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BOOKS:  BIBLICAL STUDIES (1500BC-AD70) / EARLY CHRISTIAN PRETERISM (AD50-1000) / FREE ONLINE BOOKS (AD1000-2008)



Church-State Relations and the Book of Revelation
An Introduction to The Parousia: A Careful Look at the New Testament Doctrine of the Lord's Second Coming
by James Stuart Russell (1878) // Written by
Todd Dennis, Curator
 


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Tomado de Freebooks


God Warned the Children of Israel Through Moses

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Apocalyptic | Apocryphal | Archeology | Lectures | Biographies | Dead Sea Scrolls | First Century History | Foreign | Jewish Sources | Josephus

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 1-1000

070: Clement: First Epistle of Clement

075: Baruch: Apocalypse Of Baruch

075: Barnabus: Epistle of Barnabus

090: Esdras 2 / 4 Ezra

100: Odes of Solomon

150: Justin: Dialogue with Trypho

150: Melito: Homily of the Pascha

175: Irenaeus: Against Heresies

175: Clement of Alexandria: Stromata

198: Tertullian: Answer to the Jews

230: Origen: The Principles | Commentary on Matthew | Commentary on John | Against Celsus

248: Cyprian: Against the Jews

260: Victorinus: Commentary on the Apocalypse "Alcasar, a Spanish Jesuit, taking a hint from Victorinus, seems to have been the first (AD 1614) to have suggested that the Apocalyptic prophecies did not extend further than to the overthrow of Paganism by Constantine."

310: Peter of Alexandria

310: Eusebius: Divine Manifestation of our Lord

312: Eusebius: Proof of the Gospel

319: Athanasius: On the Incarnation

320: Eusebius: History of the Martyrs

325: Eusebius: Ecclesiastical History

345: Aphrahat: Demonstrations

367: Athanasius: The Festal Letters

370: Hegesippus: The Ruin of Jerusalem

386: Chrysostom: Matthew and Mark

387: Chrysostom: Against the Jews

408: Jerome: Commentary on Daniel

417: Augustine: On Pelagius

426: Augustine: The City of God

428: Augustine: Harmony

420: Cassian: Conferences

600: Veronica Legend

800: Aquinas: Eternity of the World

 


1000-2006

FUTURIST
HISTORICAL
MODERN

1265: Aquinas: Catena Aurea

1543: Luther: On the Jews

1555: Calvin: Harmony on Evangelists

1556: Jewel: Scripture

1586: Douay-Rheims Bible

1598: Jerusalem's Misery ; The dolefull destruction of faire Ierusalem by Tytus, the Sonne of Vaspasian

1603: Nero : A New Tragedy

1613: Carey: The Fair Queen of Jewry

1614: Alcasar: Vestigatio arcani sensus in Apocalypsi

1654: Ussher: The Annals of the World

1658: Lightfoot: Commentary from Hebraica

1677: Crowne - The Destruction of Jerusalem

1764: Lardner: Fulfilment of our Saviour's Predictions

1776: Edwards: History of Redemption

1785: Churton: Prophecies Respecting the Destruction of Jerusalem

1801: Porteus: Our Lord's Prophecies

1802: Nisbett: The Coming of the Messiah

1805: Jortin: Remarks on Ecclesiastical History

1810: Clarke: Commentary On the Whole Bible

1816: Wilkins: Destruction of Jerusalem Related to Prophecies

1824: Galt: The Bachelor's Wife

1840: Smith: The Destruction of Jerusalem

1841: Currier: The Second Coming of Christ

1842: Bastow : A (Preterist) Bible Dictionary

1842: Stuart: Interpretation of Prophecy

1843: Lee: Dissertations on Eusebius

1845: Stuart: Commentary on Apocalypse

1849: Lee: Inquiry into Prophecy

1851: Lee: Visions of Daniel and St. John

1853: Newcombe: Observations on our Lord's Conduct as Divine Instructor

1854: Chamberlain: Restoration of Israel

1854: Fairbairn: The Typology of Scripture

1859: "Lee of Boston": Eschatology

1861: Maurice: Lectures on the Apocalypse

1863: Thomas Lewin : The Siege of Jerusalem

1865: Desprez: Daniel (Renounced Full Preterism)

1870: Fall of Jerusalem and the Roman Conquest

1871: Dale: Jewish Temple and Christian Church (PDF)

1879: Warren: The Parousia

1882: Farrar: The Early Days of Christianity

1883: Milton S. Terry: Biblical Hermeneutics

1888: Henty: For The Temple

1891: Farrar: Scenes in the days of Nero

1896: Lee : A Scholar of a Past Generation

1902: Church: Story of the Last Days of Jerusalem

1917: Morris: Christ's Second Coming Fulfilled

1985: Lee: Jerusalem; Rome; Revelation (PDF)

1987: Chilton: The Days of Vengeance

2001: Fowler: Jesus - The Better Everything

2006: M. Gwyn Morgan - AD69 - The Year of Four Emperors

Print and Use For Personal Bookmark or Placement in Bookstores

 

 

 


 El Paraiso de Restaurado

Título de la obra en inglés:
Paradise Restored
Traducción de Román Quirós M.

By David Chilton

Author of: The Days of Vengeance: An Exposition of the Book of Revelation


Presentación
 

"Sería fácil demostrar que, a la velocidad de nuestro progreso, el reino de este mundo no podría jamás llegar a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo. En realidad, muchos en la iglesia están abandonando la idea, excepto en ocasión del advenimiento de Cristo, lo cual, al concordar con nuestra propia ociosidad, probablemente se convertiría en una doctrina popular. Yo mismo creo que el rey Jesús reinará y que los ídolos serán completamente abolidos; pero espero que el mismo poder que una vez puso al mundo de cabeza todavía continúe haciéndolo. El Espíritu Santo jamás permitirá que la imputación de que no pudo convertir al mundo descanse sobre su santo nombre".  Charles Haddon Spurgeon.

 

 
David Chilton es el autor de varias obras pioneras sobre profecía bíblica, incluyendo Days of Vengeance, un enorme y muy aclamado comentario sobre el libro de Apocalipsis. Otros títulos incluyen: The Great Tribulation; Productive Christians in an Age of Guilt-Manipulators, y Power in the Blood: A Christian Response to AIDS. David Chilton murió en 1997, a la edad de 45 años.
 
 
TABLA DE CONTENIDO

Prefacio

Parte Uno: UNA ESCATOLOGÍA DE SEÑORÍO

1. La esperanza.

Parte Dos: EL PARAÍSO: EL MOLDE PARA LA PROFECÍA

2. Cómo leer la profecía.
3. El tema del paraíso.
4. El santo monte.
5. El huerto del Señor.
6. El huerto y el desierto rugiente.
7. La nube de fuego.

PARTE TRES: EL EVANGELIO DEL REINO

8. La venida del reino.
9. El rechazo de Israel.
10. La gran tribulación.
11. La venida en las nubes.
12. El surgimiento del anticristo.
13. Los últimos días.
14. La restauración de Israel.
15. El día del Señor.
16. La consumación del reino.

PARTE CUATRO: ESTUDIOS EN APOCALIPSIS

17. Interpretación del Apocalipsis.
18. El tiempo ha llegado.
19. Un breve resumen de Apocalipsis.
20. La bestia y el falso profeta (Apocalipsis 13).
21. La gran ramera (Apocalipsis 17-19).
22. El reino de sacerdotes (Apocalipsis 20).
23. La nueva creación (Apocalipsis 21-22).

PARTE CINCO: A LOS CONFINES DE LA TIERRA

24. Cumplimiento de la gran comisión.

APÉNDICE A - La escatología de señorío: Un resumen.

APÉNDICE B - Josefo sobre la caída de Jerusalén.

BIBLIOGRAFÍA SELECTA

De vuelta arriba
 
PREFACIO

 
Este libro se escribió como introducción general tanto a una escatología bíblica como a una manera de leer la Biblia; lo primero, creo yo, nace naturalmente de lo último. También sirve como prólogo para mi obra de mayor volumen (en progreso), un comentario sobre el libro de Apocalipsis.
 

Por esta razón, este libro no afirma responder todas y cada una de las preguntas concebibles sobre profecía. Los que deseen investigar más acerca de la perspectiva presentada aquí deberán consultar la bibliografía.

 

Además de mi comentario, varias otras obras sobre escatología están en varias etapas de preparación, más notablemente por el Rev. James B. Jordan (Mateo 24) y el Rev. Ray Sutton (Daniel).

 

Muchos lectores (espero) encontrarán fascinante el material sobre el huerto de Edén, como me ocurrió a mí cuando escuché por primera vez las conferencias de Jim Jordan sobre el tema en 1977. A los lectores les encantará saber que su libro Trees and Thorns [Árboles y espinas], una revisión abarcante de los patrones edénicos, está cerca de salir a la luz pública. Recomiendo mucho esta obra. Otro erudito cuyos estudios han influido en los míos es el Dr. Meredith Kline; su libro Images of the Spirit es una obra maestra de teología bíblica. (Por supuesto, me apresuro a añadir que él no debe ser hecho responsable de ninguna de mis conclusiones).


Las citas bíblicas han sido tomadas generalmente de la New American Standard Version, incluyendo sus notas marginales; en ocasiones, he alterado ligeramente las citas en favor de una presentación más literal.

Me siento muy agradecido a un buen nímero de buenos amigos que me dieron sus consejos y su ayuda durante la preparación de este libro. El primero entre ellos es my editor, el Dr. Gary North, que originalmente me pidió que lo escribiera, y cuyas sugerencias fueron consistentemente fructíferas y presentaban un reto. El manuscrito fue leído por los pastores de la Westminster Presbyterian Church (Tyler, Texas): El Rev. Lewis Bulkeley, el Rev. Robert Dwelle, el Rev. James B. Jordan, y el Rev. Ray Sutton; la profunda penetración teológica de todos ellos ha influido casi todas las páginas del libro.

 

 
Otros que leyeron el manuscrito y aportaron valiosos comentarios son el Rev. Mark House, pastor de la First Presbyterian Church (Manhattan Beach, California); Spencer Roundtree, un anciano oficial de la Church of the Redeemer (Placerville, California); James Whitacre, también miembro de Westminster Presbyterian Church; y el Rev. George Grant, pastor del Believers´ Fellowship (Humble, Texas). Además de sus valiosas críticas (que ofreció con abandono temerario y pródigo), George diseñó la cubierta del libro; el trabajo de arte fue hecho por Randy Rogers, también de Believers´ Fellowship. También me place agradecer a Oakton Reformed Fellowship (Oakton, Virginia) por su ayuda en la publicación de este libro.

En maneras demasiado numerosas para ser mencionadas, estoy en deuda con la paciente y dedicada obra de dos eficientes secretarias del Institute for Christian Economics: Mrs. Maureen Peters y Mrs. Brenda West. En todas las etapas de la producción, su ayuda fue inestimable, y la aprecio profundamente.  Finalmente, agradezco a mi esposa, Darlene, que me ayudó de gracia durante todo el proyecto. Porque su amor es un continuo símbolo del Paraíso Restaurado, este libro está dedicado a ella.

 

PARTE 1

 

UNA ESCATOLOGÍA DE SEÑORÍO
 

 
<>  Aquí te sentarás encarnado, aquí reinarás tanto Dios y hombre, Hijo tanto de Dios como del hombre, Rey universal ungido; a tí te doy todo el poder; reina por siempre, y asume tus méritos; debajo de tí, como Cabeza Suprema, reduzco tronos, principados, potestades, dominios: Toda rodilla se doblará, de los que están en el cielo o en la tierra, o debajo de la tierra, en el infierno.

 
John Milton, Paradise Lost [3.315-22]
 

 
Cuando el sol sale, la oscuridad ya no prevalece; cualquier porción de ella que haya quedado desaparece. Así también, ahora que la divina epifanía de la palabra de Dios ha tenido lugar, la oscuridad de los ídolos ya no prevalece, y todas las partes del mundo en todas direcciones son iluminadas por sus enseñanzas.
 

 
Atanasio, On the Incarnation [55]
 

Capítulo 1

 
LA ESPERANZA
 

 
Este es un libro sobre la esperanza. Durante demasiado tiempo, los cristianos se han caracterizado por la desesperación, la derrota, y la retirada. Los cristianos han prestado oídos a la falsa doctrina que enseña que estamos condenados al fracaso, que los cristianos no pueden vencer; a la idea de que, hasta que Cristo regrese, los cristianos perderán terreno constantemente ante el enemigo. Se nos dice que el futuro de la iglesia serán un constante deslizarse hacia la apostasía. Algunos de nuestros líderes nos han informado con tristeza que estamos viviendo en la "era laodicense" de la iglesia (una referencia a la "tibia" iglesia de Laodicea, de la cual se habla en Apoc. 3:14-22). Cualquier estallido bélico, cualquier aumento en las estadísticas del crimen, cualquier nueva evidencia de la descomposición de la familia, extrañamente era considerada a menudo como un avance, un paso hacia la esperada meta del eclipse total de la civilzación, una señal de que Jesús podría venir a rescatarnos en cualquier momento. Los proyectos de acciones sociales eran mirados con escepticismo: a menudo se suponía que cualquiera que en verdad tratase de mejorar el mundo en realidad no amaba la Biblia, pues la Biblia enseña que tales esfuerzos están destinados a ser inútiles; como dijo un famoso predicador: "Uno no le da brillo al metal de un barco que se hunde". Ese estribillo estaba basado en dos suposiciones: Primera, que el mundo no es otra cosa que un "barco que se hunde"; segunda, que cualquier programa organizado de reconstrucción cristiana no sería más que "pulir el metal". El evangelismo era una invitación a ingresar a las filas del lado perdedor.
 
 
 
Esto nacía de dos problemas. Uno era una falsa visión de Espiritualidad. La idea antibíblica de la "espiritualidad" es que el hombre verdaderamente "espiritual" es una especie de ser "no físico", que no se involucra en cosas "terrenales", que no trabaja ni piensa mucho, y que pasa la mayor parte de su tiempo meditando en cuánto le gustaría estar en el cielo. Sin embargo, mientras esté en la tierra, tiene un deber principal en la vida: Ser pisado por amor a Jesús. Según él lo ve, el hombre "espiritual" es un cobardón. Un perdedor. Pero, por lo menos, es un buen perdedor.
 

 
La enseñanza de la Biblia es muy diferente. Cuando la Biblia usa la palabra Espiritual, generalmente está hablando del Espíritu Santo (por eso yo uso la S mayúscula). Ser Espiritual es ser guiado y motivado por el Espíritu Santo. Significa obedecer sus mandamientos como están registrados en las Escrituras. El hombre Espiritual no es alguien que flota en el aire y escucha voces extrañas. El hombre Espiritual es el que hace lo que dice la Biblia (Rom. 8:4-8). En consecuencia, esto significa que se supone que nos involucremos en la vida. Dios quiere que apliquemos modelos cristianos en todas partes, en todas las áreas. La Espiritualidad no significa recogerse y retirarse de la vida; significa autoridad. La confesión básica de fe cristiana es que Jesús es Señor (Rom. 10:9-10) - Señor de todas las cosas, en el cielo y en la tierra. Como Señor, ha de ser glorificado en todas las áreas (Rom. 11:36). En términos de Espiritualidad cristiana, en términos de los requisitos de Dios para la acción cristiana en cada área de la vida, no hay ninguna razón para la retirada.
 
 
 
El segundo obstáculo para la acción cristiana ha sido una escatología de la derrota. Nuestra escatología es nuestra "doctrina de las últimas cosas", nuestra expectativa del futuro. Y no hay dudas de las recientes expectativas de muchos cristianos: hemos esperado el fracaso. Como observamos más arriba, el mundo era considerado un barco que se hundía.
 

 
Por supuesto, ningún cristiano cree en la derrota final. Todos los cristianos saben que Dios saldrá victorioso sobre el diablo al fin de la historia. Como joven cristiano, recuerdo que mis maestros de Biblia me informaban que se habían "asomado al último capítulo (de la Biblia), ¡y los cristianos ganan!". Pero eso es justamente lo que yo quiero decir: Según ciertas clases populares de escatología, la victoria tiene lugar sólo en el "último capítulo". En el tiempo, en la historia, en la tierra, los cristianos pierden. El mundo se vuelve peor y peor. ¡Viene el anticristo! Hay algo terriblemente torcido acerca de eso.
 

 
Lo que estoy diciendo es esto: La escatología de la derrota es errónea. No es más bíblica que su hermana, la falsa idea de la Espiritualidad. En lugar de un mensaje de derrota, la Biblia nos da esperanza, tanto para este mundo como para el venidero. La Biblia nos da una escatología de señorío, una escatología de victoria. Esto no es alguna clase de optimismo del tipo "todo saldrá bien de algún modo". Es una certeza sólida, confiada, basada en la Biblia, de que antes de la Segunda Venida de Cristo, el evangelio será victorioso en el mundo entero.
 

 
A muchos, esto les parecerá increíble. Se opone al espíritu entero de la era modena; por años, se les ha enseñado a los cristianos a esperar la derrota. Ciertamente, es una buena idea cuidarse de las "nuevas" doctrinas. Todo debe ser comprobado por medio de las Escrituras. Sin embargo, una cosa que se debe tener en cuenta es que la idea de señorío no es nueva. En realidad, hasta no hace mucho, la  mayoría de los cristianos se adhería a una escatología de señorío. A lo largo de la historia de la iglesia, la mayoría de los cristianos ha considerado la escatología de la derrota como una doctrina de chiflados.
 

 
La esperanza de conquistar el mundo para el cristianismo ha sido la fe tradicional de la iglesia por las edades. Este hecho puede demostrarse fácilmente una y otra vez. Podemos verlo en las palabras de Atanasio, el gran padre de la iglesia del siglo cuarto, cuyo libro clásico On the Incarnation of the Word of God revela su fuerte escatología de señorío. Resumió así su tesis:
 

 
Desde que el Salvador vino a morar en nuestro medio, la idolatría no sólo no ha aumentado, sino que está disminuyendo y gradualmente está dejando de existir. De manera similar, la sabiduría de los griegos no sólo ha dejado de hacer ningún progreso, sino que la había está desapareciendo. Y los demonios, lejos de continuar imponiéndose sobre el pueblo por medio de engaños, oráculos y hechicerías, son derrotados por la señal de la cruz si siquiera lo intentan. Por otra parte, ¡mientras la idolatría y todo lo demás que se opone a la fe de Cristo disminuye, se debilita, y cae todos los días, la enseñanza del Salvador aumenta por doquier! Adorad, pues, al Salvador "que es sobre todas las cosas" y poderoso, Dios el Verbo, y condenad a los que están siendo derrotados y hechos desaparecer por Él. Cuando el sol sale, la oscuridad ya no prevalece; cualquier porción de ella que haya quedado es disipada. Así también, ahora que la divina epifanía de la Palabra de Dios ha tenido lugar, la oscuridad de los ídolos ya no prevalece más, y todas las partes del mundo en todas las direcciones son iluminadas por sus enseñanzas.
 

 
No debe usted suponer que Atanasio era un mero optimista que pensaba positivamente, que reposaba en un ambiente tranquilo y pacífico. Por el contrario: vivió durante una de las más severas persecuciones que el mundo conoció jamás, el supremo intento del emperador Diocleciano de extirpar la fe cristiana. Más tarde, Atanasio tuvo que permanecer casi solo durante 40 años en su defensa de la doctrina de la Trinidad contra la rampante herejía, habiendo sido exiliado por el gobierno en cinco ocasiones y algunas veces con peligro de perder la vida. En realidad, su historia dio lugar a un proverbio: Atharzasius contra mundum (Atanasio contra el mundo). Sin embargo, jamás perdió de vista el hecho básico de la historia mundial, que el Verbo se había hecho carne, derrotando al diablo, redimiendo a la humanidad, e inundando el mundo con la Luz que la oscuridad no podía vencer.
 

 
La escatología de señorío de la iglesia configuró radicalmente la historia de la civilización occidental. Por ejemplo, pensemos en las grandes catedrales de Europa, y comparémoslas con los edificios de las iglesias  de la actualidad. Aquellas antiguas catedrales, magníficas obras de arte construidas durante décadas y algunas veces durante generaciones, fueron construidas para que durasen siglos, y lo hicieron. Pero las modernas iglesias evangélicas se construyen para que duren a lo sumo una generación. Nosotros no esperamos estar aquí el tiempo suficiente para usarlas mucho, y ciertamente no esperamos que nuestros biznietos tengan culto para Dios en ellas. Ni siquiera esperamos tener biznietos. Se puede decir sin peligro que la idea de tener descendientes que vivan quinientos años a partir de ahora jamás ha entrado en las mentes de la mayoría de los evangélicos hoy día. Sin embargo, para muchos cristianos de generaciones anteriores, la idea de que futuras generaciones se beneficiasen de sus esfuerzos no era extraña en modo alguno. Construían para largo tiempo.
 

 
Examinemos un campo muy diferente: la exploración. Ni un solo historiador en un centenar sabe qué motivó a Cristóbal Colón para buscar una ruta por occidente hacia las Indias. ¿El comercio? Sí, esa era parte de la razón. Sin embargo, más que esto, eran profecías sin cumplirse. Antes de comenzar sus expediciones, Colón llenó sus diarios de citas de Isaías y otros escritores bíblicos, en las cuales detallaba las numerosas profecías que la Gran Comisión para hacer discípulos a todas las naciones del mundo darían cumplimiento (véase, por ejemplo, Isa. 2:2-5; 9:2-7. 11:1-10; 32:15-17; 40:4-11; 42:1-12; 49:1-26;  56:3-8; 60:1-22; 61:1-11; 62:1-12; 65:1-25; 66:1-24). Calculó que, si las Indias habían de ser convertidas, una ruta marítima sería una manera más efectiva de llevarles el evangelio; y atribuyó sus descubrimientos, no al uso de las matemáticas o los mapas, sino más bien al Espíritu Santo, que estaba haciendo que ocurriera lo que Isaías había predicho. Tenemos que recordar que América había sido descubierta numerosas veces, por otras culturas; pero la colonización y el desarrollo tuvieron lugar con éxito sólo en la era de las exploraciones iniciadas por Colón. ¿Por qué? Porque estos exploradores eran portadores del evangelio, y su meta era conquistar el mundo para el reino de Dios. Llegaron con la esperanza de que el Nuevo Mundo sería cristianizado. Estaban seguros de la victoria, y supusieron que cualesquiera obstáculos que encontrasen habían sido puestos allí con el expreso propósito de ser superados. Sabían que los cristianos están destinados para el señorío.
 

 
Los ejemplos podrían multiplicarse en todos los campos. Todo el surgimiento de la civilización occidental - la ciencia y la tecnología, la medicina, las artes, el constitucionalismo, el sistema de jurados, la libre empresa, el alfabetismo, la mayor productividad, un creciente estándar de vida, la alta posición de la mujer en la sociedad - es atribuible a un factor de gran importancia: Occidente ha sido transformado por el cristianismo. Es verdad que la transformación todavía no es completa. Quedan muchas batallas por delante. Pero lo que queremos decir es que, hasta en lo que es todavía mayormente una civilización cristiana primitiva, Dios ha hecho llover bendiciones sobre nosotros.
 

 
Muchos cristianos no se dan cuenta, pero la esperanza es la base de muchos de los grandes y antiguos himnos de la fe, escritos antes de la era moderna de desesperación y pesimismo evangélicos. Piense en eso la próxima vez que cante "Castillo Fuerte es Nuestro Dios", de Martín Lutero; "Jesus shall reign wher'er the sun cloth his successive journeys run", de Isaac Watts; "Stand up, stand up for Jesus", de George Duffield. ¿Cree usted realmente que Jesús está ahora llevándonos "de victoria en victoria" ... hasta que todo enemigo sea derrotado y Cristo sea Señor?" Eso es lo que la iglesia ha creído históricamente. Eso es lo que cantaba en sus himnos. Esto se puede ver más claramente en los tradicionales villancicos de Navidad que, como las reflexiones de Atanasio sobre la encarnación, son esperanzas desprejuiciadas del triunfo de Cristo sobre el mundo por medio del evangelio. Villancicos como "Come, thou long-expected Jesus", "O Come, O come, Emmanuel", "Hark! the herald angels sing", "God rest you merry, gentlemen", y muchos otros, fueron escritos desde la misma perspectiva básica que este libro. La convicción de que - como resultado de su primer adventimiento - Cristo ahora reina desde el cielo y está conquistando la tierra subyace el mensaje de "Joy to the world".
 

 
No más pecado ni tristeza ni espinas. Él viene para que sus bendiciones fluyan por encima de las maldiciones.
 

 
Al mundo él gobernará con gracia y con poder, y a toda nación  demostrará las glorias de su justicia y las maravillas de su amor.
 

 
Lo mismo ocurre con aquel gran villancico orientado a la victoria: "It came upon the midnight clear":
 

 
Los días se acercan rápidamente, como los profetas lo anunciaron ... de lo cual cantan  los ángeles.
 

Los salmos: Nuestro himnario de señorío

 
Hay una conexión muy importante entre la visión mundial de la iglesia y los himnosde la iglesia. Si su corazón y su mente están llenos de cantos de victoria, tendrá a tener una escatología de señorío; si, en lugar de eso, sus cantos son temeroros y expresan un anhelo por escapar - o si son cancioncillas débiles e infantiles - su visión mundial y sus expectativas serán escapistas e infantiles.
 

 
Históricamente, el himnario básico de la iglesia ha sido el libro de los Salmos. El libro más grande de la Biblia es el de los Salmos, y Dios, providencialmente, lo colocó justo en la mitad de la Biblia, ¡de modo que no pudiésemos pasarlo por alto! Sin embargo, ¿cuántas iglesias usan los salmos en cultos con música? Vale la pena notar que el abandono de la escatología por parte de la iglesia coincidió con el abandono de los salmos por parte de la iglesia.
 

 
Los salmos están inescapablemente orientados hacia el reino. Están llenos de conquista, victoria, y el señorío de los santos. Constantemente, nos recuerdan la guerra entre Dios y Satanás; incesantemente, nos llaman a entablar combate contra las fuerzas del mal, y nos prometen que heredaremos la tierra. Cuando la iglesia cantaba los salmos - no sólo pedacitos de ellos, sino de manera abarcante, a través de todo el Salterio - la iglesia era fuerte, saludable, agresiva, y no podía ser detenida. Por eso el diablo ha tratado de impedir que cantemos los salmos, de robarnos nuestra herencia. Si hemos de recapturar la escatología de señorío, debemos reformar la iglesia; y un aspecto crucial de esa reforma debe ser regresar a cantar los salmos. Escuche los himnos históricos de la iglesia victoriosa:
 

 
Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti (Sal. 22:27).
 

 
Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. Pues de aquí a poco no existirá el malo; observarás su lugar, y no estará allí. Pero los mansos heredarán la tierra y se recrearán con abundancia de paz. (Sal. 37:9-11).
 

 
Venid, ved las obras de Jehová, que ha puesto asolamientos en la tierra. Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra. Que quiebra el arco, corta la lanza, y quema los carros en el fuego. Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra (Sal. 46:8-10).
 

 
Pueblos todos, batid las manos; aclamad a Dios con voz de júbilo. Porque Jehová el Altísimo es temible; rey grande sobre toda la tierra. Él someterá a los pueblos debajo de nosotros, y a las naciones debajo de nuestros pies (Sal. 47:1-3).
 

 
Toda la tierra te adorará, y cantará a tí; cantarán a tu nombre (Sal. 66:4).
 

 
Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo. Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones. Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán (Sal. 72:8-11).
 

 
Todas las naciones que hiciste vendrán y adorarán delante de ti, Señor, y glorificarán tu nombre (Sal. 86:9).
 

 
Te alabarán, oh Jehová, todos los reyes de la tierra, porque han oído los dichos de tu boca. Y cantarán de los caminos de Jehová, porque la gloria de Jehová es grande (Sal. 138:4-5).
 

 
Regocíjense los santos por su gloria, y canten aun sobre sus camas. Exalten a Dios con sus gargantas, y espadas de dos filos en sus manos, para ejecutar venganza entre las naciones, y castigo entre los pueblos; para aprisionar a sus reyes con grillos; y a sus nobles con cadenas de hierro para ejecutar el ellos el juicio decretado; gloria será esto para todos sus santos. Aleluya (Sal. 149:5-9).
 

 
¿Cuál es la diferencia?

 
El problema escatológico se centra en un punto fundamental: ¿Tendrá éxito el evangelio en su misión o no? A pesar de sus numerosas diferencias individuales, las varias escuelas de pensamiento derrotistas están sólidamente entrelazadas alrededor de un punto principal: El evangelio de Jesucristo fracasará. El cristianismo no tendrá éxito en su tarea mundial. La gran comisión de Cristo de hacer discípulas a todas las naciones no se llevará a cabo. Satanás y las fuerzas del anticristo prevalecerán en la historia, derrotando a la iglesia y casi haciéndola desaparecer - hasta que Cristo venga en el último momento, como la caballería en las películas del oeste de segunda categoría, para rescatar el pequeño y harapiento grupito de sobrevivientes.
 

 
¿Hay alguna diferencia? ¿Afecta realmente su vida su punto de vista sobre la profecía? Creo que ya hemos visto buena parte de la respuesta a esta pregunta. El punto básico tiene que ver con su actitud hacia el futuro. Recuerdo un periódico del "Pueblo de Jesús" de principios de la década de 1970, que publicó una entrevista con el más popular "experto en profecías" de aquellos días. Basándose en el "hecho" de que Jesús iba a raptar a su iglesia "en cualquier momento", este hombre en verdad estaba aconsejando a sus seguidores que no se casaran y no levantaran una familia. Después de todo, no quedaba tiempo para esa clase de cosas. Venía el Rapto, así que cualquier obra en favor del señorío era inútil. (Si usted fuera el diablo, ¿podría inventar una excusa mejor, que sonara "más espiritual", para que los cristianos abandonasen el plan de Dios para la victoria?) La "ética del rapto" de aquellos años llevó a muchos a abandonar las escuelas, los empleos, las familias, y sus responsabilidades en general; grupos de miembros del Pueblo de Jesús vagaban sin rumbo por el país, sin un propósito claro más allá del siguiente concierto de rock cristiano. Pasaron años antes de que muchos de ellos despertasen y a veces se necesitaron años más para que reorganizaran sus vidas nuevamente.
 

 
El hecho es que usted no trabajará para la transformación de la sociedad si usted no cree que la soeidad puede ser transformada. No tratará de construir una civilización cristiana si no cree que una civilización cristiana es posible. Fue la absoluta confianza en la victoria de la fe cristiana lo que dio valor a los primeros misioneros, que si temor se aventuraron a los más lejanos confines de la Europa pagana como si estuvieran a la cabeza de un ejército, predicando el evangelio, echando fuera demonios, destruyendo ídolos, convirtiendo reinos enteros, poniendo a vastas multitudes de rodillas a los pies de Cristo. Sabían que vencerían. Podían entregar la vida en la lucha, seguros de que la historia estaba de su lado, de que los dominios de Satanás estaban siendo despedazados todos los días, y que su poder ilegítimo se debilitaba y resbalaba cada vez que avanzaban las fuerzas cristianas. No se sentían pesimistas en lo más mínimo acerca del poder del evangelio. Dios hizo honor a su fe en sus promesas, y les permitió echar los cimientos de un cristianismo que algún día abarcará el mundo entero.
 

 
Cuando el pueblo de Dios desobedece y cae en la incredulidad, la iglesia comienza a perder batallas con Satanás. ¿Indica esto que la esperanza es un error? En absoluto; porque la Biblia enseña que el crecimiento Espiritual de la sociedad no es más "automático" que el crecimiento Espiritual del cristiano individual. "Esta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe" (1 Juan 5:4). El cristiano no acepta el crecimiento como "automático" en ninguna esfera de la vida. Todo crecimiento y todo desarrollo son dones soberanos del Espíritu de Dios. Pero el cristiano no dice que puede "soltarse y soltar a Dios", dejar de comer y hacer ejercicio, y esperar crecer. No suponemos que podemos dejar de confiar en Dios, dejar de orar y obedecer, y todavía crecer en la gracia. Ni debemos decir que algún acto de desobediencia representa una "tendencia" en nuestra escatología personal, mostrando que estamos necesariamente "destinados" a caer en la vida cristiana. Y lo mismo ocurre con la santificación cultural. No creemos en ningún tipo de progreso "natural" de la civilización. Nuestra civilización surgirá o caerá en términos de la bendición de Dios; y la bendición de Dios es su respuesta personal y de pacto (no "automática") a nuestra obediencia de pacto (Deut. 28).
 

 
Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se devaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. No se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mat. 5:13-16).
 

 
Esto no es nada menos que un mandato para la completa transformación social del mundo entero. Y lo que Jesús condena es la ineficacia, no cambiar la sociedad la sociedad alrededor de nosotros. Se nos ordena vivir de tal manera que,algún día, todos los hombres glorifiquen a Dios - de tal manera que se conviertan a la fe cristiana. Lo que queremos decir es que, si la iglesia es obediente, los puesblos y las naciones del mundo serán discipulados al cristianismo. Todos sabemos que todo el mundo debería ser cristiano, que las leyes e instituciones de todas las naciones deberían seguir los planos de la Biblia. Pero la Biblia nos dice más que eso. La Biblia nos dice que estas órdenes configuran el futuro. Tenemos que cambiar el mundo y, lo que es más, cambiaremos el mundo.
 
Parte 2

 
EL PARAÍSO: EL MOLDE DE LA PROFECÍA
 

 
Al mediodía, y atravesando el Edén, bajaba un anchuroso río, que sin torcer su corriente, pasaba, sumergiéndose, por debajo del agreste monte, colocado allí por Dios y levantado sobre las raudas ondas como término del Paraíso. Incitada de dulce sed la esponjosa tierra, absorbía por sus venas las aguas hasta la cumbre de donde manaba una fuente cristalina que esparcía por todas partes multitud de arroyos; juntos los cuales, se precipitaban desde una altura, y acrecentando el río que salía de su tenebroso cauce, dividíalo en cuatro corrientes principales que con diverso rumbo recorrían vastas comarcas, celebérrimos imperios de que no es menester hacer mención. Preferible sería pintar, si el arte llegase a tanto, cómo los bullidores arroyos que nacían de aquella fuente de zafiro, saltando entre orientales perlas y arenas de oro, a la sombra de los árboles que sobre ellos se inclinaban, difundían el néctar de sus aguas y acariciaban todas aquellas plantas, y nutrían flores dignas del Paraíso; flores que un arte sutil no había dispuesto en regulares líneas ni en vistosos ramos; la espléndida naturaleza las prodigaba por colinas y valles y llanuras, unas abriéndose a los primeros rayos del sol, otras resguardadas en impenetrable sombra para mejor preservarse del resistero del mediodía.
 
John Milton, Paraíso Perdido [4.223-46].
 
       
 
Sabemos lo que sucede cuando algún gran rey entra a una gran ciudad y habita en  una de sus casas; debido a que habita en esa sola casa, la ciudad entera es honrada, y los enemigos y los ladrones dejan de molestarla. Así es con el Rey de todo; vino a nuestro país en un cuerpo en medio de muchos, y en consecuencia, los planes del enemigo contra la humanidad han sido desbaratados, y la corrupción de la muerte, que anteriormente les retenía bajo su poder, simplemente ha dejado de existir. Porque la raza humana habría perecido completamente si el Señor y Salvador de todos, el Hijo de Dios, no hubiese venido entre nosotros para poner fin a la muerte.
 
Atanasio, On the Incarnation [9]
 

 
Capítulo 2
 
CÓMO LEER LAS PROFECÍAS

 
Inicié mi viaje personal hacia la escatología de señorío una noche en la iglesia, hace como una docena de años. El pastor, un predicador famoso por su método expositor en su enseñanza bíblica, acababa de iniciar una serie de conferencias sobre profecía. Mientras él defendía elocuentemente su escatología de la derrota, me impresionó el hecho de que parecía completamente incapaz de desarrollar sus puntos de vista de la Biblia orgánicamente. Oh, citaba algunos textos - un versículo aquí, uno allá. Pero nunca pudo demostrar que su explicación del futuro encajaba en el patrón general de la Biblia. En otras palabras, era muy hábil superponiendo sus puntos de vista de la realidad sobre el texto bíblico, asegurándose de que sus versículos fueran barajados en el orden correcto. Pero no pudo mostrar cómo sus doctrinas fluían de la Escritura; su escatología no parecía ser una parte orgánica del relato que la Biblia cuenta.

 
De lo que comencé a darme cuenta esa noche fue que la manera de recuperar la escatología bíblica debía ser comprender el relato bíblico. En vez de tratar de hace encajar la Biblia en un molde dispuesto previamente, debemos tratar de descubrir los moldes que ya están allí. Debemos permitir que la estructura de la propia Biblia surja del texto mismo, que se superponga sobre nuestra propia interpretación. Debemos acostumbrarnos al vocabulario bíblico y a los modos de expresión bíblicos, buscando conformar nuestros propios pensamientos a los términos de las categorías bíblicas.
 

 
Esta perspectiva arroja inapreciable luz sobre el antiguo debate acerca de la interpretación "literal" versus la interpretación "simbólica". En alto grado, ese debate está fuera de lugar, porque el hecho es que todos los intérpretes son "literalistas" en algunos puntos y "simbólicos" en otros.
 

 
Por ejemplo, estoy examinando un reciente comentario sobre Apocalipsis, escrito por un bien conocido erudito evangélico. La tapa posterior proclama osadamente: ¡Ésta es posiblemente la exposición más literal del Apocalipsis que usted haya leído jamás! Sin embargo, mirado más de cerca, el comentario en realidad enseña una interpretación altamente simbólica de muchos puntos de la profecía. He aquí algunos de ellos:
 
  1. Las "vestiduras manchadas" de los cristianos de Sardis (Apoc. 3:4).
  1. La promesa de que los cristianos se convertirán en "columnas" del templo (3:12).
  1. La temperatura "tibia" de los laodicenses (3:15-16).
  1. El ofrecimiento de Jesús de vender "oro", "vestiduras blancas", y "colirio" (3:18).
  1. Jesús "tocando" a la "puerta" (3:20).
  1. El "león de la tribu de Judá" (5:5).
  1. El "Cordero" que tenía "siete ojos" (5:6).
  1. Los "olivos" y los "candeleros" (11:4).
  1. La "mujer vestida de sol" (12:1).
  1. El "gran dragón escarlata" (12:3).
  1. La "bestia" de siete cabezas (13.1).
  1. La "gran ramera que está sentada sobre muchas aguas" (17:1).
Pocos "literalistas" discreparían con la idea de que estas imágenes de Apocalipsis deben entenderse simbólicamente. Sin embargo, lo que tenemos que reconocer es que también se usan símbolos en todo el resto de la Escritura, al lado mismo de lenguaje muy literal. Esto ocurre porque la Biblia es literatura: literatura divinamente inspirada e infalible, pero todavía literatura. Esto significa que tenemos que leerla como literatura. Algunas partes tienen el propósito de ser entendidas literalmente y, en consecuencia, han sido escritas así  - como historia, o proposiciones teológicas, o lo que sea. Pero uno no esperaría leer los Salmos o los Cantares de Salomón con los mismos moldes literarios usados para el libro de Romanos. Sería como leer el soliloquio de Hamlet "literalmente": "Las hondas y las flechas de la fortuna agraviante ... tomar las armas contra un mar de dificultades ...".

 
Vea usted, no podemos entender lo que la Biblia realmente significa (literalmente) a menos que apreciamos la manera en que usa los estilos literarios. ¿Entenderíamos correctamente el Salmo 23 si lo tomáramos "literalmente"? Si lo hacemos, ¿no sonaría un poco tonto? En realidad, si se toma literalmente, no sería verdadero: porque me atrevo a decir que el Señor no hace que cada cristiano yazca en pastos verdes literales. Pero, por lo general, no cometemos esos toscos errores al leer la poesía bíblica. Sabemos que está escrita en un estilo que a menudo utiliza lenguaje simbólico. Pero tenemos que darnos cuenta de que lo mismo ocurre con los profetas: ellos también hablaban en poesía, en figuras y símbolos, utilizando la rica herencia de imágenes bíblicas que, como veremos, en realidad comenzaron en el paraíso original - el huerto de Edén.
 

 
Y, ciertamente, es allí donde comienza la profecía. Y vale la pena observar que la primera promesa del Redentor venidero se expresó en términos altamente simbólicos. Dios dijo a la serpiente:
 

Enemistad pondré entre tí y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar (Gén. 3:15).

 

 
En consecuencia, la verdadera pregunta con la que hay que comenzar no es algún debate artificial entre simbolismo y literalismo, sino un punto mucho más básico: ¿Debe nuestra interpretación ser bíblica o especulativa? En otras palabras, cuando trato de entender o explicar algo de la Biblia, ¿debo ir a la misma Biblia para encontrar las respuestas, o debo inventar algo "creativo" por mi propia cuenta? Plantear la pregunta de esta manera es mucho más exacto, y producirá resultados más fructíferos.
 

 
Permítaseme usar un ejemplo extremo para explicar lo que quiero decir. El libro de Apocalipsis describe a una mujer vestida de sol, de pie en la luna, y en labores de parto, mientras un dragón revolotea cerca para devorar al hijo. Probablemente, un intérprete radicalmente especulativo se volvería primero a las noticias sobre los experimentos genéticos más recientes para establecer si el tamaño y la composición química de la mujer podría alterarse lo suficiente como para vestirse de sol; también averiguaría si el monstruo de Loch Ness ha salido a la superficie recientemente. Por otra parte, un intérprete bíblico comenzaría por preguntarse: ¿De qué parte de la Biblia procede esta imagen? ¿Dónde habla la Biblia de una mujer en labores de parto, y cuál es su importancia en esos contextos? ¿Dónde habla la Biblia de un dragón? ¿Dónde habla la Biblia de alguien que trata de asesinar a un bebé? Si vamos a entender el mensaje de la Biblia, tenemos que adquirir el hábito de hacer preguntas como éstas.      
 

 
Por supuesto, cada enfoque tiene sus inconvenientes. Los principales inconvenientes del método bíblico es que, por lo general, requiere más trabajo, y se necesita estar más familiarizado con la Biblia. El principal inconveniente del método especulativo, con todo su sensacionalismo, es que simplemente no es bíblico.
 

 
El lenguaje de los profetas

 
Como mencioné más arriba, gran parte de la Biblia se escribió en símbolos. Una manera útil de entender esto, quizás, sería hablar de estos símbolos como una serie de moldes y asociaciones. Con esto quiero decir que el simbolismo bíblico no es un código. En vez de eso, es una manera de ver, una perspectiva. Por ejemplo, cuando Jesús habla de "agua de vida" (Juan 4:10), reconocemos correctamente que está usando el agua como símbolo. Entendemos que, cuando le habló a la mujer junto al pozo, no le estaba ofreciendo sólo "agua". Le estaba ofreciendo la vida eterna. Pero la llamó "agua". Inmediatamente, debemos preguntar: ¿Por qué hizo eso? Podría haber dicho simplemente "vida eterna". ¿Por qué habló en metáforas? ¿Por qué quería que ella pensara en agua?
 

 
Ahora bien, aquí es donde podemos cometer un grave error, y éste es el principal error de algunos intérpretes que tratan de utilizar un enfoque "simbólico". Es creer que el simbolismo bíblico es principalmente un rompecabezas que nosotros tenemos que resolver. Y de pronto tenemos que decidir: "¡Ajá! Agua es una palabra clave especial que significa vida eterna. Eso significa que, cada vez que la Biblia de agua simbólicamente, en realidad está hablando de la vida eterna; cada vez que alguien bebe algo, en realidad se está convirtiendo en cristiano". Simplemente, no funciona así (como usted lo verá si trata de aplicar esto en toda la Biblia). Además, ¿qué sentido tendría que la Biblia simplemente pusiera todo en clave? La Biblia no es un libro para espías ni sociedades secretas; es la revelación de Dios acerca de Sí mismo para su pueblo del pacto. La interpretación mística, como de resolver un acertijo, tiende a ser especulativa; no presta suficiente atención a la manera en que la Biblia misma habla.
 

 
Cuando Jesús le ofreció "agua" a la mujer, quería que ella pensara en las múltiples imágenes relacionadas con el agua en la Biblia. Por supuesto, en sentido general, sabeoms que el agua está asociada con el refrigerio espiritual y la sustentación de la vida que viene con la salvación. Pero las asociaciones bíblicas con el agua son mucho más complejas que eso. Esto es porque entender el simbolismo bíblico no significa descifrar una clave. Se parece mucho más a leer buena poesía.
 

 
El simbolismo de la Biblia no está estructurado en un estilo llano, de esto significa aquéllo. En su lugar, se ha de leer visualmente. Debemos ver las imágenes surgir delante de nosotros en sucesión, capa tras capa, permitiéndoles que evoquen una respuesta en nuestras mentes y nuestros corazones. Los profetas no escribieron para crear estimulantes ejercicios intelectuales. Escribieron para enseñar. Escribieron en símbolos visuales, dramáticos; y si queremos entender plenamente su mensaje, tenemos que apreciar su vocabulario. Tenemos que leer la Biblia visualmente. Los símbolos visuales mismos, y lo que la Biblia dice acerca de ellos, son aspectos importantes de lo que Dios quiere que aprendamos; de lo contrario, no habría hablado de esa manera.
 

 
Así que, cuando la Biblia nos cuenta una historia sobre agua, "en realidad" no nos está hablando de nada más; nos está hablando de agua. Pero, al mismo tiempo, se espera que veamos el agua y que pensemos en las asociaciones bíblicas con respecto al agua. El sistema de interpretación ofrecido aquí no es ni "literalista" ni "simbólico"; toma el "agua" en serio y literalmente, pero tambié toma en serio lo que la palabra de Dios asocia con el agua a través de toda la historia de la revelación bíblica.
 

 
¿Cuáles son algunas de las asociaciones bíblicas que se le podrían haber ocurrido a la mujer junto al pozo, y a los discípulos? He aquí algunas de ellas:
 
  1. La masa acuosa, fluida, que era la naturaleza original de la tierra en la creación, y de la cual Dios creó toda la vida (Gén. 1);
  2. El gran río de Edén que regaba toda la tierra (Gén. 2);
     
  3. La salvación de Noé y de su familia por medio de las aguas del diluvio, de las cuales la tierra fue re-creada (Gén. 6-9).
     
  4. Las revelaciones de Dios por gracia a Agar al lado de una fuente (Gén. 16) y de un pozo (Gén. 21);
     
  5. El pozo llamado Rehoboth, donde Dios dio señorío a Isaac (Gén. 26);
     
  6. El río del cual el bebé Moisés, el futuro liberador de Israel, fue sacado y se convirtió en príncipe (Éx. 2);
     
  7. El cruce redentor del Mar Rojo, donde Dios nuevamente salvó a su pueblo por medio de agua (Éx. 14);
     
  8. El agua que fluyó de la Roca golpeada en Sinaí, dando vida al pueblo (Éx. 17);
     
  9. Los muchos rociamientos rituales en el Antiguo Testamento, significando la remoción de la suciedad, la contaminación, la enfermedad y la muerte, y la imposición del Espíritu a los sacerdotes (por ejemplo, Lev. 14; Núm. 8);
     
  10. El cruce del río Jordán (Josué 3);
     
  11. El sonido del estruendo de aguas causado por la columna de nube (Eze. 1);
     
  12. El río de vida que fluía desde el templo y saneaba el Mar Muerto (Eze. 47).
     
Así que, cuando la Biblia habla de agua, se supone que tengamos en mente una vasta hueste de conceptos asociativos, una complejidad de imágenes bíblicas que afecta nuestros pensamientos sobre el agua. Para decirlo de manera diferente, se supone que el agua sea como un "murmullo", un término que evoca muchas asociaciones y connotaciones. Cuando leemos la palabra agua, debe recordarnos los actos salvadores y las revelaciones salvadoras de Dios por medio del agua a través de la Escritura. La Biblia usa muchos de estos "murmullos", y el número de ellos aumenta a medida que se avanza hasta que, para cuando llegamos al Apocalipsis (la cabeza de ángulo de la profecía), todos ellos vienen a la vez hacia nosotros a gran velocidad, en una ventarrón de referencias asociativas, algunas de las cuales son obvias, otras oscuras. Para el que conoce realmente su Biblia y ha observado los patrones literarios y las imágenes literarias, gran parte del libro aparecerá familiar; para el resto de nosotros, es confuso. En Apocalipsis, somos confrontados por todas las connotaciones bíblicas de numerosas imágenes: no sólo de agua, sino también de luz, fuego, nubes, ángeles, estrellas, lámparas, alimentos, rocas, espadas, tronos, arcoiris, vestiduras, truenos, voces, animales, alas, aves de rapiña, ojos, llaves, trompetas, plagas, montañas, vientos, mares, altares, sangre, langostas, árboles, cabezas, cuernos, y coronas.
 

 
Apocalipsis también nos presenta imágenes de una mujer, un dragón, un desierto, una marca en la frente, una hoz, perlas, un lagar, una copa de vino, una ramera, un río, Sodoma, Egipto, Babilonia, resurrección, una boda, una cena de bodas, el Esposo, y la ciudad/esposa en forma de una pirámide. Y luego está al uso de números simbólicos: dos, tres, cuatro, siete, diez, doce, y múltiplos de ellos - 24, 42, 144, 666, 1000, 1260, 7000, 12000 y 144000.
 

 
Por eso es necesario entender la Biblia y el uso que ella hace de símbolos y patrones si es que alguna vez vamos a entender el libro de Apocalipsis. Los siguientes capítulos sobre el tema del paraíso en la Escritura están diseñados para introducir al lector al uso que la Biblia hace de imágenes. Esencialmente, esto es un ejercicio en teología bíblica, el término técnico para designar el estudio de la revelación progresiva de Dios sobre la salvación. En principio, toda la historia de la redención se enseña en los primeros capítulos de la Biblia: el resto simplemente se construye sobre el fundamento echado allí. Por eso, como veremos más adelante, las revelaciones posteriores dependen en gran medida del tema del huerto de Edén.
 

 
Al entrar en este estudio de las imágenes bíblicas, revisemos las reglas básicas:
 
  1. Lea visualmente; trate de representarse lo que la Biblia está diciendo.
     
  2. Lea bíblicamente, no especule ni haga abstracciones, sino preste mucha atención a lo que la Biblia misma dice sobre sus propios símbolos.
     
  3. Lea el relato; trate de pensar en cómo contribuye cada elemento de la Biblia a su mensaje de salvación como un todo.
Capítulo 3
 

EL TEMA DEL PARAÍSO

 

 
Comenzaremos, pues, con la creación del mundo y con Dios su creador, porque el primer hecho que se debe captar es éste: la renovación de la creación ha sido elaborada por el mismo Verbo que creó la tierra en el principio. No hay, pues, ninguna inconsistencia entre la creación y la salvación, porque el Padre ha empleado el mismo Agente para ambas obras, efectuando la salvación del mundo por medio del mismo Verbo que lo creó al principio.
 

Atanasio, On the Incarnation [I]

 

 
La historia del Edén contiene tres ideas básicas, conceptos que nos confrontan repetidamente al estudiar la Biblia: la creación, la caída, y la redención en Cristo. Al desarrollar estas ideas a través de la historia de la salvación, vemos imágenes y acciones familiares que reaparecen y patrones que comienzan a tomar forma, hasta que el último libro de la Biblia finalmente responde a todas las preguntas que comienzan en el primer libro. La revelación de Dios acerca de sí mismo es un todo coherente, consistente; y llega hasta nosotros en formas literarias muy hermosas. Nuestra correcta interpretación del mensaje será incorrecta, a menos que intentemos entender y apreciar la forma en que ese mensaje es comunicado. Al comenzar nuestro estudio donde la Biblia misma comienza, podemos entender más pronto, no sólo el libro de Apocalipsis, sino la Biblia misma - por qué los escritores de la Biblia dijeron lo que dijeron de la manera en que lo dijeron. Y nuestras razones para hacerlo así es que, de este modo, podemos confiar más plenamente en las promesas de Dios, obedecer sus mandamientos, y heredar sus bendiciones.
 

