de las Escrituras son descritos como "muertos en delitos y pecados" (Efe. 2:1-3). Sardis se había "identificado por completo con el ambiente pagano que la rodeaba". 2

 

2-3 El Señor le hace a Sardis dos amonestaciones. Primera, ¡despierta! G. R. Beasley-Murray señala algunos hechos interesantes sobre el pueblo de Sardis, que sirven como trasfondo apropiado para esta declaración: "Sardis fue construida sobre una montaña, y se construyó una acrópolis en las estribaciones de esta montaña, que era poco menos que inexpugnable. Y, sin embargo, dos veces en la historia de la ciudad, ésta había sido sorprendida y capturada por enemigos. El paralelo con la falta de vigilancia de la iglesia es impresionante". 3 Sardis no está muerta por completo, pero estas cosas están a punto de morir. Aunque el Señor todavía no ha cancelado a la iglesia entera, el peligro es real e inmediato. Los ancianos de Sardis deben comenzar ahora mismo a reforzar las cosas que quedan.

 

En este punto, algunos miembros de Sardis podrían haberse quejado: "¿Por qué nos regañas? ¡No hemos hecho nada!" Y ese era precisamente el problema. Sardis tenía obras, pero no eran completas; a los ojos de Dios, no habían sido cumplidas. En realidad, Sardis puede haber parecido ser la iglesia más "viva" por esta misma razón: Como iglesia muerta, no experimentaba ni controversia teológica ni persecución. "Contenta con la mediocridad, careciendo tanto de entusiasmo para albergar una herejía como la profundidad de convicción que provoca intolerancia, era demasiado inocua para que valiera la pena perseguirla". 4 Puede que Satanás haya pensado que Sardis caminaba bastante bien sin su interferencia, y que era mejor dejarla en paz.

 

En su segunda amonestación, Cristo ordena: Recuerda, por tanto, lo que has recibido y oído - el evangelio, el ministerio y los sacramentos, y (en el caso de los ancianos a los cuales se dirige esto específicamente) los privilegios y las responsabilidades de ocupar un puesto en la iglesia de Jesucristo. Todas estas cosas ellos las habrían de preservar, vigilar, y guardar; y eso significaba que debían arrepentirse de su indolente actitud y conducta.

 

Por lo tanto, si no te arrepientes, advierte Cristo, vendré a tí como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre tí. Para repetir lo que se ha señalado cuidadosamente más arriba (véanse los comentarios sobre 1:7; 2:5, 16), la amenaza de la venida de Cristo contra una iglesia local, o hasta contra una nación o grupo de naciones, no es la misma que la Segunda Venida (es decir, el fin del mundo). Todo el mundo puede acceder a Cristo el Señor en todo momento, y cualquier individuo, familia, iglesia, negocio, sociedad, o nación desobediente está expuesto a que Cristo venga en juicio - un juicio que puede incluir cualquiera o todas las maldiciones del pacto descritas en Levítico 16 y Deuteronomio 28. En todo caso, las palabras "sobre tí" indican una venida local; el que los comentaristas y predicadores hayan dejado de entender este simple hecho es el resultado predecible de una hermenéutica llana y futurista que linda con la incultura bíblica.

 

4-6 Sin embargo, había algunas personas en Sardis que habían permanecido fieles a lo que habían recibido y oído, y no habían manchado sus vestidos; no se habían secularizado ni conformado a la cultura pagana que les rodeaba. De ellos, Cristo dice: Caminarán conmigo vestidos de blanco, porque son dignos. El que venciere será vestido de vestiduras blancas. Los santos son vistos vestidos de blanco siete veces en el Libro de Apocalipsis (3:5, 18; 4:4; 6:11; 7:9, 13; 19:14), y en la Escritura el color blanco es obviamente un símbolo de pureza y justicia, cuyo origen primero se remonta a la brillantez como de sol de la Nube de Gloria: En Cristo, los santos son recreados a imagen de Dios, y son revestidos del Nuevo Hombre, Jesucristo (Gál. 3:27; Efe. 4:24; Col. 3:10). Por lo tanto, el que seamos vestidos de las vestiduras blancas de justicia tiene lugar definitivamente a nuestro bautismo (Gál. 3:27), progresivamente mientras trabajamos por nuestra salvación en obediencia diaria a los mandamientos de Dios, "vistiéndonos de" las gracias y virtudes cristianas (Col. 3:5-17), y finalmente en el día postrero (Col. 3:4; Judas 24). Como sucede con todas las promesas hechas a los vencedores en Apocalipsis, ésta también es simplemente una descripción de un aspecto de la salvación, de la cual participan todos los elegidos de Dios.

 

En la segunda promesa de esta carta en relación con los vencedores, Cristo dice: No borraré su nombre del Libro de la Vida. Esta afirmación ha sido fuente de controversia por generaciones. ¿Puede apostatar un verdadero cristiano? ¿Puede usted perder la salvación? Se han ofrecido por lo menos tres respuestas erróneas:

 

1. Los que han sido verdaderamente salvados por la redención de Cristo pueden apostatar y perderse para siempre. Esta es la clásica posición arminiana, y es negada por las Escrituras absoluta y categóricamente. La naturaleza de la salvación proporcionada por Cristo es eterna, y nuestra justificación a la vista de Dios no está basada en nuestras obras sino en la justicia perfecta y consumada, así como en la expiación sustitutiva de Cristo Jesús. (Véase Juan 3:16; 5:24; 6:35-40; 10:27-30; Rom. 5:8-10; 8:28-39; Efe. 1:4-14; 1 Tesa. 5:23-24; 1 Juan 2:19).

2. Todos los que han "aceptado a Cristo" serán salvos; no importa lo que hagan más tarde, no pueden ser condenados.
Esta es la clásica posición "evangélica cobarde", y a ella también se oponen las Escrituras. Los que adoptan esta posición intentan comer con ambas manos, por decirlo así: No quieren al Dios predestinador que predican los calvinistas, pero tampoco tienen el valor de afirmar el arminismo plenamente. Quieren que el hombre sea soberano al escoger su salvación, sin interferencia de un decreto de Dios; pero quieren que la puerta de la salvación se cierre con fuerza tan pronto el hombre entra, para que no pueda salir. Pero la Biblia enseña que Dios ha predestinado absolutamente todas las cosas y reina soberanamente sobre todos. Él ha escogido infaliblemente a todos los que han de ser salvos, extendiéndoles su gracia irresistible; y ha determinado quiénes serán condenados, reteniéndoles Su gracia (véase Mat. 11:25-27; 20:16; 22:14; Mar. 4:11-12; Luc. 4:25-27; 17:1; 22:22; Juan 6:37-39, 44; 12:39-40; Hech. 4:27-28; 13:48; Rom. 9:10-26; 11:2, 5-10; 1 Cor. 1:27-31; Efe. 1:4-5, 11; 1 Tesa. 5:9; 2 Tesa. 2:13; 2 Tim. 1:9; 2 Tim. 2:10; 1 Ped. 1:1-2; 2:8-9; Judas 4).
5

 

Sin embargo, la Biblia también enseña que hay quienes profesan creer en Cristo, y según todas las apariencias, se cuentan entre los elegidos, pero finalmente apostatarán de la fe y heredarán la condenación antes que la salvación. Judas es el ejemplo obvio, pero de ninguna manera el único. El Antiguo Testamento proporciona incontables ejemplos de miembros del Pacto que se apartaron de la fe, y el Nuevo Testamento nos advierte una y otra vez de la ira de Dios contra los que quebrantan su pacto (véase Mat. 7:15-23; 13:20-21; 24:10-12; Mar. 4:5-17; Luc. 8:13; Juan 15:1-10; 1 Cor. 9:27; 10:1-12; 2 Tesa. 2:3; 11-12; 1 Tim. 4:1-3; 2 Tim. 3:1-9; 4:3-4; Heb. 2:1-3; 3:12-14; 6:4-6; 10:26-31; 35-39; 2 Ped. 2:1-3, 20:22; 3:17). Como escribió John Murray: "Es completamente erróneo decir que un creyente está a salvo sin tomar en cuenta su vida subsiguiente de pecado e infidelidad. La verdad es que la fe de Cristo Jesús siempre toma en cuenta la vida de santidad y fidelidad. Por esta causa, nunca es correcto pensar en un creyente sin tomar en cuenta los frutos de fe y santidad. Decir que un creyente está a salvo cualquiera pueda ser el alcance de su adicción al pecado en su vida subsiguiente es abstraer la fe en Cristo de su misma definición, y ministra al abuso que convierte la gracia de Dios en lascivia. La doctrina de la perseverancia es la de que los creyentes perseveran; es imposible subrayar demasiado que se trata de la perseverancia de los santos. Y eso significa que los santos, los que están unidos a Cristo por el eficaz llamado del Padre y porque el Espíritu Santo mora en ellos, perseverarán hasta el fin. Si perseveran, soportan, continúan. No es en modo alguno que serán salvos sin tomar en cuenta su perseverancia o su continuidad, sino que con certeza perseverarán. En consecuencia, la seguridad suya es inseparable de su perseverancia. ¿No es esto lo que Jesús dijo? 'El que persevere hasta el fin, éste será salvo'". 6

 

3. Todas las personas del mundo están inscritas en el Libro de la Vida, pero los incrédulos son borrados de él después de que ha pasado la época de rendir cuentas. Esta idea es tan ridícula que la Biblia ni siquiera gasta tiempo refutándola directamente (aunque los pasajes ya enumerados indican que son puras tonterías, para decirlo decentemente). ¿En qué parte de las Escrituras hay una brizna de evidencia de que hay una "época de rendir cuentas"? ¿En qué parte apoya la Biblia en absoluto a la siguiente joyita tomada de un bien conocido erudito cristiano?

 

Puesto que Cristo murió por el pecado inherente en toda persona concebida, un niño que muere antes de convertirse en un pecador deliberado y consciente no necesita ser "salvado" del pecado, pues nunca ha pecado, y pues Cristo ha hecho propiciación por su pecado innato. 7
Hay por lo menos cinco errores teológicos en esa sola oración, pero concentrémosnos en el punto principal: la idea de que los niños son básicamente sin pecado, o sin pecado "deliberado", cuando nacen, y permanecen en esa condición hasta que alcancen la mística "edad de responsabilidad". En primer lugar, la verdadera edad de responsabilidad se alcanza en el momento de la concepción: Todos los hombres son en todo momento responsables ante Dios (véase Salmos 51:5; Rom. 3:23). Segundo, todos los hombres están ya bajo sentencia de condenación; separados de la gracia salvadora de Dios, están condenados desde el momento en que existen (véase Juan 3:18, 36; Rom. 5:12-19). 8 ¿Por qué otra razón mueren los bebés (Rom. 6:23)? Tercero, los bebés son pecadores deliberados: "Se apartaron los impíos desde la matriz; se descarriaron hablando mentira desde que nacieron" (Sal. 58:3; comp. Sal. 53:2-3; Rom. 3:10-12, 23; Efe. 2:1-3). Ahora bien, o la doctrina de la "edad de responsabilidad" es errónea, o la Biblia está equivocada. ¿A cuál de las dos hemos de creer? El hecho es que la idea de la no pecaminosidad de los bebés es pagana, sin apoyo bíblico. Es un mero sentimentalismo anticristiano, que rehusa escuchar la palabra de Dios, e intenta reemplazarla con la palabra del hombre - o, más probablemente, con la palabra de poetas afeminados que garabatean sentimentaloides tarjetas de saludo. Está en el mismo nivel que el parecer de que cada vez que una hada se suena su diminuta nariz nace un bebé.

Para terminar con este punto: La amenaza expresada por Jesús aquí es muy real. Los que están en el Libro de la Vida - es decir, los que son miembros de iglesia bautizados, que profesan creer en Cristo, y son contados y tratados como cristianos - deben permanecer fieles a Cristo. Si apostatan y se convierten en herejes,  inmorales, o simplemente se "secularizan", de la manera en que le ocurrió a Sardis, serán borrados, eliminados del registro de los redimidos. Pero el cristiano que supera estas tentaciones, demostrando así que Cristo le ha comprado realmente y le ha hecho suyo, no está en peligro - su nombre jamás será borrado.

 

La promesa final al que vence refuerza esta idea: Le confesaré delante de mi Padre y delante de sus ángeles. Esto refleja las afirmaciones de Jesús en los evangelios: "A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos" (Mat. 10:32-33; comp. Mar. 8:38; Luc. 12:8-9). Muchos cristianos de Sardis negaban a Cristo delante de su comunidad, pues se empeñaban en ser alabados de los hombres antes que de Dios. En el juicio final, oirán estas palabras del Hijo de Dios: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad (Mat. 7:23). Pero los que vencieron estas tentaciones serán gozosamente reconocidos por Cristo como suyos. Este mensaje es tan importante y necesario hoy día como lo era hace 2000 años. ¿Tenemos oídos para oír lo que el Espíritu dice a las iglesias?

 

Filadelfia: El juicio contra la sinagoga de Satanás (3:7-13)
7 Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre:
8 Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de tí una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar: porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.
9 He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado.
10 Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra.
11 He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.
12 Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.
13 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
7 Como la iglesia de Esmirna, la iglesia de Filadelfia había sido especialmente perseguida por los judíos apóstatas. Cristo inicia su mensaje a los ancianos declarándose como el que es santo, un término bíblico establecido para Dios (comp. Isa. 40:25), y el que es verdadero, en contraste con los mentirosos dirigentes judíos, que habían rechazado la verdad. Jesucristo tiene también la llave de David: Él abre, y ninguno cierra; Él cierra, y ninguno abre. Esta es una alusión a Isaías 22:15-25, donde Dios acusa a un mayordomo real de falsedad, de traicionar su confianza. Dios declara: "Y te arrojaré de tu lugar, y de tu puesto te empujaré" (v. 19; comp. Gén. 3:22-24). Además, Dios reemplazará al mayordomo falso con uno fiel (comp. 1 Sam. 13:13-14):
Y lo vestiré de tus vestiduras, y lo ceñiré de tu talabarte, y entregaré en sus manos tu potestad; y será padre al morador de Jerusalén, y a la casa de Judá. Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá. (Isa. 22:21-22).
Cristo está anunciando así que los oficiales del Israel apóstata eran falsos mayordomos: han sido echados de sus puestos, despojados de toda legítima autoridad, y reemplazados por Aquél que es santo y verdadero. Los guardas de la puerta de la sinagoga habían excomulgado a los cristianos, declarándoles apóstatas. En realidad, dice Cristo, sois vosotros, los de la sinagoga, los apóstatas; sois vosotros los que habéis sido expulsados del Pacto; y yo he tomado vuestro lugar como el Verdadero Mayordomo, el Pastor y Supervisor del Pacto (comp. 2 Pedro 2:25).

8-9 Y así el Señor puede consolar a estos cristianos sufrientes, los cuales, a causa de haber seguido a Cristo fielmente, han sufrido una injusta excomunión del Pacto. Yo conozco tus obras, les asegura. Has sido dejado fuera de la puerta por los porteros, pero debes recordar que yo soy el que tiene la llave, y he aquí, he puesto delante de tí una puerta que nadie puede cerrar. El mismo Señor del Pacto les ha admitido en su comunidad, y ha echado fuera a los que pretenden tener las llaves; los cristianos fieles no tienen nada que temer. La iglesia de Filadelfia sólo tiene algo de poder - no es prominente, elegante, ni exteriormente próspero, en contraste con la impresionante iglesia de Sardis, aparentemente "viva" y transigente. Pero ha sido fiel a lo que se le ha dado (comp. Lucas 19:26): Has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.

 

Por lo tanto, yo haré que esos de la sinagoga de Satanás, que dicen que son judíos, pero no lo son, sino que mienten - he aquí, haré que vengan y se postren a tus pies, y sepan que yo te he amado. Nuevamente los judíos apóstatas son revelados en su verdadera identidad; la sinagoga de Satanás (comp. 2:9). Nuevamente, no existe tal cosa como el judaísmo "ortodoxo"; no existe tal cosa como una genuina creencia en el Nuevo Testamento que sea consistente con un rechazo de Jesucristo como Señor y Dios. Los que no creen en Cristo no creen en el Antiguo Testamento tampoco. El dios del judaísmo es el diablo. El judío no será reconocido por Dios como miembro de su propio pueblo sino cuando abandone su religión demoníaca y regrese a la fe de sus padres - la fe que abraza a Jesucristo y a su evangelio. Cuando los judíos que rechazan a Cristo aseguran que siguen las pisadas de Abraham, dice Jesús, mienten. Y, aunque en la actualidad dominan en Filadelfia, su dominio sobre el pueblo del verdadero pacto no durará mucho. Cristo mismo les obligará a venir y postrarse a los pies de los cristianos. En esta afirmación hay una irónica referencia a Isaías 60:14, donde Dios hace esta promesa al pueblo del pacto, que había sido perseguido por los paganos:

 

Y vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron, y a las pisadas de tus pies se encorvarán todos los que te escarnecían, y te llamarán Ciudad de Jehová, Sión del Santo de Israel.
Los que afirman falsamente ser judíos están realmente en la posición de los paganos perseguidores; y se verán obligados a reconocer la posición en cuanto al pacto de la iglesia como heredera de las promesas hechas a Abraham y a Moisés. Porque la iglesia es el verdadero Israel, y al entrar a la iglesia, estos creyentes "se han acercado al monte de Sión y a la ciudad del Dios vivo" (Heb. 12:22). El Israel apóstata ha sido podado del árbol de la vida del pueblo del pacto, mientras que los creyentes en Cristo de todas las naciones han sido injertados (Rom. 11:7-24). La única esperanza para los que están fuera de la línea del pacto, sin importar su herencia étnica o religiosa, es reconocer a Cristo como el único Salvador y Señor, sometiéndose a Él. A menos y hasta que los judíos sean injertados en la línea del pacto por la gracia de Dios, permanecerán fuera del pueblo de Dios, y perecerán con los paganos. La Biblia sí hace la promesa de que los descendientes de Abraham regresarán a la fe de Cristo Jesús (Rom. 11:12, 15; 23:2). 9 Pero, a menos que lo hagan, la Escritura los clasifica con los paganos (con una gran diferencia, sin embargo: la condenación del judío apóstata es mucho más severa que la del pagano ignorante; véase Rom. 2:1-29).

10-11 A causa de que los perseguidos cristianos de Filadelfia habían guardado la palabra de perseverancia, su Señor les promete a cambio guardarles en la hora de la prueba. Nótese bien: Cristo no está prometiendo raptarles o llevárselos, sino guardarlos. Está prometiendo preservarlos en la prueba, protegerlos de las caídas (Judas 24). Aunque este es uno de los versículos que los dispensacionalistas han afirmado que apoya la teoría del "rapto antes de la tribulación", cuando se le mira de cerca en realidad no revela nada de eso. En realidad, no dice nada en absoluto sobre el fin del mundo o la Segunda Venida: La "hora de la prueba" a la que se alude aquí se identifica como la hora que está a punto de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran en la tierra. Habla del período de tribulación que, en la experiencia de los lectores del siglo primero, estaba a punto de ocurrir. ¿Tiene sentido que Cristo le prometiera protección a la iglesia de Filadelfia contra algo que sucedería miles de años más tarde? "¡Alégrense, fieles y sufrientes cristianos del Asia Menor del siglo primero: No permitiré que los destruyan aquellos proyectiles teledirigidos soviéticos y los Killer Bees!" Cuando los cristianos de Filadelfia se preocupaban por cosas más prácticas e inmediatas - la persecución oficial, la discriminación religiosa, el ostracismo social, y los boycots económicos - ¿qué les importarían las lucrativas historias de horror de Hal Lindsey? Torciendo pasajes como estos para acomodarlos a sus fantasías pasajeras, ciertos dispensacionalistas modernos han añadido a la Palabra de Dios, y demeritado su mensaje; y así, han caído bajo la maldición de Apocalipsis 22:18-19.

 

No, la prometida hora de la prueba estaba en el futuro inmediato, como lo atestigua la Escritura universalmente; una mera hora de prueba, para ser reemplazada por mil años de gobierno (20:4-6). Juan usa la expresión "los que moran en la tierra" doce veces en Apocalipsis (una vez por cada una de las doce tribus) para referirse al Israel apóstata (3:10; 6:10; 8:13; 11:10 [dos veces]; 14:6; 17:2, 8). En el Antiguo Testamento griego (la versión usada por la iglesia primitiva) es una expresión profética común para el Israel rebelde e idólatra que está a punto de ser destruido y expulsado de la tierra (Jer. 1:14; 10:18; Eze. 7:7; 36:17; Oseas 4:1, 3; Joel 1:2, 14; 2:1; Sof. 1:18), basada en su uso original en los libros históricos de la Biblia para los paganos rebeldes e idólatras que están a punto de ser destruidos y expulsados de la tierra (Núm. 32:17; 33:52; 55; Josué 7:9; 9.24; Jueces 1:32; 2 Sam. 5:6; 1 Crón. 11:4; 22:18; Neh. 9:24); Israel se ha convertido en una nación de paganos, y está a punto de ser destruido, exiliado, y suplantado por una nueva nación, la Iglesia. El mismo mundo romano en su totalidad sería lanzado a convulsiones a gran escala, parte de las cuales involucrarían la persecución de los cristianos por parte de un emperador enloquecido que se había autodeificado con la ayuda de los judíos. Vendrían días en que el diablo - en sus manifestaciones tanto romana como judía - intentaría destruir el cristianismo de una vez por todas. En vez de eso, el resultado final sería la destrucción de Israel y Roma, pero entre tanto les aguardaban a los cristianos tiempos difíciles, y muchas tentaciones para apartarse de la fe. Aquí Cristo promete a sus fieles seguidores que serían protegidos y preparados para que perseveraran en la venidera hora de la prueba. Así que aquí les recuerda nuevamente: Vengo pronto - el juicio prometido no está lejos. Por lo tanto, retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. Cristo ha abierto la puerta para la Iglesia, concediéndole el privilegio de la real comunidad con Dios como sumos sacerdotes y reyes; y ellos deben soportarlo todo por amor a Él, mientras que su reino venidero sacude las naciones de la tierra y hace salir a sus enemigos de sus baluartes.

 

12-13 Nuevamente la promesa para el vencedor involucra una designación simbólica de salvación. Primero, dice Cristo, le haré columna en el templo de mi Dios. Esto tiene que ver con las complejas imágenes del Tabernáculo y el Templo, cuyas estructuras arquitectónicas correspondían a las vestiduras sacerdotales. 10  Los dos postes laterales del Tabernáculo (las columnas del Templo) son llamados hombreras, mientras que la mitra del sacerdote, inscrita con el nombre de Dios, correspondía al dintel que tenía la forma de un arco sobre las columnas. 11 De la misma manera que  las dos columnas del templo fueron llamadas Jaquín, Él establecerá, y Boaz, En Él hay fortaleza, las hombreras del efod del sumo sacerdote estaban inscritas con los nombres de los hijos de Israel (Éx. 28:9-12). Todo esto converge en Apocalipsis, donde el fiel vencedor es representado como una columna en el templo de Dios. Y ya no se alejará más de él: El pueblo de Dios se caracteriza por la estabilidad y la permanencia (comp. Jer. 1:18; 1 Tim. 3:15). Hemos sido redimidos de nuestra condición errante.

 

Continuando con sus imágenes, Cristo dice: "Y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la Ciudad de mi Dios ... y mi nombre nuevo". Todo esto habla de la plena restauración del pueblo de Dios a la imagen de Dios, como vemos en el capítulo final de Apocalipsis. "Y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes" (Apoc. 22:4). Una de las bendiciones básicas del pacto está contenida en la bendición familiar: "Jehová haga resplandecer su rostro sobre tí" (Núm. 6:25); ver el resplandor del rostro de Dios significa participar de la salvación y reflejar la gloria de Dios como portador de su imagen (véase Éx. 34:29-35; Núm. 12:6-8; Sal. 80:3,7, 19; 2 Cor. 3:7-18; 4:6; 1 Juan 3:2). De manera similar, como ya hemos visto, el nombre de Dios inscrito sobre las frentes simboliza la restauración del hombre redimido a la gloria ética y física que pertenece a la imagen de Dios (comp. Gén. 3:19; Éx. 28:36-38; Deut. 6:4-9; y contrástese con 2 Crón. 26:19).

 

El cuadro se completa al ser declarado el cristiano ciudadano de la nueva Jerusalén, que desciende del cielo, de mi Dios. La antigua Jerusalén, que había apostatado de la fe de Abraham, estaba bajo juicio y a punto de ser destruida; el antiguo templo, que Dios había abandonado, se había convertido en santuario de demonios, y pronto habría de ser demolido tan completamente que no quedaría piedra sobre piedra (Mat. 24:1-2). Pero ahora la Iglesia de Cristo es declarada ciudad de Dios, la Nueva Jerusalén, cuyo origen no estaba en la tierra sino en el cielo. Los ciudadanos de la antigua Jerusalén habrían de ser esparcidos a los confines de la tierra (Lucas 21:24), mientras que la relación de los cristianos con Dios es tan íntima que el cristiano podría ser descrito como columna misma del Templo, la morada de Dios - una columna, además, que no podría ser movida de su lugar, porque el cristiano no saldrá del Templo ya más. Como su madre, los hijos de la antigua Jerusalén estaban esclavizados; mientras "la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre" (Gál. 4:26). Jesús había dicho: "Vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes" (Mat. 8:11-12). Y esto era cierto de los cristianos vencedores de Filadelfia. Aunque perseguidos y discriminados por el falso Israel, como Isaac lo había sido por Ismael (Gén. 21:8-14; Gál. 4:22-31), verían a los falsos hijos desheredados y expulsados, mientras que ellos, por medio de Cristo, recibirían las bendiciones de su padre Abraham, y heredarían el mundo (Rom. 4:13; Gál. 3:29).

 

Laodicea: El juicio contra los tibios (3:14:22)
14 Y escribe al angel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto:
15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!
16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.
17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.
18 Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio para que veas.
19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.
20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
21 Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.
22 El que tiene oídos para oir, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
14 La ciudad más rica de la región, Laodicea era otro importante centro del culto al emperador. En su mensaje a los ancianos de esta iglesia, Cristo se identifica de tres maneras. Primero, Jesús dice, Él es el Amén. Esta es la palabra familiar a todos los cristianos: La repetimos al final de nuestros credos, nuestros himnos, y nuestras oraciones. 12 Se entiende generalmente que significa Así sea; pero su fuerza real, en términos de la teología de la Biblia, es mucho más fuerte. Es realmente un juramento: decir Amén significa invocar sobre uno mismo las maldiciones del pacto (comp. Núm. 5:21-22; Deut. 27:15-26; Neh. 5:12-13). Como nuestro "Sí y Amén", Jesucristo es la garantía de las promesas del pacto, por su perfecta obediencia, sacrificio expiatorio, y continua intercesión ante el tribunal celestial (2 Cor. 1:20; Gál. 3:13; Heb. 7:22-28; 9:24-28; 10:10-14). Así, nuestro Amén en respuesta litúrgica a la Palabra de Dios es a la vez un juramento y un reconocimiento de que nuestra salvación depende completamente, no de nuestra observancia del pacto, sino de la perfecta observancia del pacto por Cristo Jesús, que se colocó a sí mismo y en nuestro lugar bajo las estipulaciones y las maldiciones del pacto.

Segundo, esto significa que Jesús es también el Testigo fiel y verdadero, en cuya palabra podemos confiar eternamente. "Él es un Testigo fiel porque su testimonio es verdadero; y es un Testigo verdadero porque en él reside la completa realización de todos los requisitos que hacen de cualquier persona un testigo, real y verdaderamente". 13 Y es como testigo infalible y plenamente autorizado como Cristo presenta testimonio convincente contra la iglesia de Laodicea.

 

Tercero, dice Jesús, Él es el principio de la creación de Dios: Él es el arche, tanto el Origen como el Regente de toda la creación, como Pablo escribió también en una carta que él tenía el propósito específico de que leyera la iglesia de Laodicea (véase Col. 4:16):

 

Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia. (Col. 1:15-18).
 
Así, el que habla a Laodicea es el Amén, el gran Garante del Pacto, el infalible Testigo que es la Verdad misma, con toda la autoridad que posee el Creador y el Rey del universo. Y él ha venido a dar testimonio contra su iglesia.

15-16 Laodicea era tibia, no era ni fría ni caliente. Esto se ha interpretado a menudo como si caliente significase piadoso entusiasmo y frío significase antagonismo impío; pero hay otra explicación que se ajusta mejor al contexto histórico y geográfico. Laodicea estaba situada entre dos ciudades importantes, Colosas y Hierópolis. Colosas, acuñada en un angosto valle a la sombra de elevadas montañas, estaba regada por helados arroyos que se precipitaban desde las alturas. En contraste, Hierópolis era famosa por sus calientes manantiales de aguas minerales que fluían desde la ciudad y atravesaban una alta llanura hasta caer en cascada por un precipicio que daba frente a Laodicea. Para cuando el agua llegaba al suelo del valle, estaba tibia, putrefacta, y nauseabunda. Por lo tanto, en Colosas uno podía refrescarse con agua de beber, clara, fría, vigorizante; en Hierópolis, uno podía curarse bañándose en sus pozas de agua caliente cargada de minerales. Pero en Laodicea, las aguas no eran ni calientes (para recobrar la salud) ni frías (para beber). 14

 

En otras palabras, la acusación básica contra Laodicea es que es inútil, no sirve para nada. La iglesia laodicense ni cura la enfermedad ni sirve para calmar la sed de resecos labios y gargantas abrasadas. La clase de cristianismo representado por Laodicea es inútil. La iglesia no proporcionaba "ni refrigerio para el espiritualmente cansado, ni sanación para el espiritualmente enfermo. Era totalmente ineficaz, y por lo tanto, desagradable para su Señor". 15  Así, dice Mounce, "la iglesia no está siendo reprendida por su temperatura espiritual, sino por la esterilidad de sus obras". 16 Esto explica la declaración de Cristo: Ojalá fueras fría o caliente. Él no está diciendo que la franca apostasía es preferible a una posición intermedia; más bien, Él está diciendo que ojalá los cristianos laodicenses influyeran sobre la sociedad.

 

El día de un hipopótamo
transcurre durmiendo; de noche caza;
Dios obra de manera misteriosa -
La iglesia puede dormir y comer al mismo tiempo. 17
El llamado al cristiano es, no a mezclarse con el ambiente pagano, sino a convertirlo, a reformarlo, a reconstruirlo en términos del consejo total de Dios como lo ha mandado en su Palabra. Para citar sólo un ejemplo del moderno laodiceaísmo, consideremos las muchas iglesias evangélicas que creen en la Biblia - iglesias que se estremecerían ante la sola idea de que son "mundanas" o "liberales" - pero que continúan llevando un estiilo de vida complaciente, organizando encuentros de grupos y campamentos de verano, completamente ajenas al asesinato de más de 4.000 bebés nonatos todos los días. A menudo, estas iglesias temen hacer declaraciones "políticas" con el argumento de que podrían perder sus exenciones de impuestos. Pero, cualquiera sea la excusa, la tal iglesia está desobedeciendo la Palabra de Dios. Si una iglesia no está transformando a su sociedad, si no está cristianizando la cultura, ¿para qué sirve? "Si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres" (Mat. 5:13).

Por eso, porque eres tibia ... te vomitaré de mi boca. Esto es un eco de Levítico 18:24-28:

 

En ninguna de estas cosas os amancillaréis; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros, y la tierra fue contaminada; y yo visité su maldad sobre ella, y la tierra vomitó sus moradores. Guardad, pues, vosotros mis estatutos y mis ordenanzas, y no hagáis ninguna de estas abominaciones, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros (porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada); no sea que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomitó a la nación que la habitó antes de vosotros.
La tibieza laodicense es abominación al Señor. Por no causar una impresión en el mundo (y conformarse así a las normas paganas - o por no hacer un alboroto a causa de esas normas, lo que equivale a lo mismo) la iglesia está en peligro de ser cortada de Cristo, y su mismo liderazgo está amenazado con la excomunión a gran escala.

17-18 La ciudad de Laodicea se enorgullecía de sus tres sobresalientes cracterísticas: Su gran riqueza y su independencia financiera como un importante centro bancario; su industria textil, que producía "una lana negra, brillante, de muy buena calidad, y famosa en el mundo entero"; 18 y su comunidad científica, renombrada, no sólo por su prestigiosa escuela de medicina, sino por su colirio (llamado "Polvo Frigio") que había sido bien conocido desde los días de Aristóteles. Usando estos hechos para ilustrar los problemas de la iglesia, Cristo cita la actitud general de los cristianos laodicenses: Tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y no tengo necesidad de nada. En realidad, a pesar de la riqueza de la iglesia y su indubitable posición social, era inútil, y no había realizado nada en favor del reino de Dios. No es pecado que un individuo sea rico o que una iglesia sea rica - la verdad es que Dios quiere que obtengamoos riquezas (Deut. 8:18). Lo que constituye pecado es el no usar nuestros recursos para difundir el reino. Cuando una iglesia relativamente pobre como la de Esmirna (véase Apoc. 2:9) estaba teniendo un gran efecto sobre su comunidad, no había excusa para la impotencia de Laodicea.

 

Y sin embargo, por gracia, Cristo hace una oferta de misericordia: Te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico; y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. El simbolismo aquí debería ser obvio. La fe verdadera y las genuinas obras de obediencia se mencionan en las Escrituras en términos de joyería, especialmente oro (1 Ped. 1:7; 1 Cor 3:12-15); la desnudez es un síntoma de desobediencia (Gén. 3:7, mientras el estar vestido de vestiduras blancas es un símbolo de justicia, con relación tanto a la justificación como a la santificación (Gén. 3:21; Mat. 22:11; Apoc. 19:8); y la ceguera es un símbolo de la impotencia y la condición caída del hombre (Lev. 21:18; Deut. 29:4; Mat. 13:13-15; 16:3; 2 Cor. 4:3-4; 1 Juan 2:11) aparte de la restauración por Cristo a la verdadera capacidad de ver - la capacidad piadosa, madura, para juzgar en recto juicio (Lucas 4:18; Hechos 26:18; 1 Cor. 2:14-15).

 

19-20 Pero Laodicea todavía no ha de ser desechada por el Señor. Por duras que sean sus palabras, todavía profesa amor a su Esposa. En realidad, ésa es la fuente de su enojo. Porque te amo, declara, te reprendo y te disciplino. Una característica de los que son verdaderos hijos de Dios, y no bastardos (comp. Heb. 12:5-11) es su respuesta al reproche y a la disciplina. Todos los cristianos necesitan ser reprendidos y corregidos a veces, y algunos más que otros; lo que importa es si aceptamos o no la amonestación, y cambiamos nuestro modo de actuar. Hasta donde Laodicea ha caído, todavía puede ser restaurada si renueva su obediencia y se hace fiel a la Palabra de Dios: Sé celoso, por lo tanto, y arrepiéntete.

 

En este punto, Jesús pronuncia algunas de las más hermosas palabras de toda la Biblia, en lo que es quizás el vcrsículo mejor conocido del Nuevo Testamento, además de Juan 3:16. "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo". Algunos comentaristas reformados han señalado el muy difundido abuso de este pasaje por parte de los modernos evangélicos, que arrancan el versículo de su contexto como mensaje a los ancianos de una iglesia, y lo convierten en una solicitud diluída, arminiana, de una deidad débil e indefensa que está a merced del hombre. Debemos recordar que Cristo está hablando aquí como el Amén, el Testigo fiel y verdadero, el Creador y el Soberano Señor de todos. No está haciendo una apelación débil, como si no gobernara la historia y no predestinara sus más mínimos detalles; él es el Rey de Reyes, que hace guerra contra sus enemigos y los condena a las llamas eternas. Ni está hablando a la gente en general, pues está dirigiendo su mensaje a su iglesia; nuevamente, tampoco está sencillamente hablando a los cristianos como individuos, sino a los cristianos como miembros de la Iglesia. No se puede hacer a este versículo servir los propósitos de un individualismo arminiano, subjetivo, sin arrancarlo violentamente de su contexto textual y de pacto. 19

 

Sin embargo, hay aquí, por otro lado, una distorsión que es igualmente seria. No es suficiente señalar que los arminianos han dejado de manejar satisfactoriamente este texto, porque los calvinistas han fracasado tradicionalmente en este punto también. El culto reformado tiende a ser exageradamente intelectual, centrado en la predicación. So pretexto de centrarse en la Palabra, a menudo se han centrado en realidad en el intelecto. El racionalismo reformado ha producido así su reacción igual y opuesta en el reavivamiento, irracionalismo, y anti-intelectualismo arminiano. La gente ha huído del énfasis desnudo, demasiado intelectual, del culto reformado y corrido hacia las herejías anti-teológicas de lo que desafortunadamente se conoce como evangelismo (que en realidad tiene muy poco del evangelio original). 20

 

¿Cuál es la respuesta? Tenemos que tomar en serio la doctrina bíblica de la real presencia de Cristo en el sacramento de la Eucaristía. Debemos regresar al modelo bíblico de culto centrado en Jesucristo, que significa la celebración semanal de la Cena del Señor, así como la enseñanza sobre su verdadero significado y eficacia. 21 Debemos abandonar el rancio platonismo que informa nuestro culto desnudo e intelectualizado, y regresar a un verdadero culto corporativo, litúrgico, caracterizado por la belleza artística y la excelencia musical. 22

 

Porque debería ser obvio que en este versículo Él está haciendo a la Iglesia una oferta de renovada comunión con Él. El corazón y el centro mismos de nuestra comunión con Cristo están puestos a su mesa (es decir, nuestra mesa terrenal, que Él ha hecho suya). La más básica, la más profunda oferta de salvación es la invitación de Cristo para que cenemos con él. En santa comunión, estamos genuinamente cenando con Jesús, elevados a su presencia celestial; y, además, estamos comiendo de Él:

 

De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. (Juan 6:53-57).
 
21-22 La promesa final para el que vence es una promesa de reinado con Cristo: "Yo le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo también he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono". ¿Es ésta sólo una esperanza futura? Ciertamente que no. El privilegio de gobernar con Cristo les pertenece a todos los cristianos, en el tiempo y en la tierra, aunque el dominio es progresivo a través de la historia hasta la consumación final. Pero Cristo ya ha entrado a su reino (Col. 1:13); Él ya ha desarmado a Satanás y a los demonios (Col. 2:15); nosotros ya somos reyes y sacerdotes con Él (Apoc. 1:6); y así como Él venció, nosotros hemos de ir adelante, venciendo en su nombre. Él reina ahora (Hechos 2:29-36), por encima de toda creación (Efe. 1:20-22), con todo poder en el cielo y en la tierra (Mat. 28:18-20), y ahora mismo está ocupado poniendo a todos sus enemigos bajo sus pies (1 Cor. 15:25), hasta que su reino se convierta en un gran monte que llena toda la tierra (Dan. 2:35, 45).

De este modo, en estos mensajes a las iglesias, nos hemos encontrado una y otra vez con la orden fundamental de Apocalipsis, que Juan nos amonesta que acatemos (1:3): ¡Venced! ¡Conquistad! Aun aparte del hecho de que la profecía no es acerca del siglo veinte, no captaremos su significado si nos concentramos en persecuciones o el culto al emperador de la misma manera que los Hal Lindseys de esta era se concentran en embargos petroleros, los mercados comunes, y las bombas de hidrógeno: el mensaje básico no es acerca de ninguno de estos temas, sino más bien sobre el deber de la Iglesia de conquistar el mundo. R. J. Rushdoony ha dicho bien: "El propósito de esta visión es dar a la Iglesia consuelo y la certeza de la victoria, no confirmar sus temores o las amenazas del enemigo. Leer Apocalipsis como cualquier otra cosa que no sea el triunfo del reino de Dios en el tiempo y la eternidad es negar la esencia misma de su significado". 23

 

El gran fracaso de lo que comúnmente se conoce como "amilenialismo" es que no está dispuesto a llegar a un acuerdo con estas implicaciones dominicales del reino mediatorial de Jesucristo. Los escritores del Nuevo Testamento constantemente instan al pueblo de Dios a "vencer" a la luz de la victoria definitiva de Cristo. Habiendo sido recreados a su imagen, según su semejanza (Efe. 4:24; Col. 3:10), y conformándonos más y más a su imagen (Rom. 8:29-30), somos reyes juntamente con él ahora, en esta época. Él nos ha dado derecho legal a todas las cosas (comp. Rom. 8:32; 1 Cor. 3:21-22), y sobre esta base hemos de ejercer dominio bajo su señorío en todas las áreas de la vida. Sin embargo, los amilenialistas, aunque profesan creer en la existencia del reino actual de Cristo, característicamente a menudo niegan  su relevancia práctica para este mundo. Por ejemplo, el brillante estudio del Dr. Meredith G. Kline, Images of the Spirit, contiene un excelente capítulo sobre "Un Modelo Profético de la Imagen de Dios", en el cual muestra cómo la restauración de la imagen de Dios en la Iglesia por medio de Cristo significa que "todos los miembros del pueblo de Dios son profetas" (comp. Núm. 11:29; Hech. 2:17-18). 24 Kline también tiene un soberbio capítulo sobre "Un Modelo Sacerdotal de la Imagen de Dios", una fascinante exposición del sacerdocio de todos los creyentes en la imagen de Cristo, nuestro definitivo Sumo Sacerdote. 25 Pero Cristo es Profeta, Sacerdote, y Rey - y, sin embargo, de manera significativa, Kline descuidó escribir un ensayo sobre "Un Modelo Real de la Imagen de Dios". Pero si los cristianos reflejan la imagen de Cristo en su papel de Profeta y Sacerdote, ellos son reyes también, en la imagen del Rey. Ese es precisamente el tema de los versículos que se discuten: El Señor Jesucristo comparte su conquista y entronización con su pueblo. Porque él venció y se sentó con su Padre en su trono, ahora nos llama a disfrutar del dominio real con Él, heredando todas las cosas.

 

 


Notas:

1. Robert H. Mounce,  The Book of Revelation (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1977), p. 112.

 

2. Ibid., p. 109.

3. G. R. Beasley-Murray, The Book of Revelation (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., [1978] 1981), p. 94.

4. G. B. Caird, The Revelation of St. John the Divine (New York: Harper & Row, Publishers, 1996), p. 48.

 

5. Los lectores que deseen estudiar este tema más extensamente deberían consultar los siguientes libros, todos publicados por el Banner of Truth Trust (P. O. Box 621, Carlisle, PA 17013): Arthur Pink, The Sovereignty of God; John Cheeseman et al., The Grace of God in the Gospel; John Murray, Redemption Accomplished and Applied; J. Gresham Machen, The Christian View of Man; y R. B. Kuiper, The Bible Tells Us So.

 

6. John Murray, Redemption Accomplished and Applied (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1955), p. 154s.

7. Por sincero respeto hacia este autor temeroso de Dios, que ha rendido a la iglesia un valioso servicio, omitiré su nombre.

<>8. Esta es la doctrina de la imputación del pecado de Adán (que debería distinguirse de la doctrina del pecado innato; pero la mayoría de los evangélicos, incluyendo a predicadores y comentaristas, no parecen conocer la diferencia). Una útil exposición de esto se encuentra en la obra de John Murray, The Imputation of Adam´s Sin (Nutley, NJ: Presbyterian and Reformed [1959] 1977).

9. Véase, de David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth, TX: Dominions Press, 1985), pp. 125ss.

10. Meredith G. Kline ha dedicado un capítulo entero a este tema. Véase "A Priestly Model of the Image of God", en Images of the Spirit (Grand Rapids: Baker Book House, 1980), pp. 35-56.

11. Ibid., pp. 40, #s., 54s; comp. Ex. 27:14-15; 1 Reyes 6:8; 7:15, 21, 39; 2 Reyes 11:11; 2 Crón. 3:17; Eze. 40:18; 40ss.; 41:2, 26; 46:19; 47:1-2.

12. Desafortunadamente, muchos fundamentalistas y evangélicos en la actualidad usan el término para indicar: "Me siento bien". Este uso, que implícitamente (aunque ciertamente no intencionalmente) bordea en la blasfemia, es sólo un síntoma de la actitud subjetiva y egocéntrica hacia la vida, que se hizo común durante los dos siglos pasados.

 

13. A. Plummer en The Pulpit Commentary: The Revelation of St. John the Divine (London: Funk and Wagnalls company, n. d.), p. 115.

14. C. J. Hemer, "Seven Cities of Asia Minor", en la obra de R. K. Harrison, ed., Major Cities of the Biblical World (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1985), pp. 246ss.

15. M. J. S. Rudwick y E. M. B. Green, "The Laodicean Lukewarmness: in Expository Times, Vol. 69 (1957-58), p. 178; citado en Mounce, p. 125.

16. Mounce, pp. 125s.

17. De T. S. Eliot, "The Hippopotamus", Collected Poems 1909-1962 (New York: Harcourt Brace Jovanovich, 1963), p. 42.

 

18. Charles F. Pfeiffer y Howard F. Vos, The Wycliffe Historical Geography of Bible Lands (Chicago: Moody Press, 1967), p.377.

19. Por supuesto, el Señor se ofrece a sí mismo al pueblo fuera del Reino también: Hasta a los perros se les dan migajas de la mesa de los hijos (Mat. 15:21-28); y el rey en la parábola de Cristo (Lucas 14:23) envió a sus siervos a obligar a los gentiles a entrar. Pero la oferta de salvación de Cristo nunca se hace fuera del contexto del Pacto, el Reino, y la Iglesia.

 

20. Véase el ensayo de James B. Jordan, "Holistic Evangelism" en su Sociology of the Church (Tyler, TX: Geneva Ministries, 1986).

21. Véase de Geddes NacGregor, Corpus Christi: The Nature of the Church According to the Reformed Tradition (Philadelphia: The Westminster Press, 1958); y Ronald S. Wallace, Calvin´s Doctrine of the Word and Sacrament (Tyler, TX: Geneva Ministries, [1953] 1982).

 

22. Uno de los libros más útiles sobre el culto desde una perspectiva reformada es, de Richard Pacquier, Dynamics of Worship: Foundations and Uses of Liturgy (Philadelphia: Fortress Press, 1967). Para puntos de vista de otras tradiciones, véase de Louis Bouyer, Liturgical Piety (University of Notre Dame Press, 1955); Josef A. Jungmann, S. J., The Early Liturgy of the Time of Gregory the Great (University of Notre Dame Press, 1959); Alexander Schmemann, Introduction to Liturgical Theology (Crestwood, NY: St. Vladimir´s Seminary Press, 1966); Luther D. Reed, The Lutheran Liturgy (Philadelphia: Muhlenberg Press, 1947); Massey H. Shepherd, Jr., The Worship of the Church (Greenwich, CT: The Seabury Press, 1952); y Cheslyn Jones et al.,, eds., The Study of Liturgy (New York; Oxford University Press, 1978).

 

23. Rousas John Rushdoony, The Kingdom Come: Studies in Daniel and Revelation (Tyler, TX: Thoburn Press, [1970] 1978, p. 90.

24. Kline, Images of the Spirit, pp. 57-96.

25. Ibid., pp. 35-56.

Parte Tres
 
ESTIPULACIONES ÉTICAS:
LOS SIETE SELLOS
(Apocalipsis 4-7)
 

Introducción
La tercera sección del tratado de pacto (comp. Deut. 5:1-26:19) 1  declaraba el modo de vida, en relación con el pacto, requerido por los vasallos, las leyes de ciudadanía en el reino. Como dijo Pablo, todos los hombres "viven y se mueven" en Dios (Hechos 17:28); Él es el Fundamento de nuestro mismo ser. Esto significa que nuestra relación con Él es el centro de nuestra existencia, de nuestras acciones y pensamientos en cada área de nuestras vidas. Y en el centro de esta relación está su santuario, donde sus súbditos vienen a adorarle delante de su trono. Así que la mayor preocupación de la sección de las Estipulaciones es la completa consagración del pueblo a Dios, con una especial importancia atribuída al establecimiento de un santuario central:
El lugar que vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ése buscaréis, y allá iréis. (Deut. 12:5;  comp. todo el cap. 12).
Como observa Meredith Kline: "El requisito de centralización debe entenderse en términos de la naturaleza de Deuteronomio como tratado de soberanía. Tales tratados prohibían que el vasallo entablara cualesquiera acciones diplomáticas con un poder extranjero que no fuera el soberano del pacto. En particular, el vasallo no debía pagar tributo a ningún otro señor". 2 La centralidad del santuario ayudaba a subrayar el hecho de que era una imagen del Santuario en el cielo (Éx. 25:9, 40; 26:30; Núm. 8:4; Hechos 7:44; Heb. 8:5; 9:23).

Éste es también el énfasis de la sección sobre las estipulaciones en Apocalipsis. El pasaje abre con la ascensión de Juan al salón del trono de Dios, y esto proporciona el punto dominante central para la profecía como un todo: Todas las cosas son vistas en relación con el trono. Los juicios que son atados en la tierra fueron primero atados en el cielo.
3

 

Obviamente, un aspecto importante de la sección sobre las Estipulaciones en Deuteronomio es la Ley misma, la señal del señorío de pacto de Dios. Moisés tiene gran cuidado de recordarle a Israel una y otra vez el pacto de Sinaí, con los Diez Mandamientos grabados en tablas de piedra (Deut. 5, 9-10). De manera similar, esta sección de Apocalipsis (cap. 5) trata de un documento de pacto que, como las tablas de piedra originales, está escrito por delante y por detrás.

Las leyes del Pacto decretaban un programa de conquista de las naciones impías de Canaán: Israel derrotó a sus enemigos por medio de la aplicación del pacto. La guerra santa simplemente ejecutó la sentencia declarada en el tribunal; fue fundamentalmente una acción ética, judicial, que trajo la sentencia de muerte contra los impíos. 4 El programa de conquista, basado en la ley de Dios, emanaba así del santuario central. (Es interesante notar que, según se describe este programa en Deuteronomio 7, Moisés habla simbólicamente de "siete naciones" que habrían de ser destruídas). 5  Por supuesto, la ley hace provisión, no sólo para el juicio de los cananeos, sino también para los israelitas que apostatan del Pacto: Los que repudian la autoridad de Dios y siguen a otros dioses han de ser muertos, un juicio que, como los otros, procede en última instancia del altar del santuario central (Deut. 13:1-18; 17:1-13). 6

 

Como lo expresa con claridad Deuteronomio 20, este aspecto judicial del santuario es el centro aun de la guerra librada contra naciones extranjeras, más allá de las fronteras de la teocracia: las batallas eran consagradas por el sacerdote para la gloria de Dios y su reino del pacto (v. 1-4). Una guerra de esta clase era siempre precedida por una oferta de paz; si la oferta era rehusada, todos los hombres de la ciudad serían ejecutados. Kline explica la tipología: "En la oferta de paz de Israel (v. 10) y en el sometimiento de la ciudad gentil como tributaria de pacto a Yahvé (v. 11) estaba reflejada la misión salvadora del pueblo de Dios en el mundo (comp. Zac. 9:7b, 10b; Lucas 10:5-16). El juicio de los que rehusan hacer la paz con Dios por medio de Cristo quedó demostrado en el sitio, la conquista, y el castigo de la ciudad que no quiso someterse (v. 13)". 7

 

Encontramos todo esto en Apocalipsis también - con la diferencia de que, como un juicio de pacto contra el Israel apóstata, los juicios una vez decretados contra los impíos gentiles son ahora desatados contra el desobediente pueblo del pacto, que había rechazado la oferta de paz. Al abrirse el libro del pacto, las criaturas querúbicas que llevan el altar exclaman: "¡Vengan!" - y los cuatro jinetes salen cabalgando a conquistar la tierra, trayendo destrucción y muerte en cumplimiento de las maldiciones del pacto, aplicando el juicio justo y santo del Santuario del cielo.

Otro tema principal de la sección de las estipulaciones en Deuteronomio es el requisito de aparecer en las festividades sagradas, que involucraban tres peregrinajes anuales al santuario central: por las festividades de Pascua/panes sin levadura (16:1-8), Pentecostés [Semanas] (16:9-12), y los Tabernáculos [Las Cabañas] (16:13-15). 8 El mismo orden se sigue en esta sección de Apocalipsis. El capítulo 5 contiene imágenes de la Pascua, donde vemos adoradores en el santuario dando gracias por "el Cordero que fue inmolado". El capítulo 6 toca el tema de Pentecostés (el aniversario de la entrega de la Ley en Sinaí): Se han quitado los sellos al libro de la ley del pacto, trayendo una serie de juicios según el modelo de Habacuc 3, una lectura en la sinagoga por Pentecostés. 9 Luego, el capítulo 7 nos introduce a una visión de la escatológica Fiesta de los Tabernáculos 10 , en la cual las innumerables multitudes redimidas de todas las naciones permanecen de pie delante del Trono con palmas en sus manos (comp. Lev. 23:39-43), alabando a Dios como su Redentor y su Rey (comp. Deut. 26:1-19) 11 y recibiendo la plenitud de las bendiciones prefiguradas en esta fiesta: "Y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos" (Apoc. 7:15-17).
 


Notas:

1. Véase de Meredith G. Kline, Treaty of the Great King: The Covenant Structure of Deuteronomy (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1963), pp. 62-120.

2. Ibid., p. 80.

3. Comp. Mat. 18:18, que dice literalmente: "De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo". Al hacer juicios justos, los ministros en la tierra están manifestando el juicio del cielo.

4. Véase de Ray R. Sutton, That You May Prosper: Dominion by Covenant (Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1987).

5. Comp. Kline, p. 68.

6. Ibid., pp. 84ss., 94ss.

7. Ibid., p. 106.

8. Ibid., pp. 91-94.

9. M. D. Goulder, The Evangelists' Calendar: A Lectionary Explanation for the Development of Scripture (London: SPCK, 1978), p. 177.

10. Véase de David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth, TX: Dominion Press, 1985), pp. 44ss., 60.

11. Véase de Kline, pp. 118ss.

Parte Tres
4
EL TRONO POR ENCIMA
DE LA EXPANSIÓN

El modelo para el culto (4:1-11)

1 Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas.
2 Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado.
3 Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda.
4 Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas.
5 Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.
6 Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás.
7 El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto er asemejante a un águila volando.
8 Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir.
9 Y siempre aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos,
10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos, y echan suas coronas delante del trono, diciendo:
11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.
1 Este versículo lo usan los defensores del dispensacionalismo para apoyar su "Teoría del Rapto", la idea de que la iglesia será arrebatada de este mundo antes de una venidera tribulación; en realidad, este versículo parece ser el principal texto de prueba en favor del rapto antes de la tribulación. El "rapto" de Juan hacia el cielo es considerado como señal de que la iglesia entera desaparecerá antes de que se derramen las plagas registradas en los capítulos siguientes. Parte del argumento a favor de entender esto así es que la voz que Juan oyó era como el sonido de una trompeta, y Pablo dice que una trompeta sonará en el "rapto" (1 Tes. 4:16). Algunos defensores de esta posición parecen olvidar el hecho de que Dios usa una trompeta en numerosas ocasiones. De hecho, como hemos visto en el capítulo primero, la conexión entre la voz de Dios y el sonido de una trompeta ocurre a través de las Escrituras, comenzando con el juicio en el Jardín de Edén. En relación con esto, Juan oyó la voz como una trompeta en la primera visión (Apoc. 1:10). (¿Indica esto un posible "doble rapto"?) 1

La escuela dispensacionalista de interpretación también apela al hecho de que, después de que la Voz hubo dicho "Sube acá", "la palabra 'iglesia' no vuelve a ocurrir en Apocalipsis sino hasta que todo se ha cumplido".
2 Esta singular observación es presentada como prueba abundante de que el libro de Apocalipsis no habla de la "iglesia" 3 desde este punto hasta la Segunda Venida (generalmente fijada en 19:11), lo que a su vez prueba que la iglesia ha sido arrebatada y está ausente, en el cielo, lejos de toda la excitación - ¡todo porque falta la palabra "iglesia"! Basándose en este curioso principio de interpretación, podríamos decir con certeza que Apocalipsis no nos dice nada acerca de Jesús tampoco sino hasta el capítulo 12, porque el nombre "Jesús" no ocurre sino hasta entonces (de esta manera, "el león de la tribu de Judá" y "el Cordero que fue inmolado" [5:5-6] deben ser términos para describir a alguna otra persona). 4 Por supuesto, este método de interpretación involucra aún más problemas para el dispensacionalista: porque ¡la palabra "iglesia" jamás vuelve a aparecer en absoluto en todo el libro de Apocalipsis! Por lo tanto, esta interpretación de las palabras "Sube acá" no apoya el rapto pre-tribulación de la iglesia; posiblemente hasta enseña la aniquilación pre-tribulación de la iglesia. Después del último versículo de Apocalipsis 3, la iglesia simplemente desaparece, y nunca se vuelve a saber nada de ella.

 

Obviamente, esto no es verdad. A la iglesia se la conoce por numerosos nombres y descripciones a través de la Biblia, 5 y el mero hecho de que el solo término "iglesia" no aparezca no indica que el concepto de iglesia no esté presente. Los que ven en este versículo algún "rapto" de la iglesia lo están importando hacia el texto. El único "raptado" es Juan mismo. El hecho es que Juan sólo usa la palabra "iglesia" con referencia a congregaciones particulares - no al cuerpo entero de Cristo.

 

Sin embargo, debemos reconocer también que Juan sí asciende a un culto de adoración en el Día del Señor; y esta es una clara imagen de la ascensión semanal de la iglesia al cielo cada Día del Señor, cuando ella participa en la comunión de los santos y los ángeles "en ropa de fiesta" (Heb. 12:22-23) para la liturgia celestial. La iglesia representa la experiencia de Juan cada domingo en el Sursum Cords, cuando el oficiante (reflejando el "Sube acá" de Cristo) exclama: "¡Arriba, corazones!" y la congregación canta en respuesta: ¡Los elevamos al Señor! En un capítulo anterior, observamos el comentario de Germano de que "la iglesia es un cielo terrenal"; el patriarca continuó: "Las almas de los cristianos son llamadas a reunirse con los profetas, los apóstoles, y los jerarcas para reclinarse con Abraham, Isaac, y Jacob en el banquete místico del reino de Cristo. Habiendo, por lo tanto, venido a la unidad de la fe y la comunión del Espíritu a través de la dispensación de Aquél que murió por nosotros y está sentado a la diestra del Padre, ya no estamos en la tierra, sino de pie al lado del trono real de Dios en el cielo, donde está Cristo, tal como él mismo dice: 'Padre justo, santifica en tu nombre a los que me diste, para que donde yo estoy, ellos estén conmigo' (comp. Juan 17)". 6 Juan Calvino estaba de acuerdo: "Para que las almas piadosas puedan aprehender debidamente a Cristo en la Cena, deben ser elevadas al cielo... Y por la misma razón se estableció de antiguo que, antes de la consagración, a la gente se le debe decir en voz alta que eleven sus corazones". 7

 

Ya hemos visto (cuando comentamos 1:10) que la expresión "en el Espíritu" (v. 2) es lenguaje profético técnico, que se refiere, no a los sentimientos subjetivos de Juan, sino a su experiencia objetiva como receptor inspirado de la revelación divina. Estar "en el Espíritu" era el especial privilegio de los profetas bíblicos. Resumiendo sus extensas investigaciones sobre este punto, Meredith Kline escribe: "La creación de Adán como reflector-imagen de la gloria del Espíritu-Creador fue recapitulada en la historia de los profetas. El evento crítico en la formación de un profeta era un encuentro transformador con el Espíritu-Gloria, del cual emergía el profeta como un hombre que reflejaba la gloria divina.... Ser arrebatado en el Espíritu era ser recibido en la asamblea divina, la realidad celestial dentro de la teofanía Gloria-Espíritu. El distintivo del verdadero profeta era que había estado de pie delante del Señor de la Gloria en medio de este deliberante concilio de ángeles". 8

 

Pero, con la venida del Nuevo Pacto, lo que una vez fue la especial prerrogativa de la clase profética dentro de la comunidad del pacto ha venido a ser privilegio de todos. El deseo de Moisés - "Ojalá todo el pueblo de Jehov&aacuute; fuese profeta, y que Jehová pusiera su Espíritu sobre ellos" (Núm. 11:29) - se ha cumplido en el derramamiento pentecostal del Espíritu Santo (Hechos 2:17-21). Del mismo modo que Moisés (el profeta por excelencia del Antiguo Pacto) tuvo el privilegio especial de hablar con Dios cara a cara (Núm. 12:6-8), participando de su gloria (Éx. 34:33-35), así ahora "nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor" (2 Cor. 3:18). Todo creyente ha recibido la unción profética (1 Juan 2:20, 27); y cada semana ascendemos en el Espíritu hasta la asamblea celestial. 9

 

Por lo tanto, la "Teoría del Rapto" está basada en parte en una errónea interpretación de la doctrina cristiana de la ascensión de la iglesia. La ascensión definitiva tuvo lugar posicionalmente con Jesucristo, con quien estamos sentados en los lugares celestiales (Efe. 1:20; 2:6); la ascensión progresiva(empírica) tiene lugar litúrgicamente con Cristo Jesús cada semana, en la celebración de la Eucaristía (Heb. 12:22-24); y la ascensión final (culminativa) tiene lugar escatológicamente con Cristo a) espiritualmente, a la muerte (Apoc. 20:4), y b) en el cuerpo, al final de la historia (1 Cor. 15:50-55); 1 Tes. 4:17). 10

 

2-3 Para recibir la revelación, Juan es arrebatado al cielo, donde ve un trono y a uno sentado: Juan va a contemplar los sucesos venideros desde el verdadero lugar de ventaja, el carruaje-trono de Dios en la nube de gloria. Dios es el determinador de todas las cosas, y una correcta comprensión del mundo debe comenzar por una correcta comprensión de la centralidad del trono de Dios. "En la infinita sabiduría del Señor de toda la tierra, cada suceso cae con absoluta precisión en su correcto lugar en el devenir de su plan eterno; nada, por pequeño o extraño que sea, ocurre sin su ordenamiento, o sin que ocupe su lugar, de manera peculiar, en el desarrollo de su propósito; y el fin de todo será la manifestación de su gloria, y la acumulación de su alabanza". 11

 

Y el que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina: Se ve a Dios como en una llamarada de luz inaccesible (comp. 1 Tim. 6:16), pues Juan ha sido arrebatado al Lugar Santísimo celestial, el santuario interior del templo cósmico en la nube de gloria. Esto queda subrayado por el hecho de que Juan ve un arco iris alrededor del trono, de un aspecto como de esmeralda. Vale la pena notar que estas tres piedras, jaspe (quizás ópalo o diamante), 12 cornalina (una piedra rojiza), y esmeralda, representaban tres de las doce tribus de Israel en el pectoral del sumo sacerdote (Éx. 28:17-19, Septuaginta); también son mencionadas entre las joyas que tachonaban el suelo del Jardín de Edén (Eze. 28:13, Septuaginta). Compárese la visión de Juan con la del profeta Ezequiel:

 

... se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él. Y vi apariencia como de bronce refulgente, como apariencia de fuego dentro de ella en derredor, desde el aspecto de sus lomos para arriba; y desde sus lomos para abajo, vi que parecía fuego, y que tenía resplandor alrededor. Como parece el arco iris que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor alrededor. Esta fue la visión de la semejanza de la gloria de Jehová. (Eze. 1:26-28).
Así, pues, Juan está en el templo verdadero, el arquetipo celestial que formó el modelo que Moisés recibió para la construcción del tabernáculo (Éx. 25:40; Heb. 8:1-2, 5; 9:23-24). Ve el trono, que corresponde al propiciatorio; las siete lámparas, que corresponden al candelero de siete brazos; los cuatro seres vivientes, que corresponden a los querubines; el mar de vidrio, que corresponde al "mar" de bronce; y los veinticuatro ancianos, que corresponden a los veinticuatro divisiones de los sacerdotes. (Véase el Apéndice A para una descripción más detallada del simbolismo levítico aquí y a través de Apocalipsis).

4 Alrededor del Trono Juan ve veinticuatro tronos, en los cuales están sentados veinticuatro ancianos. ¿Quiénes son estos ancianos? En un ensayo bien conocido, el gran erudito neotestamentario Ned Stonehouse, del Seminario Westminster, defendía el punto de vista de que estos ancianos eran "seres celestiales de un rango superior al de los ángeles en general, como los querubines y serafines del Antiguo Testamento, si no han de ser identificados específicamente con ellos".
13 A pesar de la magistral defensa que Stonehouse hace de su posición, ella descansa en una suposición sobre el texto que es ciertamente incorrecta, y por eso su interpretación está seriamente errada. (Tenemos más sobre este punto textual, y la opinión de Stonehouse, más abajo, cuando discutamos 5:9).

 

Por otro lado, hay fuertes razones para entender que estos ancianos son representantes de la iglesia en el cielo (o, como revela Juan progresivamente durante su profecía, la iglesia terrenal que adora en el cielo). Primero, el nombre mismo de ancianos indicaría que estos seres representan a la iglesia, y que no son una clase de ángeles. En ninguna otra parte de la Biblia se da el nombre de anciano a nadie que no sea un hombre, y desde los tiempos más antiguos esta palabra ha representado a los que gobiernan y tienen representación dentro de la iglesia (véase Éx. 12:21; 17:5-6; 18:12; 24:9-11; Núm. 11:16-17; 1 Tim. 3:1-7; Tito 1:5-9; Heb. 13:17; Sant. 5:14-15). Así, pues, a simple vista los ancianos de Apocalipsis parecen representar al pueblo de Dios, el senado sentado en concilio alrededor de su obispo.

 

Esta consideración queda reforzada por una segunda observación sobre estos ancianos: Se les ve sentados sobre tronos. Ya se nos ha dicho en esta profecía que los cristianos reinan con Cristo (1:6), que llevan puestas coronas (2:10; 3:11), que se les ha concedido autoridad real junto con él sobre las naciones (2:26-27), que los apóstatas serán obligados a inclinarse delante de ellos (3:9), y que están sentados con Cristo en su trono (3:21). Ahora, en el capítulo 4, vemos a ancianos sentados sobre tronos; ¿no es esto una continuación de las enseñanzas que ya se han presentado?

 

Tercero, debemos considerar el simbolismo del número veinticuatro. En general, puesto que veinticuatro es un múltiplo de doce, hay nuevamente una razón evidente para suponer que este número tiene algo que ver con la iglesia. Doce es un número asociado bíblicamente con el pueblo de Dios: Israel estaba dividido en doce tribus; y hasta se habla de la administración de la iglesia del nuevo pacto en términos de "doce tribus", porque la iglesia es el Nuevo Israel (véase Mat. 19:28; Mar. 3:14-19; Hech. 1:15-26; comp. Sant. 1:1). Juan usa la palabra anciano doce veces en Apocalipsis (4:4, 10; 5:5, 6, 7, 11, 14; 7:11, 13; 11:16; 14:3; 19:4). El número veinticuatro es así una "doble porción" de doce. Múltiplos de doce son también incorporados en la estructura simbólica de la Nueva Jerusalén, como leemos en la visión final de la profecía (21:12-14):

 

Tenía un muro grandc y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel ... Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.
Pero el cuadro de los veinticuatro ancianos se basa en algo mucho más específico que la sola idea de múltiplos de doce. En el culto del Antiguo Testamento había veinticuatro divisiones de sacerdotes (1 Crón. 24) y veinticuatro divisiones de cantores en el Templo (1 Crón. 25). Así, pues, la imagen de veinticuatro dirigentes del culto no era una idea nueva para los que leían el Apocalipsis por primera vez: Había sido una característica del culto del pueblo de Dios por más de mil años. 14 En realidad, Juan ha juntado dos imágenes que apoyan nuestra conclusión general: (1) Los ancianos se sientan en tronos - son reyes. (2) Los ancianos son veinticuatro en número - son sacerdotes. Lo que Juan ve es simplemente el presbiterio del cielo: la asamblea representativa del real sacerdocio, la Iglesia. 15

El hecho de que estos ancianos son tanto sacerdotes como reyes muestra que el sacerdocio aarónico del Antiguo Pacto ha sido reemplazado y trascendido; el sacerdocio del Nuevo Pacto, con Jesucristo como Sumo Sacerdote, es un sacerdocio como el de Melquisedec. Juan nos dice que estos sacerdotes-ancianos tienen puestas coronas, porque la corona del sumo sacerdote ha sido dada a todos. Los dos testimonios independientes del siglo segundo de que Santiago en Jerusalén y Juan en Éfeso llevaban la corona de oro de sumo sacerdote han sido generalmente descontados por los eruditos modernos;
16 pero estas tradiciones posiblemente reflejan la práctica real de la iglesia primitiva.

 

Esto nos trae a otro punto que debemos mencionar antes de seguir adelante. Ya hemos observado (véase sobre 3:20) varios problemas causados por las tendencias racionalistas de los grupos que nacieron de la Reforma. Desafortunadamente, se volvió común que estos mismos grupos prescindieran de la túnica del oficio de anciano. Aunque la preocupación era por la "espiritualidad", los efectos reales fueron los de platonizar la doctrina y el culto, y democratizar el gobierno y el ministerio - pasos adicionales sobre el largo y polvoriento camino hacia la aridez reformada. Como nos recuerda Richard Paquier, "el color enseña por medio de la vista, y crea estados de ánimo. Malinterpretamos la naturaleza humana y el lugar de percepción en nuestra vida interior cuando degradamos este factor psicológico en el culto de la iglesia". 17 Dios nos ha creado así, y la continuada validez de las túnicas oficiales procede correctamente de los patrones establecidos en el Antiguo Testamento: El carácter oficial del anciano es subrayado por el uso de túnicas oficiales, de la misma manera en que los jueces de nuestra cultura todavía usan togas - una práctica, dicho sea de paso, que nació de la práctica de la iglesia.

 

Paquier continúa: "Por lo tanto, es natural, que el que oficia en el culto de la iglesia esté ataviado de una manera que corresponda a la tarea asignada a él y que exprese visiblemente lo que él hace. Además, quienquiera que dirija el acto de culto no ejerce sus funciones individualmente sino como ministro de la iglesia; es representante de la comunidad y vocero del Señor. De aquí que una vestimenta especialmente prescrita, una especie de 'uniforme' ecleasiástico, sea útil para recordarles tanto a los fieles como a sí mismo que en este acto él no es el señor Fulano de Tal, sino ministro de la iglesia en medio de una multitud de otras personas. Lo que era no menos indispensable en los tiempos antiguos, cuando prevalecía el sentido de comunidad y de objetividad de la acción de culto, se ha convertido en nuestros tiempos en una ayuda muy útil, y en realidad verdaderamente necesaria, puesto que el individualismo y la subjetividad se han enraizado de manera tan profunda en la piedad de las iglesias reformadas". 18

 

5-8 Juan describe la corte celestial en términos de los familiares efectos acústicos y visuales que acompañan la Nube de Gloria, como en Sinaí (Éx. 19:16-19): Del trono proceden destellos de relámpagos y voces y truenos. Nuevamente, como en 1:4-5, las imágenes muestran ser el original celestial de la estructura del Tabernáculo (Heb. 8:5; 9:23): Como el candelero con sus siete lámparas que arden en el Lugar Santo, hay siete lámparas de fuego ardiendo delante del trono, representando estas siete lámparas los siete espíritus de Dios, el Espíritu Santo en su séptuple plenitud de actividad. Aquí está nuevamente la combinación de los tres aspectos de la imagen de la Nube de Gloria: La Voz (v. 1), la Gloria radiante (v. 3), y el Espíritu (v. 5).

 

Entonces, delante del trono, Juan ve, por decirlo así, un mar de vidrio como cristal. Este es otro punto en que esta visión se intersecta con la que está registrada en Ezequiel 1. Pero el trono se ve desde dos perspectivas diferentes. Mientras Juan permanece de pie en la corte celestial misma, mirando hacia abajo, hacia el "mar" de vidrio (que corresponde, en relación al mobiliario del Tabernáculo, a la fuente, llamada también el "mar": Éx. 30:17-21; 1 Reyes 7:23-26 [versión de 1909]), Ezequiel está de pie en la base de la Nube de Gloria, mirando hacia arriba a través de su cono, y el "mar" en la parte superior se ve como un firmamento azul por encima de él:

 

Y miré, y he aquí venía del norte un viento tempestuoso, y una gran nube, como un fuego envolvente, y alrededor de él un resplandor, y en medio del fuego algo que parecía como bronce refulgente, y en medio de ella la figura de cuatro seres vivientes.... Y sobre las cabezas de los seres vivientes aparecía una expansión a manera de cristal maravilloso, extendido encima sobre sus cabezas.... Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro.... (Eze. 1:4-5, 22, 26).
Otra similitud con la visión de Ezequiel es que Juan ve cuatro seres vivientes de pie en medio del trono y alrededor de él, sosteniendo el carruaje-trono durante su vuelo (comp. Sal. 18:10), como lo hacen los cuatro querubines en Ezequiel (nótese que están tanto "en medio de" como "alrededor" del trono; comp. la estrecha relación entre el trono y los seres vivientes en 5:6). Estos seres vivientes (no "bestias", como dice la versión King James) están llenos de ojos al frente y por detrás, y aparecen en las figuras de un león, un buey, un hombre, y un águila. Una detallada comparación entre estos versículos y Ezequiel 1 y 10 revelarán muchos paralelos interesantes, así como diferencias, entre los relatos (también debe hacerse referencia a la visión de los serafines de seis alas en Isaías 6:1-4. El hecho de que haya cuatro de ellos indica alguna relación con la tierra en forma de altar (compárese con las ideas bíblicas de los cuatro rincones de la tierra, los cuatro vientos, las cuatro direcciones, los cuatro ríos del Edén que regaban toda la tierra, y así sucesivamente). Michael Wilcock explica: "Los querubines de la Biblia están muy lejos de ser bebés regordetes con alas y hoyuelos. Son criaturas impresionantes, indicaciones visibles de la presencia de Dios. Así que, cuando se nos dice (Sal. 18:10) que el Señor viaja sobre un querubín y en alas del viento, podemos comenzar a ver un enlace entre los cuatro seres vivientes de 4:6 y los cuatro vientos de 7:1. Podríamos llamar a estos seres-querubines 'la naturaleza', con tal de que recordemos lo que es realmente la naturaleza - una inmensa construcción que palpitta con la incesante actividad de Dios .... Quizás sus rostros (4:7, Eze. 1:10) representan su majestad, su fortaleza, su sabiduría, y su nobleza, y sus innumerables ojos su incesante vigilancia sobre cada parte de su creación. Es apropiado, entonces, que haya cuatro de ellos, correspondiendo a los puntos de la brújula y los rincones de la tierra, y representan el mundo de Dios, como los veinticuatro ancianos representan la iglesia". 20

Aunque Juan Calvino habría concordado con Wilcock, sus observaciones sobre la importancia de los cuatro rostros de los querubines son aún más radicales: "Por medio de estas cabezas se nos representan todas las criaturas vivientes.... Estos animales abarcan en sí mismos todas las partes del universo por medio de la figura de lenguaje según la cual una parte representa el todo. Mientras tanto, puesto que los ángeles son criaturas vivientes, debemos observar en qué sentido atribuye Dios a los ángeles mismos la cabeza de un león, un águila, y un hombre; porque esto parece estar poco de acuerdo con su naturaleza. Pero no podría expresar mejor la inseparable relación que existe en el movimiento de los ángeles y todas las criaturas.... Por lo tanto, hemos de entender que, mientras los hombres van y vienen y cumplen con sus obligaciones, y se aplican en diferentes direcciones a los objetos de sus planes, así lo hacen también las bestias salvajes; y sin embargo, hay movimientos angélicos no evidentes, de manera que ni los hombres ni los animales se mueven por sí solos, sino que todo su vigor depende de una inspiración secreta".
21

 

Como dice Calvino algunas páginas más adelante, con más fuerza, "todas las criaturas son animadas por movimientos angélicos". 22 Esto se opone directamente a las ideas humanistas de "naturaleza" y "leyes naturales", pero es la enseñanza bíblica. La razón de que esto nos suene extraño es que nuestra visión del mundo ha estado impregnada de una filosofía que tiene mucho en común con el antiguo baalismo. James B. Jordan ha escrito: "Los detalles del culto de Baal no son de mucha importancia para nosotros ahora. Es la filosofía subyacente del baalismo la que es reina en la educación y la vida norteamericana en la actualidad, y la que se enseña en los departamentos de ciencias en casi todas las escuelas superiores cristianas en la actualidad, y no sólo en los departamentos de ciencias, tampoco. La Biblia enseña que Dios sostiene la vida directamente, no indirectamente. No hay tal cosa como la Naturaleza. Dios no ha dado al universo como tal ningún poder inherente para el desarrollo. Dios creó el universo y toda vida por medio de acciones inmediatas, no mediante procesos mediatos. Cuando Dios retira su aliento (que es el Espíritu Santo, el Señor y el Dador de la vida), la muerte ocurre inmediatamente (Gén. 7:22). La idea de que Dios le dio cuerda al universo y luego le dejó funcionar solo, de manera que hubiese una cosa llamada naturaleza con poder intrínseco, es deísmo, no cristianismo. La evolución teísta es deísmo, no cristianismo. Al grado en que los procesos de la naturaleza reemplazan los actos de Dios en cualquier sistema, a ese mismo grado ese sistema se ha convertido en baalista". 23

 

"A causa de la influencia del neo-baalismo (humanismo secular) en nuestra cultura moderna, tendemos a pensar que Dios, cuando hizo el mundo, instaló ciertas 'leyes naturales' o ciertos procesos que funcionan automática e impersonalmente. Esta es una visión deísta, no cristiana, del mundo. Lo que llamamos leyes naturales o físicas es en realidad una tosca generalización aproximada de la actividad regular de Dios al gobernar su creación. La materia, el espacio, y el tiempo son creados por Dios, y son gobernados directa y activamente por Él. Su gobierno es llamado 'ley'. Dios casi siempre hace que las cosas se hagan de la misma manera, según la regularidad del pacto (el equivalente cristiano de las leyes naturales), la cual regularidad fue establecida en Génesis 8:22). La ciencia y la tecnología son posibles porque Dios no cambia las reglas, de modo que el hombre puede con confianza explorar el mundo y aprender a trabajarlo. Tal confianza, sin embargo, es siempre una forma de fe, ya sea en la Naturaleza (Baal) y las leyes naturales, o en Dios y en la confiabilidad de sus compromiso para mantener la regularidad del pacto". 24

 

Hay otro aspecto del simbolismo relacionado con los cuatro seres vivientes que hay que mencionar: su correspondencia con los signos del Zodíaco. Los escritores bíblicos estaban familiarizados con el mismo sistema de constelaciones que conocemos hoy día, excepto que el nombre de Águila parece haber sido sustituído por lo general con el de Escorpión. La razón de esto puede ser que la antigua asociación entre el Escorpión y la Serpiente (comp. Luc.10:17-19) llevó a los escritores bíblicos a reemplazar el Águila; algunos eruditos, sin embargo, han argüído que "en los días de Abraham el Escorpión era representado como un Águila", según el sistema caldeo en boga entonces. 25 Los rostros de los querubines, tanto en Ezequiel como en Apocalipsis, son los signos medios en los cuatro cuadrantes del Zodíaco: el León es Leo; el Toro es Taurus; el Hombre es Acuario, el que derrama agua; y el Águila, como hemos visto, es "Escorpión". Juan los enumera aquí en sentido opuesto al de las manecillas del reloj, hacia atrás alrededor del Zodíaco (probablemente porque los está mirando desde arriba, en el cielo, más bien que desde abajo, en la tierra); pero cuando los usa en la estructura de su profecía misma, los enumera en el orden directo de las estaciones. 26 Después del preámbulo (capítulo 1), el Apocalipsis se divide en cuatro cuadrantes, cada uno de ellos "gobernado" por uno de estos seres. El primer cuadrante (Capítulos 2-3) estaba gobernado por Taurus; de aquí el énfasis sobre las Siete Estrellas, en las paletas del Toro. El segundo cuadrante (Capítulos 4-7) está gobernado por la figura del "León de la tribu de Judá", que ha vencido para abrir el libro sellado. El Águila vuela por en medio del cielo con gritos de ayes a través de todo el tercer cuadrante (Capítulos 8-14). Y el cuarto cuadrante (Capítulos 15-22) está gobernado por el Hombre, Acuario, "el que derrama agua" (comp. el derramamiento de las copas de la ira, y el Río de Agua de Vida que fluye desde el Trono).

 

No hay nada oculto acerca de nada de esto. En realidad, la Biblia condena enérgicamente toda forma de ocultismo (el deseo de obtener sabiduría esotérica o autónoma), incluyendo el ocultismo astrológico (Deut. 18:9-13; 2 Reyes 23:3-5; Isa. 8:19-20; 44:24-25; 47:8-15). 27 Pero esto no significa que las constelaciones mismas son malas, no más de lo que la adoración pagana del sol nos prohibe ver el sol como símbolo de Cristo (Sal. 19:4-6; Mal. 4:2; Lucas 1:78; Efe. 5:14). Por el contrario: Las constelaciones fueron creadas por Dios, y manifiestan su gloria (Sal. 19:1-6). No son simplemente grupos de estrellas al azar (nada en el universo de Dios ocurre al azar, en última instancia); más bien, las constelaciones han sido específicamente puestas allí por Dios (Job. 9:7-9; 26:13; 38:31-33; Amós 5:8). 28 La disposición de las doce tribus de Israel alrededor del Tabernáculo (Núm. 2) correspondía al orden del Zodíaco; 29 y, como los querubines, cuatro de las tribus representaban los signos medios de cada cuadrante: Judá era el León; Rubén, el Hombre; Efraín, el Toro; y Dan, el Águila. 30 Gordon J. Wenham explica la razón de las correspondencias entre Israel y las estrellas: "Con frecuencia, las Escrituras se refieren a los cuerpos celestes como a las huestes de Dios (por ej., Deut. 4:19), mientras que los ejércitos de Israel son sus huestes terrenales (por ej., Josué 5:14 hasta Números 1). El tabernáculo terrenal era una copia de la morada celestial de Dios (Éx. 25:9, 40). Ambos eran asistidos por los ejércitos del Señor. Finalmente, Génesis 37:9 compara a Jacob y sus hijos (los antepasados de las doce tribus) con el sol, la luna, y las estrellas". 31 El más ejemplo de simbolismo astronómico en la Biblia es, por supuesto, que el nacimiento del Mesías mismo fue anunciado a los magos por medio de las estrellas (Mat. 2:2), como se había predicho (Núm. 24:17; Isa. 60:1-3). 32

 

Luego, Juan describe el culto llevado a cabo por los cuatro seres vivientes, usando la sección coral para interpretarnos el significado de los símbolos en su visión del Trono - un mecanismo que él repite a través del libro. Llama nuestra atención hacia las seis alas de los seres vivientes, para asociarlas con los serafines de la visión de Isaías:

 

En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime , y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces diciendo: Santo, santo, santo Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. (Isa. 6:1-3)
De manera similar, los seres vivientes en Apocalipsis tienen como fin principal glorificar a Dios y gozar de su presencia para siempre, alabándole - aparentemente de manera antifonal, como lo hacían los serafines de Isaías - por Su santidad, Su poder omnímodo, y Su eternidad: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el Todopoderoso, el que era y que es y que habrá de venir. Esto también tiene su contraparte en la liturgia cristiana normal, en la cual el Sanctus sigue al Sursum Corda:
Oficiante: Por lo tanto, con ángeles y arcángeles, y con toda la compañía del cielo, alabamos y magnificamos tu glorioso nombre, loándote para siempre y diciendo.
 