 
La naturaleza de la salvación
 

 
Uno de los temas básicos de la Escritura es que la salvación restaura al hombre a su propósito original. En el principio, Dios creó al hombre a su propia imagen, para que el hombre tuviera señorío (Gén. 1:26-28). Esa tarea de señorío comenzó en el huerto de Edén, pero no se suponía que terminase allí, porque al hombre se le ordenó tener señorío sobre toda la tierra. Adán y Eva (y sus hijos) habrían de extender las bendiciones del paraíso al mundo entero. Pero, cuando el hombre se rebeló, perdió la capacidad de tener señorío divino, porque perdió la comunión con su Creador. Aunque el hombre caído es todavía la imagen de Dios (Gén. 9:6), ahora es una imagen desnuda (Gén. 3:7), porque ha perdido su cobertura original - la gloria de Dios (Rom. 3:23). La imagen de Dios permanece, hasta cierto punto, en todos los hombres, pero la imagen ha quedado torcida, defectuosa, desfigurada, y rota como resultado del pecado. Y la tierra, de la cual se había planeado que se convirtiera en el huerto-templo de Dios, en vez de eso se ha convertido en un desierto de espinas, abrojos, sudor, escasez, contaminación, y muerte (Gén. 3:17-19; Isa. 24:1-6; Rom. 5:12). El hombre fue expulsado del huerto, y se le prohibió volver a entrar.
 

 
Pero ese no es el fin de la historia. El mismo día en que Dios pronunció juicio sobre el hombre y la tierra, pronunció un juicio mayor sobre el tentador, declarando que el Redentor vendría algún día para aplastar la caebza de la serpiente (Gén. 3:15). En consecuencia, el apóstol Juan nos dice que "el Hijo de Dios apareció para este propósito, para destruir las obras del diablo" (1 Juan 3:8). Cristo vino como el segundo Adán, para deshacer el daño causado por medio del primer Adán (1 Cor. 15:22, 45; Rom. 5:15-19). Dios había soplado en Adán el aliento (en hebreo, el Espíritu) de vida, pero la rebelión de Adán trajo la muerte al mundo. En la salvación, Cristo sopla nuevamente en su pueblo el Espíritu de vida (Juan 20:22) - la vida eterna, que nos libera de la maldición del pecado y de la muerte (Rom. 8:2), lo cual resultará finalmente en la restauración de toda la creación (Rom. 8:19-21). En Cristo, somos realmente una nueva creación (2 Cor. 5:17), porque hemos sido re-creados a la imagen de Dios (Efe. 4:24; Col. 3:10), y revestidos nuevamente con la gloria de Dios (Rom. 8:29-30). Y, esta vez, la seguridad de la restaurada imagen de Dios está garantizada, porque nuestra posición es en el Cristo que nunca puede fracasar. En Él, tenemos la vida eterna.
 

 
Esto presenta otro patrón bíblico básico, un patrón triple que es asumido durante gran parte del material de este libro, y que veremos una y otra vez durante nuestros estudios. La Escritura presenta la salvación en términos de una estructura definitiva-progresiva-final, y por eso las profecías bíblicas a menudo parece que se superponen. La salvación se ejecutó definitivamente en la obra perfecta y consumada de Jesucristo; es aplicada progresivamente y cada vez más durante esta era; personal e institucionalmente; y se logrará finalmente, en su cumplimiento más completo, el final de la historia en el día final. Hemos sido  salvados (2 Tim. 1:9), estamos siendo salvados ahora (Fil. 2:12-13), y seremos salvados en el futuro (1 Ped. 1:9). Para decirlo de otra manera, hemos sido re-creados a imagen de Dios (Efe. 4:24), estamos siendo re-creados progresivamente a su imagen (2 Cor. 3:18), y esperamos el día en que seremos  re-creados perfectamente a su imagen (Fil. 3:20-21).
 

 
En consecuencia, la salvación restaura el hombre a su llamado y a su propósito originales, y garantiza que ese mandato original del hombre - ejercer señorío sobre toda la tierra bajo la autoridad de Dios - se cumplirá. Cornelius Van Til ha señalado que la "revelación redentora de Dios tenía que ser tan abarcante como lo había sido el pecado". En la naturaleza del caso, la redención debía ser para el mundo entero. Esto no quiere decir que debía salvar a cada pecador individual en el mundo. Sin embargo, sí significa que el universo creado, que lo ha sido en una sola unidad, también debe ser salvado como una unidad" (An Introduction to Systematic Theology [Presbyterian and Reformed, 19741, p. 133]). En fin de cuentas, la salvación bíblica revierte la maldición, revierte las condiciones edénicas, repara las relaciones personales y sociales, y bendice la tierra en todas las áreas. La tierra entera será salva, y re-creada en el huerto de Dios. "Porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar" (Isa. 11:9).
 

 
En consecuencia, en un sentido muy real (y progresivamente, a medida que el evangelio conquista el mundo), el pueblo de Dios siempre ha vivido "en el huerto". Por ejemplo, la tierra de Egipto se describe en Génesis 13:10 "como el huerto de Jehová" - y cuando el pueblo del pacto fue a vivir allí, se les dio la tierra de Gosén, que era la mejor de todo Egipto (Gén. 45:18; 47:5-6, 11, 27). En esta localidad edénica, fructificaron y se multiplicaron (Éx. 1:7) - ¡la misma expresión que en el mandamiento original que Dios había dado a Adán y Eva en el Edén! Como era de esperarse, la tierra prometida era una tierra en la que gran parte de la maldición se había revertido: era "como el huerto de Edén" (Joel 2:3), y por lo tanto, de ella "fluía leche y miel" (Éx. 3:8).
 

 
Como veremos en las páginas siguientes, la restauración de Edén es un aspecto esencial de la salvación que Cristo proporciona. Cuando el Antiguo Testamento predijo la venida de Cristo y las bendiciones que Él traería, los profetas hablaban a menudo en el lenguaje de restauración del Edén. Isaías escribió: "Ciertamente consolará Jehová a Sión; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanzas y voces de canto" (Isa. 51:3). Y muchos años después, Ezequiel profetizó:
 

 
"Así ha dicho Jehová el Señor: El día que os limpie de todas vuestras iniquidades, haré también que sean habitadas las ciudades, y las ruinas serán reedificadas. Y la tierra asolada será labrada, en lugar de haber permanecido asolada a ojos de todos los que pasaron. Y dirán: Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas. Y las naciones que queden en vuestros alrededores sabrán que yo reedifiqué lo que estaba derribado, y planté lo que antes estaba desolado; yo Jehová he hablado, y lo haré" (Ezeq. 36:33-36).
 

 
Pero hay mucho más en estas profecías (y en otras) sobre la restauración del Edén de lo que podríamos notar a primera vista. En realidad, hay muchos, muchos pasajes de la Escritura que hablan en términos de los patrones edénicos que no mencionan al Edén por nombre. El tema del paraíso es recurrente en toda la Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis; pero, para reconocerlo, primero debemos familiarizarnos con lo que la Palabra de Dios dice acerca del huerto de Edén mismo. Dios se ha puesto en el trabajo de darnos información muy específica sobre el huerto, y el resto de la Escritura está redactado sobre este fundamento, refiriéndose a él regularmente. Nótese bien: este estudio no es meramente una colección de curiosidades, de "hechos extraños e interesantes sobre la Biblia" (es decir, la clase de información irrelevante que a menudo se encuentra en las secciones "enciclopédicas" de las grandes Biblias familiares). Repito, es un tema bíblico principal, que ilumina dramáticamente el mensaje de Apocalipsis - y, de paso, ayudándonos a entender el mensaje de la Biblia como un todo. Por esto, en los capítulos que siguen, examinaremos las varias características del huerto de Edén, tomando nota especialmente de cómo cada una de ellas se convierte en un "subtema" en sí misma, en términos del tema general de la restauración edénica en la salvación.
 
Capítulo 4

 
EL MONTE SANTO
 

 
Por lo tanto, cuando los siervos de los sumos sacerdotes y los escribas vieron estas cosas, y oyeron decir a Jesús: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba" [Juan 7:37b],  percibieron que éste no era un simple hombre como ellos mismos, sino que éste era Aquel que daba agua a los santos, y que era el que fue anunciado por el profeta Isaías. Porque él era ciertamente el esplendor de la luz, y la Palabra de Dios. Y así, como un río, era también la fuente del paraíso; pero ahora da el mismo don del Espíritu a todos los hombres, y dice: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva" [Juan 7:37-38]. Esto no lo decía un hombre, sino el Dios viviente, que ciertamente otorga la vida, y da el Espíritu Santo.
 
Atanasio, Letters [xliv]
 

 
El monte santo
 
La ubicación del huerto

 
Aunque comúnmente usamos los términos Edén y huerto de Edén como sinónimos (como lo hace la Biblia a veces también), Génesis 2:8 nos dice que el jardín fue plantado por Dios al oriente del área conocida como Edén - una tierra que originalmente estaba situada al norte de Palestina (consultar Sal. 48:2; Isa. 14:13; Eze. 28:14; y la discusión sobre los ríos, más abajo). Cuando el hombre perdió la comunión con Dios y fue expulsado del huerto, evidentemente salió del lado oriental, puesto que había sido allí donde Dios había puesto a los querubines que guardaban el huerto contra intrusos (Gén. 3:24). Esto plantea una pregunta interesante: ¿Por qué fueron puestos los querubines sólo del lado oriental? Una respuesta probable es que el huerto era inaccesible desde todos los otros lados (consultar Cantares de Salomón 4:12), y que la entrada tenía que ser por la "puerta" oriental (esto concordaría con el significado de la antigua palabra paradise, que significaba un jardín encerrado); en el poema de Milton, el diablo entró al huerto saltando por encima del muro (consultar Juan 10:1):
 
Así trepó este primer gran ladrón al redil de Dios:
Así trepan a la iglesia sus obscenos secuaces. [4.192-93]
 

 
Aparentemente, los piadosos tendían a permanecer cerca de la entrada oriental del huerto por algún tiempo - quizás llevando sus sacrificios a la "puerta" - porque cuando Caín huyó de "la presencia de Jehová" (un término técnico en la Escritura para el centro oficial de culto), se dirigió a las partes más al oriente (Gén. 4:16), lejos de Dios y de los hombres piadosos.
 

 
Por eso, es significativo que la entrada al tabernáculo estuviese en el lado oriental (Éx. 27:13-16): entrar a la presencia de Dios por medio de la redención es una readmisión al Edén por gracia. La visión de Ezequiel del triunfo universal del evangelio muestra el sanador río de vida fluyendo desde las puertas del templo restaurado (la iglesia, Efe. 2:19-22) hacia el oriente (Eze. 47:1-129); y, como precursor del día en que la riqueza de todas las naciones sea llevada a la casa de Dios (Isa. 60:4-16); Hab. 2:6-9; Sal. 72:10-11; Apoc. 21:24-26), el nacimiento del Rey de reyes fue honrado por los sabios que trajeron dones del oriente (Mat. 2:1-11).
 

 
Una clave principal para hallar la ubicación del huerto de Edén original es el hecho de que los cuatro grandes ríos que regaban la tierra se derivaban del solo río de Edén (Gén. 2:10-14). El diluvio alteró drásticamente la geografía del mundo, y dos de estos ríos (Pisón y Gihón) ya no existen. Los otros dos ríos son el Tigris (Hiddekel en hebreo) y el Éufrates, que ahora no nacen de la misma fuente, como lo hacían entonces. Pero la Biblia sí nos dice dónde estaban situados estos ríos: el Pisón corría a través de la tierra de Havila (Arabia); el Gihón corría a través de Cus (Etiopía); el Tigris corría a través de Asiria; y el Éufrates fluía a través de Siria y Babilonia (desde donde ahora se encuentra con el Tigris, como a 40 millas sobre el golfo Pérsico). Por supuesto, la fuente común de estos ríos era el norte de Palestina, y probablemente el norte geográfico, en el área de Armenia y el Mar Negro - que es, de modo interesante, el lugar donde se inició la raza humana después del diluvio (Gén. 8:4). Como fuente del agua, el Edén era, pues, fuente de bendición para el mundo, proporcionando la base para la vida, la salud, y la prosperidad de todas las criaturas de Dios.
 

 
Por esta razón, el agua se convierte en un símbolo importante en la Escritura a causa de las bendiciones de la salvación. En el creyente individual, la salvación es un pozo de agua que brota para vida eterna (Juan 4:14); pero, así como el río de Edén era alimentado por una multitud de manantiales (Gén. 2:6, NVI), el agua de la vida se convierte en un río de agua viva, que fluye de la iglesia para todo el mundo (Juan 7:37-39; Eze. 47:1-12; Zac. 14:8), sanando y restaurando toda la tierra, de modo que hasta las tierras desérticas son transformadas en un huerto (Isa. 32:13-17; 35:1-2). Así como el Espíritu es derramado, "Jacob echará raíces, Israel florecerá y echará renuevos, y llenará de fruto la faz del mundo" (Isa. 27:6).
 

 
Finalmente, un aspecto muy importante de la ubicación de Edén es que estaba sobre un monte (El Edén mismo era probablemente una meseta en la cima de un monte). Esto se deduce del hecho de que el manantial del agua para el mundo estaba en Edén: el río simplemente caía del monte en forma de cascada, que se dividía en cuatro brazos al correr. Además, cuando Dios habla del rey de Tiro (refiriéndose a él como si fuera Adán, en términos del llamado original del hombre) dice: "En Edén, en el huerto de Dios estuviste ... Yo te puse en el monte santo de Dios" (Eze. 28:13-14).
 

 
Que Edén era originalmente "el monte santo" explica la importancia de haber Dios elegido montes como sitios para sus actos y sus revelaciones de redención. La expiación substitutiva en lugar de la simiente de Abraham tuvo lugar en el monte Moriah (Gén. 22:2). Fue también en el monte Moriah donde David vio al ángel del Señor de pie, espada en mano, listo para destruir a Jerusalén, hasta que David construyó un altar allí e hizo expiación por medio de un sacrificio (1 Crón. 21:15-17). Y, sobre el monte Moriah, Salomón construyó el templo (2 Crón. 3:1). La revelación por gracia de Dios de su presencia, su pacto y su ley tuvo lugar en el monte Sinaí. Así como a Adán y Eva se les había impedido entrar al huerto, al pueblo de Israel se le prohibió acercarse al monte santo so pena de muerte (Éx. 19:12; consultar Gén. 3:24). Pero a Moisés (el mediador del pacto antiguo, Gál. 3:19), a los sacerdotes, y a los 70 ancianos del pueblo se les permitió encontrarse con Dios en el monte (después de hacer sacrificio de expiación), y allí comieron y bebieron la comunión en presencia del Señor (Éx. 24:1-11). Fue sobre el monte Carmelo donde Dios trajo al pueblo descarriado de vuelta a sí mismo por medio de sacrificios en los días de Elías, y donde los intrusos impíos en su  huerto fueron tomados prisioneros y destruidos (1 Reyes 18; es interesante que carmel es una palabra hebrea para jardín, plantación, y huerto). Nuevamente, sobre el monte Sinaí (también llamado Horeb), Dios reveló a Elías su presencia salvadora, y le comisionó nuevamente como su mensajero para las naciones (1 Reyes 19).
 

 
En su primer gran sermón, el Mediador del nuevo pacto presentó la ley nuevamente, desde un monte (Mat. 5:1ss). Su designación oficial de los apóstoles se hizo en un monte (Mar. 3:13-19). En un monte, Él se transfiguró en presencia de sus discípulos en una cegadora revelación de su gloria (recordando asociaciones con Sinaí, Pedro llama a esto "el monte santo" en 2 Ped. 1:16-18). Sobre un monte, Jesús hizo el anuncio final del juicio contra el infiel pueblo del pacto (Mat. 24). Despúes de la última cena, Jesús ascendió a un monte con sus discípulos, y desde allí siguió al huerto donde, como el postrer Adán, prevaleció sobre la tentación (Mat. 26:30; consultar 4:8-11, al comienzo de su ministerio). Finalmente, ordenó a a sus discípulos encontrarse con él en un monte, donde les comisionó para que conquistaran las naciones con el evangelio, y les prometió enviarles el Espíritu Santo; desde allí, ascendió a la nube (Mat. 28:16-20; Hech. 1:1-19); para leer más sobre la importancia de esta nube, vea el capítulo 7).
 

 
En modo alguno he agotado la lista que podría hacerse de referencias bíblicas a las actividades redentoras de Dios en montes; pero las que se han citado son suficientes para demostrar el hecho de que, en la redención, Dios nos llama a retornar al Edén: tenemos acceso al santo monte de Dios por medio de la sangre derramada de Cristo. Hemos venido al monte de Sión (Heb. 12:22), y podemos acercarnos libremente al Lugar Santo (Heb. 10:19), se nos permite, por la gracia de Dios, participar nuevamente del árbol de la vida (Apoc. 2:7). Cristo ha construido su iglesia como una ciudad sobre un monte, para dar luz al mundo (Mat. 5:14), y ha prometido que las naciones vendrán a esa luz (Isa. 60:3). Los profetas están llenos de estas imágenes de montañas, dando testimonio de que el mundo mismo será transformado en Edén: "En lo postrero de los tiempos, será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones" (Isa. 2:2; consultar Isa. 2:2-4; 11:9; 25:6-9; 56:3-8; 65:25; Miq. 4:1-4). Así, vendrá el día en que el reino de Dios, su santo monte, "llenará toda la tierra" (véase Dan. 2:34-35, 44-45), así como el señorío original de Dios se cumple en el postrer Adán.
 
Minerales del Edén
 

 
El río Pisón, que nacía en el Edén, fluía "alrededor de toda la tierra de Havilah, donde hay oro. Y el oro de aquella tierra es bueno; allí hay bedelio y piedra de ónix" (Gén. 2:11-12). El propósito de estos versículos es claramente relacionar en nuestras mentes al huerto de Edén con piedras preciosas y minerales; y este punto se enfatiza en otras referencias bíblicas que hablan de Edén. La referencia más obvia se encuentra en la declaración de Dios al caído Adán (parte de la cual fue citada más arriba):
 

 
En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro ... (Eze. 28:13).
 

 
En realidad, el suelo parece haber estado bastante cubierto de chispeantes gemas de toda clase, según el siguiente versículo: "En medio de las piedras de fuego te paseabas". La abundancia de joyería es considerada aquí como una bendición: la comunidad con Dios en Edén significaba estar rodeado de belleza. Moisés nos dice que el oro de aquella tierra era bueno (es decir, en su estado natural; no estaba mezclado con otros minerales). El hecho de que el oro deba ser extraído de la tierra por medio de costosos métodos es resultado de la maldición, particularmente en el juicio del diluvio.
 

 
La piedra llamada ónice en la Escritura posiblemente es idéntica a la piedra actual del mismo nombre, pero nadie está seguro; y hay aun menos certeza en relación con la naturaleza del bedelio. Pero, al estudiar la historia bíblica de la salvación, aparecen algunas cosas muy interesantes acerca de estas piedras. Cuando Dios redimió a su pueblo de Egipto, ordenó al sumo sacerdote que usara vestiduras especiales. En los hombros, el sumo sacerdote debía llevar dos piedras de ónice con los nombres de las 12 tribus escritos sobre ellas; y Dios declara que estas piedras son "piedras memoriales" (Éx. 25:7; 28:9-12). ¿Un memorial de qué? ¡La única mención del ónice antes de Éxodo ocurre en Génesis 2:12, con referencia al huerto de Edén! Dios quería que su pueblo mirara al sumo sacerdote - que de muchas maneras era símboolo del hombre plenamente restaurado a la imagen de Dios - y que así recordara las bendiciones del huerto, cuando el hombre estaba en comunión con Dios. Las piedras debían servir como recordatorios para el pueblo de que, al salvarles, Dios les estaba restaurando al Edén.
 

 
Un ejemplo aun más notable de esto es en lo que se nos dice acerca de la provisión del maná por parte de Dios. Por sí mismo, el maná era un recordatorio de Edén, pues, aun mientras el pueblo de Dios estaba en el desierto (en camino a la tierra prometida de la abundancia), el alimento era abundante, tenía buen sabor, y era fácil de hallar - como, por supuesto, lo había sido en Edén. Pero, en caso de que no captaran el mensaje, Moisés recordó que el maná tenía el color del bedelio (Núm. 11:7) - ¡la única ocasión en que la palabra aparece aparte de su mención original en el libro de Génesis! Y, dicho sea de paso, esto nos dice el color del bedelio, pues en otra parte (Éx. 16:31) que el maná era de color blanco. En los mensaje de nuestro Señor para la iglesia en Apocalipsis, se usan imágenes edénicas una y otra vez para decribir la naturaleza de la salvación (véase Apoc. 2-3), y en una ocasión, promete: "Al que venciere, le daré del maná escondido, y una piedrecita blanca" (Apoc. 2:17).
 

 
¡Es digno de notarse que estas declaraciones con relación al ónice y al bedelio se hicieron al estar Israel viajando a través de la tierra de Havilah! Mientras viajaban, podían observar los terribles efectos de la maldición, que había convertido esta tierra hermosa y bien irrigada en un "desierto devastado, en el cual aullaba el viento" - mientras ellos, por gracia, podían disfrutar de las bendiciones del huerto de Edén. Este tema de la restauración del Edén era también evidente en el uso abundante del oro en el mobiliario de tabernáculo y el templo (Éx. 25, 1 Reyes 6), y en las vestiduras del sumo sacerdote (Éx. 28). Los privilegios del primer Adán, a los cuales había renunciado, nos fueron restaurados por el postrer Adán, al estar nosotros nuevamente en la presencia de Dios por medio de nuestro Sumo Sacerdote.
 

 
En sus profecías del Mesías venidero y sus bendiciones, los profetas del Antiguo Testamento se concentraron en esta imagen edénica de joyería, describiendo la salvación en términos de cómo Dios adornaría a su pueblo:
 

 
Yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo, y sobre zafiros te fundaré. Tus ventanas pondré de piedras preciosas, tus puertas de piedras de carbunclo, y toda ut muralla de piedras preciosas (Isa. 54:11-12).
 
Vendrá a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones se volverán a ti. Multitud de camellos te cubrirá; dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Sabá; traerán oro e incienso y publicarán alabanzas de Jehová. ... Ciertamente a mí esperarán los de la costa, y las naves de Tarsis desde el principio, para traer tus hijos de lejos, su plata y su oro con ellos, al nombre de Jehová tu Dios, y al Santo de Israel, que te ha glorificado. ... Tus puertas estarán de continuo abiertas; no se cerrarán de día ni de noche, para que a tí sean traídas las riquezas de las naciones. (Isa. 60:5-6; 9, 11).
 

 
En consonancia con este tema, la Biblia nos describe a nosotros (Mal. 3:17) y a nuestra obra para el reino de Dios (1 Cor. 3:11-15) en términos de joyería; y, al final de la historia, toda la ciudad de Dios es un  despliegue deslumbrante y brillante de piedras preciosas (Apoc. 21:18-2).
 

 
Así, pues, la historia del paraíso  nos proporciona información importante sobre el origen y el significado de los metales preciosos y las piedras preciosas y, en consecuencia, del dinero también. Desde el mismo principio, Dios atribuyó valor al oro y a las joyas, habiéndolas creado como reflejos de su propia gloria y belleza. Por consiguiente, el valor original de los metales preciosos y las piedras preciosas era estético, no económico; su importancia económica nació del hecho de que eran apreciados por su belleza. La estética viene primero que la economía.
 

 
Históricamente, el oro vino a servir como un medio de intercambio precisamente porque su valor era independiente de, y anterior a, su función monetaria. El oro no es intrínsecamente valioso (sólo Dios posee valor intrínseco); en vez de eso, el oro es valioso porque el hombre, como imagen de Dios, le atribuye valor. Bíblicamente, un medio de intercambio es primero mercancía, un artículo que los hombres valoran como tal. La Escritura siempre mide el dinero por peso, en moneda corriente (Lev. 19:35-37) y condena todas las formas de inflación como degradación de la moneda (Prov. 11:1; 20:10, 23; Isa. 1:22; Amós 8:5-6; Miq. 6:10-12).
 

 
Dios ha asignado valor a los metales preciosos y a las piedras preciosas, y ha creado en nosotros una atracción hacia ellos; pero también ha dejado bien claro que estas cosas no pueden poseerse o disfrutarse permanentemente aparte de la comunión con Él. A los impíos se les permite extraer estos metales de la tierra, y poseerlos por un tiempo, para que su riqueza pueda ser finalmente la posesión del restaurado pueblo de Dios.
 

 
Aunque [el impío] amontone plata como polvo y prepare ropa como lodo; la habrá preparado él, mas el justo se vestirá (Job. 27:16-17).
 
Al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios (Ecle. 2:26).
 
El que aumenta sus riquezas con usura y crecido interés, las aumenta para aquél que se compadece de los pobres (Prov. 28:8).
 

 
En realidad, hay un principio básico que siempre está en operación a través de la historia: "La riqueza del pecador está guardada para el justo" (Prov. 13:22), "porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra" (Sal. 37:9). Una nación temerosa de Dios será bendecida con la abundancia, mientras que las naciones apóstatas a su tiempo perderán sus recursos, al pronunciar Dios maldición sobre los pueblos rebeldes y su cultura.
Capítulo 5

 
EL HUERTO DE JEHOVÁ
 

 
¿Qué - o más bien, quién - era necesario para esta gracia y este llamado que necesitábamos? ¿Quién, sino el Verbo de Dios mismo, que en el principio también había hecho todas las cosas de la nada? Fue Él, y sólo Él, quien transformó lo corruptible en incorruptible y mantuvo para el Padre su consistencia de carácter con todos. Porque sólo él, siendo el Verbo del Padre y por encima de todos, era en consecuencia tanto capaz de re-crear a todos, como dignos de sufrir por todos y ser embajador para todos con el Padre.
 
Atanasio, On the Incarnation [7]
 

 
El huerto de Jehová
 
   
 
Los animales del huerto
 

 
En Edén, antes de la caída, no había muerte (Rom. 5:12). Los animales no eran "salvajes", y Adán podía  nombrar (es decir, clasificar) a los animales sin temor (Gén. 2:19-20). Pero la rebelión del hombre resultó en terribles cambios en el mundo entero. La naturaleza de los animales se alteró, de manera que se convirtieron en una amenaza para la paz y la seguridad del hombre. El señorío que Adán había ejercido sobre ellos se perdió.
 

 
Sin embargo, en Cristo el señorío ha sido restaurado (Sal. 8:5-8 con Heb. 2:6-9). Por eso, cuando Dios salvó a su pueblo, este efecto de la maldición comenzó a ser revertido. Cristo les condujo por un peligroso desierto, protegiéndoles de serpientes y escorpìones (Deut. 8:15), y les prometió que siva en la Tierra Prometida sería semejante a la del Edén en su libertad de los ataques de animales salvajes: "Y yo daré paz en la tierra, y dormiréis, y no habrá quien os espante; y haré quitar de vuestra tierra las malas bestias, y la espada no pasará por vuestro país" (Lev. 26:6). En realidad, esta es la razón por la que Dios no permitió que Israel exterminara a los cananeos de una vez por todas: los paganos sirvieron como amortiguador entre el pueblo del pacto y los animales salvajes (Éx. 23:29-30; Deut. 7:22).
 

 
Por consiguiente, cuando los profetas predijeron la futura salvación en Cristo, la describieron en los mismos términos de la bendición de Edén: "Y estableceré con ellos pacto de paz, y quitaré de la tierra las fieras; y habitarán en el desierto con seguridad y dormirán en los bosques" (Eze. 34:25). "No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos" (Isa. 35:9). De hecho, la Biblia llega hasta a decir que, a causa de la penetración del evangelio en el mundo, la naturaleza salvaje de los animales será transformada a su condición original y edénica:
 

 
Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león comerá paja como el buey. Yel niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No haránmal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar (Isa. 11:6-9; consultar Isa. 65:25).
 

 
Por otra parte, advirtió Dios, la maldición reaparecería si el pueblo se alejara de la ley de Dios: "Enviaré también contra vosotros bestias fieras que os arrebaten vuestros hijos, y destruyan vuestro ganado, y os reduzcan en número, y vuestros caminos sean desiertos" (Lev. 26.22; consultar Núm. 21:6; Deut. 28:26;2 Reyes 2:24; 17:25; Eze. 5:17; 14:15, 32.4; Apoc. 6:8). Cuando una cultura se aleja de Dios, Él entrega a ese pueblo al dominio de los animales salvajes, para evitar que ese pueblo tengan dominio impío sobre la tierra. Pero, en una cultura piadosa, esta amenaza contra la vida y la propiedad desaparecerá progresivamente, y finalmente, cuando el conocimiento de Dios cubra la tierra, los animales serán domados y puestos nuevamente al servicio del reino de Dios.
 

 
Finalmente, en relación con esto, tenemos que considerar a los dinosaurios, pues hay toda una teología alrededor de ellos en la Biblia. Aunquela Biblia habla de los dinosaurios terrestres (consultar behemoth en Job 40:15-24, que algunos confunden con un hipopótamo, pero que en realidad se parece más a un brontosaurio), nuestro interés aquí se centra en los dragones y las serpientes marinas (consultar Job 7:12; 41:1-34) - algunos suponen que la criatura que se menciona en la última referencia, un enorme dragón que arrojaba fuego y se llamaba leviatán, ¡era un cocodrilo!). Esencialmente, como parte de la buena creación de Dios (Gén. 1:21): monstruos marinos), no hay nada "malo" acerca de estas criaturas (Gén. 1:31; Sal. 148:7); pero, a causa de la rebelión dle hombre, se usan en la Escritura para simbolizar al hombre rebelde en la cúspide de su poder y su gloria.
 

 
En la Escritura se habla de tres clases de monstruos: Tannin (dragón; Sal. 91:13), leviatán (Sal. 104:26), y rahab (Job 26:12-13); en hebreo, esta palabra es completamente diferente del nombre de la prostituta cananea que salvó a los espías hebreos en Josué 2. La Biblia relaciona a cada uno de estos monstruos con la serpiente, que representa al enemigo sutil y engañoso del pueblo de Dios (Gén. 3, 13-15). Por eso, para demostrar la victoria divina y el señorío divino sobre la rebelión del hombre, Dios convirtió la vara de Moisés en una "serpiente" (Éx. 4:1-4), y la vara de Aarón en una culebra (tannin; Éx. 7:8-12). Por consiguiente, en la Escritura, el dragón/la serpiente se convierte en símbolo de la cultura satánicamente inspirada y rebelde (Comp. Jer. 51:34), especialmente ejemplificada por Egipto en su guerra contra el pueblo del pacto. Esto es particularmente cierto con respecto al monstruo rahab (que significa el altivo), que a menudo es sinónimo de Egipto (Sal. 87:4; 89:10; Isa. 30:7). La liberación del pueblo del pacto por parte de Dios en Éxodo se describe en términos tanto de la creación original de Dios como de su triunfo sobre el dragón:
 

 
Despiértate, despiértate, vístete de poder, oh brazo de Jehová; despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados. ¿No eres tú el que cortó a Rahab, y el que hirió al dragón? ¿No eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo; el que transformó en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos? (Isa. 51:9-10).
 

 
La Biblia también habla del Éxodo como salvación contra el leviatán:
 

 
Dividiste el mar con tu poder; quebrantaste cabezas de monstruos en las aguas. Magullaste las cabezas del leviatán, y lo diste por comida a los moradores del desierto (Sal. 74:13-14).
 

 
Por eso, en cumplimiento provisional de la promesa hecha en Edén, la cabeza del dragón fue aplastada cuando Dios sacó a su pueblo de Egipto. Por supuesto, la herida en la cabeza se sanó y el dragón (acompañado por el dragón-estado en su imagen) continuó atormentando y persiguiendo a la simiente de la mujer (consultar Apoc. 12-13). Esto ocurre una y otra vez durante todo el Antiguo Testamento, que registra numerosos aplastamientos de la cabeza del dragón (Judas 4:21; 5:26-27; 9:50-57; 1 Sam. 5:1-5; 17:49-51; 2 Sam. 18:9; 20:21-22; Sal. 68:21; Hab. 3:13). En términos de la triple estructura de la salvación que vimos en un capítulo anterior, la derrota definitiva del dragón tuvo lugar a la muerte y la resurrección de Cristo, cuando derrotó a los poderes de las tinieblas, desarmó a las fuerzas demoníacas, echó fuera al diablo, y le dejó indefenso (Sal. 110:6; Juan 12:31-32; Col. 2:15; Heb. 2:14; Apoc. 12:5-10; 20:1.3). Los profetas esperaban esto:
 

 
En aquel día, Jehová castigará con su espada dura, grande y fuerte, al leviatán serpiente veloz, y al leviatán serpiente tortuosa; y matará al dragón que está en el mar.
 

 
Progresivamente, las implicaciones de la victoria de Cristo son desarrolladas por su pueblo a su tiempo y en la tierra (Juan 16:33; 1 Juan 2:13-14; 4:4; 5:4-5; Apoc. 12:1), hasta el triunfo final en la consumación de la historia, cuando el dragón sea por fin destruido (Apoc. 20:7-10). Sin embargo, el punto especial que se debe captar para la época actual es que debemos esperar crecientes victorias sobre la serpiente, que ha sido puesto bajo nuestros pies (Rom. 16:20). Al cosechar los piadosos constantemente las bendiciones del Edén restaurado, el señorío de Satanás se encogerá y se desvanecerá. Esto queda simbolizado por el hecho de que, cuando todas las otras criaturas sean reaturadas a su naturaleza edénica, la condición de la serpiente permanecerá igual. Dios advirtió al dragón que mordería el polvo bajo los talones de los justos, y este aspecto de la maldición alcanzará su pleno efecto:
 

 
"El león y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová" (Isa. 65:25; consultar Gén. 3:14).
 

 
Los árboles del huerto
 

 
Por supuesto, es innecesario decir que un aspecto fundamental del huerto de Edén es que era un jardín: toda clase de árboles hermosos y que llevaban fruto había sido plantada allí por Dios (Gén. 2:9). Antes de la caída, el alimento era abundante y barato, y el hombre no tenía que gastar mucho tiempo buscando el sostenimiento y el refrigerio. En vez de eso, pasaba su tiempo en actividades científicas, productivas, y estéticas (Gén. 2:15, 19-20). La mayor parte de su trabajo tenía que ver con investigar y hermosear su ambiente. Pero, cuando se rebeló, esto fue cambiado, y la maldición le cayó a su trabajo y sus alrededores naturales: "Maldita será la tierra por tu causa: con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás" (Gén. 3:17-19). Dios impuso la maldición de la escasez, y la mayor parte del trabajo del hombre se convirtió en una búsqueda de alimento.
 

 
Pero, en la salvación, Dios restaura a su pueblo al Edén, y el alimento se vuelve más barato y más fácil de obtener. A su vez, se puede dedicar más tiempo a otras actividades: el aumento de la cultura es posible sólo cuando el alimento es relativamente abundante. Dios da a su publo alimento para darle señorío. La historia bíblica de la salvación demuestra esto una y otra vez. En lugares demasiado numerosos para enumerarlos aquí en su totalidad, se menciona a los hombres piadosos cerca de árboles (véase Gén. 18:4, 8; 30:37; Judas 3:13; 4:5; 1 Reyes 19:5; Juan 1:48; y, en una traducción moderna, véase Gén. 12:6; 13:18; 14:13; Judas 4:11). En ninguna de estas referencias es absolutamente esencial para la historia misma mencionar los árboles; en cierto sentido, podríamos pensar que este detalle podría haber sido dejado fuera: Pero Dios quiere que veamos en nuestras mentes la imagen de su pueblo viviendo en medio de la abundancia, rodeado por las bendiciones del huerto como aparecen restaurados en la salvación. Cuando Israel es bendecido, encontramos a cada uno de los hombres sentado bajo su propia parra y su propia higuera (1 Reyes 4:25), y lo mismo se profetiza de todos los que viven bajo las bendiciones del Cristo, cuando todas las naciones acudan al Monte del Señor (Miqueas 4:1-4; Zac. 3:10).
 

 
Por esta razón, la imagen edénica de árboles, plantar, y frutos se usa a través de toda la Escritura para describir la obra de la salvación de Dios. Al cantar acerca de la liberación del pueblo por Dios en el nuevo Edén, Moisés dice: "Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad" (Éx. 15:17). El hombre piadoso es "como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace prosperará" (Sal. 1:3; consultar Jer. 17:7-8). El pueblo del pacto es "como huertos junto al río, como áloes plantados por Jehová, como cedros junto a las aguas" (Núm. 24:6). "Israel echará renuevos, y llenará de fruto la faz del mundo" (Isa. 27:6).
 

 
El candelabro en el tabernáculo era un recordatorio de Edén: en realidad, era un árbol estilizado, adornado con bulbos y flores artificiales, todo hecho de oro puro (Éx. 37:17-24). Además, el templo estaba ricamente provisto de simbolismo de la restauración edénica: las paredes de cedro exhibían esculturas de calabazas, flores, palmeras y querubines, cubiertos de oro (1 Reyes 6:15-36; consultar la visión del templo restaurado en Eze. 41:18-20). El arca del pacto contenía no sólo la ley sino también una fuente de oro con maná y la vara de Aarón que estaba milagrosamente recubierta de capullos, flores, y almendras (Heb. 9:4).
 

 
El sumo sacerdote era un símbolo viviente del hombre restaurado plenamente a la comunidad con Dios en el huerto de Edén. Su frente estaba cubierta con una placa de oro, en la cual estaba grabada la frase: SANTIDAD A JEHOVÁ (Éx. 28:36), como símbolo de la eliminación de la maldición en la frente de Adán. El pectoral estaba cubierto de oro y piedras preciosas (Éx. 28:15-30), y el borde de su túnica estaba circundado por granadas y campanillas de oro (Éx. 28:33-35). Como otro símbolo de la liberación de la maldición, la túnica misma estaba hecha de lino (Éx. 28:6), porque, mientras ministraban, a los sacerdotes se les prohibía llevar sobre sí ninguna prenda de lana: "Y cuando entren por las puertas del atrio interior, se vestirán vetiduras de lino; no llevarán sobre ellos cosa de lana ... no se ceñirán cosa que los haga sudar" (Eze. 44:17-18). En Gén. 3:18-19, el sudor es un aspecto del trabajo del hombre caído bajo la muerte y la maldición; al sacerdote, como Hombre Restaurado, se le requería llevar puesto el material ligero de lino para mostrar la eliminación de la maldición en la salvación.
 

 
El simbolismo edénico aparecía también en las fiestas de Israel, cuando celebraban la abundancia de la provisión de Dios y disfrutaban de la plenitud de la vida y la prosperidad bajo las bendiciones del pacto. Esto es particularmente cierto de las fiestas de los tabernáculos y las cabañas (también llamadas de la "recolección" en Éx. 23:16). En esta fiesta, se les requería abandonar sus hogares y vivir durante siete días en pequeños "tabernáculos", o cabañas, echas enteramente del "ramas con fruto de árbol hermoso, ramas de palmeras, ramas de árboles frondosos, y sauces de los arroyos" (Lev. 23:40). Por lo general, Israel habitaba en ciudades amuralladas, como protección contra sus enemigos; sin embargo, en el momento mismo de prosperidad (el fin de la cosecha) - cuando un ataque parecía más probable - ¡Dios les ordenaba abandonar la seguridad de sus hogares y viajar a Jerusalén para vivir en cabañas desprotegidas hechas de ramas, ramas de palmeras, y frutos! Sin embargo, Dios prometía que impediría que los paganos les atacaran durante las fiestas (Éx. 34:23-24), e Israel tenía que confiar en la fortaleza de Él.
 

 
Obviamente, la fiesta era un recordatorio de la vida en Edén, cuando las ciudades amuralladas eran innecesarias; y miraba hacia adelante, hacia el día en que el mundo sería convertido en Edén y las naciones convertirían sus espadas en arados (Miq. 4:3). Por esta razón, también se les ordenó sacrificar 70 bueyes durante la fiesta (Núm. 29:12-38). ¿Por qué? Porque el número de las naciones originales de la tierra era 70 (se enumeran en Gén. 10), y la fiesta celebraba la reunión de todas las naciones en el reino de Dios; así que se hacía expiación por todas ellas.
 

 
Es importante recordar que los judíos no guardaron esta fiesta - en realidad, hasta se les olvidó que estaba en la Biblia - hasta su regreso del cautiverio bajo Esdras y Nehemías (Neh. 8:13-18). Durante este período de renovación y restauración, Dios iluminó las mentes de los profetas para que entendieran la importancia de esta fiesta como una profecía cumplida de la conversión de todas las naciones a la fe verdadera. El último día de la fiesta (Hag. 2:1), Dios habló por medio de Hageo: "Haré temblar a todas las naciones; y vendrán con la riqueza de todas las naciones; y llenaré esta casa [el templo] con gloria. ... Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos" (Hag. 2:7-8). Por este mismo tiempo, Zacarías profetizó acerca del significado de esta fiesta en términos de la conversión de todas las naciones y la santificación de todas las áreas de la vida (Zac. 14:16-21). Y cientos de años más tarde, durante la celebración de la misma fiesta, Cristo mismo declaró su significado: el derramamiento del Espíritu sobre el creyente restaurado, de modo que la iglesia se convierta en un medio para la restauración del mundo entero (Juan 7:37-39; consultar Eze. 47:1-12).
 

 
Israel habría de ser el medio para llevar al mundo las bendiciones del huerto de Edén: La Escritura hace lo posible para representar esto simbólicamente cuando nos cuenta (dos veces: Éx. 15:27; Núm. 33:9) de Israel acampando en Elim, donde había 12 pozos de agua (las 12 tribus de Israel) y 70 palmeras (las 70 naciones del mundo). Así, pues, Dios organizó a Israel como un modelo a pequeña escala del mundo, dándole 70 ancianos (Éx. 24.1); y Jesús siguió este patrón al enviar a 70 discípulos (Luc. 10:1). El pueblo de Dios es una nación de sacerdotes (Éx. 19:6; 1 Ped. 2:9; Apoc. 1:6), escogido para llevar la luz del evangelio a un mundo oscurecido por el pecado y la maldición. Más y más, la esperanza expresada en la fiesta de los tabernáculos se concretará cuando la tierra entera se convierta en un huerto (Isa. 11:9; Dan. 2:35); al llenarse el mundo de bendición y seguridad, y ya no haya más necesidad de ciudades amuralladas (Lev. 23:3-6; Isa. 65:17-25; Eze. 34:25-29). El huerto de Edén, el monte del Señor, será restaurado en la historia, antes de la Segunda Venida, por el poder del evangelio; y el desierto se regocijará, y florecerá como la rosa (Isa. 35:1).             
 

 
Por contraste, la Biblia dice que Dios controla a los paganos reteniéndoles el alimento y el agua. Para entender la miseria de gran parte del llamado "Tercer Mundo", es necesario que miremos primero su impía religión y su impía cultura. La bendición edénica de abundancia jamás será suya sino hasta que se arrepientan y crean al evangelio. Por otra parte, las culturas cristianas (especialmente los países de la Reforma), son bendecidos con alimento relativamente barato y abundante. Pero la advertencia bíblica es clara: si nuestro país continúa en su apostasía, vendrá la hambruna, tan seguramente como nuestros primeros padres fueron expulsados del Edén. El campo fructífero nuevamente se convertirá en desierto:
 

 
Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre tí todas estas maldiciones, y te alcanzarán. Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo. Maldita tui canasta, y tu artesa de amasar. Maldito el fruto  de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir (Deut. 28:15-19).
 

 
Sobre la tierra de mi pueblo subirán ... hasta que sobre vosotros sea derramado el Espíritu de lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil, y el campo fértil sea estimado por bosque (Isa. 32:13-15).
 
Capítulo 6

 
EL HUERTO Y EL DESIERTO RUGIENTE
 

 
Entonces, ¿qué podía hacer Dios? ¿Qué más podía hacer, siendo Dios, excepto renovar su imagen en la humanidad, de manera que, por medio de ella, el hombre pudiera llegar a conocerle una vez más? ¿Y cómo podría hacerse esto como no fuese por medio de la venida de la Imagen misma, nuestro Salvador Jesucristo? Los hombres no podrían haberlo hecho, pues sólo han sido hechos a su imagen; tampoco podían haberlo hecho los ángeles, pues no son las imágenes de Dios. La palabra de Dios vino en su propia persona, pues era sólo Él, la imagen del Padre, el que podía re-crear al hombre hecho a su imagen.
 

 
Sin embargo, para recrear esta imagen, primero tenía que destruir la muerte y la corrupción. Por consiguiente, asumió un cuerpo humano, para que, en él, la muerte pudiese ser destruida una vez por todas, y los hombres pudiesen ser renovados según su imagen.
 
Atanasio, On the Incarnation [13]
 


 
Cuando Dios creó a Adán, le puso en la tierra, y le dio señorío sobre ella. La tierra es básica para el señorío; por consiguiente, la salvación involucra una restauración de la tierra y la propiedad. Al anunciar su pacto a Abraham, la primera frase que Dios pronunció fue una promesa de tierra (Gén. 12:1) y cumplió esa promesa completamente al salvar a Israel (Josué 21:43-45). Por eso, las leyes bíblicas están llenas de referencias a la propiedad, las leyes, y la economía; y es por eso por lo que la Reforma hizo tanto énfasis en este mundo, así como en el venidero. El hombre no es salvado librándolo de su entorno. La salvación no nos rescata del mundo material, sino del pecado, y de los efectos de la maldición. El ideal bíblico es que cada hombre tenga propiedad - un lugar donde puede tener señorío y gobierno bajo Dios.
 

 
Las bendiciones del mundo occidental han ocurrido a causa del cristianismo y la libertad resultante que los hombres han tenido en el uso y el desarrollo de la propiedad y el cumplimiento de sus llamados bajo el mandato de señorío de Dios. El capitalismo - el mercado libre - es producto de las leyes bíblicas, en las cuales se le asigna una alta prioridad a la propiedad privada, y condenan toda clase de robos (incluyendo el robo por parte del estado).
 

 
Para los incrédulos economistas, profesores, y funcionarios, es un misterio por qué el capitalismo no puede ser exportado. Considerando la obvia y probada superioridad del mercado libre en lo relativo a elevar el nivel de vida de todas las clases sociales, ¿por qué las naciones paganas no implementan el capitalismo en sus estructuras sociales? La razón es ésta: La libertad no puede ser exportada a una nación que no tiene mercado para el evangelio. Las bendiciones del huerto no pueden obtenerse aparte de Jesucristo. La regla de oro, que resume la ley y los profetas (Mat. 7:12) es el inescapable fundamento ético del mercado libre; y esta ética es imposible aparte de la obra del Espíritu Santo, que nos posibilita cumplir los justos requisitos de la ley de Dios (Rom. 8:4).
 

 
Todas las culturas paganas han sido estatistas y tiránicas, porque un pueblo que rechaza a Dios se someterá y someterá sus propiedades a un dictador (1 Sam. 8:7-20). Los hombres impíos quieren las bendiciones del huerto, pero tratan de poseerlas por medios ilícitos, como hizo Acab con la viña de Nabot (1 Reyes 21:1-16), y el resultado es, como siempre, destrucción (1 Reyes 21:17-24). La posesión legítima y libre de la tierra es el resultado de la salvación: Dios llevó a su pueblo a una tierra, y la dividió entre ellos como herencia (Núm. 26:52-56); y, como había hecho en Edén, Dios reguló la tierra (Lev. 25:4) y los árboles (Lev. 19:23-25); Deut. 20:19-20).
 

 
Como hemos visto, cuando Dios expulsó a Adán y a Eva de su tierra, el mundo comenzó a convertirse en un desierto (Gén. 3:17-19). Desde este punto, la Biblia comienza a desarrollar un tema de la tierra vs. el desierto, en el cual el pueblo de Dios, obediente y redimido, se ve heredando una tierra que es segura y abundante, mientras que los desobedientes son maldecidos al ser expulsados hacia un desierto. Cuando Caín fue juzgado por Dios, se lamentó: "He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra" (Gén. 4:14). Y tenía razón, como lo registra la Escritura: "Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén" (Gén. 4:16). Nod significa errante: Caín fue el primer nómada, que vagaba sin hogar ni destino.
 

 
De manera similar, cuando el mundo entero se volvió impío, Dios dijo: "Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado" (Gén. 6:7), y así lo hizo, por medio del diluvio - dejando vivos solamente a Noé y a su familia en el arca (que Dios hizo reposar, dicho sea de paso, sobre una montaña; Gén. 8:4). Los impíos fueron echados de la tierra, y el pueblo del pacto la repobló.
 

 
Nuevamente, los impíos trataron de construir su propio "huerto", la torre de Babel. Trataban de hacerse un nombre - definirse en términos de sus propios modelos de rebeldía - y evitar ser esparcidos de la tierra (Gén. 11:4). Pero el hombre no puede construir el huerto bajo sus propias condiciones. Dios es el Definidor, y Él es el único que nos puede dar seguridad. El intento mismo del pueblo de Babel para evitar su destrucción en realidad la precipitó. Dios confundió sus lenguas - ¡no les sirvieron para "nombrar" nada! - y los esparció de la tierra (Gén. 11:8-9).
 

 
En marcado contraste, el siguiente capítulo registra el pacto de Dios con Abram, en el cual Dios promete llevar a Abram a una tierra, y engrandecer su nombre (Gén. 12:1-2). Como garantía adicional y recordatorio de su pacto, Dios hasta cambió el nombre de Abram por el de Abraham, en términos de llamamiento predestinado. Dios es nuestro Definidor; sólo Él nos da nuestro nombre, y "llama las cosas que no son, como si lo fuesen" (Rom. 4:17). Por esto, al ser bautizados en el nombre de Dios (Mat. 28:19), somos redefinidos como el pueblo viviente de Dios, libres en Cristo desde nuestra muerte en Adán (Rom. 5:12-6:23). La circuncisión desempeñaba la misma función en el Antiguo Testamento, que es la razón de que los niños recibían oficialmente su nombre cuando eran circuncidados (consultar Lucas 2:21). En la salvación, Dios nos trae de vuelta al Edén y nos da un nuevo nombre (Apoc. 2:17; consultar Isa. 65:13-25).
 

 
Cuando el pueblo de Dios se volvió desobediente cuando estaba a punto de entrar en la Tierra Prometida, Dios le castigó haciendo que vagase por el desierto hasta que la generación entera de los desobedientes desapareciera (Núm. 14:26-35). Luego, Dios se volvió y salvó a su pueblo de la "rugiente soledad del yermo" (Deut. 32:10), y les llevó a una tierra de la cual fluía leche y miel (otro sutil recordatorio del Edén, dicho sea de paso: la leche es una forma más nutritiva del agua, y la miel procede de los árboles). El pueblo obediente de Dios nunca ha sido nómada. Al contrario, es notable por su estabilidad, y tiene señorío. Es verdad que la Biblia nos llama peregrinos (Heb. 11:13; 1 Ped. 2:11), pero de eso se trata precisamente: somos peregrinos, no vagabundos. Un peregrino tiene un hogar, un destino. En la redención, Dios nos salva de ser errabundos, y nos recoge en una tierra (Sal. 107:1-9). Un pueblo disperso y sin hogar no puede tener señorío. Cuando los puritanos abandonaron Inglaterra, no vagaron por la tierra; Dios les llevó a una tierra y les convirtió en gobernantes y, aunque el fundamento que construyeron se ha erosionado en gran manera, todavía está con nosotros en gran medida después de 300 años. (¿Qué dirá la gente 300 años después de ahora de los logros del evangelismo actual, superficial y en retirada?).
 

 
La gente se vuelve nómada a causa de la desobediencia (Deut. 28:65). Al funcionar la maldición en la historia, al apostatar la civilización, el nomadismo se extiende, y el desierto aumenta. Y, al extenderse la maldición, el agua se seca. Desde la caída, la tierra ya no es regada principalmente por manantiales. En vez de esto, Dios nos envía lluvia (la lluvia es mucho más fácil de abrir y cerrar en un instante que los manantiales y los ríos). La retención de agua - lo que convierte la tierra en un desierto reseco - está relacionada muy estrechamente con la maldición (Deut. 29:22-28). La maldición se describe también en términos de que el pueblo desobediente es desarraigado de la tierra (Deut. 29:28), en contraste con el hecho de que Dios establece a su pueblo en la tierra (Éx. 15:17). Dios destruye las raíces de una tierra y un pueblo cortando el suministro de agua: la sequía es considerada en la Escritura como un instrumento principal (y efectivo) para el castigo nacional. Cuando Dios cierra el suministro de agua, convierte la tierra en algo completamente opuesto al Edén.
 