Todos: SANTO, SANTO, SANTO, Señor Dios de Sabaoth; el cielo y la tierra llenos están de tu gloria; hosanna en las alturas.
9-11 Pero la alabanza celestial no termina con el canto de los seres vivientes; porque cuando ellos dan gloria y honra y gracias a Dios, los veinticuatro ancianos mismos se les unen con alabanzas antifonales (o en respuesta). Caen delante de Él ... le adoran ... y echan sus coronas delante del Trono, reconociendo que la autoridad y el dominio de ellos se derivan de Él. Continúan alabándole por sus obras en la creación y en la historia: Digno eres tú, nuestro Señor y Dios, de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.

Para apreciar el pleno significado de esta afirmación directa de la doctrina de la creación, contrastémosla con una declaración emitida hace algunos años por los dirigentes de una de las mayores iglesias de los Estados Unidos:

 

EN EL PRINCIPIO - LA ELECCIÓN
En el principio, Dios creó la elección. Antes de que Dios hiciera nada - la tierra, el cielo, el hombre - ya había decidido que el hombre tendría poder de elección. No un poder de elección limitado, como el de qué color de calcetines se pondría hoy. Dios dio al hombre completo poder de selección, tan completo, que el hombre podía elegir - o rechazar - a Dios. Dios se colocó en una posición más bien arriesgada cuando armó al hombre con semejante herramienta. Dio al hombre un arma que éste podía usar contra Dios.

¿Puede usted imaginar a algo que usted hizo diciéndole: "No te quiero, ni siquiera como amigo"? Dios dio al hombre esa misma opción, aunque sabía cuál sería la elección del hombre. Dios sabía que su creación se alejaría de Él, que le odiaría. Pero Dios también se daba cuenta de que no hay mejor manera de demostrar amor que arriesgándose a la alternativa del rechazo. El legítimo amor requiere decisión, porque el legítimo amor no puede ser exigido, ni ordenado, ni siquiera regulado. Debe ser voluntario.

 

Esto nos dice algo acerca de Dios. Dios no hace las cosas porque sí. De alguna manera, debe haber sentido la necesidad de ser amado. ¿Cree Ud. que es correcto llegar a la conclusión de que Dios nos "necesita"? Yo creo que sí. Pero Él nunca degrada el calibre de su amor tratando de obligarnos a amarle... 33

Hablando caritativamente, esto es tontería blasfema. Lo único honesto acerca de ella es su falta de referencias bíblicas. Hay muchos puntos objetables que podríamos considerar, pero el principal, para nuestros fines, es el punto de la soberanía y la independencia de Dios. ¿Necesitaba Dios crearnos? ¿Se siente Dios solo? ¿Necesita de su creación? Dejemos que las Escrituras hablen:
Como nada son todas las naciones delante de él; y en su comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que no es. (Isa. 40:17)

Yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero. (Isa. 46:9-10).

 

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. (Hech. 17:24-25). 34

En su culto divinamente ordenado, los ancianos han proclamado la verdad: La creación existe, no porque Dios necesitaba crear, o porque dependa de su creación en manera alguna, sino simplemente porque fue su voluntad crear; le plació hacerlo. Dios es soberano, absolutamente independiente de la creación. La distinción bíblica entre el Creador y la criatura es absoluta.

El servicio de culto celestial aquí nos muestra lo que Dios quiere en el culto terrenal. Primero, el culto debe ser corporativo. El culto bíblico no es individualista, quietista, o sólo interno. Esto no quiere decir que no hay lugar para el culto privado; pero sí significa que el énfasis bíblico en el culto corporativo está muy lejos del "culto" degenerado de muchos evangélicos, que ven el culto individual como prioritario por encima del culto corporativo, y que hasta conciben a éste último simplemente como la suma de los adoradores individuales.
35 Otro aspecto olvidado de la necesidad del culto corporativo es el hecho de que los así llamados "servicios de culto" en las iglesias modernas son en realidad o salas de conferencias o funciones circenses de tres arenas. En ambos casos hay actores principales, y hay espectadores - pero la Iglesia, como tal, no está adorando corporativamente. Por contraste, el modelo de culto bíblico es el servicio de culto corporativo, con plena participación conjunta de los miembros unidos de la congregación, demostrando una armonía de unidad y diversidad.

 

Segundo, el culto debe ser respondiente. Veremos más de esto al proceder a través del libro de Apocalipsis - que trata del culto tanto como de cualquieer otra cosa - pero esto ya ha ocurrido con el pasaje que acabamos de estudiar. A los ancianos y a los cuatro seres vivientes se los ve cantando responsos musicales hacia a atrás y hacia adelante, participando en un diálogo. Y en el culto de la iglesia en la tierra, eso es lo que hacemos (o deberíamos hacer) también. Respondemos litúrgicamente a la lectura de la Biblia, a las oraciones, al canto de los salmos y los himnos, a la enseñanza, y a los sacramentos. Porque esto es lo que vemos en el culto celestial, y nuestro culto debería estructurarse, hasta donde sea posible, a imitación del modelo celestial, de acuerdo con la oración que Jesús nos enseñó: "Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo" (Mat. 6:10).

 

Tercero, el culto debe ser ordenado. Los ancianos y los seres vivientes no se interrumpen entre sí ni intentan presumir los unos sobre los otros. Aunque el culto debe ser corporativo, e involucrar a la iglesia entera, no debe ser caótico. Un modelo básico de culto se presenta en 1 Cor. 14:40: "Hágase todo decentemente y con orden". Los carismáticos tienden a tener ciertos instintos correctos - que el culto debe incluir a la congregación entera - pero en la práctica su culto tiende a la confusión y al desorden, pues todos "adoran" individualmente a la vez. La solución, reconocida tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamentos, y por la iglesia a través de la historia, es proporcionar una liturgia común, con oraciones y responsos formales, de manera que los congregados puedan adorar juntos inteligentemente de un modo que es a la vez corporativo y ordenado.

 

El culto público bíblico es muy diferente del culto privado o familiar: es radicalmente diferente de un mero grupo de estudio bíblico, por importante que éste pueda ser. El culto dominical de la iglesia es cualitativamente único: Es el pueblo de Dios que viene a palacio para una ceremonia formal delante del Trono, una audiencia oficial con el Rey. Venimos a confesar nuestra fe y nuestra lealtad, a hacer votos solemnes, a recibir perdón, a ofrecer oraciones, a ser instruídos por los oficiales de Dios, a comer a su mesa, y a dar gracias por todos sus beneficios; y hemos de responder a todo esto con música y cantos. Todo esto es corporativo, y necesariamente significa liturgia. Esto puede significar ciertos cambios complejos y prolijos en nuestros hábitos y patrones de culto. Pero Dios no debería tener nada menos que lo mejor. Él es el Rey, y adorarle significa servirle.

 

 


Notas:

1. ¡Pero, espere! Los capítulos 8-11 registran el sonido nada menos que de siete trompetas más - ¿podría haber nueve raptos?

2. The Scofield Reference Bible (New York: Oxford University Press, [1909] 1945), observa sobre Apoc. 4:1; comp. Hal Lindsey, There´s a New World Coming: A Prophetic Odyssey (Eugene, OR: Harvest House Publishers, 1973), pp. 74ss.

3. El uso por parte de los dispensacionalistas de la palabra iglesia es muy diferente de su uso en la teología histórica y ortodoxa. Véase de O. T. Allis, Prophecy and the Church (Grand Rapids: Baker Book House, 1945, 1947), pp. 54-110; L. Berkhof, Systematic Theology (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., cuarto cd. revisado , 1949), pp. 562-78; y Roderick Campbell, Israel and the New Covenant (Tyler, TX: Geneva Ministries, [1954] 1983).

4. Este principio puede ser aplicado fructíferamente en otras partes de la Escritura también. Por ejemplo, la palabra amor no aparece en ninguna parte del Libro de Rut; por esto, su historia no resulta ser, después de todo, uno de los más grandes romances de la Biblia, porque Booz y Rut no se amaban. Nuevamente, la palabra Dios no aparece en el libro de Ester; bajo estos principios, Él no está involucrado en estos acontecimientos, y el libro no nos dice nada sobre Él. ¡Además, los primeros quince capítulos de la carta de Pablo a los Romanos no les conciernen a la Iglesia, porque la palabra Iglesia no aparece allí tampoco!

5. Paul Minear enumera noventa y seis de ellos sólo en el Nuevo Testamento: Images of the Church in the New Testament(Philadelphia: The Westminster Press, 1960), pp. 222ss., 268s.

6. St. Germanus de Constantinopla, On the Divine Liturgy, trad. Paul Meyendorff (Crestwood, NY: St. Vladimir´s Seminary Press, 1984), p. 101.

7. John Calvin, Institutes of the Christian Religion, 4:17:36 (Philadelphia: The Westminster Press, 1960). Ford Lewis Battles, trad., p. 1412.

8. Meredith G. Kline, Images of the Spirit (Grand Rapids: Baker Rapids: Baker Book House, 1980), pp. 57s.

9. Véase el trabajo de George Vandervelde, "The Gift of Prophecy and the Prophetic Church" (Toronto: Institute for Christian Studies, 1984).

10. Sobre este modelo definitivo-progresivo-final, véase de David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth, TX: Dominion Press, 1985), pp. 24, 42, 73, 136, 146-57, 206, 209, 223.

11. Benjamin B. Warfield, "Predestination", en Biblical and Theological Studies (Nutley, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1968), p. 285.

12. "En la antigüedad, el nombre no se limitaba a la variedad de cuarzo que ahora se llama jaspe, sino que podía designar cualquier piedra preciosa opaca". William F. Ardnt y F. Wilbur Gingrich, A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature (Chicago: The University of Chcago Press, 1957), p. 369.

13. Ned B. Stonehouse, "The Elders and the Living-Beings in the Apocalypse", en Paul Before the Areopagus, and Other New Testament Studies (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1957), p. 90.

14. Véase de Alfred Edersheim, The Temple: Its Ministry and Services as They Were at the Time of Jesus Christ (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1980), pp. 75, 86ss. Ezequiel vio veinticinco hombres que servían en el templo: los representantes de los veinticuatro órdenes del sacerdocio, más el Sumo Sacerdote (Ezeq. 8:16).

15. Un argumento adicional en favor de esta interpretación se desarrollará durante la discusión del 5:9. Veremos que el cántico de los ancianos registrado allí dice claramente que ellos están entre los redimidos - un grupo que no incluye a los ángeles (Heb. 2:16). Por lo tanto, los ancianos deben tomarse en el sentido corriente, como que se refieren a los representantes de la Iglesia.

16. Véase de Dom Gregory Dix, The Shape of the Liturgy (New York: The Seabury Press [1945] 1982), p. 313; W. H. Frend, The Rise of Christianity (Philadelphia: Fortress Press, 1984), p. 127.

17. Richard Pacquier, Dynamics of Worship: Foundations and Uses of Liturgy (Philadelphia: Fortress Press, 1967), p. 143.

18. Ibid., p. 138. Resultó que algunas de las iglesias reformadas que conservaron la túnica escogieron la toga académica, en parte quizás como reacción contra lo que se entendía como excesos de la Iglesia Romana, y para subrayar la función docente del ministro. Pero, como señala Pacquier, "no hay ni una sola referencia a las togas negras en la Biblia, mientras que las túnicas y vestimentas blancas se mencionan muchas veces, ya de hecho o simbólicamente.

"La verdad es que, si hay un color que se sugiere a sí mismo como una expresión adecuada del evangelio y el servicio divino evangélico, es ciertamente el blanco. En la Biblia, el color blanco es
el color divino por excelencia porque simboliza la santidad y la perfección de Dios (Sal. 104:2; Dan. 7:9; Apoc. 1: 14; 19:11; 20:11)" (ibid., pp. 139s.).

19. Para Moisés y los ancianos de Israel, el mar-firmamento aparecía como un pavimento de color zafiro (azul) (Éx. 2:10).

20. Michael Wilcock, I Saw Heaven Opened: The Message of Revelation (Downers Grove. IL: InterVarsity Press, 1975), p. 64.

21. John Calvin, Commentaries on the First Twenty Chapters of the Book of the Prophet Ezekiel (Grand Rapids: baker Book House, 1979), Vol. 1, pp. 334s.

22. Ibid., p. 340; comp. pp. 65-74, 333-340. Calvino fue atacado por su propio traductor por hacer estas y parecidas afirmaciones (véase Vol. 1, pp. xxvf.; Vol. 2, pp. 421s, 448-55, 466-68, 473s.) Sin embargo, los pensamientos son elaborados muy cuidadosamente durante el curso de su exposición, y este comentario, que Calvino no vivió para terminar, representa su pensamiento maduro sobre el tema. Es uno de los volúmenes más fascinantes que yo haya leído jamás, y un rico filón de de valiosas observaciones.

23. James B. Jordan, Judges: God´s War Against Humanism (Tyler, TX: Geneva Ministries, 1985), pp. 37s.

24. Ibid., p. 102. Véase también de John Calvin, Commentaries on the Last Four Books of Moses (Grand Rapids: Baker Book House, 1979), Vol. 1, pp. 385-87; Commentary on a Harmony of the Evangelists (Grand Rapids: Baker Book House, 1979), Vol. pp. 213-15.

25. Richard Hinckley Allen, Star Names: Their Lore and Meaning (New York: Dover Publications, [1899] 1963), p. 57: comp. p. 362.

26. Dicho sea de paso, el termo Zodíaco no es una palabra oculta; significa simplemente círculo, y se refiere al curso aparente del sol a través de los cielos. Las doce constelaciones mayores son los grupos de estrellas dispuestas a lo largo de la trayectoria del sol.

27. La mejor refutación cristiana del engaño astrológico se encuentra en obra de San Agustín, La Ciudad de Dios, Libro V, capítulos 1-11.

28. Para un estudio de la relación entre las constelaciones y el mensaje bíblico, véase de Joseph A Seiss, The Gospel in the Stars (Grand Rapids: Kregel Publications, [1882] 1972).

29. ¡O, como buenos agustinianos, podemos decir que el Zodíaco corresponde al orden de las doce tribus!

30. Véase de Ernest L. Martin, The Birth of Christ Recalculated (Pasadena, CA: Foundation for Biblical Research, segundo cd., 1980), pp. 167ss; comp. J. A. Thompson, Numbers, en D. Guthrie y J. A. Motyer, eds., The New Bible Commentary (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., tercer cd., 1970), p. 173.

31. Gordon J. Wenham, Numbers: An Introduction and Commentary (Downers Grove, IL: Inter-Varsity Press, 1981), p. 65. Wenham no se refiere a las constelaciones zodiacales, sino a algo mucho más asombroso: ¡el hecho de que las cifras del censo de las tribus de Israel corresponden a los períodos sinódicos de los planetas! Como señala Wenham, las cifras del censo "afirman el carácter sagrado de Israel. Ellas nos recuerdan que las promesas de Dios a Abraham se han cumplido, y que el santo pueblo de Dios es llamado a luchar por él en la tierra como las estrellas luchan por él en los lugares celestiales" (ibid.). La infomación de Wenham se basa en la obra de M. Barnouin, "Les recensements du Livre des Nombres et l'astronomic babylonienne", Vetus Testamentum 27, 1977, pp.280-303. Este trabajo está disponible en una traducción inglesa de Geneva Ministries, P. O. Box 131300, Tyler, TX 75713.

32. Véase, de Martin, The Birth of Christ Recalculated, pp. 4-25.

33. Volante publicada c. 1978 por una iglesia en Santa Ana, California, anunciando sus Conciertos de los Sábados por la Noche.

34. Un punto adicional debería recibir por lo menos una nota en un pie de página: ¿Es cierto, como alega el folleto, que "el amor genuino no puede ser exigido, ordenado, ni siquiera regulado"? Véase Deut. 6:5-6; Mat. 22:37-40; Efe. 5:25; 1 Juan 4:19.

35. Un ejemplo de esto, del lado de la Iglesia Reformada, entre muchos que podrían citarse, es la obra de B. M. Palmer, The Theology of Prayer (Sprinkle Publications, [1894] 1980). Esta extensa obra (352 págs), que pretende proporcionar "una plena articulación de la oración en el sistema de la gracia", tiene que ver completamente sólo con las devociones  individuales; no menciona la oración corporativa ni una sola vez.

Parte Tres
5

EL CRISTO VICTORIOSO

El Cordero y el libro (5:1-14)

1 Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.
2 Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?
3 Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.
4 Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.
5 Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.
6 Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.
7 Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.
8 Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;
9 y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;
10 y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.
11 Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones,
12 que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.
13 Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.
14 Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.
1-4 Juan ve al que está sentado en el trono sosteniendo un libro ... sellado con siete sellos. Como observó Theodor Zahn, los siete sellos indican que este documento es un testamento. Aunque ésta no es la explicación completa, es importante para entender correctamente el Libro. Escribió Zahn: "La palabra biblion [libro] permite muchas interpretaciones, pero para los lectores de aquel tiempo era designado por medio de siete sellos sobre su lomo, más allá de cualquier posibilidad de error. De la misma manera que en Alemania, antes de la introducción de los giros, todo el mundo sabía que una carta sellada con cinco sellos contenía dinero, el miembro menos informado de las iglesias asiáticas sabía que  un biblion asegurado con siete sellos era un testamento. Cuando moría un testador, se sacaba el testamento, y siempre que era posible, se abría en presencia de los siete testigos que lo habían sellado; es decir, era desellado, leído en voz alta, y ejecutado... El documento de los siete sellos es el símbolo de la promesa de un futuro reino. La disposición ocurrió hace mucho tiempo, y fue documentada y sellada, pero todavía no fue ejecutada". 1

El Libro también estaba escrito por delante y por detrás. Cualquier lector cristiano
2 habría entendido inmediatamente el significado de esta descripción, pues se basa en la descripción de los Diez Mandamientos. Las dos tablas del testimonio, que eran copias duplicadas 3, estaban inscritas en el frente y por detrás (Éx. 32:15). Una analogía de esto se encuentra en los tratados de soberanía del antiguo Cercano Oriente: Un rey victorioso (el soberano) imponía un tratado/pacto sobre el rey derrotado (el vasallo) y sobre todos los que estaban bajo la autoridad del vasallo. Se redactaban dos copias del tratado (como en los contratos modernos), y cada parte ponía su copia del contrato en la casa de su dios, como un documento legal que testificaba la transacción. Por supuesto, en el caso de Israel, el Señor era tanto Soberano como Dios; así que ambas copias del Pacto fueron puestas en el Tabernáculo (Éx. 25:16, 21; 40:20; Deut. 10:2).

 

Meredith Kline explica: "El propósito de la copia del pacto en manos de Israel era el de servir como testimonio documental (Deut. 31:26). Era testimonio para y en contra de Israel, recordándole las obligaciones que había jurado cumplir, y reprendiéndole por las obligaciones violadas, declarando la esperanza de las bienaventuranzas del pacto y pronunciando una condena por las maldiciones del pacto. La proclamación pública del pacto estaba diseñada para enseñar el temor del Señor a todo Israel, especialmente a los niños (Deut. 31:13; comp. Sal. 78:5ss).... Considerada en relación con el juramento y la promesa divinos, el duplicado de la tabla del pacto en manos de Yahvé servía un propósito análogo al del arco iris en su pacto con Noé (Gén. 9:13-16). Contemplando esta tabla, él recordaba su juramento a sus siervos y fielmente traía la bendición prometida". 4

 

Hemos visto que Juan ha organizado esta profecía en términos de la estructura establecida para los pactos. Más que esto, mucho de la información específica en Apocalipsis ha indicado que la idea del pacto es central a su mensaje. El libro se presenta  a sí mismo desde el principio como parte del canon, escrito principalmente para ser leído en la liturgia (1:3). Se usa la imagen del Tabernáculo en la doxología inicial (1:4-5), y se declara que la iglesia está constituída como el nuevo reino de sacerdotes, como Israel lo había sido en Sinaí (1:9). El tema del libro, declarado en 1:7, es la venida de Cristo en la nube de gloria; luego, casi inmediatamente, Juan usa tres palabras que casi siempre ocurren en relación con la actividad de hacer un pacto: Espíritu, Día, y Voz (1:10). La siguiente visión de Cristo como el glorioso Sumo Sacerdote (1:12-20) combina muchas imágenes del Antiguo Testamento - la nube, el día del Señor, el ángel del Señor, el Creador, el Soberano del universo, el Hijo del hombre/el segundo Adán, el conquistador de las naciones, el dueño de la iglesia - todas las cuales están relacionadas con las profecías de la llegada del nuevo pacto. La visión es seguida por el propio mensaje de Cristo a las iglesias, presentado como un mensaje de la historia del pacto (capítulos 2-3). Luego, en el capítulo 4, Juan ve el trono, sostenido por los querubines y rodeado por los sacerdotes reales, todos cantando las alabanzas de Dios con acompañamiento de relámpagos, voces, y truenos, como los de Sinaí. No debería sorprendernos encontrar esta magnífica colección de imágenes relacionadas con la confección de un pacto, que culminan con la visión de un documento de testamento/tratado, escrito delante y detrás, en la mano de Aquél que está sentado en el trono. El Libro es nada menos que el testamento del Cristo resucitado y ascendido al cielo: el Nuevo Pacto.

 

Pero la llegada del Nuevo Pacto implica la muerte del Viejo Pacto y el juicio del Israel apóstata. Como vimos en la introducción, los profetas bíblicos hablaron en términos de la estructura del pacto/tratado, que actúa como fiscal acusador en nombre del divino Soberano, que pone un pleito de pacto contra Israel. La imagen de un documento inscrito en ambos lados se usa en la profecía de Ezequiel, que Juan ha tomado como modelo para su profecía. Ezequiel dice que recibió un pergamino que contenía una lista de juicios contra Israel:

 

Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. ... Y miré, y he aquí una mano extendida hacia mí, y en ella había un rollo de libro. Y lo extendió delante de mí, y estaba escrito por delante y por detrás; y había escritas en él endechas y lamentaciones y ayes. (Eze. 2:3-10).
Al ver Juan que se abre el Nuevo Pacto, por lo tanto, también ve cumplidas las maldiciones del Antiguo Pacto en el pueblo del pacto que ha apostatado. Esta conclusión se hace más clara si miramos el movimiento general de la profecía. Los siete sellos del Libro son rotos para revelar su contenido; pero la ruptura del séptimo sello inicia el resonar de las siete trompetas (8:1-2). La visión final de la sección de las trompetas termina con una horrorosa escena de la gran cosecha, en la cual "las uvas de la ira" son pisadas y la tierra entera es inundada por un torrente de sangre (14:19-20). Esto conduce directamente a la sección final de Apocalipsis, en la cual Juan ve la sangre del lagar derramarse de las siete copas de la ira (16:1-21). Parecería, por lo tanto, que se quiere que entendamos que las siete copas, como el contenido de la séptima trompeta, "el último ay", han de caer sobre la tierra (comp. 8:13; 9:12; 11:14-15; 12:12). Todo esto - los sellos, las trompetas, y las copas - es el contenido del libro de siete sellos, el Nuevo Pacto.

Pero hay una crisis: Nadie en toda la creación - ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajoo de la tierra - puede (o es digno de, como dice Juan) abrir el Libro, ni siquiera mirarlo. Nadie puede cumplir las condiciones requeridas por el Mediador del Nuevo Pacto. Todos los anteriores mediadores - Adán, Moisés, David, y el resto - finalmente resultaron inadecuados para la tarea. Nadie pudo quitar el pecado y la muerte, pues todos han pecado, y continuamente están destituídos de la gloria de Dios (Rom. 3:23). El sacrificio de animales no podía realmente quitar los pecados porque tal cosa es imposible (Heb. 10:4); y el mismo sumo sacerdote que ofrecía los sacrificios era pecador, y estaba "rodeado de debilidad" (Heb. 5:1-3; 7:27), teniendo que ser reemplazado después de su muerte (7:23). No se pudo encontrar a nadie que garantizara un mejor pacto. Con el profético anhelo y la profética tristeza de la iglesia del Antiguo Testamento, Juan comienza a llorar mucho. El Nuevo Pacto había sido ofrecido por el que estaba sentado en el trono, pero nadie era digno de actuar en nombre tanto de Dios como del hombre para ratificar el pacto. El libro de los siete sellos permanecería sellado.

 

5-7 Juan es consolado por uno de los ancianos, que le dice (como se lee literalmente): Deja de llorar; ¡he aquí, Él ha vencido! Así, la iglesia predica el evangelio a Juan; y parece como si el anciano está tan emocionado por su mensaje que deja escapar bruscamente el clímax aún antes de explicar quién ha vencido. Continúa describiendo a Cristo el Vencedor: el León de la tribu de Judá, el fuerte y poderoso cumplimiento de la antigua profecía de Jacob a su cuarto hijo:

 

Cachorro de león, Judá; de la presa subiste, hijo mío. Se encorvó, se echó como león, así como león viejo: ¿quién lo despertará? No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregarán los pueblos. (Gén. 49:9-10).
Fue David, el vencedor León de Judá del Antiguo Pacto, a quien Dios reveló tanto el plano del templo (1 Crón. 28:11-19) como el plan del pacto sempiterno, la "Carta para la Humanidad", por medio de la cual el venidero Rey-Sacerdote traería la bendición de Abraham a todas las naciones (2 Sam. 7:18-29; 23:2-5; 1 Crón. 17:16-27; Sal. 16; 110; Hech. 2:25-36). 5 Por fin, el hijo mayor de David vino y venció, estableciendo el dominio eterno y abriendo el pacto. Encarnando y cumpliendo todas sus promesas, Él es "Siloh".

Cristo es llamado también la Raíz de David - una expresión extraña a nuesstra propia manera de pensar. Podemos entender más fácilmente la expresión de Isaías: "una vara del tronco de Isaí" (Isa. 11:1). Como descendiente de Isaí y de David, Jesús podría ser llamado una "rama" (Jer. 23:5; Zac. 3:8); pero, ¿cómo podría ser llamado la Raíz? Nuestra perplejidad se origina en nuestra idea de cómo funciona la historia. Estamos acostumbrados a pensar en la historia como si fuera una máquina de Rube Goldberg cósmica: Se mueve una palanca en un extremo, y una serie de artefactos y cacharros parecidos a fichas de dominó chocan entre sí, y al final producen cualquier efecto en el extremo opuesto de la máquina. Por pura causa y efecto, cada evento causa otros eventos, en sucesión cronológica directa.

 

Ahora bien, esto es cierto - pero no es toda la verdad. En realidad, tomado por sí solo e independientemente, no es verdad en absoluto, pues esta tesis es evolucionaria en sus suposiciones, no bíblica. La historia no es simplemente una cuestión de que el pasado cause el futuro; también es verdad que el futuro causa el pasado, como lo explica R. J. Rushdoony: "Según la Biblia, el movimiento del tiempo es desde la eternidad, puesto que es creado por Dios y se mueve a causa de y en términos de su decreto eterno... Porque el tiempo está predestinado, y porque su principio y su fin ya están establecidos, el tiempo no se desarrolla de manera evolucionaria del pasado al presente y después al futuro. En su lugar, se desenvuelve desde el futuro hacia el pasado". 6

 

Una simple ilustración podría ayudarnos a entender esto. Digamos que alguien le encuentra a usted empacando un almuerzo en una calurosa mañana, y le pregunta la razón de ello. Usted contesta: "Porque voy a tener un picnic en el parque hoy". ¿Qué ha ocurrido? En cierto sentido, el futuro - el picnic planeado - ha determinado el pasado. Porque usted quería tener un picnic en el parque, entonces planeó el almuerzo. Lógicamente, el picnic precedió, y causó, la preparación del almuerzo, aunque aquél siguió a éste cronológicamente. De la misma manera, Dios deseaba glorificarse a sí mismo en Jesucristo; por lo tanto, creó a Isaí y a David, y a todos los otros antepasados de la naturaleza humana de Cristo, para traer a su Hijo al mundo. La existencia misma de la Raíz de David era el Hijo de David, Cristo Jesús. ¡El "efecto" determinó la "causa"! 7

 

Así, el Señor Cristo Jesús es presentado de la manera más radical posible como el Centro de toda la historia, como la divina Raíz y la Rama, el Principio y el Fin, el Alfa y la Omega. Y es como el León vencedor y  la Raíz determinante que Él ha prevalecido para que abra el Libro y sus siete sellos.

 

Juan se vuelve para ver al que es descrito de esta manera - y, en vez de un León o una Rama, vee a un Cordero de pie delante del trono. Este es el modelo que primero notamos en 1:11, donde Juan primero oye, luego ve. Obviamente, aquél a quien Juan ve en el versículo 5 es idéntico al que ahora contempla en el versículo 6. El León es el Cordero.

 

¿En qué sentido es Cristo Jesús un Cordero? El pasaje no se refiere a Jesús en su naturaleza - Él no es "como un cordero" en el sentido de que es bondadoso, dulce, o benigno, como algunos quisieran entender incorrectamente este texto. 8 Cristo es llamado un Cordero, no en vista de su Persona (que la teología popular degrada al concepto moderno de "personalidad" de todos modos), sino en vista de su obra. Él es el Cordero que fue inmolado, "que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Así, el centro de la historia es la obra consumada, sacrificial, de Cristo. El fundamento de su reino mediatorio (Cristo como el León) es su expiación mediatoria (Cristo como el Cordero). Es a causa de su sacrificio que Él ha sido exaltado al lugar de supremo gobierno y suprema autoridad. Cristo ha alcanzado la victoria por medio de su sufrimiento y su muerte sacrificiales en lugar nuestro.

 

Juan subraya esto a través de su lenguaje específico: un Cordero en pie, como inmolado. Philip Barrington sugiere que la palabra griega para "en pie" (hestekos) es "una traducción griega aproximada de la palabra hebrea Tamid, que significa 'en pie' o 'continuo', y se refiere a la ofrenda encendida diaria en el Templo. Es el término técnico regular, y forma el título de la sección de la Mishnah que trata de ese sacrificio. El Cordero del Tamid es una expresión intangible, que podría muy bien haberse convertido en el Arnion Hestekos del griego. La palabra griega Hestekos no significa 'continuo', sino sólo 'en pie' en el sentido literal; pero podría ser un equivalente aproximado, como Christos (manchado), que significa Mesías. Así, Arnon Hestekos podría ser 'baboo', palabra griega que signfica Cordero del Sacrificio.

 

"La palabra Arnion también ha dado lugar a discusión. En el cuarto evangelio, a nuestro Señor se le llama Cordero de Dios (1:29), de la misma manera en que aquí se le llama Cordero del Tamid; pero las dos palabras son diferentes, Arnion aquí y Amnos en el evangelio. Es posible que, aunque Amnos es la palabra más común y natural para Cordero, Arnion Hestekos podría ser un término técnico del Templo judío... " 9

 

Juan continúa con sus imágenes simbólicas: Cristo el Cordero tiene siete cuernos. El cuerno en la Escritura es un símbolo comprensible de fortaleza y poder (comp. Sal. 75:10); más que esto, sin embargo, el pensamiento del lector bíblico culto habría sido estimulado a recordar los siete cuernos de carneros que se usaban para anunciar el juicio de Dios sobre sus enemigos y la victoria y la salvación del pueblo del pacto en la batalla histórica de Jericó (Josué 6:2-5). De la misma manera, el gran Cordero Sacrificial, al cual apuntaban todos los otros sacrificios, ahora proporciona poder y fortaleza y victoria para su pueblo en la lucha por alcanzar el dominio sobre la tierra. Es la victioria definitiva de Cristo lo que garantiza las progresivas victorias y el dominio final de la iglesia sobre todo el territorio que le ha sido asignado - el cual, en esta época, no es sólo Palestina, sino el mundo entero (Mat. 28:18-20).

 

Además, el Cordero tiene siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra (comp. Zac. 6:5). Para entender esto, tenemos que regresar a Génesis 1, donde encontramos la primera mención del Espíritu: Cerniéndose sobre la tierra, moviéndose sobre ella, formándola y llenándola, suscitando la vida. Al progresar la creación, el Espíritu lleva a cabo siete actos de ver - los séptuples ojos del Espíritu, si queremos. Siete veces se nos dice que "vio Dios que era bueno" (Gén. 1:4, 10, 12, 18, 21, 25, 31). Mientras creaba el mundo, Dios también lo juzgaba, evaluándolo y aprobándolo, hasta que se emitió el juicio final y culminante como preludio al principio del séptimo día. 10 Aquí en Apocalipsis, Cristo es presentado como el centro de la historia, el vencedor que recibe el nuevo pacto para los hombres; y como tal, se lo ve como Creador y Juez, con plenitud de conocimiento por medio de su inconmensurable posesión del Espíritu que ve y discierne (Juan 3:34). Ya en el principio, cuando el Espíritu salió a formar la tierra y a evaluarla, "procedió del Padre y del Hijo". La comprensión de la creación y la historia por parte de Cristo se origina, no en la historia misma, sino en el hecho de que Él es tanto el Creador como el Redentor del mundo. Así, sobre la base de su persona, su obra, y su exaltada posición como Salvador y Gobernante del mundo, Cristo Jesús ascendió al cielo, se adelantó hasta el trono de su Padre, y tomó el Libro de la mano derecha de Aquél que estaba sentado en el trono. Así lo describe el profeta Daniel:

 

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria, y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido. (Dan. 7:13-14).
El mensaje central de la Biblia es la salvación por medio de Cristo Jesús, el Mediador del Nuevo Pacto. Aparte de su obra, por medio de la cual Él adquirió y posee eternamente el Pacto, no hay esperanza para la humanidad. Él ha vencido abrumadoramente, para poder abrir el Tratado del Gran Rey; y por medio de Él nosotros también somos más que vencedores.

8-10 En este punto, la compañía de santos y ángeles en el cielo prorrumpe en alabanzas: Los cuatro seres vivientes caen delante del Cordero, postrándose en adoración mientras se preparan para adorarle con cánticos, teniendo cada uno un arpa. Otro importante aspecto de la escena tiene que ver con las fuentes de oro llenas de incienso, que son (es decir, representan, o son enunciadas simbólicamente) las oraciones de los santos (comp. Sal. 141:2; Luc. 1:10). Geerhardus Vos explica: "El simbolismo consiste en parte en que el humo es, por decirlo así, la refinada quintaesencia de la ofrenda, y parte en la manera en que asciende. Que el altar de incienso tenga su lugar bien cerca del velo que está delante del Lugar Santísimo significa la especificidad religiosa de la oración, en el sentido de que está lo más cerca posible del corazón de Dios. La ofrenda era de carácter personal. La idea del olor grato del incienso que arde en las narices de Jehová es un tanto alejada de nuestros propios gustos sobre imágenes religiosas, pero no debería ser pasada por alto a causa de esto, pues el sentido hebreo de religión no siente que esto sea inapropiado en lo más mínimo".
11

 

Luego, los seres vivientes y los ancianos cantan un cántico nuevo, y de nuevo se usa una sección coral para explicar estos símbolos. En verdad, nuestra interpretación queda confirmada por la expresión que Juan usa aquí. El cántico nuevo se menciona siete veces en el Antiguo Testamento (Sal. 33:3; 40:3; 96:1; 98:1; 144:9; 149:1; Isa. 42:10), y siempre en referencia a los actos redentores/creadores de Dios en la historia. El cántico nuevo celebra la elaboración del pacto y predice la venida de Cristo para traer salvación a las naciones y victoria universal para los piadosos:

 

Cantad a Jehová cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; su diestra lo ha salvado, y su santo brazo. Jehová ha hecho notoria su salvación; a vista de las naciones ha descubierto su justicia. Se ha acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel; todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios. (Sal. 98:1-3)

Cantad a Jehová un nuevo cántico, su alabanza desde el fin de la tierra; los que descendéis al mar, y cuanto hay en él, las costas y los moradores de ellas. Alcen la voz el desierto y sus ciudades, las aldeas donde habita Cedar; canten los moradores de Sela, y desde la cumbre de los montes den voces de júbilo. Den gloria a Jehová, y anuncien sus loores en las costas. Jehová saldrá como gigante, y como hombre de guerra despertará celo; gritará, voceará, se esforzará sobre sus enemigos. (Isa. 42:10-13).

Cada vez que en la Biblia se alcanza una nueva etapa en la historia de la redención (como el Éxodo, la fundación del reinado teocrático, etc.) hay un correspondiente período de revelación canónica; como dijo Geerhardus Vos: "La revelación sigue a los eventos". 12 Más específicamente, la aparición de las Escrituras canónicas está presente en la victoriosa redención del pueblo de Dios por parte de Él, como señala Meredith G. Kline con relación al "nacimiento de la Biblia": "En medio de un mundo caído, y en vista de la hostilidad satánica manifestada de varias maneras históricas, el pueblo electo de Dios no podría alcanzar la condición de reino si los juicios redentores no le libraran del poder del adversario. Sólo cuando el Señor Dios haya alcanzado este triunfo sotérico quedaría preparado el camino para que él promulgase su tratado-reino, estableciendo sus mandamientos entre su pueblo electo y ordenando la existencia de su reino bajo el dominio de su soberana voluntad..."

"La revelación de pacto ya había sido dirigida a Abraham, Isaac, y Jacob, con sus casas, ofreciéndoles el reino en promesa. Pero la Escritura requería para su aparición más que la mera promesa de un reino. Era necesario que se cumplieran la promesa y el juramento dados a los patriarcas: el pueblo escogido debía alcanzar la condición de nación. No fue sino hasta que hubo creado la comunidad-reino de Israel de la tiranía de Faraón a la asamblea de Sinaí que Dios pudo emitir un pacto canónico del tipo bíblico. La aparición de la Escritura canónica tuvo así que esperar la victoria del éxodo de Yahvé. Esa victoria señaló la plenitud del tiempo para el nacimiento de la Palabra-tratado de Dios".

 

"El que se programara el nacimiento de la Palabra escrita precisamente en esa coyuntura histórica llama nuestra atención a la peculiar calidad de la Escritura canónica. Originándose, como lo hace, a consecuencia de una impresionante exhibición del poder de Yahvé en salvación y en juicio, de acuerdo con las promesas proféticas hechas a los patriarcas, desde el princpio la Escritura muestra el carácter de una palabra de triunfal cumplimiento. Es la incontestable declaración de que el nombre del Dios de Israel es Yahvé, poderoso Señor del Pacto. Aunque el reino mosaico establecido en Sinaí era en sí mismo todavía sólo provisional y promisorio en relación con las realidades mesiánicas de la era del Nuevo Testamento, sin embargo, e inconfundiblemente, la Palabra de Dios del Antiguo Testamento que anunciaba el reino israelita era, para la etapa pre-mesiánica de la historia de la redención, una palabra de promesas manifiestamente cumplidas y del reino triunfante de Yahvé expresado decisiva y dramáticamente. Por lo tanto, desde que apareció por primera vez en la secuela de la historia, la Escritura canónica confronta a los hombres como una palabra divina de triunfo". 13

 

Lo que Sinaí mostró en forma provisional, el Calvario y el Monte de los Olivos revelaron definitivamente: la victoriosa redención del pueblo elegido de Dios en el Nuevo Pacto, cuando el León de la tribu de Judá venció para que abriera el Libro. Y porque Cristo Jesús obtuvo el Nuevo Pacto para su pueblo, Él encomendó la escritura de las Escrituras canónicas del Nuevo Testamento como la exhibición decisiva y dramática de su reino triunfante, su "divina palabra de triunfo".

 

Junto con la nueva revelación escrita, esta etapa  nueva y final de la historia de la redención introducida por el Nuevo Pacto requería un Cántico Nuevo, una nueva respuesta litúrgica por parte de la asamblea que adora. Así como las épocas anteriores de la historia del pacto evocó un Cántico Nuevo, 14 el establecimiento definitivo de la nueva nación con su nuevo tratado-reino necesitaba un nuevo culto, un culto que fuera un verdadero cumplimiento del antiguo, una trascendencia de todo lo que prefiguraba. El vino nuevo del Nuevo Pacto no podía ser contenido en los odres del Antiguo; la nueva redención requería, para su plena y correcta expresión, el Cántico Nuevo de la liturgia cristiana. Esto es exactamente lo que el Cántico Nuevo proclama como su base:

 

Tratado-Reino: Digno eres de tomar el Libro, y de abrir sus sellos.

Redención: Porque fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios.

Nacionalidad: Nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes.

Dominio: Y reinaremos sobre la tierra.

Un aspecto del Cántico ha dado lugar a una seria disputa interpretativa: Como observamos en 4:4, Ned Stonehouse (con una hueste de otros) sostenía que los veinticuatro ancianos son una clase de ángeles. En resumen, la base para la opinión de Stonehouse es el hecho de que un manuscrito del Nuevo Testamento griego contiene  una variante textual que, dice él, indica esto. Aunque algunos manuscritos dicen que Cristo nos redimió, la lectura variante que Stonehouse prefiere dice que Cristo redimió a los hombres. Obviamente, la diferencia sería que los cantores en el primer caso son definitivamente identificados entre los redimidos, mientras que los cantores en la segunda lectura no se incluyen necesariamente a sí mismos entre los que son redimidos por la sangre de Cristo.