 
La historia de Sodoma y Gomorra es una especie de historia encapsulada del mundo en este sentido. Descrita una vez como el huerto de Edén en su belleza y abundancia (Gén. 13.10), se convirtió, por medio del juicio de Dios, en "un yermo abrasado, de azufre y sal, donde nada se plantaba, nada brotaba, y no crecía ninguna vegetación" (Deut. 29:23). Sodoma y Gomorra estaban situadas en el área que ahora se conoce como el Mar Muerto - y se le llama muerto por una muy buena razón: nada puede vivir allí. Los depósitos químicos (sal, potasa, magnesio, y otros) constituyen el 25 por ciento del agua como resultado del juicio de Dios sobre la tierra. Excepto donde el agua fluye hacia ella (y unos pocos manantiales aislados en el área), la tierra es completamente árida. Es ahora lo más lejano posible del Edén, y sirve como representación del mundo después de la maldición: el Edén se ha convertido en desierto.
 

 
Pero eso no es todo lo que se nos dice sobre esta área. En la visión de Ezequiel del templo restaurado (también sobre un monte, Eze. 40:2), él ve el agua de la vida fluyendo hacia el oriente desde el umbral hacia el Mar Muerto y sanando sus aguas, resultando en "una gran multitud de peces" y exhuberante vegetación (Eze. 47:8-12). No debemos mirar el mundo con ojos que sólo ven la maldición; debemos ver con los ojos de la fe, iluminados por la palabra de Dios para ver el mundo como la arena de su triunfo. La historia no termina con el desierto. A gran escala, la historia mundial será la de Sodoma: primero un huerto, hermoso y fructífero; luego corrompido hasta convertirse en un yermo de muerte por medio del pecado; finalmente, restaurado a su primitiva abundancia edénica. "Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa" (Isa. 35:1).
 

 
Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y nos las hay; seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé. En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles; abriré en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca. Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente, para que van y conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano de Jehová hace esto, y que el santo de Israel lo creó (Isa. 41:17-20).
 

 
Esta, pues, es la dirección de la historia, en lo que puede llamarse el "primer rapto" - Dios desarraiga gradualmente de la tierra a los incrédulos y a las culturas incrédulas, y lleva a su pueblo a la plena herencia de la tierra.
 

 
Por supuesto, no estoy negando la enseñanza bíblica de que el pueblo de Dios algún día se encontrará con el Señor en el aire a su regreso (1 Tes. 4:17); pero la moderna doctrina del rapto es demasiado a menudo una doctrina de huida del mundo, en la que a los cristianos se les enseña a anhelar escapar del mundo y sus problemas, más bien que a anhelar lo que la palabra de Dios nos promete: Señorío. Cuán común es oir decir a los cristianos cuando se enfrentan a un problema: "¡Espero que el rapto venga pronto!" en vez de "¡Pongámonos a trabajar en la solución ahora mismo!". Aun peor es la respuesta que es también demasiado común: "¿A quién le importa? No tenemos que hacer nada, porque, de todos modos, el rapto viene pronto!" La peor de todas es la actitud de algunos de que todo trabajo para hacer de éste un mundo mejor es absolutamente erróneo porque "mejorar la situación demorará la Segunda Venida!". Gran parte de la moderna doctrina del rapto debería ser reconocida por lo que es en realidad: un peligroso error que está enseñando al pueblo de Dios a esperar la derrota en vez de la victoria.
 

 
Y ciertamente, un punto de vista evangélico mundial es que "la tierra es y su plenitud son del diablo" - que el mundo pertenece a Satanás, yy que los cristianos sólo pueden esperar la derrota hasta que regrese el Señor. Y esa es exactamente la mentira que Satanás quiere que los cristianos crean. Si el pueblo de Dios cree que el diablo está ganando, su trabajo es mucho más fácil. ¿Qué haría si los cristianos dejaran de retroceder y comenzaran a avanzar contra él? Santiago 4:7 nos dice lo que el diablo haría: ¡huiría de nosotros! Así que, ¿por qué no está el diablo huyendo de nosotros en esta época? ¿Por qué están los cristianos a merced de Satanás y sus siervos? ¿Por qué no están los cristianos conquistando reinos con el evangelio, como lo hicieron en tiempos pasados? ¡Porque los cristianos no están resistiendo al diablo! ¡Peor aún, sus pastores y sus líderes les están diciendo que no resistan, sino que retrocedan! Los líderes cristianos han puesto a Santiago 4:17 al revés, y en realidad están ayudando y confortando al enemigo porque, de hecho, le están diciendo al diablo: "¡Resiste a la iglesia, y huiremos de tí!". Y Satanás les está tomando la palabra. Así que, cuando los cristianos ven que están perdiendo terreno en todos los frentes, lo consideran una "prueba" de que Dios no ha prometido dar señorío a su pueblo. Pero lo único que esto prueba es que Santiago 4:7 es verdad, después de todo, incluyendo el "reverso de la moneda", es decir, que si usted no resiste al diablo, no huirá de usted.
 

 
Lo que tenemos que recordar es que Dios no "rapta" a los cristianos para escapen al conflicto - ¡sino que "rapta" a los no cristianos! De hecho, el Señor Jesús oró para que no fuésemos "raptados": "No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal" (Juan 17:15). Y este es el constante mensaje de la Escritura. El pueblo de Dios heredará todas las cosas, y los impíos serán desheredados y expulsados de la tierra. "Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos habitarán en ella; pero los impíos serán cortados de la tierra y los prevaricados serán de ella desarraigados" (Prov. 2:21-22). "El justo no será removido jamás; pero los impíos no habitarán la tierra" (Prov. 10:30). Dios describía la tierra de Canaán diciendo que había sido "contaminada" por los abominables pecados de su población pagana,y que la tierra misma "vomitó a sus habitantes"; y advirtió a su pueblo que no imitara aquellas abominaciones paganas, "para que la tierra no les vomite a ustedes también" (Lev. 18:24-28; 20:22). Usando el mismo lenguaje edénico, el Señor advierte a la iglesia de Laodicea contra el pecado, y la amenaza: "Te vomitaré de mi boca" (Apoc. 3:16). En la parábola del trigo (los piadosos) y la cizaña (los impíos) - y observe las imágenes edénicas hasta en la manera en que selecciona las ilustraciones - Cristo declara que recogerá primero la cizaña para ser destruida; el trigo es "raptado" más tarde (Mat. 13:30).
 

 
"La riqueza del pecador está guardada para el justo" (Prov. 13:22). Este es el modelo básico de la historia al salvar Dios a su pueblo y darle señorío. Esto es lo que Dios hizo con Israel: Al salvarle, les llevó a tierras ya colonizadas, y heredaron ciudades que ya habían sido construidas (Sal. 105:43-45). En cierto sentido, Dios sí bendice a los paganos - sólo para que puedan trabajar por su propia condenación, mientras construye una herencia para los piadosos (consultar Gén. 15:16; Éx. 4:21: Josué 11:19-20). Entonces Dios los hace trizas y da a su pueblo el fruto del trabajo de ellos. Por eso no es necesario que nos preocupemos por lo que hacen lo malo, porque nosotros heredaremos la tierra (Sal. 37). La palabra hebrea para salvación es yasha, que significa traer a un espacio grande, amplio y abierto - y en la salvación, Dios hace justamente eso: Nos da el mundo, y lo convierte en el huerto de Edén.
 
Capítulo 7

 
LA NUBE DE FUEGO
 

 
Fue él quien ganó la victoria sobre sus enemigos los demonios y los trofeos de los idólatras aun antes de su aparición corporal - a saber, todos los paganos que desde todas las regiones han abjurado de la tradición de sus padres y el falso culto a los ídolos y ahora ponen su esperanza en Cristo transfieren su lealtad a Él. La cosa está ocurriendo delante de nuestros propios ojos, aquí en Egipto; y por consiguiente, se cumple otra profecía, porque en ningún otro tiempo han cesado los egipcios en su falso culto salvo cuando el Señor de todos, viajando como en una nube, bajó en cuerpo y dejó en la nada el error de los ídolos y ganó a todos para sí mismo y por medio de sí mismo para el Padre. Fue él quien fue crucificado con el sol y la luna como testigos; y por su muerte, ha venido la salvación a todos los hombres, y toda la creación ha sido redimida.
 
Atanasio, On the Incarnation [37]
 

 
Lo que era más importante sobre el huerto - en realidad, lo que lo hacía un hueerto en verdad - era la presencia de Dios con su pueblo. Para entender esto correctamente, comenzaremos nuestro estudio de este capítulo con la revelación de la presencia de Dios con Israel, el pueblo del pacto, y luego nos moveremos tanto hacia atrás, al Edén, como hacia adelante, la iglesia.
 

 
Dios reveló su presencia a su pueblo en la nube de gloria. La nube hacía las veces de un "hogar móvil" para Dios - su carruaje de fuego por medio del cual manifestaba su presencia a su pueblo. La nube servía como guía para Israel, dándoles luz durante la osacuridad y sombra para protegerlos del calor (Éx. 13:21-22; Sal. 105:39), pero trayendo juicio para los impíos (Éx. 14:19-25). En Sinaí, la nube estuvo acompañada por truenos, relámpagos, fuego, humo y un terremoto (Éx. 19:16-20), y estaba llena de innumerables ángeles (Deut. 33:2; Sal. 68:17). La nube no es nada menos que una revelación del cielo invisible, donde Dios está sentado en su trono de gloria, rodeado de su corte y su concilio celestial (Éx. 24:9-15; Isa. 6:1-4), y desde donde habló con Moisés (Éx. 33:9; Sal. 99:7).
 

 
Cuando el tabernáculo fue terminado, la nube entró en él y lo llenó de la gloria de Dios (Éx. 40:34-38; consultar 2 Crón. 5:13-14), y de la nube salió fuego para consumir los sacrificios (Lev. 9:23-24). El profeta Ezequiel miró a través de la nube (Eze. 1) y vio fuego, relámpagos, y criaturas aladas que volaban debajo del "firmamento" - el "pavimento" o "mar de vidrio" que está alrededor de la base (Eze. 1:28; consultar Gén. 9:12-17; Apoc. 4:3; 10:1).
 
La voz del Señor
 

 
Aunque hay muchos fenómenos asociados con la nube (la mayoría está descrita en Sal. 18:6-15), quizás la característica más notable es el ruido o la voz peculiares, inconfundibles: casi todos los relatos los mencionan. Dependiendo de la situación, pueden sonar como el viento, truenos, agua que corre, un grito, una trompeta (o muchas trompetas), un ejército en marcha, el rugir de las ruedas de un carruaje por el cielo, o la vibración o el batir de alas (véanse los pasajes ya citados: Eze. 3:12-13; 10:1-5; 2 Sam. 5:24; 2 Reyes 7:5-7); y Ezequiel nos dice que, en realidad, el sonido tiene su origen en el batir de las alas de las miríadas de ángeles (Eze. 1:24; 3:12-13). Considérese la siguiente descripción de la séptuple voz desde la nube:
 

 
Voz de Jehová sobre las aguas; truena el Dios de gloria, Jehová sobre las muchas aguas. Voz de Jehová con potencia; voz de Jehová con gloria. Voz de Jehová que quebranta los cedros; quebrantó Jehová los cedros del Líbano. Los hizo saltar como becerros; al Líbano y al Sirión como hijos de búfalos. Voz de Jehová que derrama llamas de fuego; voz de Jehová que hace temblar el desierto; hace temblar Jehová el desierto de Cades [consultar Núm. 16:19:33]. Voz de Jehová que desgaja las encinas, y desnuda los bosques; en su templo todo proclama su gloria (Sal. 29:3-9).
 

 
Fue esta voz - un rugido ensordecedor - lo que Adán y Eva oyeron en su último día en el huerto: "Y oyeron la voz de Jehová que se paseaba en el huerto ... y se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto" (Gén. 3:8; este es un texto importante, y tendremos que considerarlo con más detalle en un capítulo posterior).
 

 
La sombra del Omnipotente

 
Es importante reconocer que la nube era una teofanía, una manifestación visible de la presencia de Dios en su trono para su pueblo del pacto. En realidad, el Nuevo Testamento usa a menudo el término Espíritu como sinónimo de la nube, atribuyéndoles a ambos las funciones (Neh. 9:19-20; Isa. 4:4-5; Joel 2:28-31; Hag. 2:5). La ocasión más reveladora de esta ecuación de Dios y la nube ocurre cuando Moisés describe la salvación de Israel por Dios en el desierto en términos de un águila que se cierne o revolotea sobre sus polluelos (Deut. 32:11). ¿Cómo es que Dios "revoloteaba" sobre Israel? ¿Por qué busca refugio el salmista continuamente bajo el abrigo de las "alas" de Dios (por ej., Sal. 36:7; 57:1; 61:4; 91:4)? Ciertamente, Dios mismo no tiene alas. Pero sus ángeles sí las tienen - y la revelación especial de la presencia salvadora, juzgadora, y protectora de Dios ocurrió por medio de la nube-gloria, que contiene "muchos millares de ángeles" (Sal. 68:17; consultar 2 Reyes 6:17): "Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro ... pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos" (Sal. 91:4, 11).

 
Ahora, lo fascinante de la afirmación de Moisés en Deuteronomio 32:11 - en el sentido de que Dios "revolotea" sobre su pueblo por medio de la nube - es que Moisés usa esa palabra hebrea sólo en otra ocasión en todo el Pentateuco, cuando nos cuenta que "la tierra estaba sin forma y vacía ... y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas" (Gén. 1:2).
 

 
Ni es éste el único paralelo entre estos dos pasajes; porque, en Deuteronomio 32:10, Moisés describe el desierto por el cual el pueblo viajaba como un "yermo" - la misma palabra traducida como sin forma en Génesis 1:2 (y, nuevamente, estas son las dos únicas ocurrencias de la palabra en el Pentateuco). Lo que Moisés está diciendo, entonces - y este hecho seguramente lo entendían sus lectores hebreos - es que la salvación del pueblo de Dios por Él por medio del Éxodo era una representación de la historia de la creación: Al salvar a Israel, Dios estaba constituyéndole en una nueva creación. Como en el principio, la nube-espíritu se cernía sobre la creación, trayendo luz a la oscuridad (Gén. 1:3; Éx. 14:20; Juan 1:3-5), y conduciendo al reposo sabático en la Tierra Prometida, el nuevo Edén (Gén. 2:2-3; consultar Deut. 12:9-10 y Sal. 95:11, donde la tierra es llamada un reposo).
 

 
Así, pues, la re-creación de su pueblo por parte de Dios para ponerlo en comunión con Él en el Monte Santo fue presenciada por la misma manifestación de su propia presencia creadora que esruvo allí en la creación original, cuando el Espíritu gloriosamente arqueó su dosel sobre la tierra. El brillante resplandor de la nube-dosel fue también la base para la señal del arcoiris que Noé vio sobre el monte Ararat, garantizándole la fidelidad del pacto de Dios (Gén. 9:13-17). La gloria de la nube-dosel de Dios, formando un arco sobre un monte, es una señal repetida en la Escritura de que Dios está con su pueblo, creándole nuevamente, restaurando su obra a su estado edénico original y llevando la creación adelante, hacia la meta señalada.
 

 
Una promesa básica de la salvación se da en Isa. 4:4-5: "Cuando el Señor lave las inmundicias de las hijas de Sión, y limpie la sangre de Jerusalén de en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de devastación, creará Jehová sobre toda la morada del monte de Sión, y sobre los lugares de sus convocaciones, nube y oscuridad de día, y de noche resplandor de fuego que eche llamas; porque sobre toda gloria habrá un dosel". Esta nube-dosel de la presencia de Dios, llena de alas de ángeles, es llamada un escondedero, una cubierta (2 Sam. 22:12; Sal. 18:11; Lam. 3:44; Sal. 9:14). Y es por eso por lo que la palabra cubriendo se usa para describir la posición de los querubines esculpidos que fueron colocados mirando el propiciatorio del pacto (Éx. 25:20). Por consiguiente, es significativo que esta palabra hebrea es el término traducido como cabañas y tabernáculos cuando Dios ordena que su pueblo erija cabañas de ramas frondosas para que habitasen en ellas durante la fiesta de los tabernáculos (Lev. 23:34, 42-43); como hemos visto, esta fiesta era un recordatorio de Edén, una represedntación simbólica del hecho de que la salvación nos restaura a las bendiciones edénicas.
 

 
El huerto de Edén servía, pues, como tabernáculo-templo, una pequeña copia del templo y el palacio de mayor tamaño de Dios en el cual los "cielos" son su trono y la "tierra" es estrado de sus pies (Gén. 1:1; Isa. 66:1) - formando los cielos invisibles junto con eel universo visible su gran templo cósmico. Un examen de cerca de la arquitectura del tabernáculo y el templo revelará que fueron diseñados como copias, no sólo del huerto de Edén, sino del templo celestial original: la nube-dosel (consultar Heb. 8:5; 9:11, 23-24).
 

 
Bajo la protección de la nube-dosel alada, la responsabilidad del hombre era cumplir el "mandato cultural", "llenar la tierra y sojuzgarla" (Gén. 1:28). En obediente imitación a su Padre celestial, el hombre debía reformar, entender, interpretar, y gobernar el mundo para gloria de Dios - en fin, construir la ciudad de Dios.
 

 
La simple restauración de Edén no es nunca todo lo que está envuelto en la salvación, del mismo modo que no era el plan de Dios para Adán y su posteridad que simplemente permanecieran en el huerto. Debían ir a todo el mundo, llevar el potencial creado de la tierra a su plena fructificación. El huerto de Edén era una oficina principal, un lugar donde comenzar. Pero el gobierno divino del rey Adán debía abarcar el mundo entero. Por eso, la obra del segundo Adán no sólo es restauradora (trae de vuelta el Edén) sino consumadora: lleva al mundo a la Nueva Jerusalén.
 

 
El paraíso: restaurado y consumado

 
Durante toda la historia de la redención, al llamar Dios a su pueblo al paraíso restaurado, lo llevó a Su ciudad. Podemos ver esto en el contraste entre los rebeldes y autónomos constructores de ciudades de Génesis 11 y Abraham, que viajó a la Tierra Prometida "buscando la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y hacedor es Dios" (Heb. 11:10); y la Escritura asegura a la comunidad del nuevo pacto que "hemos venido al monte de Sión y a la ciudad del Dios vivo, la nueva Jerusalén" (Heb. 12:22).

 
En la vsión final de Apocalipsis, se le muestra a Juan el cumplimiento del mandato cultural, la plena restauración y consumación de Edén. "Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, teniendo la gloria de Dios" (Apoc. 21:10-11). Como el Lugar Santísimo, la longitud, la anchura, y la altura de la ciudad son iguales (Apoc. 21:16; 1 Reyes 6:20): en la ciudad no hay templo, porque la ciudad misma es el santuario interior (consultar Efe. 2:19-22); y, al mismo tiempo, "el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero" (Apoc. 21:22). La ciudad está en llamas con la brillante gloria de Dios, iluminando las naciones (Apoc. 21:11-27), y por su calle principal fluye el río de la vida, como fluía originalmente desde el huerto de Edén (Apoc. 22:1-2); "y no habrá más maldición" (Apoc. 22:3). Además, no debemos considerar esta visión como enteramente futura, pues nuestro Señor ha dicho casi lo mismo sobre nosotros en esta era: "Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder ... Así alumbre vuestra luz delante de los hombres ...". (Mat. 5:14-16).
 

 
De muchas otras maneras, las imágenes edénicas son utilizadas y expandidas en el Nuevo Testamento, que registra el cumplimiento de las promesas de la nueva creación en Cristo. Por supuesto, un pasaje obvio es el prólogo de Juan (Juan 1:1-18), que comienza donde comienza Génesis: "En el principio". Vemos los mismos conceptos - el Verbo, la creación, la vida, la luz que brilla en la oscuridad y la vence; y Juan dice de Cristo que habitó (literalmente, en tabernáculos) entre nosotros, y contemplamos su gloria" (Juan 1:14; consultar Éx. 40:34). Lo que Juan quiere subrayar aquí es que Jesucristo es la plena revelación de la presencia de Dios con su pueblo (consultar Mat. 1:23).
 

 
Pero la totalidad del evangelio de Juan se basa en imágenes del Antiguo Testamento. Por ejemplo, el pasaje que sigue a su prólogo (Juan 1:2-11) contiene una sutil estructura de siete días cuyo propósito es recordarnos los siete días de la creación originales (así como otros numerosos paralelos del Antiguo Testamento). El primer día, Juan Bautista aparece como "una voz que clama en el desierto" (1:23; ver Gén. 1:2-3). Al día siguiente, cuando Jesús es bautizado (el bautismo es una recapitulación de dos sucesos de re-creación en el Antiguo Testamento: el diluvio [1 Ped. 3:20-21] y el cruce del Mar Rojo [1 Cor. 10:1-21], el Espíritu desciende con alas, flotando y aleteando sobre las aguas de la Nueva Creación - y el Espíritu viene como paloma, ell mensajero alado que anunció a Noé la re-creación del mundo (1:32-33); ver Gén. 8:11). El pasaje continúa con otras imágenes de la creación, y termina el séptimo día, cuando Jesús asiste a una boda y convierte el agua (ver Gén. 1:2ss.) en vino - y vino del mejor (Juan 2:1-11). La bendición es superabundante, más de lo necesario (como 150 galones), como precursora de las prometidas bendiciones edénicas que vendrían por medio de Él (Gén. 49:10-12; Isa. 25:6; Amós 9:13-14; Jer. 33:10-11). Justo antes de hacer esto, menciona la hora de su muerte - porque es su sangre derramada, el vino de la comunión, la que proporciona las bendiciones: el Edén es inaccesible separado de la expiación. Y por esto, a causa de este milagro del séptimo día, Jesús manifestó su gloria (Juan 2:11) - de la misma manera que Dios lo había hecho al entronarse en la nube el primer sábado.
 

 
Pero, cuando Dios está sentado reposando en su trono, se sienta como juez, examinando su templo-creación; y cuando por primera vez encuentra maldad en él, lo purifica, expulsando a los ofensores (Gén. 3:24). De manera similar, el siguiente evento en el evangelio de Juan muestra al Señor evaluando el templo y pronunciando juicio contra los que lo profanaron (Juan 2:12-22). (Es el sábado cuando aparecemos delante del trono del juicio de Dios para ser examinados; y si somos aprobados, entramos en su reposo [Heb. 3-41]. Las personas en el templo en este sábado eran culpables, y las expulsó en una terrible y ruidosa manifestación de juicio: una imagen de los primeros y los últimos días del Señor (véase más adelante, Cap.15). Luego, declaró que su cuerpo - Él personalmente y su cuerpo, la iglesia - es personalmente el templo verdadero (Juan 2:18-22), pues la resurrección física del cuerpo de Cristo es el fundamento para que su pueblo sea constituido como el templo (Efe. 1:20; 2:5-6, 19-22; 1 Cor. 3:10-11, 16-17).
 

 
Como templo de Dios, la iglesia es readmitida al Edén y llena del Espíritu y la gloria de Dios (Éx. 40:34; Núm. 9:15; Joel 2:28-31; Hech. 2:1-4, 16-21). La iglesia es el nuevo templo-huerto de Dios, restaurado al mandato original de Dios para el hombre: señorear sobre la tierra, expandiendo el huerto hasta que abarque el mundo entero. Al rehacernos a su imagen, Dios nos ha dado su presencia. Ha establecido residencia en su templo, y ha prometido estar con nosotros mientras cumplimos su mandato hasta los confines de la tierra (Mat. 28:18-20).
 

 
Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altísimo. Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana. (Sal. 46:4-5).
 

Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río. ... Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina. (Eze. 47:9-12).
 
PARTE TRES: EL EVANGELIO DEL REINO

 
Capítulo 8
 

 
LA VENIDA DEL REINO
 

 
En seguida ascenderá el Salvador al cielo de los cielos, llevando en pos la victoria, triunfante de sus enemigos y de los tuyos, en su ascensión sorprenderá a la Serpiente, como que es del aire, y arrastrándola encadenada por todo su imperio, la dejará por último confundida. Entrará luego en su gloria, y recobrará su trono a la derecha de Dios, magníficamente exaltado sobre todas las dignidades del cielo.
 

John Milton, Paradise Lost [12.451-58].

 

Nuestro Señor Jesucristo, que tomó sobre sí la muerte de todos, extendió las manos, no en cualquier parte de la tierra debajo, sino en el mismo aire, para que la salvación efectuada por medio de la cruz pudiese ser mostrada a todos los hombres en todas partes: destruyendo al diablo que trabajaba en el aire: y para que Él pudiese consagrar nuestro camino al cielo, y liberarlo.
 
Atanasio, Letters [xxii]
 

 
Adán fue creado rey. Habría de subyugar la tierra y enseñorearse sobre ella. Su señorío, sin embargo, no era absoluto; Adán era un gobernante subordinado, un rey (príncipe) bajo la autoridad de Dios. Era rey sólo porque Dios le había creado como tal y le había ordenado reinar. El plan de Dios era que su imagen reinase en el mundo bajo sus leyes y su supervisión. Mientras Adán fuese fiel a su comisión, podría tener señorío sobre la tierra.
 

 
Pero Adán fue infiel. No estaba satisfecho con ser gobernante subordinado a la imagen de Dios, aplicando las leyes de Dios a la creación, y quiso ser autónomo. Quiso ser su propio dios, hacer sus propias leyes. Por este crimen de rebelión, fue expulsado de Edén. Pero, como hemos visto en los capítulos precedentes, este incidente no hizo abortar el plan de Dios de señorío por medio de su imagen. El segundo Adán, Jesucristo, vino a cumplir la tarea que el primer Adán no había cumplido.
 

 
Durante todo el Antiguo Testamento, los profetas esperaban más y más el momento en que el rey designado por Dios viniera a sentarse en el trono. Uno de los salmos citados más a menudo por los escritores del Nuevo Testamento muestra a Dios Padre diciéndole a su Hijo, el rey:
 

 
Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás. (Sal. 2:8-9).
 

 
Los profetas dejaron bien claro que, como Adán, el rey que vendría habría de reinar sobre el mundo entero (no sólo sobre Israel):
 

 
Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo. Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones. Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán. (Sal. 72:8-11).
 

 
Dios mostró a Daniel un bosquejo de la historia, en el cual una gran estatua (que representaba los cuatro imperios de Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma) es derribada y aplastada por una roca; "y la roca que golpeó a la estatua se convirtió en un gran monte que llenó toda la tierra" (Dan. 2:35). El significado de esta visión es la restauración de Edén bajo el Rey, como explicó Daniel: "En los días de estos reyes [es decir, durante el período del Imperio Romano], el Dios del cielo establecerá un reino que jamás será destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre" (Dan. 2:44). Cristo, el segundo Adán, llevará a cabo la tarea asignada al primer Adán, haciendo que el Monte Santo crezca y abarque al mundo entero.
 

 
Ascendiendo al trono
 

 
En una visión posterior, Daniel previó realmente la entronización de Cristo como el Rey prometido:
 

 
Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido. (Dan. 7:13-14).
 

 
En la actualidad, se supone comúnmente que este texto describe la Segunda Venida y así, que el reino de Cristo (llamado a menudo el milenio) comienza sólo después de su regreso. Por supuesto, esto pasa por alto el hecho de que Daniel ya había profetizado que el reino comenzaría en los días del Imperio Romano. Pero nótese exactamente lo que Daniel dice: ¡Se ve a Cristo acercándose, no alejándose! ¡El Hijo del hombre va hacia el Anciano de Días, no en dirección opuesta a él! ¡No está descendiendo en las nubes a la tierra, sino ascendiendo en las nubes hacia su Padre! Daniel no estaba prediciendo la segunda venida de Cristo, sino más bien el clímax del primer advenimiento, en el cual, después de expiar los pecados y derrotar la muerte y a Satanás, el Señor ascendió en las nubes del cielo para sentarse en su glorioso trono a la derecha del Padre. Vale la pena notar también que Daniel usó el término Hijo del hombre, la expresión que Jesús adoptó más tarde para describirse a sí mismo. Claramente, debemos entender la expresión Hijo del hombre simplemente como hijo de Adán - en otras palabras, el segundo Adán. Cristo vino como el Hijo del hombre, el segundo hombre (1 Cor. 15:47), para llevar a cabo la tarea que había sido asignada al primer hombre. Vino para ser el Rey.
 

 
Este es el constante mensaje de los evangelios. El relato de Mateo sobre la Natividad registra la historia de los magos de oriente que llegaron a adorar al Rey, y el celoso intento de Herodes de destruirle por considerarle rival de su propio dominio injusto. En su lugar, Cristo escapa y es Herodes es el que muere (Mat. 2). Inmediatamente, la historia de Mateo salta 30 años hacia adelante para subrayar lo que quiere decir:
 

 
En aquellos días, vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mat. 3:1-2).
 

 
Luego, Mateo se vuelve hacia el ministerio de Jesús, dándonos un resumen del mensaje básico de Cristo para Israel: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mat. 4:17). "Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellas, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo" (Mat. 4:23). Un simple vistazo a una concordancia revelará cuán central era el evangelio del reino al programa de Jesús. Y nótese bien que el reino no era algún milenio lejano miles de años en el futuro, después de la Segunda Venida. Jesús anunció: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio" (Mar. 1:15). Jesús dijo claramente a Israel que se arrepintiera ahora, porque el reino vendría pronto. El reino estaba cerca. Jesús lo estaba introduciendo delante de los propios ojos de ellos (véanse Mat. 12:28; Lucas 10:9-11; 17:21), y pronto ascndería al Padre para sentarse en el trono del reino. Por eso, les dijo a los discípulos:
 

 
De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino (Mat. 16:28).
 

 
¿Estaba Jesús en lo cierto, o estaba equivocado? En los términos de algunos maestros modernos, Jesús estaba errado. Y esto no es un pequeño error de cálculo: ¡Jesús erró el blanco por miles de años! ¿Podemos confiar en él como Señor y Salvador, y todavía sostener que estaba equivocado, o que de alguna manera su profecía se había descarrilado? Jesús no era sólo un hombre, como el primer Adán. Es Dios, el Señor del cielo y de la tierra; y si se dispone a traer el reino, ¿puede algo detenerle? Ni siquiera la crucifixión fue un contratiempo, porque era un aspecto crucial de su plan. Por eso dijo: "Pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo" (Juan 10:17-18). Tenemos que creer lo que Jesús dijo: Durante la vida de los que le escuchaban, vendría en su reino. Y eso es exactamente lo que hizo, culminando en su ascensión a su trono celestial.
 

 
Dice Mateo que la entrada de Jesús en Jerusalén cumplió específicamente la profecía veterotestamentaria de la inauguración del reino:
 

 
Alégrate mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna. Y de Efraín destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén, y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra. (Zac. 9:9-10; ver Mat. 21:5).
 

 
El apóstol Pedro entendía que el significado de la ascensión era la entronización de Cristo en el cielo Citando una profecía del rey David, Pedro dijo:
 

 
Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamemte toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo (Hechos 2:30-36).
 

 
Es crucial que entendamos la interpretación de la propia Biblia acerca del trono de Cristo. Según el inspirado apóstol Pedro, la profecía de David acerca de Cristo sentado en un trono no era una profecía de algún trono terrenal en Jerusalén (como algunos insisten erróneamente). David estaba profetizando acerca del trono de Cristo en el cielo. Es la entronización celestial la que el rey David predijo, le dijo Pedro a su auditorio el día de Pentecostés. Desde su trono en el cielo, Cristo ya está reinando en el mundo.
 

 
El apóstol Pablo estuvo de acuerdo: Escribió así: A la ascensión de Cristo, Dios "le hizo sentar a su diestra en lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia" (Efe. 1:20-22). Ahora bien, si Cristo está sentado ahora sobre sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, si todas las cosas están ahora bajo sus pies, ¿por qué algunos cristianos están esperando que el reino de Cristo comience? Según Pablo, Dios "nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo" (Col. 1:13). La Biblia dice que el reino ha llegado; algunos teólogos modernos dicen que no ha llegado. ¿Hay en realidad alguna duda sobre a quién debemos creer?
 

 
El encadenamiento de Satanás
 

 
La promesa original del evangelio estaba contenida en la maldición de Dios sobre la serpiente, de que la simiente de la mujer le aplastaría la cabeza (Gén. 3:15). En consecuencia, cuando Jesús vino, comenzó inmediatamente a obtener victorias sobre Satanás y sus legiones demoníacas, trabándose en combate él solo y expulsándole efectivamente de la tierra, junto con la enfermedad y la muerte. Se libró una guerra acérrima durante el ministerio de Cristo, en la cual Satanás perdía terreno continuamente y corría a esconderse. Después de observar a sus discípulos en una misión que había tenido éxito, Jesús se regocijó: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará" (Lucas 10:18-19). Jesús explicó sus victorias sobre los demonios diciendo a sus oyentes que "el reino de Dios a venido a vosotros". Y continuó: "¿Cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa" (Mat. 12:28-29). Eso es exactamente lo que Jesús estaba haciendo en el mundo. Estaba atando a Satanás, el "hombre fuerte", para saquear su casa, para rescatar a la gente de las manos del diablo.
 

 
La derrota definitiva de Satanás ocurrió a la muerte y la resurrección de Cristo. Una y otra vez, los apóstoles aseguraron a los primeros cristianos del hecho de la victoria sobre el diablo. Dice Pablo que, por medio de su obra consumada, el Señor Jesús "despojó a los principados y a las potestades y los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz" (Col. 2:15). El Nuevo Testamento enseña incuestionablemente que, al romper Cristo las ataduras de la muerte, Satanás fue dejado impotente (Heb. 2:14). Juan escribió que "para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo" (1 Juan 3:8). Nuevamente, debemos notar que esto está en tiempo pasado. Es un hecho consumado. Esta no es una profecía acerca de la Segunda Venida. Es una afirmación sobre el primer advenimiento de Cristo. Cristo vino para atar y desarmar a Satanás, dejarlo impotente, destruir sus obras, y establecer su propio reino como Rey universal, como había sido el propósito de Dios desde el comienzo. Según la Biblia, Cristo cumplió efectivamente lo que se había propuesto; la Escritura considera a Satanás un enemigo derrotado, que tiene que huir cuando los cristianos se le oponen, que no puede resistir el ataque victorioso del ejército de Cristo. Las puertas de su ciudad están condenadas a derrumbarse delante de los inexorables ataques de la iglesia (Mat. 16:18).
 

 
El crecimiento del reino
 

 
En este punto, algunos objetarán: "Si Jesús es Rey ahora, ¿por qué no se han convertido todas las naciones? ¿Por qué hay tanta impiedad? ¿Por qué no es todo perfecto?" En primer lugar, no hay ningún "si" condicional en el asunto. Jesús es el rey, y su reino ha llegado. La Biblia lo dice así. En segundo lugar, las cosas nunca serán "perfectas" antes del juicio final, y hasta el milenio descrito por ciertos escritores populares está lejos de ser perfecto (en realidad, el suyo es mucho peor, porque enseñan que las naciones nunca se convertirán verdaderamente, sino que sólo fingirán haberse convertido mientras esperan una oportuniudad para rebelarse).
 

 
Tercero, aunque el reino fue establecido definitivamente en la obra consumada de Cristo, es establecido progresivamente durante la historia (hasta que sea establecido finalmente en el día final). Por una parte, la Biblia enseña que Cristo Jesús está ahora reinando sobre las naciones con vara de hierro; ahora está sentado con poder sobre todos los otros poderes en el cielo y en la tierra, poseyendo toda autoridad. Por otra parte, la Biblia también enseña que el reino se desarrolla progresivamente, haciéndose más fuerte y más poderoso con el correr del tiempo. La misma carta a los Efesios que nos habla del gobierno absoluto de Cristo sobre la creación (1:20-22), asegurándonos que estamos reinando con él (2:6), también nos ordena ponernos la armadura para combatir contra el enemigo (6:10-17). No hay ninguna contradicción aquí - sólo dos aspectos de la misma realidad. Y le hecho de que Jesús está ahora reinando como rey de reyes es precisamente la razón de por qué tenemos confianza en la victoria en nuestro conflicto con el mal. Podemos experimentar el triunfo progresivo ahora, porque Cristo Jesús triunfó definitivamente sobre Satanás en su vida, su muerte, su resurrección y su ascensión.
 

 
Jesús contó dos parábolas que ilustran el crecimiento del reino. Mateo nos dice:
 

 
Otra parábola les refirió, diciendo: "El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en el campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas".
 

 
Otra parábolas les dijo: "El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado" (Mat. 13:31-33).
 

 
El reino fue establecido cuando Cristo vino. Pero no ha alcanzado su pleno desarrollo. Como el grano de mostaza, comenzó siendo pequeño, pero crecerá hasta un tamaño enorme (de la misma manera que la roca que Daniel vio se convirtió en un monte que llenó toda la tierra). El reino crecerá en tamaño, extendiéndose a todas partes, hasta que el conocimiento de Dios cubra la tierra, como las aguas cubren el mar. El crecimiento del reino será extensivo.
 

 
Pero el reino también crecerá intensivamente. Como la levadura en el pan, transformará el mundo, tan seguramente como transforma las vidas individuales. Cristo ha plantado en el mundo su evangelio, poder de Dios para salvación. Como la levadura, el poder del reino continuará obrando "hasta que todo esté leudado".
 

 
Después de examinar esta parábola, usted se podría preguntar cómo podría alguien negar una escatología de dominio. ¿Cómo puede uno soslayar la fuerza de este versículo? He aquí cómo: el derrotista simplemente explica que la "levadura" no es el reino, sino ¡una representación de cómo las herejías maléficas son plantadas en la iglesia por el diablo! Increíblemente, su caso es tan desesperado que recurrirá a juegos de manos, convirtiendo una promesa de la victoria del reino en una promesa de la derrota de la iglesia. Nótese bien que todo está leudado; el versículo enseña la victoria total, de un lado o del otro.
 

 
Por consiguiente, según Jesús, ¿qué lado ganará? Contrariamente a los pesimistas, Jesús no dijo que el reino es como la masa, en la cual alguien introduce subrepticiamente levadura mala. Jesús dijo que el reino es como la levadura. El reino comenzó pequeño, y su crecimiento a menudo ha sido inadvertido y algunas veces virtualmente invisible, pero continúa fermentando y transformando el mundo. ¿Dónde estaba el cristianismo hace 2000 años? Consistía de un mero puñado de personas que habían sido comisionadas para hacer discípulas a las naciones - un pequeño grupo que sería perseguido por sus propios compatriotas y al que se le opondría el ejército del imperio más poderoso de la historia. ¿Qué probabilidades les habríamos dado de que sobrevivieran? Sin embargo, la iglesia salió victoriosa del conflicto, ganadora por amplio margen; Roma y Jerusalén no pasaron del punto de partida. Los últimos veinte siglos han sido testigos del progreso que sólo podrían negar los ciegos voluntarios. ¿Se ha extendido por todas partes la levadura del evangelio? Por supuesto que no; todavía no. Pero lo hará. Dios nos ha predestinado a la victoria.
Capítulo 9

 
EL RECHAZO DE ISRAEL
 

 
Él era como los que fueron enviados por el dueño de casa para que recibieran los frutos de la viña de los labradores; porque exhortaba a todos los hombres a devolver un rédito. Pero Israel lo despreció y no quiso devolver, pues su voluntad no era correcta, y además mataron a los que habían sido enviados, y ni siquiera se detuvieron de atentar contra el señor de la viña, sino que le mataron. Ciertamente, cuando llegó y no encontró fruto en ellos, les maldijo por medio de la higuera, diciendo: "Nunca más nazca de ti fruto" [Mat. 21:19]; y la higuera quedó muerta y sin fruto, de manera que hasta los discípulos se maravillaron cuado la higuera se secó.
 

 
Entonces se cumplió lo dicho por el profeta: "Y haré que desaparezca de entre ellos la voz de gozo y la voz de alegría, la voz de desposado y la voz de desposada; ruido de molino y luz de lámpara. Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto [Jer. 25:10]. Porque el servicio entero de la ley ha sido abolido de entre ellos, y de ahora en adelante y para siempre permanecerán sin fiestas.
 
Atanasio, Letters [vi]
 

 
Leer la Biblia en términos del tema del paraíso puede profundizar nuestra comprensión hasta de los pasajes más familiares de la Escritura. De repente, podemos entender por qué, por ejemplo, Salmo 80 e Isaías 5 describen el pueblo del pacto como "la viña del Señor". Como hemos visto, este era un recordatorio del estado original del hombre en comunión con Dios en el Edén. También era un recordatorio de que, cuando Dios salva a su pueblo, le constituye en huerto renovado (o viña renovada), y así, los escritores bíblicos usaban una y otra vez las imágenes de plantar, árboles, viñas, y frutos para describir la salvación en sus varios aspectos (Juan 15 es un ejemplo bien conocido). Sin embargo, también es importante reconocer que las imágenes del huerto pueden usarse para describir la apostasía y la maldición, porque la primera violación del pacto tuvo lugar en Edén. Dios había dado a Adán una comisión para que cultivara y guardara su "viña"; en lugar de eso, Adán se había rebelado contra el terrateniente, y había sido maldecido y expulsado, perdiendo su herencia. Esta imagen doble de la viña como lugar, tanto de bendición como de maldición, es un importante concepto en la Biblia, y se convirtió en el escenario de una de las más notables parábolas de Jesús, la historia de los labradores malvados (Salmos 80 e Isaías 5 deben ser leídos junto con esto).
 

 
Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Finalmente, les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. (Mat. 21:33-39).
 

 
En su gracia, Dios había enviado profetas a Israel a lo largo de su historia, y los hombres de Dios siempre habían sido tratados alevosamente. "Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra" (Heb. 11:37-38). El hecho es que Israel había rechazado consistententemente la palabra de Dios y maltratado a los profetas, desde el mismo comienzo. Como les acusó Esteban (justo antes de ser asesinado por los dirigentes judíos): "¡Duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores" (Hechos 7:51-52).
 

 
El malvado tratamiento de los profetas por parte de Israel alcanzó su clímax en el asesinato del Hijo de Dios, como Jesús predijo en su parábola. Luego preguntó a sus oyentes: "Cuando venga el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?"
 

 
Le dijeron: "A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo". Jesús les dijo: "¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos"? Por tanto, os digo que el reino de los cielos será quitado de vosotros y será dado a gente que produzca los frutos de él" (Mat. 21:40-43).
 

 
Los judíos habían pronunciado su propia sentencia de condenación. Y ciertamente, la viña les sería quitada; el Señor vendría y les destruiría,y daría la viña a obedientes obreros que le rindieran el fruto que Él deseaba. El reino sería quitado a los judíos y dado a otras "gentes". ¿Quiénes serían estas gentes?  Después de citar el mismo texto del Antiguo Testamento que Jesús había usado, el apóstol Pedro dio la respuesta definitiva, escribiendo a la iglesia: "Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia" (1 Ped. 2:9-10). El argumento decisivo es que Dios había usado este idéntico lenguaje al hablar al pueblo del pacto, Israel, en el monte Sinaí. "Vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos ... y vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa" (Éx. 19:5-6). Dice Pedro que lo que una vez había sido cierto con respecto a Israel, ahora y para siempre es verdadero con respecto a la iglesia. Israel era un huerto, una viña, en rebeldía contra su dueño o, para cambiar la metáfora, era un árbol sin fruto, como dijo Jesús en otra parábola:
 

 
Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? El entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después" (Lucas 13:6-9).
 

 
Jesús, el Señor de la viña, pasó los tres años de su ministerio viajando por Israel buscando fruto. Ahora era tiempo de "cortarlo" . Juan el Bautista había advertido a los judíos, aun antes de que Jesús comenzara su ministerio, que a la viña de Israel se le estaba acabando el tiempo:
 

 
Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego (Mat. 3:8-10).
 

 
Este era el problema con Israel. Aunque los judíos le dieron la bienvenida a Jesús en Jerusalén haciendo ondear ramas de árboles como reconocimiento de su venidera restauración de Edén (Mat. 21:8-9), las ramas no tenían frutos. De manera interesante, el mismo pasaje continúa y muestra lo que sucedió después de que Jesús se fue de Jerusalén. Mientras caminaba, se topó con una higuera y buscó frutos, pero no encontró ninguno. Así que maldijo a la higuera, diciendo: "Nunca jamás nazca de ti fruto". E inmediatamente la higuera se secó (Mat. 21:18-19). Lo mismo ocurriría al Israel estéril e impenitente.
 

 
La generación terminal
 

 
Por supuesto, la culpa recaía principalmente en los líderes de Israel, los ciegos guías de los ciegos, que conducían a la nación entera hacia el hoyo (Mat. 15:14). Por eso Jesús dirigía particularmente sus airadas acusaciones contra ellos (véase Mat. 23). Pero incluía también al pueblo en general en su condena, como podemos ver en las palabras finales de su último mensaje público:
 

 
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no habríamos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquéllos que mataron a los profetas. ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres! ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matásteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación (Mat. 23:29-36).
 

 
Los pecados de Israel, sus rebeliones y sus apostasías, se habían estado acumulando por siglos, llenando la copa hasta rebosar. El punto crítico llegó cuando vino el Hijo. Su rechazo de Él selló su suerte, y a su vez fueron rechazados por Dios. La generación que crucificó al Señor y persiguió a sus apóstoles era la verdadera "generación terminal". Israel, como el pueblo del pacto, habría de ser destruido, final e irrevocablemente. Había recibido la advertencia final. Años más tarde, poco antes de que el holocausto del año 70 D. C. descendiera sobre Israel, el apóstol Pablo escribió que "los judíos ... mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres, impidiéndonos hablar a los gentiles para que éstos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo" (1 Tes. 2:14-16).
 

 
Como nación, Israel se había convertido en apóstata, una ramera espiritual en rebeldía contra su Esposo (véase Eze. 16). Las terribles palabras de Hebreos 6:4-8 se aplicaban literalmente a la nación del pacto, que había renunciado a su primogenitura:
 

 
Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquéllos para los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada.
 

 
La misma multitud que dio la bienvenida a Jesús en Jerusalén con hosannas clamó por su sangre en menos de una semana. Como todos los esclavos, su actitud era inconstante; pero, finalmente, su actitud se resumió en otra de las parábolas de Jesús: "No queremos que éste reine sobre nosotros" (Luc. 19:14). Los principales sacerdotes revelaron la fe de la nación cuando negaron vehementemente el señorío de Cristo y afirmaron: "No tenemos más rey que César" (Juan 19:15).
 

 
Así que el pueblo del pacto heredó la maldición. Habían hecho ondear sus ramas en dirección al Hijo del dueño cuando entró en la viña, aparentemente para darle la bienvenida en su propiedad legal; pero, cuando Él se acercó más e inspeccionó las ramas, no encontró ningún fruto - sólo hojas. Para conservar el modelo que hemos visto en nuestro estudio del huerto de Edén, Israel estaba maduro para ser juzgado, desheredado, y expulsado del la viña.
 

 
Pero no sólo tenían los ejemplos de Edén, el diluvio, Babel, y los otros juicios históricos como amonestaciones. Por medio de Moisés, Dios había dicho específicamente que la maldición caería sobre ellos si apostataban de la verdadera fe. Haríamos bien en recordar para nosotros mismos las advertencias de Deuteronomio 28, donde Dios amenaza con la pérdida de la familia y las posesiones, ser asolados por diversas enfermedades, sufrir a causa de la guerra y la opresión por una nación pagana victoriosa, volverse al canibalismo a causa de la hambruna, y ser vendidos como esclavos y dispersados sobre la faz de la tierra.
 

 
Así como Jehová se gozaba en haceros bien y en multiplicaros, así se gozará Jehová en arruinaros y en destruiros; y seréis arrancados de sobre la tierra a la cual entráis para tomar posesión de ella.
 

 
Y Jehová te esparcirá por todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo; y allí servirás a dioses ajenos que no conociste tú ni tus padres, al leño y a la piedra. Y ni aun entre estas naciones descansarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo; pues allí te dará Jehová corazón temeroso, y desfallecimiento de ojos, y tristeza de alma;
 

 
Y tendrás tu vida como algo que pende delante de ti, y estarás temeroso de noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida. Por la mañana dirás: ¡Quién diera que fuese la tarde!, y a la tarde dirás: ¡Quién diera que fuese la mañana! por el miedo de tu corazón con que estarás amedrentado, y por lo que verán tus ojos (Deut. 28:63-67).
 

 
A causa de haber cometido Israel el supremo acto de violación del pacto al rechazar a Cristo, Israel mismo fue rechazado por Dios. Las terribles maldiciones pronunciadas por Jesús, Moisés, y los profetas se cumplieron en la terrible destrucción de Jerusalén, la desolación del templo y la desaparición de la nación del pacto en el año 70 D. C. (Véase el Apéndice B para leer la descripción de este suceso, y compararla con las maldiciones descritas en Deuteronomio 28). Tal como Dios había prometido, el reino fue realmente establecido cuando vino Cristo. Pero, en vez de abarcar y asimilar en su estructura al antiguo Israel, el reino vino e hizo polvo a Israel. El nuevo templo de Dios, la iglesia, fue establecido cuando el antiguo templo fue derribado y reducido a escombros.
Capítulo 10

 
LA GRAN TRIBULACIÓN
 

 
<>
Y cuando Aquél que habló a Moisés, el Verbo del Padre, apareció en el fin del mundo, también dio mandamiento, diciendo: "Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra" [Mat. 10:23]; y poco después dice: "Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa" [Mat. 24:15]. Sabiendo estas cosas, los santos regulaban su conducta en consecuencia.
 
 
Atanasio, Defence of His Flight [11]
 

 
Uno de los principios más elementales para interpretar correctamente el mensaje de la Biblia es que la Escritura interpreta la Escritura. La Biblia es la Palabra de Dios, santa, infalible, libre de error. Es nuestra mayor autoridad. Esto significa que no podemos buscar una interpretación autorizada del significado de la Escritura fuera de la Biblia misma. También significa que no debemos interpretar la Biblia como si hubiese caído del cielo en el siglo veinte. El Nuevo Testamento fue escrito en el siglo primero, y por eso debemos tratar de entenderlo en términos de sus lectores del siglo primero. Por ejemplo, cuando Juan llama a Jesús "el cordero de Dios", ni él ni sus lectores tenían en mente nada ni remotamente similar a lo que el hombre moderno promedio, el hombre de la calle, podría pensar si oyera que alguien era llamado "cordero". Juan no quería decir que Jesús era dulce, abrazador, o mono. En realidad, Juan no se refería en absoluto a la personalidad de Jesús. Quería decir que Jesús era el Sacrificio sin pecado por el mundo. ¿Cómo sabemos esto? Porque la Biblia nos lo dice así.
 

 
Este es el método que tenemos que usar para resolver cada uno de los problemas de interpretación en la Biblia - incluyendo los pasajes proféticos. Es decir, cuando leemos un pasaje en Ezequiel, nuestra primera reacción no debe ser ojear las páginas del New York Times en una búsqueda frenética de pistas acerca del significado del pasaje. El periódico no interpreta la Escritura, en ningún sentido primario. El periódico no debe decidir por nosotros cuándo se han de cumplir ciertos sucesos proféticos. La Escritura interpreta la Escritura.
 
Esta generación
 

 
 
En Mateo 24 (y Marcos 13 y Lucas 21), Jesús habló a sus discípulos acerca de una "gran tribulación" que sobrevendría a Jerusalén. Durante los pasados 100 años más o menos, se ha puesto de moda enseñar que Jesús hablaba del fin de la "era de la iglesia" y el tiempo de la segunda venida. Pero, ¿era esto lo que quería decir? Debemos observar cuidadosamente que Jesús mismo dio la fecha (aproximada) de la venidera tribulación, no dejando lugar para la duda después de cualquier examen cuidadoso del texto bíblico. Jesús dijo:
 

 
De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca (Mat. 24:34).
 

 
Esto significa que el todo de que Jesús hablaba en este pasaje, por lo menos hasta el versículo 34, tuvo lugar antes de que pasara la generación que entonces vivía. "Espere un momento", dice usted. "¿Todo? El testimonio a todas las naciones, la tribulación, la venida de Cristo en las nubes, la caída de las estrellas ... ¿todo?" Sí - y de paso, este punto es una prueba muy buena de su compromiso con el principio con el cual iniciamos este capítulo: la Escritura interpreta la Escritura, dije; y usted asintió con la cabeza y bostezó, pensando: "Claro, yo sé todo eso. Vaya al grano. ¿Dónde encajan las explosiones atómicas y las abejas asesinas?" El Señor Jesús declaró que "esta generación" - la gente que vivía entonces - no pasaría antes de que tuvieran lugar las cosas que él profetizaba. La pregunta es: ¿Le cree usted?
 

 
Algunos han tratado de soslayar la fuerza de este texto diciendo que aquí la palabra generación significa en realidad raza, y que Jesús estaba diciendo simplemente que la raza judía no moriría sino hasta que estas cosas tuvieran lugar. ¿Es verdad eso? Le reto a usted: Saque su concordancia y busque cada uno de los textos del Nuevo Testamento en que aparece la palabra generación (genea, en griego) y vea si alguna vez significa "raza" en cualquier otro contexto. He aquí todas las referencias en los evangelios: Mateo 1:17; 11:16; 12:39, 41, 42, 45; 16:4; 17:17; 23:36; 24:34; Marcos 8:12; 38; 9:19; 13:30; Lucas 1:48, 50; 7:31; 9:41; 1:29, 30, 31, 32, 50, 51; 16:8; 17:25; 21:32. Ni una sola de estas referencias habla de totalidad de la raza judía por miles de años; todas usan la palabra en su sentido normal de la suma total de los que vivían al mismo tiempo. Siempre se refiere a contemporáneos. (En realidad, los que dicen que la palabra significa "raza" tienden a reconocer este hecho, ¡pero explican que la palabra cambia de significado súbitamente cuando Jesús la usa en Mateo 24! Podemos sonreír en presencia de este error transparente, pero también debemos recordar que esto es muy serio. Estamos tratando con la palabra del Dios viviente).
 

 
Por consiguiente, la conclusión - antes de que comencemos siquiera a investigar el pasaje en su totalidad - es que los sucesos profetizados en Mateo 24 tuvieron lugar dentro de la vida de la generación que entonces vivía. Fue a a esta generación a la que Jesús llamó "malvada y perversa" (Mat. 12:39, 45; 16:4; 17:17); fue esta "generación terminal" la que crucificó al Señor; y fue esta generación, dijo Jesús, sobre la cual vendría el castigo por toda la sangre justa derramada en la tierra" (Mat. 23:35).
 

 
Todas estas cosas
 

 
"De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta" (Mat. 23:36-38).
 

 
La afirmación de Jesús en Mateo 23 prepara el escenario para su enseñanza de Mateo 24. Jesús habló claramente de un juicio inminente sobre Israel por rechazar la palabra de Dios, y por la apostasía final de rechazar al Hijo de Dios. Los discípulos quedaron tan alterados por esta profecía de condenación sobre la presente generación y la "desolación" de la "casa" judía (el templo) que, cuando estuvieron solos con Jesús, no pudieron evitar pedir una explicación.
 

 
Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada. Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo? (Mat. 24:1-3).
 

 
Nuevamente, debemos tomar nota cuidadosa de que Jesús no estaba hablando de algo que ocurriría miles de años más tarde, a algún templo futuro. Estaba profetizando sobre "todo esto", diciendo que "no quedará aquí piedra sobre piedra". Esto se ve aun más claramente si consultamos los pasajes paralelos:
 

 
Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada (Mar. 13:1-2).
 

 
Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo: En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida (Luc. 21:5-6).
 

 
Por consiguiente, la única interpretación posible que el mismo Jesús permite de sus propias palabras es que estaba hablando de la destrucción del templo, que en ese momento existía en Jerusalén, los mismos edificios que los discípulos contemplaban en ese momento de la historia. El templo del cual Jesús hablaba fue destruido en la caída de Jerusalén bajo los ejércitos romanos en el año 70 D. C. Esta es la única interpretación posible de la profecía de Jesús en este capítulo. La gran tribulación terminó con la destrucción del templo en el año 70 D. C. Aun en el caso (improbable) de que se construyera otro templo en algún momento en el futuro, las palabras de Jesús en Mateo 24, Marcos 13, y Lucas 21 no tienen nada que decir acerca de él. Jesús estaba hablando sólo del templo de esa generación. No hay ninguna base bíblica para afirmar que se tratase de algún otro templo. Jesús confirmó los temores de los discípulos: El hermoso templo de Jerusalén sería destruido dentro de esa generación; su casa quedaría desolada.
 

 
Los discípulos entendieron el significado de esto. Sabían que la venida de Cristo en juicio para destruir el templo significaría la completa disolución de Israel como la nación del pacto. Sería la señal de que Dios se había divorciado de Israel, quitándose de en medio, quitándole el reino y dándoselo a otra nación (Mat. 21:43). Sería la señal del fin de esa época, y de la llegada de una era enteramente nueva en la historia mundial - el nuevo orden mundial de Cristo Jesús. Desde el principio de la creación hasta el año 70 D. C., el mundo estuvo organizado alrededor de un santuario central, una sola casa de Dios. Ahora, en el orden del nuevo pacto, se establecen santuarios dondequiera que exista culto verdadero, donde se observen los sacramentos y se manifieste la presencia especial de Cristo. Anteriormente en su ministerio, Jesús había dicho: "La hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. ... Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad" (Juan 4:21-23). Ahora Jesús estaba dejando claro que la nueva era estaba a punto de ser establecida permanentemente sobre las cenizas de la antigua. Los discípulos preguntaron urgentemente: "¿Cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo?"
 

 
Algunos han intentado leer esto como si fuesen dos o tres preguntas separadas, de manera que los discípulos estarían preguntando primero sobre la destrucción del templo, y luego sobre las señales del fin del mundo. Esto difícilmente parece creíble. El contexto inmediato (el reciente sermón de Jesús) tiene que ver con la suerte de aquella generación. Los discípulos, consternados, habían señalado las bellezas del templo, como argumentando que un espectáculo tan magnífico no debía quedar en ruinas; acababan de ser silenciados por la categórica declaración de Jesús de que no quedaría piedra sobre piedra. No hay nada en absoluto que indique que los discípulos cambiaron de tema súbitamente y preguntaron acerca del fin del universo material. (La traducción "fin del mundo" en la versión King James causa confusión, porque el significado de la palabra inglesa world (mundo) ha cambiado en los últimos siglos. Aquí la palabra griega no es cosmos, sino aion, que significa época o era). Los discípulos tenían una sola preocupación, y sus preguntas giraban en torno a un solo punto: el hecho de que su propia generación presenciaría el fin de la era pre-cristiana y la llegada de la nueva era prometida por los profetas. Todo lo que los discípulos querían saber era cuándo llegaría y qué señales debían esperar, para poder estar bien preparados.
 

 
Señales del fin
 

 
Jesús respondió dándoles a los discípulos, no una señal, sino siete señales del fin. (Debemos recordar que "el fin" en este pasaje no es el fin del mundo, sino el fin de la época, el fin del templo, del sistema de sacrificios, de la nación del pacto, Israel, y de los últimos restos de la era pre-cristiana). Es notable que hay una progresión en esta lista: las señales parecen volverse más específicas y pronunciadas hasta que llegamos a la final e inmediata precursora del fin. La lista comienza con ciertos sucesos que ocurrirían sólo como "principio de dolores" (Mat. 24:8). Jesús advirtió que, por sí mismas, las señales no debían ser tomadas como señales de un fin inminente; por eso, los discípulos debían estar alerta para no ser confundidos sobre este punto (v. 4). Estos sucesos "iniciales", que marcaban el período entre la resurrección de Cristo y la destrucción del templo en el año 70 D. C., eran como sigue:
 
  1. Falsos mesías. "Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: 'Yo soy el Cristo', y a muchos engañarán (v. 5).
  1. Guerras. "Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca, pero aun no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino" (v. 6-7a).
  1. Desastres naturales. "Y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores" (v. 7b-8).
Cualquiera de estas ocurrencias podría haber hecho que los cristianos sintieran que el fin estaba sobre ellos inmediatamente, si Jesús nos les hubiera advertido que tales sucesos serían sólo tendencias generales que caracterizarían a la generación final, y no precisamente señales del fin. Las dos señales siguientes, aunque todavía caracterizan el período en general, sí nos llevan hasta un punto cerca del fin de la época:
 
  1. Persecución. "Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre" (v. 9).
  1. Apostasía. "Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad,el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo" (v. 10-13).
Los últimos dos puntos de la lista son mucho más específicos e identificables que las señales anteriores. Éstas serían las señales finales y definitivas del fin - una, el cumplimiento de un proceso, y la otra, un suceso decisivo:
 
  1. Evangelización mundial. "Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin" (v. 14).
A primera vista, esto parece increíble. ¿Podría el evangelio haber sido predicado al mundo entero dentro de la generación en que se pronunciaron estas palabras?  El testimonio de la Escritura es claro. No sólo podría haber ocurrido, sino que ocurrió realmente. ¿Prueba? Algunos años antes de la destrucción de Jerusalén, Pablo escribió a los cristianos de Colosas acerca de "la palabra verdadera del evangelio, que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece" (Col. 1:5-6), y les exhortó a no apartarse "de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo" (Col. 1:23). A la iglesia de Roma, Pablo le anunció que "vuestra fe se divulga por todo el mundo" (Rom. 1:8), porque la voz de los predicadores del evangelio "ha salido por toda la tierra, y hasta los fines de la tierra sus palabras" (Rom. 10:18). Según la infalible palabra de Dios, el evangelio efectivamente se había predicado al mundo entero mucho antes de que Jerusalén fuera destruida en el año 70 D. C.  Esta señal crucial del fin se cumplió, como dijo Jesús. Todo lo que quedaba era la séptima y última señal; y cuando este suceso ocurrió, a cualesquiera cristianos que quedasen en o cerca de Jerusalén se les dijo que escaparan inmediatamente:
 
  1. La abominación desoladora. Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa" (v. 15-18).
     
El texto del Antiguo Testamento al que aludía Cristo es Daniel 9:26-27, que profetiza la llegada de ejércitos para destruir a Jerusalén y el templo: "Y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Después, con la muchedumbre de las abominaciones, vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador". La palabra hebrea para abominación se usa en todo el Antiguo Testamento para indicar ídolos y suciedad, prácticas idólatras, especialmente por los enemigos de Israel (véase, por ejemplo, Deut. 29:17; 1 Reyes 11:5, 7; 2 Reyes 23:13; 2 Crón. 15:8; Isa. 66:3; Jer. 4:1; 7:30; 13:27; 32:34; Eze. 5:11; 7:20; 11:18, 21; 20:7-8, 30). El significado tanto de Danie como de Mateo se aclara por la referencia paralela en Lucas. En vez de "abominación desoladora", Lucas dice:
 

 
Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas (Lucas 21:20-22).
 

 
Por consiguiente, la "abominación desoladora" habría de ser la invasión armada contra Jerusalén. Durante el período de las Guerras Judías, Jerusalén fue rodeada varias veces por ejércitos paganos. Pero el suceso específico denotado por Jesús como "la abominación desoladora" parece ser la ocasión en que los edomitas (idumeos), los enemigos de Israel de toda la vida, atacaron Jerusalén. Varias veces en la historia de Israel, mientras la ciudad era atacada por sus enemigos paganos, los edomitas habían irrumpido para saquear y asolar la ciudad, agravando así la desgracia de Israel (2 Crón. 20:2; 28:17; Sal. 137:7; Eze. 35:5-15; Amós 1:9, 11; Abdías 10-16). 
 

 
Los edomitas permanecieron fieles a su naturaleza, y su patrón característico se repitió durante la Gran Tribulación: Una noche, en el año 68 D. C., los edomitas rodearon la santa ciudad con 20,000 soldados.  Josefo escribe que, mientras estaban fuera del muro, se desató una terrible tormenta durante la noche, con la mayor violencia, vientos muy fuertes, grandes aguaceros, continuos relámpagos, terribles truenos, y asombrosos retumbos y rugidos de la tierra, que era un terremoto. Estas cosas eran una manifiesta indicación de que alguna destrucción vendría sobre los seres humanos, cuando el sistema mundial había sido puesto en este desorden; y cualquiera adivinaría que estas maravillas presagiaban alguna gran calamidad venidera".
 

 
Esta era la última oportunidad para escapar de la ciudad de Jerusalén, condenada a la destrucción. Todo el que deseaba huir tenía que hacerlo inmediatamente, sin demora. Los edomitas irrumpieron en la ciudad y fueron directamente al templo, donde masacraron a 8,500 personas cortándoles la garganta. Mientras el templo se desbordaba de sangre, los edomitas corrían como locos por las calles de la ciudad, saqueando casas y asesinando a todos los que encontraban, incluyendo al sumo sacerdote. Según el historiador Josefo, este suceso marcó "el comienzo de la destrucción de la ciudad ... a partir de este mismo día se puede fechar el derribamiento del muro y la ruina de sus asuntos".
 

 
La tribulación
 

 
Mas ¡ay de las que estén encinta, y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo; porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá (Mat. 24:19-21).
 

 
El relato de Lucas da detalles adicionales:
 

 
Mas ¡ay de las que estén encinta, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan (Lucas 21:23-24).
 

 
Como se señala en Mateo, la gran tribulación habría de tener lugar, no al final de la historia, sino a la mitad, porque nada similar había ocurrido "desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá". Así, pues, la profecía de la tribulación se refiere a la destrucción del templo  en aquella generación (70 D. C.) solamente. No puede hacérsela encajar en algún esquema de interpretación de "doble cumplimiento"; la gran tribulación del año 70 D. C. fue un suceso absolutamente único, que jamás se repetiría.
 

 
Josefo nos ha dejado un registro presencial de gran parte del horror de aquellos años, y especialmente de los días finales de Jerusalén. Fue una época en que "el día se pasaba en derramamiento de sangre, y la noche se pasaba en temor"; cuando era "común ver ciudades llenas de cadáveres"; cuando los judíos se llenaron de pánico y comenzaron a matarse unos a otros indiscriminadamente; cuando los padres, con lágrimas en los ojos, masacraban a familias enteras, para evitar que recibieran un tratamiento peor por los romanos; cuando, en medio de la terrible hambruna, las madres mataban, asaban y se comían a sus propios hijos (ver Deut. 28:53); cuando el país entero "estaba lleno de fuego y sangre"; cuando los lagos y los mares se teñían de rojo, con cadáveres flotando por todas partes, atestando las orillas, hinchándose al sol, pudriéndose y reventándose; cuando los soldados romanos capturaban a personas que trataban de escapar y luego les crucificaban a razón de 500 por día.
 

 
"Crucifícale! ¡Crucifícale! ¡Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos!", habían exclamado los apóstatas cuarenta años antes (Mat. 27:22-25); y cuando todo hubo terminado, más de un millón de judíos habían sido muertos en el sitio de Jerusalén; cerca de un millón más fueron vendidos como esclavos por todo el imperio, y toda Judea yacía en ruinas humeantes, casi despoblada. Los días de retribución habían llegado con horripilante e inmisericorde intensidad. Al romper el pacto, la ciudad santa se había convertido en la ramera babilónica; y ahora era un desierto, "habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible" (Apoc.18:2).
 
Capítulo 11
 
 
La venida en las nubes

 
Si no resucitó, sino que todavía está muerto, ¿cómo es que pone en fuga, persigue y derriba los dioses falsos, que los incrédulos creen que están vivos, y a los malos espíritus que ellos adoran? Porque donde Cristo se sombra, la idolatría es destruida y el fraude de los malos espíritus queda expuesto; de hecho, ningún espíritu de esa clase puede soportar el Nombre, sino que huye al sonido de él. Esta es la obra del que vive; y más que eso, es la obra de Dios.
 
Atanasio, On the Incarnation [30]
 

 
Hemos visto que el discurso de Jesús en el Monte de los Olivos, registrado en Mateo 24, Marcos 13, y Lucas 21, trata del "fin" - no del mundo, sino de Jerusalén y el templo; hace referencia exclusivamente a los "últimos días" de la era del pacto antiguo. Jesús habló claramente de sus propios contemporáneos cuando dijo que "esta generación" vería "todas estas cosas". La "gran tribulación" tuvo lugar durante la terrible época de sufrimiento, guerras, hambruna, y asesinatos en masa que condujo a la destrucción del templo en el año 70 D. C.  Lo que parece presentar un problema para esta interpretación, sin embargo, es lo que Jesús dice a continuación:
 

 
E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro (Mat. 24:29-31).
 

 
Jesús parece estar diciendo que la segunda venida ocurrirá inmediatamente después de la tribulación. ¿Ocurrió la segunda venida en el año 70 D. C.? ¿Nos la hemos perdido? Primero, dejemos clara una cosa desde el comienzo: no hay manera de soslayar esa palabra, inmediatamente. Significa inmediatamente. Reconociendo que la tribulación tuvo lugar durante la generación que entonces vivía, también tenemos que hacer frente a la clara enseñanza de la Escritura de que, cualquier cosa de que Jesús esté hablando en estos versículos, ocurrió inmediatamente después. En otras palabras, estos versículos describen lo que debe tener lugar al final de la tribulación - lo que forma su clímax.
 

 
Para entender el significado de las expresiones de Jesús en este pasaje, debemos entender el Antiguo Testamento mucho más de lo que mucha gente lo entiende hoy día. Jesús estaba hablando a un auditorio que estaba íntimamente familiarizado con los más oscuros detalles de la literatura del Antiguo Testamento. Habían oído leer y exponer el Antuguo Testamento incontables veces durante sus vidas, y habían memorizado largos pasajes. Las imágenes  y las formas de expresión bíblicas habían formado su cultura, su ambiente, y su vocabulario desde la más tierna infancia, y esto había ocurrido por generaciones. La diferencia entre su perspectiva y la nuestra puede ilustrarse por el hecho de que, aunque gran parte de la discusión de este libro acerca del tema del paraíso probablemente era muy nueva para usted, habría sido muy familiar para los discípulos.
 

 
El hecho es que, cuando Jesús habló a sus discípulos de la caída de Jerusalén, usó lenguaje profético. Había un "lenguaje" de profecía, reconocible instantáneamente por los que estaban familiarizados con el Antiguo Testamento (algo de lo cual ya hemos cubierto en nuestro estudio de Edén). Al predecir Jesús el completo fin del sistema del pacto antiguo - lo cual era, en cierto sentido, el fin de todo un mundo - Jesús hablaba de él como lo habría hecho cualquiera de los profetas, en el conmovedor lenguaje del juicio de pacto. Consideraremos cada uno de los elementos de la profecía, viendo cómo su uso anterior por los profetas del Antiguo Testamento determinaba su significado en el contexto del discurso de Jesús sobre la caída de Jerusalén. Recuérdese que nuestro modelo final de verdad es la Biblia, y la Biblia solamente.
 

 
El sol, la luna y las estrellas
 

 
Jesús dijo que, al fin de la tribulación, el universo se derrumbaría: la luz del sol y de la luna se extinguiría, las estrellas caerían, las potencias de los cielos serían conmovidas. La base para este simbolismo está en Génesis 1:14-16, donde se dice que el sol, la luna y las estrellas ("las potencias de los cielos") son las "señales" que "gobiernan" el mundo. Más tarde en la Escritura, estas luces celestiales se usan para hablar de las autoridades y gobernantes terrenales; y cuando Dios amenaza con ir contra ellos en juicio, se usa la misma terminología del universo que se derrumba para describirlo. Profetizando la caída de Babilonia ante los medos en el año 539 A. C., Isaías escribió:
 

 
He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores. Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. (Isa. 13:9-10).
 

 
De manera significativa, Isaías profetizó más tarde la caída de Edom en términos de de-creación:
 

 
Y todo el ejército de los cielos se disolverá, y se enrollarán los cielos como un libro; y caerá todo su ejército, como se cae la hoja de la parra, y como se cae la de la higuera. (Isa. 34:4).
 

 
El contemporáneo de Isaías, el profeta Amós, predijo la destrucción de Samaria (722 A. C.) casi de la misma manera:
 

 
Acontecerá en aquel día, dice Jehová el Señor, que haré que se ponga el sol a mediodía, y cubriré de tinieblas la tierra en el día claro. (Amós 8:9).
 

 
Otro ejemplo es del profeta Ezequiel, que predijo la destrucción de Egipto. Dios dijo esto por medio de Ezequiel:
 

 
Y cuando te haya extinguido, cubriré los cielos, y haré entenebrecer sus estrellas; el sol cubriré con nublado, y la luna no hará resplandecer su luz. Haré entenebrecer todos los astros brillantes del cielo por tí, y pondré tinieblas sobre tu tierra, dice Jehová el Señor. (Eze. 3:7-8).
 

 
Hay que enfatizar que ninguno de estos sucesos tuvo lugar literalmente. Dios no se proponía que nadie pusiera una construcción literalista en estas declaraciones. Sin embargo, poéticamente, todas estas cosas sí ocurrieron: por lo que concernía a estas naciones impías, "las luces se apagaron". Este es simplemente lenguaje figurado, que no nos sorprendería en absoluto si estuviésemos más familiarizados con la Biblia y apreciáramos su carácter literario.
 

 
Por consiguiente, lo que Jesús está diciendo en Mateo 24, en terminología profética reconocible inmediatamente por sus discípulos, es que la luz de Israel se apagaría; la nación del pacto dejaría de existir. Cuando la tribulación terminara, el antiguo Israel desaparecería.
 

 
La señal del Hijo del Hombre
 

 
La mayoría de las traducciones modernas de Mateo 24:30 dice algo como esto: "Y entonces la señal del Hijo del Hombre aparecerá en el cielo ...". Este es un error de traducción, basado, no en el texto griego, sino en las erróneas suposiciones de los propios traductores sobre el tema de este pasaje (creían que estaba hablando de la segunda venida). Una traducción del texto griego, palabra por palabra, dice en realidad:
 

 
Y entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo ...
 

 
Como usted puede ver, en la traducción correcta aparecen dos diferencias importantes: primera, la ubicación de la que se habla es el cielo, no sólo el firmamento; segunda, no es la señal lo que está en el cielo, sino que es el Hijo del Hombre el que está en el cielo. Lo que queremos decir es simplemente que este gran juicio sobre Israel, la destrucción de Jerusalén y el templo, serían la señal de que Cristo Jesús está en su trono en el cielo, a la diestra del Padre, gobernando las naciones y trayendo venganza sobre sus enemigos. El cataclismo del año 70 D. C., divinamente ordenado, reveló que Cristo había quitado el reino a Israel y lo había dado a la iglesia; la desolación del antiguo templo era la señal final de que Dios lo había abandonado y ahora moraba en un nuevo templo, la iglesia. Todos estos son aspectos de la primera venida de Cristo, partes cruciales de la obra que vino a llevar a cabo por medio de su muerte, resurrección y ascensión al trono. Es por esto por lo que la Biblia habla del derramamiento del Espíritu Santo sobre la iglesia y la destrucción de Israel como el mismo suceso, porque estaban íntimamente conectadas entre sí teológicamente. El profeta Joel predijo tanto el día de Pentecostés como la destrucción de Jerusalén sin tomar aliento: 
 

 
Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramará mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sión y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado. (Joel 2:28-32).
 

 
Como veremos en el capítulo 13, la inspirada interpretación de Pedro de este texto en Hechos 2 establece el hecho de que Joel está hablando del período desde el derramamiento inicial del Espíritu hasta la destrucción de Jerusalén, desde Pentcostés hasta el Holocausto. Para nosotros, es suficiente observar aquí que en este pasaje se usa el mismo lenguaje de juicio. La interpretación común y barata de que las "columnas de humo" son nubes en forma de hongo de explosiones nucleares es una distorsión radical del texto, y una interpretación completamente errónea del lenguaje profético de la Biblia. Igualmente tendría sentido decir que la columna de fuego y humo durante el Éxodo era el resultado de una explosión nuclear.
 

 
Las nubes del cielo
 

 
De manera apropiada, esto nos lleva al siguiente elemento de la profecía de Jesús sobre la destrucción de Jerusalén: "y entonces se lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria".  Aquí la palabra tribus se refiere primero a las tribus de la tierra de Israel; y el "lamento" probablemente es en dos sentidos. Primero, se lamentarían de tristeza por el sufrimiento y la pérdida de su tierra; segundo, se lamentarían finalmente arrepentidos de sus pecados, cuando se conviertan de su apostasía (ver capítulo 14).
 

 
Pero, ¿cómo es que verían a Cristo viniendo en las nubes? Los que hayan leído los capítulos 7 y 8 de este libro tendrán pocas dificultades para responder a esta pregunta. En primer lugar, durante todo el Antiguo Testamento, Dios estuvo viniendo "en las nubes", para salvar a su pueblo y destruir a sus enemigos: "El que pone las nubes por su carroza, el que anda sobre las alas del viento" (Sal. 104:3). Cuando Isaías profetizó el juicio de Dios sobre Egipto, escribió: "He aquí que Jehová monta sobre una ligera nube, y entrará en Egipto; y los ídolos de Egipto temblarán delante de él" (Isa. 19:1). El profeta Nahum habló de forma parecida de la destrucción de Nínive por parte de Dios: "Jehová marcha en la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies" (Nah. 1:3). El que Dios "venga en las nubes del cielo" es un símbolo bíblico casi común de su presencia, su juicio y su salvación.
 

 
Sin embargo, más que esto, está el hecho de que Jesús se está refiriendo a un suceso específico relacionado con la destrucción de Jerusalén y el fin del pacto antiguo. Habló de él nuevamente durante su juicio, cuando el sumo sacerdote le preguntó si era el Cristo, y Jesús contestó:
 

 
Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios viniendo en las nubes del cielo (Mar. 14:62; ver Mat. 26:64).
 

 
Obviamente, Jesús no se refería a un suceso miles de años en el futuro. Hablaba de algo que sus contemporáneos - "esta generación" - vería duurante su vida. La Biblia nos dice exactamente cuándo vino Jesús en las nubes del cielo:
 

 
Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos (Hech. 1:9).
 

 
Y el Señor, después de que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios (Mar. 16:19).
 

 
Notamos en el capítulo 8 que fue este suceso, la ascensión a la diestra de Dios, lo que Daniel había previsto:
 

 
Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y un reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido (Dan. 7:13-14).
 

 
La destrucción de Jerusalén era la señal de que el Hijo del Hombre, el segundo Adán, estaba en el cielo, gobernando al mundo y disponiéndolo para sus propios fines. A su ascensión, había venido en las nubes del cielo para recibir el reino de parte de su Padre; la destrucción de Jerusalén era la revelación de este hecho. Por consiguiente, en Mateo 24 Jesús no estaba profetizando que él vendría literalmente en las nubes en el año 70 D. C. (aunque esto era cierto figuradamente). Su "venida en las nubes" literal, en cumplimiento de Daniel 7, había tenido lugar como 40 años antes. Pero, en el año 70 D. C., las tribus de Israel verían la destrucción de la nación como resultado de haber Él ascendido al trono en el cielo para recibir su reino.
 

 
Juntar a los escogidos
 
                  
 
Finalmente, el resultado de la destrucción de Jerusalén será que Cristo envíe sus "ángeles" para juntar a los escogidos. ¿No es esto el rapto? No. La palabra ángeles significa simplemente mensajeros (ver Sant. 2:25), ya sea que su origen sea celestial o terrenal; es el contexto lo que determina si se habla de criaturas celestiales. A menudo, la palabra significa predicadores del evangelio (ver Mat. 1:10; Luc. 7:24; 9:52; Apoc.1-3). En contexto, hay varias razones para suponer que Jesús estaba hablando del evangelismo mundial y la conversión de las naciones que seguirá a la destrucción de Israel.
 

 
El uso que Cristo hace de la palabra juntar es significativo en este respecto. Literalmente, la palabra es un verbo que significa reunir en sinagoga; el significado es que, con la detrucción del templo y el sistema del pacto antiguo, el Señor envía a sus mensajeros para que junten a su pueblo escogido en su nueva sinagoga. En realidad, Jesús está citando a Moisés, que había prometido:  "Y si tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá Jehová tu Dios, y de allá te tomará" (Deut. 30:4). Ninguno de los dos textos tiene nada que ver con el rapto; ambos tienen que ver con la restauración y el establecimiento de la casa de Dios, la congregación organizada de su pueblo del pacto. Esto se vuelve aún más mordaz cuando recordamos lo que Jesús había dicho justo antes de este discurso:
 

 
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. (Mat. 23:37-38).
 

 
Debido a que Jerusalén apostató y rehusó ser recogida como en sinagoga bajo Cristo, su templo sería destruido, y se formaría una nueva sinagoga y un nuevo templo: la iglesia. Por supuesto, el nuevo templo fue creado el día de Pentecostés, cuando el Espíritu vino a morar en la iglesia. Pero el hecho de la existencia del nuevo templo sólo sería obvio cuando el andamiaje del antiguo templo y el sistema del pacto antiguo fuera destruido. la congregaciones cristianas comenzaron inmediatamente a llamarse a sí mismas "sinagogas" (que es la palabra usada en Sant. 2:2), mientras que llamaban a las reuniones judías "sinagogas de Satanás" (Apoc. 2:9; 3:9). Pero vivían esperando el día del juicio sobre Jerusalén y el antiguo templo, cuando la iglesia sería revelada como el templo verdadera y la sinagoga verdadera de Dios. Debido a que el sistema del pacto antiguo había sido "dado por viejo" y estaba "próximo a desaparecer" (Heb. 8:13), el escritor de Hebreos les instaba a tener esperanza, "no dejando de congregarnos [como en una sinagoga], como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos, tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca" (Heb. 10:25; ver 2 Tes. 2:1-2).
 

 
La promesa del Antiguo Testamento de que Dios "juntaría" [como en una sinagoga] a su pueblo sufre un gran cambio en el Nuevo Testamento. En vez de la forma simple de la palabra, el término usado por Jesús tiene la preposición griega epi como prefijo. Esta es una expresión favorita del nuevo pacto, que intensifica la palabra original. Por consiguiente, lo que Jesús está diciendo es que la destrucción del templo en el 70 D. C. lo revelará a Él viniendo en las nubes para recibir su reino; y exhibirá a su iglesia delante del mundo como la plena, verdadera y super-sinagoga.
 
Capítulo 12

 
 
EL SURGIMIENTO DEL ANTICRISTO

 
De acuerdo con las palabras de Jesús en Mateo 24, una de las crecientes características de la época que precedería el colapso de Israel sería la apostasía dentro de la iglesia cristiana. Esto ya se mencionó antes, pero un estudio más concentrado en este punto arrojará mucha luz sobre buen número de puntos de discusión relacionados en el Nuevo Testamento - puntos que a menudo han sido malentendidos.
 

 
Por lo general, pensamos en el período apostólico como una época de evangelismo tremendamente explosivo y crecimiento de la iglesia, una "edad de oro", cuando asombrosos milagros tenían lugar todos los días. Esta imagen común es sustancialmente correcta, pero adolece de una flagrante omisión. Tendemos a descuidar el hecho de que la iglesia primitiva era el escenario del más dramático brote de herejía de la historia mundial.

 
La gran apostasía
 

 
La iglesia comenzó a ser infiltrada por la herejía temprano en su desarrollo. Hechos 15 registra la reunión del primer concilio de iglesia, que fue convocado para pronunciar un fallo autorizado sobre el punto en discusión de la justificación por la fe (algunos maestros habían estado abogando por la falsa doctrina de que había que guardar las leyes ceremoniales del Antiguo Testamento para ser justificado). Sin embargo, el problema no murió; años más tarde, Pablo tuvo que lidiar con él nuevamente, en una carta a las iglesias de Galacia. Como Pablo les dijo, esta aberración doctrinal no era cosa de poca monta, sino que afectaba la salvación misma: era un "evangelio diferente", una completa distorsión de la verdad, y equivalía a repudiar a Jesucristo mismo. Usando algunos de los más severos términos de su carrera, Pablo pronunció una condena sobre los "falsos hermanos" que enseñaban esta herejía (ver Gál. 1:6-9; 2:5, 11-21; 3:1-3; 5:1-12).
 

 
Pablo también previó que las herejías infectarían las iglesias de Asia Menor. Convocando a los ancianos de Éfeso, les exhortó a "mirar por ellos mismos y por todo el rebaño" porque "yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras de sí a los discípulos" (Hech. 20:28-30). Tal como lo había predicho Pablo, las falsas doctrinas se convirtieron en puntos de disputa de enormes proporciones en estas iglesias. Para cuando se escribió el libro de Apocalipsis, algunas de estas iglesias habían sido arruinadas casi completamente por el avance de enseñanzas heréticas y la apostasía resultante (Apoc. 2:2, 6, 14-16, 20-24, 3:1-4, 15-18).
 

 
Pero el problema de las herejías no se limitaba a ninguna área geográfica ni cultural. Estaba muy extendido, y se convirtió más y más en tema de consejo apostólico y supervisión pastoral a medida que avanzaba la época. Algunos herejes enseñaban que la resurrección final ya había tenido lugar (2 Tim. 2:18), mientras que otros afirmaban que la resurrección era imposible (1 Cor. 15:12); algunos enseñaban extrañas doctrinas de ascetismo y culto a los ángeles (Col. 2:8, 18-23; 1 Tim. 4:1-3), mientras que otros abogaban por toda clase de inmoralidades y rebeliones en nombre de la "libertad" (2 Ped. 2:1-3, 10-22; Judas 4, 8, 10-13, 16). Una y otra vez, los apóstoles se encontraron pronunciando severas amonestaciones contra la tolerancia de falsos maestros y "falsos apóstoles" (Rom. 16:17-18; 2 Cor. 11:3-4, 12-15; Fil. 3:18-19; 1 Tim. 1:3-7; 2 Tim. 4:2-5), porque éstos habían sido la causa de deserciones en masa de la fe, y la extensión de la apostasía estaba aumentando a medida que el tiempo pasaba (1 Tim. 1:19-20; 6:20-21; 2 Tim. 2:16-18; 3:1-9, 13; 4:10, 14-16) Una de las últimas cartas del Nuevo Testamento, el libro de Hebreos, fue dirigido a una comunidad cristiana entera cuando estaba a punto de ocurrir una deserción en masa de cristianos. La iglesia cristiana de la primera generación no sólo se caracterizó por la fe y los milagros; también se caracterizó por la creciente impiedad, rebelión, y herejía dentro de la misma comunidad cristiana - tal como Jesús había predicho en Mateo 24.
 

 
El anticristo
 

 
Los cristianos tenían un término específico para esta apostasía. La llamaban anticristo. Muchos escritores populares han especulado sobre este término, por lo general dejando de considerar su uso en la Escritura. En primer lugar, considérese un hecho que sin duda causará impacto en algunas personas: la palabra "anticristo" nunca ocurre en el libro de Apocalipsis. Ni una sola vez. Pero el término es usado rutinariamente por maestros cristianos como sinónimo de la "bestia" de Apocalipsis 13. Obviamente, no hay duda de que la bestia es un enemigo de Cristo, y que, por esta razón, es un "anti"cristo en ese sentido; sin embargo, lo que quiero decir es que el término anticristo se usa en un sentido muy específico, y esencialmente no está relacionado con la figura conocida como la "bestia" y "666".
 

 
Un error adicional enseña que "el anticristo" es un individuo específico; enlazada con esto está la idea de que "él" es alguien que hará su aparición hacia el fin del mundo. El Nuevo Testamento contradice ambas ideas, igual que la primera.
 

 
En realidad, los únicos casos en que aparece el término anticristo son los siguientes versículos en las cartas del apóstol Juan:
 

 
Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros. ... ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre. ... Os he escrito esto sobre los que os engañan (1 Juan 2:18-19; 22-23, 26).
 

 
Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error (1 Juan 4:1-6).
 

 
Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo. Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras ( 2 Juan 7-11).
 

 
Los textos citados arriba comprenden todos los pasajes bíblicos que mencionan la palabra anticristo, y de ellos podemos extraer varias conclusiones importantes:
 

 
Primera: los cristianos ya habían sido advertidos de la venida del anticristo (1 Juan 2:18; 4:3).
 

 
Segunda, no había sólo uno, sino "muchos anticristos" (1 Juan 2:18). Por consiguiente, el término anticristo no puede ser simplemente la designación de un individuo.
 

 
Tercera, el anticristo ya estaba en operación, como escribió Juan: "han surgido muchos anticristos" (1 Juan 2:18); "os he escrito esto sobre los que os engañan" (1 Juan 2:26); "este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo" (1 Juan 4:3); "muchos engañadores han salido por el mundo. ... Este es el engañador y el anticristo" (2 Juan 7). Obviamente, si el anticristo ya estaba presente en el siglo primero, no era alguna figura que se levantaría en el fin del mundo.
 

 
Cuarta, el anticristo era un sistema de incredulidad, particularmente la herejía de negar la persona y la obra de Cristo Jesús. Aunque los anticristos aparentemente afirmaban pertenecer al Padre, enseñaban que Jesús no era el Cristo ( Juan 2:22); junto con los falsos profetas (1 Juan 4:1), negaban la encarnación (1 Juan 4:3; 2 Juan 7, 9); y rechazaban la doctrina apostólica (1 Juan 4:6).
 

 
Quinta, los anticristos habían sido miembros de la iglesia cristiana, pero habían apostatado (1 Juan 2:19). Ahora estos apóstatas intentaban engañar a otros cristianos, para alejar a la iglesia completamente de Cristo Jesús (1 Juan 2:26; 4:1; 2 Juan 7, 10).
 

 
Poniendo junto todo esto, no podemos dejar de ver que el anticristo es una descripción tanto de un sistema de apostasía como de los apóstatas individuales. En otras palabras, el anticristo era el cumplimiento de la profecía de Jesús de que vendría un tiempo de gran apostasía, cuando "muchos tropezarían, se entregarían unos a otros, y se aborrecerían unos a otros. Y muchos falsos profetas se levantarían y engañarían a muchos" (Mat. 24:10-11). Como dijo Juan, los cristianos habían sido advertidos de la llegada del anticristo; y efectivamente, habían surgido "muchos anticristos". Durante un tiempo, habían creído al evangelio; más tarde, habían abandonado la fe, y habían ido por allí tratando de engañar a otros, ya fuese iniciando nuevas sectas o, más probablemente, tratando de atraer a los cristianos al judaísmo - la falsa religión que afirmaba adorar al Padre mientras negaba al Hijo. Cuando la doctrina del anticristo se entiende, encaja perfectamente con el resto de lo que nos dice el Nuevo Testamento sobre la época de la "generación terminal".
 

 
Uno de los anticristos que afligió a la iglesia primitiva fue Cerinto, líder de una secta judaica del siglo primero. Considerado por los padres de la iglesia como "el archihereje", e identificado como uno de los "falsos apóstoles" que se oponían a Pablo, Cerinto fue un judío que ingresó a la iglesia y comenzó a atraer a cristianos fuera de la fe ortodoxa. Enseñaba que que una deidad menor, no el Dios verdadero, había creado el mundo (sosteniendo, como los gnósticos, que Dios era demasiado "espiritual" para ocuparse de la realidad material). Lógicamente, esto significaba también una negación de la encarnación, puesto que Dios no asumiría un cuerpo físico y una personalidad verdaderamente humana. Y Cerinto era consistente: declaraba que Jesús había sido meramente un ser humano ordinario, no nacido de una virgen; que "el Cristo" (un espíritu celestial) había descendido sobre el hombre Jesús cuando fue bautizado (permitiéndole hacer milagros), pero que luego le habia abandonado en la crucifixión. También, Cerinto defendía una doctrina de justificación por obras - en particular, la absoluta necesidad de observar las ordenanzas ceremoniales del pacto antiguo - para ser salvo.
 

 
Además, Cerinto fue aparentemente el primero en enseñar que la segunda venida anunciaría un reino de Cristo literal en Jerusalén durante mil años. Aunque esto era contrario a la enseñanza apostólica del reino, Cerinto afirmaba que un ángel le había revelado esta doctrina (de un modo muy parecido al de Joseph Smith, un anticristo del siglo diecinueve, que más tarde afirmaría haber recibido una revelación angélica).
 

 
Los verdaderos apóstoles se opusieron severamente a la herejía de Cerinto. Pablo amonestó a las iglesias: "Pero si nosotros, o un ángel del cielo, les predica un evangelio contrario al que les hemos predicado, sea anatema" (Gál. 1:8). En la misma carta, Pablo pasó a refutar las herejías legalistas sostenidas por Cerinto. Según la tradición, el apóstol Juan escribió su evangelio y sus cartas teniendo en mente a Cerinto. (También se nos dice que, al entrar Juan al baño público, vio a este anticristo delante de él. El apóstol dio la vuelta inmediatamente y salió corriendo, mientras exclamaba: "¡Huyamos, no sea que el edificio se derrumbe; porque Cerinto, el enemigo de la verdad, está dentro!").
 

 
Volviendo a las afirmaciones de Juan sobre el espíritu del anticristo, debemos notar que Juan hace énfasis en otro punto adicional, muy significativo: como Jesús predijo en Mateo 24, la venida del anticristo es una señal del "fin". "Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo" (1 Juan 2:18). La conexión que la gente hace a menudo entre el anticristo y "los últimos días" es bastante correcta; pero lo que a menudo se pasa por alto es el hecho de que la expresión "los últimos días", y términos similares, se usan en la Biblia para referirse, no al fin del mundo físico, sino a los últimos días de la nación de Israel, los "últimos días" que terminaron en la destrucción del templo en el año 70 D. C. Esto también será una sorpresa para muchos; pero tenemos que aceptar la clara enseñanza de la Escritura. Los autores del Nuevo Testamento usaron incuestionablemente lenguaje de "los últimos tiempos" cuando hablaban del período en que estaban viviendo, antes de la caída de Jerusalén. Como hemos visto, el apóstol Juan dijo dos cosas sobre este punto: primera, que el anticristo ya había venido; y segunda, que la presencia del anticristo era prueba de que él y sus lectores estaban viviendo en "el último tiempo". En una de sus cartas anteriores, Pablo había tenido que corregir una impresión errónea concerniente al juicio venidero sobre Israel. Los falsos maestros habían estado asustando a los creyentes diciéndoles que el día del juicio ya estaba sobre ellos. Pablo les recordó a los cristianos lo que les había explicado antes:
 

 
Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía ... (2 Tes. 2:3).
 

 
Sin embargo, para el final de la época, mientras Juan escribía sus cartas, la gran apostasía - el espíritu del anticristo, que el Señor había predicho - era una realidad.
 

 
Judas, que escribió uno de los últimos libros del Nuevo Testamento, no nos deja ninguna duda sobre este punto de debate. Pronunciando fuertas condenas sobre los herejes que habían invadido la iglesia y estaban tratando de alejar a los cristianos de lafe ortodoxa (Judas 1-16), él recuerda a sus lectores que ellos habían sido advertidos de esto mismo:
 

 
Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos. Estos son los que causan divisiones, los sensuales, que no tienen el Espíritu (Judas 17-19).
 

 
Claramente, Judas considera que las advertencias sobre los "burladores" se refieren a los herejes de su propia época - queriendo decir que su propio día era el período del "último tiempo". Como Juan, Judas sabía que la rápida multiplicación de estos falsos hermanos era una señal de del fin. El anticristo había llegado, y ahora era el último tiempo.
 
Capítulo 13

 
  LOS ÚLTIMOS DÍAS

 
¿Cuándo comenzó la gente a abandonar el culto a los ídolos, sino desde que la misma Palabra de Dios vino a morar entre los hombres? ¿Cuándo cesaron los oráculos y quedaron vacíos de significado, entre los griegos y en todas partes, sino desde que el Salvador se reveló a sí mismo en la tierra? ¿Cuándo comenzaron a ser considerados meros mortales aquéllos a los que los poetas llaman dioses y héroes, sino cuando el Señor tomó los despojos de la muerte y preservó incorruptible el cuerpo que había tomado, levantándolo de entre los muertos? ¿O cuándo cayó en desgracia la falsedad y la locura de los demonios, sino cuando la Palabra, el poder de Dios, el Maestro de todos éstos también, condescendió a cuenta de la debilidad de la humanidad y apareció en la tierra? ¿Cuándo comenzó a ser desdeñada la práctica y la teoría de la magia sino cuando se manifestó a los hombres el Verbo divino? En una palabra, ¿cuándo se convirtió en etupidez la sabiduría de los griegos, sino cuando la verdadera sabiduría de Dios se reveló en la tierra? En tiempos antiguos, el mundo entero y todo lugar en él se descarrió por el culto a los ídolos, y los hombres pensaron que los ídolos eran los únicos dioses que existían. Pero ahora en todo el mundo los hombres están abandonando el temor a los ídolos y refugiándose en Cristo, y al adorarle como Dios, por medio de Él, llegan también a conocer al Padre, al cual antes no habían conocido.
 

 
Atanasio, On the Incarnation [46]
 

 
Como comenzamos a ver en el capítulo anterior, el período que se describe en la Biblia como "los últimos días" (o "el último tiempo" o "la última hora") es el período entre el nacimiento de Cristo y la destrucción de Jerusalén. La iglesia primitiva estaba viviendo en el fin de la era antigua y el comienzo de la nueva. Este período entero debe ser considerado como el tiempo del primer advenimiento de Cristo. Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, la prometida destrucción de Jerusalén es considerada un aspecto de la obra de Cristo, conectada íntimamente con su obra de redención. Su vida, muerte, resurrección, ascensión, el derramamiento del Espíritu, y el juicio de Jerusalén son todas partes de su única obra de anunciar su reino y crear su nuevo templo (véase, por ejemplo, cómo conecta Daniel 9:24-27 la expiación con la destrucción del templo).
 

 
Observemos cómo usa la Biblia misma estas expresiones sobre el fin de la época. En 1 Timoteo 4:1-3, Pablo advierte:
 

 
Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad.
 

 
¿Estaba Pablo hablando de los "postreros tiempos" que ocurrirían miles de años más tarde? ¿Por qué advertiría Pablo a Timoteo de sucesos que Timoteo y sus tataranietos, y cincuenta o más generaciones de descendientes, jamás vivirían para ver? En realidad, Pablo le dice a Timoteo: "Si instruyes a los hermanos en estas cosas, serás un buen ministro de Jesucristo" (1 Timoteo 4:6). Los miembros de la congregación de Timoteo necesitaban saber lo que tendría lugar en los "últimos días", porque ellos serían afectados personalmente por esos sucesos. En particular, necesitaban la certeza de que la venidera apostasía era parte del patrón general de sucesos que conducirían al fin del antiguo orden y el pleno establecimiento del reino de Cristo. Como podemos ver en pasajes como Colosenses 2:18-23, las "doctrinas de demonios" sobre las cuales Pablo advertía eran corrientes durante el siglo primero. Los "últimos tiempos" ya estaban teniendo lugar. Esto queda claro en la última declaración de Pablo a Timoteo:
 

 
También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. Éstas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad. Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe (2 Tim. 3:1-8).
 

 
La mismísimas cosas que Pablo dijo que sucederían en los "últimos días" estaban sucediendo mientras él escribía, y Pablo simplemente estaba advirtiendo a Timoteo sobre lo que debía esperar al acercarse la época a su clímax. El anticristo estaba comenzando a levantar la cabeza.
 

 
Otros escritores del Nuevo Testamento compartían esta perspectiva con Pablo. La carta a los Hebreos comienza diciendo que Dios "en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo" (Heb. 1:2); el escritor sigue adelante, y demuestra que "ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado" (Heb. 9:26). Pedro escribió que Cristo "ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios" ( Ped. 1:20-21). El testimonio apostólico es inconfundiblemente claro: cuando Cristo vino, los "últimos días" llegaron con Él. Vino para anunciar la nueva era del reino de Dios. La época antigua estaba terminando, y sería completamente abolida cuando Dios destruyera el templo.
 

 
Desde Pentecostés hasta el Holocausto
 

 
El día de Pentecostés, cuando el Espíritu había sido derramado y la comunidad habló en otras lenguas, Pedro declaró la interpretación bíblica del suceso:
 

 
Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y a luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo (Hech. 2:16-21).
 

 
Ya hemos visto cómo la "sangre y el fuego y el vapor de humo" y las señales en el sol y la luna se cumplieron en la destrucción de Jerusalén (véanse pp. 100ss.). Lo que es crucial observar en este punto es la afirmación precisa de Pedro de que los últimos días habían llegado. Contrariamente a algunas exposiciones modernas de este texto, Pedro no dijo que los milagros de Pentecostés eran como lo que Dios había profetizado, o que eran una especie de "proto-cumplimiento" de la profecía de Joel; Pedro dijo que éste era el cumplimiento: "Esto es lo dicho por el profeta Joel". Los últimos días estaban aquí: El Espíritu había sido derramado, el pueblo de Dios estaba profetizando y hablando en lenguas, y Jerusalén sería destruida con fuego. Las antiguas profecías se estaban revelando, y aquella generación no pasaría antes de que "todas estas cosas" se hubiesen cumplido. Por consiguiente, Pedro instó a sus oyentes:  "Sed salvos de esta perversa generación" (Hech. 2:40).
 

 
En relación con esto, debemos tomar nota de la importancia escatológica del don de lenguas. En 1 Cor. 14:21-22, Pablo muestra que el milagro de las lenguas era el cumplimiento de la profecía de Isaías contra el rebelde Israel. Debido a que el pueblo del pacto estaba rechazando su clara revelación, Dios advirtió que sus profetas les hablarían en lenguas extrañas, con el expreso propósito de presentar un testimonio final al incrédulo Israel durante los últimos días que precederían a su juicio:
 

 
Porque en lengua de tartamudos y en extraña lengua hablará a este pueblo ... hasta que vayan y caigan de espaldas, y sean quebrantados, enlazados y presos. Por tanto, varones burladores que gobernáis a este pueblo que está en Jerusalén, oíd la palabra de Jehová: Por cuanto habéis dicho: Pacto tenemos hecho con  la muerte, e hicimos convenio con el Seol; cuando pase el turbión del azote, no llegará a nosotros, porque hemos puesto nuestro refugio en la mentira, y en la falsedad nos esconderemos; por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure. Y ajustaré el juicio a cordel, y a nivel la justicia; y granizo barrerá el refugio de la mentira, y aguas arrollarán el escondrijo. Y será anulado vuestro pacto con la muerte, y vuestro convenio con el Seol no será firme; cuando pase el turbión del azote, seréis de él pisoteados. Luego que comience a pasar, él os arrebatará; porque de mañana en mañana pasará, de día y de noche; y será ciertamente espanto el entender lo oído (Isa. 28:11-19).
 

 
El milagro de Pentecostés era un impactante mensaje para Israel. Los israelitas sabían lo que esto significaba. Era la señal de Dios de que la Piedra Angular había llegado, y de que Israel le había rechazado para su propia condenación (Mat. 21:42-44; 1 Ped. 2:6-8). Era la señal de juicio y reprobación, la señal de que los apóstatas de Jerusalén estaban a punto de "caer de espaldas, y ser quebrantados, enlazados y presos". Los últimos días de Israel habían llegado: la antigua era había terminado, y Jerusalén sería barrida en un nuevo diluvio, para hacer lugar para la nueva creación de Dios. Como dijo Pablo, las lenguas eran "por señal, no a los creyentes, sino para los incrédulos" (1 Cor. 14:22) - una señal para los incrédulos judíos del destino fatal que se les aproximaba.
 

 
La iglesia primitiva esperaba la llegada de la nueva era. Sabía que, con el fin visible del sistema del pacto antiguo, la iglesia sería revelada como el templo nuevo y verdadero; y la obra que Cristo vino a ejecutar sería llevada a cabo. Este era un aspecto importante de la redención, y la primera generación de cristianos esperaba que este suceso ocurriera durante su vida. Durante este período de espera y severas pruebas, el apóstol Pedro les aseguró que estarían "protegidos por el poder de Dios por medio de la fe para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero" (1 Ped. 1:5). Estaban en el umbral mismo del nuevo mundo.
 