Desafortunadamente para la interpretación de Stonehouse, hay dos hechos que, de salida, militan contra ella. En primer lugar, aun en el caso de que todos los manuscritos contuvieran la lectura preferida de Stonehouse, ésto no probaría su causa; Stonehouse simplemente estaba haciendo una suposición que puede seguirse de su premisa (pero que no necesariamente se sigue). (Después de todo, cualquier creyente todavía podría orar "por la iglesia" o por "el pueblo de Dios" sin excluirse a sí mismo; el mero hecho de que los ancianos dan gracias a Dios por redimir a los "hombres" no significaría necesariamente que ellos mismos no son redimidos).

 

Segundo, sin embargo, de los cientos de manuscritos que contienen el Libro de Apocalipsis, sólo uno contiene esta lectura extremadamente dudosa. La variante no se encuentra en ninguna "familia" de manuscritos, y ciertamente no se halla en ninguno que pueda llamarse una "tradición" manuscrita; ocurre sólo en un manuscrito solitario. Basar una interpretación en un fundamento tan inestable es, por decir lo menos, un método de estudio extremadamente subjetivo y precario.

 

Sin duda, la lectura tradicional "nos" es la verdadera. Pero, decir esto parece dar lugar a otros dos problemas: (1) Se dice que los cuatro seres vivientes, que no parecen representar a la iglesia, cantan este cántico; (2) el cántico cambia a la tercera percena entre los versículos 9 y 10. En el versículo 9 leemos: "Nos has redimido"; y en el versículo 10 leemos: "Nos has hecho reyes... y reinaremos". En realidad, estos dos problemas se resuelven entre sí. Aparentemente, es un ejemplo de lo que ya hemos visto en este libro, y de lo que nos resultará más familiar a medida que progresemos a través de él: la alabanza antifonal. Este modelo de respuesta coral continúa en este capítulo (comp. 11-14). Un bosquejo probable de esta porción de la liturgia celestial sería como sigue:

 

Ancianos y seres vivientes: Digno eres de tomar el Libro y abrir sus sellos.

Ancianos: Porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios de todo linaje, y lengua y pueblo y nación.

Seres vivientes: Y nos has hecho para Dios reyes y sacerdotes; y reinaremos sobre la tierra. 15

Cristo ha comprado a su pueblo de entre las naciones, no sólo para redimirles del pecado, sino para capacitarles para que cumplan el Mandato de Dominio original de Dios para el hombre. Como el segundo Adán, Cristo asigna a su nueva creación la tarea que Adán perdió - esta vez, sin embargo, sobre el inconmovible fundamento de su muerte, su resurrección, y su ascensión. La salvación tiene un propósito, un salvar a, así como un salvar de. Cristo ha hecho a su pueblo reyes y sacerdotes para nuestro Dios, y ha garantizado su destino: Reinarán sobre la tierra. Esto nos muestra la dirección de la historia: Los redimidos del Señor, ya una nación de reales sacerdotes, avanzan hacia el completo dominio que Dios ha planeado como su programa original para el hombre. En Adán, se había perdido; Cristo Jesús, el segundo Adán, nos ha redimido y nos ha restaurado a nuestro real sacerdocio, para que reinemos sobre la tierra. Por medio de la obra de Cristo, la victoria definitiva sobre Satanás ha sido ganada. Se nos prometen crecientes victorias, y creciente gobierno y dominio, al hacer que el evangelio y la ley del gran Rey produzcan frutos por todo el mundo.

11-14 En respuesta a la alabanza de los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos, el coro entero de ángeles, compuesto por millones de millones,
16 y miles de miles, se les une en alta voz, proclamando que el Cordero que fue inmolado es, sobre la base de su Persona y su obra, digno de heredar todas las cosas (las siete cosas enumeradas indican plenitud) en el cielo y en la tierra: el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y, como en gozosa respuesta a esta gran declaración de la herencia universal ded Cristo, la creación entera (cuádruple) responde en alabanza, como un clímax a esta sección de la liturgia. Cada una de las cosas creadas que está a) en el cielo y b) en la tierra y c) en el mar, y todas las cosas que están en ellos - toda la realidad creada se convierte en parte del coro cósmico cantando: Al que está sentado en en trono, y al Cordero, sea a) la alabanza y b) la honra y c) y la gloria y d) el poder por los siglos de los siglos. Un día, toda la creación reconocerá a Cristo como Señor (Fil. 2:10-11); en principio, sin embargo, esto ya se ha establecido por medio del sacrificio y la victoria del Cordero. Nuevamente, Juan nos ha revelado la meta de la historia como el reconocimiento universal del Señorío de Cristo y la gloria eterna de Dios por medio de Cristo Jesús.

 

En los días de Juan, la iglesia estaba a punto de experimetar un tiempo de severas pruebas y persecuciones. Ya estaban viendo lo que, en una época cuerda, podría difícilmente imaginarse: una unión entre Israel y la anticristiana Bestia de Roma. Estos cristianos necesitaban entender la historia como algo no controlado por la casualidad, los hombres malos o aún el diablo, sino desde el trono de Dios por medio de Cristo Jesús. Necesitaban ver que Cristo estaba reinando ahora, que Él ya había arrancado al mundo de las garras de Satanás, y de que aún ahora, todas las cosas en el cielo y en la tierra habrían de reconocerle como Rey. Necesitaban verse a sí mismos en la verdadera luz: No como tropas olvidadas en un solitario puesto de avanzada luchando en una batalla perdida, sino ya como reyes y sacerdotes, haciendo la guerra y venciendo, predestinados a la victoria, con la absoluta certeza de la victoria y el dominio, sobre la tierra. junto con el Gran Rey. Necesitaban la filosofía bíblica de la historia: que toda la historia, creada y controlada por el gobierno personal y total de Dios, se está moviendo inexorablemente hacia el dominio universal del Señor Jesucristo. La era nueva y final de la historia ha llegado; el Nuevo Pacto ha venido. ¡He aquí, Él ha vencido!

 

 


 Notas:

1. Theodor Zahn, Introduction to the New Testament, Vol. III, pp. 393s.; citado la obra de G. R. Beasley-Murray, The Book of Revelation (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., edición revisada, 1978), p. 121.

2. Al decir esto, estoy suponiendo que el cristiano promedio del siglo primero tenía más sentido común que el comentarista promedio del siglo veinte. Difícilmente hay un solo comentario que eche siquiera un vistazo a los Diez Mandamientos en relación con esto.

3. Véase de Meredith G. Kline, Treaty of the Great King: The Covenant Structure of Deuteronomy (Grand Rapids, William B. Eerdman´s Publishing Co., 1963), pp. 13ss., ídem, The Structure of Biblical Authority (Grand Rapids: William B. Eerdman´s Publishing Co., segunda ed., 1975), pp. 113ss.

4. Kline, Treaty of the Great King, pp. 21, 24; The Structure of Biblical Authority, pp. 123s., pp. 113ss.

5. Véase de Walter C. Kaiser Jr., "The Blessing of David: The Charter for Humanity", en John H. Skilton ed., The Law and the Prophets: Old Testament Studies Prepared in Honor of Oswald Thompson Allis (Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1974), pp. 298-328).

6. Rousas John Rushdoony, The Biblical Philosophy of History (Nutley, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1969), p. 11; comp. Rushdoony, The One and the Many, p. 145; St. Augustine, The City of God, Lib. XII, Cap. 13-15; Nathan R. Wood, The Secret of the Universe (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., [1936] 1955), pp. 43-45.

7. Una de las más claras declaraciones sobre esta idea es la que aparece en la obra de Gordon H. Clark, Biblical Predestination (Nutley, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1969), esp. pp. 18-30.

8. En relación con esto, Hal Lindsey habla de la "mansedumbre y la bondad [de Cristo] semejantes a las de un cordero" en la obra There´s a New World Coming: A Prophetic Odyssey (Eugene, OR: Harvest House Publishers, 1973), p. 94.

9. Philip Barrington, The Meaning of the Revelation (London: SPCK, 1931), pp. 119s.

10. Véase de Meredith G. Kline, Images of the Spirit (Grand Rapids: Baker Book House, 1980), pp. 107ss.

11. Geerhardus Vos, Biblical Theology: Old and New Testaments (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1948), p. 168.

12. Ibid., p. 203.

13. Meredith G. Kline, The Structure of Biblical Authority (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., segunda ed., 1975), pp. 77ss.

14. Los cánticos producidos por la redención de Éxodo incluyen los registrados en Éx. 15, Deut. 32, y Sal. 90; la nueva organización del reino teocrático bajo un gobernante humano, y los sucesos que condujeron al establecimiento del Templo, resultaron en el Salterio (la colección definitiva de los "nuevos cánticos" bajo el Antiguo Pacto).

15. Este bosquejo ha sido sugerido también por Moses Stuart en A Commentary on the Apocalypse, 2 vols. (Andover: Allen, Merrill y Wardwell, 1845), Vol. 2. p. 134.

16. Literalmente, una miríada es 10.000; pero a menudo se usa, especialmente en plural, en un sentido más vago con el significado de "un gran número". Obviamente, la expresión miríadas de miríadas significa simplemente "incontables millares".

Parte Tres
6

EN EL CAMINO DEL
CABALLO BLANCO

Juan nos trae ahora a la apertura de los siete sellos del libro (seis de los sellos son abiertos en el capítulo 6; el séptimo es abierto en 8:1, y está conectado a las siete trompetas). Hemos visto que el Libro representa el documento-tratado del Nuevo Pacto, la apertura del cual resultará en la destrucción del Israel apóstata (véase el comentario sobre 5:1-4). Entonces, ¿qué representa la apertura de los sellos? Algunos han creído que esto significa una lectura cronológica a través del libro, y que los sucesos presentados están en un orden directo, histórico. Esto es improbable por dos razones. Primero, los sellos parecen estar en el borde exterior del libro (que está en forma de rollo): no se puede comenzar realmente a leer el libro sino hasta que los sellos se abran. El séptimo sello, que consiste en un llamado a la acción haciendo sonar las siete trompetas, en realidad abre el libro para que podamos leer su contenido.

 

Segundo, una lectura cuidadosa de los sucesos mostrados por cada sello revela que no están listados en orden cronológico. Por ejemplo, en el quinto sello - después de los estragos causados por los cuatro jinetes - a los mártires que piden un juicio se les dice que esperen. Pero en el sexto sello el juicio es derramado inmediatamente, siendo la creación entera sacudida hasta los cimientos. Y sin embargo, después de todo esto, Dios ordena a sus ángeles que detengan el juicio hasta que los siervos de Dios estén protegidos (7:3). Obviamente, el propósito de los sellos no es  representar una cronología progresiva. Es más probable que revelen las ideas principales del contenido del libro, los temas principales de los juicios que vinieron sobre Israel durante los últimos días, desde el año 30 D. C. hasta el año 70 D. C.

 

R. H. Charles señaló la estrecha similitud estructural entre los seis sellos de este capítulo y los sucesos del así llamado Pequeño Apocalipsis registrado en los evangelios sinópticos. Como lo demuestra su bosquejo (que aparece adaptado más abajo), "presentan virtualmente el mismo material". 1

 

Apocalipsis 6
1. Guerra (v. 1-2)
2. Conflictos internacionales (v. 3-4)
3. Hambrunas (v. 5-6)
4. Pestilencias (v. 7-8)
5. Persecución (v. 9-11)
6. Terremoto; descreación (v. 12-17)

Mateo 24
1. Guerras (v. 6)
2. Conflictos internacionales (v. 7a)
3. Hambruna (v. 7b)
4. Terremotos ( v. 7c)
5. Persecuciones (v. 9-13)
6. Descreación (v. 15-31)

Marcos 13
1. Guerras (v. 7)
2. Conflictos internacionales (v. 8a)
3. Terremotos (v. 8b)
4. Hambruna (v. 8c)
5. Persecuciones (v. 9-13)
6. Descreación (v. 14-27)

Lucas 21
1. Guerras (v. 9)
2. Conflictos internacionales (v. 10)
3. Terremotos (v. 11a)
4. Plagas y hambrunas (v. 11b)
5. Persecución (v. 12-19)
6. Descreación (v. 20-27)

Esto revela mucha perspicacia por parte de Charles, y por parte de muchos comentaristas que han seguido sus pasos. Lo que asombra es que dejaran de ver el propósito de Juan al presentar "el mismo material" que los escritores sinópticos: profetizar los sucesos que conducirían a la destrucción de Jerusalén. Aunque todos admiten en seguida que el  Pequeño Apocalipsis es una profecía contra Israel (véase Mat. 23:29-39; 24:1-2, 15-16, 34; Mar. 13:2, 14, 30; Luc. 21:5-6, 20-24, 32), pocos parecen poder ver la conexión obvia: ¡El Gran Apocalipsis es también una profecía contra Israel!
Los cuatro jinetes (6:1-8)
1 Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: Ven y mira.
2 Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer.
3 Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que decía: Ven y mira.
4 Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada.
5 Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano.
6 Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino.
7 Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira.
8 Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra.
El pasaje central del Antiguo Testamento detrás de las imágenes de los "cuatro jinetes del Apocalipsis" es Zacarías 6:1-7, que describe los cuatro vientos como carruajes de Dios conducidos por sus agentes, que van y vienen patrullando la tierra. Siguiendo e imitando la acción del Espíritu (véase 5:6), ellos son los medios de que se vale Dios para controlar la historia (véase más abajo, en 7:1, en que los cuatro vientos se identifican con, y son controlados por, ángeles; comp. también Sal. 18:10, donde las "alas del viento" están conectadas con "querubes"). El simbolismo bíblico ve la tierra (especialmente la tierra de Israel) como el altar de cuatro cuernos de Dios, y así a menudo representa juicios amplios, nacionales, de manera cuádruple. Por lo tanto, los jinetes nos muestran los medios con los cuales Dios controla y trae juicios sobre la desobedicnte nación de Israel.

Son útiles los comentarios de Milton Terry: "La verdadera interpretación de estos primeros cuatro sellos es la que los reconoce como una representación simbólica de las 'guerras, hambrunas, pestilencias, y terremotos' que Jesús declaró serían 'principio de dolores' en la desolación de Jerusalén (Mat. 24:6-7; Luc. 21:10-11, 20). El intento de identificar cada figura separada con un suceso específico está errada tanto en cuanto al espíritu como en cuanto al método del simbolismo apocalíptico. El objetivo es dar un cuádruple e impresionantísmo cuadro de aquella terrible guerra contra Jerusalén que estaba destinada a vengar la justa sangre de profetas y apóstoles (Mat. 23:35-37), y ocasionar una 'gran tribulación' como nunca antes había ocurrido (Mat. 24:21). Como los cuatro sucesivos pero estrechamente relacionados enjambres de langostas de Joel 1:4; como los cuatro jinetes sobre caballos de diferentes colores en Zacarías 1:8, 18, y como los cuatro carruajes tirados por otros tantos caballos de colores en Zacarías 6:1-8, estos cuatro dolorosos juicios de Jehová ocurren, en obediencia a la orden de los cuatro seres vivientes que están al lado del trono, para ejecutar la voluntad de Aquél que declaró que los 'escribas, fariseos, e hipócritas' de su tiempo eran 'víboras, e hijos de víboras', y les aseguró que 'todas estas cosas sobrevendrán a esta generación' (Mat. 23:33, 36). Los escritos de Josefo muestran abundantemente cuán terriblemente se cumplieron todas estas cosas en la sangrienta guerra de Roma contra Jerusalén".
2

 

Tan importante como Zacarías en el segundo plano de este pasaje es la oración de Habacuc (Hab. 3), la lectura tradicional en la sinagoga para el segundo día de Pentecostés 3, en la cual el profeta relata una visión de Dios viniendo en juicio, brillante como el sol, fulgurante como el relámpago (Hab. 3:3-4; comp. Apoc. 1:16; 4:5), trayendo mortandad y plagas (Hab. 3:5; Apoc. 6:8), desmenuzando las montañas y derrumbando los montes (Hab. 3:6, 10; Apoc. 6:14), cabalgando sobre jinetes contra sus enemigos (Hab. 3:8, 15; Apoc. 6:2, 4-5, 8), armado con un arco (Hab. 3:9, 11; Apoc. 6:2), extinguiendo el sol y la luna (Hab. 3:11; Apoc. 6:12-13), y hollando la naciones en su furia (Hab. 3:12; Apoc. 6:15). Habacuc interpreta claramente estas imágenes como una profecía de la invasión militar de Judá por los caldeos, los instrumentos paganos de la divina ira de Dios (Hab. 3:16; comp. 1:5-17). Bajo imágenes similares, Juan presenta la destrucción de Israel a manos de los ejércitos invasores de Edom y Roma.

 

1-2 Como los mensajes, las visiones del libro comienzan con Cristo sosteniendo en su mano un racimo de siete. Al abrir el Cordero cada uno de los primeros cuatro sellos, Juan oye a uno de los cuatro seres vivientes decir con voz de trueno: ¡Ven! Esto no es una instrucción para que Juan "venga y vea". 4 Es más bien que cada uno de los seres vivientes llama a uno de los cuatro jinetes. Por decirlo así, los cuatro rincones de la tierra, de pie alrededor del altar, están clamando que vengan los justos juicios de Dios y destruyan a los impíos y traigan el Anathema, tal como el clamor característico de la iglesia pidiendo juicio y salvación era: ¡Maranatha! ¡Oh, Señor! ¡Ven!5

 

Al hacer su llamado el primer ser viviente, Juan ve un caballo blanco, armado su jinete para el combate, llevando un arco. El jinete ya es vencedor, pues se le dio una corona (por lo general, Juan usa la forma pasiva impersonal a través de la profecía para indicar que algo es hecho por Dios; comp. 6:2, 4, 8, 11; 7:2, 4; 8:2, 3, etc.). Siendo ya vencedor, el jinete continúa cabalgando a obtener más victorias: Salió conquistando y a conquistar. Asombrosamente, la trillada interpretación dispensacionalista afirma que este jinete del caballo blanco es el Anticristo. 6 Mostrando dónde miente su fe, Hal Lindsey echa el resto y declara que el Anticristo es "la única persona que podría llevar a cabo todas estas hazañas". 7

 

Pero hay varios puntos acerca de este jinete que demuestran concluyentemente que no puede ser otro que el Señor Jesucristo. Primero, cabalga sobre un caballo blanco, como lo hace Jesús en 19:11-16. Segundo, lleva un arco. Como hemos visto, el pasaje de Habacuc que forma la base para Apocalipsis 6 muestra al Señor como el Rey-Guerrero que lleva un arco (Hab. 3:9-11). Juan apela también aquí a Salmos 45, una de lass grandes profecías de la victoria de Cristo sobre sus enemigos, en la cual el salmista le llama gozosamente al salir Él venciendo y a vencer:

 

Ciñe tu espada sobre el muslo, oh valiente, con tu gloria y con tu majestad.
En tu gloria sé prosperado;
Cabalga sobre palabra de verdad, de humildad y de justicia,
Y tu diestra te enseñará cosas terribles.
Tus saetas agudas,
Con que caerán pueblos debajo de tí,
Penetrarán en el corazón de los enemigos del rey.
(Sal. 45:3-5)
En este punto, deberíamos hacer una pregunta bastante obvia, tan obvia que estamos propensos a pasarla por alto por completo: ¿Dónde obtuvo Cristo el arco? La respuesta (como suele suceder) comienza en Génesis. Cuando Dios hizo el pacto con Noé, declaró que ya no estaba en guerra contra la tierra, a causa del "olor grato" del sacrificio (Gén. 8:20-21); y como evidencia de esto, destensó su arco y lo puso "en las nubes" para que todos lo viesen (Gén. 9:13-17). Más tarde, cuando Ezequiel fue "arrebatado" a la sala del trono en la cúspide de la Nube de Gloria, vio el arco colgando sobre el trono (Eze. 1:26-28), y estaba todavía allí cuando Juan ascendió al cielo (Apoc. 4:3). Pero cuando el Cordero se adelantó a recibir el libro de la mano de su Padre, también estiró su mano y bajó el arco, para usarlo en juicio contra los apóstatas de Israel. Para los que "pecan voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!" (Heb. 10:26-31). Era, pues, necesario que el primer jinete fuera visto llevando el arco de la venganza de Dios, para significar el desatamiento de la maldición sobre la tierra de Israel; para estos apóstatas, el pacto con Noé está desecho.

Basándose en lo que ya hemos visto, los primeros lectores de Juan habrían entendido inmediatamente su referencia a este jinete con el arco como que aludía a Jesucristo. Pero, tercero, está el hecho de que al jinete se le da una corona, y esto también concuerda con lo que sabemos sobre Cristo en Apocalipsis (14:14; 19:11-13).
8 Sin embargo, el cuarto y quinto puntos deberían asegurar por completo esta interpretación: el jinete sale venciendo. 9 Esta es la misma palabra en griego que se usó en las cartas a las siete iglesias para vencer o conquistar (véase Apoc. 2:7, 11, 17, 26; 3:5, 12, 21). Considérese cómo ha usado Apocalipsis esta palabra hasta ahora:

 

Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre conmigo en su trono. (3:21).

El León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro. (5:5)

Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer. (6:2)

Es Cristo es que es el Vencedor por excelencia. Todos los sucesos en la historia están bajo su autoridad, y es enteramente apropiado que Él sea el representado aquí como el que encabeza los juicios de Dios. Él es el centro de la historia, y es él quien trae juicios sobre la tierra. El hecho de que Él abriera el Nuevo Pacto garantizó la caída de Israel; así como Él venció para abrir el Libro, también cabalgó victorioso para implementar el significado del Libro en la historia. Salió cabalgando en su resurrección y en su ascensión como el Rey ya victorioso, venciendo y para vencer, extendiendo las aplicaciones de su victoria definitiva, y de una vez por todas, por toda la tierra. Y debemos tomar especial nota de los terribles juicios que le siguen a Él. Los jinetes representan las fuerzas que Dios siempre usa para quebrantar a naciones desobedientes, y ahora estas fuerzas se vuelven contra su pueblo del pacto. Por supuesto, lo mismo ocurre con todos los hombres y todas las naciones. Todos los intentos de encontrar paz y seguridad aparte de Cristo Jesús están condenados al fracaso. La nación que no se someta será aplastada por sus ejércitos, por las fuerzas históricas que están constantemente a su absoluta disposición.

Hay diferencias entre esta visión de Cristo y la de Apocalipsis 19. La razón principal de esto es que, en el Capítulo 19, Cristo es visto con una espada saliendo de su boca, y la visión simboliza su victoria sobre las naciones con el evangelio después del año 70 d. C. Pero esto no se ve durante la apertura de los sellos. Aquí, Cristo viene en juicio contra sus enemigos. Viene, no a salvar, ni a sanar, sino a destruir. Los jinetes espantosos y terribles que le siguen no son mensajeros de esperanza, sino de ira. Israel está condenado.

 

3-4 El Cordero abre el segundo sello, y Juan oye al segundo ser viviente decir: ¡Ven! En respuesta al llamado, sale un jinete sobre un caballo bermejo, al cual Dios le concede poder para quitar de la tierra la paz, y que se maten unos a otros; y se le da una gran espada. Este segundo jinete, que representa la guerra, muestra cuán absolutamente depravado es el hombre. Dios no tiene que incitar a los hombres para que luchen los unos contra los otros; Dios simplemente ordena a sus ángeles que quiten las condiciones para la paz. ¿Por qué no hay más guerras en un mundo pecaminoso? Porque hay quien restringe la maldad del hombre, la libertad del hombre para poner por obra las consistentes implicaciones de su odio y su rebelión. Pero, si Dios quita las restricciones, la degeneración ética del hombre se revela en toda su fealdad. John Calvin escribió: "La mente del hombre se ha alejado tan completamente de la justicia de Dios, que concibe, desea, y emprende sólo lo que es impío, pervertido, sucio, e infame. El corazón está tan sumergido en el veneno del pecado que no puede exhalar nada sino un hedor repugnante. Pero si algunos hombres a veces demuestran algo de bueno, sus mentes, sin embargo, permanecen siempre envueltas en hipocresía y mañas fraudulentas, y sus corazones están atados por la depravación interior". 10

 

Todo esto se cumplió abudantemente en Israel y las naciones circunvecinas durante los Últimos Días, cuando la tierra se llenó de asesinos, revolucionarios, y terroristas de toda laya; cuando "cada ciudad se dividió en dos ejércitos acampados el uno contra el otro, y la preservación de un partido significaba la destrucción del otro; así que el día se iba en derramar sangre, y la noche se pasaba lleno de temor... Era común ver ciudades llenas de cadáveres todavía sin sepultar, y los cuerpos de ancianos, mezclados con los de bebés, todos muertos, esparcidos juntos por doquier; yacían también mujeres entre ellos, sin nada que cubriese su desnudez; se podía ver el país entero lleno de indecibles calamidades, mientras el miedo era por todas partes mayor a prácticas aún más bárbaras y amenazantes de las que ya se habían perpetrado". 11

 

5-6 Pisándole los talones a la guerra viene el tercer jinete angélico, sobre un caballo negro, sosteniendo en la mano un par de balanzas, símbolo de hambruna desde la profecía de Ezequiel, según la cual los habitantes de Jerusalén, muertos de hambre, se vieron obligados a pesar sus alimentos cuidadosamente (Eze. 4:10). Este jinete trae la penuria económica, una situación que se describe como completamente caótica. Una voz desde el centro de los seres vivientes - es decir, desde el trono de Dios - dice: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes ni el aceite ni el vino. Esta maldición, pues, significa escasez de los necesarios alimentos básicos - aumentando el precio de una medida de trigo más de 100 veces su precio anterior y consumiendo el salario de un día entero, 12 de manera que la totalidad del trabajo de un hombre se gastaba en obtener alimento. Esta es la maldición de Dios contra los hombres siempre que se rebelan: La tierra misma los vomita (Lev. 18:24-28; Isa. 24). La maldición devora la producción en cada una de las áreas, y la cultura impía perece por medio del hambre, la enfermedad, y la opresión (Deut. 28:15-34). Así es como Dios controla a los impíos: Tienen que gastar tanto tiempo sólo para sobrevivir que les es imposible ejercer su dominio impío sobre la tierra. A la larga, esta es la historia de cada cultura que se aparta de la Palabra de Dios. 13

 

Josefo describe la frenética búsqueda de alimento durante el sitio final: "Al empeorar la hambruna, el frenesí de los insurgentes iba a la par con ella, y todos los días estos dos horrores ardían más ferozmente. Pues, como no se encontraba grano por ninguna parte, los hombres irrumpían en las casas, y si encontraban algo, maltrataban a los ocupantes por haber negado que lo tenían; si no encontraban nada, los torturaban como si lo hubiesen ocultado más cuidadosamente. La prueba de si tenían o no tenían alimento era proporcionada por la apariencia física de los desgraciados; se consideraba que los que todavía se veían en buen estado estaban bien provistos de alimento, mientras que los que ya estaban consumidos eran ignorados, pues parecía sin sentido matar personas que pronto morirían de hambre. Muchos intercambiaban secretamente sus posesiones por una sola medida de trigo si eran ricos, y de cebada si eran pobres. Luego se encerraban en los más oscuros rincones de sus casas; cuando el hambre era extrema, algunos hasta comían su grano bajo tierra, mientras otros lo horneaban, guiados por la necesidad y el temor. No se ponía ninguna mesa en ninguna parte - el alimento era arrebatado del fuego a medio cocer y roto en pedazos". 14

 

Sin embargo, por otra parte, en esta maldición específica contra Jerusalén, los lujos del aceite y el vino no fueron afectados por el aumento general de precios; al jinete del caballo negro se le prohibe que los toque. Las balanzas son el signo de Libra, que cubre septiembre y octubre; Farrer conjetura que, si la cosecha de granos fracasaba en abril y mayo, "los hombres podrían comenzar a apretar sus cinturones en octubre. Entonces estarían recién terminando la recolección de la fruta, y podrían observar la ironía de la naturaleza, que las uvas y las olivas quedarían indemnes; de la tríada tradicional, el maíz, el vino, y el aceite, el maíz, en un apuro, lo puede mantener vivo a uno sin los otros dos, pero no ellos sin el maíz". 15 Con toda probabilidad, otra dimensión de la importancia de esta expresión es que a los mensajeros de destrucción de Dios se les impide hacer daño a los justos: La Escritura habla a menudo de las bendiciones de Dios sobre los justos en términos del aceite y el vino (comp. Sal. 104:15); y, por supuesto, el vino y el aceite se usan en los ritos de la iglesia (Sant. 5:14-15; 1 Cor. 11:25). Esto estaría en paralelo con los otros pasajes en los cuales los piadosos son protegidos de la destrucción (comp. 7:3).

 

7-8 Finalmente, el cuarto sello se abre, y el cuarto ser viviente llama al último jinete del juicio, que cabalga en un caballo verde - denotando el color verde 16 una palidez enfermiza, un presagio de muerte. Así, el cuarto jinete, con una comisión mucho más amplia y abarcante, es llamado Muerte; y es seguido por el Hades (la tumba) - habiendo sido ambos liberados por el Hijo del Hombre con su llave (1:18). Y se le dio autoridad para traer cuatro plagas contra los cuatro rincones de la tierra: matar con espada y con hambruna y con la muerte y por medio de las bestias salvajes de la tierra. Esto es simplemente un resumen de todas las maldiciones del pacto en Levítico 26 y Deuteronomio 28. Además, está en paralelo con la lista de Dios sus cuatro categorías básicas de maldiciones, con las cuales Él castiga a las naciones impías y desobedientes - "Mis cuatro juicios terribles contra Jerusalén: la espada, el hambre, las fieras, y la pestilencia para cortar de ella hombres y bestias" (Eze. 14:21; comp. Eze. 5:17). Sin embargo, en esta etapa preliminar - y en concordancia con la condición de cuatro del pasaje en general - a la muerte y a la tumba se les dan autoridad para tragarse sólo la cuarta parte de la tierra. Los juicios anunciados por las trompetas afectarán un tercio de la tierra (comp. 8:7-12), y los juicios anunciados por las copas lo devastarán todo.

 

Quizás el obstáculo más significativo contra una correcta interpretación de este pasaje ha sido que los comentaristas y predicadores han tenido temor y sido incapaces de ver que es Dios el que trae estos juicios sobre la tierra - que los juicios son enviados desde el trono, y que los mensajeros del juicio son los mismos ángeles de Dios. Especialmente pervertida y perjudicial es cualquier interpretación que parezca oponer al Hijo de Dios contra el tribunal del cielo, de manera que las maldiciones registradas allí se vean de alguna manera por debajo de su carácter. Pero es Jesús, el Cordero, quien abre los sellos del juicio, y es Jesús, el Rey de reyes, quien sale cabalgando a conquistar, conduciendo los ejércitos angélicos contra las naciones, para destruir a los que se rebelan contra su gobierno universal.

 

Era crucial que los primeros cristianos entendieran esto, porque, aún en ese momento, estos juicios estaban siendo desatados sobre su mundo. En todas las épocas, los cristianos deben enfrentarse al mundo con confianza, con la firme convicción de que todos los sucesos de la historia están predestinados, y que se originan en el trono de Dios. Cuando vemos el mundo convulsionado por guerras, hambres, pestilencias, y desastres naturales, debemos decir con el salmista: "Venid, ved la obras de Jehová, que ha puesto asolamientos en la tierra" (Sal. 46:8). En definitiva, la actitud del cristiano hacia los juicios de Dios contra un mundo impío es la misma que la de los cuatro seres vivientes alrededor del trono, que gozosamente llaman a los mensajeros del juicio de Dios diciendo: "¡Venid!" Nosotros también, en nuestras oraciones, hemos de rogar que Dios haga descender su ira sobre los impíos, para manifestar Su justicia en la tierra. Confrontados con estas terribles revelaciones de juicio, ¿cuál es nuestra respuesta correcta? En 22:17 se nos dice: El Espíritu y la Esposa dicen: ¡Ven!".

 

Los mártires vengados (6:9-17)
9 Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían.
10 Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?
11 Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.
12 Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre;
13 y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.
14 Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar.
15 Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;
16 y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquél que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero;
17 porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?
9-10 Para los lectores de este libro en el siglo primero, las tribulaciones descritas en él estaban siendo demasiado reales: Cada iglesia conocería pronto la angustia de ver a algunos de sus dirigentes más sinceros y capaces apresados y ejecutados a causa de la Palabra de Dios,y del testimonio que habían mantenido. Para muchos cristianos por todo el imperio, los meses y años venideros traerían gran angustia, pues las familias serían separadas y los seres amados muertos. Cuando la tragedia golpea, nos sentimos tentados a preguntarnos: ¿Le importa a Dios? Esta pregunta es especialmente intensa cuando el dolor es causado por los corruptos enemigos de la fe decididos a destruir el pueblo de Dios, y la injusticia del sufrimiento se hace evidente. Si los cristianos eran realmente los siervos del Rey, ¿cuándo actuaría él? ¿Cuándo vendría a castigar a los apóstatas que primero habían usado el poder del estado romano para crucificar al Señor, y ahora estaban usando el mismo poder para matar y crucificar a los "profetas y sabios y escribas" (Mat. 23:34) a quienes Cristo había enviado?

Así, pues, la apertura del quinto sello revela una escena en el cielo en que las almas de los que habían sido muertos están debajo, o alrededor, del altar. La imagen está tomada de los sacrificios del Antiguo Testamento, en los cuales la sangre de la víctima sacrificada corría a los lados del altar y formaba un charco alrededor de su base ("el alma [Heb. nephesh] de la carne está en la sangre", Lev. 17:11).
17 La sangre de los mártires ha sido derramada (comp. 2 Tim. 4:6), y al llenar la zanja debajo del altar, clama desde la tierra con gran voz diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? La iglesia en el cielo concuerda con los querubines al reclamar los juicios de Dios: ¿Hasta cuándo? es una frase normal a través de las Escrituras para invocar la justicia divina para los oprimidos (comp. Sal. 6:3; 13:1-2; 35:17; 74:10; 79:5; 80:4; 89:46; 90:13; 94:3-4; Hab- 1:2; 2:6). Sin embargo, el antecedente particular para su uso aquí está nuevamente en la profecía de Zacarías (1:12): Después de que los cuatro jinetes han patrullado la tierra, el ángel pregunta: "Señor de los ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás compasión de Jerusalén?" Juan invierte esto. Después de que sus cuatro jinetes han sido enviados a su misión, Juan muestra los mártires preguntando hasta cuándo continuará Dios tolerando a Jerusalén. Los lectores de Juan no habrán dejado de notar otro punto sutil: Si la sangre de los mártires está fluyendo alrededor de la base del altar, deben ser los sacerdotes de Jerusalén los que la han derramado. Los oficiales del Pacto han matado a los justos. Como testificaron Jesús y los apóstoles, Jerusalén era la asesina de los profetas (Mat. 23:34-37; Luc. 13:33; Hech. 7:51-52). La conexión con "la sangre de Abel" que clama desde la tierra cerca del altar (Gén. 4:10) es otra indicación de que este pasaje en general se refiere al juicio sobre Jerusalén (comp. Mat. 23:35-37). Como Caín, los "hermanos mayores" del Antiguo Pacto envidiaron y asesinaron a los "hermanos menores" del Nuevo Pacto (comp. 1 Juan 3:11-12). Y así clama la sangre de los justos: Los santos oran para que la profecía de Cristo de los "días de retribución" (Luc. 21:22) se cumpla.

 

Que este grito terminante pidiendo venganza nos suene extraño sólo nos muestra hasta dónde, desde el punto de vista bíblico, se ha degenerado nuestra era pietista. Si nuestras iglesias estuviesen más familiarizadas con el himnario fundacional de la iglesia, los Salmos, en vez de los  coros azucarados, almibarados, hermosos e inteligentes [sweetness and light] que caracterizan a los modernos himnarios evangélicos, entenderíamos esto mucho más fácilmente. Pero hemos caído en el engaño pagano de que, de algún modo, es "no cristiano" orar pidiendo que la ira de Dios sea derramada sobre los enemigos y los perseguidores de la iglesia. Y sin embargo, eso es lo que vemos que está haciendo el pueblo de Dios, con la aprobación de Dios, en ambos Testamentos de las Sagradas Escrituras. 18 En realidad, es una característica del hombre piadoso despreciar al réprobo (Sal. 15:4). El espíritu expresado en las oraciones imprecatorias de las Escrituras es un aspecto necesario de la actitud del cristiano (comp. 2 Tim. 4:14). Mucha de la impotencia de las iglesias en la actualidad es directamente atribuíble al hecho de que ellas se han convertido en castradas y afeminadas. Estas iglesias, incapaces hasta de confrontar el mal - no ya de "vencerlo" - a su debido tiempo serán capturadas y dominadas por sus enemigos.

 

11 Los santos justos y fieles en el cielo son reconocidos como reyes y sacerdotes de Dios, y por eso se le dan a cada uno de ellos vestiduras blancas, que simboliza el reconocimiento de Dios de la pureza de ellos delante de Él, un símbolo de la victoria de los vencedores (comp. 3:4-5). La blancura de las vestiduras es parte de un modelo ya establecido en Apocalipsis (las siete cartas), en el cual los tres últimos items de una estructura séptuple casan con los primeros cuatro. Así:

 

 
Primer sello:Caballo blanco
Quinto sello:vestiduras blancas
Segundo sello:Caballo bermejo
Sexto sello:La luna como sangre
Tercer sello:Caballo negro
El sol negro como tela de cilicio
Cuarto sello:Caballo amarillo
Séptimo sello: Se quema la hierba verde
En respuesta a la súplica de los santos para que haya venganza, Dios responde que ellos deben descansar por un poco más de tiempo, hasta que el número de sus consiervos y sus hermanos que han de ser muertos como ellos se complete también. El número completo de mártires no se ha completado todavía; la iniquidad plena de sus perseguidores no ha sido alcanzada todavía (comp.Gén. 15:16), aunque se acerca rápidamente el destino funesto de la "ira de Dios" que se derrama sobre ellos (1 Tes. 2:14-16). Debemos recordar que la aplicación principal de esto tiene que ver con el Israel apóstata - los que moran en la tierra - que, en cooperación con las autoridades romanas, estaba asesinando a los santos. A los mártires se les dice que esperen un poco más, y el juicio de Dios seguramente se producirá, trayendo la prometida "gran tribulación" sobre Israel, el quebrantador del pacto.

12-14
Al abrirse el sexto sello, nos acercamos más claramente a los sucesos finales de los últimos días. El Cordero revela el siguiente gran aspecto de sus juicios según el pacto, en un símbolo usado a menudo en la profecía bíblica: decreación. De la misma manera en que se habla de la salvación del pueblo de Dios en términos de creación (comp. 2 Cor. 4:6; 5:17; Efe. 2:10; 4:24; Col. 3:10),
19 así también se habla de los juicios de Dios (y la revelación de su presencia como Juez sobre un mundo pecador) en términos de decreación, el colapso del universo: Dios desgarra y disuelve el entramado de la creación. 20 Así, Juan usa las estructuras fundamentales de la creación para describir la caída de Israel:

 

1. Tierra
2. Sol
3. Luna
4. Estrellas
5. Firmamento
6. Tierra
7. Hombre
Estos siete juicios son detallados en términos de las familiares imágenes proféticas del Antiguo Testamento. Primero, desestabilización: un gigantesco terremoto (comp. Éx. 19:18; Sal. 18:7, 15; 60:2; Isa. 13:13-14; 24:19-20; Nah. 1:5). Segundo, el eclipse y el luto de Israel: El sol se puso negro como saco de cilicio (Éx. 10:21-23; Job 9:7; Isa. 5:30; 24:23; Eze. 32:7; Joel 2:10, 31; 3:15; Amos 8:9; Mic. 3:6). Tercero, la continuada imagen de un eclipse, a la que se le ha añadido la idea de deshonra: Toda la luna se puso como sangre (Job. 25:5; Isa. 13:10; 24:23; Eze. 32:7; Joel 2:10, 31). El cuarto juicio afecta a las estrellas, que son imágenes de gobierno (Gén. 1:16); son también relojes (Gén. 1:14), y su caída muestra que el tiempo de Israel se ha acabado: Las estrellas cayeron a tierra, como una higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento (Job 9:7; Ecl. 12:2; Isa. 13:10; 34:4; Eze. 32:8; Dan. 8:10; Joel 2:10; 3:15); por supuesto, el fuerte viento fue traído por los cuatro jinetes, que en las imágenes de Zacarías eran los cuatro vientos (Zac. 6:5), y que será vuelto a presentar a Juan en esa forma en 7:1; y la higuera es Israel mismo (Mat. 21:19; 24:32-34; Luc. 21:29-32). Quinto, ahora Israel simplemente desaparece: El firmamento se desvaneció como un pergamino que se enrolla 21 (Isa. 34:4; 51:6; Sal. 102:25-26; para el simbolismo de Israel como "firmamento", véanse Isa. 51:15-16; Jer. 4:23-31; comp. Heb. 12:26-27). Sexto, las potencias gentiles son sacudidas también: Todo monte y toda isla fue movida de su lugar (Job 9:5-6; 14:18-19; 28:9-11; Isa. 41:5, 15-16; Eze. 38:20; Nah. 1:4-8; Sof. 2:11). 22 Israel, la "antigua creación" de Dios, ha de ser descreada, al ser el Reino transferido a la iglesia, la nueva creación (comp. 2 Ped. 3:7-14). Como los labradores en la viña de Dios mataron a su Hijo, ellos también serán muertos (Mat. 21:33-45). La viña misma será quebrantada, destruida, y asolada (Isa. 5:1-7). En la justa destrucción de Israel por parte de Dios, Él sacudirá hasta el cielo y la tierra (Mat. 24:29-30; Heb. 12:26-28) para entregar su reino a su nueva nación, la iglesia.

15-17
Las imágenes proféticas del Antiguo Testamento todavía están a la vista al describir Juan a los apóstatas que están siendo juzgados. Esta es la séptima fase de la descreación: la destrucción de los hombres. Pero este séptimo ítem en la lista se abre para revelar otro "siete" dentro de ella (de la misma manera en que tanto el séptimo sello como la séptima trompeta contienen la siguiente serie de siete juicios), porque aquí se nombran siete clases de hombres, mostrando que la destrucción es total, pues afecta a pequeños y grandes por igual: los reyes de la tierra, los grandes, los jefes, los ricos, los fuertes, y todo esclavo y todo libre. Nadie podrá escapar, no importa su condición de privilegiado o su insignificancia. La tierra entera ha rechazado a Cristo, y la tierra entera está siendo excomulgada. Nuevamente, los paralelos muestran que el juicio sobre Israel es el propósito de esta profecía (comp. Isa. 2 y 24-27), aunque otras naciones ("los reyes de la tierra") serán afectadas también.

 

Al ser la tierra descreada, y quitada la revelación natural mediadora - poniendo a los pecadores cara a cara con la pura revelación del Dios santo y justo - los hombres de Israel tratan de huir y buscar protección en cualquier cosa que parezca ofrecer refugio. La huida bajo tierra y hacia dentro de cavernas es señal de estar bajo maldición (comp. Gén. 19:30-38). Por eso se escondieron (comp. Gén. 3:8) en las cavernas y entre las peñas de los montes (la lex talionis por haber maltratado a los justos: Hen 11:38; comp. Jud. 7:25), 23 y dijeron a los montes y a las rocas: Caed sobre nosotros y escondednos de la presencia de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha venido; 24 y (Nah. 1:6; Mal. 3:2) ¿quién podrá sostenerse en pie? La interpretación que se da aquí queda confirmada nuevamente: Este pasaje no habla del fin del mundo, sino del fin de Israel en el año 70 d. C. El origen del simbolismo usado aquí está en la profecía de Oseas contra Israel:

 

Efraín será avergonzado, e Israel se avergonzará de su consejo. De Samaria fue cortado su rey como espuma sobre la superficie de las aguas. Y los lugares altos de Avén serán destruidos, el pecado de Israel; crecerá sobre sus altares espino y cardo. Y dirán a los montes: Cubridnos; y a los collados: Caed sobre nosotros. (Oseas 10:6-8)
Jesús citó este texto en su camino a la crucifixión, declarando que se cumpliría en el Israel idólatra durante las vidas de los que estaban presentes entonces:
Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él. Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron. Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos. (Luc. 23:27-30)
Mientras las iglesias de Asia Menor leían esta visión por primera vez, los juicios profetizados ya estaban teniendo lugar; el momento final se aproximaba rápidamente. La generación que había rechazado al Hijo del Señor de la tierra (comp. Mat. 21:33-45) pronto estaría gritando estas mismas palabras. El Señor crucificado y resucitado venía a dcstruir a los apóstatas. Este habría de ser el gran día de la ira del Cordero, a quien habían matado.
 


Notas:

1. R. H. Charles, A Critical and Exegetical Commentary on the Revelation of St. John, 2 vols. (Edinburgh: T. & Clark, 1920), Vol. 1, p. 158.

2. Milton Terry, Biblical Apocalyptics: A Study of the Most Notable Revelations of God and of Christ in the Canonical Scriptures (New York: Eaton and Mains, 1898), pp. 329s.

3. M. D. Goulder, The Evangelists' Calendar: A Lectionary Explanation for the Development of Scripture (London: SPCK, 1978), p. 177.

4. Contrariamente a lo que dice la versión de King James, que no está apoyado por la mayoría de los manuscritos.

5. 1 Cor. 16:22 (comp. Apoc. 6:10); según el Didache (Cap.10), Maranatha era repetida al final de la liturgia eucarística. Si la hipótesis de John A. T. Robinson es correcta (que el Didache se escribió entre los años 40-60 d. C.), esto representa la oración final de cada servicio de oración por décadas antes de la caída de Jerusalén. Véase su obra Redating the New Testament (Philadelphia: The Westminster Press, 1976), pp. 324-327, 352.

 

6. Esto no es cierto de todos los dispensacionalistas. Entre los disidentes sobre este punto me es grato anotar a Henry Morris, autor de The Revelation Record (Wheaton, Il.: Tyndale House, 1983), p. 112, y Zane C. Hodges, "The First Horseman of the Apocalypse: Bibliotheca Sacra 119 (1962), pp. 324ss.

 

7. There´s a New World Coming: A Prophetic Odyssey (Eugene, OR: harvest House Publishers, 1973), p. 103.

8. Esta palabra para corona (stephanos) se usa siete veces en Apocalipsis con referencia a Cristo y su pueblo (2:10; 3:11; 4:4, 10; 6:2; 12:1; 14:14).

9. Comp. St. Irenaeus, Against Heresies, iv.xxi.3.

10. John Calvin, Institutes of the Christian Religion, ii.v.19, Ford Lewis Battles, trad. (Philadelphia: The Westminster Press, 1960), p. 340.

11. Flavio Josefo, The Jewish War, ii.xviii.2; para tener un cuadro exacto (y horripilante) de cuán cercanamente paralelas corren  las profecías de Apocalipsis y los evangelios sinópticos con los sucesos de los últimos días de Israel, que condujeron al sitio de Jerusalén por Tito, es necesario leer los Libros ii-iv de la historia de Josefo.

12. Robert H. Mounce, The Book of Revelation (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1977), p. 155.

13. Véase de David Chilton, Productive Christians in an Age of Guilt Manipulators: A Biblical Response to Ronald J. Sider (Tyler, TX: Institute for Christian Economics, third cd., 1985), pp. 92ss.

14. Josephus, The Jewish War, v.x.2.

15. Austin Farrer, The Revelation of St. John the Divine (Oxford: At the Clarendon Press, 1964), p. 100. J. Massyngberde Ford menciona una orden de Tito durante el sitio de Jerusalén en el sentido de que los olivares y los viñedos no debían ser molestados (Revelation: Introduction, Translation, and Commentary [Garden City, NY: Doubleday and Co., 1975], p. 107).

16. La palabra griega es chloros, y significa simplemente verde; se usa dos veces más en Apocalipsis (8:7; 9:4), y una vez en Marcos (6:39). Por lo general, los traductores la han vertido como pálido, aparentemente bajo la firme convicción de que, puesto que no hay tal cosa como un caballo verde, Juan no pudo haber visto uno así.

17. Véase de Rousas John Rushdoony, Thy Kingdom Come: Studies in Daniel and Revelation (Tyler, TX: Thoburn Press, [1970] 1978), p. 145.

18. Véase, por ej., Sal. 5, 7, 35, 58, 59, 68, 69, 73, 79, 83, 109, 137, 140. El término común para éste y otros pasajes es Salmos Imprecatorios; una expresión así puede ser confusa, sin embargo, puesto que la mayoría de los Salmos contienen secciones imprecatorias (maldiciones) (comp. Sal. 1:4-6; 3:7; 6:8-10; 34:16; 37:12-15; 54:7; 104:35; 139:19-22), y todos los Salmos son implícitamente imprecatorios, en que las bendiciones de los justos se mencionan con el corolario asumido: Los impíos son malditos.

19. Véase de David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth, TX: Dominion Press, 1985), pp. 22ss.

20. Véase ibid., pp. 98ss., 133ss.

21. Refiriéndose a la imagen bíblica (comp. Gén. 1:7) de un firmamento "sólido", Ford explica: "El cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla" lleva a una imagen, no de un papiro o un rollo de cuero, sino más bien a un rollo como los dos de cobre que se encontraron en Qumran. La idea de ruido se transmite más dramáticamente si se hace que el lector imagine un rollo de metal que súbitamente se cierra con un golpe seco". J. Massyngberde Ford, Revelation: Introduction, Translation, and Commentary (Garden City, NY: Doubleday and Co., 1975), p. 100.

22. En contraste con las interpretaciones populares de los textos que hablan de la fe que mueve montañas (Mat. 17:20; 21:22; Mar. 11:23), debería observarse que esta expresión ocurre en pasajes que hablan del juicio que venía sobre, y de la caída de, la Jerusalén apóstata. A menudo, a Jerusalén se la llama "el monte" en las Escrituras (por ej., Dan. 9:16); por eso, los santos en el altar son descritos como clamando, en fe, para que caiga este gran monte. En consecuencia, la destrucción de Jerusalén es representada, en parte, como una montaña ardiente que es echada en el mar (8:8; comp. Zac. 14:4).

23. Véase de James B. Jordan, Judges: God´s War Against Humanism (Tyler, TX: Geneva Ministries, 1985), pp. 114, 140.

24. G. B. Caird alcanza el impresionante non plus ultra del comentario absurdo con su asombrosa afirmación de que "la ira de Dios en Apocalipsis, como también en el Antiguo y el Nuevo Testamento, representa, no la actitud personal de Dios hacia los pecadores, sino un proceso impersonal de retribución que se desarrolla en el curso de la historia". A Commentary on the Revelation of St. John the Divine (New York: Harper and Row, 1966), p. 91.

Parte Tres
7

EL VERDADERO ISRAEL

Las dos visiones de este capítulo (v. 1-8 y v. 9-17) son todavía parte del sexto sello, y proporcionan una solución al problema de la caída de Israel. Y, sin embargo, también forman un intervalo o entreacto, un período de tardanza entre el sexto y el séptimo sellos, que sirve para realzar el sentido de espera de la cual se quejan los santos en 6:10, puesto que esta sección es en parte la divina respuesta a su oración (comp. la tardanza entre la sexta y la séptima trompetas, 10:1-11:14). Antes de la caída de Jerusalén, el cristianismo estaba mayormente identificado con Israel, y los futuros de los dos estaban interconectados. Los cristianos no eran separatistas; se consideraban a sí mismos los verdaderos herederos de Abraham y de Moisés, y a su religión como el cumplimiento de todas las promesas hechas a los padres. Que la iglesia existiera separada por completo de la nacionalidad israelita y de la Tierra Santa era virtualmente inimaginable. Por eso, si la ira de Dios hubiera de ser desatada sobre Israel con toda la furia no diluída presentada en el sexto sello, trayendo la re-creación del cielo y de la tierra y la aniquilación de la humanidad, ¿qué sería de la iglesia? ¿Qué ocurriría con los fieles que se encontrasen en medio de una civilización que se derrumbaba? ¿Sería destruído el remanente creyente en la conflagración venidera junto con los enemigos de la fe?

 

La respuesta dada en estas visiones es que "no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo" (1 Tesa. 5:9). La iglesia será preservada. En realidad, en términos del juicio venidero sobre Israel, el Señor había dado instrucciones explícitas sobre cómo escapar de la Tribulación (véase Mat. 24:15-25; Mar. 13:14-23; Luc. 21:20-24). Los cristianos que vivían en Jerusalén obedecieron la amonestación profética, y fueron preservados, como Marcellus Kik señaló en su estudio de Mateo 24: "Una de las cosas más notables acerca del sitio de Jerusalén fue el milagroso escape de los cristianos. Se ha calculado que más de un millón de judíos perdieron la vida en aquel terrible sitio, pero ninguno de ellos era cristiano. Esto lo indicó nuestro Señor en el versículo 13: 'Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo'. Que el 'fin' de que Él hablaba no era la terminación de la vida de los cristianos, sino el fin de Jerusalén, es evidente según el contexto. Inmediatamente después de este versículo, Jesús continúa relatando el momento exacto del fin. Los cristianos que vivieran hasta el fin serían salvados de la terrible tribulación. Cristo indica también el momento en que los cristianos debían huir de la ciudad para que pudieran salvarse de su destrucción. Esto queda verificado en un pasaje paralelo (Lucas 21:18): 'Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá'. En otras palabras, durante la desolación de Jerusalén, los cristianos quedarían indemnes, aunque en el período anterior a esto algunos perdieron la vida a causa de la persecución". 1

 

Los 144.000 sellados (7:1-8)
1 Y después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol.
2 Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar,
3 diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.
4 Y oí el número de los sellados: ciento cujarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.
5 De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados.
6 De la tribu de Aser, doce mil sellados. De la tribu de Neftalí, doce mil sellados. De la tribu de Manasés, doce mil sellados.
7 De la tribu de Simeón, doce mil sellados. De la tribu de Leví, doce mil sellados. De la tribu de Isacar, doce mil sellados.
8 De la tribu de Zabulón, doce mil sellados. De la tribu de José, doce mil sellados. De la tribu de Benjamín, doce mil sellados.
1-3 Juan ve cuatro ángeles de pie en los cuatro ángulos de la tierra, mensajeros divinos a los cuales se les concedió poder para dañar la tierra y el mar; y sin embargo, aquí están deteniendo los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase ningún viento sobre la tierra ni sobre el mar ni sobre ningún árbol. Aunque la tierra y el mar están en caso genitivo, árbol está en acusativo, indicando que Juan desea llamar la atención a él. A través de la Biblia, los árboles son imágenes de hombres (Jud. 9:8-15). En particular, son símbolos de los justos (Éx. 15:17; Sal. 1:3; 92:12-14; Isa. 61:3; Jer. 17:5-8). 2

En la Escritura, el viento se usa en relación con la venida de Dios y la acción de sus ángeles, bien en bendición, o en maldición (Comp. Gén. 8:1; 41:27; Éx. 10:13, 19; 14:21; 15:10; Núm. 11:31; Sal. 18:10; 104:3-4; 107:25; 135:7; 147:18; 148:8; Juan 3:8; Hech. 2:2). En este caso, el ángel habla del sirocco, el cálido viento del desierto que achicharra la vegetación, como figura del ardiente juicio de Dios sobre los impíos (comp. 16:9, y contrástese con 7:16):

 

Aunque él fructifique entre los hermanos, vendrá el solano, viento de Jehová; se levantará desde el desierto, y se secará su manantial, y se agotará su fuente; él saqueará el tesoro de todas sus preciosas alhajas. Samaria será asolada, porque se rebeló contra su Dios; caerán a espada; sus niños serán estrellados, y sus mujeres encinta serán abiertas. (Oseas 13:15-16).
Como hemos visto, 3 la asociación de ángeles con la "naturaleza" no es una "mera" imagen. Por medio de sus ángeles, Dios controla los patrones climatológicos, y usa el estado del tiempo como instrumento de bendición y de juicio. Desde el mismo primer versículo, la Biblia está escrita en términos de lo que Gary North llama personalismo cósmico: "Dios no creó un universo auto-sostenible, que ahora ha sido dejado para que funcione en términos de las leyes autónomas de la naturaleza. El universo no es un mecanismo gigante, como un reloj, al que Dios le dio cuerda al principio del tiempo. El nuestro no es un mundo mecánico, ni una entidad biológica autónoma, que crece según algún código genético del cosmos. El nuestro es un mundo activamente sostenido por Dios segundo a segundo (Job 38-41). Toda la creación es inescapablemente personal y teocéntrica. 'Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas ...' (Rom. 1:20).

"Si el universo es inescapablemente personal, entonces no puede haber ningún fenómeno ni suceso en la creación que sea independiente de Dios. De ningún fenómeno se puede decir que existe separado del plan incluyente de Dios para las edades. No hay ninguna 'objetividad bruta' que no haya sido interpretada. Nada en el universo es autónomo... Nada en la creación genera sus propias condiciones de existencia, incluyendo la estructura legal bajo la cual algo funciona o se hace funcionar. Cada hecho en el universo, de principio a fin, es exhaustivamente interpretado por Dios en términos de su ser, su plan, y su poder".
4

 

Los cuatro ángeles están deteniendo el juicio en obediencia a la orden de otro ángel, al cual Juan ve ascendiendo desde el nacimiento del sol, de donde tradicionalmente han venido las acciones de Dios en la historia (comp. Isa. 41:1-4, 25; 46:11; Eze. 43:1-3). Este ángel viene como representante de Cristo, la Salida del sol desde lo alto, que nos ha visitado (Luc. 1:78), el Sol de justicia que se ha levantado llevando sanidad en sus alas (Mal. 4:2; comp. Efe. 5:14; 2 Ped. 1:19). Posee el espíritu sin medida (Juan 3:34), el sello del Dios viviente, con el cual identifica al pueblo de su propia posesión, y por cuyas órdenes los juicios sobre la tierra no son plenamente derramados hasta que nosotros - Cristo y sus mensajeros - hayan sellado a los siervos de nuestro Dios en sus frentes: El Sello del Espíritu (Efe. 1:13; 4:30) es aplicado a los justos antes de que los sellos de la ira sean aplicados a los impíos; Pentecostés precede al Holocausto.

 

En el mundo bíblico, el sello significaba una transferencia de autoridad y poder, una garantía de protección, y una marca de propiedad (comp. 2 Cor. 1:21-22; 2 Tim. 2:19). El antecedente original para las imágenes de Juan es Ezequiel 9:1-7, que muestra a Dios encargando a los verdugos que destruyan a cada uno en la ciudad de Jerusalén; los primeros en ser muertos son los ancianos en el templo. Sin embargo, primero encarga a otro ángel que "pase por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponerles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella" (v. 4). Los piadosos son marcados para protegerlos, para que los apóstatas de Jerusalén pueden ser destruídos.

 

La marca en la frente es, por eso, un símbolo del hombre restaurado a la comunidad con Dios. Un ejemplo impresionante de esto era el Sumo Sacerdote, cuya frente estaba marcada con letras de oro que proclamaban que era SANTO A JEHOVÁ (Éx. 28:36). Además, en Deuteronomio 6:8, todo el pueblo de Dios está sellado en la frente y en la mano con la ley de Dios, del mismo modo que están caracterizados en vida por la obediencia fiel en pensamiento y acción a cada palabra de Dios.

 

La "marca" protectora en Ezequiel 9 es literalmente tav, la última letra del alfabeto hebreo. La  forma hebrea antigua de tav era +, una cruz - un hecho que no pasó inadvertido a la iglesia primitiva, que lo veía como "una referencia cuasiprofética al signo de la cruz como lo usaban los cristianos, y es posible que el uso de ese signo en el bautismo se haya originado en este pasaje". 5 Tertuliano creía que Dios había dado a Ezequiel "la forma misma de la cruz, que Él predijo sería la señal en nuestras frentes en la Jerusalén verdaderamente católica". 6 El santo bautismo, el sello del Espíritu (2 Cor. 1:21-22; Gál. 3:27; Efe. 1:13-14; 4:30; comp. Rom. 4:11), identifica a estos creyentes como los esclavos guardadores del pacto de nuestro Dios, que serán preservados de la ira de Dios al ser destruídos los impíos. "El propósito del sellamiento era preservar el verdadero Israel de Dios como simiente santa. El propósito no era salvarles de la tribulación, sino preservarles en medio de la gran tribulación que estaba a punto de venir, y glorificarles por ello. Aunque el antiguo Israel sea desechado, un nuevo y santo Israel ha de ser escogido y sellado con el Espíritu y con el Dios viviente". 7

 

4-8 El número de los que fueron sellados se le lee a Juan: Ciento cuarenta y cuatro mil de todas las tribus de los hijos de Israel, doce mil de cada una de las doce tribus. El número de 144.000 es obviamente simbólico: doce (el número de Israel) al cuadrado, multiplicado luego por 1000 (diez y sus múltiplos, que simbolizan muchos; comp. Deut. 1:11; 7:9; Sal. 50:10; 68:17; 84:10; 90:4). Juan nos presenta el Israel ideal, el Israel como debió ser, en toda su perfección, simetría, y plenitud; el santo Ejército de Dios, formado para el combate de acuerdo con sus millares (comp. 1 Crón. 4-7). El "millar" era la división militar básica en el campamento de Israel (Núm. 10:2-4, 35-36; 31:1-5; 48-54; 2 Sam 18:1; 1 Crón. 12:20; 13:1; 15:25; 26:26; 27:1; 28:1; 29:6; 2 Crón. 1:2; 17:14-19; Sal. 68:17). Este es el significado de la famosa profecía de Miqueas sobre la Natividad: Aunque Belén es demasiado pequeña para ser contada "entre los millares de Judá", demasiado insignificante para ser considerada seriamente en la estrategia militar de la nación, "de tí me saldrá el que será Señor en Israel", el Rey que establecerá la justicia y la paz de Dios hasta los confines de la tierra (Miq. 5:1-15). Es en términos de estas imágenes bíblicas que Juan escucha gritar los nombres de las tribus: Juan está escuchando el pase de lista de las huestes del Señor. En este caso, cada una de las tribus puede poner en el campo de batalla doce divisiones completas, un ejército numéricamente perfecto de 144.000 soldados del Señor.

 

La visión de Juan de un ejército israelita es, por esta razón, en las palabras de Milton Terry, "un cuadro apocalíptico de aquella 'simiente santa' de la que habla Isaías en Isaías 6:13 - el remanente superviviente que estaba destinado a permanecer como el tocón de un roble caído después de que las ciudades hubieran sido devastadas y la tierra hubiese quedado desolada - aquel 'remanente de Jacob', que había de ser preservado de 'la consumación ya determinada en medio de la tierra' (Isa. 10:21-23). Es el mismo 'remanente escogido por gracia' del cual habla Pablo en Romanos 9:27-28; 11:5. Dios no destruirá a Jerusalén, ni dejará desolados los que una vez fueron lugares santos, sin que primero escoja y selle un número selecto como el principio de un nuevo Israel. La primera iglesia cristiana fue formada de siervos de Dios escogidos de 'las doce tribus de la dispersión' (Sant. 1:1), y el fin de la era judía no habría de llegar sino hasta que, por el ministerio de los apóstoles cristianos judíos y los profetas, el evangelio del reino hubiese sido predicado en el mundo entero por testimonio a todas las naciones (Mat. 24:14)". 8

 

Juan consuela a sus lectores: El juicio seguramente será derramado sobre los apóstatas del Antiguo Pacto, pero la iglesia misma no está en peligro. En realidad, el pueblo del verdadero pacto está a salvo, íntegro, y completo. Aunque Dios está a punto de destruir a Jerusalén, aniquilando hasta el último vestigio del orden mundial y el sistema de culto del Antiguo Pacto, Israel perdura. Las promesas del pacto hechas a Abraham, Isaac, y Jacob no son puestas en peligro en lo más mínimo. De hecho, el derramamiento de la ira de Dios en la destrucción de Jerusalén sólo servirá para revelar al verdadero Israel en una gloria mayor que nunca antes. Jerusalén es saqueada y quemada, sus habitantes muertos y dispersados; pero Israel - todo su pueblo, en todas las tribus - es sellado y salvado. "Por esto, el juiciio no es sólo el otro lado de la moneda de la salvación, sino también un acto de gracia y misericordia hacia el pueblo de Dios. Por devastadora que fuera a ser la caída de Jerusalén para el remanente fiel, sin esa caída no habría quedado ningún remanente". 9
 
  

 
El orden de las doce tribus en Apocalipsis
 

He puesto esta sección por separado porque sin duda será la parte del libro más aburrida de leer. El lector que se canse fácilmente debería echarle un breve vistazo y seguir adelante. Aunque he tratado de simplificar la discusión hasta donde sea posible, me temo que todavía aparece extremadamente compleja. Todo esto sería mucho más fácil si conociéramos nuestras Biblias tan bien como la conocían los niños en las sinagogas del siglo primero: Si supiéramos de memoria los nombres de los hijos de Jacob y los de sus madres, y los más o menos veinte órdenes en los cuales son listados en el Antiguo Testamento (y las razones para cada variante), entenderíamos casi inmediatamente lo que Juan ha hecho con esta lista, y por qué.

 

Algunas observaciones de Austin Farrer son especialmente pertinentes aquí: "El propósito de los símbolos es que se entiendan inmediatamente, el propósito de explicarlos es el de restaurar y construir el hecho de entenderlos. Esta es una tarea un poco delicada. Con su mente consciente, el autor no había pensado cada significado, cada interconexión de sus imágenes. Los símbolos habían funcionado en su pensamiento, no se habían pensado ellos mismos. Si tratamos de revelarlos, parecerá que sobreintelectualizamos el proceso de su mente, para representar un nacimiento imaginativo como una construcción especulativa. Una representación como ésta no sólo malrepresenta, sino que también destruye, la creencia, porque nadie puede creer en el proceso cuando se representa de esta manera. Somos conscientes de que ninguna mente puede pensar con tal grado de complejidad sin destruir la vida del producto del pensamiento. Y sin embargo, si no intelectualizamos así, no podemos interpretar en absoluto; es una necesaria distorsión del método, y el lector tiene que soportarla pacientemente. Dígase de una vez por todas que los convencionalismos no han de ser tomados literalmente. No pretendemos distinguir entre lo que se pensó discursivamente y lo que fue concebido intuitivamente en una mente que penetró sus imágenes con inteligencia y enraizó sus actos intelectivos en la imaginación...."

 

"El lector que persevere a través de los análisis que siguen puede naturalmente preguntar: '¿Cuánto de todo esto comprendieron las congregaciones de las Siete Iglesias, cuando se les leyó la pastoral apocalíptica de su arzobispo?' Sin duda, la respuesta es que, del análisis esquemático al cual recurrimos, no entendieron nada, porque estaban esuchando el Apocalipsis de Juan, no las elucubraciones del escritor actual. Eran hombres de su propia generación, escuchaban constantemente el Antiguo Testamento en sus propias asambleas, y estaban adiestrados por el predicador (que podía ser Juan mismo) para interpretarlo por medio de ciertos convencionalismos. Y así, sin análisis intelectual, recibirían los símbolos simplemente por lo que eran. Entenderían lo que entenderían, y eso sería hasta donde tenían tiempo de digerir". 10

 

Por mucho tiempo, los eruditos se han sentido perplejos por el orden de las tribus en la lista de Juan. Obviamente, Judá es mencionado primero porque es la tribu de Jesucristo; aparte de eso, muchos han supuesto que la lista o fue hecha al azar (dada la extrema atención que los escritores bíblicos - especialmente Juan -  ponían a los detalles, esto es altamente improbable), o está encerrada permanentemente en el misterio (esto es sólo pura arrogancia; debemos recordar siempre que, si no podemos responder una pregunta, probablemente aparecerá alguien que la resuelva en los siguientes cien años o algo así). Sin embargo, como de costumbre, la explicación de Austin Farrer es la que tiene más que ofrecer. Haciendo notar que los nombres de las doce tribus están escritos en las puertas de la Nueva Jerusalén (21:12), él propone que el orden de las tribus corresponde al orden en que se mencionan las puertas: este, norte, sur, oeste. Como podemos ver en el primer diagrama (que, como los mapas del mundo antiguo, está orientado hacia el este), 11 Juan comienza por la esquina oriental con Judá (porque el ángel sellador viene del este, v. 2), pasa a través de Rubén y Gad y Aser en la esquina norte, luego baja por el lado noroccidental con Neftalí y Manasés; comenzando otra vez (veremos por qué en un momento), menciona a Simeón y a Leví en el lado sudoriental hasta Isacar en el sur, luego da vuelta a la esquina y pasa a través de Zabulón y José, y termina con Benjamín en la esquina occidental.

 

 ¿Por qué dispuso Juan la lista de tribus de esta manera? La respuesta más probable (la de Farrer) se encuentra en Génesis y en Ezequiel. Las doce tribus descendían de los doce hijos de Jacob, que había engendrado por medio de sus esposas Lea y Raquel, y sus respectivas siervas, Zilpa y Bilha (legalmente, los hijos de las siervas les pertenecían a Lea y a Raquel; véase Gén. 29:31-30:24 y 35:16-18). La lista de los hijos de Jacob es como sigue:
 

 
 

LEA
RAQUEL
Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón Dan, Neftalí (de Bilha)
Gad, Aser (de Zilpa) José, Benjamín
Cuando el profeta Ezequiel expuso su visión de la Jerusalén ideal, él también mostró doce puertas, una por cada tribu (Eze. 48:30-35).

 
A primera vista, esta lista no parece tener mucho en común con la de Juan, pero, cuando las miramos juntas, la relación entre ellas se ve muy estrecha. La lista de Ezequiel está dispuesta muy simétricamente. Ezequiel ha dividido los hijos de Lea en dos grupos principales de tres ("mayores" y "menores"), que se equilibran los unos a los otros en el norte y en el sur. Los dos hijos de Raquel en el este están dispuestos frente a los dos hijos de Zilpa en el oeste; y debajo de cada par está uno de los hijos de Bilha. Además, Ezequiel ha colocado a Judá (la tribu real) en la hilera superior de tres, haciendo que intercambie lugares con Simeón.

 

Farrer explica la revisión que Juan hace de Ezequiel: "Convierte a Raquel en un genuino trío, reemplazando el nombre de Manasés por el de Dan. En realidad, la tribu de José se había convertido en dos tribus, Efraín y Manasés. Puesto que Efraín era el principal heredero de José, José cubre a Efraín; Manasés ha sido añadido. Un subproducto de esta mejora es la desaparición de la lista de Dan, uno de los doce. Quizás esto no haya desagradado a Juan; sea Dan sea el Judas de los patriarcas. En realidad, Dan tenía una dudosa reputación (Gén. 49:17; Lev. 24:10-11; 1 Reyes 12:28-30; Jer. 4:15 y 8:16). Al final (Apoc. 21:12-14), Juan pone los nombres de los apóstoles alrededor de la ciudad, emparejándolos con las tribus. No podemos suponer que el nombre de Iscariote permanecería allí, más que el de Dan".

 

"Luego, por lo que concierne a la promoción artificial de Judá: En vez de intercambiar a Judá con Simeón, Juan simplemente eleva a Judá dos lugares. El resultado es que Leví, no Simeón, es sacado fuera de los primeros tres. Se supone que esta alteración es deliberada, porque, en la nueva dispensación, Leví es degradado. El sacerdocio se une al señorío en la tribu de Judá, como explica tan abundantemente el escritor de Hebreos; Leví no tiene ninguna posición especial (véase especialmente Heb. 7:11-14)". 12

 

La grande muchedumbre (7:9-17)
9 Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos;
10 y clamaban a gran voz diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.
11 Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios,
12 diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.
13 Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?
14 Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.
15 Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos.
16 Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno;
17 porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.
9 Ya hemos observado el mecanismo literario que Juan usa para presentar sus imágenes desde varios ángulos: el oído, luego la vista. Por ejemplo, en 1:10-13, Juan oye una voz, luego se vuelve para ver al Señor; en 5:5-6, él oye hablar del León de Judá, luego ve al Cordero; en 6:1-8, él oye uno de los seres vivientes decir "Ven", y luego ve el objeto de la orden del ser viviente. El mismo patrón ocurre aquí en este capítulo: Juan nos dice: Oí el número de los sellados (v. 4); luego, después de estas cosas - después de oír el número de los redimidos - miré, y he aquí una gran multitud (v. 9). Este patrón, y el hecho de que las bendiciones adscritas a ambos grupos son bendiciones que pertenecen a la iglesia, indica que estos dos grupos son, hasta cierto punto, dos aspectos diferentes de la única Iglesia universal.

Así que, desde un punto de vista, el pueblo de Dios está definitivamente numerado; no falta ninguno de los elegidos, y la iglesia es perfectamente simétrica y completa. Desde otro punto de vista, la iglesia es innumerable, una gran multitud que nadie podía contar. Vista desde una perspectiva, la iglesia es el nuevo, el verdadero Israel de Dios: los hijos de Jacob reunidos en todas sus tribus, plenas y completas. Desde otra pespectiva igualmente verdadera, la iglesia es el mundo entero: una gran multitud de redimidos de toda nación y tribu y pueblo y lengua.

 

En otras palabras, los 144.000 son el remanente de Israel; y, sin embargo, el cumplimiento de las promesas hechas a Israel tiene lugar por medio de la salvación del mundo, trayendo a los gentiles para que compartan las bendiciones de Abraham (Gál. 3:8). El número de los miembros del rermanente se completa con la multitud de los salvados de todas las naciones, tal como la Nueva Jerusalén - cuyas dimensiones se miden en términos de doce y en cuyas puertas están grabados los nombres de las doce tribus - se llena con la gloria y el honor de las naciones del mundo (21:12-27). Farrer dice: "Por medio del contraste entre las tribus numeradas y la gran multitud, Juan expresa dos temas antitéticos, ambos igualmente tradicionales. Dios conoce el número de sus elegidos; los que heredan la bendición de Abraham son tan innumerables como las estrellas (Gén. 15:5). Pero Juan no puede querer decir ni que el número de los santos gentiles es desconocido para Dios, ni que el número de los israelitas justos puede ser contado por los hombres. Lo que él nos dice es que su oído percibe un número que resulta de un censo angélico; y que a sus ojos se presenta una multitud que él no puede contar, como en la visión de Abraham cuando se le dijo que mirara las estrellas. La visión de la multitud vestida de ropas blancas, purificadas por el martirio, debe reflejar en todo caso a Daniel 11:35. El tema continúa en Daniel 12:1-3, donde las mismas personas son descritas como 'escritas en el libro' y 'como las estrellas'; es fácil llegar a la conclusión de que 'numerado, pero no imposible de contar'". 13

 

Por lo tanto, en la visión de Juan, el remanente sellado de Israel es la simiente santa, las "primicias" (14:4) de la nueva iglesia, destinadas a expandirse en una innumerable multitud reunida en adoración delante del trono en el cielo. El núcleo de Israel se convierte en la iglesia, redimida de toda nación en cumplimiento de la promesa abrahámica (Gén. 15:5; 22:17-18); y así la iglesia se convierte en el mundo entero. La salvación de Israel solo nunca había sido la intención de Dios; Él envió a su Hijo "para que el mundo fuera salvo por medio de él" (Juan 3:16-17). Como el Padre le dijo al Hijo al planear el pacto de redención:

 

Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que  restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra. (Isa. 49:6)
El número real de los salvados, lejos de limitarse a unas meras decenas de millares, es en realidad una multitud que nadie podía contar, tan vasta que no puede ser comprendida. Porque el hecho es que Cristo vino a salvar al mundo. Tradicionalmente - aunque los calvinistas han estado t&eacutte;cnicamente en lo cierto al declarar que los beneficios plenos de la expiación estaban destinados sólo para los elegidos - tanto calvinistas como arminianos han tenido la tendencia a no captar el punto de Juan 3:16. Ese punto ha sido hermosamente resumido por Benjamin Warfield: "Entonces, no debéis imaginar que Dios se sienta indefenso mientras el mundo, que él creó para sí mismo, se lanza, indefenso, a su destrucción, y que Él sólo puede arrebatar, aquí y allá, algún tizón del incendio universal. El mundo no le gobierna a Él en ninguno de sus actos: Él lo gobierna y lo conduce con mano firme hacia el fin que, desde el principio, o desde que se colocara la primera viga, Él había determinado para él.... A través de todos los años, se nota un propósito, un creciente propósito: más y más, los reinos de la tierra han venido a ser el Reino de nuestro Dios y de su Cristo. Puede que el proceso sea lento; a nuestros ojos impacientes, el progreso puede parecer que se demora. Pero es Dios el que está construyendo, y bajo sus manos, la estructura se levanta firme aunque lentamente, y a su debido tiempo, la cúspide será puesta en su lugar, y ante nuestros ojos atónitos, quedará revelado nada menos que un mundo salvado". 14

Desafortunadamente, muchos no han apreciado plenamente las implicaciones de este pasaje. Por más de un siglo, el cristianismo ha estado plagado por un derrotismo completamente injustificado: Hemos creído en la depravación del hombre más que en la soberanía de Dios. Tenemos más fe en el poder de una criatura no regenerada para resistir la Palabra de Dios que en el poder del Creador Todopoderoso para convertir el corazón de un hombre según Su voluntad. Esta actitud impotente no siempre ha caracterizado al pueblo de Dios. Charles Spurgeon animaba a una reunión de misioneros con estas palabras: "Yo mismo creo que el rey Jesús reinará, y que los ídolos serán completamente abolidos; pero yo espero que el mismo poder que volteó el mundo al revés una vez continúe haciéndolo. El Espíritu Santo jamás soportaría que la imputación de que no era capaz de convertir al mundo reposara sobre su santo nombre".
15

 

A causa de la resurrección y la ascensión de Cristo, esta es la era del triunfo del evangelio. Las claras indicaciones de las Escrituras son las de que, con el correr del tiempo, la tendencia de las naciones será hacia la conversión. Los salvados serán con mucho más numerosos que los perdidos. A través del libro de Apocalipsis, como en el resto de la Biblia, encontramos a Satanás continuamente derrotado delante del gran ejército de los elegidos. Aunque Satanás parezca ser dominante, sabe que "le queda poco tiempo" (12:12). El período del aparente triunfo de Satanás se cuenta por días y meses (12:6; 13:5), y aun entonces la suya no es más que una alocada y fútil carrera por un poder efímero; en marcado contraste, el período del dominio de los santos se mide en años - un millar de ellos - y desde el principio (1:6) hasta el fin (20:4-6) ellos son designados como reyes. ¡Jesús es el Vencedor! Ha venido a salvar al mundo, a redimir a las naciones, y no será defraudado: "Verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada" (Isa. 53:10).

 

Juan ve el mundo redimido de los santos victoriosos de pie delante del trono y delante del Cordero en adoración. Están vestidos de ropas blancas, que simbolizan justicia, con palmas en las manos, con el bien conocido símbolo de la restauración del pueblo de Dios al paraíso. Esto también nos recuerda la Fiesta de los Tabernáculos, iniciada durante el Éxodo: No es ningún accidente que la palabra tabernáculo ocurra en este pasaje (véase nuestro comentario sobre v. 15 más abajo). 16 R. J. Rushdoony muestra cuán extensas son las imágenes en el simbolismo de Apocalipsis: "Jesús es al mismo tiempo el verdadero Moisés (el Cantar de los Cantares es citado en Apocalipsis 15:2ss.), y Josué el mayor. Él es el liberador del pueblo de Dios. Simeón declaró en el templo que sus ojos habían visto la salvación de Dios, habiendo visto al Salvador niño (Luc. 2:30; comp. Isa. 52:10), pues él era uno de los que 'esperaban la redención de Jerusalén' (Luc. 2:38), es decir, su liberación del cautiverio del Egipto espiritual. La muerte de los niños en el Egipto de Faraón encuentra un paralelo en la orden homicida de Herodes (Éx. 1:16; 2:15; 4:19; Mat. 2:16). El Cristo niño es llamado el verdadero Israel que fue llamado desde Egipto (Mat. 2:14s.; comp. Éx. 4:22; Oseas 11:1). Los 40 años de la tentación de Israel en el desierto, y su fracaso, se equiparan con los 40 días de la tentación de Cristo en el desierto, que terminaron en victoria; Jesús resistió citando a Moisés. Jesús envió a 12 discípulos, para que fueran el nuevo Israel de Dios, los nuevos dirigentes de una nueva nación o un nuevo pueblo. Jesús también envió a los 70 (Luc. 10:1ss.), como Moisés reunió a 70, a quienes Dios dio el Espíritu (Núm. 11:16ss.). Se nos proporcionan paralelos de la conquista de Canaán, y la destrucción de sus ciudades por medio del fuego del juicio (Mat. 10:15; 11:20ss.; Luc. 10:12ss.; Deut. 9:1ss.; Mat. 24). La antigua Jerusalén ahora tiene el papel de Canaán y ha de ser destruída (Mat. 24). El mundo entero es la nueva Canaán, que ha de ser juzgada y conquistada: 'Id a todo el mundo ...' Tanto Éxodo como Apocalipsis terminan con el Tabernáculo, el primero con el tipo y el segundo con la realidad". 17

 

Hay otros paralelos aquí también. La Fiesta de la Dedicación (Hanukkah) conmemoraba la purificación del templo por Judas Macabeo en el año 164/165 a. C., después de que fue profanado por Antíoco Epífanes IV, cuando los judíos se regocijaron "con acción de gracias, y palmas, y arpas, y címbalos, y con violas, e himnos, y cánticos: porque fue destruído un gran enemigo de Israel" (1 Mac. 13:51). Jesús asistió a esta fiesta (Juan 10:22), y el domingo de ramos imitó a Judas Macabeo purificando el templo de su profanación por los cambistas (Mat. 21:12-13; Mar. 11:15-17; Luc. 19:45-46; comp. Juan 2:13-16).

 

10 Uniéndose a la liturgia celestial, la innumerable multitud exclama: La salvación (es decir, ¡Hosanna!, comp Juan 12:13) pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero - atribuyéndole a Dios y al Cordero lo que Roma reclamaba para los Césares. Marco Antonio decía de Julio César que su "único trabajo era salvar a todo el que necesitara ser salvo", 18 y ahora Nerón, a quien Séneca, (hablando como "Apolo"), había alabado como el divino Salvador del mundo, estaba en el trono:

 

Es muy semejante a mí, en forma y en aspecto, en su poesía y en la manera en que canta y toca. Y como el rosicler de la mañana aleja la negra noche, como ni la bruma ni el rocío permanecen delante de los rayos del sol, y todo se ilumina cuando mi carruaje pasa, así sucede cuando Nerón asciende al trono. Sus dorados bucles, su claro semblante, brillan como el sol cuando penetra a través de las nubes. La contienda, la injusticia, y la envidia se derrumban delante de él. Él restaura al mundo la edad de oro. 19
En directa contradicción con las blasfemias del culto al estado de Roma e Israel, la Iglesia dcclara que la salvación es el ámbito de Dios y de su Hijo solamente. En todas las épocas, éste ha sido básicamente el punto en disputa. ¿Quién es el Dueño y Determinador de la realidad? ¿La palabra de quién es ley? ¿Es el estado el que proporciona la salvación? Para nosotros, como para la iglesia primitiva, no puede haber terreno intermedio seguro entre la fe y la apostasía.