 
Esperando el fin
 

 
Los apóstoles y la primera generación de cristianos sabían que estaban viviendo en los últimos días de la era del pacto antiguo. Esperaban ansiosamente su consumación y la plena entrada de la nueva era. Al avanzar la era y aumentar e intensificarse las "señales del fin", la iglesia podía ver que el día del juicio se aproximaba rápidamente; se asomaba una crisis en el futuro cercano, cuando Cristo les liberaría "del presente siglo malo" (Gál. 1:4). Las declaraciones de los apóstoles están llenas de esta actitud expectante, del seguro conocimiento de que este suceso trascendental estaba sobre ellos. La espada de la ira de Dios estaba puesta sobre Jerusalén, lista para caer en cualquier momento. Pero los cristianos no debían temer, porque la ira venidera no estaba dirigida a ellos, sino a los enemigos del evangelio. Pablo instó a los tesalonicenses a "esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera" (1 Tes. 1:10). Haciéndose eco de las palabras de Jesús en Mateo 23-24, Pablo subrayó que el juicio inminente sería derramado sobre los judíos, "los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres, impidiéndonos hablar a los gentiles para que éstos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo" (1 Tes. 2:14-16). Los cristianos habían sido advertidos y por lo tanto estaban preparados, pero el incrédulo Israel sería tomado por sorpresa:
 

 
Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad,entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche, ni de las tinieblas. ... Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucrito (1 Tes. 5:1-5, 9).
 

 
Pablo amplió esto en su segunda carta a la misma iglesia:
 

 
Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros) (2 Tes. 1:6-10).
 

 
Claramente, Pablo no está hablando de la venida final de Cristo al fin del mundo, porque las venideras "tribulación" y retribución" estaban dirigidas específicamente a los que perseguían a los cristianos de primera generación de Tesalónica. El venidero día del juicio no era algo que estaba a miles de años de distancia. Estaba cerca - tan cerca que lo podían ver venir. La mayoría de las "señales del fin" ya existían, y los inspirados apóstoles estimulaban a la iglesia a esperar el fin en cualquier momento. Pablo instaba a los cristianos de Roma a que perseveraran en la vida piadosa, "conociendo el tiempo, que ya es hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz" (Rom. 3:11-12). Así como la antigua era se había caracterizado por el pecado, la desesperación, y la esclavitud a Satanás, la nueva era se caracterizaría más y más por la justicia y el gobierno universal del reino. Porque el período de los "últimos días" fue también el tiempo en que el reino celestial fue inaugurado en la tierra, cuando el "monte santo" inició su crecimiento dinámico y todas las naciones comenzaron a acudir a la fe cristiana, como los profetas habían predicho (ver Isa. 2:2-4; Miq. 4:1-4). Obviamente, todavía hay mucha impiedad en el mundo en la actualidad. Pero el cristianismo ha estado ganando batallas gradual y constantemente desde los días de la iglesia primitiva; y como los cristianos continúan haciendo guerra contra el enemigo, vendrá el tiempo en que los santos posean el reino (Dan. 7:22, 27).
 

 
Por esto Pablo pudo consolar a los creyentes asegurándoles que "el Señor está cerca" (Fil. 4:5). De hecho, la consigna de la iglesia primitiva (1 Cor. 16:22) era ¡Maranatha! ¡El Señor viene! Esperando la venidera destrucción de Jerusalén, el escritor de Hebreos advirtió a los que se sentían tentados a "retroceder" al judaísmo apóstata en el sentido de que la apostasía sólo atraería "una horrenda expectación de juicio y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios" (Heb. 10:27).
 

 
Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! ... Porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir, vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservacióndel alma (Heb. 10:30-31, 36-39).
 

 
Los otros autores del Nuevo Testamento escribieron en términos similares. Después de que Santiago advirtió a los creyentes ricos que oprimían a los cristianos de las miserias que caerían sobre ellos, acusándoles de haber "acumulado tesoros para los días postreros" (Sant. 5:1-6), alentó a los cristianos que sufrían:
 

 
Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca. Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de vosotros (Sant. 5:7-9).
 

 
El apóstol Pedro también advirtió a la iglesia de que "el fin de todas las cosas se acerca" (1 Ped. 4:7), e instó a los miembros a vivir en la diaria expectativa del juicio que vendría en su generación:
 

 
Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría ... Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio? (1 Ped. 4:12-13, 17).
 

 
Los primeros cristianos tuvieron que soportar tanto una severa persecución a manos del Israel apóstata como la traición de los anticristos en su propio seno, que trataban de desviar a la iglesia hacia la secta judaica. Pero esta época de intensa persecución y sufrimiento actuaba a favor de la bendición y la santificación de los propios cristianos (Rom. 8:28-39); y mientras tanto, la ira de Dios contra los perseguidores estaba aumentando. Finalmente, llegó el fin, y la ira de Dios se desató. Los que habían causado tribulación a la iglesia fueron lanzados a la más grande tribulación de todos los tiempos. El mayor enemigo de la iglesia fue destruido, y jamás volvería a representar una amenaza para la victoria final de la iglesia.
 
Capítulo 14  

 
LA RESTAURACIÓN DE ISRAEL
 

 
Anteriormente, los objetos de culto eran variados e incontables; cada lugar tenía su propio ídolo y el llamado dios de un lugar no podía pasar a otro para persuadir a la gente allí de que le adorasen, sino apenas era reverenciado aun por sus propios seguidores. Ciertamente que no. Nadie adoraba el ídolo de su vecino, sino que cada uno tenía su propio ídolo y pensaba que éste era señor de todos. Pero ahora sólo Cristo es adorado, como Uno y el Mismo entre todos los pueblos en todas partes; y lo que la debilidad de los ídolos no pudo hacer, a saber, convencer siquiera a los que vivían cerca, Él lo ha efectuado. Ha persuadido, no sólo a los que están cerca, sino literalmente al mundo entero, de adorar a uno al mismo Señor y al Padre por medio de él.
 
Atanasio, On the Incarnation [46]
 

 
El antiguo Israel ha sido excomulgado, cortado del pacto por el justo juicio de Dios. Superficialmente, esto representa un serio problema. ¿Qué ha pasado con las promesas de Dios a Abraham, Isaac, y Jacob? Dios había jurado que sería el Dios de la simiente de Abraham, que el pacto sería establecido con la simiente de Abraham "por sus generaciones, por pacto perpetuo" (Gén. 17:7). Si la salvación ha pasado de los judíos a los gentiles, ¿qué dice eso sobre la fidelidad de Dios a su palabra? ¿Hay un lugar para el Israel étnico en la profecía?
 

 
La mayoría de estas preguntas están contestadas en la Escritura por medio del apóstol Pablo en Romanos 11.
 

 
El rechazo de Israel no es total
 

 
Dios jamás rechazó por completo al Israel étnico, señala Pablo. Después de todo, Pablo mismo era "israelita, descendiente de Abraham, de la tribu de Benjamín" (v. 1). Y el de Pablo no es un caso aislado. En realidad, como él lo demuestra, es consistente con la historia de Israel el hecho de que sólo unos pocos de ellos eran verdaderos creyentes en la fe bíblica. Como ejemplo, cita la historia de Elías (1 Reyes 19), que se quejó ante Dios de que él era el único israelita fiel que quedaba. Dios reprendió a Elías con la afirmación de que Él se había reservado para sí siete mil fieles de Israel, hombres que no habían doblado sus rodillas ante Baal. De manera similar, dice Pablo, "así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia" (v. 5). En su gracia soberana, Dios ha escogido salvar a algunos de Israel, aunque haya condenado a Israel en general, de modo que "Israel no ha alcanzado lo que buscaba; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos" en su incredulidad, como el impío faraón de Egipto (v. 7; ver 9:14-18). A la mayoría del Israel étnico, "Dios ha dado espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy" (v. 8; ver Hech. 28:25-28). Sobre los excomulgados del pacto vendrán las maldiciones del Antiguo Testamento: "Sea vuelto su convite en trampa y en red, en tropezadero y en retribución; sean oscurecidos sus ojos para que no vean, y agóbiales la espalda para siempre" (v. 9-10). Sin embargo, Dios todavía tenía sus propios elegidos en el Israel étnico. Como Pablo, serían salvos. El rechazo de Israel por Dios no fue total.
 

El rechazo de Israel no es final

 

 
No sólo es verdad que siempre habrá una minoría fiel en Israel, sino que la palabra de Dios también enseña que, algún día, una mayoría de entre el Israel étnico será salva. El pueblo de Israel, en general, volverá a la fe de sus padres y reconocerá a Jesucristo como Señor y Salvador. Su caída en la apostasía no es permanente, dice Pablo. Porque, así como su excomunión resultó en la salvación de los gentiles, algún día la salvación de los gentiles resultará en la restauración de Israel: "Por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos. Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración? ... Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?" (v. 11-15).
 

 
El orden de los sucesos, pues, parece ser como sigue:
 
  1. La apostasía de los judíos resultó en la salvación de los gentiles;
     
  1. Algún día, la salvación de los gentiles resultará en la restauración del Israel étnico; y finalmente,
  1. La restauración de Israel causará un reavivamiento aun mayor entre los gentiles, que (en comparación con todo lo ocurrido anteriormente) será mucha mayor "riqueza" (v. 12), como "vida de entre los muertos" (v. 15).
     
El olivo 
 

 
Desde el principio, Dios tuvo siempre un único pueblo del pacto. La iglesia del Nuevo Testamento es simplemente la contiuación del verdadero "Israel de Dios" (Gál. 6:16), después de que el falso Israel había sido cortado. Pablo muestra cómo tuvo lugar esto, usando una ilustración: los creyentes gentiles fueron "injertados" en el tronco del pueblo de Dios, mientras las ramas israelitas estaban siendo desgajadas.
 

 
Pues, si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado (Rom. 11:17-22).
 

 
Los que son infieles y desobedientes al pacto son cortados, sin importar cuál haya sido su posición anterior o cuál sea su herencia genética, mientras que los que creen son injertados. Esto contiene una importante advertencia para todos los que profesan la religión cristiana, para que continúen en la fe. Los judíos que abandonaron a su Señor no pudieron reclamar la bendición y el favor de Dios; y, como señala Pablo, lo mismo ocurre con los cristianos gentiles. Dios requiere obediencia y perseverancia - como dijo Calvino, una vida de continuo arrepentimiento. "Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio" (Heb. 3:12-14).
 

 
Pero el rechazo de Israel no ha de ser el capítulo final de la historia. Aunque el cuerpo de Israel fue excomulgado por su incredulidad, la restauración al pacto ocurrirá por medio del arrepentimiento y la fe: "Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?" (v. 23-24). Note cuidadosamente que el texto no sólo dice que Dios puede restaurar al Israel "natural", sino que Él lo hará. Este punto queda reforzado en los siguientes versículos:
 

 
Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos; que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Israel el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados" (v. 25-27).
 

 
Como vimos más arriba, Dios endureció al pueblo de Israel en incredulidad (v. 7-10). Pero este endurecimiento era sólo temporal, porque Israel como un todo se volverá al Señor, como Pablo afirma en alguna otra parte:
 

 
Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará (2 Cor. 3:14-16).
 

 
El endurecimiento y el rechazo judicial de Israel no durará para siempre. Algún día, el velo se quitará, y el pueblo en general se convertirá nuevamente a la verdadera fe. Pero Israel no volverá sino cuando haya entrado la plenitud de los gentiles - en otras palabras, cuando los gentiles en general se hayan convertido a Cristo (compárese con el uso de la palabra "plenitud" en los versículos 12 y 25). Y por eso, después de la conversión de los gentiles en masa, todo Israel será salvo, en cumplimiento de las promesas de Dios a su antiguo pueblo. Aunque Israel ha sido infiel, Dios permanece fiel a su pacto. Ahora Israel es enemigo del evangelio, pero Dios todavía le ama por amor a sus antepasados. Los privilegios que Dios les concedió a los israelitas no fueron retirados para siempre, y a causa de las promesas de Dios, el llamado de Israel en el pacto es finalmente irrevocable (v. 28-29). Pablo repite la lección básica: "Pues como vosotros en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia. Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos" (v. 30-32).
 

 
Resumen
 

 
Nuestro estudio de Romanos 11 ha sido necesariamente breve. Los que deseen una discusión más profunda deben consultar los comentarios de Robert Haldane, Matthew Henry, Charles Hodge, y John Murray, así como la extensa exégesis en la importante obra de Iain Murray, The Puritan Hope. Sin embargo, los siguientes puntos han surgido claramente de nuestro examen del texto.
 
  1. Todo el mundo gentil se convertirá a la fe de Jesucristo. La gran masa de los gentiles entrará al pacto, hasta que la conversión de los gentiles alcance el punto de "plenitud" (una palabra que significa totalidad, lo que es completo, v. 25).
  1. El Israel genético o judío se convertirá a la fe en Jesucristo. Aunque siempre habrá algunos hebreos que sed hagan cristianos, el pueblo judío como un todo sólo se convertirá después de la conversión de los gentiles (v. 11-12, 15, 23-27). Esto significa que la clave para la conversión de Israel es la ejecución prioritaria de la gran comisión  (Mat. 28:19-20), la salvación de la nación.
  1. No todos los gentiles o judíos individuales se convertirán. La conversión tanto de Israel como de los gentiles será análoga al rechazo de Israel. Aunque Israel como un todo fue cortado del pacto, algunos judíos han continuado en la fe verdadera (v. 1-7). Aun así, cuando los gentiles e Israel se hayan convertido como un todo, esto no significa ni requiere que cada uno y hasta el último de los individuos en cualquiera de ambos grupos se convierta al cristianismo. Siempre habrá excepciones. Pero, así como la abrumadora mayoría de judíos rechazaron a Cristo cuando vino, así también la abrumadora mayoría tanto de judíos como de gentiles será injertada en el tronco del fiel pueblo de Dios.
  1. La conversión tanto de judíos como de gentiles tendrá lugar por los medios normales de evangelismo en esta era. Nada se dice aquí de ningún suceso cataclísmico - como la Segunda Venida - que resultará en conversiones en masa. La conversión del mundo a gran escala ocurrirá a medida que el evangelio es predicado a las naciones; en realidad, este mismo pasaje niega categóricamente cualquier otro medio de conversión (10:14-17). La inserción de la Segunda Venida en este pasaje por parte de algunos escritores es completamente especulativa y conduce a confusión. El contexto entero exige que la conversión del mundo tenga lugar como la continuación normal de procesos ya en funcionamiento, como lo indica claramente una simple lectura de v. 11-32. Como dijo claramente Charles Spurgeon: "Yo mismo creo que el rey Jesús reinará, y los ídolos serán completamente abolidos; pero espero que el mismo poder que puso al mundo de cabeza una vez continúe haciéndolo. El Espíritu Santo jamás toleraría que descanse sobre su santo nombre la acusación de que no pudo convertir al mundo".
  1. El motivo de la conversión de Israel será los celos. Los judíos verán a todas las naciones gentiles a su alrededor disfrutando las bendiciones del pacto prometidas al antiguo pueblo de Dios; verán que la misericordia de Dios se ha extendido al mundo entero; y se pondrán celosos (v. 11, 31; ver 10:19). Nuevamente, esto no será el resultado de ningún suceso cataclísmico (como el rapto), porque es la continuación de un proceso ya en funcionamiento en los días de Pablo (v. 14). Los judíos (como el mismo Pablo) ya se estaban convirtiendo por medio de estos celos santos, y Pablo esperaba restaurar a otros por el mismo medio. Pero apunta a un día en el futuro cuando esto ocurrirá a gran escala, y los judíos regresarán a la fe como pueblo.
  1. En todos los tiempos, los judíos convertidos pertenecen a la iglesia; no son un grupo separado. Propiamente, no existe tal cosa como un "cristiano hebreo", así como no hay categorías bíblicas separadas de "cristianos indios", "cristianos irlandeses", "cristianos chinos", ni "cristianos norteamericanos". El único modo en que los gentiles se salven es siendo injertados en el "olivo", el fiel pueblo del pacto (v. 17-22). Y el único modo en que un judío se salve es convirtiéndose en miembro del pueblo de Dios (v. 23-24). No hay ninguna diferencia. Por medio de su obra consumada, Cristo "hizo de ambos grupos uno" (Efe. 2:14). Creer que judíos y gentiles han sido unidos "en un cuerpo", la iglesia (Efe. 2:16). Hay una sola salvación y una iglesia, en la cual todos los creyentes, sin distingo de herencia étnica, vienen a ser hijos de Dios y herederos de las promesas hechas a Abraham (Gál. 3:26-29). La creación de una distinción especial judeo-gentil dentro del cuerpo de Cristo es en fin de cuentas  una negación del evangelio.
  1. Israel no será restaurado como reino (Mat. 21:43; 1 Ped. 2:9). La Biblia promete la restauración de Israel como pueblo, pero no necesariamente como estado; nada requiere que los dos vayan juntos. Sin embargo, aun suponiendo que haya todavía un estado de Israel cuando los judíos se conviertan, Israel sería simplemente una nación cristiana entre muchas, sin ninguna importancia especial. El pueblo del Israel genético será parte del árbol de la vida del pacto, pero ya no hay ninguna importancia religiosa que pertenezca a Palestina. El mundo entero se convertirá en el reino de Dios, en el cual todas las naciones tendrán igual importancia dentro de ese reino.
     
En aquel tiempo Israel será tercero con Egipto y con Asiria para bendición en medio de la tierra; porque Jehová de los ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad (Isa. 19:24-25).
 
  1. La conversión de Israel resultará en una era de grandes bendiciones para el mundo entero. Habrá cumplimientos aun mayores de las promesas del pacto, una abrumadora abundancia de riquezas espirituales, tanto así que, en comparación con el estado anterior del mundo, será como vida de los muertos (v. 12, 15). Aquí es cuando las promesas bíblicas de las bendiciones terrenales del reino alcanzarán su cumplimiento mayor y más completo. El monte santo de Dios habrá abarcado al mundo, y "la llena será llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mar" (Isa. 11:9).
Capítulo 15
  EL DÍA DE JEHOVÁ
 

 
¿Quién, pues, es este Cristo y cuán grande es él, que con su nombre y su presencia sobrepasa y confunde todas las cosas en todos lados, que él solo es fuerte contra todos y ha llenado la tierra entera con su enseñanza? Que nos lo digan los griegos, que se burlan de él sin restricción ni vergüenza. Si es un hombre, ¿cómo es que un hombre ha demostrado ser más fuerte que todos los que a sí mismos se consideran como dioses, y por su propio poder ha demostrado que ellos no son nada? Si le llaman mago, ¿cómo es que toda magia es destruida por un mago, en vez de hacerse más fuerte? Si hubiese conquistado a ciertos magos o demostrado que era superior a uno de ellos solamente, ellos podrían pensar razonablemente que él superó al resto sólo por su mayor habilidad. Pero el hecho es que su cruz ha derrotado a toda la magia enteramente y ha conquistado el nombre mismo de ella.
 
Atanasio, On the Incarnation [48]
 

 
Uno de los más graves errores de interpretación que cometen los estudiantes bíblicos es suponer que la Biblia no puede usar la misma expresión, como "venida", en diferentes sentidos. Mucho de este libro se escribió para refutar ese error básico. Como hemos visto, Dios "vino en las nubes" en numerosas ocasiones en la Escritura, y se usa la terminología del universo que se derrumba para describir varios y diferentes sucesos históricos. Sin embargo, una vez que entendemos esto, parece que se nos presenta un problema diferente: ¿Y qué hacemos con la segunda venida de Cristo? Puesto que tantas profecías resultan ser referencias a la destrucción de Jerusalén en el año 70 D. C., ¿cómo podemos estar seguros de que alguna profecía se refiere a un regreso futuro y literal de Jesucristo?
 

 
Es posible enfocar esta pregunta de varias maneras. Un método fructífero es examinar una expresión bíblica común para "día del juicio": el día de Jehová. Ahora bien, no me malentienda - yo no estoy sugiriendo que el "día de Jehová" se refiere sólo al fin del mundo y al juicio final. Lejos de eso. Sin embargo, una sólida comprensión de este concepto bíblico nos proporcionará una clave de interpretación, un método para llegar a una exacta comprensión, basada en la Escritura, de la segunda venida.
 

 
El primer uso bíblico del término día de Jehová ocurre en el profeta Amós, en una referencia muy extraña. Hablando a los rebeldes israelitas que pronto serían destruidos por los asirios, Amós dice: "¡Y de los que desean el día de Jehová! ¿Para qué queréis este día de Jehová? Será de tinieblas, y no de luz ..." (Amós 5:18). Lo importante que nosotros debemos notar al principio es que esta expresión no se había usado nunca antes, por lo menos no en la Escritura. Pero parece haber sido una idea bastante común y familiar en el Israel del siglo octavo A. C. Amós no cuestionó su validez: "el día de Jehová" venía. Lo que Amós trataba de corregir era la errónea expectativa de Israel del resultado de ese día para ellos mismos.
 

 
El punto interesante (para comenzar) es éste. Aquí encontramos a Amós simplemente adoptando un concepto teológico ya comprendido, completo, plenamente desarrollado. La expresión misma (aparentemente) no se originó por revelación directa, sino que los profetas la adoptaron, sin preguntar, como parte de su vocabulario. Esto indica que el término debe estar basado en algún concepto bíblico que era tan bien conocido en Israel que la indiscutida expresión día de Jehová surgió casi espontáneamente para describirlo. ¿Cómo podemos explicar esto? Nuestra respuesta a esta pregunta nos llevará a algunas conclusiones sorprendentes en varias áreas. Además, nos proporcionará firme información bíblica sobre la segunda venida de Cristo - el día del juicio final.
 

 
El día del juicio en Edén
 

 
La imagen bíblica del día de Jehová, el día del juicio, comienza (como naturalmente debemos suponer) en Génesis. Desde el mismo comienzo del relato de la creación, se nos dice que Dios creó la luz y la llamó día (Gén. 1:2-5). Debemos reconocer exactamente lo que sucedió en ese momento. Como vimos en el capítulo 7, Dios flotaba sobre la creación, envuelto en la gloriosa luz de la Nube, resplandeciente como la Luz original (ver Juan 1:4-5). Esto significa que, cuando Él creó la luz, fue como una imagen-espejo, una especie de "copia" de sí mismo. Por consiguiente, desde el principio, se nos enseña a asociar el día y la luz con Dios. Esta asociación básica se desarrolló y se llevó adelante durante todo el resto de la semana de la creación, como el primero de dos conceptos  importantes para entender la idea bíblica de día: el día está en la imagen de Dios. La luz del día es un recordatorio de la brillante e inaccesible luz de Dios (1 Tim. 6:16). Por esta razón, el sol y el amanecer se usan en la Biblia como símbolos de Dios y su venida (Sal. 84:11; Isa. 30:26; 60:1; Mal. 4:2; Luc. 1:78-79; Efe. 5:14; 2 Ped. 1:19; Apoc. 1:16).
 

 
El segundo concepto es que el día es el tiempo de la evaluación judicial, por parte de Dios, de sus criaturas, cuando todas las cosas sean juzgadas por Él. Aquí Moisés registra siete actos de ver (evaluación) y declarar: Dios vio que era bueno" (Gén. 1:4, 10, 12, 18, 21, 25), culminando con la séptima declaración: "Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera" (Gén. 1:31). Esta declaración nos lleva directamente al resumen y a la conclusión:
 

 
Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación. Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos (Gén. 2:1-4).
 

 
El hecho de que Dios "reposó" el séptimo día es parte importante del tema del juicio sobre el día, porque habla realmente de su entronización en el cielo, inspeccionando y juzgando su creación desde su trono en la Nube de Gloria. De hecho, al sentarse en el trono se le llama a menudo un "reposo" en la Escritura (1 Crón. 28:2; Sal. 132:7-8, 13-14; Isa. 11:10; 66:1).
 

 
Por eso, cuando pensamos en el día, debemos pensar primero en la luz de Dios en el mundo; segundo, debemos pensar en el juicio de Dios sobre el mundo. En otras palabras, el mero primer "día de Jehová" era también el mero primer día. Es más fácil para nosotros ver todo esto cuando leemos Génesis 1 a la luz de otros pasajes bíblicos, pero tenemos que recordar también que estaba implícito en el texto desde el principio.
 

 
Hay otro pasaje al comienzo de Génesis que informa nuestra interpretación del contenido del "día de Jehová". Vimos en un capítulo anterior que, cuando Adán y Eva pecaron, oyeron el sonido característico de la Nube de gloria resonando como un tren expreso a través del huerto: la retumbante voz de Jehová causada por el batir de las alas de ángeles. La traducción literal de ese versículo dice:
 

 
Y oyeron la voz de Jehová que recorría el huerto como el Espíritu del día, y el hombre y su mujer se ocultaron de la presencia de Jehová entre los árboles del huerto (Gén. 3:8).
 

 
En otras palabras, Adán y Eva oyeron el sonido que la Nube hace cuando Dios viene como "el Espíritu del día", cuando viene como lo hizo en el principio, en juicio. Hay que admitir que esta interpretación del texto significa la muerte para aquel himno pietista-evangélico "In the Garden" [A Solas al Huerto Yo Voy] (este hecho por sí sólo hace a esta interpretación especialmente atractiva). Dios no se paseaba en las tardes a través del huerto, contrariamente a las sentimentales reflexiones de poetas evangélicos de tercera categoría. Cuando llegó el juicio a Adán y Eva, llegó en forma de la Nube de gloria: con luz enceguecedora, calor abrasador, y ruido ensordecedor - el Espíritu del día.
 

 
Por consiguiente, el día de Jehová está definido por la Escritura en términos de la Nube de gloria: "Porque cerca está el día, cerca está el día de Jehová; día de nublado, día de castigo de las naciones será (Eze. 30:3; ver Joel 2:1-2; Sof. 1:14-15). Donde está la Nube, allí está el día de Jehová, cuando Dios está manifestando su juicio.
 

 
Esto hace que nuestra comprensión del día de Jehová dé un salto de un millón de años luz hacia adelante. Más que meramente una referencia al fin del mundo, debería entenderse más bien en los mismos términos que tantos otros conceptos de la Escritura: definitivamente, progresivamente, y finalmente. El día definitivo ocurrió al principio, el primer día (sería más preciso decir que la semana entera fue el día definitivo, en siete etapas). Pero también vemos el día revelado progresivamente, en los juicios históricos de Dios. En un sentido final, último, se nos dice que el último día vendrá cuando Dios juzgue finalmente todas las cosas.
 
                 
Día de nublado
 

 
Tan pronto vemos la conexión entre la Nube y el día de Jehová - que el día de Jehová es la Nube de Gloria que viene en juicio, y que la Nube es el día de Jehová en acción - un gran número de ideas bíblicas comienza a encajar en su lugar. Por ejemplo, los israelitas experimentaron el día de Jehová en las orillas del Mar Rojo, cuando la Nube descendió (Éx. 13:21-22) y se detuvo entre ellos y los egipcios. Para el pueblo del pacto, la Nube era Luz y salvación, pero para los egipcios, era oscuridad (Éx. 14:19-20), que causó completa destrucción (Éx. 14:24-25). La venida de la Nube era la venida de Jehová como el "Espíritu del Día" en juicio. Y el juicio, como la Nube, tiene dos aspectos: vindicación y protección de los fieles, por una parte, y destrucción de los enemigos de Dios, por la otra. En juicio, Dios trae tanto salvación como ira, tanto oscuridad como luz. Esto es lo que Amós quiso decir cuando se dirigió al apóstata pueblo del pacto de su tiempo, el pueblo que esperaba que la llegada del día de Jehová les protegería de sus enemigos. El problema era, como Amós señaló, que el pueblo de Dios se había convertido en el enemigo de Dios.
 

 
¡Ay de los que desean el día de Jehová! ¿Para qué queréis este día de Jehová? Será de tinieblas, y no de luz; como el que huye de delante del león, y se encuentra con el oso; o como si entrare en casa y apoyare su mano en la pared, y le muerde una culebra. ¿No será el día de Jehová tinieblas, y no luz; oscuridad que no tiene resplandor? (Amós 5:18-20).
 

 
Los profetas bíblicos vieron que el día de Jehová se cumpliría en todos los juicios redentores de Dios en la historia contra las naciones desobedientes: era el divino "día de pasar la factura" a Judá, cuando los impíos serían aniquilados y los justos salvados y bendecidos (Isa. 2-5; Joel 1-3); era también el día en que Edom sufriría la venganza de Dios por medio de sangrientas matanzas, en fuego y azufre, y en desolación, mientras el pueblo de Dios es "reunido" con él en seguridad (Isa. 3:4); el día en que la gran espada de Dios se llenaría de sangre de los egipcios (Jer. 4:6); en realidad, "el día de Jehová se acerca a todas las naciones" (Abdías 15). Cuando ponemos juntos todos estos pasajes y textos como Sofonías 1 y Salmos 18, se hace notablemente claro que el término profético Día de Jehová significa Juicio - un juicio que resulta tanto en la destrucción de los impíos como en salvación de los justos.
 

 
Por eso se usa también para describir el primer advenimiento del Salvador. En su última revelación del Antiguo Testamento, Dios dijo: "He aquí yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición" (Mal. 4:5-6). Tanto el ángel Gabriel (Luc. 1:17) como el Señor Jesús (Mat. 11:14) citan este versículo como cumplido en el ministerio de de Juan  el Bautista. "En el Espíritu y el poder de Elías", Juan debía involucrarse en el ministerio restaurador de traer los rebeldes hijos de Israel de vuelta a la piedad de sus padres, haciendo volver "los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto" (Luc. 1:17). Pero, advirtió el Señor, si el pueblo no se volvía de su apostasía para el tiempo del "día de Jehová, grande y terrible", Él "vendría y golpearía la tierra con maldición". Esta palabra maldición (o interdicción) era un término técnico en la Escritura, usada para denotar que ciertos objetos y hasta ciudades enteras eran tan aborrecidas por Dios que debían ser puestas "en interdiccción", para ser completamente destruidas por medio del fuego del altar de Dios - ofrecidas como "holocausto completo" (ver Deut. 13:16). Eso es exactamente lo que sucedió en el siglo primero. Vino "Elías", pero el pueblo no se arrepintió; así que, cuando llegó el gran día de Jehová, la tierra entera fue puesta en interdicción, dedicada por completo para ser destruida.
 

 
El día final de Jehová
 

 
Puesto que no todas las referencias al "día de Jehová" pueden tomarse en el sentido de que se refieren al mismo suceso, los cristianos pueden fácilmente quedar perplejos. ¿Cómo podemos a cuál día se hace referencia en cualquier pasaje particular de la Escritura? ¿Convierte esto a nuestra interpretación en completamente arbitraria? No, en absoluto. Como sucede con todo lo demás en la Escritura, su significado preciso depende del contexto. Siempre transmite la idea general de que Dios viene para juicio y salvación; pero su significado en cualquier versículo aislado debe discernirse examinando el cuadro mayor.
 

 
Así, pues, regresamos a la pregunta con que comenzamos este capítulo: ¿Cómo podemos estar seguros de que cualquier referencia al "día de Jehová", el "juicio", o la "venida" de Cristo se refiere al fin del mundo y la segunda venida de Cristo? Puesto que la terminología del universo que se derrumba se usa para el juicio del año 70 D.C., y a causa de la tremenda importancia teológica de ese juicio, algunos suponen que todos los sucesos escatológicos deben haberse cumplido en la destrucción de Jerusalén, y que la Segunda Venida tuvo lugar entonces. Según esta interpretación (que puede llamarse post-todismo), ahora estamos viviendo en una era de limbo interminable, en que literalmente no queda ninguna profecía por cumplirse. El mundo simplemente seguirá y seguirá y seguirá, hasta ...?
 

 
¿Es válida esta interpretación? Debemos notar, por lo menos de pasada, que, a través de todas las edades, la iglesia jamás ha permitido este punto de vista. Todos los credos han declarado la futura venida de Cristo, la resurrección de todos los hombres, y el juicio general como artículos fundamentales y no negociables de la fe cristiana. Las palabras finales del credo de Atanasio (uno de los tres credos universales de la fe) subraya la importancia de estas verdades:
 

 
Ascendió al cielo, se sentó a la derecha del Padre, Dios Todopoderoso; desde donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.
 

 
A cuya venida todos los hombres se levantarán nuevamente con sus cuerpos y darán cuenta de sus propias obras.
 

 
Y los que han hecho lo bueno irán a la vida eterna; y los que han hecho lo malo, al fuego eterno.
 

 
Esta es la fe católica, que el hombre no puede salvarse excepto si cree fielmente.
 

 
Esta posición básica de la Iglesia Universal está sólidamente basada en la Escritura. Aunque ha habido muchos "días de Jehová" en la historia, la Biblia nos asegura que hay un "día final" que ha de venir, el Juicio Final, cuando todas las cuentas se saldarán y tanto justos como injustos recibirán su recompensa eterna. Cada vez que usó el término, Jesús conectó inseparablemente "el día final" con otro acontecimiento:
 

 
Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero (Juan 6:38-40).
 

 
Ninguno pude venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero (Juan 6:44).
 

 
El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero (Juan 6:54).
 

 
Por consiguiente, la resurrección es un acontecimiento inextricablemente unido a los acontecimientos del último día, el día final en que el juicio del Espíritu en la Nube será absolutamente abarcante y completo, cuando el veredicto final y último de Dios se pronuncie sobre toda la creación. Ese es el día en que los muertos serán resucitados: "los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación" (Juan 5:29).
 

 
La resurrección es la clave de la interpretación. Puesto que Jesús relacionó la resurrección con el día final, podemos usarla como "control" al examinar pasajes escatológicos. Aunque el motivo día de Jehová/universo que se derrumba corre a través de los textos bíblicos sobre el juicio, la marca distintiva del día final es que los muertos serán resucitados. La resurrección de todos los seres humanos es, en la naturaleza del caso, irrepetible. No es un motivo continuado, sino más bien parte del suceso escatológico final. Por lo tanto, cada vez que la Biblia menciona la resurrección, está hablando del día final - el juicio final, el día último de Jehová.
 
Capítulo 16

 
LA CONSUMACIÓN DEL REINO
 

 
La muerte ha venido a ser como un tirano completamente derrotado por el monarca legítimo; atado de pies y manos como ahora lo está, los transeúntes se mofan de él, golpeándole y abusando de él, y ya no temen su crueldad ni su ira, a causa del rey que le derrotó. Así ha sido derrotada y marcada con hierro candente la muerte por lo que es por el Salvador en la cruz. Está atada de pies y manos, todos los que están en Cristo le pisotean al pasar, y los testigos de Cristo se burlan, diciendo: "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?"
 

 
Atanasio, On the Incarnation [27]        
 

 
Ahora podemos comenzar a sacar algunas conclusiones generales muy significativas del estudio que hemos adelantado hasta ahora. Como vimos en el capítulo anterior, el día final es sinónimo del juicio final, en el fin del mundo. Además, Jesús declaró que los que creen en él serán resucitados en el día postrero (Juan 6:39-40, 44, 54). Esto significa que el día del juicio es también el día de la resurrección; ambos sucesos ocurren juntos, al final de la historia.
 

 
Podemos añadir a esto lo que el apóstol Pablo nos dice sobre la resurrección: coincidirá con la Segunda Venida de Cristo y el rapto de los creyentes vivos (1 Tes. 4:16-17). Algunos han tratado de evadir la fuerza de este texto indicando una serie de resurrecciones - una en el rapto, otra en la Segunda Venida (quizás algunos años más tarde), y por lo menos una más a la consumación del reino, al fin de la historia (donde corresponde). Sin embargo, esto no resuelve el problema en absoluto. Porque Jesús dijo específicamente que todo el que cree en él será resucitado en el el "día postrero". Eso significa que todos los cristianos serán resucitados en el día final. Nuevamente, 1 Tesalonicenses 4 dice que todos los creyentes serán resucitados en el día final. Y esta resurrección, que coincida con el rapto, tendrá lugar en el día final.
 
    
 
<>Una resurrección

 
Antes de que podamos considerar estos puntos con mayor detalle, es necesario que quedemos claros sobre un punto de discusión que se planteó, pero al que se restó importancia hasta cierto punto en el capítulo anterior. Una de mis suposiciones más cruciales es la de que hay una sola resurrección, tanto de los justos como de los impíos. Por supuesto, para muchos esto parecería obvio. Pero debe ser expresada explícitamente porque hay mucha confusión sobre este punto en algunos círculos, encabezada por instructores que aseguran no sólo que hay múltiples resurrecciones, sino que la resurrección o las resurrecciones de los creyentes y no creyentes ¡tendrá o tendrán lugar en ocasiones completamente diferentes! No hay ninguna base bíblica para esta posición. Las Escrituras enseñan claramente una sola resurrección, en el día final; y la Iglesia Cristiana Ortodoxa, como lo reflejan sus credos históricos, siempre y en todas partes ha afirmado esta verdad. La Biblia dice:
 

 
Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua (Dan. 12:2).
 

 
Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación (Juan 5:26-29).
 

 
Habrá ciertamente una resurección tanto de justos como de impíos (Hechos 24:15).
 

 
Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el  mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego (Apoc. 20:11-15).
 

 
La Biblia es abundantemente clara: la resurrección de todos los seres humanos, tanto de los justos como de los injustos, tiene lugar el mismo día, para ser seguida inmediatamente por el juicio. ¿Por qué, entonces, ha habido tanta confusión sobre este punto? Parte de la respuesta es que el énfasis en la Escritura es en la resurrección de los justos, que es radicalmente diferente en naturaleza y resultado de la de los impíos. La resurrección del pueblo de Dios está íntimamente relacionada con el hecho de que el Espíritu Santo actualmente mora en ese pueblo (Rom. 8:11); así, el fundamento mismo de la resurrección de los justos, su principio esencial, es de una naturaleza completamente espiritual. Los cristianos serán resucitados para vida por el Espíritu, mientras que los impíos serán resucitados para muerte. En absoluto contraste con los cuerpos revividos de los condenados, los cuerpos renovados de los santos serán como el propio cuerpo glorioso de Cristo (1 Cor. 15.42-55; Fil. 3:21). Nuestra resurrección es el fruto de la resurrección de Cristo, y en realidad es una extensión de la de él (1 Cor. 6:13-20; 15:20).
 

 
Por consiguiente, para el cristiano, la resurrección es algo para ser considerado con esperanza y emocionada anticipación (2 Cor. 5:1-10; Fil. 3:10-11): La Escritura la ve como la final "redención de nuestro cuerpo" (Rom. 8:18-23). Por esta razón, el destino de los justos está siempre en primer plano cuando la Biblia habla de resurrección. El problema es que un enfoque superficial de la Escritura ha dejado en la gente la impresión de que hay dos resurrecciones diferentes, una de los justos y la otra de los impíos. Por supuesto, en un sentido cualitativo, ¡se puede decir que hay dos resurrecciones, pero que ocurren el mismo día!

 
El reino y la resurrección
 

 
La enseñanza bíblica más detallada sobre la resurrección se encuentra cerca del final de la primera carta de Pablo a los Corintios. El corazón de ese capítulo dice:
 

 
Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte (1 Cor. 15:20-26).
 

 
Este texto nos proporciona mucha información sobre la resurrección. En primer lugar, se nos asegura la inseparable relación entre la resurrección de Cristo y la nuestra. La resurrección tiene lugar en dos etapas: primero Cristo es resucitado, y luego nosotros somos resucitados - las primicias, luego la cosecha. (Nótese bien: no se menciona ninguna otra etapa).
 

 
Segundo, se nos dice cuándo tiene lugar la resurrección: "en su venida". Puesto que ya sabíamos que la resurrección coincide con el juicio final, ahora sabemos que la Segunda Venida de Cristo será en el día final, en el juicio.
 

 
Tercero, el texto también nos informa que estos eventos ocurren en "el fin". ¿El fin de qué? Mucho debate innecesario se ha enfocado en esta frase. Pablo continúa diciendo que el fin viene "cuando Él haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia". Aquí el fin es simplemente el fin - el fin del tiempo, de la historia, y del mundo. Por supuesto, esto se sigue del hecho de que éste es el último día; además, éste es el fin de la conquista de la tierra por Cristo, cuando haya establecido su reino total sobre todas las cosas, destruyendo a todos sus enemigos. Es el fin del "milenio", la consumación del reino - el momento preciso en que el libro de Apocalipsis, en completa armonía con 1 Corintios, ubica la resurrección y el juicio final (Apoc. 20:11-15).
 

 
Cuarto, el reino actual de Cristo, que comenzó en su resurrección y ascensión, continúa "hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies". Esta afirmación procede de Salmos 110:1, donde Dios el Padre le dice al Hijo: "Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies". Sabemos que, a la ascensión de Cristo, Él efectivamente se sentó a la diestra del Padre (Mar. 16:19; Luc. 22:69; Hech. 7:55-56; Rom. 8:34; Efe. 1:20-22; Col. 3:1, Heb. 1:3; 8:1; 10:2, 12:2; 1 Ped. 3:22). Por consiguiente, de acuerdo con la Escritura, Jesucristo está ahora reinando desde su trono celestial, mientras todos sus enemigos están siendo puestos debajo de sus pies. Las implicaciones de estos textos son inescapables: Cristo ha ascendido al trono, y no regresará sino hasta que el último de sus enemigos haya sido derrotado, en la resurrección del día final. "Porque debe reinar, hasta que ponga a todos sus enemigos debajo de sus pies".
 

 
Debemos recordar que la Biblia habla de salvación en términos del modelo definitivo-progresivo-final que hemos notado antes. Definitivamente, todas las cosas fueron puestas bajo los pies de Cristo a su ascensión al trono celestial; en principio, gobierna el mundo ahora como el segundo Adán. Progresivamente, está ahora ocupado en conquistar las naciones por medio del evangelio, extendiendo su gobierno a los rincones más alejados de la tierra. Finalmente, vendrá el día en que la real conquista del mundo por Cristo sea completa, cuando todos los enemigos hayan sido destruidos. Éste será el fin, cuando "en el nombre de Jesús se doble toda rodilla ... y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre" (Fil. 2:10-11).
 

 
Quinto, subrayando el hecho de que la resurrección ocurre al final del milenio, Pablo dice que "el postrer enemigo que será destruido es la muerte". El reino actual de Cristo verá la destrucción gradual de todos los enemigos, la derrota progresiva de cada uno de los restos de la rebelión de Adán, hasta que sólo quede una cosa por destruir: la muerte. En ese momento, Cristo regresará en gloria para resucitar a los muertos y transformar los cadáveres de su pueblo a la perfección de la nueva creación que ha sido completada. Más tarde en este pasaje, Pablo amplía este hecho:
 

 
He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria (1 Cor. 15:51-54).
 

 
Esto es paralelo a la otra gran declaración de Pablo sobre la resurrección:
 

 
Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hastala venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor (1 Tes. 4:14-17).
 

 
Como afirman tan claramente las palabras de Pablo, los sucesos del día final incluyen la segunda venida, la resurrección, y el rapto (el "arrebatamiento" de los santos vivos "para encontrarse con el Señor en el aire"). La Biblia no enseña ninguna separación entre la segunda venida y el rapto; estos son simplemente diferentes aspectos del día final. Y es un hecho que, durante toda la historia de la iglesia, nadie oyó hablar nunca del (así llamado) "rapto pre-tribulación" hasta el siglo diecinueve; no se difundió sino hasta hace unas pocas décadas. Recientemente, al comenzar las nuevas generaciones a reconocer la falta de fundamento bíblico para este novedoso punto de vista, ha comenzado a tener lugar un movimiento hacia una escatología con un fundamento más bíblico. La escatología de dominio, la esperanza histórica de la iglesia, está surgiendo nuevamente. A causa del renovado interés en el desarrollo de un punto de vista bíblico mundial y la aplicación de estándares bíblicos a todas las áreas de la vida, la escatología de dominio está siendo discutida y aceptada más y más. Y porque es la verdad, su establecimiento como la escatología dominante es inevitable.
 

 
Conclusión
 

 
La doctrina bíblica de la segunda venida es relativamente sin complicaciones y directa. Podemos resumir nuestros hallazgos en los últimos varios capítulos como sigue:
 

 
  1. El reino de Jesucristo comenzó con su resurrección y ascensión, como los profetas habían prometido. Su reino ("el milenio" está ahora en vigor y continuará hasta que Él sea reconocido universalmente como Señor. Por medio del evangelio, su pueblo está extendiendo su reino sobre la faz de la tierra, hasta que todas las naciones sean discipuladas y el paraíso llegue a su más completo y terrenal cumplimiento.
  1. En el día final, en el fin del mundo, Jesucristo regresará para resucitar a todos los seres hmanos para juzgar tanto a los justos como a los impíos. Los cristianos que esté vivos a la segunda venida serán arrebatados para unirse al Señor y a los santos resucitados en la Nube de Gloria, donde serán transformados y completamente restaurados a la imagen de Dios.
La Santa Escritura contradice completamente la doctrina de que el reino de Cristo comenzará sólo después de la segunda venida. La Biblia enseña que la segunda venida de Cristo, que coincide con el rapto y la resurrección, tendrá lugar al final del milenio, cuando la historia sea sellada en el juicio. Hasta entonces, Cristo y su pueblo estarán marchando de fortaleza en fortaleza, de victoria en victoria. Venceremos.
 
Capítulo 17
 
 

INTERPRETACIÓN DE APOCALIPSIS
 

De repente, y con un ruido semejante al fragor impetuoso del huracán, se lanzó el carro de Dios Padre, despidiendo espesas llamas. Tenía sus ruedas unas dentro de otras, y no se movía por impulso ajeno, sino por el instinto de su propio espíritu; iba escoltado por cuatro custodios con aspecto de querubines. Cada uno de éstos mostraba cuatro rostros maravillosos, y sus cuerpos y alas estaban sembrados de innumerables ojos, refulgentes como estrellas; ojos que asimismo brillaban en las ruedas, las cuales despedían centellas; y sobre sus cabezas se alzaba un firmamento de cristal en que se veía un trono de zafiro matizado de purísimo ámbar y de los colores del arco iris.
 

Cubierto con la celeste armadura del radiante Urim, obra divinamente labrada, ocupa el Mesías su carro. A su derecha lleva la Victoria, que extiende sus alas de águila, y al costado el arco y el carcaj divino lleno de rayos de puntas triples. Lo envuelven en torno airados torbellinos de humo, de entre los cuales brotan las llamas de ardientes exhalaciones.
 

John Milton, Paradise Lost [6.749-66]
 

 
El Salvador trabaja poderosamente entre los hombres; todos los días persuade de manera invisible a mucha gente por todo el mundo, tanto dentro como más allá del mundo de habla griega, de que acepten su fe y sean obedientes a sus enseñanzas. ¿Puede alguien, en vista de todo esto, dudar todavía de que él ha resucitado y vive,o más bien que Él mismo es la vida?
 
Atanasio, On the Incarnation [30]
 

 
Interpretación del libro de Apocalipsis
 

 
De entrada, confrontamos dos problemas cuando intentamos el libro de Apocalipsis. El primero es la cuestión de asegurarnos de que nuestra interpretación es correcta - poniendo marcas en nuestra imaginación para no forzar la santa Palabra de Dios a entrar en un molde de nuestra propia invención. Debemos permitir que el libro de Apocalipsis diga lo que Dios se propuso que dijera. El segundo problema es la cuestión de la ética - qué hacer con lo que hemos aprendido.
 

 
El modelo bíblico de interpretación
 

 
En el mismísimo primer versículo de Apocalipsis, Juan nos proporciona una importante clave interpretativa: "La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan" (Apoc. 1:1). El uso del término declaró nos dice que la profecía no debe ser considerada simplemente como "historia escrita por anticipado". En vez de eso, Apocalipsis es un libro de señales: representaciones simbólicas de los acontecimientos venideros. Los símbolos no deben entenderse de manera literal. Podemos ver esto en el uso que hace Juan del término en su evangelio (véase Juan 12:33; 18:32; 21:19). En cada caso, está usado en el sentido de que Cristo significó un evento futuro mediante una indicación más o menos simbólica, más bien que por medio de una descripción clara y literal. Y ésta es generalmente la forma de las profecías en Apocalipsis. Esto no significa que los símbolos son ininteligibles; la interpretación no es la que a uno se le ocurra. Por otra parte, yo no estoy diciendo que los símbolos están en alguna especie de código, de modo que todo lo que necesitamos es un diccionario o una gramática de simbolismos para "traducir" los símbolos al idioma inglés. La profecía es poesía, no alegoría ingenua o estática. La única manera de entender su simbolismo es familiarizándose con la Biblia. El modelo bíblico de interpretación es la Biblia misma.
 

 
Ya hemos tomado nota de las falacias e inconsistencias involucradas en la así llamada escuela "literalista" de interpretación bíblica. Otro problema, que es especialmente severo entre ciertos teólogos "pop" es su interpretación arbitraria de los símbolos proféticos. He oído a predicadores hablar de las langostas de Apocalipsis 9:3-11 como que muestran una desconcertante variedad de horrores: bombarderos, proyectiles balísticos, helicópteros Cobra, y hasta las temidas "abejas asesinas" de Sudamérica. ¿A cuál de todas estas armas representan las langostas? Sin un modelo de interpretación, no hay manera objetiva alguna de saberlo - y así, el libro de Apocalipsis se convierte, en la práctica, en lo que su título mismo insiste que no es: una ininteligible mescolanza de fuego y viento "apocalípticos" que no significa nada.
 

 
En realidad, Juan nos dice cientos de veces durante todo el libro de Apocalipsis exactamente lo que es el modelo de interpretación, porque el libro está positivamente atiborrado de citas del Antiguo Testamento y alusiones a él. El libro de Apocalipsis depende del Antiguo Testamento mucho más que cualquier otro libro del Nuevo Testamento. Por sí solo, este hecho debería advertirnos que no podemos comenzar a penetrar su significado sin una sólida comprensión de la Biblia como un todo - ésta es la razón de que yo haya escrito la Parte Dos de este libro, y por qué estoy machacando sobre el tema nuevamente. Las iglesias primitivas tenían esa clase de comprensión. El evangelio se había predicado primero a los judíos y a los prosélitos gentiles; a menudo, las iglesias habían sido formadas por adoradores en sinagogas, y esto ocurría hasta en la iglesias de Asia Menor (Hechos 2:9; 13:14; 14:1; 16:4;17:1-4, 10-12, 17; 18:4, 8, 19, 24-28; 19:1-10, 17). Además, está claro en Gálatas 2:9 que el ministerio del apóstol Juan era para los judíos en particular. Por consiguiente, los primeros lectores de Apocalipsis estaban sumergidos en el Antiguo Testamento hasta un punto en que la mayoría de nosotros no lo está hoy día. El simbolismo de Apocalipsis está saturado de alusiones bíblicas que eran comprendidas comúnmente por la iglesia primitiva. Aun en las raras congregaciones que no tenían ningún miembro hebreo, las Escrituras usadas en la enseñanza y en el culto eran principalmente del Antiguo Testamento. Los cristianos primitivos poseían la clave autorizada e infalible para el significado de las profecías de Juan. El que los modernos no apreciemos este hecho crucial es la causa principal de nuestra incapacidad para entender de qué estaba hablando Juan.
 

 
Por ejemplo, consideremos un  símbolo de Apocalipsis, del cual se ha abusado mucho, y apliquemos este principio. En Apocalipsis 7, 9, 14 y 22, Juan ve al pueblo de Dios sellado en sus frentes con su nombre; y en Apocalipsis 13:16, Juan escribe sobre los adoradores de la bestia, que tienen su marca en la mano derecha y en la frente. (Dicho sea de paso: ¿No le parece extraño a usted que todo el mundo esté tan excitado sobre "la marca de la bestia" cuando el claro énfasis en Apocalipsis es sobre el sello de Dios en las frentes de los creyentes?)  Se han hecho muchas y fantásticas interpretaciones en relación con estas marcas - que van desde tatuajes y validaciones de parque de diversione hasta tarjetas de crédito y números de Seguro Social - y todo sin observar en lo más mínimo las claras alusiones bíblicas. Pero ¿qué habrían pensado los primeros lectores de estos pasajes? Los símbolos les habrían hecho pensar inmediatamente en varias referencias bíblicas: la "marca" del sudor en la frente de Adán, significando la maldición de Dios por su desobediencia (Gén. 3:19); la frente del sumo sacerdote, marcada con letras de oro proclamando que ahora era SANTO A JEHOVÁ (Éx. 28:36); Deuteronomio 6:6-8 y Ezequiel 9:4-6, en que los siervos de Dios son "marcados" en la mano y en la frente con la ley de Dios, y reciben así bendición y protección en nombre de Dios. Por otra parte, los seguidores de la bestia reciben su marca de propiedad: sometimiento a la ley impía, estatista, anticristiana. En Apocalipsis, la marca no ha de ser tomada literalmente. Es una alusión a un símbolo del Antiguo Testamento que hablaba de la total obediencia de un hombre a Dios, y representa una advertencia de que el dios de una sociedad - ya sea el Dios verdadero o el estado deificado - exige completa obediencia a su dominio.
 