11-12 También los ángeles son vistos aquí en este servicio de adoración celestial, rodeando la congregación alrededor del trono y ofreciendo una séptuple bendición a Dios en alabanza - una bendición que es precedida por y termina con un juramento: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén. Como en muchas otras descripciones bíblicas de la adoración, la posición de los adoradores se nota aquí: Cayeron sobre sus rostros delante del trono. En las Escrituras, la adoración oficial y pública nunca muestra a los participantes sentados en oración; la oración en público siempre tiene lugar en posiciones reverentes estando de pie o con la cabeza inclinada. El platonista moderno y nominalista, que se cree más espiritualmente inclinado que  los personajes bíblicos (¡y hasta que los ángeles!) respondería a esto diciendo que la posición del cuerpo es irrelevante, con la condición de que la actitud correcta llene el corazón. Pero esto pasa por alto el hecho de que la Biblia conecta la actitud del corazón con la actitud del cuerpo. En la adoración pública, por lo menos, nuestras iglesias deberían seguir el modelo bíblico de la reverencia física en la oración.

 

Cuando los protestantes racionalistas abandonaron el uso del reclinatorio delante de las bancas durante el culto, contribuyeron a los brotes de pietismo individualista que tanta ruina han traído a la iglesia. El hombre necesita la liturgia y el simbolismo. Dios nos creó de esa manera. Cuando la Iglesia niega al hombre este aspecto de su naturaleza divina, el hombre tratará de completarlo por medio de sustitutos inadecuados o pecaminosos. Un regreso a la liturgia basada en la Biblia no es un sánalotodo; pero demostrará ser un correctivo para la "espiritualidad" superficial, frenética, y fuera de lugar que ha sido el legado de siglos de pobreza litúrgica.

 

13-14 Ahora uno de los ancianos desafía a Juan a que le diga la identidad de esta gran multitud de toda nación. Juan confiesa su incapacidad, y el anciano explica: Estos son los que han salido de la gran tribulación. Aunque este texto puede y debería usarse para consolar a los cristianos que pasan por cualquier período de sufrimiento y persecución, su principal referencia es a "la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra" (3:10), la "Gran Tribulación", de la cual Jesús advirtió cuando habló a sus discípulos sobre el monte de los Olivos (Mat. 24:21; Mar. 13:19) - una tribulación que, dijo Él, tendría lugar durante la generación que existía en ese momento (Mat. 24:34; Mar. 13:30; Luc. 21:32); la mayor tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá (Mat. 24:21; Mar. 13:19).

 

Para los cristianos del siglo primero que lo leían, el punto era que la tribulación que estaban a punto de sufrir no les destruiría. Al enfrentarse a la persecución, habrían de verse a sí mismos, primero, como "el Israel de Dios" (Gál. 6:16), sellados y protegidos; y segundo, como una multitud innumerable y victoriosa. Como Dios les veía, no eran grupos dispersos y aislados de  pobres y perseguidos individuos acusados como criminales por un despiadado y demoníaco estado-poder; más bien, eran una vasta multitud de vencedores, que habían lavado sus ropas y las habían emblanquecido en la sangre del Cordero, y que estaban de pie delante del trono de Dios cubiertos por la justicia de Cristo Jesús. Juan probablemente está pensando en el ritual de ordenación e investidura que tenía lugar después del riguroso examen para el sacerdocio. Primero, el candidato a sacerdote era examinado en cuanto a su genealogía. "Si no satisfacía al tribunal en cuanto a su perfecta legitimidad, el candidato era vestido y cubierto con un velo negro, y eliminado de manera permanente. Si pasaba esta dura prueba, era luego investigado en cuanto a cualesquiera defectos físicos. Maimónides enumera ciento sesenta y dos, de los cuales ciento cuarenta le descalificaban permanentemente, y veintidós lo hacían temporalmente, para el ejercicio del oficio sacerdotal... Los que pasaban la doble prueba eran vestidos de ropas blancas, y sus nombres eran registrados permanentemente". 20 Las ropas blancas de estos sacerdotes corresponden, pues, a las vestiduras blancas del Sumo Sacerdote; y del mismo modo que se dice que estas vestiduras están "lavadas con sangre", así también las de ellos son lavadas y emblanquecidas en la sangre del Cordero.

 

En agudo contraste con lo que se les ha enseñado a algunos grupos cristianos en años recientes, la iglesia primitiva no esperaba ser preservada milagrosamente de todas las dificultades en esta vida. Sabían que serían llamados a sufrir persecución (2 Tim. 3:12) y tribulación (Juan 16:33; Hech. 14:22; Rom. 5:3; 8:35; Apoc. 1:9). El apóstol Pedro ya había escrito para preparar a la iglesia para la gran tribulación: "Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría" (1 Ped. 4:12-13). En un sentido secundario, esto es ciertamente aplicable en todas partes a los cristianos que sufren tribulación. No debemos ver la salvación como una fórmula mágica para evitar dificultades. Como ejército de Cristo cubierto de vestiduras blancas, somos más que vencedores. Nuestro llamado es a soportar y a vencer.

 

En su influyente estudio sobre la expansión de la iglesia primitiva, Adolf Harnack escribió: "Lo notable es que, aunque los cristianos no fueron en modo alguno numerosos sino hasta mediados del siglo segundo, reconocieron que el cristianismo formaba el punto central de la humanidad como campo de la historia política, así como su factor determinante. Tal timidez es perfectamente comprensible en el caso del judaísmo, porque los judíos eran realmente una nación grande y tenían tras de sí una gran historia. Pero es realmente asombroso que un pueblo pequeñito confrontara de tal modo el poderío entero del imperio romano que viera en la persecución de los cristianos el papel principal de ese imperio, y que hiciera culminar la historia del mundo en ese conflicto. La única explicación de esto reside en el hecho de que la iglesia simplemente tomó el lugar de Israel, y por consiguiente, se sentía un pueblo; esto implicaba que la iglesia era también  un factor político, y realmente el factor que jugaba un papel decisivo junto con el estado y por medio del cual el estado habría de ser finalmente vencido". 21

 

15-17 El anciano continúa su explicación: Por esta razón, a causa de su redención y su unión con el Cordero por medio de su sangre, ellos están delante del trono de Dios en adoración. Imitando a los querubines (4:8), estos sacerdotes vestidos con ropas blancas le sirven día y noche en su templo (comp. 1 Crón. 9:33; 23:30; Sal. 134:1). Por esto reciben la más característica bendición del pacto, la sombra del Omnipotente: El que se sienta en el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. Esto se refiere a la sombra proporcionada por la Nube de Gloria, que se cernía tanto sobre la tierra y la creación (Gén. 1:2) como sobre Israel en el desierto (Deut. 32:10-11). 22 Llena de "muchos millares de ángeles" (Sal. 68:17; comp. 2 Reyes 6:17), la Nube proporcionaba un refugio alado; "refugio contra la tormenta, sombra contra el calor" (Isa. 25:4; comp. Sal. 17:8; 36:7; 57:1; 61:4; 63:7; 91:1-13; 121:5-6). Todo esto fue resumido en una profecía de la venidera iglesia del Nuevo Pacto: "Cuando el Señor lave las inmundicias de las hijas de Sion, y limpie la sangre de Jerusalén de en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de devastación. Y creará Jehová sobre toda la morada del monte de Sion, y sobre los lugares de sus convocaciones, nube y oscuridad de día, y de noche resplandor de fuego que eche llamas; porque sobre toda gloria habrá un dosel" (Isa. 4:4-5; comp. 51:16).

 

Esta nube/dosel de la presencia de Dios es llamada también escondedero (2 Sam. 22:12; Sal. 18:11; Lam. 3:44; Sal. 91:4), la misma palabra usada para describir la posición de los querubines labrados que estaban encima del Arca del Pacto (Éx. 25:20). Este término es también la palabra traducida como cabañas o tabernáculos en Levítico 23:33-43, donde Dios ordena a su pueblo erigir cabañas con ramas de árboles frondosos para que vivieran en ellas durate la Fiesta de los Tabernáculos. Como la vieron los profetas de la restauración, esta fiesta era una profecía representada de la conversión de todas las naciones, el llenamiento del pueblo del pacto con el mundo entero. En el último día de la Fiesta de los Tabernáculos, Dios habló por medio de Hageo: "Y haré temblar a todas las naciones, y llenaré de gloria esta casa [el templo]" (Hag. 2:7). También Zacarías profetizó acerca del significado de esta fiesta en términos de la conversión de las naciones y la santificación de cada una de las áreas de la vida (Zac. 14:16:21).

 

En los últimos días, durante la celebración de la misma fiesta, Jesucristo nuevamente enuncia su significado: el derramamiento del Espíritu sobre el creyente restaurado, de modo que la iglesia se convierte en un medio para restaurar el mundo entero. La promesa de la Fiesta de los Tabernáculos estaba a punto de cumplirse, después de la gloriosa ascensión del Hijo al trono: "En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de aguas viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado" (Juan 7:37-39).

 

La visión de Juan del mundo redimido revela el inescapable resultado de la ascensión de Cristo, la consumación del Paraíso: Ya no tendrán hambre, ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio de ellos los pastoreará, y los guiará a fuentes de agua de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. Más atrás notamos las palabras del Padre al Hijo en Isaías 49, dándole la promesa de la salvación del mundo y de Israel. El pasaje continúa:

 

Te guardaré y te daré por pacto al pueblo, para que restaures la tierra, para que heredes asoladas heredades; para que digas a los presos: Salid; y a los que están en tinieblas: Mostraos. En los caminos serán apacentados, y en todas las alturas tendrán sus pastos. No tendrán hambre ni sed, ni el calor ni el sol los afligirá; porque el que tiene de ellos misericordia los guiará, y los conducirá a manantiales de aguas. Y convertiré en camino todos mis montes, y mis calzadas serán levantadas. He aquí éstos vendrán de lejos; y he aquí éstos del norte y del occidente, y éstos de la tierra de Sinim [China]. Cantad alabanzas, oh cielos, y alégrate, tierra; y prorrumpid en alabanzas, oh montes; porque Jehová ha consolado a su pueblo, y de sus pobres tendrá misericordia. (Isa. 49:8-13).
Las iglesias del siglo primero estaban al borde de la mayor tribulación de todos los tiempos. Muchos perderían sus vidas, sus familias, sus posesiones. Pero Juan escribe para decirles a las iglesias que la tribulación no es una muerte, sino un nacimiento (comp. Mat. 24:8), el preludio del establecimiento del reino mundial de Cristo. Les muestra la escena en el otro lado: la celebración de la inevitable victoria.

En el Circo Máximo de Nerón, el escenario de sus sangrientas y repugnantes matanzas de cristianos - por medio de las bestias salvajes, por crucifixión, por el fuego y por la espada - había un gran obelisco de piedra, mudo testigo de la valiente conducta de aquellos santos valientes que soportaron la tribulación y contaron todas las cosas como pérdida por amor a Cristo. Hace mucho tiempo, el bestial Nerón y sus secuaces pasaron de la escena a su recompensa eterna, pero el obelisco todavía permanece, y ahora está en el centro de la gran plaza en frente de la Basílica de San Pedro. Grabadas a cincel en su base aparecen estas palabras, tomadas del himno de triunfo de los mártires vencedores:

 

CHRISTUS VINCIT
CHRISTUS REGNAT
CHRISTUS IMPERAT

- cuya interpretación es: Cristo vence; Cristo reina; Cristo gobierna sobre todo.

 


Notas:

1. J. Marcellus Kik, An Eschatology of Victory (Nutley, NJ: The Presbyterian and Reformed Publishing Company, 1971), pp. 96s.

2. Véanse los estudios de James B. Jordan, Food and Faith y Trees and Thorns, próximos a ser publicados.

3. Véanse nuestros comentarios sobre 4:5-8, más arriba.

4. The Dominion Covenant: Genesis (Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1982), comp. pp. 1-2, 425-54; véase también Rousas John Rushdoony, The Mythology of Science (Nutley, NJ: The Craig Press, 1967).

5. E. H. Plumptre, The Pulpit Commentary: Ezekiel (London: Funk and Wagnalls Co., n.d), Vol. 1, pp. 162s.

6. Tertullian, Against Marcion, iii.22, en Alexander Roberts y James Donaldson, eds., The Ante-Nicene Fathers (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1973), Vol. III, pp. 340s. Sobre la legitimidad de la señal de la cruz como una acción simbólica, véase de James B. Jordan, The Sociology of the Church: Essays in Reconstruction (Tyler, TX: Geneva Ministries, 1986), pp. 207ss.

7. Milton Terry, Biblical Apocalyptics: A Study of the Most Notable Revelations of God and of Christ in the Canonical Scriptures (New York: Eaton and Mains, 1898), p. 336.

8. Ibid., pp. 341s.

9. Rousas John Rushdoony, Salvation and Godly Rule (Vallecito, CA: Ross House Books, 1983), p. 141.

10. Austin Farrer, A Rebirth of Images: The Making of St. John´s Apocalypse (Gloucester, MA: Peter Smith, [1949] 1970, pp. 20s.

11. Oriente significa este; por esto, si se está realmente "orientado", ya se está "esteado", puesto de manera que se tiene al frente la dirección correcta (que generalmente es el este, aunque no siempre).

12. Austin Farrer, The Revelation of St. John the Divine, p. 108.

13. Ibid., p. 110.

14. Benjamin Warfield, de un sermón sobre Juan 3:16 titulado "El Inmensurable Amor de Dios", en Biblical and Theological Studies (Philadelphia: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1968), pp. 518s.

15. Citado en la obra de Lain Murray, The Puritan Hope: Revival and the Interpretation of Prophecy (London: The Banner of Truth Trust, 1971), p. 258.

16. Véase de David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth, TX: Dominion Press, 1985), pp. 44-46, 60.

17. Rousas John Rushdoony, The Kingdom Come; Studies in Daniel and Revelation (Tyler, TX: Thoburn Press, [1970] 1978), pp. 149s.

18. Ethelbert Stauffer, Christ and the Caesars (Philadelphia: The Westminster Press, 1955), p. 52.

19. Ibid., p. 139. A su debido tiempo, Nerón le pagó a Séneca por toda una vida de servil idolatría ordenándole que se suicidara.

20. Alfred Edersheim, The Temple: Its Ministry and Services as They Were at the Time of Jesus Christ (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1980), p. 95; comp. Rev. 3:5.

21. Adolf Harnack, The Mission and Expansion of Christianity in the First Three Centuries, James Moffatt, trad. (Gloucester, MA; Peter Smith, [1908] 1972), pp. 257s.

22. Véase de Meredith G. Kline, Images of the Spirit (Grand Rapids: Baker Book House, 1980), pp. 13ss; comp. Chilton, Paradise Restored, pp. 58ss.

Parte Cuatro

SANCIONES DEL PACTO:
LAS SIETE TROMPETAS
(Apocalipsis 8-14)

Introducción

La cuarta sección del documento normal de tratado tenía que ver con las sanciones del pacto (maldiciones y bendiciones) (comp. Deut. 27:1-30:20). 1 En Deuteronomio, estas sanciones se presentan en el contexto de una ceremonia de ratificación, en la cual el pacto entre Dios y el pueblo es renovado. Moisés dio instrucciones al pueblo para que se dividiera en dos grupos, seis tribus en el monte de Gerizim (símbolo de bendición) y seis en el altar construído sobre el monte Ebal (símbolo de maldición). La congregación debía hacer juramento solemne, repitiendo Amén mientras los levitas repetían las maldiciones del pacto invocando sobre sí mismos aquellas maldiciones si alguna vez abandonaban la ley (Deut. 27:1-26). Moisés dio a entender claramente que este juramento de pacto involucraba no sólo al pueblo que había jurado, junto con sus esposas, hijos, y siervos, sino también a las generaciones venideras (Deut. 29:10-15).

 

Deuteronomio 28 es prácticamente la sección de la bendición/maldición paradigmática de la Biblia entera. Las bendiciones por la obediencia están enumeradas en los versículos 1-14, y las maldiciones por la desobediencia (con más detalle) en los versículos 15-68. Las Guerras de los Judíos, de Josefo, parecen casi como un comentario sobre este pasaje, porque la Gran Tribulación que culminó en la caída de Jerusalén en el año 70 d. C. y la subsiguiente dispersión de los judíos por toda la tierra era el cumplimiento definitivo de sus maldiciones. Cuando la turba de judíos clamaba para que Jesús fuera crucificado, invocaba los ayes de este capítulo: "Y respondiendo todo el pueblo dijo: Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos" (Mat. 27:25). Cuando los días de retribución por fin le sobrevinieron a esta generación, fueron maldecidos en cada uno de los aspectos de la vida (Deut. 28:15-19); atacados con pestilencias de todo tipo (Deut. 28:20-26); azotados por pestes, violencia, y opresión (Deut. 28:27-37); golpeados por las malas cosechas, las inversiones económicas, y la pérdida de sus hijos (Deut. 28:38-48; sitiados por sus enemigos y sufriendo hambruna hasta practicar el canibalismo (Deut. 28:49-57), esclavizados y dispersos por todas las naciones del mundo, viviendo en temor y en desesperación día y noche (Deut. 28:58-68).

 

Moisés advirtió que la tierra de Israel se convertiría en desolación si el pueblo abandonaba el pacto; como Sodoma y Gomorra, un monumento al juicio de Dios. "Y dirán las generaciones venideras, vuestros hijos que se levanten después de vosotros, y el extranjero que vendrá de lejanas tierras, cuando vieren las plagas de aquella tierra, y sus enfermedades de que Jehová la habrá hecho enfermar (azufre y sal, abrasada toda su tierra; no será sembrada. ni producirá, ni crecerá en ella hierba alguna, como sucedió en la destrucción de Sodoma y de Gomorra, de Adma y de Zeboim, las cuales Jehová destruyó en su furor y en su ira)".

 

"Más aún, todas las naciones dirán: ¿Por qué hizo esto Jehová a esta tierra? ¿Qué significa el ardor de esta gran ira? Y responderán: Por cuanto dejaron el pacto de Jehová el Dios de sus padres, que él concertó con ellos cuando los sacó de la tierra de Egipto, y fueron y sirvieron a dioses ajenos, y se inclinaron a ellos, dioses que no conocían, y que ninguna cosa les habían dado. Por tanto, se encendió la ira de Jehová contra esta tierra, para traer sobre ella todas las maldiciones escritas en este libro; y Jehová los desarraigó de su tierra con ira, furor, y con grande indignación, y los arrojó a otra tierra, como hoy se ve" (Deut. 29:22-28).

 

Las siete trompetas del Apocalipsis anuncian que este juicio está a punto de ser derramado sobre Israel por haber rechazado a Cristo. A través de esta sección vuela el ángel-querubín con su clamor de ayes, un recordatorio de la nación conquistadora de la que se advierte en Deuteronomio 28:48. El águila es un símbolo bíblico tanto de las bendiciones (comp. Éx. 19:4; Deut. 32:11) como de las maldiciones del pacto (comp. Jer. 4:13; Hab. 1:8). Como en la apertura de la sección sobre sanciones y la ratificación del pacto en Oseas (Oseas 8:1), el águila en Apocalipsis está conectada con el sonar de las trompetas anunciando el desastre; y sin embargo el águila trae salvación también al que es fiel al pacto (comp. Apoc. 12:14).

 

Como en Deuteronomio, esta sección de Apocalipsis nos muestra dos montes: el monte de la maldición en el capítulo 8, que es encendido con carbones del altar y lanzado al abismo; y el monte de bendición en el capítulo 14, el monte de Sion, donde el Cordero se encuentra con su ejército de 144.000, el remanente de la tierra de Israel. Deuteronomio 30:1-10 promete una última restauración del pueblo, cuando Dios realmente circuncidará sus corazones, y cuando nuevamente les bendiga abundantemente en todas las áreas de la vida. Kline comenta: "Como muestra el desarrollo de este tema en los profetas, la renovación y la restauración que Moisés predice es la que Cristo consumó en el nuevo pacto. La profecía no tiene que ver tanto con los judíos étnicos como con la comunidad del pacto, que aquí se denotaba concretamente en su identidad del Antiguo Testamento como Israel. Dentro de la esfera del Nuevo Pacto, sin embargo, el muro de las distinciones étnicas desaparece. En consecuencia, la figura del Antiguo Testamento que aquí se usa para describir a los israelitas exiliados y reunidos con Yahvé en Jerusalén (v. 3b, 4; comp. 28:64) encuentra su principal cumplimiento en la reunión universal, en el Nuevo Testamento, de los pecadores de la raza humana, exiliados del paraíso, de vuelta al Señor Cristo entronado en la Jerusalén celestial". 2

 

Por esto, la imagen central de esta sección de Apocalipsis es una ceremonia de ratificación del pacto (capítulo 10), en la cual el ángel del pacto está de pie en el mar y sobre la tierra, alzando su mano derecha al cielo, haciendo un juramento y proclamando la venida del Nuevo Pacto, la inauguración de una nueva administración del mundo bajo "el Señor y su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos" (Apoc. 11:15).

 

 


Notas:

1. Véase de Meredith G. Kline, Treaty of the Great King: The Covenant Structure of Deuteronomy (Grand Rapids: William B, Eerdmans Publishing Co., 1963), (Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1987).

2. Kline, pp. 132ss.

Parte Cuatro

8

LITURGIA E HISTORIA

Se abre el libro (8:1-5)

1 Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.
2 Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.
3 Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.
4 Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.
5 Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto.
1-2 Finalmente, se rompe el séptimo sello, abriéndose para revelar las siete trompetas que anunciaban la condenación de Jerusalén, la una vez santa ciudad que se ha paganizado y que, como su predecesor Jericó, caerá como resultado del sonido de las siete trompetas (comp. Josué 6:4-5). Pero primero, en esta grandiosa liturgia celestial que comprende el libro de Apocalipsis, hay silencio en el cielo como por media hora. Milton Terry comenta: "Quizás la idea de este silencio haya sido sugerida por el cese de los cantores y las trompetas cuando el rey Ezequías y los que con él estaban se inclinaban en reverente adoración (2 Crón. 29:28-29), y la media hora haya hecho alguna referencia al ofrecimiento de incienso descrito en los versículos 3 y 4, pues ése habría sido más o menos el tiempo necesario para que un sacerdote entrara en el templo, ofreciera incienso, y regresara (comp. Lev. 16:13-14; Luc. 1:10, 21)". 1

La descripción de Alfred Edersheim de esta ceremonia en el templo nos ayuda a entender el escenario aquí: "Lentamente, el sacerdote que ofrecía incienso, así como sus ayudantes, ascendían los escalones hacia el Lugar Santo, precedidos por los dos sacerdotes que antes habían arreglado el altar y el candelabro, y que ahora quitaban los vasos que habían dejado atrás, y, adorando, se retiraban. Luego, uno de los ayudantes reverentemente extendía las brasas sobre el altar de oro; el otro preparaba el incienso; y entonces el principal sacerdote oficiante quedaba solo dentro del Lugar Santo, esperando la señal del que presidía para quemar el incienso. Probablemente era mientras permanecía así expectante que el ángel Gabriel se le apareció a Zacarías [Luc. 1:8-11]. Al dar el que presidía la orden, que indicaba que 'el momento del incienso había llegado', 'la multitud entera del pueblo que estaba fuera' se retiraba del atrio interior, y caía postrada delante del Señor, extendiendo sus manos
2 en silenciosa oración".

 

"Es éste solemnísimo momento, cuando, a través de los vastos edificios del templo, un profundo silencio reposaba sobre la multitud que adoraba, mientras dentro del santuario mismo el sacerdote ponía el incienso sobre el altar de oro, y la nube de incienso [5:8] se elevaba delante del Señor, lo que sirve como imagen de las cosas celestiales en esta descripción." 3

 

Después de este silencio lleno de santo temor, se les dan siete trompetas a los siete ángeles que están de pie delante de Dios 4 (la liturgia del templo usaba siete trompetas: 1 Crón. 15:24; Neh. 12:41). Juan parece suponer que reconoceremos a estos siete ángeles; y ciertamente deberíamos, porque ya los hemos conocido. Las cartas de Apocalipsis 2-3 fueron escritas a "los siete ángeles" de las iglesias, y son ellos los que están representados aquí (admitiendo, por supuesto, que estas figuras no sean necesariamente "idénticas" a los ángeles de las iglesias). Es claro que la idea es que se relacionen entre sí, como podemos ver cuando damos un paso atrás y nos alejamos del texto (y de nuestras ideas preconcebidas) y permitimos que el cuadro entero se presente ante nuestros ojos. Cuando hacemos esto, vemos que el Apocalipsis está estructurado en sietes, y en modelos recurrentes de siete. Uno de estos modelos recurrentes es el de siete ángeles (capítulos 1-3, 8-11, 14, 15-16). Del mismo modo que el culto terrenal sigue el modelo del culto celestial (Heb. 8:5, 9:23-24), así también ocurre con el gobierno de la iglesia (Mat. 16:19; 18:18; Juan 20:23); además, según las Escrituras, hay numerosas correspondencias entre las actividades humanas y las activdades angélicas (comp. 2:17). Los ángeles están presentes en los servicios de culto de la iglesia (1 Cor. 11:10; Efe. 3:10) - o, más exactamente, nos reunimos en el día del Señor alrededor del trono de Dios, en la corte celestial.

 

Por eso, se nos muestra en el libro de Apocalipsis que el gobierno de la iglesia terrenal corresponde al gobierno celestial, angélico, de la misma manera en que nuestro culto oficial corresponde al que los ángeles llevan a cabo alrededor del trono celestial. Además, los juicios que caen sobre la tierra son traídos por las acciones de los siete ángeles (nuevamente, no podemos divorciar los ángeles humanos de sus contrapartes celestiales). A los oficiales de la iglesia se les encarga y se les da poder para hacer que fructifiquen las bendiciones y las maldiciones de Dios en la tierra. Los oficiales de la iglesia son los administradores divinamente nombrados de la historia mundial. Las implicaciones de este hecho, como veremos, son de fundamental importancia, literalmente capaces de hacer temblar la tierra.

 

3-5 Juan ve a otro ángel de pie al lado del altar de incienso, sosteniendo un incensario de oro. Una gran cantidad de incienso, que simboliza las oraciones de todos los santos (comp. comentarios sobre 5:8) se le da al ángel para que lo añada a las oraciones del pueblo de Dios, garantizando que las oraciones serán recibidas como una ofrenda de olor grato al Señor. Luego el humo del incienso, con las oraciones de los santos, asciende delante de Dios de la mano del ángel, como ofrece el ministro las peticiones de su congregación.

 

Lo que ocurre después es asombroso: El ángel llena el incensario con brasas del altar de incienso y arroja el fuego a la tierra en juicio; y esto es seguido por truenos y voces y relámpagos y un terremoto. Por supuesto, estos fenómenos deberían resultarnos familiares como los acompañamientos de la Nube de Gloria: "Aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana, vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte y sonido de bocina muy fuerte.... Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera" (Éx. 19:16, 18).

 

La ironía de este pasaje es obvia cuando tenemos presente que es una profecía contra el Israel apóstata. En la adoración del Antiguo Testamento, el fuego sobre el altar del holocausto se originaba en el cielo, descendiendo sobre el altar cuando el Tabernáculo y el Templo estaban preparados (Lev. 9:24; 2 Crón. 7:1). Este fuego, encendido por Dios, era mantenido encendido por los sacerdotes, y llevado de un lugar a otro para que pudiera ser usado para encender otros fuegos sagrados (Lev. 16:12-13; comp. Núm. 16:46-50; Gén. 22:6). Ahora, cuando al pueblo de Dios se le ordenaba destruir una ciudad apóstata, Moisés ordenaba además: "Y juntarás todo su botín en medio de la plaza, y consumirás con fuego la ciudad y todo su botín, todo ello, como holocausto a Jehová tu Dios" (Deut. 13:16; Jud. 20:40; comp. Gén. 19:28). La única manera aceptable de quemar una ciudad como holocausto total era con el fuego de Dios - fuego del altar. 5 Así, cuando una ciudad había de ser destruida, el sacerdote tomaba fuego del altar de Dios y lo usaba para encender todo el montón de botín que servía como leña, ofreciendo así la ciudad entera como sacrificio. Es esta práctica de poner a una ciudad "bajo interdicción", de modo que nada sobreviviera a la conflagración (Deut. 13:12-18), la que el libro de Apocalipsis usa para describir el juicio de Dios contra Jerusalén. 6

 

Dios hace llover sus juicios sobre la tierra en respuesta específica a la adoración litúrgica de su pueblo. Como parte del servicio de adoración formal y oficial en el cielo, el ángel del altar ofrece las oraciones del pueblo corporativo de Dios; y Dios responde a las peticiones, actuando en la historia a favor de los santos. La íntima conexión entre la liturgia y la historia es un hecho inescapable, un hecho que no podemos darnos el lujo de ignorar. No queremos sugerir que el mundo está en peligro de caer en un "no ser" cuando la adoración de la iglesia es defectuosa. En realidad, Dios usará las fuerzas históricas (hasta las paganas) para castigar a la iglesia cuando ella deja de estar a la altura de su alto llamado como reino de sacerdotes. El punto aquí es que la adoración oficial de la comunidad del pacto es cósmicamente significativa. Cuando la asamblea que adora invoca al Señor del pacto, el mundo experimenta sus juicios. La historia es administrada y dirigida desde el altar del incienso, que ha recibido las oraciones de la iglesia. 7

 

  En mi angustia invoqué a Jehová y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. La tierra fue conmovida y tembló; se conmovieron los cimientos de los montes, y se estremecieron, porque se indignó él. Humo subió de su nariz, y de su boca fuego consumidor; carbones fueron por él encendidos. Inclinó los cielos, y descendió; y había densas tinieblas debajo de sus pies. Cabalgó sobre un querubín, y voló; voló sobre las alas del viento. Puso tinieblas por su escondedero, por cortina suya alrededor de sí; oscuridad ded aguas, nubes de los cielos. Por el resplandor de su presencia, sus nubes pasaron; granizo y carbones ardientes. Tronó en los cielos Jehová, y el Altísimo dio su voz; granizo y carbones de fuego. Envió sus saetas, y los dispersó; lanzó relámpagos, y los destruyó. Entonces aparecieron los abismos de las aguas, y quedaron al descubierto los cimientos del mundo, a tu reprensión, oh Jehová, por el soplo del aliento de tu nariz. (Sal. 18:6-15).
En este pasaje aparecen varias áreas de la importancia simbólica de las trompetas. Primero, las trompetas se usan en la liturgia del Antiguo Testamento para procesiones ceremoniales, particularmente como escolta para el arca del pacto; el ejemplo obvio, principal, de esto es la marcha alrededor de Jericó antes de que cayera (Josué 6; comp. 1 Crón. 15:24; Neh. 12:41). Como dice G. B. Caird: "Juan debe haber tenido en mente este relato cuando escribió; porque nos dice que el arca apareció con el sonido de la séptima trompeta (11:19), y también que una de las consecuencias del toque de la trompeta fue la caída de un décimo del muro de la gran ciudad (11:13)". 8

Segundo, se hicieron sonar las trompetas para proclamar el gobierno del nuevo rey (1 Reyes 1:34, 39; comp. Sal. 47:5: "La séptima trompeta de Juan es la señal para que el coro celestial cante su himno de la coronación, alabando a Dios porque Él ha asumido la soberanía y ha comenzado a reinar (11:15)".
9

 

Tercero, el sonido de la trompeta era una alarma, que advertía a Israel del juicio que se acercaba, e instaba al arrepentimiento nacional (Isa. 58:1; Jer. 4:5-8; 6:1, 17; Eze. 33:1-6; Joel 2:1, 15). "Juan también creía que el propósito del sionido de las trompetas y los desastres que anunciaban era llamar a los hombres al arrepentimiento, aunque ese propósito no se cumpliera. El resto de la humanidad que sobrevivía a estas plagas todavía no podía renunciar a los dioses de su propia hechura (9:20; comp. Amós 4:6-11)". 10

 

Cuarto, a Moisés se le instruyó para que usara dos trompetas de plata tanto "para convocar a la congregación" para el culto como "para hacer mover los campamentos" en combate contra el enemigo (Núm. 10:1-9). Es significativo que estos dos propósitos, la guerra y el culto, se mencionan casi simultáneamente. Gordon Wenham observa que "lo mismo que la disposición del campamento con el tabernáculo en medio, y el ordenamiento de las tribus en formación de combate, las trompetas de plata declaran que Israel es el ejército del Rey de Reyes que se prepara para una guerra santa de conquista". 11 Por supuesto, la ironía en Apocalipsis es que ahora Dios está ordenando que las trompetas de la guerra santa suenen contra el mismo Israel.

Quinto, las trompetas también se hacían sonar durante las fiestas y en el primer día de cada mes (Núm. 10:10), con énfasis especial en Tisri 1, el día de Año Nuevo civil (en el año eclesiástico, el primer día del mes séptimo); este Día de las Trompetas era el reconocimiento litúrgico especial del Día del Señor (Lev. 23:24-25; Núm. 29:1-6). Por supuesto, el antecedente más básico de todo esto es la Nube de Gloria, que está acompañada por sonidos de trompeta angélicos anunciando la soberanía y el juicio del Señor (Éx. 19:16); la liturgia terrenal del pueblo de Dios era una recapitulación de la liturgia celestial, otra indicación de que el pueblo de Dios redimido había sido restaurado a su imagen. (Esta fue la razón del método que usó el ejército de Gedeón para poner en fuga a los madianitas, en Jueces (7:15-22): Rodeando al enemigo con luces, un griterío, y el sonido de trompetas, los israelitas eran un reflejo terrenal del ejército celestial de Dios en la Nube, que venía sobre los enemigos de Dios en venganza). El simbolismo bíblico habría resultado muy familiar a los lectores de Juan del siglo primero, y "en cualquier caso, Juan mismo les ha dicho con bastante claridad que las trompetas eran una escolta para el arca, una proclamación de la divina soberanía, y un llamado al arrepentimiento general; y, poniéndolas en las manos de Ángeles de la Presencia, él ha indicado la estrecha asociación de ellos con la adoración". 12

 

Como observa J. Massyngberde Ford, 13 hay cuatro notables "reversiones" en el texto:

1. Desde el trono y el altar, "el propiciatorio", viene la ira;
2. Incienso, el "olor grato a Jehová" (Lev. 1:13), se convierte en un agente de muerte (comp. 2 Cor. 2:14-16);
3. Las trompetas, que llamaban a Israel al culto, ahora se convierten en heraldos de su destrucción;
4. La misma liturgia celestial, designada para la santificación de Israel, se convierte en el medio para su derrota y su disolución.

La primera trompeta (8:6-7)
6 Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.
7 El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde.
6-7 Los juicios desencadenados por el sonido de estas trompetas no sólo nos recuerdan la caída de Jericó, sino también las plagas que cayeron sobre Egipto antes del Éxodo. Juntos, se representan como destruyendo la tercera parte de la tierra. Obviamente, puesto que el juicio no es ni total ni final, no puede ser el fin del mundo físico. Sin embargo, la devastación es tremenda, y efectivamente resulta en el fin de la nación judía, el sujeto de estas terribles profecías. Israel se ha convertido en una nación de egipcios y cananeos; peor aún, una tierra de apóstatas del pacto. Todas las maldiciones de la Ley están a punto de ser derramadas sobre los que una vez fueron el pueblo de Dios (Mat. 23:35-36), Las primeras cuatro trompetas se refieren aparentemente a la serie de desastres que devastaron a Israel en los últimos días, y principalmente a los sucesos que condujeron al rompimiento de las hostilidades.

Del mismo modo que los juicios de los sellos son contados en grupos de cuatro, los juicios de las trompetas se cuentan en grupos de tres. Suena la primera trompeta, y una maldición triple (granizo, fuego, sangre) es lanzada, y afecta la tercera parte de la tierra; tres objetos en particular son seleccionados. Juan ve granizo y fuego, mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra. La sangre de los testigos asesinados se mezcla con fuego del altar, trayendo ira sobre los perseguidores. El resultado de esta maldición, que tiene alguna similitud con la séptima plaga en Egipto (Éx. 9:22-26), es que se quema la tercera parte de la tierra y un tercio de los árboles, así como toda la hierba verde (es decir, toda la hierba de la tercera parte de la tierra; comp. 9:4). Si los árboles y la hierba representan al remanente elegido (como lo parece en 7:3 y 9:4), esto indica que no están exentos del sufrimiento físico y la muerte al descnder la ira de Dios sobre los malvados. Sin embargo, (1) la Iglesia no puede ser destruída por completo en ningún juicio (Mat. 16:18), y (2) a diferencia de los impíos, el destino final de los cristianos no es la ira, sino la vida y la salvación (Rom. 2:7-9; 1 Tes. 5:9).

 

A los paganos que se mofaban diciendo que Dios no había rescatado a los cristianos de sus enemigos, San Agustín les replicó: "La familia entera de Dios, ciertamente, tiene, por lo tanto, un consuelo propio - un consuelo que no puede engañar, y que tiene en él una más segura esperanza que la que pueden ofrecer los tambaleantes y falibles asuntos de la vida. Ellos no rehusarán la disciplina de esta vida temporal, en la cual son instruídos para la vida eterna; ni lamentarán su experiencia de ella, a causa de las buenas cosas de la vida que ellos usan como peregrinos que no son detenidos por ellas, y sus males ni las prueban ni las desaprueban".

 

"En cuanto a los que insultan a causa de ellas en sus pruebas, y cuando les ocurren males, dicen: '¿Dónde está vuestro Dios?' [Sal. 42:10], podemos preguntarles dónde están los dioses de ellos cuando sufren las mismas calamidades, para evitar las cuales ellos adoran a sus dioses, o sostienen que estos dioses deberían ser adorados; porque a la familia de Cristo se le ha proporcionado su respuesta: Nuestro Dios está presente en todas partes, absolutamente en todas partes; ni está confinado a ningún lugar. Puede estar presente sin ser percibido, y estar ausente sin moverse; cuando nos expone a adversidades, es para probar nuestras perfecciones o corregir nuestras imperfecciones; y a cambio de que nosotros soportemos pacientemente los sufrimientos del tiempo, nos reserva una recompensa eterna. Pero, ¿quiénes sois vosotros, para que tengamos que dignarnos siquiera hablar con vosotros acerca de vuestros propios dioses, mucho menos sobre nuestro Dios, que es 'temible sobre todos los dioses. Porque todos los dioses de las naciones son ídolos; pero el Señor hizo los cielos' [Sal. 96:4-5]?". 14

 

Por otra parte, los impíos tienen ante sí sólo ira y angustia, tribulación, y aflicción (Rom. 2:8-9). Literalmente, la vegetación de Judea, y especialmente la de Jerusalén, sería destruída, según los métodos de guerra romanos de tierra arrasada: "Tanto el campo como la ciudad daban lástima, pues donde una vez había habido bosques y parques, ahora había un completo desierto desnudo de árboles; y ningún extranjero que hubiese visto la antigua Judea y los gloriosos suburbios de su capital, y que ahora contemplase aquella completa desolación, podría contener las lágrimas ni suprimir un gemido al ver un cambio tan terrible. La guerra había borrado todo rastro de belleza, y nadie que hubiese conocido la ciudad en el pasado y llegara de repente podría haber reconocido el lugar, pues, aunque ya había llegado allí, todavía estaría buscando la ciudad". 15 Y, sin embargo, esto era sólo el principio; faltaban muchas más penas - y mucho peores (comp. 16:21).

 

La segunda trompeta (8:8-9)
8 El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre.
9 Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la terera parte de las naves fue destruída.
8-9 En el sonido de la trompeta del segundo ángel, vemos un paralelo de la primera plaga en Egipto, en la cual el Nilo se convirtió en sangre y murieron los peces (Éx. 7:17-21). La causa de esta calamidad fue que la gran montaña ardiendo en fuego fue lanzada al mar. El significado de esto se hace claro cuando recordamos que la nación de Israel era el "Santo Monte" de Dios, el "monte de su heredad" (Éx. 15:17). Como el pueblo redimido de Dios, habían sido traídos de vuelta a Edén, y el uso repetido de imágenes de montañas a través de su historia (incluyendo el hecho de que el monte de Sion era el símbolo aceptado de la nación) demuestra esto vívidamente. Pero ahora, como apóstatas, Israel se había convertido en "montaña destructora", contra la cual se había vuelto la ira de Dios. Ahora Dios está hablando de Jerusalén en el mismo lenguaje que una vez usó para hablar de Babilonia, un hecho que será céntrico a las imágenes de este libro:
He aquí, yo estoy contra tí, oh monte destruidor, dice Jehová, que destruiste toda la tierra; y extenderé mi mano contra tí, y te haré rodar de las peñas, y te reduciré a monte quemado.... Subió el mar sobre Babilonia; de la multitud de sus olas será cubierta. (Jer. 51:25, 42).
Conéctese esto con el hecho de que Jesús, en medio de una larga serie de discursos y parábolas sobre la destrucción de Jerusalén (Mat. 20-25), maldijo una higuera estéril, como símbolo de juicio sobre Israel. Luego les dijo a sus discípulos: "De cierto os digo que si tuviéreis fe, y no dudáreis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijéreis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiéreis en oración, creyendo, lo recibiréis" (Mat. 21:212-22). ¿Estaba Jesús siendo impertinente? ¿Esperaba realmente que los discípulos anduvieran por allí orando para mover montañas literales? Por supuesto que no. Más importante, Jesús no estaba cambiando el tema. Todavía estaba enseñándoles una lección sobre la caída de Israel. ¿Cuál era la lección? Jesús estaba instruyendo a sus discípulos para que ofrecieran oraciones imprecatorias, suplicando que Dios dcstruyera a Israel, que secara la higuera, que lanzara al mar la montaña apóstata. 16

Y eso es exactamente lo que sucedió. La iglesia perseguida, bajo opresión de los judíos apóstatas, comenzó a orar pidiendo la venganza de Dios sobre Israel (6:9-11), rogando que la montaña de Israel fuera "tomada y echada en el mar". Sus ofrendas fueron recibidas en el altar celestial de Dios, y en repuesta Dios dio instrucciones a sus ángeles para que lanzaran sus juicios contra la tierra (8:3-5). Israel fue destruído. Deberíamos notar que Juan está escribiendo esto antes de la destrucción, para instrucción y estímulo de los santos, para que continuasen orando en fe. Como les había dicho al comienzo, "Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas, porque el tiempo está cerca" (1:3).