 
Ése será el principio de interpretación que se seguirá en este libro. La Revelación es una revelación: el propósito es que se entendiera. Sin embargo, no la entenderán los perezosos y los indiciplinados buscadores de emociones, que tienen tanta prisa que no tienen tiempo para estudiar la Biblia. Muchos pasan presurosos desde su primera profesión de fe hasta el último libro de la Biblia, tratándola poco más que como un libro de alucinaciones, desdeñando apresuradamente un sobrio intento de permitir que la Biblia se interprete a sí misma - descubriendo, en fin de cuentas, sólo un reflejo de sus propios prejuicios. Pero, para los que prestan atención a la palabra de Dios como un todo, el mensaje es claro. Benjamin Warfield escribió: "El Apocalipsis de Juan no necesita ser otra cosa que fácil: todos sus símbolos son o naturalmente obvios o tienen sus raíces en los poetas y profetas del Antiguo Testamento y el lenguaje figurado de Jesús y sus apóstoles. Nadie que conozca su Biblia necesita desesperar de leer este libro con provecho. Sobre todo, el que puede entender el gran discurso de nuestro Señor concerniente a las últimas cosas (Mat. 24) no puede dejar de entender el Apocalipsis, que se basa en ese discurso, y escasamente avanza más allá de él" (Selected Shorter Writings [Presbyterian and Reformed, 1973], vol. 2, pp. 652s).
 


 
Profecía y ética
 

 
A menudo, el libro de Apocalipsis es tratado como ejemplo del género "apocalíptico" de escritos que florecieron entre los judíos entre el año 200 A. C. y el año 100 D. C. No hay ninguna base en absoluto para esta opinión, y es completamente desafortunado que la palabra apocalíptico se use para describir esta literatura. (Los mismos escritores de literatura "apocalíptica" nunca usaron el término en este sentido; más bien, los eruditos le robaron el término a Juan, que llamó a su libro "El Apocalipsis [la revelación] de Jesucristo". En realidad, hay muchas y grandes diferencias entre los escritos "apocalípticos" y el libro de Apocalipsis.
 
 

 
Los "apocalipsistas" se expresaban en símbolos inexplicados e ininteligibles, y generalmente no tenían ninguna intención de hacerse entender. Sus escritos abundan en pesimismo: no es posible ningún verdadero progreso, ni habrá ninguna victoria para Dios y su pueblo en la historia. Ni siquiera podemos ver a Dios en la historia. Todo lo que sabemos es que el mundo se está volviendo peor y peor. Lo mejor que podemos hacer esperar el fin - pronto. Pero, por ahora, las fuerzas del mal están en control. (¿Le suena familiar?). El resultado práctico fue que los apocalipsistas rara vz se preocupaban de la conducta ética. No les interesaba mucho cómo vivir en el presente (y en realidad asumir el dominio sería impensable); sólo querían especular sobre los cataclismos venideros.
 

 
El enfoque de Juan en Apocalipsis es vastamente diferente. Sus símbolos no son oscuras divagaciones incubadas en una imaginación enfebrecida; están firmemente enraizadas en el Antiguo Testamento (y la razón de su aparente oscuridad es ese mismo hecho: tenemos problemas para entenderlos sólo porque no conocemos nuestras Biblias). En contraste con los apocalipsistas, que habían abandonado la historia, Juan presenta la historia como el escenario de la redención: Dios salva a su pueblo en su ambiente, no fuera de él; y Dios salva el ambiente.
 

 
Leon Morris, en su importante estudio de Apocaliptica (Eerdmans, 1972), describe la visión mundial de Juan: "Para él, la historia es la esfera en que Dios ha forjado nuestra redención. Lo realmente crítico en la historia de la humanidad ya ha tenido lugar, y tuvo lugar aquí, en esta tierra, en los asuntos de los hombres. El Cordero 'como inmolado' domina el libro entero. Juan ve a Cristo como victorioso, y habiendo obtenido la victoria por su muerte, un evento en la historia. Su pueblo comparte su triunfo, pero ha derrotado a Satanás 'por la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio' (Apoc. 12:11). Está ausente el pesimismo que difiere la actividad salvadora de Dios hasta el fin. Aunque Juan presenta el mal realísticamente, su libro es fundamentalmente optimista" (p. 79).
 

 
Los apocalipsistas dijeron: El mundo se acerca a su fin: ¡Ríndanse! Los profetas bíblicos dijeron: El mundo se acerca a su principio: ¡Pónganse a trabajar!
 

 
Así, pues, el libro de Apocalipsis no es un tratado de apocalíptica; en su lugar, es, como Juan mismo nos recuerda repetidamente, una profecía (1:3; 10:11; 22:7,10, 18-19), de acuerdo con los escritos de los otros profetas bíblicos. Y - nuevamente en agudo contraste con los apocalipsistas - si hubo una preocupación principal entre los profetas bíblicos, fue la conducta ética. Ningún escritor bíblico reveló jamás el futuro sólo para satisfacer la curiosidad: la meta fue siempre dirigir al pueblo de Dios hacia acciones correctas en el presente. La abrumadora mayoría de las profecías bíblicas no tenían nada que ver con el erróneo concepto de que la "profecía" predecía el futuro. Los profetas hablaban del futuro para estimular la vida piadosa. El propósito de la profecía es ético.
 

 
El hecho de que muchos de los que estudian los escritos proféticos en la actualidad están más interesados en encontrar posibles referencias a viajes espaciales y armas nucleares que en descubrir los mandamientos de Dios para la vida es un repugnante tributo a la moderna apostasía. "El testimonio de Jesús es el espíritu de profecía" (Apoc. 19:10); ignorar a Jesús en favor de explosiones atómicas es una perversión de la Escritura, una extravagante distorsión de la santa Palabra de Dios. De principio a fin, Juan está intensamente interesado en la conducta ética de los que leen el libro de Apocalipsis:
 

 
Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas (1:3).
 

 
Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas (16:15).
 

 
Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro (22:7).
 

 
Bienaventurados los que guardan sus mandamientos (22:14).
 

 
Debo subrayar que, al argumentar a favor de la escatología de dominio, no estoy simplemente presentando un programa alterno como guía para el futuro. La escatología bíblica no es sólo un calendario de sucesos especiales. El significado fundamental de la esperanza es el señorío de Jesucristo. La meta de la escatología es llevar a las personas a adorar y a servir a su Creador. La profecía no es nunca meramente un ejercicio académico. Todos los profetas apuntaban a Jesucristo, y todos ellos demandaban una respuesta ética. La palabra de Dios demanda una total transformación de nuestras vidas, en todo momento. Si ésa no es la meta, y el resultado, de nuestro estudio de la Escritura, no nos servirá de nada.
 
Capítulo 18
 
 

 
EL TIEMPO ESTÁ CERCA
 

 
¿Cuándo cesaron las profecías y las visiones en Israel? ¿No fue cuando Cristo vino, el Santo de los santos? En realidad, es una señal y una prueba notable de la llegada del Verbo el hecho de que Jerusalén ya no está, ni ha aparecido ningún profeta ni se ha revelado ninguna visión entre ellos. Y es natural que deba ser así, porque cuando vino el que tenía que venir, ¿qué más necesidad había de que viniera otro? Y cuando la verdad hubo llegado, ¿qué más necesidad había de las sombras? Sólo acerca de Él profetizaban continuamente, hasta cuando hubo llegado la Justicia Esencial, el que fue hecho rescate por los pecados de todos. Por la misma razón permaneció Jerusalén hasta el mismo tiempo, para que los hombres pudiesen pensar en los tipos antes de que se conociese la verdad. Así que, por supuesto, una vez que el Santo de los santos hubo llegado, tanto las visiones como las profecías fueron selladas. Y el reino de Jerusalén cesó al mismo tiempo, porque los reyes debieron ser ungidos entre ellos sólo hasta que el Santo de los santos fue ungido. Moisés también profetiza que el reino de los judíos permanecerá hasta el tiempo de Jesucristo, diciendo: "No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregarán los pueblos" [Gén. 49:10]. Y por eso el Salvador mismo siempre estaba proclamando: "Todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan" [Mat. 11:13]. Así que, si todavía hay rey o profeta o visiones entre los judíos, hacen bien en negar que Cristo ha venido; pero si no hay ni rey ni visiones, y desde ese tiempo todas las profecías han sido selladas y la ciudad y el templo han sido tomados, ¿cómo pueden ellos ser tan irreligiosos, cómo pueden burlarse así de los hechos, hasta el punto de negar al Cristo que ha traído todas estas cosas?

 
Atanasio, On the Incarnation [40]
 

 
La cuestión de la fecha del libro de Apocalipsis es importante para su correcta interpretación. A menudo, los eruditos han aceptado la declaración de Ireneo (120-122 D. C.) de que la profecía apareció "hacia el fin del reinado de Domiciano" (es decir, alrededor de 96 D.C.). Sin embargo, hay considerables dudas sobre lo que Ireneo quiso decir con esto (puede haber querido decir que el apóstol Juan en persona "fue visto" por otros). El lenguaje de Ireneo es ambiguo y, a pesar de lo que estaba diciendo, podría estar equivocado. (Dicho sea de paso, Ireneo es la única fuente para esta tardía fecha de Apocalipsis; todas las otras "fuentes" están basadas en Ireneo). Ciertamente, hay otros escritores tempranos cuyas declaraciones indican que Juan escribió el Apocalipsis mucho antes, bajo la persecución de Nerón. Por consiguiente, nuestro curso de acción más seguro es estudiar el Apocalipsis mismo para ver la evidencia interna que el libro presenta en relación con su fecha - evidencia que indica que fue escrito en algún momento antes o alrededor del 68 D. C. Brevemente, esta prueba depende de dos puntos: (1) Se habla de que Jerusalén todavía estaba en pie, pero gran parte del libro profetiza la destrucción de Jerusalén en el año 70 D. C.; (2) se dice que el emperador Nerón todavía estaba vivo - pero Nerón murió en junio del año 68. (Estos puntos y otros se demostrarán en los capítulos siguientes).
 

 
Sin embargo, mucho más significativo es el hecho de que tenemos una enseñanza a priori en la misma Escritura en el sentido de que toda la revelación especial terminó por el año 70 D. C. El ángel Gabriel le dijo a Daniel que las "setenta semanas" terminarían con la destrucción de Jerusalén (Dan. 9:24-27); y ese período también serviría para "sellar la visión y la profecía" (Dan. 9:24). En otras palabras, la revelación especial se detendría - sería "sellada" - para cuando Jerusalén fuese destruida. El canon de las Sagradas Escrituras se completó enteramente antes de la caída de Jerusalén.
 

 
La muerte, resurrección, y ascensión de Cristo marcaron el fin del pacto antiguo y el principio del nuevo; los apóstoles fueron comisionados para entregar el mensaje de Cristo en la forma del Nuevo Testamento; y cuando hubieron concluido, Dios envió a los edomitas y a los ejércitos romanos para destruir completamente los últimos símbolos que quedaban del pacto antiguo: el templo y la Santa Ciudad. Este solo hecho es suficiente para establecer que Apocalipsis fue escrito antes del año 70 D. C. Como veremos, el libro mismo proporciona abundante testimonio en relación con su fecha; pero, hay aún más; la naturaleza del Nuevo Testamento como la palabra final de Dios nos los dice. La muerte de Cristo a manos del Israel apóstata selló su suerte: el reino le sería quitado (Mat. 21:33-43). Mientras la ira aumentaba "al extremo" (1 Tes. 2:16), Dios detenía su mano del juicio hasta que la escritura del documento del nuevo pacto se llevara a cabo. Hecho esto, Dios puso fin dramáticamente al reino de Israel, barriendo con la generación perseguidora (Mat. 23:34-36; 24:34; Luc. 11:49-51). La destrucción de Jerusalén (Apoc. 11) fue el último trompetazo, que indicaba que el "misterio de Dios" estaba consumado (Apoc. 10:7). No habría más revelaciones especiales una vez que Israel hubiera desaparecido. Para regresar al punto, el libro de Apocalipsis definidamente se escribió antes de 70 D. C., y probablemente antes de 68 D. C.
 

 
Destino
 

 
Juan dirigió el Apocalipsis a las siete importantes iglesias de Asia Menor, y fue ampliamente distribuido desde ellas. Asia Menor era importante porque la secta del culto a César se trata extensamente en la profecía - y Asia Menor era un centro principal del culto a César. "Inscripción tras inscripción atestigua la lealtad de las ciudades al imperio. En Éfeso, Esmirna, Pérgamo, y de hecho por toda la región, la iglesia era confrontada por un imperialismo popular y patriótico, y que tenía el carácter de religión. En ninguna parte era el culto a César más popular que en Asia" (H. B. Swete, Commentary on Revelation [Kregel, 1977], p. lxxxix).
 

 
Después de que Julio César murió, se construyó en Éfeso un templo honrándole como divo (dios). Los césares que le siguieron no esperaron que la muerte les proporcionara tales honores y, comenzando por Octaviano, afirmaron su propia divinidad exhibiendo sus títulos de deidad en templos y monedas, particularmente en las ciudades de Asia. Octaviano reemplazó su nombre con el de Augusto, un título de suprema majestad, dignidad, y reverencia. Fue llamado el Hijo de Dios, y como mediador divino-humano entre el cielo y la tierra, ofrecía sacrificios a los dioses. Fue proclamado ampliamente como Salvador del mundo, y las inscripciones de sus monedas eran francamente mesiánicas - su mensaje declaraba, como había escrito Ethelbert Stauffer, que "la salvación no se encuentra en ningún otro, salvo en Augusto, y no hay otro nombre dado a los hombres en el cual pueden ser salvos" (Cristo y los Césares [Westminster, 1955], p. 88).
 

 
Esta actitud era común a todos los Césares. César era Dios; César era Salvador; César era el único Señor. Y reclamaban para sí no sólo los títulos sino también los derechos de la deidad. Fijaban impuestos y confiscaban propiedades a voluntad; tomaban las esposas de ciudadanos (y a sus esposos) para su propio placer, causaban escasez de alimentos, ejercían el poder de vida y muerte sobre sus súbditos, y en general intentaban controlar cada uno de los aspectos de la realidad a través del imperio. La filosofía de los Césares puede resumirse en una frase que se usó más y más a medida que pasaba el tiempo: ¡César es Señor!
 

 
Éste era el principal punto de controversia entre Roma y los cristianos. ¿Quién es Señor? Francis Schaeffer señaló: "No olvidemos por qué eran asesinados los cristianos. No porque adoraban a Jesús ... a nadie le importaba quién adoraba a quién mientras el que adoraba no trastornara la unidad del estado, que se centraba en el culto formal a César. La razón de que los cristianos fueron asesinados es que eran rebeldes ... adoraban a Jesús como Dios y adoraban solamente al Dios infinito, personal. Los Césares no tolerarían que se adorase al único Dios solamente. Esto se consideraba traición" (How Shall We Then Live? [Revell, 1976], p. 24).
 

 
Para Roma, la meta de cualquier moralidad y piedad era subordinar todas las cosas al estado; el hombre religioso y piadoso era el que, en todo momento de su vida, reconocía la centralidad de Roma. R. J. Rushdoony observa que "la estructura de los actos de piedad religiosos y de familia era Roma misma, la comunidad central y más sagrada. Roma controlaba estrictamente todos los derechos de asociación, asamblea, reuniones religiosas, clubes, y reuniones callejeras, y no toleraba ningún posible rival de su centralidad... Sólo el estado podía organizar; los ciudadanos no podían, a menos que conspirasen. Sólo sobre esta base, la altamente organizada Iglesia Cristiana era un delito y una afrenta contra el estado, y una organización ilegal que en seguida aparecía como sospechosa de conspiración" (The One and the Many [Thoburn Press, 1978], pp. 92s).
 

 
El testimonio de los apóstoles y la iglesia cristiana primitiva era nada menos que una declaración de guerra contra las pretensiones del estado romano. Juan dice que Jesús es el unigénito Hijo de Dios (Juan 3:16); que Él es, en efecto, "el Dios verdadero y la vida eterna" (1 Juan5:20-21). El apóstol Pedro declaró, poco después de Pentecostés: "En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos" (Hech. 4:12). "El conflicto del cristianismo con Roma era, pues, político desde la perspectiva de Roma, aunque religioso desde la perspectiva cristiana. A los cristianos nunca se les pidió que adoraran a los dioses paganos de Roma; sólo se les pedía que reconocieran la primacía religiosa del estado. ... El punto de discrepancia era, pues, éste: ¿debían las leyes del emperador, las leyes del estado, gobernar tanto al estado como a la iglesia, o debían tanto el estado como la iglesia, tanto el emperador como el obispo por igual, estar bajo las leyes divinas? ¿Quién representaba el verdadero y último orden, Dios o Roma, la eternidad o el tiempo? La respuesta romana era Roma y el tiempo, y de aquí que el cristianismo constituyese una fe traicionera y una amenaza para el orden político" (Rushdoony, The One and the Many, p. 93).
 

 
El cargo presentado por los fiscales en un juicio contra cristianos en el siglo primero era que "todos ellos desafían los decretos de César, diciendo que hay otro rey, uno llamado Jesús" (Hechos 17:7). Ésta era la acusación fundamental contra todos los cristianos del imperio. El capitán de policía rogó al anciano obispo Policarpo que renunciase a esta posición extrema: "¿Qué mal hay en decir César es Señor?" Policarpo rehusó, y fue quemado en la hoguera. Miles sufrieron el martirio sólo a causa de este punto. Para ellos, Jesús no era "Dios" en algún sentido irrelevante de razón e inteligencia; Jesús era el único Dios, completo soberano en todas las áreas. Ningún aspecto de la realidad podría estar exento de sus demandas. Nada era neutral. La iglesia confrontó a Roma con la inflexible afirmación de la autoridad imperial de Cristo: Jesús es el unigénito Hijo; Jesús es Dios; Jesús es Rey, Jesús es Salvador; Jesús es Señor. Aquí había dos imperios, ambos intentando tener absoluto dominio mundial; y eran implacables en la guerra.
 

 
Era necesario que las iglesias de Asia reconocieran esto plenamente, con todas sus implicaciones. La fe en Jesucristo requiere absoluta sumisión a su señorío, en todos los puntos, sin ningún término medio. Confesar a Cristo significaba entrar en conflicto con el estadismo, particularmente en las provincias donde se requería el culto oficial a César para la transacción de los asuntos diarios. No reconocer las afirmaciones del estado resultaría en dificultades económicas y la ruina, y a menudo prisión, tortura y muerte.
 

 
Algunos cristianos transaron: "Claro, Jesús es Dios. Yo le adoro en la iglesia y en el culto privado. Pero todavía puedo conservar mi empleo y mi posición en el sindicato, aunque requieren que yo rinda homenaje técnico a las deidades paganas. Es un mero detalle: después de todo, yo todavía creo en Jesús de corazón ...". Pero el señorío de Cristo es universal, y la Biblia no distingue entre el corazón y la conducta. Jesús es Señor de todo. Para reconocerle verdaderamente como Señor, debemos servirle en todas partes. Este es el principal mensaje de Apocalipsis, y el que los cristianos de Asia necesitaban desesperadamente escuchar. Vivían en el corazón mismo del trono de Satanás, el asiento del culto al emperador; Juan escribía para recordarles a su verdadero Rey, la posición de ellos con Él como reyes y sacerdotes, y la necesidad de perseverar en términos de su palabra soberana.
 

 
El tema
 

 
El propósito de Apocalipsis era revelar a Cristo como Señor a una iglesia sufriente. Puesto que estaban siendo perseguidos, los primeros cristianos podían sentirse tentados a temer que el mundo estuviera quedándose sin control - que Jesús, que había reclamado "toda autoridad ... en el cielo y en la tierra" (Mat. 28:18), en realidad no estuviese en control en absoluto. A menudo, los apóstoles advertían contra este error centrado en el hombre, recordándole a la gente que la soberanía de Dios es sobre toda la historia (incluyendo nuestras tribulaciones particulares). Esta era la base de algunos de los más hermosos pasajes de consuelo en el Nuevo Testamento (por ejemplo, Rom. 8:28-39; 2 Cor. 1:3-7; 4:7-15).
 

 
La principal preocupación de Juan al escribir el libro de Apocalipsis era justamente esto: fortalecer la comunidad cristiana en la fe del señorío de Jesucristo, para que se dieran cuenta de que las persecuciones que sufrían estaban íntegramente involucradas en la gran guerra de la historia. El Señor de la gloria había ascendido a su trono, y los impíos gobernantes ahora resistían su autoridad persiguiendo a sus hermanos. El sufrimiento de los cristianos no era una señal de que Jesús había abandonado este mundo al diablo; más bien, el sufrimiento revelaba que Jesús era Rey. Si el señorío de Jesús hubiese sido históricamente carente de significado, los impíos no habrían tenido ninguna razón en absoluto para molestar a los cristianos. Pero, en lugar de eso, los impíos perseguían a los seguidores de Jesús, mostrando su involuntario reconocimiento de la supremacía de Jesús sobre el gobierno de ellos. El libro de Apocalipsis presenta a Jesús montado sobre un caballo blanco como "Rey de reyes y Señor de señores" (19:16, combatiendo contra las naciones, juzgando y haciendo guerra en justicia. Los cristianos perseguidos no estaban en absoluto abandonados por Dios. En realidad, estaban en la línea del frente en el conflicto de los siglos, un conflicto en que Jesucristo ya había ganado la batalla decisiva. Desde su resurrección, toda la historia ha sido una operación de "limpieza", en la cual las implicaciones de su obra están siendo implementadas gradualmente en todo el mundo. Juan es realista: las batallas no serán fáciles, ni los cristianos saldrán indemnes. A menudo serán sangrientas, y gran parte de la sangre será nuestra. Pero Jesús es Rey, Jesús es Señor, y (como dice Lutero) "Él tiene que ganar la batalla". El Hijo de Dios sale a la guerra, conquistando y a conquistar, hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.
 

 
Así, pues, el tema del Apocalipsis era contemporáneo, es decir, fue escrito a y para los cristianos que vivían en la época en que se entregó por primera vez. Estábamos equivocados al interpretarlo futurísticamente, como si su mensaje estuviese dirigido principalmente a un tiempo 2000 años después de cuando Juan lo escribió. (Es interesante - pero no sorprendente - que los que interpretan el libro "futurísticamente" siempre parecen enfocarse en su propia época como el tema de la profecía). Convencidos de su propia importancia, son incapaces de pensar en sí mismos como viviendo en cualquier otra época diferente del clímax de la historia). Por supuesto, los sucesos que Juan predijo estaban "en el futuro" para Juan y sus lectores; pero ocurrieron poco tiempo después de que él escribió acerca de ellos. Interpretar el libro de otra manera es contradecir tanto el alcance de la obra como un todo como los pasajes particulares que indica su tema. Para nosotros, la mayor parte del Apocalipsis (es decir, todo, excepto unos pocos versículos que mencionan el fin del mundo) es historia: ya sucedió. Esto puede ser un verdadero desengaño para los que esperaban experimentar algunas de las emocionantes escenas del libro; así que, para ellos, tengo una pequeña palabra de consuelo: Alégrense - ¡las abejas asesinas todavía están en camino al norte! Además, la bestia tiene un ejército de modernos imitadores, así que ustedes todavía tienen una oportunidad de ser decapitados. Desafortunadamente, los que habían abrigado la esperanza de escapar a los fuegos artificiales en el rapto no tienen tanta suerte. Tendrán que avanzar con dificultad hacia la victoria junto con el resto de nosotros.
 

 
La iglesia primitiva tenía dos grandes enemigos: el Israel apóstata y la Roma pagana. Muchos cristianos murieron a manos de ellos (en realidad, estos dos enemigos de la iglesia a menudo cooperaban el uno con el otro ejecutando cristianos, como lo habían hecho en la crucifixión del mismo Señor). Y el mensaje de Apocalipsis era que estos dos perseguidores, inspirados por Satanás, pronto serían juzgados y destruidos. Su mensaje era contemporáneo, no futurista.
 

 
Algunos se quejarán de que esta interpretación convierte a Apocalipsis en "irrelevante" para nuestro tiempo. Una idea más errónea es inimaginable. ¿Son irrelevantes los libros de Romanos y Efesios sólo porque fueron escritos para los creyentes del siglo primero? ¿Deben ser hechos a un lado los libros de 1 Corintios y Gálatas porque tratan de problemas del siglo primero? ¿No es toda la Escritura útil para los creyentes en todas las épocas (2 Tim. 3:16-17)? En realidad, son los futuristas los que han convertido a Apocalipsis en irrelevante - porque, en la hipótesis futurista, ¡el libro ha sido inaplicable desde el momento en que fue escrito hasta el siglo veinte! Sólo si vemos a Apocalipsis en términos de su relevancia contemporánea es el libro cualquier cosa menos letra muerta. Desde el comienzo, Juan dijo que el libro estaba dirigido a "las siete iglesias que están en Asia" (1:4), y tenemos que suponer que quería decir lo que estaba diciendo. Claramente, esperaba que hasta los más oscuros símbolos de la profecía fuesen comprendidos por sus lectores del siglo primero (13:18). Ni una sola vez dio a entender que su libro fue escrito teniendo en mente el siglo veinte, y que los cristianos estarían desperdiciando el tiempo intentando descifrarlo hasta que se inventasen las estaciones espaciales. La principal relevancia del libro de Apocalipsis era para sus lectores del siglo primero. Todavía es relevante para nosotros hoy día al entender nosotros su mensaje y aplicar sus principios a nuestras vidas y nuestra cultura. Jesucristo todavía demanda de nosotros lo que demandaba de la iglesia primitiva: absoluta fidelidad hacia él.
 

 
Pueden señalarse aquí varias líneas de evidencia en favor de la naturaleza contemporánea de Apocalipsis. Primera, está el tono general del libro, que trata de los mártires (véase, por ejemplo, 6:9; 7:14; 12:11). El tema es claramente la actual situación de las iglesias: el Apocalipsis se escribió a una iglesia sufriente para consolar a los creyentes durante su tiempo de prueba.
 

 
Segunda, Juan escribe que el libro concierne a "las cosas que deben suceder pronto" (1:1), y advierte que "el tiempo está cerca" (1:3). En caso de que se nos escape, Juan dice nuevamente, al final del libro, que "el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, envió a su ángel para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto" (22:6). Dado que una prueba importante de un verdadero profeta reside en el hecho de que sus predicciones se cumplan (Deut. 18:21-22), los lectores de Juan del siglo primero tenían toda la razón de esperar que su libro tuviese importancia inmediata. Simplemente, no se puede hacer que las palabras pronto y cerca  signifiquen nada diferente de lo que dicen. Si yo le digo a usted: "Estaré allí pronto", y no me aparezco en 2000 años, ¿no diría usted que yo estoy siendo un poquito tardío? Algunos objetarán a esto basándose en 2 Pedro 3:8, que dice que "para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día". Pero el contexto allí es enteramente diferente: Pedro nos está exhortando a tener paciencia con respecto a las promesas de Dios, asegurándonos que la fidelidad de Dios a su santa Palabra no se gastará ni disminuirá.
 

 
El libro de Apocalipsis no es sobre la Segunda Venida. Es sobre la destrucción de Israel y la victoria de Cristo sobre Roma. En realidad, la palabra venida, como se usa en el libro de Apocalipsis, jamás se refiere a la Segunda Venida. Apocalipsis profetiza el juicio de Dios sobre los dos antiguos enemigos de la iglesia; y aunque pasa a describir brevemente ciertos sucesos del fin del tiempo, esa descripción es meramente un "resumen" para mostrar que los impíos jamás prevalecerán contra el reino de Cristo. Pero el foco principal de Apocalipsis es sobre sucesos que habrían de tener lugar pronto.
 

 
Tercera, Juan identifica ciertas situaciones como contemporáneas: en 13:18, Juan anima claramente a sus lectores contemporáneos a calcular el "número de la bestia" y a descifrar su significado; en 17:10, uno de los siete reyes está actualmente en el trono; y Juan nos dice que la gran  ramera "es [tiempo verbal presente] la gran ciudad, que reina [tiempo verbal presente] sobre los reyes de la tierra" (17:18). Repetimos, el propósito era que Apocalipsis se entendiese en términos de su importancia contemporánea. Una interpretación futurista es completamente opuesta a la manera en que el mismo Juan interpreta su propia profecía.
 

 
Cuarta, debemos notar cuidadosamente las palabras del ángel en 22:10: "No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca". Por supuesto, nuevamente se nos dice explícitamente que la profecía es de naturaleza contemporánea; pero hay más. La declaración del ángel contrasta con el mandamiento que recibió Daniel el final de su libro: "Cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin" (Dan. 12:4). A Daniel se le ordenó específicamente que sellara su profecía, porque se refería al "tiempo del fin", al futuro distante. Pero a Juan se le dijo que no sellara su profecía, ¡porque el tiempo del cual hablaba estaba cerca!
 

 
Así, pues, la atención del libro de Apocalipsis se centra en la situación contemporánea de Juan y sus lectores del siglo primero. Se escribió para mostrar a aquellos cristianos primitivos que Jesús es Señor, "que gobierna sobre los reyes de la tierra" (Apoc. 1:5). Muestra que Jesús es la clave de la historia mundial - que nada puede ocurrir aparte de su soberana voluntad, que él será glorificado en todas las cosas, y que sus enemigos morderán el polvo. Los cristianos de esa época se sentían tentados a transar con el estadismo y las falsas religiones de su tiempo, y necsitaban este mensaje del absoluto dominio de Cristo sobre todos, para que se sintieran fortalecidos en la lucha a la cual habían sido llamados.
 

 
Y nosotros también necesitamos este mensaje. Nosotros también estamos sujetos diariamente a las amenazas y las seducciones de los enemigos de Cristo. A nosotros también se nos pide - aun de parte de otros cristianos - a transar con las modernas bestias y rameras para salvarnos (o salvar nuestros empleos, nuestras propiedades, o nuestra exención de impuestos). Nosotros también nos enfrentamos a una elección: rendirnos a Jesucristo o rendirnos a Satanás. Apocalipsis habla poderosamente de los temas en discusión a los que nos enfrentamos hoy día, y su mensaje para nosotros es el mismo que para la iglesia primitiva: que no hay una sola pulgada de terreno neutral entre Cristo y Satanás, que nuestro Señor demanda sumisión universal a su gobierno, y que Jesús ha predestinado a su pueblo a una victoriosa conquista y un victorioso dominio sobre todas las cosas en su nombre. No debe haber ninguna transacción y no se debe dar cuartel en la gran batalla de la historia. Se nos ordena ganar.
Capítulo 19

 
UN BREVE RESUMEN DE APOCALIPSIS
 

 
Porque el Señor tocó todas las partes de la creación, y les liberó y les despojó de todo engaño. Como dice Pablo: "Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz" [Col. 2:15], de modo que nadie podía ser engañado más, sino que en todas partes podía encontrar la palabra de Dios.
 

 
Atanasio, On the Incarnation [45]
 

 
El libro de Apocalipsis no es imposible de entender, pero es extremadamente complejo. Se necesitarían libros y libros para explicar completamente su extenso uso de imágenes del Antiguo Testamento. Mi propósito en el presente libro es, por supuesto, simplemente presentar, en un amplio bosquejo, una exposición bíblica de la escatología de señorío. (Los que deseen un tratamiento más completo de estos temas deben consultar mi comentario sobre Apocalipsis, Days of Vengeance, así como otras obras listadas en la Bibliografía).
 

 
En general, el libro de Apocalipsis es una profecía del fin del antiguo orden y el establecimiento de un nuevo orden. Es un mensaje para la iglesia de que las terribles convulsiones que recorren el mundo en todas sus esferas comprendían las finales "conmociones del cielo y de la tierra", poniendo fin, de una vez por todas, con el sistema del pacto antiguo, anunciando que el reino de Dios había venido a la tierra y quebrantado el dominio de Satanás sobre las naciones. En la destrucción de Jerusalén, el reino antiguo, y el templo, Dios reveló que ellos habían sido meramente la estructura de su ciudad eterna, su nación santa, y el templo más glorioso de todos.
 

 
Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor (Heb. 12:25-29).
 

 
El siguiente delineamiento proporciona meramente un bosquejo conciso del mensaje principal de Apocalipsis. En interés de la brevedad, su carácter literario formal (¡por ejemplo, el hecho de que está estructurado en términos tanto de la semana de la creación como del calendario de festividades del Antiguo Testamento!) será ignorado por ahora.
 

 
El Capítulo Uno introduce el tema de la profecía, asegurando a los lectores que los cristianos están gobernando ahora, aun en tribulaciones, como reyes y sacerdotes. Cierra con una visión de Jesucristo, haciendo uso de algunos símbolos importantes que aparecen más tarde en el libro.
 

 
Los Capítulos Dos y Tres contienen mensajes del Señor para las siete iglesias de Asia Menor. Las cartas tratan de los principales temas de la profecía, particularmente los problemas del judaísmo, el estadismo, y la persecución. Cristo declara que su iglesia es el verdadero Israel, el heredero en derecho de las promesas del pacto, e insta a su pueblo a "vencer", a conquistar y a reinar en su nombre. Aunque estas cartas se descuidan po lo general, en realidad comprenden la sección central de la profecía. En gran medida, las visiones posteriores son simplemente ilustraciones suplementarias de las lecciones de este pasaje.
 

 
Los Capítulos Cuatro y Cinco dan la filosofía bíblica de la historia: todas las cosas son vistas desde la perspectiva del trono de Dios. Cristo es revelado como el Conquistador, digno de abrir el libro de los juicios de Dios; la creación y la historia se centran en Él.
 

 
Los Capítulos Seis y Siete muestran el rompimiento de los siete sellos en el pergamino, simbolizando los juicios que están a punto de caer sobre el Israel apóstata. Se muestra específicamente que estos juicios son respuestas divinas a las oraciones imprecatorias de la iglesia contra sus enemigos; las acciones gubernamentales y litúrgicas de la iglesia es el medio de cambiar la historia mundial.
 

 
Los Capítulos Ocho y Nueve extienden este mensaje a la apertura real del rollo, revelando la coordinación entre las declaraciones judiciales de la iglesia en la tierra y los decretos de Dios desde el cielo. Jerusalén es entregada a Satanás y sus legiones demoníacas, que inundan la ciudad para poseer y consumir a sus impíos habitantes, hasta que la nación entera es conducida a una locura suicida.
 

 
Los Capítulos Diez y Once presentan nuevamente una visión de Cristo, que anuncia que la nueva creación y el nuevo pacto son un hecho consumado. La iglesia testificante y profética, aparentemente aniquilada por la persecución judía, es resucitada; y son los perseguidores los que son aplastados. Con la destrucción de Jerusalén y el colapso de la estructura del pacto antiguo, se revela al mundo que el templo nuevo y final se ha completado y llenado.
 

 
El Capítulo Doce forma un dramático interludio, presentando la batalla básica de la historia en el conflicto cósmico entre Cristo y Satanás. El Hijo de Dios asciende al trono de su reino, incólume y victorioso, y Satanás se vuelve entonces para perseguir a la iglesia. Nuevamente, esto asegura al pueblo de Dios que todas sus persecuciones se originan en la guerra total de las fuerzas del mal contra Cristo, la simiente de la mujer, que ha sido predestinado para aplastar la cabeza del dragón. Con Cristo, la iglesia será más que vencedora.
 

 
El Capítulo Trece revela la guerra total que se aproximaba entre la fiel iglesia y el Imperio Romano pagano (la bestia). Al pueblo de Dios se le advierte que las fuerzas religiosas del judaísmo apóstata se alinearán con el estado romano, tratando de hacer cumplir el culto a César en lugar del culto a Jesucristo. Con la fe en el señorío de Jesucristo, la iglesia ha de ejercer una paciencia firme; la revolución está condenada.
 

 
Los Capítulos Catorce, Quince y Dieciséis revelan el victorioso ejército de los redimidos, de pie sobre el monte Sión cantando un canto de triunfo. Se ve a Cristo viniendo en la nube de juicio sobre el rebelde Israel, pisando las uvas maduras de la ira. El templo se abre, y mientras la nube de gloria llena el santuario, los juicios divinos son derramados desde él, trayendo las plagas egipcias sobre los apóstatas.
 

 
Los Capítulos Diecisiete y Dieciocho revelan la esencia del pecado de Jerusalén como adulterio espiritual. Jerusalén ha abandonado a su esposo legítimo y está fornicando con los gobernantes paganos, adorando a César, "ebria con la sangre de los santos"; la santa ciudad se ha convertido en otra Babilonia. Dios hace un llamado final a su pueblo para que se separe de la prostitución de Jerusalén y la abandone a los devastadores ejércitos del imperio. A la vista de la completa ruina del Israel apóstata, se regocijan los santos en el cielo y en la tierra.
 

 
El Capítulo Diecinueve comienza con la comunión - la gozosa fiesta de bodas de Cristo y su Esposa, la iglesia. Luego, la escena cambia para revelar el venidero dominio mundial del evangelio, mientras el Rey de reyes cabalga con su ejército de santos para librar una guerra santa para reconquistar la tierra. El agente de la victoria es su Palabra, que sale de su boca como una espada.
 

 
El Capítulo Veinte da una historia resumida del nuevo orden mundial, desde la primera venida de Cristo hasta el fin del mundo. El Señor ata a a Satanás y entroniza a su pueblo como reyes y sacerdotes con el Señor. El intento final de Satanás para derribar al Rey es aplastado, y comienza el juicio final. Los justos y los impíos son separados eternamente, y el pueblo de Dios entra en su herencia eterna.
 

 
Los Capítulos Veintiuno y Veintidós registran una visión de la iglesia en toda su gloria, comprendiendo aspectos tanto terrenales como celestiales. La iglesia es revelada como la ciudad de Dios, el principio de la nueva creación, que extiende una influencia mundial, atrayendo a sí misma a todas las naciones, hasta que la tierra entera es un sólo templo glorioso. La metas del paraíso se consuman en el cumplimiento del mandato de dominio.
 

 
Con esta amplia vista general en mente, ahora podemos proceder a un estudio más detallado de las imágenes de Apocalipsis, concentrándonos en cuatro de los símbolos más dramáticos y controversiales: la bestia, la ramera, el milenio, y la nueva Jerusalén. Como veremos, cada una de estas imágenes le habló a la iglesia del siglo primero sobre realidades contemporáneas, asegurando al pueblo de Dios el señorío universal de Cristo y animándole en la esperanza del triunfo universal del evangelio.
 
Capítulo 20
 
 

 
LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA
 

 
(Apocalipsis 13)
 

 
Por lo tanto, el bienaventurado Moisés de la antigüedad ordenó la gran fiesta de la Pascua, y nuestra celebración de ella porque, a saber, Faraón fue muerto y el pueblo fue librado de la esclavitud. Porque en aquellos tiempos ocurría especialmente que, cuando los que tiranizaban al pueblo habían muerto, las festividades temporales y los días especiales se celebraban en Judea.
 

 
Sin embargo, mis amados, ahora que el diablo, ese tirano contra el mundo entero, es muerto, no nos acercamos a ninguna fiesta temporal,  sino a una fiesta eterna y celestial. No en sombras, sino que venimos a ella en verdad. Porque ellos, habiéndose llenado de la carne de un cordero inocente, tuvieron la fiesta y, habiendo ungido con la sangre los dinteles de sus puertas, imploraron ayuda contra el destructor. Pero ahora nosotros, comiendo el Verbo del Padre, y teniendo nuestros corazones sellados con la sangre del Nuevo Testamento, reconocemos la gracia que nos ha dado el Salvador, que dijo: "He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará" [Lucas 10:19]. Porque ya no reina más la muerte; porque, en vez de la muerte, de ahora en adelante reina la vida, pues nuestro Señor dijo: "Yo soy la vida" [Juan 14:6]; así que todo está lleno de gozo y alegría; como está escrito: "Jehová reina; regocíjese la tierra" [Sal. 97:1].
 
Atanasio, Letters [iv]
 
 
 
El libro de Apocalipsis es un documento de pacto. Es una profecía, como las profecías del Antiguo Testamento. Esto significa que no tiene que ver con hacer "predicciones" de sucesos asombrosos como tales. Como profecía, el centro de su tema es redención y ética. Tiene que ver con el pacto. No hay ninguna oportunidad de que los escritores bíblicos hubiesen considerado importante profetizar sobre helicópteros Cobra (que habrían quedado anticuados a causa del "Blue Thunder"), o computadoras personales, o goma de mascar, o naves espaciales. Tampoco les habría interesado predecir el futuro de los Estados Unidos de América, la Unión Soviética, o el Gran Ducado de Luxemburgo. El punto no es que estas cosas no son importantes (en grados variables), ni que los cristianos "espirituales" no deben preocuparse de todas las áreas de la vida; debemos hacerlo. Pero el punto es que la Biblia es la revelación de Dios acerca de su pacto con su pueblo. El libro no se escribió para satisfacer nuestra curiosidad sobre el Mercado Común ni la tasa de interés prime. Se escribió para mostrar lo que Dios ha hecho para salvar a su pueblo y glorificarse a Sí mismo por medio de ese pueblo.
 

 
Por lo tanto, aun cuando Dios habla del Imperio Romano en el libro de Apocalipsis, su propósito no es contarnos emocionantes noticias sobre la vida en la corte de Nerón. Dios habla de Roma sólo en relación con el pacto y la historia de la redención. El Imperio Romano no es visto en términos de sí mismo, sino solamente en términos de (1) la tierra (Israel) y (2) la Iglesia.
 

 
La bestia que sube del mar
 

 
El Imperio Romano está simbolizado en Apocalipsis como un animal voraz y feroz, salvaje y bajo maldición. Juan dice que su aspecto era como el de un leopardo, un oso, y un león (Apoc. 13:2) - los mismos animales que se usan para describir a los tres primeros de los cuatro grandes imperios mundiales en Daniel 7:1-6 (Babilonia, Medo-Persia, y Grecia; véase la descripción que hace Daniel de los mismos imperios bajo un símbolo diferente, en Dan. 2:31-45). El cuarto imperio, Roma, participa de las características malvadas y bestiales de los otros imperios, pero es mucho peor. "Después de esto, miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos" (Dan. 7:7). La bestia de Apocalipsis es claramente el Imperio Romano.
 

 
Sin embargo, esta bestia no es sólo una institución, sino una persona; específicamente, como veremos, el emperador Nerón. ¿Cómo podía este símbolo haberse referido tanto al emperador como al imperio? Porque, en cierto sentido (particularmente la manera en que la Biblia considera las cosas), los dos podrían ser considerados como uno. Roma era identificada con su líder; el el imperio estaba personificado en Nerón. Por ello, la Biblia puede moverse hacia atrás y hacia adelante entre ellos, o considerarlos a ambos juntos, bajo la misma designación. Y tanto Nerón como el imperio estaban hundidos en actividades degradantes, degeneradas y bestiales. Nerón, que asesinó a numerosos miembros de su propia familia (incluyendo a su esposa embarazada, a la cual mató a patadas); que era homosexual, la etapa final de la degradación (Rom. 1:24-32); cuyo afrodisíaco consistía de observar a personas sufrir las torturas más horripilantes y repugnantes; que se vestía como una bestia salvaje para atacar y violar a prisioneros y prisioneras; que usaba los cadáveres de cristianos que ardían en la hoguera como las originales "velas romanas" para iluminar sus obscenas fiestas de jardín; que desató la primera persecución imperial de los cristianos a instigación de los judíos, para destruir la iglesia. Este pervertido animalístico era el jefe del imperio más poderoso de la tierra. Y fijó la tónica para sus súbditos. Roma era la cloaca moral del mundo.
 

Consideremos lo que el libro de Apocalipsis nos dice sobre Nerón/Roma, la bestia. Primero, Juan lo vio "saliendo del mar" (Apoc. 13:1). En un sentido visual, dramático, por supuesto, el poderoso Imperio Romano sí pareció surgir del mar, desde la península itálica a través del océano. Sin embargo, más que esto, hay el simbolismo bíblico del mar. En la creación original, la tierra era una masa de oscuridad, fluida, informe, inhabitable, que la luz del Espíritu "venció" (Gén. 1:2; Juan 1:5). Obviamente, no había ningún conflicto verdadero entre Dios y su creación; en el principio, todo era "muy bueno". El mar es más fundamentalmente una imagen de vida. Pero, después de la caída, se usa la imagen del abismo rugiente y se desarrolló en la Escritura como símbolo del mundo en caos por medio de la rebelión de los hombres y las naciones contra Dios: "Los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo" (Isa. 57:20; ver 17:12). Por eso se le dice a Juan más tarde que "las aguas que viste ... son pueblos y multitudes y naciones y lenguas" (Apoc. 17:15). De esta caótica y rebelde masa de humanidad surgió Roma, un imperio entero fundado en la premisa de oposición a Dios.

 

 
Segundo, Juan vio que la bestia tenía "diez cuernos y siete cabezas" (Apoc. 13:1), a la imagen del dragón (12:3), que le da a la bestia "su poder y su trono y gran autoridad" (13:2). Los diez cuernos (poderes) de la bestia se explican en Apocalipsis 17:12 en términos de los gobernadores de las diez provincias imperiales, mientras que las siete cabezas se explican como la línea de los Césares (17:9-11). Nerón es una de las "cabezas" (regresaremos a esto en el próximo capítulo).
 

 
Tercero, "y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo" (13:1). Como ya hemos visto, los Césares eran dioses. Cada emperador era llamado Augusto o Sebasto, que significa Al que debe rendírsele culto; también, tomaban el nombre de divus (dios) y hasta los de Deus y Theos (Dios). Se les erigieron muchos templos por todo el Imperio, especialmente, como hemos visto, en Asia Menor. Los Césares romanos recibían honores que pertenecían sólo al único Dios verdadero; Nerón exigía absoluta obediencia, y hasta se hizo construir una imagen, de 120 pies de altura. Por esta razón, Pablo llamó a César "el hombre de pecado"; Pablo dijo que César era "el hijo de perdición, que se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto, que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios" (2 Tes. 2:3-4). Juan subraya este aspecto de la bestia: "También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias ... Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo" (13:5-6). Los cristianos fueron perseguidos precisamente porque rehusaron participar en este idolátrico culto al emperador.
 

 
Cuarto, Juan vio "una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada" (13:3). Algunos han señalado que, después de que Nerón fue asesinado, comenzó a circular el rumor de que resucitaría y recuperaría el trono; se supone que, de algún modo, Juan debe estar refiriéndose a ese mito. Esto me parece un modo muy insatisfactorio de tratar con la Escritura. Juan menciona la "herida mortal" de la bestia tres veces en este pasaje (ver v. 12, 14); claramente, este es mucho más que un símbolo casual, y debemos intentar una explicación bíblica para él.
 

 
Como ya vimos, la bestia se parece a la serpiente. El hecho de que recibe una herida en la cabeza debería hacernos pensar en la escena del huerto de Edén, cuando Dios prometió que Cristo vendría y aplastaría la cabeza de la serpiente. Daniel había profetizado que, en los días de los gobernantes romanos, el reino de Cristo aplastaría a los imperios satánicos y los reemplazaría, llenando la tierra. En consecuencia, el testimonio apóstolico proclamó que eñ reino de Cristo había llegado, que el diablo había sido derrotado, desarmado, y atado, y que todas las naciones comenzarían a confluir hacia el monte de la  casa de Jehová. Dentro de la primera generación, el evangelio se difundió rápidamente alrededor del mundo, a todas las naciones; surgieron iglesias por doquiera, y los miembros de la propia casa de César vinieron a la fe (Fil. 4:22). En realidad, Tiberio César hasta solicitó formalmente que el Senado romano reconociera oficialmente la divinidad de Cristo. En consecuencia, durante un tiempo, pareció que estuviese ocurriendo un golpe: el cristianismo estaba en ascnso, y pronto asumiría el control. La cabeza de Satanás había sido aplastada, y con ella, el Imperio Romano había sido herido de muerte con la espada (Apoc. 13:14) del evangelio.
 

 
Pero entonces la situación se invirtió. Aunque el evangelio se había difundido por todas partes, también lo habían hecho la herejía y la apostasía; y bajo la persecución de los judíos y el estado romano, gran número de cristianos comenzó a apostatar. El Nuevo Testamento da la definida impresión de que la mayor parte de las iglesias se desmoronó y abandonó la fe; bajo la persecución de Nerón, la iglesia parecía haber sido aplastada enteramente. La bestia había recibido la herida en la cabeza, la herida de muerte - pero todavía vivía. La realidad, por supuesto, era que Cristo había derrotado al dragón y a la bestia; pero las implicaciones de su victoria todavía tenían que ser resueltas; los santos todavía que vencer, y tomar posesión (Dan. 7:21-22; Apoc. 12:11).
 

 
Quinto, "y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia; y adoraron al dragón, porque dio su autoridad a la bestia; y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá hacer guerra contra ella? (13:3-4). Juan está hablando ahora del mundo después de la bestia; la palabra que él usa aquí debe traducirse como tierra, que significa Israel. Sabemos esto por el contexto porque el contxto identifica a sus adoradores como los que moran en la tierra (Apoc. 13:8, 12, 14) - una frase técnica usada varias veces en Apocalipsis para denotar al Israel apóstata. En el Antiguo Testamento griego (la versión usada por la iglesia primitiva), es una expresión profética común para referirse al Israel rebelde, idólatra que estaba a punto de ser destruido y expulsado de la tierra (Jer. 1:14; 10:18; Eze. 7:7; 36:17; Oseas 4:1,3; Joel 1:2, 14; 2:1; Sof. 1:8), basándose en el uso original en los libros históricos de la Biblia para referirse a los paganos rebeldes e idólatras que estaban a punto de ser destruidos y expulsados de la tierra (Núm. 32:17; 33:52, 55; Josué 7:9; 9:24; Judas 1:32; 2 Sam.5:6; 1 Crón. 11:4; 22:18; Neh. 9:24). Israel se había convertido en una nación de paganos, y estaba a punto de ser destruido, exiliado, y suplantado por una nueva nación. Por supuesto, es verdad que Nerón era amado en todo el imperio como el benévolo proveedor de bienestar y entretenimiento. Pero es Israel en particular el que es condenado por el culto al emperador. Enfrentados con una elección entre Cristo y César, habían proclamado: ¡No tenemos más rey que César! (Juan 19:15). Su reacción a la guerra aparentemente victoriosa de César contra la iglesia (Apoc. 11:7) fue de asombro y adoración. Israel se puso de parte de César y el imperio contra Cristo y la iglesia. Por consiguiente, en fin de cuentas, estaban adorando al dragón, y por esta razón, Jesús mismo llamó a sus asambleas de culto sinagogas de Satanás (Apoc. 2:9; 3:9).
 

 
Sexto, a la bestia se le dio "autoridad para actuar durante cuarenta y dos meses" (13:5), "para hacer guerra contra los santos y vencerlos" (13:7). El período de 42 meses (tres años y medio) - un siete roto) es una figura simbólica en lenguaje profético, que significa un tiempo de tristeza, cuando los enemigos de Dios están en el poder, o cuando el juicio está siendo derramado (tomado del período de sequía entre la primera aparición de Elías y la derrota de Baal en el monte Carmelo). Su uso profético no es principalmente literal, aunque es interesante que la persecución de Nerón contra la iglesia sí ocurrió durante 42 meses, desde mediados de noviembre de 64 hasta principios de 68.
 

 
Séptimo, Juan les proporcionó a sus lectores una identificación positiva de la bestia: "Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis. Hay varios aspectos importantes de este extraño número; sólo examinaremos dos de ellos aquí.
 

 
El primer punto es que el Antiguo Testamento ya nos ha hablado del 666. Se encuentra en los libros de Reyes y Crónicas, ciertamente algunos de los libros más descuidados de la Biblia. Sin embargo, es interesante notar que Juan toma muchos de sus números simbólicos de estos libros (por ejemplo, compárese a 1 Crón. 24:1-19 con Apoc. 4:4). Estos escritos históricos nos dicen que Salomón (un tipo bíblico tanto de Cristo como de la bestia) recibió 666 talentos de oro en un año, en la cúspide de su poder y su gloria (1 Reyes 10:14; 2 Crón. 9:13). Ese número marca tanto la cúspide de su reino como el principio de su declinación; de allí en adelante, todo va cuesta abajo hasta llegar a la apostasía. Una por una, Salomón viola las tres leyes de reinado piadoso registradas en Deuteronomio 17:16-17: no amontonar oro (1 Reyes 10:14-25), no tener muchos caballos (1 Reyes 10:26-29), y no tener muchas mujeres (1 Reyes 11:1-8). Para los hebreos, el 666 era un signo terrible de apostasía, la marca tanto de un rey como un estado a imagen del dragón.
 

 
El segundo punto que debemos considerar sobre el número 666 es éste. Tanto en griego como en hebreo, cada letra del alfabeto es también un numeral (véase la tabla de los numerales al final de este capítulo). Por eso, el "número" del nombre de cualquier persona podría calcularse simplemente sumando el valor numérico de sus letras. Es claro que Juan esperaba que sus lectores contemporáneos fuesen capaces de usar este método para descubrir el número de la bestia - indicando así, nuevamente, el mensaje contemporáneo de Apocalipsis; Juan no esperaba que sus lectores calculasen el número de algún  funcionario de un gobierno extranjero del siglo veinte. Sin embargo, al mismo tiempo, Juan les dice que no será tan fácil como piensan: será necesario que alguien "entienda". Porque Juan no dio un número que pudiese ser interpretado en griego, que es lo que esperaría un funcionario romano que examinara Apocalipsis en busca de contenido subversivo. El elemento inesperado en el cómputo era que tenía que ser interpretado en hebreo, un idioma que conocerían por lo menos algunos miembros de las iglesias. Para ahora, sus lectores habrían adivinado que estaba hablando de Nerón, y los que entendían hebreo probablemente captaron el mensaje inmediatamente. Los valores numéricos de las letras hebreas en Nerón Kesar (Nerón César) son:
 

 
 Es significativo que todos los primeros escritores cristianos, aun los que no entendían hebreo y, por lo tanto, estaban confundidos por el número 666, relacionaron al Imperio Romano, y especialmente a Nerón, con la bestia. No debería haber ninguna duda razonable en cuanto a esto. Juan estaba escribiendo para los cristianos del siglo primero, advirtiéndoles de cosas que tendrían lugar "pronto". Estaban involucrados en la batalla más crucial de la historia, contra el dragón y el malvado imperio que el dragón poseía. El propósito de Apocalipsis era reconfortar a la iglesia con la certeza de que Dios estaba en control, de modo que ni siquiera el tremendo poderío del dragón y la bestia podrían sostenerse delante de los ejércitos de Jesucristo. El número de hombre es seis (Gén. 1:27, 31); Cristo fue herido en el calcañar el sexto día (viernes) - pero ése es el día en que aplastó la cabeza del dragón. Juan dice que, en su poderío máximo, Nerón es sólo un seis, o una serie de seises; nunca un siete. Sus planes de dominio mundial jamás se cumplirían, y la iglesia vencería.
 
La bestia que sube de la tierra

 
Así como la bestia que sube del mar era una imagen del dragón, así también vemos otra criatura en Apocalipsis 13, que es una imagen de la bestia. Juan vio a esta bestia que "subía de la tierra" (13:11), que surgía desde dentro del mismo Israel. En Apocalipsis 19:20 se nos da la identidad de esta bestia de la tierra: es "el falso profeta". Como tal, representa lo que Jesús había predicho que ocurriría en los últimos días de Israel: "Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo. Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán ...Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos" (Mat. 24:5, 11). El surgimiento de los falsos profetas era paralelo al de los anticristos; pero, mientras que los anticristos habían apostatado hacia el judaísmo desde dentro de la iglesia, los falsos profetas eran líderes religiosos judíos que trataban de seducir a los cristianos desde fuera.
 

 
Es importante recordar que el judaísmo no es religión del Antiguo Testamento, sino más bien un completo rechazo de la fe bíblica en favor de la herejía farisaica, talmúdica. Como los Mormones, los Testigos de Jehová, la Iglesia de la Unificación, y otras sectas, el judaísmo afirma que está basado en la Biblia; pero su verdadera autoridad procede de las tradiciones de hombres. Jesús hablaba bastante claro: el judaísmo niega a Cristo porque niega a Moisés. Sólo el cristianismo ortodoxo es la verdadera continuación y el verdadero cumplimiento de la religión del Antiguo Testamento (véase Mat. 5:17-20; 15:1-9; Mar. 7:1-13; Luc. 16:29-31; Juan 5:45-47; 8: 42-47).
 

 
Los falsos profetas judíos tenían la apariencia de un cordero (Apoc. 13:11), como Jesús había advertido (Mat. 7:15); pero "hablaban como dragón" (Apoc. 13:11). ¿Cómo habla el dragón? Usa un lenguaje engañoso, sutil, seductor para alejar al pueblo de Dios de la fe y llevarlo a una trampa (Gén. 3:1-6, 13; 2 Cor. 11:3; Apoc. 12:9); además, es mentiroso, calumniador, y blasfemo (Juan 8:44; Apoc. 12:10). El libro de Hechos registra numerosos ejemplos de falso testimonio draconiano por los judíos contra los cristianos, un gran problema para la iglesia cristiana (Hech. 6:9-15; 13:10; 14:2-5; 17:5-8; 18:6, 12-13; 19:9; 21:27-36; 24:1-9; 25:2-3, 7).
 

 
Los dirigentes judíos, simbolizados por esta bestia que surgía de la tierra, unieron fuerzas con la bestia de Roma en un intento por destruir a la iglesia (Hech. 4:24-28; 12:1-3; 13:8; 14:5; 17:5-8; 18:12-13; 21:11; 24:1-9; 25:2-3, 9, 24). Llevaron a Israel a rendirle culto al emperador (Apoc. 13:12); y, al servicio de la apostasía, los falsos profetas hasta hicieron milagros (Apoc. 13:13-15). Jesús había advertido que "se levantarían falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos" (Mat. 24:24). Nuevamente, Hechos registra casos de milagros llevados a cabo por los falsos profetas judíos, incluyendo el hecho de que, como había predicho Jesús (Mat. 7:22-23), algunos de ellos hasta usaron el nombre de Él en sus encantamientos (Hech. 13:6-11;19:13-16).
 

 
Los líderes judíos hacían cumplir la sumisión al emperador. De hecho, su acusación contra Cristo mismo era que era rival de la abarcante autoridad de César (Juan 19:12-15). De manera similar, organizaban boycots económicos contra los que rehusaban someterse a César como Señor, y llegaron hasta a ejecutarles (Apoc. 13:15-17). El libro de los Hechos está tachonado de incidentes de persecución judía organizada contra la iglesia (Hech. 4:1-3, 15-18; 5:17-18, 27-33, 40; 7:51-60; 9:23, 29; 13:45-50; 14:2-5; 17:5-8, 13; 18:17; 20:3; 22:22-23; 23:12, 20-21; 24:27; 26:21; 28:17-29; ver 1 Tes. 2:14-16).
 

 
El Nuevo Testamento da abundante testimonio de este hecho. Los altos dirigentes judíos estaban envueltos en un intento organizado y a gran escala por destruir la iglesia por medio del engaño y la persecución. En procura de esta meta diabólica, se aliaron en conspiración con el gobierno romano contra la cristiandad. Algunos de ellos consiguieron hacer milagros al servicio de Satanás. Y esto es exctamente lo que se nos dice de la bestia que surge de la tierra. El falso profeta de Apocalipsis no era otro que la dirigencia del Israel apóstata, que rechazó a Cristo y adoraba a la bestia.
 

 
Hay una interesante reversión de imágenes en el texto. El libro de Job  nos ha preparado para la profecía de Juan, porque también nos habla de la bestia terrestre (behemoth, Job 40:15-24) y una bestia marina (leviatán, Job 41:1-34). Pero las visiones de Juan amplían las descripciones de Job de estos dinosaurios, y el orden de su aparición se ha invertido. Primero, vemos a Satanás como el dragón,el verdadero leviatán (Apoc. 12); luego viene la bestia marina, que es la imagen del dragón (Apoc. 13:1); finalmente, caminando a la zaga de ellos y sirviéndoles, va la bestia terrestre, a imagen de la bestia marina. Al mostrar así las bestias en orden inverso, Juan subraya su punto: Israel, que debió haber sido un reino de sacerdotes para las naciones del mundo, ha entregado a leviatán su posición de prioridad. En vez de poner un sello piadoso sobre toda cultura y toda sociedad, Israel ha sido rehecho a imagen del estado pagano y anticristiano. Los hijos de Abraham se han convertido en la simiente del dragón (Juan 8:37-44).
 

 
Durante los tres años de ministerio en Éfeso, el apóstol Pablo sufrió persecución continuamente a causa de las "asechanzas de los judíos" (Hech. 20:19); al describir sus conflictos con ellos, les llama "fieras" (1 Cor. 15:32). La bestia judía era el enemigo más engañoso y peligroso de la iglesia primitiva, y Pablo amonestaba vigorosamente a la iglesia acerca de estos seductores judaicos:
 

 
Porque hay muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión, a los cuales es preciso tapar la boca; que trastornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta lo que no conviene. Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos. Este testimonio es verdadero; por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe, no atendiendo a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad. Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra (Tito 1:10-16).

 
TABLA DE NUMERALES EN USO

DURANTE EL PERÍODO BÍBLICO
 
Capítulo 21
 
 

 
La gran ramera
 

 
(Apocalipsis 17-19)
 

 
Un rey que ha fundado una ciudad, lejos de abandonarla cuando, por el descuido de sus habitantes, es atacada por ladrones, la venga y la salva de la destrucción, preocupándole más su propio honor que el descuido de la gente. Mucho menos, pues, abandonó la Palabra del Padre bondadoso a la raza humana que Él había llamado a la vida; pero, más bien, ofreciendo su propio cuerpo, abolió la muerte en la cual los seres humanos habían incurrido, y corrigió el descuido de ellos con sus propias enseñanzas. Así, con su propio poder, restauró la completa naturaleza del hombre.
 

 
Atanasio, On he Incarnation [10]
 

 
El libro de Apocalipsis nos presenta dos grandes ciudades, antitéticas entre sí: Babilonia y la Nueva Jerusalén. Como veremos en un capítulo posterior, la Nueva Jerusalén es el paraíso consumado, la comunidad de los santos, la ciudad de Dios. La otra ciudad, a la que constantemente se la contrasta con la Nueva Jerusalén, es la antigua Jerusalén, que se ha vuelto infiel a Dios. Si conociéramos mejor nuestras Biblias, esto sería evidente inmediatamente, porque la mayor parte del lenguaje que describe a "Babilonia" ha sido tomado de otras descripciones bíblicas de Jerusalén. Consideremos algo de la información que Juan proporciona sobre esta perversa ciudad.
 

 
Primero, se nos dice que ella es "la gran ramera ... con la cual han fornicado los reyes de la tierra" (Apoc. 17:1-2). Esta llamativa descripción de una ciudad-ramera que fornica con las naciones procede de Isaías 57 y Ezequiel 16 y 23, donde Jerusalén es representada como la Esposa de Dios que se ha vuelto prostituta. El pueblo de Jerusalén había abandonado la verdadera fe y se había vuelto a los dioses paganos y a las naciones impías en busca de ayuda, más bien que a la confianza en Dios para que fuese su protector y libertador. Usando lenguaje tan explícito que la mayoría de los pastores no quieren predicar sobre estos capítulos, Ezequiel condena a Jerusalén como una ramera degradada y lasciva. "Abriste tus piernas a cualquiera que pasaba, y fornicaste sin cesar" (Eze. 16.25). Juan ve a la ramera sentada en un desierto, un símbolo que ya hemos considerado bastante como imagen de la maldición; además, la imagen específica de Jerusalén como ramera en un desierto se usa en Jeremías 2-3 y Oseas 2.
 

 
La ramera en el desierto, dice Juan, está sentada sobre la bestia (Apoc. 17:3), representando su dependencia del Imperio Romano para su existencia nacional y poderío; por el testimonio del Nuevo Testamento, no hay duda de que Jerusalén estaba , política y religiosamente, "fornicando" con el imperio pagano, cooperando con Roma en la crucifixión de Cristo y la persecución homicida de los cristianos. Desarrollando aun más este aspecto del simbolismo, un ángel le dice a Juan más sobre la bestia: "Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer, y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo" (Apoc. 17:9-10). Los "siete montes" nuevamente identifican la bestia como Roma, famosa por sus "siete colinas"; pero éstas también corresponden a la línea de los Césares. Cinco han caído: los primeros cinco Césares eran Julio, Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio. Uno es: Nerón, el sexto César, estaba en el trono cuando Juan escribía el Apocalipsis. El otro ... debe permanecer breve tiempo: Galba, el séptimo César, reinó durante siete meses.
 

 
El nombre simbólico dado a la ramera era Babilonia la grande (Apoc. 17:5), un recordatorio de la ciudad del Antiguo Testamento que era el epítome de la rebelión contra Dios (ver Gén. 11:1-9; Jer. 50-51). Esta nueva y mayor Babilonia, la "madre de las rameras", está ebria con la sangre de los santos, y con la sangre de los testigos de Jesús" (Apoc. 17:6). Más tarde, Juan nos dice que "en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra" (Apoc. 18:24). Esta afirmación suena familiar, ¿verdad? Viene de un pasaje que hemos considerado varias veces antes: la condena de Jerusalén por Jesús.
 

 
Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra ... (Apoc. 18:24). De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! (Mat. 23:34-37).
 

 
Históricamente, Jerusalén es la que siempre había sido la gran ramera, cayendo constantemente en la apostasía y persiguiendo a los profetas (Hech. 7:51-52); Jerusalén era el lugar donde los profetas eran asesinados (Lucas 13:33). No podemos captar el mensaje de Apocalipsis si no reconocemos su carácter central como documento de pacto, legal; como los escritos de Amós y otros profetas del Antiguo Testamento, Apocalipsis representa una demanda de pacto, que acusa a Jerusalén de violar el pacto y declara su juicio.
 

 
Juan recuerda que los "diez reyes", los gobernantes sujetos al imperio, se unen a la bestia contra Cristo: "Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia. Pelearán contra el Cordero" - ¿y cuál será el resultado?  "Y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que  están con él son llamados y elegidos y fieles" (Apoc. 17:13-14). Juan asegura a la iglesia que, en su terrible y terrorífico conflicto con el tremendo poder de la Roma imperial, la victoria de Cristo está garantizada.
 

 
En este punto, el centro de atención parece cambiar. Dice Juan que, cuando la guerra entre César y Cristo se caliente, los pueblos del imperio "aborrecerán a la ramera y la dejarán desolada [ver Mat. 24:15] y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego; porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios" (Apoc. 17:16-17; ver 18:6-8). Jerusalén había fornicado con las naciones paganas, pero, en el año 70 D. C. , éstas se volvieron contra ella y la destruyeron. Nuevamente, este cuadro ha sido tomado de los profetas del Antiguo Testamento que hablaban de Jerusalén como ramera: habían dicho que, así como la hija del sacerdote que se había vuelto ramera debía ser "quemada con fuego" (Lev. 21:9), así también Dios usaría a los anteriores "amantes" de Jerusalén, las naciones paganas, para destruirla y quemarla hasta los cimientos (Jer. 4:11-13, 30-31; Eze. 16:37-41; 23:22, 25-30). Sin embargo, vale la pena observar que la bestia destruye a Jerusalén como parte de su guerra contra Cristo; los primeros historiadores informan que el motivo de los líderes romanos para destruir el templo era, no sólo destruir a los judíos, sino borrar el cristianismo. ¡La bestia pensaba que podía matar a la ramera y a la Esposa de un solo golpe! Pero, cuando el polvo se asentó, la estructura de la Jerusalén antigua y apóstata yacía en ruinas, y la iglesia quedó revelada como el templo nuevo y más glorioso, la eterna morada de Dios.
 

 
Juan nos dice que la ramera "es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra" (Apoc. 17:18). Este versículo ha confundido a algunos intérpretes. Aunque todas las otras señales apuntan a Jerusalén como la ramera, ¿cómo puede decirse de ella que blande esta clase de poder político mundial? La respuesta es que Apocalipsis no es un libro sobre política; es un libro sobre el pacto. Jerusalén sí reinó sobre las naciones. Tenía una prioridad de pacto sobre los reinos de la tierra. Rara vez se aprecia lo suficiente el hecho de que Israel era un reino de sacerdotes (Éx. 19:6), y que ejercía este ministerio en nombre de las naciones del mundo. Mientras Israel fue fiel a Dios, y ofreció sacrificios a nombre de las naciones, el mundo estuvo en paz; cuando Israel rompió el pacto, el mundo quedó envuelto en confusión. Las naciones gentiles reconocieron esto (1 Reyes 10:24; Esdras 1; 4-7; ver Rom. 2:17-24). Pero, perversamente, las naciones paganas trataron de seducir a Israel para que cometiera adulterio contra el pacto - y cuando lo hizo, se volvieron contra ella y la destruyeron. Ese patrón se repite varias veces, hasta la excomunión final de Israel en el 70 D. C., cuando Jerusalén fue destruida como señal de que el reino había sido transferido a su nuevo pueblo, la iglesia (Apoc. 11:19; 15:5; 21:3).
 

 
Puesto que Israel debía ser destruido, los apóstoles pasaron gran parte de su tiempo en los últimos días advirtiendo al pueblo de Dios que se separara de él y se alineara con la iglesia (ver Hech. 2:37-40; 3:19, 26; 4:8-12; 5:27-32). Este es el mensaje de Juan en Apocalipsis. La apostasía de Jerusalén ha sido tan grande, dice Juan, que su juicio es permanente e irrevocable. Ahora ella es Babilonia, la implacable enemiga de Dios. "Y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible" (Apoc. 18:2). Puesto que Israel rechazó a Cristo, la nación entera es habitación de demonios, sin ninguna esperanza (ver Mat. 12:38-45; Apoc. 9:1-11). Por consiguiente, el pueblo de Dios no debía tratar de reformar a Israel, sino abandonarlo a su suerte. La salvación está en Cristo y la iglesia, y sólo la destrucción aguarda a los que se ponen de parte de la ramera: "Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas" (Apoc. 18:4; ver Heb. 10:19-39; 12:15-29; 13:10-14).
 
Y así, Jerusalén fue destruida, para no levantarse más: "Y un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó en el mar [ver Lucas 17:21] diciendo: Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada" (Apoc. 18:21). Pero "Jerusalén" todavía está en pie en el siglo veinte, ¿no? ¿Cómo es que fue destruida para siempre en el 70 D. C.? Lo que esto significa es que Israel, como el pueblo del pacto, dejará de existir. Jerusalén - como la gran ciudad, la santa ciudad - no se hallará más. Es verdaad que, como hemos visto en Romanos 11, los descendientes de Abraham entrarán al pacto nuevamente. Pero no serán una nación separada y santa de sacerdotes especiales. Se unirán a los pueblos del mundo en la multitud de los salvados, sin ninguna distinción (Isa. 19:19-25; ver Efe. 2:11-22). Así, pues, Jerusalén, que abandonó la religión del pacto y se volvió a un culto demoníaco de hechicería, brujería, y culto al estado, quedará en la ruina para siempre. Lo que una vez fue un paraíso, nunca más volverá a conocer las bendiciones del huerto de Edén (Apoc. 18:22-23).
 
 

 
El pueblo de Dios había estado orando por la destrucción de Jerusalén (Apoc. 6:9-11). Ahora que sus oraciones son contestadas, la gran multitud de los redimidos prorrumpe en alabanza antifónica:
 

 
¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro; porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella. Otra vez dijeron: ¡Aleluya! Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos" (Apoc. 19:1-3; ver 18:20).
 

 
Contrariamente a lo que esperaba Roma, la destrucción de Jerusalén no fue el fin de la iglesia. En vez de eso, fue el pleno establecimiento de la iglesia como el nuevo templo, la declaración final de que la ramera ha experimentado el divorcio y ha sido ejecutada, y que Dios ha tomado para sí una nueva Esposa. El juicio y la salvación son inseparables. El colapso de la cultura impía no es el fin del mundo sino su re-creación, como en al diluvio y el éxodo. El pueblo de Dios ha sido salvado de las fornicaciones del mundo para que se convierta en su Esposa; y la señal constante de este hecho es la celebración de la comunión en la iglesia, la "cena de bodas del Cordero" (Apoc. 19:7-9).
 

 
Pero hay otra gran fiesta registrada aquí, la "gran cena de Dios", en la cual todas las aves carroñeras son invitadas a "comer las carnes de reyes y capitanes, carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes" (Apoc. 19:17-18) - todos los enemigos de Cristo, los que rehusan someterse a su ley. Porque Él cabalga en su corcel de guerra, seguido por su ejército de santos, conquistando a las naciones con la Palabra de Dios, el evangelio, simbolizado por una espada que salía de su boca (Apoc. 19:11-16). Esta no es la segunda venida; es más bien una declaración simbólica de esperanza, la certeza de que la Palabra de Dios será victoriosa en todo el mundo, de modo que el gobierno de Cristo será establecido universalmente. Cristo será reconocido en todas partes como Rey de reyes y Señor de señores. Desde el comienzo de Apocalipsis, el mensaje de Cristo a su iglesia ha sido una orden de vencer, conquistar (Apoc. 2:7, 11, 17, 26-28, 3:5, 12, 21); aquí, le asegura a la iglesia sufriente que, a pesar de la feroz persecución por Israel y Roma, Cristo y su pueblo serán victoriosos sobre todos los enemigos. El destino de la bestia, del falso profeta, y de todos los que se oponen al señorío de Cristo es la muerte y la destrucción, en el tiempo y la eternidad (Apoc. 19:19-21).
 

 
Los cristianos del siglo primero, rodeados por la persecución y la apostasía, podrían haberse visto tentados fácilmente a considerar su generación como la del fin. El gran testimonio de Apocalipsis era que estas cosas no eran el fin, sino el principio. En el peor de los casos, la bestia y sus co-conspiradores están meramente cumpliendo los decretos del Dios soberano (Apoc. 17:17). Él ha ordenado cada uno de sus movimientos, y ha ordenado su destrucción. La naciones rugen, pero Dios ríe: Él ya ha establecido a su rey en su santo monte, y todas las naciones serán gobernados por Él (Sal. 2). Toda potestad le ha sido dada a Cristo en el cielo y en la tierra (Mat. 28:18); como cantaba Lutero, "Él tiene que ganar la batalla". Al progresar el evangelio en todo el mundo, vencerá, y vencerá, y vencerá, hasta que todos los reinos vengan a ser los reinos de nuestro Señor y de su Cristo; y Él reinará por siempre. No cederá al enemigo ni una sola pulgada de terreno ni en el cielo ni en la tierra. Cristo y su ejército cabalgan por lo alto, conquistando y para conquistar, y nostros, por medio de Él, heredaremos todas las cosas.
 

 
Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas, y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Apoc. 19:11-16).
Capítulo 22
 
 

 
EL REINO DE SACERDOTES
 
(Apocalipsis 20)

 
¿Quién, entonces, es el que ha hecho estas cosas y ha unido en paz a los que se odiaban entre sí, sino el amado Hijo del Padre, el común Salvador de nosotros, Jesucristo, quien, por su amor, soportó todas las cosas por nuestra salvación? Además, esta paz que él habría de administrar fue predicha desde el principio, porque la Escritura dice: "Volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra" [Isa. 2:4].
 

 
Atanasio, On the Incarnation [52]
 

Hay tres sistemas principales de interpretación en relación con el milenio, los "mil años" de Apocalipsis 20. Los premilenialistas dicen que este pasaje enseña que Cristo regresará y resucitará a los cristianos antes (pre-) del milenio, que serán 1000 añs literales con Cristo reinando en Jerusalén como un gobernante político, terrenal, de las naciones. Los amilenialistas dicen que no hay ni nunca habrá un "milenio" de ninguna clase en la tierra; en vez de eso, dicen, Apocalipsis 20 se refiere al estado de los cristianos que han muerto y ahora están "reinando" en el cielo. Los postmilenialistas dicen que el milenio se refiere al período entre el primer y el segundo advenimiento de Cristo; el milenio es ahora, con los cristianos reinando como reyes en la tierra.

 
¿Cuál de estas tres posiciones es la correcta? Como he tratado de mostrar a lo largo de este libro, la respuesta es de importancia más que casual para nuestras actitudes y acciones prácticas operando para el reino de Dios. También como he tratado de mostrar, la respuesta se da en toda la Escritura. El postmilenialismo - la escatología de dominio - es el mensaje de la Biblia entera. Sin embargo, ahora es el momento de demostrar que se enseña en Apocalipsis también.
 
La primera resurrección
 

 
La clave para la interpretación del capítulo es lo que Juan nos dice sobre lo que él llama la primera resurrección:
 

 
Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años (Apoc. 20:4-6).
 

 
En primer lugar, podemos despachar la posición amilenial en seguida, señalando lo obvio: esta es una resurección, un levantarse nuevamente de los muertos. Es maravilloso morir e ir al cielo pero, para lo que eso sirve, no es una resurrección. Este pasaje no puede ser una descripción del estado de los santos incorpóreos en el cielo; además, el contexto en general ocurre en la tierra (ver. v. 7-9).
 

 
Segundo, sin embargo, ésta no es una resurrección corporal. Juan nos da una pista enel sentido de que quiere decir algo especial al llamarla la primera resurrección. ¿Qué podría significar esto? En un capítulo anterior, vimos que sólo hay una resurrección corporal, en el fin del mundo. Para encontrar la respuesta, regresamos nuevamente a Génesis, que nos habla de la primera muerte: "Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás" (Gén. 2:16, 17). Como sabemos, Adán yEva no murieron físicamente el día que comieron del fruto prohibido. Pero ése fue el día de su muerte espiritual, su alejamiento de Dios. Esta muerte espiritual fue heredada por los hijos de Adán y Eva, de modo que nacemos "muertos en delitos y pecados" (Efe. 2:1). La primera muerte es esta muerte espiritual. Y por eso, la primera resurrección es espiritual también:
 

 
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos) y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús (Efe. 2:4-6; ver Col. 2:11-13; 1 Juan 3:14).
 

 
Es la resurrección corporal, física, la que tiene lugar en el día final, cuando "habrá ciertamente una resurrección tanto de los justos como de los injustos" (Hech. 24:15). Pero, ¿habría usado Juan el término resurrección en dos sentidos radicalmente diferentes en el mismo pasaje? Ciertamente, y con excelente precedente, porque Jesús mismo lo hizo así, en otro pasaje registrado por Juan:
 

 
De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán ... No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuado todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación (Juan 5:24-25, 28-29).
 

 
Los que creen en Él son ahora partícipes de la primera resurrección, dijo Jesús; y algún día, todos los hombres, justos e injustos, se levantarán de sus tumbas. La primera resurrección es espiritual y ética, nuestra regeneración en Cristo y unión ética con Dios, nuestra re-creación a su imagen. Esta interpretación es confirmada por la descripción en Apocalipsis de los que participan en la primera resurrección: son bienaventurados y santos; la segunda muerte no tiene poder sobre ellos; son sacerdotes (Juan comienza el Apocalipsis informándonos que todos los cristianos son sacerdotes: Apoc. 1:6); y reinan con Cristo (la Biblia dice que ahora estamos sentados con Cristo, reinando en su reino: Efe. 1:20-22; 2:6; Col. 1:13; 1 Ped. 2:9). El mayor error al tratr con este pasaje es no reconocer que habla de las realidades presentes de la vida cristiana. La Biblia es clara: hemos sido resucitados para vida eterna y reinamos con Cristo ahora, en esta era. La primera resurrección está teniendo lugar ahora. Y, por necesidad, esto significa que el milenio está teniendo lugar ahora también.
 
El encadenamiento de Satanás
 

 
Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.
 

 
El encadenamiento del dragón expresa en lenguaje simbólico, profético, gran parte de lo que hemos visto en capítulos anteriores: la derrota de Satanás por Cristo. El ángel (mensajero) con la autoridad para controlar el abismo es el Hijo de Dios (ver Apoc. 1:18; 10:1; 18:1), que "apareció para destruir las obras del diablo" (1 Juan 3:8). Como ya hemos observado, nuestro Señor comenzó a "atar al hombre fuerte" durante su ministerio terrenal (Mat. 12:28-29). El Nuevo Testamento (ver Lucas 10:17-20); Juan 12:31-32; Efe. 4:8; Col. 2:15; Heb. 2:14) hace énfasis en que Satanás fue definitivamente derrotado en la vida, la muerte, la resurrección, y la ascensión de Jesucristo. Y es derrotado diariamente en la experiencia de los cristianos, cuando le resistimos (Sant. 4:7) y proclamamos la palabra de Dios (Apoc. 12:11). ¡El reino ha venido!
 

 
Debemos notar, además, el sentido específico en el cual se dice que Satanás es atado: es con referencia a su capacidad para engañar a las naciones. Antes de la venida de Cristo, Satanás controlaba las naciones. Pero ahora su dominio mortal ha sido hecho añicos por el evangelio, al difundirse las buenas nuevas del reino por todo el mundo. El Señor Jesús envió al apóstol Pablo a las naciones gentiles "para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados" (Hech. 26:18). Cristo vino a "regir los gentiles" (Rom. 15:12). Que Satanás haya sido atado no significa que todas sus actividades hayan cesado. El Nuevo Testamento nos dice específicamente que los demonios han sido desarmados y atados (Col. 2:15; 2 Ped. 2:4; Judas 6), pero todavía están activos. Es sólo que su actividad ha sido restringida. Y, a medida que el evangelio progresa en todo el mundo, su actividad estará más y más limitada. Satanás es incapaz de impedir la victoria del reino de Cristo. Venceremos ( 1 Juan 4:4). "Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios, y ellos oirán" (Hech. 28:28). Satanás será aplastado bajo nuestros pies (Rom. 16:20).
 

 
Los mil años

 
Como los otros números de Apocalipsis, el "1000" es simbólico, un número simbólico, grande, redondeado. Donde el número siete denota una plenitud de calidad en las imágenes bíblicas, el número diez contiene la idea de una plenitud de cantidad; en otras palabras, representa la cualidad de muchos. Un millar multiplica e intensifica esto (10 x 10 x 10), y se usa en las Escrituras en forma muy parecida a la manera en que nosotros, con una mentalidad más inflacionaria, usamos el término millón: "¡Te lo he dicho un millón de veces!" (Quizás los "literalistas" nunca hablen así, pero estoy seguro de que el resto de nosotros lo hacemos a veces). Sin embargo, hay una diferencia. Cuando la Biblia habla de 1000, en realidad no es para exagerar, de la manera en que lo hacemos nosotros, sino simplemente para expresar una gran vastedad. Por eso, Dios afirma poseer "millares de animales en los collados" (Sal. 50:10). ¿Pertenece a alguien más el collado No. 1001? Por supuesto que no. Dios posee todos los animales en todos los collados. Pero Él dice "un millar" para indicar que hay muchos collados, y muchos animales. (Para algunos usos similares de 1000, véase Deut. 1:11; 7:9; Sal. 68:17; 84:10; 90:4). De la misma manera - particularmente con respecto a un libro altamente simbólico - debemos ver que los "1000 años" de Apocalipsis 20 representan un vasto e indefinido período de tiempo. Ya ha durado casi 2000 años, y probablemente continuará por muchos más. "¿Exactamente cuántos años?", alguien me preguntó. "Me gustaría poder decirle", contesté alegremente, "tan pronto usted me diga exactamente cuántos collados hay en Salmos 50".
 

 
Según algunos, la reino de Cristo comenzará sólo cuando Él regrese en la segunda venida; entonces, dicen, Jesucristo comenzará a residir en Jerusalén, donde habrá un templo restaurado y activo, con verdaderos sacrificios - ¡algunas veces me pregunto si estass queridas personas leen el Nuevo Testamento alguna vez! Ninguna de estas ideas está contenida en este texto (ni en ningún otro, vale decir). Como hemos visto repetidamente, Jesucristo está reinando ahora (Hech. 2.29-36; Apoc. 1:5), y permanecerá en el cielo hasta el juicio final (Hech. 3:2).
 

 
Los tronos de Apocalipsis 20:4 representan el reino de los santos, los fieles vencedores sobre el dragón y la bestia (Apoc. 12:9-11). Nuestro gobierno está en vigencia en este momento, en esta tierra (Mat. 19:28; Lucas 18:28-30; 22:29-30; Efe. 2:6), y la extensión de nuestro gobierno coincide con el progreso del evangelio. A medida que éste aumenta, aumenta también el dominio de los cristianos. Los dos van juntos, como dijo Jesús en su gran comisión (Mat. 28:20): hemos de enseñar y hacer discípulas a las naciones, y al ser discipuladas de acuerdo con la orden de la palabra de Dios, los linderos del reino se expandirán. A su debido tiempo, por medio del evangelismo, el reino de los cristianos se volverá tan extenso que "la tierra será llena del conocimiento de Dios, como las aguas cubren el mar" (Isa. 11:9). las bendiciones edénicas abundarán en todas partes del mundo, a medida que la ley de Dios es obedecida más y más (Lev. 26:3-13; Deut. 28:1-14). ¡Qué tremendo motivo para el evangelismo mundial! De hecho, este punto de vista sobre la conversión mundial ha sido la inspiración básica para la actividad misionera durante toda la historia de la iglesia, particularmente puesto que la Reforma protestante (para documentación de esto, véase el excelente libro de Ian Murray,The Puritan Hope: Revival and the Interpretation of Prophecy).

 
La última batalla
 

 
La Biblia no enseña que absolutamente todos en el mundo se convertirán. El simbolismo de la profecía de Ezequiel indica que algunas áreas del mundo permanecerán sin ser renovadas por el río de la vida (Eze.47:11). Y sabemos que el trigo y la cizaña crecerán juntos hasta la cosecha en el fin del mundo (Mat. 13:37-43). En ese punto, al llegar a la madurez el potencial de ambos grupos, a medida que cada lado se vuelve plenamente consciente en su decisión de obedecer o rebelarse, habrá un conflicto final. El dragón será suelto por un poco de tiempo, para engañar a las naciones una vez más en un último y desesperado intento de derribar el reino (Apoc. 20:7-8).
 

 
Al describir esto, Juan usa las vívidas imágenes de Ezequiel 38-39, que presentan proféticamente la derrota de los macabeos por los sirios en el siglo segundo A. C.: las fuerzas impías son llamadas Gog y Magog. De acuerdo con algunos escritores populares, esta expresión se refiere a Rusia, y predice una guerra entre los soviéticos e Israel durante la "tribulación". De los muchos problemas con esta hipótesis, mencionaré sólo dos. Primero, Apocalipsis 20 dice que la guerra de "Gog y Magog" tiene lugar al fin del milenio; ¡estos escritores de profecía están colando a Gog y a Magog todo el camino hacia atrás, hasta el punto antes de que el milenio ni siquiera ha comenzado! Segundo, la expresión Gog y Magog no se refiere a Rusia, y nunca lo hizo. Eso ha sido fabricado enteramente de la nada, y simplemente ha sido repetido tantas veces que muchos se imaginan que es verdad.
 

 
Regresando a la realidad: Se demuestra que la rebelión final de Satanás es un desastre. Es derribado, sus seguidores son devorados por el fuego que cae del cielo, y él es lanzado al lago de fuego para el tormento eterno (Apoc. 20:9-10). En este punto, el fin del milenio, tiene lugar la resurrección (Apoc. 20:5), y todos los seres humanos son juzgados (Apoc. 20:11-15).
 

 
El propósito de Apocalipsis 20 no es dar un bosquejo detallado del fin del mundo, porque eso no cae dentro del ámbito del libro. Apocalipsis se escribió para hablarles a los cristianos del siglo primero de cosas que debían ocurrir pronto, y que trataban especialmente de la lucha de la iglesia contra la bestia, el falso profeta, y la ramera. Todos ellos encuentran su fin cuando llega el fin de la profecía. Pero, por supuesto, detrás de las malvadas conspiraciones de los enemigos de la iglesia está la sombría figura del dragón. Así que Juan da un breve bosquejo del destino del dragón, desde el triunfo definitivo de Cristo sobre él hasta el día final, cuando el dragón y su malvada simiente son destruidos y el pueblo de Dios es plena y finalmente vencedor; cuando el paraíso, en el sentido más completo, es restaurado y consumado.
Capítulo 23
 
 

 
LA NUEVA CREACIÓN
 
(Apocalipsis 21-22)

 
El Salvador obra poderosamente todos los días, atrayendo a los hombres a la religión, persuadiéndoles a la virtud, enseñándoles sobre la inmortalidad, despertando su sed de cosas celestiales, revelando el conocimiento del Padre, inspirando fortaleza en presencia de la muerte, manifestándose a cada uno, y desplazando la irreligión de los ídolos; mientras que los dioses y los espíritus malos de los incrédulos no pueden hacer ninguna de estas cosas, sino morir en presencia de Cristo, anulada y vacía toda su ostentación. Por el contrario, por la señal de la cruz, toda magia es detenida, toda hechicería confundida, todos los ídolos abandonados y renunciados, y cesa todo placer sin sentido, a medida que el ojo de la fe mira desde la tierra hacia el cielo.
 

 
Atanasio, On the Incarnation [31]
 

 
Bien, finalmente hemos llegado a un punto en Apocalipsis acerca del cual todo el mundo está de acuerdo, ¿verdad? "Los nuevos cielos y la nueva tierra" - eso tiene que ser literal, y se refiere a la eternidad después del fin del mundo, ¿verdad? Error. O, para ser absolutamente preciso, debería decir: Sí y no. La verdad es que la Biblia nos dice muy poco sobre el cielo; de hecho, sólo lo justo para dejarnos saber que vamos para allá. Pero el interés principal de la Escritura es la vida presente. Por supuesto, las bendiciones de los capítulos finales de Apocalipsis sí se refieren al cielo. No es realmente una cuestión de "una cosa o la otra". Pero lo importante es que estas cosas son ciertas ahora. El cielo es una continuación y un perfeccionamiento de lo que es cierto de la iglesia en esta vida. No hemos de esperar simplemente estas bendiciones en una eternidad por venir, sino que debemos disfrutar de ellas y regocijarnos en ellas aquí y ahora. Juan le hablaba a la iglesia primitiva de las realidades presentes, de bendiciones que ya existían y que aumentarían a medida que el evangelio se extendiera y renovara la tierra.
 

 
"He aquí, yo hago nuevas todas las cosas"
 

 
Juan dice que, primero, vio "un cielo nueva y una nueva tierra, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron" (Apoc. 21:1). Para entender esto, necesitamos recordar una de las lecciones más básicas del tema del paraíso: la salvación es una re-creación. Por eso se usan en la Escritura el lenguaje y el simbolismo de la creación  cada vez que Dios habla salvar a su pueblo. El diluvio, el éxodo, y la primera venida de Cristo son vistos como Dios creando un nuevo mundo. Así, pues, cuando Dios habló por medio de Isaías, profetizando las bendiciones terrenales del reino venidero, dijo:
 

 
Porque he aquí yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo. Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor. No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito. Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán de ellas. No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán de la obra de sus manos. No trabajarán en vano, ni darán a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos. Y antes que clamen, responderé yo; mientras aun hablan, yo habré oído. El lobo y el cordero serán apacentados juntos; y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová (Isa. 65:17-25).
 

 
Esto no puede estar hablando del cielo, ni de un tiempo después del fin del mundo; porque en estos "nuevo cielo y nueva tierra" todavía hay muerte (a muy avanzada edad - "los días de los árboles"), la gente construye, planta, trabaja, y tiene hijos. Podríamos pasarnos el resto de este capítulo examinando las implicaciones de este pasaje de Isaías, pero lo único que quiero subrayar aquí es que es claramente una declaración para esta era, antes del fin del mundo, y muestra lo que pueden esperar las futuras generaciones a medida que el evangelio penetra en el mundo, restaura la tierra a la condición de paraíso, y hace fructificar las metas del reino. Isaías está describiendo las bendiciones de Deuteronomio 28 en lo que es probablemente el mayor logro terrenal. Por eso, cuando Juan nos dice que vio "un cielo nuevo y una nueva tierra", debemos reconocer que el significado principal de esa frase es simbólico, y tiene que ver con las bendiciones de la salvación.
 

 
Después, Juan vio "la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido" (Apoc. 21:2). No, no es una estación espacial. Es algo que debería ser mucho más emocionante: es la iglesia. La esposa no sólo está en la ciudad: la esposa es la ciudad (ver Apoc. 21:9-10). Estamos en la nueva Jerusalén ahora. ¿Prueba? La Biblia nos dice categóricamente: "Os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos ... (Heb. 12:22-23; ver Gál. 4:26; Apoc. 3:12). La nueva Jerusalén es una realidad presente; se dice que viene del cielo porque el origen de la iglesia es celestial. Hemos "nacido de lo alto" (Juan 3:3) y ahora somos ciudadanos de la ciudad celestial (Efe. 2:19; Fil. 3:20).
 

 
Este pensamiento es ampliado en la declaración posterior de Juan. Oyó una gran voz del cielo que venía de trono, diciendo: "He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios" (Apoc. 21:3). Como Pablo, Juan relaciona estos dos conceptos: somos ciudadanos del cielo, y somos morada de Dios, su santo templo (Efe. 2:19-22). Una de las bendiciones edénicas que Dios prometió en Levítico fue: "Y pondré mi morada en medio de vosotros" (Lev. 26:11); esto se ha cumplido en la iglesia del Nuevo Testamento (2 Cor. 6:16). La voz que Juan escuchó continuó:
 

 
"Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hehco está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida" (Apoc. 21:4-6).
 

 
Finalmente, esto se cumplirá en el cielo hasta lo máximo. Pero tenemos que reconocer que ya es cierto. Dios ha enjugado nuestras lágrimas. La prueba de esto es la obvia diferencia entre los funerales cristianos y paganos: nos lamentamos, pero no como los que no tienen esperanza (1 Tes. 4.13). Dios ha quitado el aguijón a la muerte (1 Cor. 15:55-58). Y más impactante es la siguiente frase: "Las primeras cosas pasaron ... He aquí, yo hago nuevas todas las cosas". ¿Dónde hemos leído eso antes? Viene de 2 Cor. 5:17: "De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas". ¿Es verdad esto ahora? ¡Por supuesto! La única verdadera diferencia entre los temas de 2 Cor. 5 y Apoc. 21 es que Pablo está hablando del individuo redimido, mientras que Juan está hablando de la comunidad redimida. Pero tanto el individuo redimido como la comunidad redimida son restaurados al estado de paraíso en la salvación, y la restauración ya ha comenzado. El agua de vida nos alimenta libremente ahora, dando vida a los individuos y fluyendo para dar vida al mundo entero (Juan 4:14; 7:37-39). Dice Dios: "El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo" (Apoc. 21:7); el hijo de Dios se caracteriza por la victoria contra la oposición (1 Juan 5:4). El lenguaje usado aquí ("Yo seré su Dios") es la promesa básica de pacto de salvación (ver Gén. 17:7-8; 2 Cor. 6:16-18). El mayor logro tendrá lugar en el cielo por la eternidad. Pero, definitiva y progresivamente, es verdad ahora. Vivimos en el nuevo cielo y la nueva tierra; somos ciudadanos de la nueva Jerusalén. Las cosas viejas pasaron, todas son hechas nuevas.
 

 
La ciudad sobre un monte
 

 
Juan es llevado en el Espíritu "a un monte grande y alto" (Apoc. 21:10) para que viera la belleza de este paraíso consumado, que resplandece con la gloria de Dios. Las doce puertas de la ciudad tienen los nombres de las doce tribus de Israel sobre ellas, y en los doce cimientos están los nombres de los doce apóstoles (Apoc. 21:12-14). ¿Es este simbolismo difícil de entender? Esto representa claramente el hecho de que la ciudad de Dios contiene la iglesia entera, el pueblo entero de Dios, que comprende a los creyentes tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo - lo cual, como escribió Pablo, está edificado sobre el fundamento de los apóstoles y profetas (Efe. 2:20).
 

 
Lo absurdo de errónea interpretación "literalista" se hace dolorosamente evidente cuando ellos intentan habérselas con las medidas de la ciudad (Apoc. 21:15-17). Juan dice que la ciudad es una pirámide (o un cubo), 12000 "estadios" por lado, con un muro de 144 "codos" de altura. Obviamente, los números son simbólicos, siendo los múltiplos de doce una referencia a la majestad, la vastedad, y la perfección de la iglesia. Pero el "literalista" se siente obligado a traducir esos números a medidas modernas, dando como resultado un muro de 1500 millas de largo y 216 pies de altura. Los claros símbolos de Juan son borrados, y al desafortunado lector de la Biblia le queda sólo una mescolanza de números que no significan nada. ¡Los "literalistas" se hallan en la ridícula posición de borrar los números literales de la palabra de Dios y reemplazarlos por símbolos que no significan nada!
 

 
Juan continúa describiendo la ciudad en términos de joyería: cada uno de los cimientos está adornado de piedras preciosas, cada una de las puertas es "una sola perla",el muro está hecho de jaspe, y la ciudad y las calles son de "oro puro, como vidrio transparente" (Apoc. 21:18-21). Por nuestro estudio de los minerales relacionados con el huerto de Edén, entendemos que este también es lenguaje simbólico, que habla de la restauración y el cumplimiento del paraíso en la salvación. Ochocientos años antes, Isaías había descrito la salvación venidera en términos de una ciudad adornada con joyas:
 

 
Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo; he aquí que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo, y sobre zafiros te fundaré. Tus ventanas pondré de piedras preciosas, tus puertas de piedras de carbunclo, y toda tu muralla de piedras preciosas (Isa. 54:11-12).
 

 
Es interesante que la palabra traducida como carbunclo equivale en hebreo a sombra de ojos. Esto suena absurdo, ¿verdad? El propósito de los muros es proporcionar protección; este muro es meramente decorativo. ¿Quién construiría un muro de joyas, usando cosméticos como "mortero"? Alguien fabulosamente rico, y supremamente confiado contra un ataque. Este, dice Isaías, es el futuro de la iglesia, la ciudad de Dios. Ella será rica y estará a salvo de sus enemigos, como lo explica el resto del pasaje:
 

 
Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos. Con justicia serás adornada; estarás lejos de opresión, porque no temerás, y de temor, porque no se acercará a ti. Si alguno conspirare contra ti, lo hará sin mí; el que contra ti conspirare, delante de ti caerá. He aquí que yo hice al herrero que sopla las ascuas en el fuego, y que saca la herramienta para su obra; y yo he creado al destruidor para destruir. Ninguna arma forjada contra ti prosperará,y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová (Isa. 54:13-17).
 

 
Juan vio que, en esta nueva ciudad de Dios, no hay templo, "porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera" (Apoc. 21:22-23). Esto también se basa en Isaías (Isa. 60:1-3; 19-20), haciendo énfasis en que la iglesia es iluminada por la gloria de Dios, y en ella mora la nube, que resplandece con la Luz original. Esta es la ciudad sobre un monte (Mat. 5:14-16), la luz del mundo, que brilla delante de los hombres para que glorifiquen a Dios el Padre. Inspirándose en el mismo pasaje de Isaías (Isa. 60:4-18), Juan habla de la influencia de la ciudad sobre las naciones del mundo:
 

 
Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero (Apoc. 21:24-27; ver Sal. 22:27; 66:4;86:9, Isa. 27:6; 42:4; 45:22-23; 49:5-13; Hag. 2:7-8).
 

 
Esto está escrito acerca de un tiempo en que las naciones todavía existen como tales; pero todas las naciones están convertidas, y confluyen a la ciudad llevando a ella sus tesoros. A medida que la luz del evangelio brilla en el mundo por medio de la iglesia, las naciones son hechas discípulas, y la riqueza de los pecadores es heredada por los justos. Esta es una promesa básica de la Escritura de principio a fin. Este es el patrón de la historia, la dirección en que el mundo se está moviendo. Este es nuestro futuro, la herencia de las generaciones venideras.
 

 
El río de vida
 

 
 Esperamos que la maldición sea revertida en cada una de las áreas de la vida, tanto en este mundo como el venidero, a medida que el evangelio fluya a todo el mundo. En un capítulo anterior, estudiamos cómo la imagen del río de Edén se usa en toda la Escritura para indicar las bendiciones del paraíso que regresan a la tierra por el poder del Espíritu a través de la iglesia (ver Eze. 47:1-12; Zac. 14:8). Apropiadamente, Juan termina su cuadro de la nueva creación con este otro, tomado de la visión de Ezequiel sobre la iglesia:
 

 
Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos (Apoc. 22:1-5).
 

 
El río de vida está fluyendo ahora (Juan 4:14, 7:37-39), y continuará fluyendo en un torrente siempre creciente de bendiciones para la tierra, sanando a las naciones, poniendo fin a la ilegalidad y la guerra por medio de la aplicación de la ley bíblica (Miq. 4:1-3). Esta visión del futuro glorioso de la iglesia, terrenal y celestial, repara la tela que se rasgó en Génesis. En Apocalipsis vemos al hombre redimido, traido de vuelta al monte, sustentado por el río y el árbol de vida, recuperando su perdido dominio y gobernando como rey-sacerdote sobre la tierra. Este es nuestro privilegio y nuestra herencia ahora, definitiva y progresivamente, en esta era; y serán nuestros plenamente en la era por venir. El paraíso está siendo restaurado.
 

 
Parte Cinco: Hasta los confines de la tierra
 

 
Capítulo 24
 

  Cumplimiento de la gran comisión


 
Sé para el futuro que lo mejor es obedecer solamente a Dios; amarlo y temerlo a un tiempo; proceder como si estuviera siempre delante de El; no desconfiar jamás de su Providencia; entregarse del todo a El, que misericordioso en todas sus obras, hace que el bien triunfe sobre el mal, y convierte las cosas más pequeñas en las más grandes, y sorprende con el impulso que se cree más ineficaz los mayores poderes de la Tierra, y toda la ciencia mundana con la más humilde sencillez. Sé que el que padece por la verdad adquiere valor bastante para lograr el supremo triunfo, y que para el fiel, la muerte no es más que la puerta de la vida. Esto he aprendido con el ejemplo de Aquel a quien reconozco ya como mi Redentor siempre bendito.
 

 
John Milton, Paradise Lost [12:561-73]
 

 
¿Qué mero hombre o mago o tirano o rey pudo jamás hacer tanto por sí mismo? ¿Pudo alguien jamás luchar contra el sistema entero de culto a los ídolos y la hueste entera de demonios y toda la magia y toda la sabiduría de los griegos, en un momento en que todos ellos eran fuertes y florecientes y recogían a todos, como lo hizo nuestro Señor, la mismísima Palabra de Dios? Pero él está aun ahora revelando invisiblemente los errores de todos los hombres, y él solo está llevando con él a todos, de modo que los que solían adorar ídolos ahora los pisotean, los magos de reputación queman sus libros  y los sabios prefieren la interpretación de los evangelios antes que todos los estudios. Están abandonando a aquellos a los que antes adoraban, adoran y confiesan a Cristo y a Dios a quien antes solían ridiculizar como crucificado. Sus así llamados dioses son derrotados por la señal de la cruz, y el Salvador crucificado es proclamado en todo el mundo como Dios e Hijo de Dios.
 
Atanasio, On the Incarnation [53]
 

 
"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mat. 28:19-20).
 

 
La gran comisión a la iglesia no termina simplemente con testificar a las naciones. La orden de Cristo es que hagamos discípulos a las naciones - todas las naciones. Los reinos del mundo deben llegar a ser los reinos de Cristo. Deben ser hechos discípulos, obedientes a la fe. Esto significa que todos los aspectos de la vida en todo el mundo han de ser puestos bajo el señorío de Jesucristo: las familias, los individuos, los negocios, la ciencia, la agricultura, las artes, las leyes, la educación, la economía, la psicología, la filosofía, y cada una de las otras esferas de la actividad humana. Nada puede quedar fuera. Cristo debe "reinar", hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies" (1 Cor. 15:25). Tenemos la responsabilidad de convertir al mundo entero.
 

 
En su segunda carta a la iglesia de Corinto, Pablo delinea una estrategia para el dominio mundial:
 

 
Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas  de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta (2 Cor. 10:3-6).
 