 

La tercera trompeta (8:10-11)
10 El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella. ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas.
11 Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas.
10 Como el símbolo precedente, la visión de la tercera trompeta combina las imágenes bíblicas de la caída tanto de Egipto como de Babilonia. El efecto de esta plaga - las aguas que se vuelven amargas - es similar a la primera plaga en Egipto, en la cual el agua se volvió amarga a causa de la multitud de peces muertos y en descomposición (Éx. 7:21). La amargura de las aguas es causada por una gran estrella que cae del cielo, ardiendo como una antorcha. Esto es paralelo a la profecía de Isaías tocante a la caída de Babilonia, de la cual se habla en términos de la caída original en el paraíso:
¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo. (Isa. 14:12-15).
El nombre de esta estrella caída es Ajenjo, un término usado en la Ley y los Profetas para advertir a Israel de su destrucción como castigo por su apostasía (Deut. 29:18; Jer. 9:15; 23:15; Lam. 3:15, 19; Amós 5:7). Nuevamente, combinando estas alusiones del Antiguo Testamento, Juan llama la atención sobre este punto: Israel es apóstata, y se ha convertido en Egipto; Jerusalén se ha convertido en Babilonia; y los quebrantadores del pacto serán destruídos, tan seguramente como fueron destruídos Egipto y Babilonia.
La cuarta trompeta (8:12-13)
12 El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche.
13 Y miré, y oí a un ángel volar por en medio del cielo, diciendo a gran voz: ¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles!
12 Como la novena plaga en Egipto de "densas tinieblas" (Éx. 10:21-23), la maldición traída por el cuarto ángel golpea a los portadores de luz, el sol, la luna, las estrellas, de modo que un tercio de ellas pudieron quedar oscurecidas. La imagen aquí fue usada por los profetas por largo tiempo para ilustrar la caída de naciones y gobernantes nacionales (comp. Isa. 13:9-11, 19; 24:19-23; 34:4-5; Eze. 32:7-8, 11-12; Joel 2:10, 28-32; Hech. 2:16-21). En cumplimiento de esto, observa Farrar, "un gobernante tras otro, y jefe tras jefe del Imperio Romano y de la nación judía fue asesinado y arruinado. Gayo, Claudio, Nerón, Galba, Otón, Vitelio, todos murieron asesinados o se suicidaron; Herodes el Grande, Herodes Antipas, Herodes Agripa, y la mayoría de los príncipes herodianos, junto con no pocos de los principales sumos sacerdotes de Jerusalén, perecieron en desgracia, o en el exilio, o en forma violenta. Todos éstos fueron soles apagados y estrellas oscurecidas".

13 El águila-querubín voladora (4:7) controla la sección de las trompetas en Apocalipsis (comp. Oseas 8:1), y es apropiado que Juan vea un águila volar por en medio del cielo, advirtiendo de la ira venidera. El águila, como muchos otros símbolos del pacto, tiene una doble naturaleza. Por una parte, significa la salvación que Dios proporcionó para Israel:

 

Porque la porción de Jehová es su pueblo; Jacob la heredad que le tocó. Le halló en tierra de desierto, y en yermo de horrible soledad. Lo trajo alrededor, lo instruyó.lo guardó como a la niña de su ojo. Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas. (Deut. 32:9-11; comp. Éx. 19:4).
Pero el águila es también una temible ave de presa, asociada con sangre y muerte y carne en descomposición:
Sus polluelos chupan la sangre, y donde hubiere cadáveres, allí está ella. (Job. 39:30).
A menudo, las advertencias proféticas de la destrucción de Israel están expresadas en téminos de águilas que descienden sobre la carroña (Deut. 28:49; Jer. 4:13; Lam. 4:19; Oseas 8:1; Hab. 1:8; Mat. 24:28). En realidad, un aspecto básico de la maldición del pacto es el de ser devorados por las aves del cielo (Gén. 15:9-12; Deut. 28:26, 49; Prov. 30:17; Jer. 7:33-34; 16:3-4; 19:7; 34:18-20; Eze. 39:17-20; Apoc. 19:17-18). El águila-querubín reaparecerá en esta sección de Apocalipsis como una imagen de salvación (12:14), y al final será reemplazada por (o vista nuevamente como) un ángel que vuela por en medio del cielo proclamando el evangelio a los que moran en la tierra (14:6), pues su misión es en definitiva redentora en su alcance. Pero la salvación del mundo vendrá por medio de la caída de Israel (Rom. 11:11-15, 25). Así que el águila comienza su mensaje con ira, proclamando tres ayes que han de venir sobre los que moran en la tierra.

Como las plagas originales en Egipto, las maldiciones se vuelven más intensas y más precisas en su aplicación. Juan está construyendo para llegar a un crescendo, usando los tres ayes del águila (que corresponden a la quinta, sexta, y séptima trompetas; comp. 9:12; 11:14-15) para dramatizar los crecientes desastres que caen sobre la tierra de Israel. Después de muchas demoras y mucha paciencia de parte del celoso y santo Señor de los ejércitos, las terribles sanciones de la Ley se desatan finalmente contra los quebrantadores del pacto, para que Cristo Jesús pueda heredar los reinos del mundo y traerlos a su templo (11:15-19; 21:22-27).

 

 


Notas:

1. Milton S. Terry, Biblical Apocalyptics: A Study of the Most Notable Revelations of God and of Christ in the Canonical Scriptures (New York: Eaton and Mains, 1898), pp. 343s. Véase también de Alfred Edersheim, The Temple: Its Ministry and Services as They Were at the Time of Jesus Christ (Grand Rapids: William B. Eerdmans, 1980), pp. 167s.

 

2. Edersheim observa aquí que "la práctica de enlazar las manos juntas en oración data del siglo quinto de nuestra era, y es de puro origen sajón".

3. Alfred Edersheim, The Temple, p. 167.

4. Tobit 12:15 habla de "los siete ángeles santos, que presentan las oraciones de los santos, y entran y salen delante de la gloria del Santo".

5. Ofrecer un sacrificio con "fuego extraño" (es decir,  fuego fabricado, no del altar) era castigado con la muerte: Lev. 10:1-4.

6. Para un estudio más profundo de la totalidad de este tema, véase de James B. Jordan, Sabbath-Breaking and the Death Penalty: A Theological Investigation (Tyler, TX: Geneva Ministries, 1986), esp. caps. 3-5.

7. El uso simbólico del incienso es, por lo tanto, apropiado (pero, por supuesto, no obligatorio) en la liturgia del Nuevo Pacto.

8. G. B. Caird, The Revelation of St. John the Divine (New York: Harper & Row, Publishers, 1966), p. 108.

9. Ibid.

10. Ibid., p. 109.

11. Gordon J. Wenham, Numbers: An Introduction and Commentary (Downers Grove, IL: Inter-Varsity Press, 1981), p. 102.

12. Caird, p. 111.

13. J. Massyngberde Ford, Revelation: Introduction, Translation, and Commentary (Garden City, NY: Doubleday & Co., 1975), pp. 135s.

14. St. Augustine, The City of God, i.29 (Marcus Dods, trad., New York: The Modern Library, 1950, pp. 34f.).

15. Josephus, The Jewish War, vi.i.1.

16. Según William Telford, este monte era una expresión normal en el pueblo judío para referirse al Monte del Templo, "la montaña por excelencia"; véase The Barren Temple and the Withered Tree (Department of Biblical Studies, University of Sheffield, 1980), p. 119.

17. F. W. Farrar, The Early Days of Christianity (Chicago: Bedford, Clarke and Co., publishers, 1882), p. 519.

Parte Cuatro
9

SE DESATA EL INFIERNO

La quinta trompeta (9:1-12)

1 El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo.
2 Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de un gran horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo.
3 Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra.
4 Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna. ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes.
5 Y les fue dado, no que los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión cuando hiere al hombre.
6 Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos.
7 El aspecto de las langostas era semejante a caballos preparados para la guerra; en las cabezas tenían como coronas de oro; sus caras eran como caras humanas;
8 tenían cabello como cabello de mujer; sus dientes eran como de leones;
9 tenían corazas como corazas de hierro; el ruido de sus alas era como el estruendo de muchos carros de caballos corriendo a la batalla;
10 tenían colas como de escorpiones, y también aguijones; y en sus colas tenían poder para dañar a los hombres durante cinco meses.
11 Y tienen por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego Apolión.
12 El primer ay pasó; he aquí vienen aún dos ayes después de esto.
1-6 Con el primer ay, las plagas se vuelven más intensas. Aunque esta maldición es similar a los grandes enjambres de langostas que vinieron sobre Egipto en la octava plaga (Éx. 10:12-15), estas "langostas" son diferentes: son demonios del abismo, del pozo del abismo, del cual se habla siete veces en Apocalipsis (9:1, 2, 11; 11:7; 17:8; 20;1, 3). La Septuaginta usa el término por primera vez en Génesis 1:2, hablando de la original faz del abismo sobre el cual se movía el Espíritu creativamente (y "derrotó" metafóricamente); comp. Juan 1:5). El abismo es el extremo más alejado del cielo (Gén. 49:25; Deut. 33:13) y de las altas montañas (Sal. 36:6). Se usa en las Escrituras como referencia a las partes más profundas del mar (Job. 28:14; 38:16; Sal. 33:7) y a los ríos subterráneos y fuentes de aguas (Deut. 8:7; Job. 38:16) de donde vinieron las aguas del diluvio (Gén. 7:11; 8:2; Prov. 3:20; 8:24), y que regaban el reino de Asiria (Eze. 31:4, 15). El cruce del Mar Rojo por el pueblo del pacto se asemeja repetidamente a cruzar el abismo (Sal. 77:16; 106:9; Isa. 44:27; 51:10; 63:13). El profeta Ezequiel amenazó a Tiro con una gran desolación de la tierra, en la cual Dios haría subir el abismo para que cubriera la ciudad con un nuevo diluvio, haciendo bajar a su pueblo al abismo en las partes más bajas de la tierra (Eze. 26:19-21), y Jonás habló del abismo en términos de la excomunión de la presencia de Dios, un destierro del templo (Jonás 2:2-6). El dominio del dragón (Job 41:31; Sal. 148:7; Apoc. 11:7; 17:8), la prisión de los demonios (Luc. 8:31; Apoc. 20:1-3; comp. 2 Ped. 2:4; Judas 6), y el reino de los muertos (Rom. 10:7) son todos llamados por el nombre de abismo. Juan advierte a sus lectores que el infierno está a punto de desatarse sobre la tierra de Israel; como con la antigua Tiro, el abismo está siendo traído a la superficie como con una draga para que cubra la tierra con sus espíritus inmundos. El Israel apóstata será lanzado fuera de la presencia de Dios, excomulgado del templo, y lleno de demonios. Uno de los mensajes centrales de Apocalipsis es el de que los tabernáculos de la Iglesia están en el cielo; el corolario de esto es que los tabernáculos de la falsa iglesia están en el infierno.

¿Por qué dura la plaga de langostas cinco meses? Esta figura es, primero que todo, una referencia al período de cinco meses, desde mayo hasta septiembre, cuando las langostas aparecen normalmente. (La característica desusada es que estas langostas permanecen durante todo el período, atormentando constantemente a la población). Segundo, esto puede referirse en parte a las acciones de Gesio Floro, el procurador de Judea, quien, durante cinco meses (comenzando en mayo del año 66 con la matanza de 3.600 pacíficos ciudadanos) aterrorizó a los judíos, tratando deliberadamente de incitarlos a que se rebelaran. Tuvo éxito: Josefo fecha el comienzo de la Guerra de los Judíos a partir de esta ocasión.
1Tercero, el uso del término cinco está asociado en las Escrituras con poder, y específicamente con organización militar - la disposición de los milicianos israelitas en una brigada de cinco pelotones (Éx. 13:18; Núm. 32:17; Josué 1:14; 4:12, Judas 7:11; comp. 2 Reyes 1:9ss.) 2 Por instrucciones de Dios, Israel habría de ser atacado por un ejército demoníaco que vendría desde el abismo.

 

Durante el ministerio de Cristo, Satanás había caído a la tierra desde el cielo como una estrella (comp. 12:4, 9, 12);  y se le dio la llave del pozo del abismo. Y abrió el pozo del abismo. Lo que todo esto significa es exactamente lo que Jesús profetizó durante su ministerio terrenal: la tierra que había recibido los beneficios de su obra y luego le había rechazado, sería invadida por demonios del abismo. Debemos notar aquí que la llave se le da a Satanás, porque es Dios quien envía los demonios como azote sobre su pueblo rebelde.

 

Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar. La reina del sur se levantará en el juicio contra esta generación, y la condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar.

Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta generación. (Mat. 12:41-45).

Puesto que Israel había rechazado al Rey de reyes, las bendiciones que había recibido se convertirían en maldiciones. Jerusalén había sido "barrida" por el ministerio de Cristo; ahora se convertiría en "habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible" (18:2). La generación entera fue poseída más y más por demonios; su progresiva locura nacional es evidente al leer uno el Nuevo Testamento, y sus horripilantes etapas finales están descritas en las páginas de la obra de Josefo Las Guerras Judías: la pérdida de toda capacidad de razonar, las turbas frenéticas que se atacaban entre sí, las engañadas multitudes que seguían a los profetas más transparentemente falsos, la enloquecida y desesperada búsqueda de alimento, los asesinatos en masa, las ejecuciones, los suicidios, los padres que asesinaban a sus propias familias y las madres que devoraban a sus propios hijos. Satanás y las huestes infernales simplemente pululaban por la tierra de Israel y consumían a los apóstatas.

La vegetación de la tierra está específicamente exenta de la destrucción causada por las "langostas". Esta es una maldición contra hombres desobedientes. Sólo los cristianos son inmunes a los aguijones como de escorpión de los demonios (comp. Mar. 6:7; Luc. 10:17-19; Hech. 26:18); los israelitas no bautizados, que no tienen el sello de Dios en sus frentes (véase sobre 7:3-8), son atacados y atormentados por los poderes demoníacos. Y el propósito inmediato que Dios tiene al desatar esta maldición no es la muerte, sino sólo el tormento, la desgracia, y el sufrimiento, al pasar la nación de Israel por una serie de convulsiones demoníacas. Juan repite lo que nos ha dicho en 6:16, que en aquellos días los hombres buscarían la muerte y no la hallarían; y desearían morir y la muerte huiría de ellos. Jesús había profetizado específicamente este anhelo de muerte entre los miembros de la generación final, la generación de judíos que le crucificarían (Luc. 23:27-30). Como la sabiduría de Dios había dicho hacía tiempo: "El que peca contra mí, defrauda su alma; todos los que me aborrecen aman la muerte" (Prov. 8:36).

 

7-12 La descripción de los demonios-langostas es muy similar a la de los ejércitos paganos invasores mencionados en los profetas (Jer. 51:27; Joel 1:6; 2:4-10; comp. Lev. 17:7 y 2 Crón. 11:15, donde la palabra hebrea para demonio es peludo). Este pasaje posiblemente se refiere también, en parte, a las bandas satánicas de fanáticos asesinos que hacían presa en los ciudadanos de Jerusalén. Como nos dice Josefo, la gente tenía más que temer de los fanáticos que de los romanos: "Con su insaciable hambre de botín, saqueaban las casas de los ricos, asesinaban a los hombres y violaban a las mujeres por diversión; bebían sus despojos con sangre, y de puro saciados se entregaban sin vergüenza a prácticas afeminadas, haciendo trenzas con su cabello y vistiendo ropas de mujer, empapándose de perfume y pintándose los párpados para hacerse más atractivos. Copiaban, no sólo los vestidos, sino también las pasiones de las mujeres, inventando, en su exceso de libertinaje, placeres ilegítimos en los cuales se revolcaban, como si estuviesen en un burdel. Así, contaminaron por entero la ciudad con sus asquerosas prácticas. Y, sin embargo, aunque llevaban rostros de mujeres, sus manos eran asesinas. Se acercaban con pasos remilgados, y luego, de repente, se convertían en combatientes y, desenvainando las espadas de debajo de sus teñidas capas, atravesaban con ellas a todos los transeúntes". 3

 

Un punto particularmente interesante sobre la descripción del ejército de demonios es la declaración de Juan de que el sonido de sus alas era como el de carruajes, de muchos caballos que se apresuran a la batalla. Ese es el mismo sonido que hacen las alas de los ángeles en la Nube de Gloria (Eze. 1:24; 3:13; 2 Reyes 7:5-7); la diferencia aquí es que el ruido aquí lo hacen ángeles caídos.

 

Juan continúa, y ahora identifica al rey de los demonios, el ángel del abismo, y da su nombre tanto en hebreo (Abadón) como en griego (Apolión) - una de muchas indicaciones del carácter esencialmente hebraico del Apocalipsis. 4 Las palabras significan destrucción y destructor; Abadón se usa en el Antiguo Testamento para describir el reino de los muertos, "el lugar de destrucción" (Job 26:6; 28:22; 31:12; Sal. 88:11; Prov. 15:11; 27:20). Juan, pues, presenta a Satanás como la mera personificación de la misma muerte (comp. 1 Cor. 10:10; Heb. 2:14). Claramente, el hecho de que la hueste entera de los destructores de Satanás fuera desatada sobre la nación judía significaba realmente el infierno en la tierra. Y, sin embargo, Juan nos dice que esta epidemia de demonios en la tierra es sólo el primer ay. Ni siquiera es el peor, porque dos ayes (es decir, la sexta y la séptima trompetas) todavía faltan por venir después de estas cosas.

 

La sexta trompeta (9:13-21)
13 El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios,
14 diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Eufrates.
15 Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes, y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres.
16 Y el número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones. Yo oí su número.
17 Así vi en visión los caballos y a sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salían fuego, humo y azufre.
18 Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca.
19 Pues el poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas; porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas, y con ellas dañaban.
20 Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar;
21 y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.
13 Nuevamente se nos recuerda que las desolaciones ejecutadas por Dios en la tierra son en nombre de su pueblo (Sal. 46), en respuesta a su culto oficial, del pacto: la orden al tercer ángel la emite una voz desde los cuatro cuernos del altar de oro (es decir, el altar del incienso) que está delante de Dios. Obviamente, este punto se menciona con el propósito de estimular al pueblo de Dios en adoración y en oración, asegurándoles que las acciones de Dios en la historia proceden de su altar, donde Él ha recibido las oraciones de ellos. Juan dice que la voz vino de los cuatro cuernos (protuberancias semejantes a cuernos en cada una de las esquinas del altar), refiriéndose a un aspecto importante de la liturgia del Antiguo Testamento: la ofrenda de purificación. Esta ofrenda se refería a la contaminación y la profanación de un lugar por medio del pecado. Si el lugar profanado por el pecado no es purificado, traerá como resultado la muerte. En su excelente estudio del sistema levítico, Gordon Wenham nos dice que "la ofrenda de purificación tenía que ver con la contaminación causada por el pecado. Si el pecado contaminaba la tierra, profanaba en particular la casa donde moraba Dios. La gravedad de la contaminación dependía de la gravedad del pecado, que a su vez estaba relacionada con la situación del pecador. Si un ciudadano privado pecaba, su acción contaminaba el santuario sólo hasta cierto punto limitado. Por lo tanto, la sangre de la ofrenda de purificación se rociaba sólo sobre los cuernos del altar del holocausto. Sin embargo, si la nación entera pecaba, o si el miembro más santo de la nación, el sumo sacerdote, pecaba, esto era más grave. La sangre tenía que ser llevada dentro del tabernáculo y rociada sobre el velo y el altar de incienso". 5

Los pecados de la nación eran expiados ofreciendo un sacrificio sobre el altar del holocausto, y llevando luego la sangre y rociándola sobre los cuernos del altar de oro del incienso (Lev. 4:13-21). De este modo se purificaba el altar, de manera que el incienso pudiera ser ofrecido con la certeza de que Dios escucharía sus oraciones. Los lectores de Apocalipsis del siglo primero habrían reconocido la importancia de esto: la orden de Dios a sus ángeles, en respuesta a las oraciones de su pueblo, era pronunciada desde los cuernos del altar de oro. Los pecados de ellos han sido cubiertos, y no impiden el libre acceso a Dios.

 

Hay un punto adicional que debemos observar. Las oraciones de la Iglesia en el altar del incienso son oraciones imprecatorias contra la nación de Israel. El "Israel" que ha rechazado a Cristo está contaminado y profanado (comp. Lev. 18:24-30), y sus oraciones no serán oídas por Dios, pues ha rechazado la única expiación por el pecado. Por lo tanto, la inmunda tierra de Israel será juzgada en términos de las maldiciones de Levítico 26, un capítulo que repetidamente amenaza a la nación con un juicio séptuple si se contamina con el pecado (Lev. 26:18, 21, 24, 28; hemos visto que éste es el origen de los repetidos juicios séptuples en el libro de Apocalipsis). Pero la Iglesia de Jesucristo es el nuevo Israel, la nación santa, el verdadero pueblo de Dios, que posee "libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo" (Heb. 10:19). Nuevamente, Juan le asegura a la Iglesia del siglo primero que sus oraciones serán oídas y contestadas por Dios. Él se vengará de sus perseguidores, porque la tierra es bendecida y juzgada por las acciones litúrgicas y los decretos judiciales de la Iglesia.

 

La buena disposición de Dios para oír y contestar afirmativamente las oraciones de su pueblo se proclama continuamente a través de las Escrituras (Sal. 9:10; 10:17-18; 18:3; 34:15-17; 37:4-5; 50:14-15; 145:18-19). Dios nos ha dado numerosos ejemplos de oraciones imprecatorias, mostrándonos repetidamente que un aspecto de la actitud de un hombre piadoso es odio por los enemigos de Dios y la oración ferviente por su caída y su destrucción (Sal. 5:10; 10:15; 35:1-8, 22-26; 59:12-13; 68:1-4; 69:22-28; 83, 94; 109; 137:8-9; 139:19-24; 140:6-11). ¿Por qué, entonces, no vemos la derrota de los impíos en nuestra propia época? Una parte importante de la respuesta es la ninguna disposición de la Iglesia moderna a orar bíblicamente; y Dios nos ha asegurado: No tenéis lo que deseáis, porque no pedís (Santiago 4:2). Pero la Iglesia del siglo primero, orando fiel y fervientemente por la destrucción del Israel apóstata, había sido escuchada en el altar celestial de Dios. Sus ángeles fueron comisionados para que atacaran.

 

14-16 El sexto ángel está encargado de soltar los cuatro ángeles que habían sido atados en el gran río Eufrates; entonces traen a Israel un ejército que consiste de doscientos millones. El río Eufrates formaba la frontera entre Israel y las temibles fuerzas paganas que Dios usaba como azote contra su pueblo rebelde. "Era la frontera norte de Palestina [comp. Gén. 15:18; Deut. 11:24; Josué 1:4], a través de la cual los invasores asirios, babilonios, y persas habían venido a imponer su soberanía pagana sobre el pueblo de Dios. Por lo tanto, todas las advertencias bíblicas acerca de un enemigo del norte encuentran eco en la espeluznante visión de Juan" (comp. Jer. 6:1, 22; 10:22; 13:20; 25:9, 26; 46:20, 24; 47:2; Eze. 26:7; 38:6, 15; 39:2). 6 Hay que recordar también que el norte (la ubicación original del Edén) era el área del trono de Dios (Isa. 14:13); y tanto la Nube de Gloria como los agentes de la venganza de Dios se ven viniendo del norte, es decir, desde el Eufrates (comp. Eze. 1:4; Isa. 14:31; Jer. 1:14-15). Así, este gran ejército del norte es el ejército de Dios, y está bajo su control y dirección, aunque es claramente demoníaco y pagano en su carácter (sobre las ataduras de los ángeles caídos, comp. 2 Ped. 2:4; Jud. 6). Dios es completamente soberano, y usa tanto los demonios como los paganos para llevar a cabo sus santos propósitos ( 1 Reyes 22:20-22; Job 1:12-21; por supuesto, él luego castiga a los paganos por los impíos motivos y metas que les llevaron a cumplir el decreto de Él: comp. Isa. 10:5-14). Los ángeles atados en el Eufrates habían sido preparados para la hora y el día y el mes y el año, siendo su papel en la historia completamente predestinado y seguro.

 

Juan oye el número de los jinetes: doscientos millones. Notamos en la Introducción a este volumen algunas de las más fantásticas interpretaciones de esta expresión (véase pp. 11-13). Sin embargo, si mantenemos nuestra imaginación uncida a la Escritura, observaremos que está tomada de Sal. 68:17, que dice: "Los carruajes de Dios son veintenas de millares de millares". Mounce observa correctamente que "los intentos de reducir esta expresión a cifras aritméticas precisas no acierta en el punto. Estas veintenas de millares de millares es un número de gran inmensidad. 8 El término significa simplemente muchos miles, e indica una vasta hueste que debe ser considerada en conexión con el ejército angélico del Señor de miles y miles de carruajes.

 

17-19 Evitando las deslumbrantes especulaciones tecnológicas adelantadas por algunos comentaristas, diremos simplemente que, aunque el número del ejército tiene el propósito de recordarnos al ejército de Dios, las características de los caballos - el fuego y el humo y el azufre que salen de sus bocas - nos recuerdan al dragón, al leviattán que escupe fuego (Job 41:18-21). "El propósito es que el cuadro sea inconcebible, horripilante, y hasta repugnante. Porque estas criaturas no son de la tierra. El fuego y el azufre pertenecen al infierno (19:20; 21:8), de la misma manera que el humo es característico del abismo (9:2). Sólo los monstruos de abajo arrojan tales cosas". 9 Así, para resumir la idea: Un innumerable ejército avanza sobre Jerusalén desde el Eufrates, el origen de los tradicionales enemigos de Israel; es una fuerza feroz, hostil, demoníaca, enviada por Dios en respuesta a las oraciones de su pueblo pidiendo venganza. Resumiendo, este ejército es el cumplimiento de todas las amonestaciones de la ley y los profetas de que una horda vengadora sería enviada para castigar a los quebrantadores del pacto. Los horrores descritos en Deuteronomio 28 habrían de ser visitados sobre esta generación perversa (véanse especialmente los versículos 49-68). Moisés había declarado: Enloquecerás a causa de lo que verás con tus ojos (Deut. 28:34).

 

Como en realidad sucedió en la historia, la rebelión judía en reacción a la "plaga de langostas" de Gesio Floro durante el verano del año 66 provocó la invasión de Palestina por Cestio en el otoño, con gran número de tropas a caballo procedentes de las regiones cercanas al Eufrates 10 (aunque el punto principal de la referencia de Juan es el significado simbólico del río en la hisrtoria y la profecía bíblicas). Después de devastar el país, sus fuerzas llegaron a las puertas de Jerusalén en el mes de Tisri - el mes que comienza con el Día de las Trompetas. El ejército rodeó la ciudad: "Por cinco días, los romanos hostigaron a los judíos con sus ataques por todos lados, pero no lograron ningún progreso; en el sexto día, Cestio dirigió una gran fuerza de hombres escogidos, junto con los arqueros, para asaltar el lado norte del templo. Desde el techo del pórtico, los judíos resistieron el ataque, y repetidamente repelieron a los que habían alcanzado el muro, pero, finalmente, abrumados por una lluvia de flechas, los defensores cedieron. Los romanos de la primera fila afirmaron sus escudos contra el muro, y sobre ellos apoyaron los suyos los de la segunda fila, y así sucesivamente, hasta que formaron una cubierta protectora conocida como 'la tortuga', contra la cual los proyectiles se estrellaban y eran desviados sin hacer daño, mientras los los soldados socavaban el muro y se preparaban para poner fuego a la puerta de monte del templo".

 

"Un pánico total se apoderó de los insurgentes, y ahora muchos comenzaron a huir de la ciudad, creyendo que ésta caería en cualquier momento. El pueblo en seguida cobró ánimo nuevamente, y mientras más cedían los fanáticos 11, más cerca avanzaban los primeros para abrir las puertas y recibir a Cestio como benefactor". 12 Entonces, en el mismo momento en que la victoria completa estaba a su alcance, Cestio, de pronto e inexplicablemente, retiró sus fuerzas. Animados, los judíos persiguieron a los soldados en retirada y los atacaron, infligiéndoles fuertes bajas. Gaalya Cornfeld comenta que "el fracaso de Cestio transformó la revuelta contra Roma en una verdadera guerra. Naturalmente, un éxito tan inesperado y sensacional había fortalecido las manos del partido de la guerra. La mayoría de los oponentes a la revuelta se encontraron en minoría y se inclinaron a aliarse con los fanáticos ganadores, aunque no creían que la victoria fuese posible. Sin embargo, aunque no lo proclamaron abiertamente, creyeron más aconsejable dar la impresión de aprobación por temor a perder el control sobre el pueblo en general. Así, los círculos de los sumos sacerdotes y los moderados, aunque aparentaban ser leales al lado de la paz, decidieron asumir la dirección de la guerra que ahora se consideraba inevitable... El respiro conseguido por los judíos después de la retirada de Cestio de Siria fue aprovechada para organizar una fuerza de defensa nacional". 13

 

20-21 Y, sin embargo, el resto de los hombres, que no fueron muertos por estas plagas, no se arrepintieron... ni dejaron de adorar a los demonios y a los ídolos. Tan completamente se habían entregado los judíos a la apostasía que ni la bondad ni la ira de Dios pudo volverlos de su error. En lugar de eso, como informa Josefo, hasta el mismo fin - después de la hambruna, los asesinatos en masa, el canibalismo, la crucifixión de sus coterráneos a razón de 500 por día - los judíos continuaron acatando las insensatas divagaciones de los falsos profetas que les aseguraban la liberación y la victoria: "Así fue el pueblo miserable seducido por estos charlatanes y falsos mensajeros de Dios, mientras hacían caso omiso y no creían a los inconfundibles presagios que prefiguraban la venidera desolación; pero, aunque estaban atónitos, ciegos, e insensatos, no acataron las claras amonestaciones de Dios". 14

 

¿Qué "claras amonestaciones" les había dado Dios? Aparte de la predicación apostólica, que era todo lo que realmente necesitaban (comp. Luc. 16:27-31), Dios había enviado señales y maravillas milagrosas para testificar del juicio venidero; Jesús había advertido que, antes de la caída de Jerusalén, "habrá terror y grandes señales desde el cielo" (Luc. 21:11). Esto fue especialmente cierto durante la temprada de festivales del año 66, como informa Josefo: "Mientras el pueblo se reunía para la fiesta de los panes sin levadura, en el octavo día del mes Xántico [Nisan], a la hora nona de la noche [3:00 A. M.] apareció una luz tan brillante  alrededor del altar y el templo que parecía pleno día; y esto duró media hora. Los inexpertos la consideraron como buen augurio, pero fue inmediatamente interpretada por los escribas de la ley de conformidad con los sucesos subsiguientes". 15

 

Durante la misma fiesta, otro suceso espantoso tuvo lugar: "La puerta oriental del santuario interior era maciza, de bronce, y tan pesada que apenas podía ser movida cada noche por veinte hombres; estaba sujeta por barras de hierro y asegurada con pernos hundidos muy profundamente en un umbral fabricado de un solo bloque de piedra; y sin embargo, se vio que esta puerta se abrió por sí sola a la hora sexta de la noche [medianoche]. Los guardas del templo corrieron e informaron de la nueva al capitán. Éste llegó, y entre todos, con gran esfuerzo, lograron cerrarla. 16 Para los no iniciados, esto parecía ser el mejor de los augurios, pue supusieron que Dios les había abierto la puerta de la felicidad. Pero la gente más sabia se dio cuenta de que la seguridad del templo se estaba derrumbando de por sí, y que la apertura de las puertas era un regalo para el enemigo; en sus propias mentes, interpretaron esto como presagio de la venidera desolación". 17 (Dicho sea de paso, un incidente similar ocurrió en el año 30 d. C., cuando Cristo fue crucificado y el velo exterior del templo - ¡de 24 pies de ancho y de más de 80 pies de alto! - se rasgó de arriba abajo [Mat. 27:50-54; Mar. 15:37-39; Luc. 23:44-47]: El Talmud registra que en el año 30 d. C. las puertas del templo se abrieron solas, aparentemente porque el dintel, una piedra que pesaba como 30 toneladas, se partió). 18

 

A los que no podían asistir a la fiesta de Pascua regular se les requería celebrarla un mes más tarde (Núm. 9:9-13). Josefo informa de una tercera y gran maravilla que ocurrió al final de esta segunda pascua en el año 66: "Se vio una aparición sobrenatural, demasiado asombrosa para ser creída. Imagino que lo que ahora voy a relatar será desestimado como imaginario, si no hubiese sido confirmado por testigos, y luego seguido por subsiguientes desastres que merecían así ser señalizados. Pues antes de la puesta de sol, se vieron carruajes en el aire por todo el país, así como batallones armados moviéndose velozmente a través de las nubes y rodeando las ciudades". 19

 

Una cuarta señal ocurrió dentro del templo el siguiente gran día de la fiesta, y de ella fueron testigos los veinticuatro sacerdotes que estaban de guardia: "En una fiesta llamada Pentecostés, cuando los sacerdotes habían entrado en los atrios interiores del templo de noche para llevar a cabo los deberes de su ministerio como de costumbre, declararon que habían oído, primero, una violenta conmoción y un estruendo, luego una voz como la de una multitud, que exclamaba: '¡Nos vamos de aquí!'" 20

 

Hubo una quinta señal en los cielos ese año: "Una estrella que parecía una espada se paró sobre la ciudad, así como un cometa que permaneció un año entero". 21 Era obvio, como dice Josefo, que Jerusalén "ya no era la morada de Dios". 22 Apelando, cuatro años más tarde, a los judíos revolucionarios para que se rindieran, declaró: "Creo que la Deidad ha huído de los santos lugares, y ahora se ha puesto del lado de aquéllos con los cuales vosotros estáis en guerra. ¿Por qué, cuando un hombre honorable huye de un hogar libertino, y aborrece a sus habitantes, creéis vosotros que Dios todavía permanece con esa casa en su iniquidad - Dios, que ve toda cosa oculta y oye lo que está envuelto en el silencio?" 23 Y, sin embargo, Israel  no se arrepintió de su iniquidad. Ciego a sus propios males y a los crecientes juicios que venían sobre él, Israel permaneció firme en su apostasía, y continuó rechazando al Señor y en su lugar adhiriéndose a sus falsos dioses.

 

¿Adoraban realmente los judíos a demonios y a ídolos? Ya hemos notado (véase sobre 2:9 y 3:9) el carácter satánico del judaísmo, que no es la religión del Antiguo Testamento, sino más bien un falso culto, que asegura poseer autorización bíblica (de la misma manera que el mormonismo, la Iglesia de la Unificación, y otras sectas afirman que son bíblicas). Como señala Herbert Schlossberg: "En su significado más amplio, la idolatría se entiende correctamente como cualquier sustitución de lo que es creado por el creador". 24 Al rechazar a Jesucristo, los judíos se habían involucrado ineludiblemente en la idolatría; se habían apartado de la fe de Abraham y servían a dioses de su propia hechura. Además, como veremos, la idolatría judía no era ningún "teísmo" vago, indefinible, apóstata. Al abandonar a Cristo, los judíos, en realidad, se convirtieron en adoradores de César.

 

Josefo da elocuente testimonio de esto, escribiendo repetidamente acerca de la ira de Dios contra la apostasía de la nación judía como la causa de sus infortunios: "Por lo tanto, estos hombres pisoteaban todas las leyes de los hombres y se reían de las leyes de Dios; y en cuanto a los oráculos de los profetas, los ridiculizaban diciendo que eran trucos de juglares; y, sin embargo, estos profetas predecían muchas cosas concernientes a las recompensas de la virtud y los castigos del vicio, las cuales, cuando estos fanáticos las violaban, ocasionaban el cumplimiento de las mismas profecías que pertenecían a su propio país". 25

 

"Ni sufrió jamás ciudad alguna tales miserias, ni engendró jamás edad alguna una generación más fructífera en maldad que ésta, desde el principio del mundo". 26

 

"Yo supongo que, si los romanos hubiesen tardado más en caer sobre estos villanos, la ciudad habría sido tragada por la tierra que se abría ante ellos, o inundada por agua, o destruída por una tempestad como aquélla por la cual pereció Sodoma, porque la ciudad había producido una generación de hombres mucho más ateos que los que sufrieron tales castigos; pues fue por su locura que todo el pueblo vino a ser destruído". 27

 

"Cuando la ciudad fue rodeada y ya no pudieron recoger plantas, algunos fueron llevados a una aflicción tan terrible que buscaban en las cloacas comunes y antiguos montones de estiércol de ganado, y comían el estiércol que encontraban allí; y lo que antes ni siquiera miraban, ahora lo usaban como alimento. Apenas los romanos oyeron esto, se despertó su compasión; pero los rebeldes, que también lo vieron, no se arrepintieron, sino que permitieron que la misma aflicción viniera sobre ellos mismos, pues se volvieron ciegos a la suerte que ya estaba cayendo sobre la ciudad, y sobre ellos mismos también". 28

 

Se dice que los ídolos de Israel son de oro, de plata, de bronce, de piedra, y de madera, una descripción modelo de los materiales usados en la construcción de falsos dioses (comp. Sal. 115:4; 135:15; Isa. 37:19). La Biblia consistentemente ridiculiza los ídolos de los hombres describiéndolos como la obra de sus manos, meros troncos y piedras que ni ven ni oyen ni caminan. Esto es un eco de cómo el salmista se burla de los ídolos de los paganos:

 

Tienen boca, mas no hablan;
tienen ojos, mas no ven;
orejas tienen, mas no oyen;
tienen narices, mas no huelen;
manos tienen, mas no palpan;
tienen pies, mas no andan;
no hablan con su garganta.
Luego viene el golpe de gracia:
Semejantes a ellos son los que los hacen;
y cualquiera que confía en ellos. (Sal. 115:5-8; comp. 135:16-18).
Schlossberg comenta: "Cuando una civilización se torna idólatra, su pueblo es cambiado profundamente por esa experiencia. En una especie de santificación a la inversa, el idólatra es transformado a la semejanza del objeto de su adoración. Israel 'fue tras la vanidad, y se hizo vano' (Jer. 2:5)". 29 Como tronaba el profeta Oseas, los idólatras de Israel "se volvieron tan detestables como aquéllo que amaban" (Oseas 9:10).

La descripción de la idolatría de Israel que hace Juan concuerda con la posición profética usual; pero su acusación es una referencia aún más directa a la condena de Babilonia que hace Daniel, especialmente en relación con su culto a dioses falsos usando los utensilios sagrados del Templo. Daniel le dijo al rey Belsasar: "Contra el Señor del cielo te has ensoberbecido, e hiciste traer delante de tí los vasos de su casa, y tú y tus grandes, tus mujeres y tus concubinas, bebiste vino en ellos; además de esto, diste alabanza a dioses de plata y oro, de bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben; y al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca honraste" (Dan. 5:23).

 

La implicación de Juan es clara: Israel se ha convertido en una Babilonia, cometiendo el sacrilegio de adorar dioses falsos con los tesoros del templo; como Babilonia, ha sido "pesada en balanza, y hallada falta"; como Babilonia, será conquistada y su reino será poseído por los paganos (comp. Dan. 5:25-31).

 

Finalmente, Juan resume los crímenes de Israel, todos derivados de su idolatría (comp. Rom. 1:18-32): Esto condujo a los asesinatos de Cristo y de los santos (Hech. 2:23, 36; 3:14-15; 4:26; 7:51-52, 58-60); sus hechicerías (Hech. 8:9, 11; 13:6-11; 19:13-15; comp. Apoc. 18:23; 21:8; 22:15); su fornicación, una palabra que Juan usa doce veces con referencia a la apostasía de Israel (2:14; 2:20; 2:21; 9:21; 14:8; 17:2 [dos veces]; 18:9; 19:2); y sus robos, un crimen a menudo asociado en la Biblia con la apostasía y la resultante opresión y persecución de los justos (comp. Isa. 61:8; Jer. 7:9-10; Eze. 22:29; Oseas 4:12; Mar. 11:17; Rom. 2:21; Sant. 5:1-6).

 

Durante los últimos días, hasta la llegada de los romanos, las trompetas habían sonado, advirtiendo a Israel que debía arrepentirse. Pero la alarma no fue acatada, y los judíos se endurecieron en su impenitencia. La retirada de Cestio se interpretó como que las profecías de Jesús sobre la destrucción de Jerusalén eran falsas: Los ejércitos del Eufrates habían venido y rodeado a Jerusalén (comp. Luc. 21:20), pero la amenazadora "desolación" no había ocurrido. En vez de eso, los romanos habían huído, arrastrando la cola entre las piernas. Más y más confiados en la bendición divina, los judíos se sumergieron temerariamente en mayores actos de rebelión, sin darse cuenta de que fuerzas aún mayores, desde el otro lado del Eufrates, estaban siendo aprestadas para la batalla. Esta vez no habría retirada. Judea se convertiría en desierto, los israelitas serían masacrados y esclavizados, y el templo sería arrasado hasta el suelo, sin que quedara piedra sobre piedra.