 
Como observa Pablo, el ejército de Cristo es invencible: no luchamos con mero poder humano, sino con armas que son "poderosas en Dios" (ver Efe. 6:10-18), divinamente poderosas, más que adecuadas para llevar a cabo el trabajo. Con estas armas a nuestra disposición, podemos destruir todo lo que el enemigo levante en oposición al señorío de Jesucristo. "Estamos llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo": Cristo ha de ser reconocido como Señor en todas partes, en toda esfera de la actividad humana. Hemos de "pensar los pensamientos de Dios según Él" en todo punto, obedeciendo su palabra autorizada, el libro de la ley del reino. Esta es la raíz de todo genuino programa de rconstrucción cristiana.
 

 
Pablo nos dice que la meta de nuestra guerra es la victoria total, el dominio completo para el reino de Cristo. No aceptaremos nada menos que el mundo entero. "Estamos listos para castigar toda desobediencia, una vez que vuestra obediencia es completa", dice Pablo. La traducción Moffatt presenta este texto así: Estoy preparado para someter a corte marcial a cualquiera que continúe siendo insubordinado, una vez que vuestra sumisión sea completa. La meta de Pablo es obediencia universal a nuestro Señor.
 

 
Pero es importante notar el orden aquí. Pablo no comienza su obra de reconstrucción fomentando una revolución social. Tampoco comienza buscando un puesto político. Comienza con la iglesia, y se dispone a poner el resto del mundo bajo el dominio de Cristo "una vez que la obediencia de la iglesia sea completa". El centro de la reconstrucción cristiana es la iglesia. El río de vida no fluye de las puertas de las cámaras de los congresos y parlamentos. Fluye del templo restaurado del Espíritu Santo, la iglesia de Jesucristo. Nuestra meta es el dominio mundial bajo el señorío de Cristo, una "ocupación mundial", si se quiere; pero nuestra estrategia comienza con la reforma y la reconstrucción de la iglesia. De alli fluirá la reconstrucción social y política, en verdad un florecimiento de la civilización cristiana (Hag. 1:1-15; 2:6-9; 18-23).
 

 
Esto es lo que siempre ha sucedido. Cuando Moisés exigió que Faraón liberara a los israelitas, no dijo: "Iniciemos una república cristiana". Dijo:
 

 
Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto (Éx. 5:1; ver 7:16).
 

 
Ciertamente, Dios planeaba hacer de su pueblo una nueva nación. La ley que estaba a punto de darles proporcionaría el fundamento para un orden social y un sistema judicial. Sin embargo, por importante que sea todo esto, lo que es infinitamente más importante es Dios. Y lo que es básico para nuestra continua relación con Él y nuestro servicio para Él es nuestro culto a Él. La disputa fundamental entre Egipto e Israel era la cuestión del culto. Todo lo demás partía de allí.
 

 
Liturgia e historia
 

 
Conocemos la historia de Israel. Dios obligó a Faraón a dejar ir a Israel, y éste siguió adelante a heredar la Tierra Prometida. Pero el aspecto realmente crucial de todo el evento del Éxodo, por lo que concierne a la actividad del pueblo, era el culto. La fe cristiana ortodoxa no puede reducirse a experiencias personales, discusiones académicas, ni actividades para construir la cultura - por importantes que sean todas ellas en ggrados variables. La esencia de la religión bíblica es el culto a Dios. Y con culto no sólo quiero decir escuchar sermones, aunque la predicación ciertamente es necesaria e importante. Quiero decir oraciones organizadas, congregacionales, alabanza, y celebración sacramental. Además, esto significa que la reforma del gobierno de la iglesia es crucial para el dominio bíblico. La verdadera reconstrucción cristiana de la cultura está lejos de ser simplemente un asunto de aprobar una ley X y elegir al congresista Y. El cristianismo no es un culto político. Es el culto divinamente ordenado del Dios Altísimo.
 

 
Por eso el libro de Apocalipsis comienza con una visión de Cristo y pasa a tratar del gobierno (los "ángeles", u oficiales) de la iglesia. De hecho, la profecía entera está estructurada como un servicio de culto el día del Señor (Apoc. 1:10). Durante todo el libro, vemos un patrón repetido: primero, los "ángeles" guían a los santos en un culto organizado; segundo, Dios responde al culto de su pueblo trayendo juicio para salvación. Por ejemplo, Juan nos muestra los mártires reunidos al pie del altar de incienso, implorando a Dios que les vengue de sus perseguidores (Apoc. 6:9-11). Poco después, un "ángel" ofrece formalmente las oraciones de ellos a Dios, luego toma fuego del altar y lo arroja a la tierra: el resultado es devastación y destrucción para Israel; la tierra se incendia; una montaña en llamas es lanzada al mar (Apoc. 8:1-8). Esta no es sino una ilustración entre muchas de una verdad central en Apocalipsis: la inseparable conexión entre la liturgia y la historia. El libro de Apocalipsis muestra que los juicios de Dios en la historia son respuestas directas al culto oficial de la iglesia. Cuando la iglesia, en su capacidad oficial, pronuncia juicios legales, esas declaraciones son aceptadas en la Corte Suprema del cielo (Mat. 16:19; Juan 20:23), y Dios mismo ejecuta el veredicto de la iglesia.
 

 
De hecho, Jesús había mandado específicamente a su pueblo que oraran para que el monte de Israel fuese lanzado al mar (Mat. 21:21-22), y eso es exactamente (de manera figurada) lo que sucedió. Esta es una importante lección para la iglesia hoy día. Nuestra primera respuesta a la persecución y la opresión no debe ser política. Es decir, no debemos poner nuestra confianza en el estado. La primera respuesta de la iglesia a la persecución debe ser litúrgica. Debemos orar por ello personalmente, en familia, y en el culto organizado y corporativo de la iglesia, cuyos oficiales están divinamente autorizados para pronunciar juicio. Por supuesto, esto significa que la iglesia debe regresar a la práctica ortodoxa de cantar y orar salmos imprecatorios contra los enemigos de Dios. (Los "salmos imprecatorios" son los salmos que consisten principalmente de imprecaciones, o maldiciones, contra los impíos; algunos de estos salmos son los números 35, 55, 59, 69, 79, 83, 94, 109, y 140). Los oficiales de iglesia deben pronunciar sentencia contra los opresores, y los cristianos deben seguir esto con fieles oraciones para que los opresores se arrepientan o sean destruidos.
 

 
Para dar otro ejemplo: ¿Qué debe hacer la iglesia acerca de la moderna forma de sacrificio humano, la diaria abominación conocida como aborto? Si nuestra respuesta central es una acción social o política, somos, en principio, ateos; estamos confesando nuestra fe en las acciones humanas como las últimas determinadoras de la historia. Es verdad que debemos trabajar para que el aborto sea declarado un crimen: los asesinos deben recibir la pena capital (Éx. 21:22-25). También debemos trabajar para salvar las vidas de los inocentes y los indefensos. Pero nuestras acciones fundamentales deberían ser gubernamentales y litúrgicas. Los oficiales de iglesia deben pronunciar juicios sobre los abortistas - dando los nombres de los que abogan por la muerte, incluyendo jueces, médicos, y publicistas.
 

 
Si la iglesia invoca fielmente a Dios para que juzgue a los asesinos y perseguidores, ¿qué ocurrirá? La respuesta está dada en la totalidad del libro de Apocalipsis: Los ángeles de Dios arrojarán fuego sobre la tierra, y los malvados serán consumidos. Pero tenemos que recordar que las ascuas de la retribución de Dios tienen que proceder del altar. La ardiente ira de Dios procede del trono, donde nos encontramos con Él en el culto público. Un "movimiento de resistencia" que no esté centrado en el culto estará bajo el juicio de Dios. En principio, es como la ofrenda de "fuego extraño" de Nadab y Abiú (Lev. 10:1-2).
 

 
W. S. Plumer escribió sobre el poder de las oraciones imprecatorias de la iglesia: "De los 30 emperadores romanos, gobernadores de provincias, y otros oficiales de alta jerarquía, que se distinguieron por su celo y encarnizamiento en la persecución de los cristianos primitivos, uno pronto se volvió loco después de haber cometido alguna crueldad atroz; otro fue asesinado por su propio hijo; otro quedó ciego; los ojos de otro comenzaron a salírsele de las órbitas; otro se ahogó; otro fue estrangulado; otro murió en un cautiverio miserable; otro cayó muerto de una manera indescriptible; otro murió de una enfermedad tan repugnante que varios de sus médicos fueron ejecutados porque no pudieron soportar el hedor que llenaba la habitación; dos se suicidaron; un tercero lo intentó, pero tuvo que pedir ayuda para terminar el trabajo; cinco fueron asesinados por su propio pueblo o sus propios sirvientes; otros cinco murieron de la manera más miserable e intolerable; varios de ellos sufrieron una indecible complicación de enfermedades, y ocho murieron en combate o después de haber sido tomados prisioneros. Entre éstos se encontraba Julián el apóstata. Se dice que, en los días de su prosperidad, apuntó su daga hacia el cielo desafiando al Hijo de Dios, al cual llamaba comúnmente el galileo. Pero, cuando fue herido en combate, viendo que todo había terminado para él, recogió su sangre coagulada y la arrojó al aire, exclamando: "¡Has vencido, galileo!".
 

 
Por supuesto, el culto de la iglesia no es principalmente negativo sino positivo: Hemos de ofrecer peticiones para la conversión del mundo. Debemos pedirle a Dios que haga que todas las naciones acudan a su templo, orando para que su monte crezca y llene la tierra más y más, y para que nuestra era presencie triunfos crecientes para el evangelio en todos los órdenes de la vida. No hay ninguna razón para no esperar la victoria; si somos fieles a la palabra de Dios, hay todas las razones para suponer que los poderes de las tinieblas serán hechos trizas por nuestro avance. Las puertas del infierno deben caer y caerán delante de la iglesia agresiva y militante (Mat. 16:18).
 

 
Es una señal de nuestra incredulidad el hecho de que ponemos nuestra confianza en los hombres y en los príncipes antes que en el Espíritu de Dios. ¿Cuál es más poderosa, la depravación humana o la soberanía de Dios? ¿Puede Dios convertir al mundo? ¡Por supuesto! Más que eso, ¡ha prometido que Él convertirá al mundo! Nos ha dicho que "la tierra será llena del conocimiento del Señor como las aguas cubren el mar" (Isa. 11:9). ¿Cómo cubren las aguas el mar? ¿Hay alguna parte del mar que no esté cubierta por agua? Ése es justamente el punto: algún día, la gente de todas partes del mundo conocerán el evangelio. Todas las naciones le servirán.
 

 
La salvación del mundo es la razón de que Jesús viniera, como el Él mismo le dijo a Nicodemo:
 

 
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito para que todo aque que en Él crea no se pierda, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Juan 3:16-17).
 

 
¡Para que el mundo sea salvo! Este es uno de los pasajes bíblicos que se citan más a menudo, pero a menudo no vemos su mensaje. Cristo Jesús vino a salvar al mundo - no sólo a un pecador aquí, otro allá. Él quiere que hagamos discípulas a las naciones - no sólo a unos pocos individuos. El Señor Jesús no quedará satisfecho del éxito de su misión sino hasta que la tierra entera cante sus alabanzas. Sobre la base de las infalibles promesas de Dios, la iglesia debe orar y trabajar para que se expanda el reino, en la Esperanza de que Dios llenará su iglesia con "una grande muchedumbre, que nadie podía contar, de toda nación y tribu y lengua y pueblo" (Apoc. 7:9).
 

 
Tenemos que dejar de actuar como si estuviéramos destinados para siempre a ser una subcultura. Estamos destinados al señorío; debemos enderezarnos y actuar en consecuencia. Nuestras vidas y nuestro culto deben reflejar nuestra Esperanza de dominio y nuestra creciente capacidad para adquirir responsabilidades. No debemos vernos a nosotros mismos como avanzadillas solitarias, rodeados por un mundo cada vez más hostil; eso es dar falso testimonio contra Dios. La verdad es exactamente opuesta a eso. Es el diablo el que está huyendo; es el paganismo el que está condenado a la extinción. En fin de cuentas, el cristianismo es la cultura dominante, predestinada a ser la religión final y universal. La iglesia llenará la tierra.
 

 
El gran san Agustín entendía esto. Refiriéndose a los que se veían a sí mismos como el último remanente de una iglesia que se dirigía a una inevitable declinación, se rió: "Las nubes retumban con los truenos, de que la casa del Señor se construirá por toda la tierra; y estas ranas se sientan en su pantano y croan: '¡Nosotros somos los únicos cristianos'!"
 

 
Nosotros damos forma a la historia mundial. Dios ha vuelto a crearnos a su imagen para que dominemos el mundo; Él ha derramado su Espíritu sobre nosotros, con "poder de lo alto" (Lucas 24:49); Él nos ha confiado el evangelio del reino, y nos ha encargado que tomemos posesión del mundo. Si confiamos en Él y le obedecemos, no hay ninguna posibilidad de que fracasemos.
 

 
El mandato teocrático
 

 
Nuestra meta es un mundo cristiano, hecho de naciones explícitamente cristianas. ¿Cómo podría un cristiano desear alguna otra cosa? Nuestro Señor mismo nos enseñó a orar: "Venga tu reino: Hágase tu voluntad, así en el cielo como en la tierra" (Mat. 6:10). Oramos para que las órdenes de Dios sean obedecidas en la tierra, así como son obedecidas inmediatamente por los ángeles y los santos en el cielo. El Padre Nuestro es una oración para el dominio mundial del reino de Dios - no un gobierno mundial centralizado, sino un mundo de repúblicas teocráticas descentralizadas.
 

 
Ahora bien, con teocracia, yo no quiero decir un gobierno regido por sacerdotes y pastores. Eso no es en absoluto lo que la palabra significa. Una teocracia es un gobierno regido por Dios, un gobierno cuyo código de leyes está sólidamente fundamentado en las leyes de la Biblia. A los gobernantes civiles se les exige que sean ministros de Dios, tal como lo son los pastores (Rom. 13:1-4). Según la santa e infalible palabra de Dios, las leyes de la Biblia son las mejores leyes (Deut. 4:5-8). No pueden ser mejoradas.
 

 
El hecho es que toda ley es "religiosa". Toda ley está basada en algún modelo último de moralidad y ética. Todo sistema de leyes se funda en el valor último de ese sistema, y ese valor último es el dios de ese sistema. La fuente de las leyes para una sociedad es el dios de esa sociedad. Esto significa que una teocracia es inescapable. Todas las sociedades son teocracias. La diferencia es que una sociedad que no es explícitamente cristiana es una teocracia de un dios falso. Por eso, cuando Dios dio instrucciones a los israelitas para la entrada en la tierra de Canaán, les advirtió que no adoptaran el sistema de leyes de los paganos:
 

 
Habló Jehová a Moisés diciendo: Habla a los hijos de Israel, y diles: Yo soy Jehová vuestro Dios. No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morásteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos. Mis ordenanzas pondréis por obra, y mis estatutos guardaréis, andando en ellos. Yo Jehová vuestro Dios. Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis ordenanzas, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos. Yo Jehová (Lev. 18:2-5).
 

 
Esa es la única opción: ley pagana o ley cristiana. Dios prohibe específicamente el "pluralismo". A Dios no le interesa en lo más mínimo compartir el dominio mundial con Satanás. Dios quiere que le honremos individualmente, en nuestras familias, en nuestras iglesias, en nuestros negocios, en nuestras ocupaciones culturales de todo tipo, y en nuestros estatutos y juicios. "La justicia engrandece a la nación, mas el pecado es afrenta de las naciones" (Prov. 14:34). Según los humanistas, las civilizaciones sólo "surgen" y "caen" a causa de algún mecanismo naturalista, evolucionario. Pero la Biblia dice que la clave de la historia de las civilizaciones es juicio. Dios evalúa nuestra reacción a sus mandatos, y responde con maldiciones y bendiciones. Si una nación le obedece, la bendice y la hace prosperar (Deut. 28:1-4); si una nación le desobedece, la maldice y la destruye (Deut. 28:15-68). La historia de Israel es una advertencia para todas las naciones: porque, si Dios se lo hizo a Israel, seguramente hará lo mismo al resto de nosotros (Jer. 25:29).
 

 
La escatología de dominio no es alguna cómoda doctrina de que el mundo se está volviendo "mejor y mejor" en un sentido abstracto, automático. Tampoco es una doctrina de protección contra el juicio y la desolación nacionales. Por el contrario, la escatología de dominio es una garantía de juicio. Enseña que la historia mundial es juicio, una serie de juicios que conducen al juicio final. En todo momento, Dios está observando su mundo, sopesando y evaluando nuestra reacción a su palabra. Zarandea las naciones hacia atrás y hacia adelante en la criba de la historia, colando la paja inútil y arrojándola lejos, hasta que no quede nada sino su trigo puro. La opción delante de cada nación no es pluralismo. La opción es obediencia o destrucción.
 

 
Mil generaciones
 

 
Para el satanista, el tiempo es la gran maldición. A medida que la historia progresa, las fuerzas del mal sienten que su tiempo se está acabando (ver Apoc. 12:12). Por eso, Satanás trabaja a menudo por medio de la revolución: tiene que hacer su trabajo ahora, mientras tiene oportunidad. No puede darse el lujo de esperar, porque el tiempo trabaja contra él. Está condenado a ser derrotado, y lo sabe.
 

 
Pero el cristiano no tiene que temer el paso del tiempo, porque el tiempo está de nuestro lado. La historia trabaja en favor de nuestros objetivos. Cada día nos acerca más a la realización de que el conocimiento de Dios cubrirá el mundo entero. Las naciones adorarán y obedecerán al único Dios verdadero, y dejarán de hacer la guerra; la tierra será cambiada, restaurada a las condiciones edénicas; y la gente será bendecida con vidas largas y felices - ¡tan largas, de hecho, que será raro que alguien muera a la corta edad de 100 años (Isa. 65:20)!
 

 
Consideremos esta promesa de la ley: "Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones" (Deut. 7:9). El Dios del pacto le dijo a su pueblo que les bendeciría hasta la milésima generación de sus descendientes. Esa promesa se hizo (en números redondos) hace aproximadamente 3,400 años. Si calculamos cada generación bíblica es más o menos de 40 años, mil generaciones equivalen a cuarenta mil años. ¡Nos quedan 36,600 años antes de que esta promesa se cumpla!
 

 
Posiblemente algunos me acusen de caer en un inconsistente "literalismo" en este punto, tomando la palabra mil literalmente en Deuteronomio pero no en Apocalipsis. No es así. Admito que, cuando Dios usa el término mil, está hablando de vastedad, más bien que de un número específico. Sin embargo, habiendo admitido eso, miremos más de cerca la manera en que este término se usa en le simbolismo. Cuando Dios dijo que él es dueño de los animales en un millar de collados, quiso decir un vasto número de animales en un vasto número de collados, pero existen más de 1,000 collados o colinas. La Biblia promete que los miembros del pueblo de Dios serán reyes y sacerdotes durante mil años, queriendo decir un vasto número de años - pero los cristianos han sido reyes y sacerdotes durante más de 1,000 años (casi 2,000 años ahora). Lo que quiero subrayar es esto: El término mil se usa a menudo simbólicamente en la Escritura para expresar vastedad; pero, en realidad, esa vastedad es mucho más que el millar literal.
 

 
Dios promete que bendecirá a su pueblo durante mil generaciones. Luego, por la analogía de la Escritura, esto significa que una cifra de cuarenta mil años es apenas el mínimo. Este mundo tiene por delante decenas de miles, quizás centenas de miles, de años de creciente impiedad antes de la segunda venida de Cristo.
 

 
No me interesa fijar fechas. No voy a tratar de calcular la fecha de la segunda venida. La Biblia no la revela, y no es asunto nuestro. Lo que la Biblia sí revela es nuestra responsabilidad de trabajar por el reino de Dios, nuestro deber de ponernos nosotros mismos y poner a nuestras familias, y todas nuestras esferas de influencia, bajo el dominio de Jesucristo. "Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley" (Deut. 29:29). Dios no nos ha dicho cuándo ocurrirá la segunda venida. Pero sí nos ha dicho que hay mucho trabajo por hacer y espera que lo hagamos.
 

 
¿Qué diría usted si contratara a un obrero, le diera instrucciones detalladas, y todo lo que él hiciera fuera sentarse preguntándose a qué sonaría el timbre de salida? ¿Le consideraría usted un obrero fiel? ¿Le considera Dios a usted un obrero fiel de su reino? Repito: El propósito de la profecía es ético. Es la certeza que nos da Dios de que la historia está bajo su control, de que Él está llevando a cabo sus propósitos eternos en todas las circunstancias, y de que su plan original de la creación se cumplirá. Nos ha colocado en la gran guerra de la historia del mundo, con la absoluta garantía de que ganaremos. Aunque tenga que detener el universo entero para nosotros (Josué 10:12-13), el día durará lo suficiente para que obtengamos la victoria. El tiempo está de nuestro lado. El reino ha llegado, y el mundo ha comenzado nuevamente.
 

 
Ahora, póngase a trabajar.
(APÉNDICE A)

 
LA ESCATOLOGÍA DE DOMINIO:
 
RESUMEN
 

 
Para aquellos a los que les les gusta que su escatología esté envuelta en un nítido paquete, he preparado una lista de los 45 principales argumentos de este libro, en el orden general en que fueron presentados (los números de los capítulos están en paréntesis). El lector debería considerar cada uno a la luz de los argumentos bíblicos en el texto del libro. Después de estas "proposiciones sobre la Esperanza", sigue una breve sección que responde a algunos de los malentendidos de la escatología de dominio.
 

 
Proposiciones sobre la esperanza
 

 
  1. La Biblia nos enseña a tener esperanza, no desesperanza; a esperar la victoria y el señorío del evangelio, no la huida y la derrota. (1)
  1. La profecía bíblica está escrita en lenguaje tanto literal como simbólico. La opción no es entre "literalismo" y "simbolismo", sino entre un método de interpretar la Biblia bíblicamente o especulativamente. (2)
  1. La salvación es una re-creación. En la redención, Jesucristo restaura al hombre a la imagen de Dios. (3)
  1. La salvación y sus bendiciones se presentan en la Biblia como definitivas, progresivas, y finales. (3)
  1. No somos salvos fuera de nuestro entorno; más bien, la salvación obra para restaurar la tierra como un todo. El santo monte de Dios (el huerto) crecerá hasta llenar el mundo entero. (3-7).
  1. Dios bendice la obediencia y maldice la desobediencia; este patrón se volverá dominante a medida que la historia progresa. (3-7)
  1. A través de generaciones de obediencia, los santos se volverán más y más competentes y poderosos, mientras que los impíos se volverán débiles e impotentes. (3-7)
  1. Los impíos son "arrebatados" primero (es decir, quitados de la tierra y desheredados), mientras los justos entran más y más en posesión de todas las cosas. (6)
  1. Jesucristo vino como Hijo del hombre (el segundo Adán) para establecer el reino de Dios en la tierra. (8)
  1. La profecías bíblicas de que Cristo reinaría como rey se cumplieron en la entronización de Cristo a su ascensión. (8)
  1. La profecía de Daniel sobre el Hijo del hombre "viniendo en las nubes" se cumplió en la ascensión de Cristo. (8)
  1. Jesucristo derrotó definitivamente y ató a Satanás y a los demonios en la expiación, la resurrección, y la ascensión. (8)
  1. El reino fue establecido durante el primer advenimiento de Cristo (incluyendo el juicio del año 70 D.C.); ahora está en progreso y aumentará hasta el fin del mundo. (8-16)
  1. El Israel étnico fue excomulgado por su apostasía y nunca más volverá a ser el reino de Dios. (9, 14)
  1. Ahora el reino  está compuesto de todos (judíos y gentiles) los que han sido redimidos por Jesucristo. (9)
  1. La iglesia es ahora el templo de Dios, habiendo morado en ella el Espíritu Santo en Pentecostés y habiendo sido plenamente establecida en la destrucción del antiguo templo en el año 70 D. C. (10-13)
  1. El discurso del Monte de los Olivos (Mateo 24, Marcos 13, y Lucas 21) no es sobre la segunda venida de Cristo. Es una profecía de la destrucción de Jerusalén en el año 70 D. C. (10-11)
  1. La gran tribulación tuvo lugar en la caída de Israel. No se repetirá y por ello no es un evento futuro (aunque los cristianos de todas las edades han tenido que soportar sufrimientos por su fe). (10-11)
     
  1. La Biblia no predice que se establecerá  ningún futuro templo literal ni sistema de sacrificios en Jerusalén. Las profecías bíblicas sobre el templo se refieren a Cristo y a su iglesia, definitivamente, progresivamente, y finalmente. (10-13)
  1. Aunque Israel será restaurado a la verdadera fe algún día, la Biblia no habla de ningún plan futuro para Israel como nación especial. (14)
  1. El lenguaje bíblico de la re-creación (el "universo que se derrumba") simboliza el juicio de Dios, y recuerda especialmente el diluvio y las plagas de Egipto y el éxodo. (15)
  1. Anticristo es un término usado por Juan para describir la difundida apostasía de la iglesia cristiana antes de la caída de Jerusalén. En general, cualquier instructor o sistema apóstata puede ser llamado "anticristo"; pero la palabra no se refiere a ningún "futuro Fuhrer". (12-13)
  1. La "gran apostasía" ocurrió en el siglo primero. Por lo tanto, no tenemos ninguna garantía bíblica de que podemos esperar una creciente apostasía a medida que  la historia progresa; en su lugar, debemos esperar la creciente cristianización del mundo. (12-13)
  1. Los últimos días es una expresión bíblica para designar el período  entre el advenimiento de Cristo y la destrucción de Jerusalén en 70 D. C.: los "últimos días" de Israel. (13)
  1. Antes de la segunda venida de Cristo, la vasta mayoría de judíos y gentiles se convertirá a la fe cristiana. (14)
  1. Todos los enemigos de Cristo están siendo sometidos gradualmente a su reino desde el cielo. Él permanecerá en el cielo hasta que todos los enemigos sean derrotados. El último enemigo, la muerte, será destruido cuando Jesucristo regrese. (16)
  1. Jesucristo regresará en el día final, cuando la resurrección y el juicio final tengan lugar. (16)
  1. El rapto y la segunda venida ocurrirán juntos. (16)
  1. Habrá una resurrección general; los justos resucitarán para vida eterna, y los impíos resucitarán para condenación. (16)
  1. La principal preocupación de la profecía es la conducta ética: obediencia a los mandatos de Dios. (17)
  1. El canon de la Escritura se cerró en 70 D. C., cuando el pacto antiguo pasó a la historia. (18)
  1. El libro de Apocalipsis no debe interpretarse "futurísticamente"; para sus primeros lectores, su mensaje era contemporáneo, y el tiempo de su cumplimiento estaba "cerca". (18)
  1. La "bestia" de Apocalipsis era un símbolo tanto de Nerón en particular como del Imperio Romano en general. (20)
  1. El "falso profeta" simbolizaba a los líderes religiosos judíos. (20)
  1. La "ramera" simbolizaba a la Jerusalén apóstata, que había dejado de ser la ciudad de Dios. (21)
  1. El "milenio" es el reino de Jesucristo, que Él estableció en su primer advenimiento. (22)
  1. La "primera resurrección" es espiritual: nuestra justificación y regeneración en Cristo. (22)
  1. Los "mil años" de Apocalipsis 20 son un símbolo de un vasto número de años - más probablemente, muchos miles. (22, 24)
  1. Todos los cristianos son sacerdotes en esta era: todos los cristianos están sentados ahora en lugares celestiales con Cristo. (22)
  1. La nueva creación ya ha comenzado: La Biblia describe nuestra salvación en Cristo, tanto ahora como en la eternidad, como "nuevos cielos y nueva tierra". (23)
  1. La "Nueva Jerusalén", la ciudad de Dios, es la iglesia, ahora y para siempre. (23)
  1. El centro de la reconstrucción cristiana del mundo es la iglesia. La esencia de la religión bíblica, y la fuente de la cultura cristiana, es el culto a Dios. (24)
  1. El culto de la iglesia y su gobierno son reconocidos oficialmente en la corte celestial. Cuando la iglesia pronuncia juicios legales, éstos son ejecutados en la tierra, en la historia, por medio de la providencial administración del mundo. (24)
  1. La meta cristiana para el mundo es el desarrollo universal de repúblicas teocráticas bíblicas, en las cuales cada área de la vida es redimida y puesta bajo el señorío de Jesucristo y el reinado de la ley de Dios. (24)
  1. El modelo cristiano de ética en todas las áreas - los individuos, las familias, los negocios, y los gobiernos - es la ley bíblica. El cristiano no puede estar satisfecho con el "pluralismo", sino que el llamado es a trabajar por el señorío de Jesucristo y su reino por medio del mundo. La prosperidad del mundo vendrá de Jesucristo, y sólo de Jesucristo. (24).
Malentendidos sobre la esperanza

 
La mayoría de las objeciones usuales contra la Esperanza se basa en malentendidos radicales de la posición. El siguiente pasaje del éxito literario de Hal Lindsey, Late Great Planet Earth, es típico de muchas declaraciones desinformadas y mal investigadas sobre el tema:
 

 
Solía haber un grupo llamado "postmilenialistas". Creían que los cristianos desarraigarían el mal del mundo, abolirían los gobiernos impíos, y convertirían al mundo a través de un creciente evangelismo hasta introducir el reino de Dios en la tierra por sus propios esfuerzos. Luego, después de 1,000 años de que la iglesia institucional estuviese reinando en la tierra en paz, en igualdad, y en justicia, Cristo regresaría y el tiempo llegaría a su fin. Esta gente rechazaba gran parte de la Escritura como literal y creían en la bondad inherente del hombre. La Primera Guerra Mundial desanimó mucho a este grupo y la Segunda Guerra Mundial prácticamente hizo desaparecer este punto de vista. Ningún erudito que se respete y que examine las condiciones mundiales y la acelerada declinación de la influencia cristiana hoy día es "postmilenialista" (p. 176).
 

 
Aunque la declaración de Lindsey contiene casi tantos errores como palabras, es un resumen notablemente conciso de las numerosas representaciones falsas de la posición postmilenial por parte de los evangélicos. En las siguientes secciones numeradas, responderé brevemente a los principales errores de las observaciones de Lindsey.
 

 
1. Solía haber un grupo llamado "postmilenialistas".
 

 
No, todavía estamos aquí. En realidad, más y más cristianos se están convenciendo de la base bíblica para una escatología de dominio todo el tiempo. (Las razones de la declinación del postmilenialismo en el siglo veinte se discutirán en el apartado número 6, más adelante). Como he indicado en varios puntos de este libro. la escatología de dominio es la posición histórica de la iglesia. Esto no quiere decir que todo el mundo tenía en mente algún calendario específico de sucesos conocido como "postmilenialismo". En realidad, no se consideraba un ismo, porque la expectativa del dominio de Cristo sobre el mundo por medio del evangelio era precisamente la fe ortodoxa - la actitud comúnmente aceptada por los cristianos.
 

 
Por otra parte, había un punto de vista que era considerado excéntrico por la mayoría de los cristianos - era siempre un "ismo". Desde el tiempo de Cerinto, a esto se le llamaba chiliasm (que significa mil-añ-ismo). Se conoce hoy día como premilenialismo, la doctrina de que la "era del reino" no tendrá lugar sino hasta la segunda venida de Cristo. Este punto de vista estuvo siempre en los límites del cristianismo hasta que fue revivido en el siglo diecinueve por cierto número de sectas milenialistas; finalmente obtuvo amplia publicidad después de la aparición de la Biblia de Scofield en 1909. Sin embargo, ahora este antiguo ismo está siendo abandonado por muchos en favor de la posición mayoritaria de la iglesia ortodoxa a través de las edades: la escatología de dominio.
 

 
2. Creían que los cristianos ... [introducirían] el reino de Dios en la tierra por sus propios esfuerzos.
 

 
Esta es una de las objeciones a la Esperanza que se oyen más comúnmente. Se compara al punto de vista del dominio con el movimiento liberal del "Evangelio Social" de principios de la década de 1900. Tal identificación es completamente absurda, desprovista en absoluto de todo fundamento. Los líderes del movimiento del Evangelio Social eran humanistas evolucionistas y socialistas, y eran abiertamente hostiles hacia el cristianismo bíblico. Es verdad que tomaron prestados ciertos términos y conceptos del cristianismo, para pervertirlos para sus propios usos. Por eso hablaban del "reino de Dios", pero lo que querían decir estaba muy lejos de la fe cristiana tradicional. Los maestros postmilenialistas ortodoxos como Benjamin Warfield y J. Gresham Machen se opusieron vigorosamente al Evangelio Social. El verdadero postmilenialismo siempre ha sido verdaderamente evangélico. Enseña que el reino fue establecido por Jesucristo solamente, y que el reino es avanzado mediante la difusión del evangelio y la aplicación de la Biblia a todas las áreas de la vida.
 

 
Sin embargo, hay otra dimensión en esta controversia. Puesto que creemos que los cristianos vencerán toda oposición y llevarán el evangelio a los confines de la tierra, los postmilenialistas son acusados de tener fe en el hombre. Esta es una distorsión radical. La verdad es que los postmilenialistas creen en Dios, que actúa en la historia por medio del hombre redimido. Creemos que el Señor Omnipotente del cielo y la tierra mora en su iglesia y no permitirá que seamos derrotados en la misión que nos ha encomendado. San Agustín oraba: "Danos lo que ordenas, y ordena lo que deseas". Esa es nuestra actitud también. Puesto que Dios actúa en la historia para bendecir a los justos y maldecir a los impíos, la historia está de nuestro lado. En la batalla entre los redimidos y los impíos, tenemos fe en los redimidos. Creemos que el pueblo de Dios vencerá, en el tiempo y en la tierra, así como en la eternidad. En Cristo, somos herederos de todas las cosas.
 

 
3. Luego, después de 1,000 años de haber reinado en la tierra la iglesia institucional ...
 

 
Como mostré en los capítulos 22 y 24, no creemos que el reino durará sólo 1,000 años. Es verdad que algunos postmilenialistas han creído que un período venidero de paz y bienaventuranza mundial durará mil años literales, pero definitivamente son la minoría. En realidad, de decenas de sobresalientes maestros postmilenialistas en la historia, sólo recuerdo uno o dos  que sostenían ese punto de vista. La mayoría ha enseñado que el "milenio" de Apocalipsis 20 es idéntico al reino establecido por Cristo a su primer advenimiento.
 

 
Lindsey afirma además que nosotros creemos que "la iglesia institucional" reinará en la tierra. No estoy seguro de cómo interpretar eso. Nunca he oído ni leído que eso sea defendido por nadie. Suena como si estuviera diciendo que nosotros creemos que los dirigentes de la iglesia deberían ejercer poderes policíacos, o deberían estar encaegados del gobierno civil. En caso de que haya alguna duda sobre ese punto, permítaseme afirmar categóricamente que nosotros no creemos que la iglesia institucional debería gobernar por encima del estado. Sin embargo, sí creemos que los gobernantes deberían ser cristianos, y que deberían aplicar principios bíblicos de justicia dentro de sus áreas de responsabilidad. El punto no es que la iglesia y el estado están fundidos en una sola organización; más bien, el punto es que tanto la iglesia como el estado están bajo Dios y la absoluta autoridad de su Palabra. La iglesia es el ministerio de gracia divinamente comisionado; el estado es el ministerio de justicia divinamente comisionado. Ambos reciben su comisión de la Palabra de Dios.
 

 
4. Esta gente rechazó gran parte de la Escritura por ser literal ...
 

 
Nuevamente, es difícil estar seguro del significado exacto de Lindsey en este punto. Si simplemente quiere decir que los postmilenialistas rechazan la idea de que toda la Escritura debe ser interpretada "literalmente", tenemos que declararnos culpables; pero estamos en buena compañía. Mateo, Marcos, Lucas, y Juan no eran "literalistas", a juzgar por la forma en que interpretaban la profecía. Reconocían el carácter simbólico de este pasaje de Isaías:
 

 
Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová lo ha hablado. (Isa. 40:3-5).
 

 
Una interpretación estrictamente "literalista" debería entender esto como una profecía de un proyecto de construcción de carreteras a gran escala en Paledstina. Pero, cada uno de los cuatro evangelios declara que las palabras de Isaías se cumplieron en el ministerio de predicación y bautismo de Juan (Mat. 3:3; Mar. 1:3; Luc. 3:4-6; Juan 1:23). El hecho es que en la Biblia existen formas de hablar tanto literales como simbólicas, y tenemos que tener cuidado e interpretar las afirmaciones bíblicas en términos de la dirección de la Biblia.
 

 
Por supuesto, el mismo Hal Lindsey tampoco es un "literalista". Cuando el libro de Apocalipsis habla de estrellas que caen, Lindsey sólo puede ver armas termonucleares; cuando Apocalipsis menciona a langostas, él contempla helicópteros Cobra (There´s a New World Coming [Eugene, OR: Harvest House, 1973, pp. 132, 138s). Lo que sea que se diga de las singulares interpretaciones de Lindsey, ellas son cualquier cosa menos "literales".
 

 
Sin embargo, como observé más arriba, la acusación de Lindsey contra los postmilenialistas es algo confusa. De acuerdo con él, "esta gente rechaza gran parte de la Escritura por ser literal". Esto puede ser sólo lenguaje impreciso, pero da a entender fuertemente que la escatología de dominio es una posición liberal que rechaza la Escritura. Nada podría estar más lejos de la verdad (como confío que este libro haya dmostrado). En realidad, a través de la historia, los postmilenialistas han sido defensores sobresalientes de la inspiración y autoridad final de la Escritura. La mayoría de los miembros de la histórica Asamblea de Westminster eran firmes postmilenialistas, y en el mismo primer capítulo de su influyente documento de 1646, The Westminster Confession of Faith, declaran que todos los sesenta y seis libros de la Biblia "fueron dados por inspiración de Dios, para que fuesen la regla de la fe y la vida ...".
 

 
La autoridad de la Santa Escritura, por la cual debería ser creída y obedecida, depende, no del testimonio de ningún hombre ni de la iglesia, sino enteramente de Dios (que es la verdad misma), el Autor de ella; y por consiguiente ha de ser recibida, porque es la Palabra de Dios...
 

 
La infalible regla de interpretación de la Escritura es la Escritura misma ...
 

 
El juez supremo, por el cual se han de dirimir todas las controversias de la religión y todos los decretos de los concilios, las opiniones de antiguos escritores, las doctrinas de los hombres, y los espíritus privados, han de ser examinados, y en cuya sentencia debemos reposar, no puede ser otro que el Espíritu Santo hablando en la Escritura.
 

 
Quizás el exponente más sobresaliente de la Esperanza a principios de este siglo fue el Dr. Benjamin B. Warfield, cuyos escritos han influido en muchos para inclinarlos hacia una comprensión de la escatología de dominio. Sin embargo, quizás él es mejor conocido por sus escritos recogidos en el libro titulado The Inspiration and Authority of the Bible, que se ha convertido en un clásico reconocido de erudición conservadora. Podríamos multiplicar los ejemplos, pero tal vez sea suficiente señalar que los postmilenialistas han sido tan rotundos defensores de la infalibilidad de la Biblia que, en años recientes, algunos oponentes les han acusado de de "bibliolatría".
 

 
5. ... y creían en la bondad inherente del hombre.
 

 
Desafortunadamente, esta acusación no parece ser solamente lenguaje "impreciso" o descuidado. Lindsey está acusando directamente a la escuela postmilenialista de pensamiento de creer en la falsa doctrina de la "bondad inherente del hombre". Yo contestaría simplemente: Nombre uno. Yo no acusaría a Lindsey de mentir deliberadamente, pero por lo menos es culpable de haber efectuado una investigación muy pobre y de utilizar retórica sin fundamento e inflamatoria. En todo caso, permanece el hecho de que ningún postmilenialista ha enseñado jamás la herejía de que el hombre es inherentemente bueno. Podemos refutar esto con una declaración representativa del reformador Juan Calvino:
 

 
La mente del hombre ha estado alejada de la justicia de Dios tan completamente que concibe, desea, y emprende sólo lo que es impío, perverso, asqueroso, impuro, y abyecto. El corazón está tan sumergido en el veneno del pecado, que no puede exhalar sino un hedor repugnante. Pero, si algunos hombres de vez en cuando hacen una demostración de lo bueno, sus mentes empero permanecen siempre envueltas en la hipocresía y en el arte del engaño, y sus corazones continúan atados por la perversidad interior (Institutes of the Christian Religion, 2:5:19).
 

 
Esto quizás es poner las cosas un poco más fuertes de lo que hasta Lindsey podría desear. Pero la declaración de Calvino ciertamente no refleja ninguna doctrina de la "bondad inherente" del hombre. Y lo mismo podría decirse de todos los otros postmilenialistas a lo largo de la historia de la iglesia, porque la escatología de la victoria es simplemente el Esperanza ortodoxa del cristianismo histórico.
 

 
6. La Primera Guerra Mundial desanimó mucho a este grupo, y la Segunda Guerra Mundial prácticamente hizo desaparecer este punto de vista.
 

 
Supongamos momentáneamente, por cuestión de argumento, que esta afirmación es correcta. La respuesta correcta es: ¿Y qué? Eso no prueba que la Esperanza cristiana no es verdadera - sólo prueba que la gente dejó de creer lo que es verdad. Sin embargo, la implicación del argumento es que el hecho de dos guerras mundiales constituye evidencia de que la Esperanza es errónea, puesto que el mundo no se está "volviendo mejor y mejor". Admito hasta esto: Las dos guerras mundiales (y la amenaza de una tercera) causó considerable daño a las esperanzas de los humanistas que creían en la doctrina herética del progreso humano "automático" hacia la paz y la hermandad. Falsamente confundido a menudo con el postmilenialismo, en realidad eso no está más cerca de la escatología de dominio de lo que los sacrificios paganos están de la Santa Cena. El cristiano no necesita desanimarse por una guerra mundial o una persecución general. Su fe está puesta en Dios, no en el hombre; su esperanza no está ligada al destino de ninguna cultura en particular. Si esta nación o civilización cae bajo el justo juicio de Dios, el cristiano fiel es consciente de que Dios está siendo fiel a sus promesas de bendición y maldición. La Esperanza no es garantía de bendición para el desobediente. Es una garantía de juicio para la bendición del mundo.
 

 
Pero ahora enfrentemos la pregunta: ¿Las dos guerras mundiales destruyeron la Esperanza? En realidad, los orígenes de la declinación del postmilenialismo comenzaron mucho antes de la Primera Guerra Mundial, con el surgimiento del liberalismo teológico (que enseñaba que no se podía confiar en las predicciones bíblicas) y el "progresivismo" evolucionista (que enseñaba que el progreso era "natural" más bien que ético). En reacción a estos enemigos del cristianismo bíblico, muchos cristianos evangélicos perdieron toda esperanza de ver al evangelio victorioso. Abandonaron la esperanza. Como Pedro cuando caminó sobre el mar de Galilea, miraban la "naturaleza", no al Señor Jesucristo; como los israelitas en la frontera con Canaán, contemplaron los "gigantes en la tierra" en vez de confiar en las infalibles promesas de Dios; se llenaron de temor, y huyeron. Comenzaron a escuchar a los falsos profetas del desaliento que enseñaban que la iglesia estaba condenada al fracaso, y que "no es espiritual" que los cristianos procuren el dominio sobre la civilización. Entonces demostraron un importante principio de la vida: Si uno cree que va a perder, probablemente perderá. Eso es lo que le ocurrió al evangelicismo del siglo veinte, y se batió en una retirada cultural que ha durado décadas.
 

 
Por fin, después de mucho tiempo, el cuadro ha comenzado a cambiar. Creo que dos factores principales proporcionaron el ímpetus para el reciente resurgimiento del activismo cristiano en los Estados Unidos. Primero, ocurrió el tristemente famoso fallo pro-aborto Roe vs. Wade por parte de la Corte Suprema de los Estados Unidos. Esto despertó a los cristianos. Se dieron cuenta de que millares de niños estaban siendo masacrados legalmente todos los días, y sabían que debían hacer algo para detener los asesinatos. Creo que 1973 podría muy bien ser considerado como un año decisivo en la historia de los Estados Unidos - el momento en que los cristianos norteamericanos iniciaron la larga marcha de vuelta hacia el arrepentimiento nacional.
 

 
El segundo punto de controversia ha sido la educación cristiana. Más y más cristianos han rconocido que la Palabra de Dios nos mana a educar a nuestros hijos en términos del modelo de Dios para cada área de la vida. Los movimientos en favor de la escuela cristiana y la escuela en el hogar han aumentado tremendamente en la última década, y están aumentando rápidamente en número e influencia. El malvado intento del gobierno federal de destruir el movimiento de la escuela cristiana en 1978 sólo sirvió para unir a muchos más cristianos en una decisión más fuerte de criar a sus hijos en la fe mundial de la Biblia. Además, la misma existencia de las escuelas cristianas ha hecho que los cristianos se den cuenta de que la verdadera espiritualidad no significa una huida del mundo, sino que exige que conquistemos el mundo en el nombre de nuestro Señor. Los cristianos han visto la necesidad de desarrollar un consistente "punto de vista cristiano "del mundo y la vida", una perspectiva claramente bíblica sobre la historia, la ley, el gobierno, las artes, las ciencias, y cada uno de los otros campos del pensamiento y la acción.
 

 
Y Dios está bendiciendo esta obediencia. Los cristianos han comenzado finalmente a luchar contra el enemigo - y, para su gran asombro - han comenzado a ganar. Una y otra vez, han visto que resistir al diablo le ha hecho huir, como Dios ha prometido. Están descubriendo la verdad del alarde del padre de las iglesia del siglo tercero, Tertuliano, contra los demonios: "A la distancia, se nos oponen, pero a corta distancia miden clemencia". Habiendo saboreado la victoria, los cristianos actuales hablan mucho menos de escapar en el rapto, y mucho más sobre los requisitos de Dios en esta vida. Hasta están pensando en la clase de mundo que están preparando para sus nietos, y la herencia de piedad que dejarán atrás. Instintivamente, porque nuevamente están actuando en obediencia a los mandatos de Dios, los cristianos están regresando a una escatología de dominio. Haciendo la voluntad de Dios, están viniendo al conocimiento de la doctrina (ver Juan 7:17; 2 Ped. 1:5-8). Debido a que una fuerte fe bíblica está aumentando nuevamente, la escatología bíblica de la esperanza está recuperando terreno también.
 

 
7. Ningún erudito que se respete y que mire las condiciones del mundo, así como la acelerada declinación de la influencia cristiana hoy día es un "postmilenialista".
 

 
Había una vez un cortesano que debe haber tranquilizado a un nervioso Faraón con estas palabras: "Ningún erudito que se respete y que mire las condiciones del mundo y la acelerada declinación de la influencia hebrea concuerda con Moisés". Después de todo, Egipto era la nación más poderosa del mundo. ¿Qué oportunidades tenían los esclavos hebreos contra aquel poderoso imperio? Consideremos otros ejemplos. ¿Cómo se veían las "condiciones mundiales" el día antes del diluvio? ¿Cómo eran las condiciones mundiales el día antes de la primera Navidad? ¿Cómo eran después de la Navidad, cuando el rey Herodes estaba masacrando bebés en Belén? ¿Y no sufría la "influencia cristiana" de una terrible declinación el viernes santo?
 

 
Hal Lindsey y su grupo de eruditos que se respetan a sí mismos han cometido un error crucial que socava todo su sistema de interpretación. Su atención se enfoca en las condiciones del mundo, no en las promesas autorizadas e inmutables de Dios. Este enfoque de la profecía, lleno de falacias, ha sido correctamente descrito como "exégesis de periódico" - estudia los sucesos actuales, no la Biblia, en busca de pistas sobre el futuro. La pregunta no es si las condiciones actuales parecen favorables para el triunfo mundial del evangelio: La presunta es sólo ésta: ¿Qué dice la Biblia? Como cristianos, sabemos que Dios es el Señor de la historia. "Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho" (Sal. 115:3). "Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra" (Sal. 135:6). Si Dios ha dicho que el mundo será lleno de su gloria, entonces sucederá, y ningún poder en el cielo y en la tierra o debajo de la tierra puede detenerlo.
 

 
Su dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? (Dan. 4:34-35).
 

 
No debemos derivar nuestra teología de los periódicos o del notieicro vespertino. Nuestra fe y nuestra esperanza deben basarse en la infalible Palabra de Dios, que hace suceder todas las cosas de acuerdo con su voluntad inalterable. Y cuando acudimos a la Palabra de Dios, debemos reconocer que nuestro propósito no es seleccionar jugosos bocadillos de información sobre el futuro. Más bien, como dice el gran teólogo y educador R. J. Rushdoony, acudimos para recibir nuestras "órdenes de marcha":
 

 
Demasiado a menudo, el moderno teólogo y líder de iglesia acude a la Biblia buscando discernimiento, no órdenes. En realidad, yo puedo acudir a Calvino, Lutero, Agustín, y otros, a eruditos cristianos y no cristianos, en busca de discernimiento, información, y estudios eruditos, pero, cuando acudo a la Biblia, debo acudir para escuchar las órdenes de marcha de Dios para mi vida. No puedo tratar la Biblia como un manual devocional diseñado para proporcionarme paz mental o un "plano superior" de vida; es un libro de órdenes que puede alterar mi paz con sus órdenes, y me dice que sólo puedo encontrar la paz obedeciendo al Todopoderoso. La Biblia no es un libro devocional para mi edificación personal, ni un libro de hermosos pensamientos para mi placer. Es la palabra del Dios Todopoderoso y soberano: debo escuchar y obedecer, debo creer y ser fiel, porque Dios lo requiere. Yo soy propiedad suya, y su posesión absoluta. No puede haber nada mejor que eso (Law and Society [Vallecito, CA: Ross House, 1982], pp. 691s).
BIBLIOGRAFÍA SELECTA

 
Los libros son importantes en el desarrollo del crecimiento en la fe de cualquier cristiano. Este libro no es en modo alguno la última palabra sobre el tema. Cuando mucho, es sólo el comienzo. He preparado una lista de algunos libros que deberían ser útiles para todos los que deseen indagar más. Muchos de estos libros han sido importantes en mi propia interpretación de la escatología. Ciertamente, la lista no es completa (por ejemplo, podría haberse añadido una extensa sección sobre  la historia de la iglesia), pero lo básico está aquí. El hecho de que yo haya incluido en mi lista algún libro en particular no constituye un pleno respaldo de su contenido, pero creo que, en general, estas obras recompensarán a cualquier estudiante serio de la Escritura.
 

 
Dominio: Teología y aplicaciones
 

Atanasio:
On the Incarnation. Traducido y editado por la hermana Penelope Lawson, C.S. M. V. New York: MacMillan Publishing Company, 1946.
 

 
Bark, William Carroll. Origins of the Medieval World. Stanford: Stanford University Press, 1958.
 

 
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Moore, Thomas V. A Commentary on Haggai, Zecchariah and Malachi. Edinburgh: The Banner of Truthe Trust [1856] 1968.
 

 
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Wilcock, Michael. I Saw Heaven Opened: The Message of Revelation. Downers Grove, IL., InterVarsity Press, 1975.
 

 

 

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Date: 05 Aug 2006
Time: 23:25:48

Comments:

Me parese perfecto, ke un latino se alla animado a traducir libros preterista ingles al espanol. Adelante sigue adelanta ya era hora//


Date: 23 Sep 2006
Time: 15:37:04

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por favor quisiera saber donde puedo conseguir
el libro de david chilton dias de retribucio
ya que no lo he podido encontrar en ninguna
libreria y me parece muy interesante y ademas
quiro regalarselo a una persona,espero en DIOS
que alla encontrado esta pagina no por casualidad
sino por obra del senor gracias
XIOMARA LOZADA xiomiloci@bellsouth.net


Date: 18 Jan 2007
Time: 11:24:08

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Invitación especial a disfrutar a
Dios en Todos...La revelación cumbre de toda la Biblia
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Reynaldo Estrada
 


Date: 10 Jan 2008
Time: 09:05:10

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Date: 26 Nov 2009
Time: 09:38:00

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Date: 21 Nov 2011
Time: 10:24:04

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Este libro es un excelente recurso para los que creen en una teología de dominio. Tengo una copia en inglés. ¿Existe el español? Si es así, ¿dónde puedo comprarlo?

Soy un misionero obrando en Peru y quisiera tener copias de este libro, en español, para fortalecer la fe de los hermanos en Cristo. ¿Quién me puede dar permiso de imprimirlo?

Mi correo es: bfrelyea@ymail.com

Bendiciones.

Robert Relyea