 

 


Notas:

1. Flavius Josephus, The Jewish War, ii.xiv.9-xix.9

2. La palabra hebrea en estos textos se traduce generalmente como enjaezado, armado, o en arreos marciales, pero la traducción literal es simplemente cinco de un rango (esto es, cinco pelotones de diez hombres en cada pelotón). Véase, de James B. Jordan, The Law of the Covenant: An Exposition of Exodus 21-23 (Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1984), pp. 264s.; idem, Judges: God´s War Against Humanism (Tyler, TX: Geneva Ministries, 1985), p. 17.

3. Flavius Josephus, The Jewish War, iv.ix,10.

4. Para una discusión extensa de la gramática de Juan, con atención particular al estilo hebreo, véase, de R. H. Charles, A Crítical and Exegetical Commentary on the Revelation of St. John, 2 vols. (Edinburgh: T. & T. Clark, 1920), Vol. 1, pp. cxvii-clix. El resumen de Charles en cuanto a la razón del estilo único de Juan es que "aunque escribe en griego, piensa en hebreo" (p. cxliii).

5. Gordon J. Wenham, The Book of Leviticus (Grand Rapids: William B. Eerdman´s Publishing Co., 1979), p. 96.

6. G. B. Caird, p. 122.

7. Véase, de David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth, TX: Dominion Press, 1985), pp. 29s.

8. Robert H. Mounce, The Book of Revelation (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1977), p. 201.

9. G. R. Beasley-Murray, The Book of Revelation (Grand Rapids: William B. Eerdman´s Publishing Co., [1974] 1981), pp. 165s.

10. Véase de Josephus, The Jewish War, ii.xviii.9-xix.7; comp. Massyngberde Ford, Revelation: Introduction, Translation, Commentary (Garden City, NY: Doubleday and Co., 1975), p. 154.

11. Los zelotes, que retenían el control de la ciudad desafiando a Roma y contra los deseos de los más prósperos y pacifistas de entre los judíos.

12. Josephus, The Jewish War, ii.xix.5-6.

13. Gaalya Cornfeld, cd., Josphus, The Jewish War (Grand Rapids: Zondervan Publishing House, 1982), p. 201.

14. Josephus, The Jewish War, vi.v.3.

15. Ibid.

16. Presumiblemente con la ayuda de los doscientos guardas de las puertas, que estaban de guardia en ese momento.

17. Josephus, vi.v.3.

18. Yoma 39b; comp Alfred Edersheim, The Life and Times of Jesus the Messiah, 2 vols. (McLean, VA: MacDonald Publishing Co., n.d.), Vol. 2,  pp. 610s; Ernest L. Martin, The Place of Christ´s Crucifixion (Pasadena: Foundation for Biblical Research, 1984, pp. 9-14.

19. Josephus, The Jewish War, vi.v.3.

20. Ibid.; comp. el resumen de estos eventos por el historiador romano Tácito: "Apareció en el cielo una visión de ejércitos en conflicto, con relucientes armaduras. Un súbito relámpago desde las nubes iluminó el templo. Las puertas del lugar santo se abrieron de repente, se oyó una voz sobrehumana declarar que los dioses lo estaban abandonando, y en el mismo instante sobrevino el precipitado tumulto de su partida" (Histories, v. 13).

21. Ibid.

22. Ibid., v.i.3.

23. Ibid., v.ix.4; comp. la discusión de estos y otros sucesos relacionados con los Últimos Días en la obra de Ernest L. Martin, The Original Bible Restored (Pasadena: Fountain for Biblical Research, 1984), pp. 154-160.

24. Herbert Schlossberg, Idols for Destruction: Christian Faith and Its Confrontation with American Society (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1983), p. 6.

25. Josephus, The Jewish War, iv.vi.3.

26. Ibid., v.x.5.

27. Ibid., v.xiii.6.

28. Ibid., v.xiii.7

29. Schlossberg, p. 295.


Parte Cuatro

10

 

EL TESTIGO FIEL

 

El testigo de la nueva creación (10:1-7)

1 Vi descender del cielo otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.
2 Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;
3 y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.
4 Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.
5 Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,
6 y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más,
7 sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.
1 El ángel fuerte no puede ser otro que Cristo Jesús mismo, el "ángel del Señor" que aparecía en el Antiguo Testamento. Esto se verá con bastante claridad si la descripción de este ángel se compara con la de Cristo en 1:14-16, y con la de Dios en su trono en Ezequiel 1:25-28. Sin embargo, hay indicaciones adicionales de la identidad divina de este ángel fuerte.

Primero, el ángel se ve envuelto en una nube - una expresión que debería evocar la nube de gloria. Y aunque la nube está llena de innumerables ángeles (Deut. 33:2; Sal. 68:17), sólo hay Uno del cual se puede decir que está envuelto en ella. Compárese con Salmos 104:1-3:

 

Jehová Dios mío, mucho te has engrandecido; te has vestido de gloria y de magnificencia. El que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una cortina, que establece sus aposentos entre las aguas, el que pone las nubes por su carroza, el que anda sobre las alas del viento...
Por supuesto, la referencia básica para esto es el hecho de que Dios estaba realmente "envuelto en la Nube" en el Tabernáculo (comp. Éx. 40:34-38; Lev. 16:2). Esto no podría decirse de ningún ángel creado. Estar envuelto en la Nube es estar envuelto en la corte entera del cielo; de hecho, son los ángeles los que forman la Nube. Cristo Jesús está vestido con la hueste de los cielos (comp. Gén. 28:12; Juan 1:51).

Segundo, el Ángel tenía el arco iris sobre su cabeza. Ya hemos visto el arco iris en 4:3, alrededor del trono de Dios; y Ezequiel dice de Aquél a quien vio sentado en el trono que "tenía resplandor alrededor. Como parece el arco iris que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor alrededor. Esta fue la visión de la semejanza de la gloria de Jehová" (Eze. 1:27-28).

 

Tercero, el rostro del Ángel era como el sol. Esto se ajusta a la descripción de Cristo en 1:16 y en Mateo 17:2, el relato de la transfiguración (comp. Eze. 1:4, 7, 27; Hech. 26:13; 2 Cor. 4:6). Él es "el sol de justicia" (Mal. 4:2), "la aurora de lo alto" (Luc. 1:78; comp. Sal. 84:11; 2 Ped. 1:16-19). En particular, las imágenes del sol y de la aurora - como ya hemos observado con las palabras día y luz - se usa a menudo para describir la gloria de Dios que resplandece en juicio (comp. Sal. 19:4-6; Eze. 43:2; Zac. 14:7; Mal. 4:1-3; Rom. 13:2); y la "llama de fuego" del juicio es mencionada por Pablo como la "presencia" y la "gloria" de Cristo (2 Tesa. 1:7-9). 1 Esto es especialmente apropiado aquí, pues Cristo ha venido a Juan a anunciar la aniquilación de Jerusalén.

 

Cuarto, sus piernas eran como columnas de fuego. Esto se refiere a algunas de las más complejas imágenes de toda la Biblia. Obviamente, la frase tiene el propósito de recordarnos "la columna de fuego y la columna de nube" - la Nube de Gloria del Éxodo (Éx. 14:24). Como hemos visto, es el Señor el que está "vestido" de la Nube (deut. 31:15),  y la Nube es también identificada como el Ángel del Señor (Éx. 32:34; 33:2; Núm. 20:16). Parece que el doble aspecto de la Nube (el humo y el fuego) representaban simbólicamente las piernas de Dios. Así, el Señor caminaba delante del pueblo en la Nube (Éx. 13:21-22; 14:19, 24; 23:20, 23); Él venía en la Nube y permanecía de pie delante de ellos (Éx. 33:9-10; Núm. 12:5; Hag. 2:5). En términos de estas imágenes, la Esposa describe las piernas del Esposo como "columnas" (Cant. 5:15). Debemos notar también que la doble naturaleza de la columna, que representa las piernas de Dios, fue incorporada en la arquitectura del templo (1 Reyes 7:15-22; 2 Crón. 3:15-17); así, "el arca del pacto debajo de la Gloria en el trono se llama en consecuencia el lugar de sus pies (Isa. 60:13)". 2 El significado de todo esto, y su relación con el pasaje en general, se hará evidente más abajo. Sin embargo, se ha dicho lo suficiente para demostrar, más allá de toda duda razonable, que este Ángel, con el arco iris sobre su cabeza, envuelto en una nube, y que baja del cielo, es (o representa) al Señor Jesucristo.

 

2-3 El ángel, sosteniendo un librito, 3 puso luego su pie derecho sobre el mar y su pie izquierdo sobre la tierra. H. B. Swete comenta: "La postura del ángel denota tanto su colosal tamaño como su misión para el mundo: 'el mar y la tierra' es una fórmula del Antiguo Testamento para la totalidad de los seres terrestres (Éx. 20:4, 11; Sal. 69:34)". 4 Podríamos modificar este punto con la observación de que, en la Biblia, y especialmente en Apocalipsis, "el mar y la tierra" parece representar a las naciones gentiles contrastadas con la tierra de Israel (2 Sam. 22:4-5; Sal. 65:7-8; Isa. 5:30; 17:12-13; 57:20; Jer. 6:23; Luc. 21:25; Apoc. 13:1, 11). De esta manera, este cuadro sí tiene una importancia cósmica, mundial; pero su significado, como veremos más adelante, está enlazado con el hecho de que Cristo está de pie sobre Israel y las naciones (comp. v. 5-7).

 

Y clamó a gran voz, como cuando ruge un león 5 ; por supuesto, a estas alturas estamos familiarizados con la gran voz que viene de la Nube; como dice Kline, la voz "es característica y llamativamente fuerte. Se la compara con el crescendo del océano y la tormenta, el rugido retumbante del terremoto. Es el ruido de la guerra, trompetas que suenan dando señales, el fragor de la batalla. Es el trueno del carruaje-tormenta del Señor-guerrero, que viene en juicios que convulsionan la creación y confunden a los reyes de las naciones". 6 En respuesta adoradora a Su voz, los siete truenos emitieron sus voces. El séptimo trueno mismo está identificado con la Voz de Salmo 29, donde se observan algunos de sus fenomenales efectos: Quebranta los cedros, hace temblar naciones enteras con terremotos, derrama llamas de fuego, abre las mismas entrañas de la tierra, hace parir a los animales, derriba los árboles, desnudando bosques enteros. Esto añade una dimensión a nuestra comprensión de la naturaleza de la Voz que sale de la Nube: Consiste de la antifonía celestial, en la cual el coro angélico responde a las declaraciones del Señor Soberano.

 

4 Por supuesto, todo el mundo quiere saber: ¿Qué dijeron los siete truenos? Los eruditos han gastado una sombrosa cantidad de tinta tratando de solucionar este problema. Pero, al menos en esta vida, nunca podremos conocer la respuesta. Juan estaba a punto de escribir lo que los truenos habían hablado, cuando oyó una voz del cielo que decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas. El mensaje estaba destinado sólo para los oídos de Juan. No era para la iglesia en general. Pero lo que importa aquí es que Dios quería que Juan registrara el hecho de que Juan no debía revelar lo que fuera que los truenos habían dicho. Dios quería que la iglesia supiera que hay algunas cosas (muchas cosas, en realidad) que Dios no tiene intenciones de decirnos de antemano.

 

Esto sirve bien como reproche para la tendencia de la mayoría de los sermones y comentarios sobre este libro - la de indagar, con curiosidad, en las cosas que a Dios no le ha parecido bien revelar. "Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas la palabras de esta ley" (Deut. 29:29). En otras palabras: "Al hombre se le ha dado la ley, que debe obedecer. Se le ha dicho cuáles son las consecuencias de la obediencia y la desobediencia. Más de eso, el hombre no necesita saber". 7 R. J. Rushdoony escribe: "El hombre es impulsado más a menudo por la curiosidad que por la obediencia... Por cada pregunta que un pastor recibe sobre los detalles de la ley de Dios, normalmente recibe varias que expresan poco más que curiosidad acerca de Dios, la vida venidera, y otras cosas que son aspectos de 'las cosas secretas que pertenecen a Dios'... En contraposición a la curiosidad y al indagar en las 'cosas secretas', se nos manda claramente obedecer la ley de Dios y reconocer que la ley nos da un conocimiento del futuro que es legítimo". 8

 

En el capítulo final del libro, se le manda a Juan: "No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca" (22:10); el mensaje del libro de Apocalipsis en general es contemporáneo en su naturaleza, pues se refiere a sucesos que estaban a punto de tener lugar. Sin embargo, en contraste, el mensaje de los siete truenos nos señala hacia el futuro distante: A Daniel se le dijo: "Cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin" (Dan. 12:4), porque el tiempo se su cumplimiento no había llegado. De manera similar, cuando a Juan se le indica que selle las palabras pronunciadas por los truenos, esto es otra indicación de que el propósito del Apocalipsis no es "futurista"; la profecía se refiere al tiempo del establecimiento del Nuevo Pacto, y apunta más allá de sí mismo a un "tiempo del fin" que todavía estaba muy distante para Juan y sus lectores. Así, se nos enseñan dos cosas: Primera, el libro de Apocalipsis es profecía contemporánea, que concierne casi enteramente a los sucesos redentores-escatológicos del siglo primero; segunda, los sucesos del siglo primero no excluían la escatología. Contrario a las teorías de los intérpretes que se consideran "preteristas consistentes", la caída de Jerusalén no constituía la Segunda Venida de Cristo, el fin del mundo, y la resurrección final. Hay más que decir acerca de esto. 9

 

5-7 Juan ahora nos muestra el propósito de Cristo al revelarse de esta manera: El ángel levantó su mano derecha al cielo (la posición correcta para un testigo en un tribunal: Gén. 14:22; Éx. 6:8; Deut. 32:40; Eze. 20:5-6; Dan. 12:7) e hizo un juramento. Algunos comentaristas han considerado este hecho como base para sostener que este Ángel no es Cristo, aparentemente considerando el juramento un poco por debajo de su dignidad o fuera de lugar. En respuesta, uno cuestiona la solidez de los puntos de vista de estos comentaristas en relación con las doctrinas de la Trinidad y la deidad de Cristo. Pues, ciertamente, el Señor Dios hace juramentos a través de la Sagradas Escrituras (comp. Gén. 22:16; Isa. 45:23; Jer. 49:13; Amós 6:8), y, de hecho, nuestra salvación se basa en la fidelidad de Dios a su juramento de pacto, base de la seguridad y la esperanza del cristiano (Heb. 6:13-20).

 

Debemos observar cuidadosamente que Cristo se presenta aquí en calidad de testigo, como Juan ya nos ha informado en dos ocasiones (1:5; 3:14). Este es el punto en el cual convergen los varios detalles de la visión. Hemos observado algo del significado de las piernas que parecen columnas de fuego (v. 1), y esto debe ser desarrollado adicionalmente. Porque, en primer lugar, las columnas se usan en el simbolismo bíblico y ritual como testigos (comp. Gén. 31:45, 52; Deut. 27:1-8; Josué 8:30-35; 22:26-28, 34; 24:26-27). De manera similar, las dos tablas de piedra que contienen los Diez Mandamientos servían como testigos (Deut. 31:26, documentos legales de testimonio para las estipulaciones del pacto. Así, a la ley se la llama el testimonio (Éx. 16:34; 25:16, 21-22; 32:15; 34:29; Lev. 16:13; 24:3; Núm. 1:50, 53; 4:5; Josué 4:16; 2 Reyes 11:12). 10 Cuando Dios estaba de pie en la doble columna de nube y de fuego delante de Israel en "la tienda del testimonio" (Núm. 9:15; 10:11), se estaba identificando como el Testigo del Pacto (comp. 1 Sam. 12:5; Jer. 29:23; 2:5; Miq. 1:2; Mal. 2:14).

 

El Ángel-Testigo jura que ya no habría más demora 11, sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar su trompeta, se consumaría el misterio de Dios. La palabra misterio no significa algo "misterioso" en nuestro sentido moderno, sino más bien "algo que antes estaba oculto pero que ahora ha sido revelado". 12 Es revelación: conocimiento que Dios había retenido pero que ahora "ha revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu" (Efe. 3:5), un misterio "que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos" (Col. 1:26). Este "misterio" es un aspecto principal de las cartas a los Efesios y a los Colosenses: la unión de los judíos creyentes y los gentiles en una iglesia, sin distinción; "que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio" (Efe. 3:6). Los gentiles, que habían sido extranjeros y estado alejados de la ciudadanía de Israel y de los pactos de la promesa, ahora, por medio de la obra de Cristo, son hijos plenos de Abraham, herederos del pacto, en una posición igual e indistinguible con los judíos creyentes (Efe. 2:11-22; Gál. 3). Forman "un nuevo hombre", una Iglesia,  un Cuerpo de Cristo, en el único y Nuevo Pacto. Y este reino del pacto, el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento, tendrá un dominio universal: Todas las naciones ahora acudirán al Monte del Señor, al convertirse los reinos del mundo en el único Reino de Cristo (11:15). El misterio de Dios, la universalización del Reino de Dios, ha de consumarse - como Él predicaba el evangelio 13 a sus siervos los profetas. El misterio es simplemente la revelación del mensaje del evangelio.

 

Es por esto por lo que el Ángel está de pie como testigo sobre el mar y sobre la tierra (comp. v. 2), un hecho que se repite para mayor énfasis en el versículo 5. El Ángel hace el juramento con sus pies-columnas plantados sobre Israel y las naciones, proclamando el Nuevo Pacto que unirá a los dos en una nueva nación en Cristo. Además, jura en el nombre del Creador: por el que vive por los siglos de los siglos, que creó los cielos y las cosas que hay en ellos, y la tierra, y las cosas que hay en ella, y el mar, y las cosas que hay en él (comp. Éx. 20:11; Sal. 146:6; Neh. 9:6). El Ángel jura de este modo porque es el divino testigo de la nueva creación. Los detalles del pasaje nos recuerdan otros dos eventos de la "Nueva Creación": el pacto con Noé (el arco iris) y el pacto en Sinaí (la columna de fuego). Ambos nos recuerdan cómo "en el principio el Espíritu se puso como un arco iris sobre la creación como el divino testigo del pacto de la creación, como señal de que la creación existió bajo la égida de su señorío de pacto. Aquí está el trasfondo para el uso posterior del arco iris como señal del pacto de Dios con la tierra". 14 "Durante la ratificación del antiguo pacto en Sinaí, esta teofanía en forma de nube-columna representaba a Dios de pie como testigo de su pacto con Israel. Nuevamente, en la ratificación del nuevo pacto, en Pentecostés, fue Dios el Espíritu, quien apareció en fenómenos que han de ser vistos como una versión neotestamentaria del fuego de gloria, que proporcionó el divino testimonio de confirmación". 15

 

Así, pues, hemos visto varias ideas bíblicas que se juntan en este punto para formar un patrón consistente: pacto, juramento, creación, testimonio, y testigo. El Espíritu, que originalmente apareció como columna de nube y de fuego, estuvo presente en la creación original, y luego posteriormente en los sucesos de la re-creación en la historia de la redención: el Diluvio, el Éxodo, la erección de tabernáculo y el templo, y el día de Pentecostés. La venida del Espíritu en Pentecostés fue proféticamente descrita por Joel en términos de la Nube de Gloria: "Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo" (Joel 2:30; y el apóstol Pedro, citando la afirmación de Joel, declaró que el suceso de Pentecostés fue el cumplimiento de la antigua profecía (Hechos 2:16-21). 16

 

Así, pues, los varios sucesos de la creación interpretan y son reinterpretados los unos por los otros. Que los pactos se hicieron en términos de la creación muestra que eran re-creaciones provisionales que apuntaban a la nueva creación final en Cristo (2 Cor. 5:17); Efe. 4:24). Y que los relatos de la creación usan lenguaje y escenario de pacto (columna-testigo, juramento, y testimonio) muestra que debe haber sido un pacto (es decir, si los pactos son re-creaciones, entonces la creación era un pacto). 17

 

Otro motivo que es común a la creación y al pacto es la forma sabática en la cual ambos son estructurados. 18 Como ya hemos observado, el libro entero de Apocalipsis está estructurado en términos de sietes, revelando su naturaleza como el registro de un proceso de confección de pacto; y aquí vemos el "misterio de Dios", que se declara consumado con la séptima trompeta. El sábado "es un día de acción divina que presenta el juicio divino con la penetración de la oscuridad por la luz de la gloria teofánica; es un día de la creación del cielo y de la tierra y la consumación de un templo de Dios hecho a semejanza de la Gloria; es un día de la revelación de la gloria soberana del Señor del pacto. Tomados juntos, los siete días son la plenitud del tiempo de la creación, la séptuple plenitud del día del Señor. En la re-creación redentora, el día del Señor, en que lo viejo pasa y todo es creado de nuevo, hay nuevamente la plenitud del tiempo, en la cual, como declara Pablo, todo el misterio de Dios llega finalmente a su realización" (véase Gál. 4:4; Efe. 1:9-10; comp. Mat. 13:11-17; Mar. 1:15; Col. 1:15-20; Apoc. 10:7). 19

 

Apocalipsis sirve así para introducirnos al primer gran clímax de la profecía: el anuncio de la destrucción de Jerusalén. Y, mediante el uso de imágenes bíblicas múltiples, declara que la caída de Jerusalén es un aspecto ineludible del grande y final suceso de la celebración del pacto. La trompeta del séptimo ángel será la señal irrefutable de que la prometida nueva creación, el nuevo pacto, es un hecho consumado. El gran misterio de Dios - la consumación y plenitud de su templo nuevo y final - habrá sido revelado al mundo (11:15-19).

 

El librito amargo (10:8-11)
8 La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Vé y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.
9 Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.
10 Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.
11 Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.
8-10 Las instrucciones de tomar y comer el libro sostenido por el ángel están basadas en un incidente similar en la vida de Ezequiel, a quien se le ordenó comer un rollo que simbolizaba la denuncia profética de la "casa rebelde" de Israel (2:8-10; 3:1-3). Esta referencia nos permite identificar el libro que se le dio a Juan como su comisión, basados en el Nuevo Pacto, para profetizar "lamentos, luto, y ayes" contra el Israel apóstata. El libro es así esencialmente el mismo Libro de Apocalipsis. Como con Ezequiel, el Proceso de Pacto le fue a Juan dulce como la miel (comp. Eze. 3:3), pero fue amargo en su estómago (comp. Eze. 3:14). Esto no debería ser difícil de entender. Juan fue llamado a profetizar sobre la victoria de la iglesia y del reino de Dios. Un necesario corolario del triunfo de los justos es la destrucción de los malvados. El modelo se mantiene a través de las Escrituras en la historia de la salvación: Los mismos juicios que nos liberan también destruyen a los enemigos de Dios. "La salvación y el juicio son dos aspectos del mismo suceso". 20 El antiguo Israel se había vuelto del verdadero Dios al culto a los ídolos y demonios; se había convertido en ramera y en perseguidor de los santos, y tenía que ser destruído. Y, aunque Juan podía regocijarse por la victoria de la iglesia sobre sus enemigos, todavía era una dolorosa experiencia ver la una vez santa ciudad convertida en escombros, el templo derribado y convertido en cenizas, y a centenares de miles de sus familiares y coterráneos muertos de hambre y torturados, asesinados, o vendidos como esclavos. Todos los profetas experimentaron esta misma angustia emocional - que por lo general no involucraba una rebelión contra su llamado (Jonás es una notable excepción), sino más bien un profundo reconocimiento de la naturaleza de dos filos de la profecía, del hecho de que el mismo "Día del Señor" traería tanto bendición inmensurable como indescriptible dolor (comp. Amós 5:18-20). Sin embargo, debe observarse que un vasto abismo separa a los profetas de muchos de sus intérpretes en nuestros propios días. Porque, aunque los teólogos modernos finjan una actitud llorosa por los sufrimientos de la "humanidad" en general, o en abstracto, los profetas no sufrían tales impulsos humanitarios. 21 Los profetas se dolían por los desobedientes hijos del pacto. La amargura que Juan experimentó no es por la suerte del Imperio Romano. Se duele por Israel, considerado como el pueblo del Pacto. Están a punto de ser desheredados y ejecutados, para no ser restaurados nunca más como la nación del pacto. 22 El divorcio del antiguo Israel es necesario en el plan de redención de Dios, y Juan, al mismo tiempo que le da la bienvenida, lo proclama con gozo vigoroso. Y, sin embargo, hay una tristeza legítima por las ovejas perdidas de la casa de Israel.

11 En el antecedente antiguo-testamentario del Libro de Apocalipsis, el Ángel del Señor es identificado como el Profeta original (comp. Éx. 23:20-23: Deut. 18:15-19).
23 Como tal, levantó y comisionó a otros profetas a su imagen, reproduciéndose en ellos (Éx. 3:2ss.; 33:14; 34:5ss; 29-35; 2 Reyes 1:3, 15; 1 Crón. 21:18). Por esta razón, a los profetas a menudo se los llama ángeles (mensajeros), expresando su re-creación a imagen del divino Ángel-Profeta (2 Crón. 36:15-16; Hag. 1:13; Mal. 3:1). 24 El mismo patrón continúa aquí: el Ángel-Profeta, que proclama su mensaje mientras está de pie sobre la tierra habitada, comisiona a Juan para que profetice nuevamente acerca de muchos pueblos y naciones y lenguas y reyes. La profecía de Juan en relación con la destrucción de Israel y el establecimiento del Nuevo Pacto abarcará a las naciones del mundo. Cristo ha anunciado el evangelio, el mensaje del dominio universal del reino, a "sus siervos los profetas" (v. 7), y ahora su siervo Juan ha de extender la proclamación de ese evangelio a todas las naciones. Cristo ha redimido a los hombres de toda nación (7:9). El mismo y poderoso Imperio Romano es en fin de cuentas un instrumento de la voluntad de Dios (17:16-17), para ser eventualmente aplastado y rechazado cuando su utilidad haya cesado (19:17-21; comp. Dan. 2:44). "Los reinos del mundo no sino el andamiaje del templo espiritual de Dios, para ser derribados cuando sus propósito se haya cumplido". 25

 

 


Notas:

1. Comp. Meredith G. Kline, Images of the Spirit (Grand Rapids: Baker Book House, 1980), pp. 108, 121.

2. Ibid., p. 19; comp. 1 Crón. 28:2; Sal. 99:5; 132:7. En el templo mayor, cósmico ("los cielos y la tierra"), la tierra es llamada el estrado de Dios (Isa. 66:1), y así, se dice que la tierra tiene columnas (1 Sam. 2:8; Job. 38:4-6; Sal. 75:3; 104:5; Isa. 51:13, 16; 54:11), y las basas para sostener las columnas (Job 38:6; la misma palabra se usa para las basas de las columnas en el tabernáculo, en Núm. 3:36-37; 4:31-32).

3. El significado del librito se discutirá más abajo, en relación con el v. 8-11.

4. Henry Barclay Swete, Commentary on Revelation (Grand Rapids: Kregel Publications, 3er. cd., [1911] 1977), p. 127.

5 Aquí hay otra identificación del Ángel con Cristo: Él es el León que "ha vencido para abrir el libro" (Apoc. 5:5).

6. Kline, p. 101.

7. Rousas John Rushdoony, Salvation and Godly Rule (Vallecito, CA: Ross House Books, 1983), p. 388.

8. Ibid.

9. Véase, por ejemplo, de Max R. King, The Spirit of Prophecy (n. p., 1971). Aunque la obra de King tiene mucho valor para el estudiante perspicaz, su tesis final, de que no hay ninguna futura Venida de Cristo ni ningún Juicio Final, constituye una herejía. Por todas partes, el cristianismo histórico y ortodoxo, a una voz, siempre ha enseñado que Cristo "vendrá otra vez, en gloria, para juzgar tanto a los vivos como a los muertos" (Credo de Nicea). Este es un artículo no negociable de la fe cristiana. Comp., de David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth, TX: Dominion Press, 1985), pp. 138-48).

10. Meredith G. Kline, The Structure of Biblical Authority (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1975), pp. 113-30. La ley requería dos testigos (Deut. 17:6; 19:15), y, como hemos observado en la Introducción, las dos tablas era copias duplicadas del pacto.

11. "El sentido aquí no es una abolición del tiempo y su reemplazo por la eternidad, sino 'que el tiempo no sería más' según la palabras del ángel hasta la consumación del divino propósito". James Barr, Biblical Words for Time (Naperville, IL: Alec R. Allenson Inc., rev. ed. 1969), p. 80.

12. F. F. Bruce, Commentary on the Epistle to the Colossians (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1957), p. 218.

13. "Predicado el evangelio", más bien que "declarado"  o "predicado", es la traducción literal del texto griego.

14. Kline, Images of the Spirit, pp. 19s.

15. Meredith G. Kline, Kingdom Prologue, Volume I (privately published syllabus), 1981), p. 28. Kline también señala (pp. 5s.) que las palabras juramento y pacto se usan también indistintamente (comp. Deut. 29:12; Eze. 16:8).

16. Ninguna otra construcción puede atribuírsele legítimamente a las palabras del apóstol. La venida del Espíritu era el cumplimiento de Joel 2:28-32. "Los Últimos Días" habían llegado. Véase de Chilton, Paradise Restored, pp. 115-122.

17. Véase de Kline, Kingdom Prologue, Vol. I, pp. 33s.

18. Ibid., p. 33.

19. Kline, Images of the Spirit, pp. 114s.

20. Véase de R. J. Rushdoony, Salvation and Godly Rule, pp. 19ss., 140s.

21. Para un análisis incisivo del humanitarismo, véase, de Herbert Schlossberg, Idols for Destruction: Christian Faith and Its Confrontation with American Society (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1983), pp. 39-87.

22. Que Israel algún día se arrepentirá y se volverá a Cristo es, para mí, indiscutible (Rom. 11; comp. Chilton, Paradised Restored, pp. 125-31). Ese no es un punto en discusión aquí. Sin embargo, queda vigente el punto de que, para ser restaurados al pacto, los judíos deben entrar a la iglesia de Jesucristo, junto con todos los demás. Israel jamás tendrá una identidad de pacto aparte de la Iglesia. Para más discusiones en profundidad del lugar de Israel en la profecía, véase (en niveles ascendentes de complejidad) de Iain Murray, The Puritan Hope: Revival and the Interpretation of Prophecy (Edinburgh: The Banner of Truth Trust, 1971); John Murray, The Epistle to the Remans, 2 vols. (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., [1959, 1965] 1868, Vol. 2, pp. 65-108; William A. VanGemeren, "Israel as the Hermeneutical Crux in the Interpretation of Prophecy" (I), Westminster Theological Journal 45 (1983), pp. 132-44; ídem, "Israel as the Hermeneutical Crux in the Interpretation of Prophecy" (II), Westminster Theological Journal 46 (1984), pp. 254-297.

23. Véase la discusión de Kline sobre esto en Images of the Spirit, pp. 75-81, 91-95.

24. Ibid., pp. 57ss.

25. Thomas V. Moore, A Commentary on Haggi and Malachi (London: The Banner of Truth Trust, [1856] 1968), p. 80.

Parte Cuatro

11

 

EL FIN DEL PRINCIPIO

 

Los dos testigos contra Jerusalén (11:1-14)

1 Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él.
2 Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses.
3 Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.
4 Estos dos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra.
5 Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera.
6 Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran.
7 Cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará.
8 Y sus cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado.
9 Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados.
10 Y los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros; porque estos dos profetas habían atormentado a los moradores de la tierra.
11 Pero después de tres días y medio entró en ellos el espíritu de vida enviado por Dios, y se levantaron sobre sus pies, y cayó gran temor sobre los que los vieron.
12 Y oyeron una gran voz del cielo, que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nube; y sus enemigos los vieron.
13 En aquella hora hubo un gran terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y por el terremoto murieron en número de siete mil hombres; y los demás se aterrorizaron, y dieron gloria al Dios del cielo.
14 El segundo ay pasó; he aquí, el tercer ay viene pronto.
1-2 A Juan se le ordena medir el templo de Dios (literalmente, el santuario interior del templo, el lugar santo), y el altar, y los que adoran en él. Las imágenes están tomadas de Ezequiel 40-43, donde el angélico sacerdote mide el templo ideal, el pueblo de Dios del Nuevo Pacto, la Iglesia (comp. Mar. 14:58; Juan 2:19; 1 Cor. 3:16; Efe. 2:19-22; 1 Tim. 3:15; Heb. 3:6; 1 Ped. 2:5; Apoc. 3:12). R. J. McKelvey explica cómo la idea del templo es interpretada en la Carta a los Hebreos: "Según el escritor de Hebreos, el santuario en el cielo es el modelo (tipo), es decir, el original (comp. Éx. 25:8s.), y el de la tierra, usado por los judíos, es 'figura y sombra' (Heb. 8:5). Por lo tanto, el santuario celestial es el verdadero santuario (Heb. 9:24). Pertenece al pueblo del nuevo pacto (Heb. 6:19-20). Además, el hecho de que Cristo nuestro Sumo Sacerdote esté en este santuario significa que nosotros, aunque todavía estamos en la tierra, ya participamos de su culto (10:19ss., 12:22ss.). ¿Qué es este templo? El escritor nos da una pista cuando dice que el santuario celestial fue purificado (9:23), es decir, preparado para ser usado (comp. Núm. 7:1). La asamblea de los primogénitos (Heb. 12:23), es decir, la iglesia triunfante, es el templo celestial". 1

Que esto es lo que Juan quiere decir también debería estar claro por lo que ya hemos visto, pues mucha de la acción de este libro ha tenido lugar o se ha originado en el santuario interior. Además, los que adoran en el altar del incienso en el Lugar Santo son sacerdotes (Éx. 28:43; 29:44): Juan nos ha dicho que somos un reino de sacerdotes (1:6; 5:10; comp. Mat. 27:51; Heb. 10:19-20), y nos ha mostrado al pueblo de Dios ofreciendo sus oraciones en el altar del incienso (5:8; 6:9-10; 8:3-4).

 

Juan tiene que medir el atrio interior, la Iglesia, pero debe dejar fuera el patio que está fuera del templo, y se le ordena específicamente: No lo midas. El medir es una acción simbólica que se usa en la Escritura para "separar lo santo de lo profano" e indicar así la protección divina contra la destrucción (véase Eze. 22:26; 40-43; Zac. 2:1-5; comp. Jer. 10:16; 51:19; Apoc. 21:15-16). "A través de las Escrituras, los sacerdotes son los que miden las dimensiones del templo de Dios, no siendo el hombre con la vara de medir de Ezequiel 40ss. sino el ejemplo más prominente. Tal medición, como el testificar, involucra ver, y es la pre-condición para juzgar, como lo hemos visto en las acciones de Dios en relación con el pacto en Génesis 1. El aspecto sacerdotal de medir y testificar puede verse en que se correlaciona con guardar, pues crea y establece límites, y da testimonio de si esos límites han sido observados o no. Podríamos decir que la función real tiene que ver con llenar, y la sacerdotal con separar, la primera con la cultura, y la última con los celos, la propiedad, y la protección". 2

 

Entre el sexto y el séptimo sellos, los 144.000 santos del verdadero Israel fueron protegidos del juicio venidero (7:1-8). Esa acción encuentra paralelo aquí en la medición que Juan lleva a cabo del atrio interior entre la sexta y la séptima trompetas, que ahora protegen al templo verdadero del derramamiento de la ira de Dios. En consecuencia, el patio exterior (el "atrio de los gentiles") representa al Israel apóstata (comp. Isa. 1:12), que debe ser cortado del número del fiel pueblo del pacto, la morada de Dios. A Juan, como sacerdote autorizado del Nuevo Pacto, se le ordena echar fuera (excomulgar) a los incrédulos. Este verbo (ekballo) se usa generalmente en los Evangelios con el significado de echar fuera los espíritus malos (comp. Mar. 1:34, 39; 3:15; 6:13); también se usa en relación con la acción de Jesús de expulsar a los cambistas del templo (Mat. 21:12; Mar. 11:15; Juan 2:15). Jesús advirtió que el Israel incrédulo en general sería expulsado de la Iglesia, mientras los gentiles incrédulos entrarían en tropel en el reino y recibirían las bendiciones prometidas a la Simiente de Abraham:

 

Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán a entrar, y no podrán. Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. Entonces comenzaréis a decir: Delante de tí hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos  vosotros, hacedores de maldad. Allí será el lloro y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob, y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa del reino de Dios. (Lucas 13:24-29; comp. Mat. 8:11-12).
El Israel incrédulo ha sido excluido de la medición de protección, pues ésta le ha sido dada a las naciones; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses (véase Luc. 21:24). Dios garantiza su protección para la Iglesia, pero Jerusalén ha sido entregada a la destrucción. La expresión cuarenta y dos meses (que equivalen a 1.260 días y tres años y medio) ha sido tomada de Daniel 7:25, donde simboliza un período limitado durante el cual triunfan los impíos; también habla de un período de ira y de juicio debido a la apostasía, un recordatorio de los tres años y medio de sequía entre la primera aparición de Elías y la derrota ded Baal en el monte Carmelo (1 Reyes 17-18; comp. Sant. 5:17). Mientras el número siete se usa para representar totalidad y sentido de lo completo, la expresión tres y medio parece ser un siete roto: tristeza, muerte, y destrucción (comp. Dan. 9:24; 12:7; Apoc. 12:6, 14; 13:5). Los períodos de tiempo mencionados en la sección de las trompetas están dispuestos quiásmicamente, otra indicación de su naturaleza simbólica:
A. 11:2 - cuarenta y dos meses
B. 11:3 - mil doscientos sesenta días
C. 11:9 - tres días y medio
C. 11:11 - tres días y medio
B. 12:6 - mil doscientos sesenta días
A. 13:5 - cuarenta y dos meses
Esta clase de imágenes se usa a través de la Biblia. 3 En su evangelio, Mateo deliberadamente hace todo lo posible por llamar nuestra atención al número cuarenta y dos, disponiendo su lista de los antepasados de Jesús para que sumen este número: "De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce" (Mat. 1:17) 4 dando la suma cuarenta y dos, el número de la espera entre la promesa y el cumplimiento, desde la esclavitud hasta la redención. Pero ahora, en Apocalipsis, el tiempo se ha acortado: La Iglesia ya no necesita esperar cuarenta y dos generaciones, sino sólo cuarenta y dos meses. Por lo tanto, el mensaje de estos versículos es que la Iglesia será salva a través de la venidera tribulación, durante la cual Jerusalén ha de ser destruida por una invasión de gentiles. El fin de este período significará el pleno establecimiento del reino. Así, el pasaje es paralelo con el Sermón del Monte (Mat. 24, Mar. 13, Lucas 21), en el cual Jesús profetiza la destrucción de Jerusalén, que culmina con la invasión por Roma en el año 70 d. C. 5

3-4 Pero antes de que Jerusalén sea destruida, Juan oye un testimonio adicional de su culpa, un resumen de la historia de las apostasías de la ciudad, enfocando su atención sobre su perenne persecución de los profetas. Dios le dice a Juan que Él ha ordenado que dos testigos profeticen por mil doscientos sesenta días, el número de días que hay en cuarenta y dos meses idealizados (de treinta días cada uno). Este número, por lo tanto, está relacionado con, pero no es idéntico a, los cuarenta y dos meses, y continúa expresando la esencial cualidad de cuarenta y dos del período que precede al pleno establecimiento del reino.
6 Los testigos están vestidos de cilicio, el vestido tradicional de los profetas desde Elías hasta Juan el Bautista, y que simboliza su lamento por la apostasía nacional (2 Reyes 1:8; Isa. 20:2; Jonás 3:6; Zac. 13:4; Mat. 3:4; Mar. 1:6). La ley bíblica requería dos testigos (Núm. 35:30; Deut. 17:6; 19:15; Mat. 18:16; comp. Éx. 7:15-25; 8-11; Luc. 10:1); la idea es un tema penetrante a través de la profecía y el simbolismo bíblicos. Por lo tanto, una conclusión preliminar acerca de los dos testigos es que ellos representan la línea de los profetas, que culminó con Juan el Bautista, que testificó contra Jerusalén durante la historia de Israel.

 

Los dos testigos son identificados como los dos olivos y los dos candeleros que están delante del Señor de la tierra. En este punto, las imágenes se vuelven mucho más complejas. Juan regresa nuevamente a la profecía de Zacarías acerca del candelero (Zac. 4:1-5; comp. Apoc. 1:4, 13, 20; 4:5). Las siete lámparas del candelabro están conectadas con los dos olivos (comp. Sal. 52:8; Jer. 11:16), de los cuales fluye una incesante corriente de aceite, que simboliza la obra por medio de la cual el Espíritu Santo llena y da poder a los dirigentes de su pueblo del pacto. El significado del símbolo se resume en Zacarías 4:6: "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos". El mismo pasaje en Zacarías también habla de dos testigos, dos hijos de aceite ("los dos ungidos"), que guían al pueblo de Dios: Josué el sacerdote y Zorobabel el rey (Zac. 3-4; comp. Esdras 3, 5-6; Hag. 1-2). Resumiendo, pues, Zacarías nos habla de un complejo árbol/candelero que representa a los oficiales del pacto: dos figuras-testigos que pertenecen a la casa y al sacerdocio reales. El libro de Apocalipsis conecta a todos ellos libremente, hablando de dos brillantes candeleros que son dos olivos llenos de aceite, que son también dos testigos, un rey y un sacerdote - todos representando el testimonio profético, inspirado por el Espíritu, del reino de sacerdotes (Éx. 19:6). (Como hemos visto, un aspecto principal del mensaje de Juan es que la Iglesia del Nuevo Pacto hereda plenamente las promesas como el verdadero reino de sacerdotes, el real sacerdocio en el cual "todos los miembros del pueblo de Dios son profetas"). Que estos testigos son miembros del Antiguo Pacto, más bien que del Nuevo, queda demostrado, entre otras indicaciones, por el hecho de que llevan puesta ropa de silicio - característica de las privaciones del Antiguo Pacto, más bien que de la plenitud del Nuevo.